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Full text of "Historia general de las cosas de Nueva España, : que en doce libros y dos volumenes escribió,"

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II i I M I 



1 



HISTORIA GENERAL 

DE f . 

LAS COSAS DE NUEYA ESPAÑA, 

QUE EN DOCE LIBROS Y DOS VOLÚMENES 

ESCRIBIÓ, 

EL R. P. FR. BERJVJRDIJYO DE SAHAGUJV, 

DE LA OBSERVANCIA DE SAN FRANCISCO, 

Y UNO DE LOS PRIMEROS PREDICADORES DEL SANTO EVANGELIO 

EN AQUELLAS REGIONES. 

DALA A LUZ CON NOTAS Y SUPLEMENTOS 

CARLOS MARÍA DE BUST AMANTE, 

DIPUTADO POR EL ESTADO DE OAXACA 

EN EL CONGRESO GENERAL DE LA FEDERACIÓN MEXICANA: 

Y LA DEDICA 

B. NUESTR© SANTÍSIMO FikBUS 

wm vo2 8 

TOMO PRIMERO. 



Imprenta del Ciudadano Alejandro Valdés, calle de Sanio Domingo 
y esquina de Tacuba. 

1829. 




Yo traeré sobre vosotros una nación de lejos: 
una nación robusta y antigua: una nación cuya 
lengua no entenderéis,.. Talará vuestras mieses 
y devorará vuestros hijos é hijas... 

jeremías cap. 5. ÍF. 15 a 17, 



A NUESTRO BEATÍSIMO PADRE 



PIÓ VIIL 



SUMO PONTÍFICE romano* 



beatísimo padre. 



lia historia general de las cosas de la Nueva Espa- 
ña (hoy república federal mexicana) que en doce li- 
bros y en lengua castellana escribió con verdad y 
crítica el P. Fr Bernardino Sahagun, del orden de 
los menores franciscanos, y uno de los primeros pre- 
dicadores del evangelio en este nuevo mundo; es uno 
de los documentos mas importantes que pudieran ver 
la luz después de haber estado sepultado por espacio 
de mas de dos siglos, en la librería de padres fran- 
ciscos de Tolosa en Navarra de España. 







Por su lectura se percibe cuánta fue la sabidu- 
ría de los antiguos indios mexicanos, cuánta su hu- 
manidad y dul'/ura, al mismo tiempo que su feroci- 
dad en cuanto á la superstición é idolatría á que do- 
lorosamente se vieron entregados. El hombre mas 
insensible no puede dejar de derramar copiosas lá- 
grimas, y de sentir despedazársele el corazón, al ver 
las innumerables víctimas de todos sexos, edades y 
condiciones que anualmente se inmolaban en la vas- 
ta estension del imperio de Mocthecuzoma, para sa- 
tisfacer lít insaciable sed de sangre humana que de- 
voraba á sus fa'lsos' númenes; al mismo tiempo que 
no puede dejar de bendecir el momento dichoso en 
que se presentó la luz evangélica, y disipó las hor- 
rorosas tinieblas de la idolatría. 

Al tiempo de publicar esta obra importante, 
llegó á mis oídos la plausible noticia de vuestra exal- 
tación al solio pontificio, y para dar á Vuestra Bea- 
titud un testimonio del regocijo de que vi inundado 
al pueblo mexicano, me pareció oportuno dedicarle 
este manuscrito interesante. 

Por medio de él entenderá Vuestra Beatitud, 
que hallándose las iglesias de esta república cristiana 
en la mayor horíandad, siendo demasiado corto el 
número de operarios evangélicos, y estando por otra 
parte harto desmoralizado este pueblo religioso por 
la seducción de hombres perversos que con mucho 
gusto lo tornarían á su antigua idolatría; seria tan 



fácil como sensible tina retrogradacion á los días te- 
nebrosos de su gentilidad; mal grande ¡vive Dios. -.San- 
tísimo Padre! y cine solo Vuestra Beatitud puede evi- 
tar oportunamente, proveyendo con generosidad k las 
necesidades espirituales que nos aquejan, olvidándose 
de que es príncipe temporal, y que tiene relaciones 
políticas con varios soberanos de Europa, que mi- 
ran de mal ojo nuestras instituciones republicanas; 
y acordándose de que principalmente es Padre uni- 
versal de la Iglesia de Jesucristo; mereciéndole por 
tanto mucha consideración seis millones de fieles 
mexicanos, que lo aman y veneran, y que solo de 
vuestra justicia y magnanimidad esperan el reme- 
dio. ;De cuánta amargura no se llenaría vuestro sen- 
sible corazón, si llegará á saber algún dia que por 
haber demorado el socorro que hoy pedimos, y tan 
urgentemente necesitamos, estos pueblos faltos de 
pastores habían retrogradado, y comertídose á sus an- 
tiguos errores, porque no habia quien presidiese á su 
dirección, y que en las montañas y bosques de la 
America mexicana se habían ofrecido nuevamente 
sacrificios de víctimas humanas á sus antiguos nú- 
menes! A tal riesgo estamos espuestos, Santísimo Pa- 
dre. ¡Ah! la sola idea de esta abominación que lle- 
naría de pavor vuestra alma religiosa, me hace di- 
rigir á Vuestra Beatitud mi humilde voz, suplicán- 
dole que al mismo tiempo que acepte esta oblaci n 
de mi cariño, y este justo parabién por su exaltación 





á la silla de Pedro, dé una mirada compasiva acia 
estos pueblos que viven en la horfandad, los revoque 
del borde del abismo de perdición en que están sen- 
tados, provea á sus grandes necesidades, y les fran- 
quee generosamente el riquísimo é inagotable teso- 
ro de la Iglesia. Sea Vuestra Beatitud feliz en el so- 
lio que ocupa por muchos años, para gloria de la Re- 
ligión, y bien de la Iglesia mexicana. México junio 
12 de 1829, noveno de nuestra independencia, y sép- 
timo de nuestra libertad. 



A los pies de K Beatitud 



Su menor y mas humilde hijo» 



Cárhs Marta ¡k Bustarmntt. 



Eüflpmr 



EL EDITOR 

AL QJJE LEYERE. (•) 



La obra del padre Fr. Bernardino Sahagun, que 
tengo el honor de publicar, es testo en la historia 
antigua mexicana. Fué uno de los primeros misio- 
neros enviados para propagar la luz evangélica en 
este nuevo mundo; reunió á las cualidades mas re- 
comendables para instruir á estos pueblos en las ver- 
dades eternas, las de sabio en la estension de la pa- 
labra; escribió esta obra con el laudable objeto de 
instruir á los cooperadores evangélicos, para facilitar 
la enseñanza de la verdad; y como esto no se podía 
conseguir si no precedía el conocimiento esacto de 
los usos, costumbres, religión idolátrica, política, y 
ciencias naturales de los mexicanos, hé aquí por qué 
sistemó su obra bajo de un plan , cuyos resultados 
fueron tan felices como él deseaba. Hoy sale á luz, 
después de haber estado oculta por mas de dos si- 
glos en el convento de S. Francisco de Tolosa de Nava- 
na,y se presenta como un astro magestuoso en el ora- 
zonte literario para dar honor á la América mexi- 

(•\ Véaselo que digo en el prólogo del deceno libro que tra- 
ta Vé la conquista de México, y he publicado por separado. 



~— -"i 



II. 

cana: ¡dichoso yo, á quien ha cabido la suerte de 
contribuir I una empresa de que resultará tanto bien 
á esta patria que adoro! El lector notará, que he he- 
cho algunas ligeras variantes accidentales pero no 
esenciales, para dar á entender su testo, pues usa de 
voces anticuadas, y de modismos que entonces eran 
perceptibles al común de las gentes: no he lacera- 
do su testo y sentido, lo he tratado con la delica- 
dez que merece un varón tan sabio y respetable. 
¿Quién soy yo para tener tamaña audacia, sino un 
pobre ignorante y un solo admirador de los sabios? 
Sin embargo, me he tomado una libertad, que su- 
plico á la respetable sombra del P. Sahagun me dis- 
pense, y es la de presentar ahora el prólogo que es- 
cribió para su segundo libro, porque ciertamente de- 
be estar al frente del primero; tanto mas, que por 
medio de él sus lectores se instruirán de los moti- 
vos que obligaron al autor á escribir esta obra, los 
medios de que se valió &c, pues de otro modo tal 
vez muchos no alcanzarían cual es su monto y todo 
el grado de estima que se merece. Dada esta justa 
esculpacion , ya podrá muy bien entenderse cuanto 
el mismo P, Sahagun dice en su siguiente. 



III. 



Todos los escritores trabajan de autorizar sus 
escrituras lo mejor que pued W; »no S Jj*lg 
fidedignos; otros con otros escrito es que antes de 
ellos lian escrito los testimonios de los cuales son 
habidos por ciertos; otros con testimonio de la sa- 
grada escritura. A nú me han faltado todos estos 
Imdamentos para autorizar lo que en estos doce h- 
bros tent escrito, y no hallo otro fundamento pa- 
ra autorizarlo, sino "poner aquí la relación déla <£ 
licencia que hice para saber la verdad de todo lo 
que en restos doceMibros se escr.be. Como en otros 
prólogos de esta obra he dicho, 4 mí me fue man- 
dado por santa obediencia de mi prelado mayor, 
que escribiese en lengua mexicana lo que me pa- 
reciese ser útil para la doctrina, cultura y rnanute- 
«encía (ó sea mantenimiento) de la cristiandad de 
e tos naturales de ésta Nueva España y para ayu- 
da de los obreros y ministros que los doctrinan Re- 
cfbido este mandamiento, hice en engua castellana 
una minuta ó memoria, de todas las materias que 
habia de tratar, que fué lo que está escrito en los 
doce libros, y la postilla y cánticos, lo cual se pu- 
so de prima* tijera en el pueblo de Tepeopuko, que 
es de fa provincia de Cullmacán 6 Tezeoco: Inzose ,de 
esta manera. En el dicho pueblo, h.ce juntar todos 
los principales con el señor del pueblo, que se lla- 
maba D Die«o de Mendoza, hombre anciano, de gran 
marco y habilidad, muy esperimentado en las cosas 
curiales, bélicas! y políticas, y aun idolátricas. Ha- 
Wéndolós juntado, propáseles lo que pretendía ^ hacer, 
v pedíles me diesen personas hábiles y espenmen- 
tadas con quien pudiese platicar, y me cupiesen dar 
razón de lo que les preguntase. Ellos me respondie- 
ron que se hablarían acerca de lo propuesto, y que 



otro dia me responderían, y así se despidieron de mí. 
Otro dia vinieron ei señor con los principales, y he- 
cho un muy solemne parlamento, como ellos enton- 
ces lo solían hacer, que así lo usaban, señaláronme 
hasta diez ó doce principales ancianos, y dijéronme 
que con aquellos podia comunicar, y que ellos me 
darían razón de todo lo que les preguntase. Esta- 
ban también allí hasta cuatro latinos, á los cuales 
yo pocos años antes habia enseñado la gramática en 
el colegio de santa Cruz en el Tlaltelolco. Con estos 
principales y gramáticos también principales, plati- 
qué muchos dias cerca de dos años (siguiendo la or- 
den de la minuta que yo tenia hecha.) Todas las 
cosas que conferimos me las dieron por pinturas, 
que aquella era la escritura que ellos antiguamente 
usaban: los gramáticos las declararon en su lengua, 
escribiendo la declaración al pie de la pintura. Ten- 
go aun ahora estos originales. También en este tiem- 
po dicté la postilla y los cantares: escribiéronla los 
latinos en el mismo pueblo de Tepeopulco. Cuando 
fui al capítulo donde cumplió su hebdómada el padre 
Fr. Francisco Toral, el cual me impuso esta carga, 
me mudaron de Tcpeopulco llevando todas mis escri- 
turas: fui á morar á Santiago del Tlaltelolco, allí jun- 
tando los principales, les propuse el negocio de mis 
escrituras y les demandé me señalasen algunos prin- 
cipales hábiles, con quien ecsaminase y platicase las 
que de Tepeopulco traía escritas. El gobernador con 
los alcaldes, me señalaron hasta ocho ó diez princi- 
pales escogidos entre todos muy hábiles en su len- 
gua, y en las cosas de sus antiguallas; con los cua- 
les, y con cuatro ó cinco colegiales todos trilingües, 
por espacio de un año y algo mas encerrados en el 
colegio, se enmendó de claro, y añadió todo lo que 
de Tepeopulco traje escrito, y todo se tornó á escri- 
bir de nuevo de ruin letra, porque se escribió con 
mucha prisa. En éste escrutiño ó ecsamen, el que 



mas trabajó de todos los colegiales, fué Martin Ja* 
Xa que entonces era rector del colegio, vecino de 
Tlaltlolo, del barrio de Santa Ana. Habiendo hecho 
lo dicho en el Tlalteblco, vine & morar a A. tian- 
££* M^m con todas mis escrituras, donde por 
espacio de tres años las pasé y repase a mis solas, 
vías torné á enmendar, y dividílas por ibros en do- 
L libros, y cada libro por capítulos y P--íos¿es- 
pues de esto, siendo fravmaal clP.t-,. Miguel 
navarro, y general de México el P. Fr. Diego de 
Mendoza, con sn favor se sacaron en blanco en bue- 
na letra todos los doce libros, V se enmendó y sa- 
có en blanco apostilla, y los canteres y se 1 i.zo un 
arte de la lengna mexicana, con un bocahulano apen- 
diz, y los mexicanos añadieron y enmendaron muchas 
cosas á los doce libros cuando se iba sacando en 
blanco; de manera, que el primer cedaso por don- 
de mis obras se pasaron luerori los de Tepeopvlco 
el segundo los de Thüeloko. el tercero los áeMer 
tico, y en todos estos escrutaos hubo gramáticos 
colegiales. El general y mas sabio fue Antonio Va- 
Uriana (a) vecino de Azteapuzalco: otro poco menos 
que este fué Alonso Vegerano, vecino de Cuauhtitlan, 
otro fué Martin Jacobita, de que arriba hice men- 
ción- otro, Pedro de S. Buenaventura, vecino de Luauh,- 
titlan, todos espertes en tres lenguas, latina, españo- 
la é indiana. Los escribanos que sacaron de buena 
letra todas las obras, son Diego Degrado, vecino del 
barrio de S. Martin, Mateo Severino, vecino de Xocte- 
milco, de la parte de Ullác. De que estas escrituras 
estuvieron sacadas en blanco, con el favor de los pa- 
dres arriba nombrados en que se gastaron hartos 
tomines con los escribientes, el autor de ellas, de- 
mandó al padre comisario Fr. Francisco de Rivera, que 
fa^ Este llegó á hacer composiciones dramáticas, de quien roe 
decia el sabio padre Mier, era uno de los indios mejores huma- 
nistas de su época. 



VI, 

se viesen de tres ó cuatro religiosos, para que aque- 
llos dijesen lo que les pareciera de ellas, en el ca- 
pítulo provincial que estaba propincuo, los cuales vi- 
nieron y dieron relación de ellas al difmitorio en el 
mismo capítulo, diciendo lo que les parecía; y dije- 
ron en el difmitorio que eran escrituras de mucha 
estima, y que debian ser favorecidas para que se 
acabasen. A algunos de los definidores les pareció 
que era contra la pobreza gastar dineros en escri- 
birse aquellas escrituras, y así mandaron al autor que 
despidiese á los escribanos, y que él solo escribie- 
se de su mano lo que quisiese en ellas, el cual co- 
mo era mayor de setenta años, y por temblor de la 
mano no pudo escribir nada, ni se pudo alcanzar 
dispensación de este mandamiento, y así estuvieron 
las escrituras sin hacer nada en ellas mas de cinco 
años. En este tiempo, en el capítulo siguiente fué 
elegido por cusios custodum para el capítulo general 
el P. Fr. Miguel Navarro, y por provincial el P. 
Fr. Alonso de Escalona. En este tiempo el autor 
hizo un sumario de todos los libros y de todos los 
capítulos de cada libro, y los prólogos donde en bre- 
vedad se decia todo lo que se contenia en los li- 
bros. Este sumario llevó á España el P. Fr. Mi- 
cruel Navarro, v su compañero el padre Gerónimo de 
^Mendieta, y así se puso en España lo que estaba es- 
crito acerca de las cosas de esta tierra. En este me- 
dio tiempo, el padre provincial tomó todos los libros 
al dicho autor, y se esparcieron por toda la provin- 
cia, donde fueron vistos de muchos religiosos, y apro- 
bados por muy preciosos y provechosos. Después de 
algunos años, volviendo del capítulo general el P. 
Fr. Miguel Navarro, el cual vino por comisa- 
rio de estas partes, en censuras tornó á recoger los 
dichos libros á petición del autor; y después que es- 
tuvieron recogidos, de ahí á un año poco mas ó me- 
nos, vinieron á poder del autor. En este tiempo nin- 



ii i u n f k 



vn. 

suna cosa se hizo en ellos, ni hubo quien favore- 
ciese para acabarse de traducir en romance, hasta 
que el padre comisario general Fr. Rodrigo de be- 
Lera, vino á estas partes y los vio, y se contento 
mucho de ellos, y mandó al dicho autor que los tra- 
dujese en romance, y proveyó de todo lo necesario 
para que se escribiesen de nuevo, la lengua mexi- 
cana en una columna, y el romanceen la otra, pa- 
ra los enviar á España, porque los procuro el ílus- 
trísimo Sr. D. Juan de Ovando, presidente del con- 
seio de Indias, porque tenia noticia de estos libros 
por razón del sumario que el dicho i?, /r. Mi- 
eud Navarro habia llevado á España, como arriba 
lé dijo. Todo lo sobredicho hace al propósito de 
que se entienda, que ésta obra ha sido ecsammada 
y aprobada por muchos, y en muchos años, y se han 
pasado muchos trabajos y desgracias, hasta ponerla 
en el estado que ahora está. Fin del prólogo, {b.) 

IDEA DEL PADRE 

FR. BERJYARDIMO DE SAHAGUN, 

SACADA DEL MENEALOGIO SERÁFICO DEL P. BETANCOURT f 
PAG. 113. 

El V. P. Fr. Bernardino Sahagun, natural de 
Sahagun, tomó el hábito en el convento de Salaman- 
ca, siendo estudiante de aquella universidad. Pasó á 
esta provincia el año de 629 con el V. P. Fr. An- 

(b) Esta obra se copió en Madrid, en casa del cosmógrafo D. 
Juan Bautista Muñoz, á espensas del brigadier D. Diego Garda 
Panes, veracruzano, á quien por amistad se la franqueó. Habién- 
dola traído de España se vendió entre sus libros por cien pesos, 
á D. Miguel José Bellido, quien por igual cantidad me la vendió, 
rebajando veinte pesos para su impresión; en la edición del libro 
doce, he copiado por auténtica la relación literal del señor Panes 
á que me remito. B. 





vnr. 

tonio de Ciudad Rodrigo. Siendo mancebo fué dota- 
do de hermosura en el cuerpo, y disposición y ga- 
ardía, á que correspondía la de su alma: que des- 
de sus tiernos años fué muy observante, recojido y 
muy dado á la oración, por lo cual tuvo con él es- 
trecha comunicación el P. Fr. Martin de Valencia, 
á quien mereció muchas veces el verle en estasis ar- 
robado: fué muy puntual en el coro aun en su ve- 
jez: nunca faltó de maitines : era manso, humilde, y 
á todos en su conversación afable. Fué electo en se- 
gundo lugar con el doctísimo P. Fr. Juan de Gaona, 
por lector de Tíaltelolco en la función del colegio 
de Santa Cruz, donde lució como luz sobre el can- 
delero, porque era en todo género de ciencias con- 
sumado: supo con tanta propiedad la lengua mexi- 
cana, que nadie hasta ahora le ha igualado: escri- 
bió en ella muchos libros, que en el catálogo de es- 
critores se hará mención: tuvo por esto contradicip- 
nes, pareciendole á algunos que no era bien escri- 
bir en la lengua mexicana á los indios sus antiguos 
ritos, porque no se les diese ocasión á seguirlos; por 
lo cual puso en el bocabuíario de tres lenguas que 
tengo. Vá en romance esta gramática. Né dedisse vi- 
deamur ansam Rabinis, qui saepe expugnaverunl me á in- 
véntate mea. Celó la honra de Dios contra la idola- 
tría, y deseó se imprimiese la fé cristiana en los con- 
vertidos muy de veras, y así dice como ministro es- 
perimentado, que á los veinte primeros fué grande el 
fervor de los naturales; pero que después se incli- 
naban á la idolatría, y andaban en la fé muy tibios. 
Esto dice en el libro de sus postillas que tengo, de 
donde he aprendido mucho. A los primeros veinte 
años de su vida fué guardián de algunos conventos, 
y después no quiso admitir oficio ni guardianía en 
mas de cuarenta años, por ocuparse en predicar, con- 
fesar y escribir: en sesenta y un años que vivió en 
la provincia, la mayor parte en el colegio, sin des- 



l I I II !i 



IX. 

cansar un solo dia, doctrinando^ á los niños en po- 
lítica y buenas costumbres; en ensenarles á leer y 
escribir, gramática, música, y otras cosas del servi- 
cio de Dios y la república, hasta que el ano de 1590 
habiéndose de todos anunciado el dia de su muerte, 
se vino á la enfermería de México, donde murió en 
23 de octubre: acudieron á su entierro los colegia- 
les arrastrando las vecas, los naturales derramando 
lágrimas, y los religiosos dando á Dios nuestro se- 
ñor alabanzas de tan santa muerte, de que tratan el 
martirologio, Gonzaga y Torquemada, Deza, Rarnpi* 
neo y otros muchos. 

En la biblioteca del Sr. Eguiara, la manuscrita 
de la librería Turriana, he leído el artículo correspon- 
diente al P. Sahagun,y en él presenta un largo catálogo 
de obras que escribió: acuerdóme solo de las siguientes. 
La historia que publicamos. 
Arte de gramática mexicana. 
Diccionario trilingüe de español, latin y mexi- 
cano. 

Sermones para todo el año en mexicano, (que 
poseo aunque sin nombre de autor). 

Postillas ó comentarios al evangelio, para las 
misas solemnes de dia de precepto. 

La historia de los primeros pobladores fran- 
ciscanos en México. 

Salmodia de la vida de Cristo, de la virgen 
y de los santos, que usaban los indios , y preceptos 
para los casados. Escala espiritual, que fué la prime- 
ra obra que se imprimió en México en la imprenta 
que trajo Hernán Cortés de España &c. &c. 

Tal es el mérito literario de este ilustre hom- 
bre, á quien presento en el gran teatro de la socie- 
dad, para que la generación presente honre su me- 
moria, y lo colme de los aplausos de que lo creo 
digno. También lo hago en el objeto de que se cal- 
cule cual será el acenso que deban dar sus lectores 
Tora. L 2 




X. 
a unas relaciones esactas , hechas por un sabio de 
tales conocimientos , y que cuanto ha escrito lo ha 
pesado en la balanza de la imparcialidad. 



EN ESTE LIBRO O PRIMER VOLUMEN, SE CONTIENEN CINCO 
LIBROS CON SUS APÉNDICES. 

El primero, trata de la muchedumbre de dio- 
ses que esta gente mexicana adoraba en tiempo de 
su gentilidad; y el apéndiz de este libro trata de la 
confutación de la idolatría, en la misma lengua vul- 
gar española. 

El segundo libro, trata de las fiestas y solem- 
nidades con que honraban á sus dioses, y el calen- 
dario que usaban para todos los meses, y dias del 
año. El apéndiz de este libro trata de los edificios 
y oficiales que había en el templo para su servicio 
en la ciudad de México. El tercer libro, trata del 
principio que tuvieron los dioses. El apéndiz de este 
libro trata de la inmortalidad del ánima, y de los lu- 
gares donde creían que iban. De las ecsequias que 
hacian á los difuntos. 

El cuarto, trata de la arte divinatoria que usa- 
ban estos naturales en tiempo de su idolatría. Por 
apéndiz vá una apología acerca de este mismo libro. 

El quinto libro traía de los agüeros , con su 
apéndiz que trata de las abusiones. 

CARTA DEDICATORIA DEL AUTOR. 

Al Rmo. P. N. Fr. Rodrigo de Sequera, pre- 
dicador insigne de la orden de los frailes menores, 
y comisario general de toda esta nueva España, nue- 
va Galicia, Goatemala, Costa Rica, Yucatán, nueva 
Vizcaya, y de la isla Española, su menor subdito Fr. 



ii iíii iá 



wm 



XI. 

Bcrñardino de Sahagun, desea prosperidad y salud 
in utroque nomine. 

Con ninguna otra cosa, padre reverendísimo, 
me parece puedo dar muestra del agradecimiento que 
debo á V. P. , si no es dedicándole esta obra que 
por su favor ha sido resucitada, habiendo estado en- 
terrada en el sepulcro del olvido, por manos del dis- 
favor , para que dado que á mí me falten palabras 
para poder encarecer la grande obligación que ten- 
go al servicio de V. P., ofreciendo la obra, y el au- 
tor de ella á quien le ha dado nueva vida, no sea' 
yo argüido de ingrato, y de nuevo V. P. sea servi- 
do de ampararla, mirando por ella como cosa pro- 
pia; y pensando en mí cómo podría encarecer este 
tan gran beneficio, me vinieron á la memoria las pa- 
labras del gloriosísimo Dr. S. Gerónimo, con que en- 
carece aquel gran triunfo y divina victoria de Jesu- 
cristo nuestro señor y redentor de la vida, la cual 
se manifestó el dia de su triunfal resurrección, des- 
pués de haber con tantos trabajos triunfado de la 
muerte, el cual dice así: nihil nobis nasci profuit, nisi 
redimí profuisscL Mas antes, como el mismo Reden- 
tor dice hablando de Judas, mas nos valía no haber 
nacido, que nacer para ir á pena eterna. La senten- 
tencia de estas palabras, P. Ritió., cuadra muy bien 
para mis obras, á ias cuales fuera mejor no estar 
hechas , que después de gastado el trabajo caer en 
el sepulcro del perpetuo olvido: de manera, que to- 
do lo que ellas son y serán, se ha de atribuir á Y. 
P. como á su redentor, el cual las redimió sacándo- 
las de debajo de tierra, y aun debajo de la ceniza, 
y poniéndolas en lugar donde tengan vida y honra, 
y por ellas su autor tenga algún provecho espiritual, 
el cual ninguna otra cosa pretende; y por esto, no 
eon impropiedad, sino muy apropósito, se puede de- 
cir de lo que adelante de lo arriba alegado dice nues- 
tra madre la Iglesia en loor del redentor, que es: ¡6 

* 



I 
I 





XII. 

felix culpa quae íalem ac tantum meruit hahere rcdempfo- 
rem! Puedo yo decir de estas mismas palabras, te- 
niendo por próspero el disfavor que á mis obras se 
ha dado, y por favorables á los que le dieron, pues 
que por aquel camino vinieron á parar en manos de 
quien tanto la ha favorecido; de manera, que el ser 
y valor que tienen, y tendrán, (a) á solo eí que las 
favoreció para que saliesen á luz, se ha de atribuir 
mas que no al autor. Por tanto, Rmo. P. nuestro, 
suplico á V. P. tenga por bien de recibir en su am- 
paro y protección este primer volumen de estas sus 
redimidas obras, el cual contiene cinco libros con 
otros tantos apéndices, y será como el primogénito 
y principal hijo al cual seguirán los demás, los cua- 
les aun se quedan criando con los alimentos de que 
V. P. les ha proveído, y no dudo que V. P. los to- 
mará como por hijos muy legítimos, para favorecer- 
los así en esta nueva España , como en la antigua, 
en todo lo que fuere menester y contener. Yo tengo 
fundamentos muy suficientes para tener esta confian- 
za: no quiero multiplicar palabras; mas concluyo con 
decir, como dice S. Pablo, que mas debemos al se- 
gundo Adán, que al primero; así ellas deben mas á 
V. P. que no á su autor. — Vale. 



(a) Sí, vaticinó muy bien el autor: la Cámara de diputados del 
congreso general mexicano le hizo justicia, pues apenas se le pro- 
puso la edición de esta obra, cuando sin discusión mandó en de- 
creto de 3Í de marzo de 1829 que se imprimiera de cuenta del 
tesoro público sin discusión, y en el momento mandó que se pa- 
sase su acuerdo al senado, llevándole una comisión presidida del 
Lie. Carlos María de Bustamante que promovió la edición, y fran- 
queó el manuscrito;- mas en esta Cámara quedó sepultado dicho 
acuerdo en perjuicio de la literatura nacional, faltóle un P. Sequera. 



asu 



i I II! MA 



XIII. 

INTRODUCCIÓN 

AL PRIMER LIBRO DE LA HISTORIA. 

El médico no puede acertadamente aplicar las 
medicinas al enfermo, sin que primero conozca de 
que humor, ó de que causa, procede la enfermedad; 
de manera, que el buen médico conviene sea doc- 
to en el conocimiento de las medicinas, y en el de 
las enfermedades, para aplicar conveniblemente á cada 
enfermedad la medicina contraria: puesto que los predi- 
cadores y confesores, médicos son de las almas pa- 
ra curar las enfermedades espirituales, conviene que 
tengan esperiencia de las medicinas y de las enfer- 
medades espirituales: el predicador, de los vicios 
de la república, para enderezar contra ellos su 
doctrina, y el confesor, para saber preguntar lo 
que conviene, y saber entender lo que dijeren to- 
cante á su oficio: conviene mucho sepan lo nece- 
sario para ejercitar sus oficios: ni conviene se des- 
cuiden los ministros de ésta conversión, con decir 
que entre esta gente no hay mas pecados de bor- 
racheras, hurto y carnalidad; pues otros muchos pe- 
cados hay entre ellos muy mas graves, y que tie- 
nen gran necesidad de remedio. Los pecados de la 
idolatría y ritos idolátricos, y supersticiones idolátricas y 
agüeros, y abusiones y ceremonias idolátricas, no son aun 
perdidas del todo, (a) Para predicar contra estas co- 
sas, y aun para saber si las hay, es menester saber co- 
mo las usaban en tiempo de su idolatría, que por falta 
de no saber esto, en nuestra presencia hacen muchas 
cosas idolátricas sin que lo entendamos, y dicen al- 
gunos escusándolos, que son boberías ó niñerías, por 
ignorar la raíz de donde salen, (que es mera ido- 
latría, y les confesores ni se las preguntan, ni pien- 

(a) Temóme que resuciten donde nos descuidemos en el ré- 
gimen espiritual de la nación. 




XíV. 
san que hay tal cosa, ni saben el lenguage para pre- 
guntárselos, ni aun los entenderán aunque se lo di- 
gan.) Pues porque los ministros del evangelio que 
succederán á los que primero vinieron en la cultu- 
ra de esta nueva viña del Señor, no tengan ocasión 
de quejarse de los primeros, por haber dejado á os- 
curas las cosas de estos naturales de esta nueva Es- 
paña,. Yo Fr. Bemardino de Sahagun, fraile profeso 
del orden de N. S. P. S. Francisco de la observan- 
cia, natural de la Villa de Sahagun en Campos, por 
mandado del muy R. P. Fr. Francisco Toral, provin- 
cial de esta provincia del santo Evangelio, y des- 
pués obispo de Campeche y Yucatán, escribí doce 
libros de las cosas divinas, ó por mejor decir idolá- 
tricas y humanas, y naturales de esta nueva España: 
el primero de los cuales trata de los dioses, y dio- 
sas que estos naturales adoraban: el segundo, de las 
fiestas con que los honraban: el tercero, de la in- 
mortalidad de la alma, y de los lugares adonde de- 
cían que iban las almas desde que salían de los cuer- 
pos, y de los sufragios y ecséquias que hacían por 
los muertos: el cuarto libro trata de la astrología ju- 
diciaria, que estos naturales usaban para saber lá 
fortuna buena ó mala, que tenian los que nacían: el 
quinto libro, trata de los agüeros que estos natura- 
"es tenian para adivinar las cosas por venir: el libro 
sesto, trata de la rectórica y filosofía moral, que es- 
tos naturales usaban: el sétimo libro, trata de la fi- 
losofía natural, que estos naturales alcanzaban: el oc- 
tavo libro, trata de los señores, y de sus costumbres 
y maneras de gobernar la república: el libro nono, 
trata de los mercaderes, y otros oficiales mecánicos 
y de sus costumbres: el libro décimo, trata de los 
vicios y virtudes de estas gentes, al propio de su 
manera de vivir: el libro undécimo, trata de los ani- 
males, aves y peces, y de las generaciones que hay 
en esta tierra, y de los árboles, yerbas y flores, fru- 



MUJuLU II I I III 11 J I !¿ 



XV. 
tos, metales y piedras, y otros minerales: el libro duo- 
décimo se intitula, la conquista de México. Estos do- 
ce libros, con el arte y bocabulario apéndiz, se aca- 
baron de sacar en blanco este año de 1569; aun 
no se han podido romanzar, ni poner las escolias se- 
gún la traza de la obra: no sé lo que se podrá ha- 
cer en el año de 1570 que sigue, pues desde el dicho 
año, hasta casi el fin de este año de 1569, no se 
pudo mas entender en esta obra por el gran dis- 
favor que hubo de parte de los que la debieran fa- 
vorecer; pero como llegó 4É esta tierra nuestro Rmo. 
P. Fr. Rodrigo de Sequera, comisario general de to- 
das estas provincias de esta nueva España, Guate- 
mala &c. del orden de nuestro S. P. S. Francisco 
de la observancia, mandó que estos libros todos se 
romanzasen, y así en romance, como en lengua me- 
xicana, se escribiesen de buena letra. Es esta obra, 
como una red barredera, para sacar á luz todos los 
vocablos de esta lengua, con sus propias y metafó- 
ricas significaciones, y todas sus maneras de hablar, 
y las mas de sus antiguallas buenas y malas, es pa- 
ra redimir mil canas porque con harto menos tra- 
bajo de lo que aquí me cuesta, podrán los que qui- 
sieren saber en poco tiempo nuevas de sus antigua- 
llas, y todo el lengua ge de esta gente mexicana, apro- 
vechará mucho toda esta obra, para conocer el qui- 
late de esta gente mexicana, el cual aun no st ha co- 
nocido, porque vino sobre ellos aquella maldición que Je- 
remías de parte de Dios fulminó contra Judéa y Je- 
rusalén, diciendo en el capítulo 5.: „Yo haré que venga 
„sobre vosotros.... yo traeré contra vosotros una gen- 
„te muy de lejos, gente muy robusta y esforzada, 
„gente muy antigua y diestra en pelear, gente cuyo 
„íenguage no entenderás, ni jamás oíste su manera de 
„hab!ar, toda gente fuerte y animosa, codiciosísima 
„de matar. Esta gente os destruirá á vosotros y á vues- 
tras mugeres y hijos, y todo cuanto poséis, y des- 




XVI. 
„truirá todos vuestros pueblos y edificios." (a) Esto 
á Ja letra ha acontecido á estos indios, con los es- 
pañoles, pues fueron tan atropellados y destruidos 
ellos y todas sus cosas, que ninguna apariencia les 
quedó de lo que eran antes. Así están tenidos por 
bárbaros, y por gente de bajísimo quilate (corno se- 
gún verdad, de las cosas de policía, echan el pie 
delante á muchas otras naciones que tienen gran pre- 
sunción ae políticas, que sacando fuera algunas tira- 
nías que su manera de regir contenia,) en esto po- 
co con gran trabajo se ha rebuscado. Parece mucho 
la ventaja que hiciera, si todo se pudiera haber. En 
lo que toca á la antigüedad de esta gente, tiénese 
por averiguado, que mas há de dos mil años que ha- 
bitan en esta tierra que ahora se llama la nueva Es- 
paña, porque por sus pinturas antiguas hay noticia, 
que aquella famosa ciudad que se llamó Tulla, hay 
ya mil años ó muy cerca de ellos, que fué destrui- 
da, y antes que se edificase, los que la edificaron 
destruyeron muchos poblados como Tullantzinco, don- 
de dejaron muchos edificios muy notables, pues en 
lo que allí estuvieron, y en lo que tardaron en 
edificar la ciudad de Tulla, y en lo que duró en su 
prosperidad antes que fuese destruida, es consono á 
verdad que pasaron mas de mil años, de lo cual 
resulta, que por lo menos quinientos años antes de 
la Encarnación de nuestro Redentor, esta tierra era 
poblada. Esta célebre y gran ciudad de Tulla, muy 
rica y decente, muy sabia y muy esforzada, tuvo la 
adversa fortuna de Troya, (b) Los Chosoltecas, que son 
los que de ella se escaparon, han tenido la sucesión 

(a) Estas terribles y proféticas palabras se han puesto por epí- 
grafe de esta obra. 

> (b) El imperio Tolteca fué destruido en junio de 1116 de J. 
C, por los Régulos de Xalisco: fué su último rey Topilizin, La 
pérdida de unos y otros combatientes, fué de cinco millones, y 600© 
personas. Véase mi crónica mexicana publicada en 1«2£\ 



XVII. 

de los romanos, y como los romanos edificaron el 
capitolio para su fortaleza, así los cholulanos edifi- 
caron á mano aquel promontorio que está junto á 
Cholula, que es como una sierra ó un gran monte, 
y está todo lleno de minas ó cuevas por de dentro. 
Muchos años después, los mexicanos edificaron la 
ciudad de México, que es otra Venecia, y ellos en 
saber y en policía son otros venecianos. Los Tlax- 
caltecas parece haber succedido en la fortuna de los 
cartaginenses: hay grandes señales de las antiguallas 
de estas gentes, como hoy dia se vé en Tula y 
en Tullatzinco, y en un edificio llamado Xochicalco (a) 
que está en los términos de Cuauhnavac, (b) y casi en 
toda esta tierra hay señales y rastro de edificios y 
alhajas antiquísimas. Es por cierto, cosa de grande ad- 
miración, que haya N. S. Dios tantos siglos oculta- 
do una selva de tantas generales idolatrías, cuyos 
frutos buenisimos solo el demonio los ha cogido, y 
en el fuego infernal los tiene atesorados: ni puedo 
creer que°la iglesia de Dios no sea próspera don- 
de la Sinagoga de Satanás tanta prosperidad ha te- 
nido, conforme aquello de S. Pablo, abundará la gra- 
cia, adonde abundó el delito. Del saber ó ciencia 
de esta gente, hay fama que fué mucha, como pa- 
rece del libro décimo, donde en el capítulo 29 se 
habla de los primeros pobladores de esta tierra, y 
se afirma que tuvieron perfectos filósofos y astro- 
loaros, y muy diestros en todas las artes mecánicas 
de la fortaleza, (la que entre ellos era mas es- 
timada que ninguna otra virtud, y por la que su- 
bían al último grado del valer:) tenían de esto gran- 
des ejercicios, como parece de muchas partes de es- 
ta obra. En lo que toca á la religión y cultura de 

(a) Cuyas antigüedades de fortificación, publicó en un cuader- 
no separado el sabio P. Álzate en la imprenta de Ontiveros, ano 
de 1791. 

(b) Cuernavaca. 

Tom. 1. 3. 



XVIÍL 

sus dioses, no creo ha habido en el mundo idóla- 
tras tan reverenciadores de sus dioses, ni tan á su 
costa, como estos'de esta nueva España. Ni los ju- 
díos, ni ninguna otra nación, tuvo yugo tan pesado 
y de tanta ceremonia, como le han tomado estos na- 
turales por espacio de muchos anos, como parece por 
toda esta obra. Del origen de esta gente, la relación 
que dan Jos Fregeves, es que por el mar vinieron de 
hacia el norte, y cierto es que vinieron algunos va- 
sos; de manera, que no se sabe como eran labrados, si- 
no que se congetura por una fama que hay que tie- 
nen todos estos naturales que salieron de siete cue- 
vas, que estas siete cuevas, son los siete navios ó 
galeras en que vinieron los primeros pobladores de 
esta tierra, según se colige por congeturas verisími- 
les. La gente primero vino á poblar esta tierra de 
acia Ja Florida, y vino costeando y desembarcó en 
el puerto de Panuco, que ellos llaman Panco, que 
quiere decir lugar donde llegaron los que pasaron 
el agua. Esta gente venia en demanda del Paraíso 
terrenal, y traían por apellido tamoanchan, que quie- 
re decir buscamos nuestra casa, y poblaban cerca 
de los mas altos montes que hallaban. En venir acia 
el medio día á buscar el paraíso terrenal no erraban, 
porque opinión es de los que saben, que está de- 
bajo do ja línea equinoccial; y en pensar que es al- 
gún altísimo monte tampoco yerran, porque así lo 
dicen los escritores, que el paraiso terrenal está de- 
bajo de la linea equinoccial, y que es un monte al- 
tísimo que llega su cumbre cerca déla luna. Pare- 
ce que elios ó sus antepasados tuvieron algún orá- 
culo acerca de esta materia, ó de Dios, ó del demonio, 
ó tradición de los antiguos, que vino de mano en mano 
hasta ellos. Ellos buscaban lo que por via humana 
no se puede hallar, y nuestro Señor Dios pretendía que 
la tierra despoblada se poblase, para que algunos de 
s*is descendientes, fuesen á poblar el paraiso celes- 



II lili ! í 



XIX. 

tial, como ahora lo vemos por esperiencia; mas ¿pa- 
ra qué me detengo en contar adivinanzas? pues es 
ciertísimo que estas gentes todas, son nuestros her- 
manos procedentes del tronco de Adán como noso- 
tros, son nuestros prójimos á quien somos obligados 
á amar como á nosotros mismos quid quid sit. De lo 
que fueron los tiempos pasados, vemos por esperien- 
cia ahora que son hábiles para todas las artes me- 
cánicas, y las ejercitan: son también hábiles para 
aprender todas las artes liberales y la santa teología, 
como por esperiencia se ha visto en aquellos que han 
sido enseñados en estas ciencias; porque de lo que 
son en las cosas de guerra, esperiencia se tiene de 
ellos, que así en la conquista de esta tierra, como 
de otras particulares conquistas que después acá se 
han hecho, cuan fuertes son en sufrir trabajos de 
hambre y sed, frió y sueño; cuan ligeros y dispues- 
tos para acometer cualesquiera trances peligrosos; 
pues no son menos hábiles para nuestro cristianismo, 
sirdél debidamente fueran cultivados. Cierto parece 
que en estos nuestros tiempos, y en estas tierras, y 
con esta gente, ha querido N. S. Dios, restituir á la 
iglesia lo que el demonio le ha robado en Inglater- 
ra, Alemania y Francia, en Asia y Palestina, de lo 
que le quedamos muy obligados de dar gracias á JN. 
S„ y trabajar fielmente en esta su nueva España. 

ADVERTENCIA AL LECTOR. 

Cuando esta obra se comenzó, comenzóse tam- 
bién á decir de los que lo supieron, que se hacía 
un Calepino, y aun hasta ahora no cesan muchos de 
preguntarme que en qué términos anda el Calepino. 
Ciertamente fuera harto provechoso hacer una obra 
tan útil para los que quieren aprender esta lengua 
mexicana, como Ambrosio Calepino la hizo para los 
que quieren aprender la lengua latina, y la sigurfi- 



XX.. 
cacion de sus vocablos; pero ciertamente no ha ha- 
bido oportunidad, porque Calepioo sacó los vocablos 
y las significaciones de ellos, y sus variaciones 
y metáforas de la lección de los poetas y oradores, 
y de los otros autores de la lengua latina; autori- 
zando todo lo que dice con los dichos de los auto- 
res, el cual fundamento me ha faltado á mí por no 
haber letras ni escritura entre esta gente, y así me 
fué imposible hacer Calepino; pero eché los funda- 
mentos , para quien quisiere que con facilidad lo pueda 
hacer, porque por mi industria se han escrito doce 
libros de lenguage propio y natural de esta lengua 
mexicana, donde allende de ser de muy gustosa y 
provechosa escritura;, hallarse han también en ella 
todas maneras de hablar, y todos los vocablos que 
esta lengua usa, también autorizados y ciertos, co- 
mo lo que escribió Virgilio, y Cicerón, y los demás 
autores de la lengua latina. Van estos doce libros de 
tal manera trazados, que cada plana lleva tres co- 
lumnas, la primera, de lengua española: la segunda, 
la lengua mexicana: la tercera, la declaración de les vo- 
cablos mexicanos, señalados con sus cifras. En ambas 
partes, lo de la lengua mexicana se ha acabado de 
sacar en blanco en todos los doce libros. Lo de la lengua 
española y las escolias no está hecho, por no haber 
podido mas por falta de ayuda y de favor; si se me 
diese la ayuda necesaria en un año, ó poco mas, se 
acabaría todo, y cierto que si se acabase sería un teso- 
ro para saber muchas cosas dignas de ser sabidas, 
y para con facilidad saber esta lengua con todos sus 
secretos, y sería cosa de mucha estima de la nueva 
y vieja España. 




Sigi 



II 111 II 



_ 



LIBRO PRIMERO, 

EN QUE SE TRATA 
DE LOS DIOSES QUE ADORABAN LOS NATURALES 

DE ESTA TIEKRA) 

QUE ES LA NUEVA ESPAÑA. 



CAPÍTULO I. 



ue adoraban, y á quien sa- 



Que habla del principal dios q 

orificaban los mexicanos, llamado vitcilupuchtli. 



E 



L_Jste Dios, llamado Vitcilupuchtli, fué otro Hércu- 
les, el cual fué robustísimo, de grandes fuerzas, y 
muy belicoso, gran destruidor de pueblos, y matador 
de gentes. En las guerras era como fuego vivo* muy 
temible á sus contrarios , y así la divisa que traía 
era una cabeza de dragón muy espantable, que echa- 
ba fuego por la boca; también éste era nigromán- 
tico ó embaidor, que se transformaba en figura de 
diversas aves y bestias. A este hombre, por su for- 
taleza y destreza en la guerra, le tuvieron en mucho 
los mexicanos cuando vivía. Después que murió lo 
honraron como á Dios, y le ofrecían esclavos, sacri- 
ficándolos en su presencia: buscaban que estoses- 
clavos fuesen muy regalados , y muy bien ataviados 
con aquellos aderezos que ellos usaban de oregeras 
y barbotes: (a) esto hacían por mas honrarle. Otro 
semejante á éste hubo en las partes de Tlaxcala, que 
se llamaba Camaxtle. 

(a) Barbotes, pieza de armadura antigua. 



I 






CAPITULO II. 

Del dios llamado paynal, el cual siendo hombre, era 
adorado por dios. 

Este dios llamado Paynal, era como sota-ca- 
pítan del arriba dicho; porque como mayor capitán, 
dictaba cuando se habia de hacer guerra á algunas 
provincias. Este, como su vicario, servía para cuan- 
do repentinamente se ofrecía salir al encuentro á los 
enemigos, porque entonces era menester que este Pay- 
nal, que quiere decir ligero ó apresurado, saliese en 
persona á mover la gente, para que con toda prisa 
saliesen á verse con los enemigos. Después de muer- 
to la fiesta que le hacían era, que uno de los Sá- 
trapas (a) tomaba la imagen de este Paynal, com- 
puesta con ricos ornamentos como Dios, y hacían 
una procesión con él bien larga, y todos iban cor- 
riendo á mas correr, así el que le llevaba, como los 
que le seguian. En esto representaban la prisa que 
muchas veces es necesaria para resistir á los ene- 
migos, que sin saberlo acometen haciendo celadas, 

CAPITULO III. 

Trata del dios llamado texcatlipoca, el cual general- 
mente era tenido por dios entre estos naturales de esta nue- 
va España: és otro Júpiter. 

El dios llamado Texcatlipoca, era tenido por 
verdadero dios é invisible, el cual andaba en todo 
lugar en el cielo, en la tierra, y en el infierno, y te- 
mían que cuando andaba en la tierra movía guerras, 
enemistades y discordias, de donde resultaban mu- 
chas fatigas y desasosiegos: decían que él mismo in- 
(a) Sátrapas, lo mismo que sacerdotes, ó Teopixqui. 




citaba á unos contra otros para que tuviesen guerras, 
y por esto le llamaban JYecocyautl, que quiere decir, 
sembrador de discordias de ambas partes, y decían él so- 
lo ser, el que entendía en el regimiento del mundo, 
y que él solo daba las prosperidades y riquezas, y 
que él solo las quitaba cuando se le antojaba. 

CAPÍTULO ÍV. 



Trata del Dios que se llamaba tlaloctlamacazqui. 

Este dios llamado Tlalodlamacazqui, era el dios 
de las lluvias: decian que él daba las lluvias para que 
regasen la tierra, mediante la cual lluvia se criaban 
todas las yerbas, árboles, y frutos y mantenimientos: 
también decian que él enviaba el granizo y los re- 
lámpagos, y rayos, y las tempestades del agua, y los 
peligros de los rios y de la mar. En llamarse Tla- 
lodlamacazqui quiere decir, que es dios que habita en 
el Paraíso terrenal, y que dá á los hombres los man- 
tenimientos necesarios para la vida corporal: ios ser- 
vicios que se le hacían, están referidos en el 2. libro, 
entre las fiestas de los dioses. 

CAPÍTULO Y. 

Trata del dios que se llama Quetzalcoatl, dios de los 
vientos. 

Este Quetzallcoatl aunque fué hombre, teníanle 
por dios, y decian que barría el camino á los dio- 
ses del agua, y esto adivinaban, porque antes que 
comienzan las aguas, hay grandes vientos y polvos, 
y por esto decian que Qudzalcoatl dios de los vientos, bar- 
ría los caminos á los dioses de las lluvias, para que 
viniesen á llover. Los sacrificios y ceremonias con que 
honraban á este dios están escritas adelante en el 







2. libro. Los atavíos con que lo aderezaban eran los 
siguientes: una mitra en la cabeza, con un penacho 
de plumas, que llaman quetzalli: la mitra era man- 
chada como cuero de tigre, la cara tenia teñida de 
negro y todo el cuerpo: tenia vestida una camisa 
como sobrepelliz labrada, y no le llegaba mas de has- 
ta la cinta: tenia unas oregeras de turquezas, de la- 
bor mosayco; tenia un collar de oro, de que colga- 
ban unos caracolitos mariscos preciosos. Llevaba acues- 
tas por divisa un plumage, á manera de llamas de 
fuego; tenia mas, unas calzas desde la rodilla aba- 
jo de cuero de tigre, de las cuales colgaban unos 
caracolitos mariscos; tenia calzadas unas sandalias 
teñidas de negro, revuelto con margagita: tenia en 
la mano izquierda una rodela, con una pintura con 
cinco ángulos, que llaman el Joel del viento. En la 
mano derecha tenia un cetro á manera de báculo de 
obispo: en lo alto era enroscado como báculo de obis- 
po, muy labrado de pedrería; pero no era largo co- 
mo el báculo, parecía por donde se tenia como 
empuñadera de espada: era este el gran sacerdote 
del templo, (a) 

CAPITULO VI. 

Que trata de las diosas principales que se adoraban en esta 
nueva España. 

La primera de estas diosas se llamaba civa- 
coatl: decían que esta diosa daba cosas adversas, 
como pobreza, abatimiento, trabajos: aparecía muchas 
veces, según creían, como una señora compuesta con 

(a) Véase la delación que está en el libro 12, que trata de 
la conquista de México, de las vestiduras de este dios, que envió 
de regalo Mochtecuzoma á Cortés cuando desembarcó, en el con- 
cepto de ser éste dios cuya venida esperaba , y en cuya errada 
idea permitió la entrada de los españoles que pudo impedir. 



I I ií 




unos atavíos como se usan en palacio: decían tam- 
bién, que de noche voceaba y bramaba en el aire. 
Esta diosa se llama Civacoatl, que quiere decir mu- 
ser de la culebra; y también la llamaban Tonantzin, 
que quiere decir nuestra madre. En estas dos cosas 
parece que esta diosa es nuestra madre Eva, la cual 
fué engañada de la culebra, y que ellos teman noti- 
cia del negocio que pasó entre nuestra madre Eva, 
y la culebra. Los atavíos con que esta muger apa- 
recía eran blancos, y los cabellos los tocaba de ma- 
nera, que tenía como unos cornezuelos cruzauos so- 
bre la frente. Dicen también que traía una cuna acues- 
tas como quien trae á su hijo en ella, y poníase en 
el tianouiztli entre las otras raugeres, y desaparecien- 
do deiaba allí la cuna. Cuando las otras mugeres ad- 
vertían que estaba allí aquella cuna, olvidada, mira- 
ban lo que estaba en ella , y hallaban un pedernal 
como hierro de lanzon con que ellos mataban á los 
que sacrificaban; en esto entendían que fué Civacocttl 
la que lo dejó allí. 

CAPITULO VIL 

Trata de la diosa que se llamaba chicomecoatl. Es otra 
diosa Céres. 

Esta diosa, llamada Chicomecoatl, era la diosa 
de los mantenimientos, asi de lo que se come como 
de lo que se bebe: á esta la pintaban con una co- 
rona en la cabeza, y en la mano derecha un vaso, 
y en la izquierda una rodela con una flor grande 
pintada: tenía su cucytl yvipilli y sandalias todo ver- 
mejo: debió ésta ser 'la primera muger que comenzó 
á hacer pan, y otros manjares y guisados. 

Tom. L 4 



9 



6 

CAPITULO VIII. 

Traía de una diosa que se llamaba la madre de los dio- 
ses, (a) corazón de la tierra y nuestra abuela. 

Esta diosa, era la diosa de las medicinas y 
de las yernas medicinales: adorábanla ¡os médicos, v 
los cirujanos, y los sangradores, v también Jas pan- 
teras, y las que dan yerbas para abortar, y también 
los adivmos que dicen la buena ó mala ventura que 
han de tener los niños , según su nacimiento. Ado- 
rábanla animen los que ec han suertes con granos de 
3/ l °1 que a 8°f an «">"«»>*> el agua en una es- 
hs oí; V° S qTO eChan SUertes con ™ as cordezue- 
Z 9 , t„ BnaS C ° n ° traS ^ Ue " affian rnecatlaponh. 

qc, y los que sacan gusanillos de la boca y de los 
ojos, y pearezuel« 8 de las otras partes del cuerpo 
que se llaman tethqüiüqUe': también la adoraban 'los 
que tienen en sus casas baños ó temazcalis y to- 

ma H; * í ? amb3 1' chos hacíaQ <= a «a año 
«na tiesta a es ia diosa , en la cual compraban una 

prooio's y d a e c ;r np r ian con ,os »«■•»*>« 

p opios de esta diosa, como parecen en la pintura 
que es de su , imagen, y todos los dias de su fies U 

ría y regocijo, y con muchas divisas de «uerm vrit 

(a) Centeotl, según Clavijero, ó Civeles. 
«Lk dmm: dC eSta l Ja!abfa "• 1'i.tar con m ucha fie- 



cuando había de morir, después de haberla quitado la 
vida con otros dos que la acompañaban en la muerte, 
la desollaban, y un hombre ó Sátrapa vestíase su pelle- 
jo, y traíale vestido por todo el pueblo, y hacían con 
esto muchas vanidades. Las vestiduras y ornato de 
esta diosa eran que tenía la boca y barba hasta la 
garganta teñida con ulli que es una goma negra: te- 
nía en el rostro como un parche redondo de lo mis- 
mo: tenía en la cabeza á manera de una gorra he- 
cha de manta revuelta y añudada: los cabos del 
ñudo caían sobre las espaldas; en el mismo ñudo es- 
taba ingerido un piumage, del cual salían unas plu- 
mas á manera de llamas: estaban colgando hacia la 
parte trasera de la cabeza: tenía vestido un viptlh, 
jen la estremidad de abajo tenía una cortapisa ancha 
y arpada: (a) las enaguas que tenía eran blancas: tenía 
sus cotaras ó sandalias en los pies: en la mano iz- 
quierda una rodela con una chapa de oro redonda 
en el medio; en la maco derecha tenía una escoba, 
que es instrumento para barrer. 

CAPITULO IX, 

Trata de una diosa llamada tzaputlatena. 

Esta diosa que se llamaba Tzaputlatena, por- 
que se decia que habia nacido en el pueblo de Tza- 
putla, llamábase también la madre de Tzaputla, por- 
que fué la primera que inventó la resina que se co- 
noce con el nombre de vxitl, que es un aceite saca- 
do por artificio de la resina del pino, que aprove- 
cha para sanar muchas enfermedades: primeramen- 
te aprovecha contra una manera de bubas ó sarna, 
que nace en la cabeza, que se llama quaxococuixtli, 
y también contra otra enfermedad es provechosa que 
nace en la cabeza que es como bubas, que se lla- 
ma chaquackicháztii, sirve también para la sarna de la 
(a) Que remataba en puntas 6 picos como sierra. 



cabeza: aprovecha asimismo contra la ronquera de 
la garganta, contra las grietas de los pies y de los 
labios; es también buena contra los empeines que nacen 
en la cara, ó en las manos: contra el Usagre (a) y con- 
tra otras muchas enfermedades es buena; y como esta 
muger debió ser la primera que halló este aceite, con- 
táronla entre las diosas, y hacíanla fiesta y sacrifi- 
cios aquellos que venden y hacen este aceite que se 
llama vxitl 

CAPÍTULO X. 
Que trata de unas diosas que llamaban civapipilti. 

Estas diosas llamadas Civapipilti, eran todas 
las mugeres que morian del primer parto, á las cua- 
les canonizaban por diosas, según está escrito en el 
6 libro, en el capítulo 28: allí se asientan las ce- 
remonias que hacían á su muerte, y de la canoni- 
zación por diosa allí se verá á la larga. Lo que en 
el presente capítulo se trata es, de que decian que 
estas diosas andan juntas por el aire, y aparecen 
cuando quieren á los que viven sobre la tierra, y á 
los niños y niñas los empecen (b) con enfermeda- 
des, como es dándolas mal de perlesía, y entran- 
do en los cuerpos humanos. Decian que andaban en 
las encrucijadas de los caminos, haciendo estos da- 
nos, y por esto los padres y madres, vedaban á sus 
mjos é hijas, que en ciertos días del año en que te- 
nían que descendían estas diosas, no saliesen fuera 
de casa, porque no topasen con ellos, y no íes hi- 
ciesen algún daño; y cuando á alguno le entraba 
perlesía, o otra enfermedad repentina, ó entraba en 
el algún demonio, decian que estas diosas lo ha- 
bían hecho; por esto las hacían fiesta v en ella ofre- 
cían en su templo, ó en las encrucijadas de los ca- 
minos, pan hecho de diversas figuras: unos como 

(a) Especie de sarna que roe la carne. 

(b) O dañan. 



mariposas, otros como de figura de rayo que cae 
del cielo, que llaman Tlavitequilizth, y también unos ta- 
maleaos que se llaman XucuichtlamatzxoaUi, y maíz tos- 
tado que llaman ellos izquitl La imagen de estas dio- 
sas tiene la cara blanquesina, como si est uviese t€ i- 
ñida con color muy blanco como es el Mzatl,\o mis- 
mo los brazos y piernas: tenian las orejas de oro, 
los cabellos tocados como las señoras con sus cor- 
nezuelos. El vipil era pintado de unas olas de negro: 
las enaguas tenian labradas de .diversas colores, y tema 
sus cotaras blancas. 

CAPITULO XI. 

Que trata de la diosa del agua, que la llamaban chal- 

chiuhtlitcue: es otra Juno. 

Esta diosa, llamada Chakhiuhtliycue, diosa 
de la agua, pintábanla como á rauger, y decían que 
era hermana de los dioses de la lluvia que llaman 
Tlaloques, honrábanla porque decian que ella tema po- 
der sobre el agua de la mar y de los nos, para 
ahogar los que andaban en estas aguas, y hacer tem- 
pestades y torbellinos en ellas, y anegar los na- 
vios v barcas y otros vasos que caminaban por el agua. 
Hacían fiesta á esta diosa en la que se llama 
Etzahualiztli, que se pone en el 2 libro capitu- 
lo 7, allí están á la larga las ceremonias y sacrificios 
con que la festejaban como allí se podrá ver. Los 
que eran devotos á esta diosa y la festejaban, eran 
todos aquellos que tienen sus grangerías en el agua, 
como son los que la venden en canoas, y los que 
la venden en tinajas en la plaza. Los atavíos con- 
que pintaban á esta diosa, eran la cara con color 
amarillo, v la ponían un collar de piedras preciosas, 
de que colgaba una medalla de oro: en la cabeza 
tenia una corona hecha de papel, pintada de azul 



10 

claro, con unos penachos de plumas verdes, y coa 
unas bolas que colgaban acia el colodrillo, y otras 
acia la frente de la misma corona, todo de color 
azul claro. Tenia sus orejas labradas de turquesas de 
obra mosayca, estaba vestida de un vipil y unas ena- 
guas pintadas de la misma color azul claro, con unas 
íranjas de que colgaban caracolitos mariscos. Tenia 
en Ja mano izquierda una rodela con una hoja an- 
cha y redonda que se cria en la agua, y la llaman 
atiacuccona: en la mano derecha tenia un vaso con 
una cruz hecha á manera de la de la custodia en que 
se lleva el sacramento, cuando uno solo lo lleva, y era 
como cetro de esta diosa; tenia sus cotaras blancas- 
ios señores y reyes veneraban mucho á esta diosa con 
otras dos que era la diosa de los mantenimientos, 
que llamaban Clucumecoatl, y Ja diosa de la sal, que 
llamaban Vixtocivatl, porque decían que estas tres 
diosas mantenían a 3a gente popular, para que pu- 
diesen vivir y multiplicar. Lo demás acerca de esta 
diosa, se verá en el capítulo que he citado del i? li- 
í>ro, porque allí se trata copiosamente. 

CAPÍTULO Xíí. 

Que trata de la diosa de las cosas carnales, la cual lia** 
mabau tlaculteutl, ó sea oirá Venus. 

Esta diosa tenía tres nombres: el uno era Tía- 
tulteutl, que quiere decir la diosa de la carnalidad. 
XA segundo nombre es Ixcuina. Llamábanla este nom- 
bre porque decían que eran cuatro hermanas, la pri- 
mera era primogénita ó hermana mayor, que llama- 
ban Ttacapan: la segunda era hermana menor, que 
amaban Tacú: a tercera era la de enmedio, la cual 
amaban 7 acó: la cuarta era la menor de todas, que 
llamaban Xucotzin, Estas cuatro hermanas decían que 
eran las diosas de la carnalidad. En los nombres bien 



rwuia 



11 

significa á todas las mugeres que son aptas para el 
acto carnal. El tercer nombre de esta diosa es TlacU 
q'úani, que quiere decir comedora de cosas sucias; esto 
es, que segnn decían las mugeres y hombres carna- 
les, confesaban sus pecados á estas diosas cuanto 
quiera que fuesen torpes y sucias, que ellas los per- 
donaban. También decían , que esta diosa 6 diosas 
tenían poder para provocar á lujuria , y para inspi- 
rar cosas camales, y para favorecer los torpes amo- 
res, y después de hechos los pecados decían que te- 
nían también poder para perdonarlos, y á limpiar 
de ellos perdonándolos, si los confesaban á sus Sá- 
trapas, que eran los adivinos que tenían los libros 
de las adivinanzas, y de las venturas de los que 
nacen, y de las hechicerías y agüeros, y de las 
tradiciones de los antiguos, que vinieron de mano en, 
mano hasta ellos; pues de que el penitente determi- 
naba de se confesar, iba luego á buscar alguno de 
los ya dichos, delante de quien se solían confesar, y de- 
cíanle : Señor, quémame llegar á Dios todopoderoso , y 
que es amparador de iodos [el cual se llama Yoalii- 
ehccatlosieestezcatlipoca ] , querría hablar en secreto 
mis pecados. Oído esto el Sátrapa decíale: seois muy 
bien venido, hijo, que lo que decís que queréis hacer, pa- 
ra vuestro bien y provecho es. Dicho esto, miraba lue- 
go el libro de las adivinanzas , que se llamaba To- 
nalamaíl, para por él saber que día sería mas opor- 
tuno para aquella obra; y habiendo visto el dia que 
convenía, decíale: para tal dia vendréis , porque en- 
tonces reina buen signo para que esto se haga prós- 
peramente. Llegado el dia que le habia mandado que 
volviese, el penitente compraba un petate nuevo, in- 
cienso blanco que llaman copalli, y leña para el fue- 
go en que se habia de quemar el copalli; y si el 
penitente era persona principal, ó puesta en dig- 
nidad, el Sátrapa iba á su casa para confesar- 
le (ó por ventura el penitente, aunque fuese prin- 
cipal, iba á la casa del Sátrapa) llegado, harria muy 




bien el lugar donde se habia de tender el petate nue- 
vo para ponerse sobre él el confesor, y luego en- 
cendían fuego , y echaba el copal en el fuego el 
Sátrapa, y hablaba al fuego y decíale: „Vos señor, 
„que sois el padre y la madre de los dioses, y sois 
„el mas antiguo dios, sabed que es venido aquí este 
„vuestro vasallo, este vuestro siervo, y viene lloran- 
do, viene con gran tristeza, y viene con gran do- 
„lor; y esto es porque se conoce haber errado, ha- 
„ber resbalado y tropezado, y encontrado con algu- 
„oas suciedades de pecados, y con algunos graves 
„delitos dignos de muerte, y de esto viene muy pe- 
inado y fatigado. Señor nuestro muy piadoso, que 
„sois amparador y defensor de todos, recibid á pe- 
nitencia, oíd la angustia de este vuestro siervo y 
,vasallo. M Acabada esta oración, el Sátrapa volvía- 
se al penitente y le hablaba de esta manera: (a) ,,Hi- 
,.jo, haz venido á la presencia del dios favorecedor 
„y amparador de todos: veniste á publicarle tus in- 
feriores hedores y pudredumbres: vienes á abrirle 
„!os secretos de tu corazón, mira que no te despe- 
ines, mira que no te despeñes ni estravies mintien- 
„do en la presencia de nuestro señor, desnúdate, he- 
„cha fuera todas tus vergüenzas en presencia de N. 
„Sr., el cual se llama Yoalíiehcctla, esto es,, Tezcatli- 
v poca. Es cierto que estás delante de él aunque no 
„eres digno de verle, ni aunque él no te hable porque 
„es invisible y no palpable; pues mira como vienes, 
„que corazón traes, no dudes de publicar tus secre- 
tos en su presencia, cuenta tu vida, relata tus obras 
„de la misma manera que hiciste tus escesos y ofen- 
das: derrama tus maldades en su presencia, cuenta 
„con tristeza á N. S. Dios, que es favorecedor de 
„todos, y tiene abiertos los brazos, y está apareja- 
„do para abrazarte y para tomarte acuestas: mira que 

(a) Al margen del manuscrito puso el P. Sahagun. . Exemplum 
pénitentice. 



a lu i 



13 

„no dejes nada por vergüenza ni por flaqueza.» Oí- 
do esto el penitente, luego hacía juramento de de- 
cir la verdad de la manera que ellos usaban jurar, 
tocando la tierra con la mano,, y lamiendo lo que se 
le habia pegado, y lu<ágo echaba copah en el fue- 
go, que era otro juramento acerca de decir la ver- 
dad, y luego se sentaba delante del Sátrapa, y por- 
que le tema como por imagen vicario de Dios, co- 
menzábale á hablar de esta manera. ¡O Sr. nuestro 
que á todos recibes y amparas, oye mis hedionde- 
ces y pudredumbres! En tu presencia me desnudo y 
echo fuera todas mis vergüenzas cuantas he hecho: 
no te son por cierto ocultas las maldades que he 
cometido, porque todas las cosas te son manifies- 
tas y claras.» Dicho esto, luego comenzaba á decir 
sus pecados por el mismo orden que los hizo, con 
toda claridad y reposo, como quien dice un cantar 
muy despacio y muy pronunciado, y como quien vá 
por un camino muy derecho, sin desviar á una par- 
te y á otra, y acabando de decir todo lo que había 
hecho, comenzaba luego á hablar el Sátrapa dicien- 
do de esta manera: „Hijo, haz hablado delante de 
„nuestro Sr. Dios diciendo delante de él tus malas 
,',obras; ahora también en su nombre te quiero de- 
„cir lo que eres obligado á hacer. Cuando descien- 
den á la tierra las diosas llamadas Cimpipilti, ó cuan- 
",do se hace la fiesta de las diosas de la carnali- 
dad que se llaman Yxtuiname, ayunarás cuatro dias 
„afligiendo tu estómago y tu boca, y llegado el dia 
„de la fiesta de estas diosas Yxtmname, luego de ma- 
„ñana ó en amaneciendo para que hagas la peniten- 
cia convenible por tus pecados, pasarás la lengua 
„por el medio de parte á parte con algunos mim- 
„bres que se llaman teucaleacatl, 6 tlacotl, y si mas 
^quisieres pasarlas, haz por las orejas lo uno de dos, 
„y esto harás en penitencia y satisfacción de tu pe- 
cado, no por via de merecimiento sino en peniten- 
Tom 1. 5 




„cia del mal que hiciste: traspasarás la lengua pof 
„el medio, con alguna espina de maguey, y después por 
„el mismo ahujero pasarás los mimbres, pasarás ca- 
„da una por delante tu cara, y acabando de sacar- 
la arrojarla has atrás de tí acia las espaldas, y si 
„quisieres de todas ellas hacer una, atándolas todas 
„ ? a una con la otra, ora sean cuatrocientas ú ocho- 
mentas las que hubieres de sacar por la lengua; (a) ha- 
biendo esto se te perdonan las suciedades que hi- 
jjCiste.» Y si no tiene muchos ni graves pecados el 
penitente dícele el Sátrapa delante de quien se con- 
fiesa: „Hijo, ayunarás, fatigarás tu estómago con ham- 
bre, y tu boca con sed, comiendo sola una vez al 
medio dia, y esto cuatro dias; ó le mandaba irás á 
ofrecer papeles á ios lugares acostumbrados y harás 
imágenes, cubrirás con ellos las imágenes que lle- 
vares hechas según tu devoción, y harás en su pre- 
sencia la ceremonia acostumbrada de cantar y bai- 
lar en su presencia.» O le decía.- „Haz ofendido á 
Dios emborrachándote, conviénete satisfacer al dios 
del vino llamado Totochti, y cuando fueres á hacer 
esta penitencia, irás de noche, irás desnudo sin que 
lleves ninguna otra cosa sino un papel delante y otro 
detras, para cubrir tus partes vergonzosas; y cuan- 
do hecha tu oración te volvieres, los papeles con 
que vas ceñido detras y delante, arrojarlos has de- 
lante de los dioses que allí están.» Acabada la con- 
fesión y recibida la penitencia, íbase para su casa y 
procuraba de nunca mas volver á hacer aquellos pe- 
cados de que se había confesado, porque decían que si 
otra vez reincidían en los pecados, no tenia remedio. 
No hacían esta confesión sino los viejos, por graves 
pecados como son adulterios, &c, y la razón porque se 
confesaban era por librarse de la pena temporal que 
estaba señalada á los que caían en tales pecados, 
por librarse de no recibir pena de muerte, ó machu- 
cándole la cabeza, ó haciéndola tortilla entre dos gran- 
ja] Parece que equivale á decir... harás muchas veces. 



_ 



15 

des piedras. Es de saber que los Sátrapas que oían los 
pecados, tenían gran secreto, que jamás decían lo 
que habian oído en la confesión, porque tenían que 
no lo habian oído ellos, sino su dios, delante de quien 
solo se descubrían los pecados: no se pensaba que 
hombre los hubiese oído, ni á hombre se hubiesen 
dicho, sino á Dios. Acerca de lo arriba dicho, sabe- 
mos que aun después acá en el cristianismo, porfían 
á llevarlo adelante en cuanto toca á hacer peni- 
tencia y confesarse por lps pecados graves y públi- 
cos, como es homicidio, adulterio &c, pensando que 
como el tiempo pasado por la confesión y peniten- 
cia que hacían se les perdonaban aquellos pecados 
en el foro judicial, también ahora cuando uno mata 
ó adultera, acógese á nuestras casas y monasterios, 
y callando lo que hicieron, dicen que quieren hacer 
penitencia, y caban en la huerta, y barren en casa, 
v hacen lo que les mandan, y confiésaúse de ahí á 
alo-unos dias, y entonces descaran su pecado, y la cau- 
sa porque vinieron á hacer penitencia. Acabada su 
confesión, demandan una cédula firmada del confe- 
sor, con propósito de mostrarla á los que rigen, ya 
sea gobernador y alcaldes, para que sepan que han 
hecho -penitencia y confesádose, y que ya no tiene 
nada contra ellos la justicia. Este embuste casi nin- 
guno de los religiosos ni de rigor entienden por don- 
de vá, por ignorar la costumbre antigua que teman 
según que arriba está escrito; mas antes piensan que 
la cédala la demandan, para mostrar como está con- 
fesado aquel año: esto sabemos por mucha espenen- 
cia que de ello tenemos. Dícese que se confesaban 
los viejos y de los grandes pecados de la carne. Be 
esto bien se arguye que aunque habian hecho muchos 
pecados en tiempo de su juventud, no se confesaban de 
ellos hasta la vejez, por no se obligar á cesar de pe- 
car antes de la vejez, por la opinión que teman, de 
que el que tornaba á reincidir en los pecados al que 



16 

se confesaba una vez, no tenia remedio. En lo arri- 
ba dicho, no hay poco fundamento para argüir que 
estos indios de esta nueva España se tenían por 
obligados de se confesar una vez en la vida, y es- 
to, in lumine naturali, sin haber tenido noticia de las 
cosas de la fé. 






CAPITULO Xííí. 

Que trata de los dioses que son menores en dignidad que 

los arnba dichos, y el primero de estos es, el que llaman 

xiuhtecütli: es otro Vukano. 

■■, Este dios de fuego llamado Xiuhtecütli, tiene 
tamoien otros dos nombres: el uno es Yxcocauhqui, 
que quiere decir cariamaríllo ; y el otro es Cveealtzin, 
que quiere decir llama de fuego. También se llamaba 
Viveteutl, que quiere decir el dios antiguo, y todos le 
teman por padre considerando los efectos que ha- 
cía, porque quema, y la llama enciende y abrasa. Es- 
tos son efectos que causan temor; otros efectos tie- 
ne que causan amor y reverencia, como es que ca- 
lienta á los que tienen frió, y guisa las viandas pa- 
ra comer, asando, y cociendo, y tostando, y friendo. 
El hace la sal y la miel espesa, y el carbón y la cal, 
y calienta los baños para bañarse, y hace el aceite 
que se llama uxitb, con él se calienta la legía y agua 
para labar las ropas sucias y viejas, y se vuelven casi 
nuevas. A este dios se le hacía fiesta cada año, al 
fin del mes que se llama 13 calli , (a) y á su ima- 
gen le ponían todas las vestiduras, y atavíos y plu- 
mages del principal señor: en tiempo de Mochteccu- 
zoma hacíanla á semejanza de éste, y en tiempo de 
los otros señores pasados hacíanle la semejanza do 

(a) O sea HueyMicaühuitl, ó fiesta de los difuntos grandes. 





1? 

cada uno de ellos, y puesto en su altar ó trono des- 
cabezaban á su presencia muchas codornices, derra- 
maban la sangre de ellas delante de él , y también 
ofrecíanle copal como á dios, y unos pastelejos que 
llaman quitltamalli, hechos de bledos, y estos mismos 
comían por su honra: en todos los barrios, y en cada 
casa, antes que los comiesen los ofrecían al luego, 
v antes de ofrecerlos no los comían: los batrapas 
que estaban diputados al servicio de este dios que 
los llamaban Yhebeyohan, que quiere decir sus viejos, 
todo el dia hacian areyto, ó danza, en su presencia, 
cantando y bailando á su modo, y tañían caracoles 
como cuernos, y tocaban alambores y teponaztli que 
son alambores de madera, y traían en las manos 
unas sonajas con que hacen un son al proposito del 
cantar: son á la manera de trebejos, ó trebecinas con 
que hacen callar á los niños cuando lloran y se usan 
en los campos. No se cocía pan en comal en este 
dia, y en esto se tenía cuidado de que nadie lo co- 
ciese, ni otra cosa en comal, porque ninguno se to- 
case del fuego por ser el primero dia en que se co- 
mían y ofrecían los tamales arriba dichos, hn esta 
misma fiesta, los padres y madres de los niños ca- 
zaban unos culebras, otros ranas, otros peces que se 
llaman joviles (a) ó lagartiilos del agua, que se lla- 
man axolotU ó aves, ó cualquier otros ammalesjos, y 
éstos echábanlos en las brazas del hogar; y de que 
ya estaban tostados comíanlos los niños y decían, co- 
me cosas tostadas nuestro padre el fuego: y llegada 
la noche, los viejos y viejas todos bebían ucth, que 
es vino de la tierra, y del uctli que bebían derrama- 
ban, antes que bebiesen, en cuatro partes del hogar 
del vctli que habían de beber; y á esto decían, que 
daban á gustar al fuego aquella bebida, honrándole 
como á Dios en esto, que era como sacrificio ú ofren- 
da; y de cuatro en cuatro años hacíase esta fiesta 

(a) Hoy Juiles, 






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18 

muy solemne, y hacía aceyte el señor con todos sus 
principales delante de la casa 6 templo de este dios 
hn esta fiesta de cuatro en cuatro años, no sola- 
mente los viejos y viejas bebian vino ó pulque, sino tam- 
bién todos los mozos y mozas, niños y niñas, lo be- 
bían; por eso se llamaba esta fiesta pillavmo, que 
quiere decir fiesta donde los niños y niñas beben el 
vino o pulque, y daban padrinos y madrinas a los 
niños, y buscábanselos sus padres y madres , y dá- 
banlos algunos dones. Estos padrinos y madrinas lle- 
vaban acuestas los niños y niñas que eran sus ahi- 
jados al templo de este dios del fuego. También lo 
llamaban Yxcocauhgm: allí delante de él ahujeraban 
las orejas á todos los niños y niñas, señalábanlos de 
esta sena! en presencia de sus padrinos y madrinas 
que les llamaban Ymavivanyntlavan. Hecho e^to co- 
mían todos juntos padres y madres, padrinos y 'ma- 
drinas, niños y niñas. La imagen de este dios figu- 
raba un hombre desnudo, el cual tenía la barba te- 
nida con la resma que es llamada ÜHTque es negra, 
y un barbote de piedra colorada en el ahujero de 
la barba Tenía en la cabeza una corona de papel 
pintada de diversas colores y de diversas labores- en 
lo alto de la corona tenía unos penachos de plumas 
verdes, fi manera de llamas de fuego: unas bo- 
as de pluma acia los lados, como pendientes acia 
las orejas: unas orejeras en los ahujeros de las 
orejas laoradas de turquesas de labor mosayco- te- 
nia acuestas un plumage hecho á manera de una ca- 
beza de un dragón, labrado de plumas amarillas, con 
unos caracolitos mariscos: unos cascabeles ata- 
dos á ms gargantas de los pies: en la mano 
izquierda una rodela con cinco piedras verdes, que 
se llaman chalchivites, puestas á manera de cruz so- 
bre una chapa de oro, casi cubierta toda la rodela- 
en la mano derecha tenía una á manera de cetro' 
que era una chapa de oro redonda ahujerada por el 



19 

medio, y sobré ella un remate de dos globos, uno 
mayor y otro menor con una punta sobre el menor: 
llamaban á este cetro Tlachicloni , que quiere decir 
miradero, ó mirador, porque con él ocultaba la cara 
y miraba por el ahujero de enmedio de la chapa de 
oro, 

CAPITULO XIV. 

(Que habla acerca de un dios que se llamaba macüilxo- 
CHitl, que quiere decir cinco flores; y también se llama- 
la jOchipílli, que quiere decir el principal que dá flores 
ó que tiene cargo de dar flores. 

A este numen llamado Macuihochitl, teníanle por 
dios como al arriba dicho, que es el dios del fuego: 
era mas particular dios de los que moraban en las 
casas de los señores, ó en los palacios de los prin- 
cipales. A honra de este hacían fiesta, y su fies- 
ta se llamaba Xochilhuitl, la cual se contaba 
entre las fiestas movibles que están en el cuarto li- 
bro que trata del arte adivinatoria. Cuatro días antes 
de esta fiesta ayunaban todos los que la celebraban 
así hombres como mugeres, y si algún hombre en el 
tiempo de este ayuno tenía acceso á muger, ó algu- 
na muger, ó hombre durante el dicho ayuno, decían 
que ensuciaba su ayuno, y este dios se ofendía mu- 
cho de esto, y por esto hería con enfermedades de 
las partes secretas á los que tal hacían, como son 
almorranas, podredumbre del miembro secreto, divie- 
sos y é incordios, &c, porque tenían entendido que, 
estas enfermedades eran castigos de este dios por la 
causa arriba dicha, hacíanle votos y prometimientos 
para que aplacase, y cesase de afligir con aquellas 
enfermedades. Cuando llegaba la fiesta de este dios 
que se llamaba Xochilchuitl, que quiere decir la fies- 




ta de las flores, como dicho es, ayunaban todos cua- 
tro dias, algunos no comían chilkoaxi y comían so- 
lamente al medio dia, y á la media noche bebían 
una mazamorra que se llamaba Tlaquilolatulli , (d) que 
quiere decir mazamorra pintada con una flor puesta 
encima en el medio: llamábase este ayuno el ayuno 
de las flores: también los que ayunaban sin dejar el 
chilli, ni otras cosas sabrosas que suelen comer, co- 
mían una vez sola al medio dia. Otros ayunaban co- 
miendo panes ácimos; esto es, que el maiz de que 
se hacía el pan que comían , no se cocía con ca 
antes de molerlo , que esto es como hormentar , (a) 
sino molían el maíz seco, y de aquella harina hacían 
pan, y cocianlo en ei comal, y no comían chilli, ni 
otra cosa con ello ; no comían mas que una vez á 
medio dia. Llegado el quinto dia era la fiesta de es- 
te dios: en ella uno se componía con -los ata- 
víos de este dios , como si fuera su imagen ó per- 
sona que significaba al mismo dios: con este hacían 
areyto con cantares, y con teponaztli y atambor: lle- 
gando al medio dia de esta fiesta, descabezaban mu- 
chas codornices, derramando la sangre delante de es- 
te Dios, y de su imagen : otros sangrábanse de las 
orejas delante de él: otros traspasaban las lenguas 
con una punta de maguey, y por aquel ahujero pa- 
saban muchas mimbres delgadas derramando sangre: 
también se hacían otras ofrendas en su templo: ha- 
cían también una ceremonia, que hacían cinco tama- 
les, que son como panes redondos hechos de maíz, ni 
bien rollizos, ni bien redondos, que se llamaban pan 
de ayuno: eran grandes, encima de los cuales iba una 
saeta hincada, que llamaban Xuckimiíl, esta era ofren- 
da de todo el pueblo. Los particulares que querian, 
ofrecían en un plato de madera, cinco tamales peque- 

(d) Parece que es lo que hoy llamarnos punche poblano, que 
se compone de maíz, azúcar, leche y agua de azar. 

(a) 6 sea fermentar. 



y u 



II III I li. 



21 

ños, á la manera de los arriba dichos, Chilmotli en 
otro vaso: ofrecían asimismo dos pasteles que lla- 
man tzoalü en lugar del vlli, goma negra, que otros 
ofrecían en unos platos de madera, y el uno de es- 
tos pasteles, y el otro vermejo: la otra gente ofre- 
cían diversas cosas; unos ofrecían maíz tostado, otros 
maíz tostado con miel y con harina de semilla de 
bledos; otros hecho de pan con una manera de rayo, co- 
mo cuando cae del cielo que llaman Xonecuilh; otros 
ofrecían pan hecho á manera de mariposa; otros ofre- 
cían panes ázimos que ellos llamaban yotiaxcalh; otros 
ofrecían unas tortas hechas de semillas de ble- 
dos; otros unas tortas hechas á manera de ro- 
dela, de la misma semilla hechas; otros hacían sae- 
tas; otros espadas formadas de la masa de esta mis- 
ma semilla; otros en fin ofrecían muñecas, hechas déla 
misma masa. En esta misma fiesta, todos los prin- 
cipales y Calpixcues de la comarca de México, que 
lindaban con los pueblos de guerra, traían á México 
los cautivos que tenían, ó comprados, ó que por sí 
mismos los habian cautivado, y entregábanlos á los 
Calpixques á que los guardasen para el tiempo que 
fuesen menester ser sacrificados delante de los ido- 
Ios-, y si alguno de estos esclavos se huían entretan- 
to' que llegaba el tiempo de su sacrificio, el mismo 
Cahixque que lo tenía á cargo era obligado á com- 
prar otro y ponerle en el lugar del que se había hui- 
do. La imagen de este dios era como un hombre 
desnudo que está desollado, ó teñido de vermellon , 
y tenia la boca y la barba pintada de blanco, y ne- 
gro, y azul claro: la cara i teñida de bermejo : tenía 
ademas una corona teñida de verde claro, con unos pena- 
chos de la misma color: unas borlas que col- 
gaban de la corona acia las espaldas: traía acues- 
tas una divisa ó plumage , que era como una ban- 
dera que está hincada en un cerro, y en lo alto te- 
nía unos penachos verdes: estaba ceñido por el medio 
Tom. I. *> 







22 
del cuerpo con uña manta vermeja que colgaba hasta los 
muslos , esta manta tenía una franja de que colga- 
ban unos caracolitos mariscos: en los pies tenía unas 
cotaras ó sandalias muy curiosamente hechas: en la 
mano izquierda una rodela, la cual era blanca, 
y en el medio tenía cuatro piedras puestas de dos 
en dos juntas: tenía por último un cetro hecho á manera 
de corazón, y en lo alto tenía unos penachos verdes, 
y de lo bajo colgaban también otros penachos verdes 
y amarillos. 

CAPITULO XV. 
Que habla del dios llamado omecatl, que quiere decir 
dos cañas: es el dios de los conviles. 
Este (^ios de los convites decian que tenía do- 
minio y poder sobre los convites y convidados, que 
es cuando los principales hermanos convidaban á to- 
da su parentela para darles de comer, y mantas y 
flores, y que bailasen, danzasen y cantasen en su casa, 
y cuando este regocijo se había de hacer, el que le 
hacía llevaba la imagen de éste dios á su casa. Lle- 
vábanla algunos Sátrapas de los que servían en su 
templo; decian que si nó le hacían aquella honra que 
se le debía hacer, se enojaba y aparecía en sueños 
al dueño del convite, y reprehendíale y reñíale di- 
ciendo de esta manera: „Tü mal hombre, porque no 
me has honrado como convenía, sabe que yo te dejaré, yo 
me apartaré de tí, y tú me pagarás muy bien la in- 
juria que has hecho:» y si mucho se enojaba, mes- 
traba su enojo con que entre la comida y bebida, mez- 
claba pelos ó cabellos, para dar pena á los convi- 
dados, y deshonra al señor del convite: y estos cuan- 
do comulgaban en la fiesta de este dios, enferma- 
ban muchas veces, y cuando comian ó bebían, añus- 
cábanse (a) con la comida ó bebida, que no la po- 

(a) Lo mismo que atragantarse , estrecharse el tragadero co- 
mo si le hubiesen hecho un ñudo. 



_ 



dían tragar, y yendo andando tropezaban y caían mu- 
chas veces. Cuando hacían fiesta á este dios, que 
era de noche, comulgaban con su cuerpo, y para es- 
ta comunión los principales y Calpixques, y los que 
tenían cargo de los barrios, hacían de masa una fi- 
gura de un hueso grueso, redondo y largo como un 
codo, y llamábanle el hueso de este dios; y antes 
que comulgasen, comían y bebían pulque. Después de 
haber comido y bebido, en amaneciendo, al que era 
la imagen de éste dios, le punzaban en la barriga como 
con alfileres, ú con cosa semejante, y lastimábanle. He- 
cho esto, repartían aquella figura de hueso que ha- 
bían hecho de masa que llaman tzoalli,y dividíanla 
en tres, y comía cada uno lo que le cabía. Todos 
estos que aquí comulgaban, se tenían por dicho y 
entendido, que el año que venía en esta fiesta ha- 
bían de contribuir para hacer la de dicho dios, pro- 
veyendo todo lo necesario que se había de gastar en 
ella. La imagen de este numen era como un hom- 
bre que está sentado sobre un haz de juncias: te- 
nia la cara manchada de negro y blanco: una coro- 
na de papel apretada á la frente, con una venda 
larga y ancha de diversos colores, la que estaba anu- 
dada acia el colodrillo, con una lazada que parecían 
borlas: tenia revuelto á la corona unas cuentas de 
■chalchivites: (a) tenia puesta una manta á manera de 
red, con que estaba cubierto: una franja ancha don- 
de estaban sembradas unas flores tejidas en la mis- 
ma franja: tenia una rodela junto á sí, de la que le 
colgaban unas borlas anchas por la parte de abajo, 
y en la mano derecha un cetro donde estaba una 
medalla redonda ahujerada á manera de clarabolla. 
Estaba asentada de canto sobre una mesa redonda, y 
en lo alto tenia un chapitel piramidal, á este cetro llama- 
ban tlachialia, que quiere decir miradero, porque encu- 
bría la cara con la medalla, y miraba por la clarabolla. 
(a) O sea esmeraldas ordinarias: otros llaman Chalehihuitl, 




24 

CAPITULO XVI. 

Que traía del dios llamado yxtlilton, que quiere decir 
el negrillo, y también se llama tlaltetecuin. 

A este dios hacíanle un oratorio de tablas pin- 
tadas como tabernáculo donde estaba so imagen. En 
este oratorio ó templo, había muchos lebrillos y ti- 
najas de agua, todas estaban tapadas con tablas ó 
comales: llamaban á esta agua tlilalt, que quiere de- 
cir agua negra, y cuando algún niño enfermaba, lle- 
vábanle al templo 6 tabernáculo de este dios YxtliU 
ton, y abrían una de aquellas tinajas, y dábanle de 
beber al niño de la misma y con ella sanaba; y 
cuando alguno quería hacer la fiesta de este dios por 
su devoción, llevaba su imagen á su casa. Esta no 
era de bulto ni pintada, sino que era uno de los Sátra- 
pas, que se vestía los ornamentos de este dios, y 
cuando le llevaban íbaníe incensando delante con humo 
de copal, hasta que llegaba esta imagen á la casa 
del que había de hacerle fiesta con danzas y can- 
tares, como ellos usaban, porque esta manera de dan- 
zar y bailar, es muy diferente de nuestros bailes y 
danzas. Pongo aquí la manera que tienen estas dan- 
zas ó bailes, que por otro nombre se llaman areytos, 
y en su lengua se llama macevalistli. Juntábanse mu- 
chos de dos en dos, ó de tres en tres, en un gran 
corro según la cantidad de los que eran, llevando 
flores en las manos, y atavíos con plumages: hacían 
todos á una un mismo meneo con el cuerpo, y con 
los pies y manos, cosa bien de ver, y bien artificiosa: 
todos los meneos iban según el son que tañían los ta- 
ñedores del atambor y del teponaztli. Con esto iban 
cantando con gran concierto todos, y con voces muy 
sonoras, los loores de aquel dios á quien festejaban, 
y lo mismo usan ahora aunque dirijido de otra ma- 
nera: enderezan los meneos con tenencias y atavíos 



25 
conforme á lo que cantan, porque usan diversísi- 
mos meneos, y muy diversos tonos en el cantar; pe- 
ro todo muy agraciado y aun muy místico. Ll bos- 
que de la idolatría no está talado, (a) Llegada, como 
está dicho, la imagen de este dios á la casa del que 
la festejaba, lo primero que hacían era comer y be- 
ber, después de lo cual comenzaban la danza y can- 
tar del dios á quien celebraban. Después que este 
dios había bailado con los otros gran rato, entraba 
dentro de la casa, á la bodega donde estaba el pul- 
cre 6 vino, que ellos usaban en muchas tinajas, to- 
das tapadas con tablas ó comales embarrados, las 
cuales habia cuatro dias que estaban tapadas. Este 
dios abría una ó muchas, y á este abrimiento llama- 
ban tlaiacaxapotla que quiere decir, este vino es nuevo: 
hecho este abrimiento, él y los que le acompañaban 
bebian de aquel vino, y salíanse fuera al patio de la 
casa donde se hacía la función y iban donde esta- 
ban las tinajas del agua negra, que eran dedicadas 
á él, y habian estado cerradas cuatro días; abríalas 
este mismo que era la imagen de este dios, y si des- 
pués de abiertas estas tinajas, parecia en alguna de 
ellas alguna suciedad, como alguna pajuela, ó cabello, ó 
pelo ó carbón, luego decian, que el que hacia la 
fiesta era hombre de mala vida, adúltero ó ladrón, 
ó dado al vicio carnal, y entonces le afrentaban con 
decirle que alguno de aquellos vicios estaba en él, 
ó que era sembrador de discordias ó de zizañas, afren- 
tábanle en presencia de todos; y cuando aquel que 
era la imagen de este dios, salía de aquella casa, dá- 
banle mantas, las cuales llamaban ixquen, que quiere 
decir abertura de la cara, porque quedaba avergon- 
zado aquel que habia hecho la fiesta si alguna falta 
se hallaba en la agua negra. La manera de atavíos 
de este dios, se pondrá al fin de este libro. 

(a) Es menester que los párrocos de indios, jamás olviden es- 
tas palabras. 




CAPÍTULO XVII. 

Que habla del dios llamado ofuchtli, el cual era tenido 
y adorado en esta nueva España. 

Este dios llamado Opuchtli , le contaban con 
los dioses que se llamaban Tlaloques, que quiere de- 
cir habitadores del paraíso terrenal , aunque sabian 
que era puro hombre. Atribuíanle la invención de las 
redes para pescar, y también un instrumento para 
matar peces, que le llamaban minacachalli, que es co- 
mo fisga, aunque no tiene sino tres puntas en trián- 
gulo como tridente, con que hiere á los peces, y tam- 
bién con él matan aves. También éste inventó los la- 
zos para matar las aves, y los remos para remar. 
Cuando hacían fiesta á este dios los pescadores y 
gente del agua que tienen sus grangerías en las aguas, 
(al cual tenían por dios) ofrecíanle cosas de comer 
y vino, de lo que eSlos usaban que se llamaba uctli, 
y por otro nombre se llama pulque: también le ofre- 
cían cañas de maíz verdes, y flores y cañas de humo 
que llaman yietl, é incienso blanco que llaman copalli, y 
una yerba olorosa que se llama yiauhtli, y sembraban de- 
lante de él como cuando echan juncos cuando se hace 
procesión. Usábase también en esta solemnidad de unas 
sonajas que iban en unos báculos huecos que sona- 
ban como cascabeles ó casi: sembraban también de- 
lante de él un maíz tostado que llaman mumuchtli , 
que es una manera de maíz que cuando se tuesta 
rebienta y descubre el meollo, y se hace como una 
flor muy blanca: decían que estos eran granizos, los 
cuales son atribuidos á los dioses del agua. Los vie- 
jos Sátrapas que tenían cargo de este dios y las vie- 
jas, decíanle los cantares de su loor. La imagen de 
este dios es un hombre desnudo y teñido de negro 
todo, y la cara pardilla tirante á las plumas de la 
codorniz: tenía una corona de papel de diversas co* 



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27 
lores compuesta á manera de rosa, que las unas ojas 
sobrepujaban á las otras , y encima tenía un penacho 
de plumas verdes que salían de una borla amarilla. 
Colgaban de esta corona unas borlas grandes y lar- 
gas acia las espaldas: tenía una estola verde cruza- 
da, á manera de las que se ponen los sacerdotes 
cuando dicen misa: tría ceñidos unos papeles ver- 
des que le colgaban hasta las rodillas: unas co- 
laras ó sandalias blancas: en la mano izquierda traía 
una rodela teñida de colorado, y en el medio de es- 
te campo una flor blanca con cuatro hojas á mane- 
ra de cruz, y de los espacios de las hojas salían 
cuatro puntos que eran también hojas de la misma 
flor: tenía un cetro en la mano derecha como un cá- 
liz , y de lo alto de él salía como un casquillo de 
saetas. 

CAPÍTULO XVIII. 

Que habla del dios llamado xipetotec, que quiere decir 

desollado, 

Este dios era honrado de aquellos que vivian 
a la orilla de la mar, y su origen lo tuvo en Zapotlán, 
pueblo de Xalisco. Atribuían á este dios las enfer- 
medades siguientes. Primeramente las viruelas, las 
apostemas que se hacen en el cuerpo, y la sarna: 
también las enfermedades de los ojos, como es el 
mal que procede de mucho beber, y todas las demás 
que se causan en los ojos : todos los que eran en- 
fermos de alguna de las de enfermedades dichas, ha- 
cían voto á este dios de vestir su pellejo cuando se 
hiciese su fiesta, la cual se llama Tlacaxipealizíli , ó 
sea desollamiento de hombres. En ella hacian como 
un juego de cañas, de manera, que el un bando era 
de parte de este dios ó imagen del dios Totee, y és- 
tos todos iban vestidos de pellejos de hombres, que 
habian muerto y desollado en esta fiesta, todos re- 





cíenles y corriendo sangre : los del bando contrario 
eran los soldados valientes y osados, y personas be- 
licosas y esforzadas, que no tenían en nada la muer- 
te , osados y atrevidos que de su voluntad salían á 
combatir con los otros: allí los unos con los otros 
se ejercitaban en el ejercicio de la guerra, perse- 
guíanse hasta su puesto, y de allí volvían huyendo 
hasta su propio puesto; acabado este fuego, aque- 
llos que llevaban los pellejos de los hombres vesti- 
dos que eran de la parte de este dios Totee, íbanse 
por todo el pueblo y entraban en las casas, deman- 
dando que les diesen alguna limosna por amor de 
aquel dios. En las casas donde entraban, hacíanlos 
sentar sobre unos hacecillos de hojas de tzapotes, y 
echábanlos al cuello unos sartales de mazorcas de 
maíz, y otros sartales de flores que iban desde el 
cuello acia los sobacos, y poníanle guirnaldas, y dá- 
banles á beber pulque, que es su vino. Si algunas 
mugeres enfermaban de estas enfermedades arriba di- 
chas, en la fiesta de este dios ofrecían sus ofrendas 
según que habian votado. La imagen de este numen 
es á manera de un hombre desnudo, que tiene en 
un lado teñido de amarillo, y el otro de leonado: tie- 
ne la cara labrada de ambas partes á manera de 
una tira angosta que cae desde la frente hasta la 
quijada: en la cabeza, á manera de un capillo de di- 
versas colores, con unas borlas que cuelgan acia las 
espaldas. Tiene vestido un cuero de hombre: los ca- 
bellos tranzados en dos partes y unas orejas de oro: 
está ceñido con unas faldetas verdes, que le llegan 
hasta las rodillas, con unos caracolillos pendientes: 
tiene unas cotaras ó sandalias, y una rodela de co- 
lor amarillo, con un remate de colorado todo al re- 
dedor: y tiene un cetro con ambas manos, á manera 
del cáliz de adormidera, .donde tiene su semilla, con un 
casquillo de saeta encima empinado. 



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CAPÍTULO XIX. 

Que habla del dios que se llamaba yiacatecutli, dios de 
los mercaderes, (a) 

De este dios llamado Yiacatecutli, hay conge- 
tura que comenzó los tratos y mercadurías entre es- 
ta gente, y así los mercaderes lo tomaron por dios 
y le honraban de diversas maneras. Una de las co- 
sas con que lo honraban era, que le ofrecían papel, 
y le cobijaban con él mismo, donde quiera que es- 
taban sus estatuas. También tenían en mucha vene- 
ración al báculo con que caminaban, que era una ca- 
ña maciza que ellos llaman vtatl, (b) y también usan 
de otra manera de báculo, que es una caña negra 
liviana, maciza, sin ñudo ninguno, que es como jun- 
co de los que usan en España: todos los mercade- 
res usaban de esta manera de báculos por el camino. 
Cuando llegaban adonde habían de dormir, juntaban 
todos sus báculos en una gavilla atados, é hincában- 
los en la cabecera donde habían de dormir, y der- 
ramaban sangre delante de ellos, que se sacaban de 
las orejas, ó de ia lengua, ó de las piernas, ó de los 
brazos, y ofrecían copal, hacían fuego, y quemában- 
le delante de los báculos, á los cuales tenían por 
imagen del mismo dios, y en ellos honraban al mis- 
mo dios Yiacatecutli: con esto le suplicaban que los 
amparase de todo peligro. Estos mercaderes discur- 
rían por toda la tierra, tratando, comprando en una 
parte, y vendiendo en otra lo que habían comprado. 
También discurren por todas las poblaciones que es- 
tán en la ribera de la mar, y la tierra adentro: no 
dejan cosa que no escudriñan y pasean, en unas par- 
tes comprando, y en otras vendiendo. No dejan lu- 

(a) O sea el Mercurio de los lómanos. 

(b) O sea otate. 

Tom. 1. 7. 



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30 

gar donde no] buscan lo~ que allí se puede comprar 
ó vender, ni porque la ftierra sea muy caliente, ni 
porque sea muy fria, ni porque sea muy áspera dejan 
de pasarla, ni de trastornarla, buscando lo que en 
ella hay de precioso ó provechoso para comprar ó ven- 
der. Son estos mercaderes sufridores de muchos tra- 
bajos, y osados para entrar en todas las tierras (aun- 
que sean las de enemigos,) y muy astutos para tra- 
tar con los estraños, así aprendiendo sus lenguas, 
como tratando con elks con benevolencia para atraer- 
los así con su familiaridad. Estos descubren donde hay las 
plumas y las piedras preciosas, y el oro, y las com- 
pran y las llevan á vender donde saben que han de 
valer mucho: también estos descubren donde hay pe- 
llejos de animales esquisitos y preciosos, y los ven- 
den adonde valen mucho. Tratan también en vasos 
preciosos hechos de diversas maneras, y pintados con 
diversas figuras según que en diversas tierras se usan; 
unos con tapaderas hechas de conchas de tortugas, 
y cucharas de lo mismo para revolver el cacao; otros 
con tapaderas muy pintadas de diversas colores y 
figuras, hechas á manera de una hoja de vinarbol, y 
otros palos preciosos para revolver el cacao, (a) Si 
han de entrar en tierra ele guerra, primero aprenden 
el lenguage de aquella gente, y toman el trage de 
ella, para que no parezca que son ©strangeros, sino 
que son naturales, Acontecía muchas veces que los 
enemigos los conocían, y los aprendían y mataban, y 
si uno, ó dos ó mas, se podían escapar, iban á dar 
aviso al señor principal de la tierra, como Moteccu- 
zuma, 6 otros sus antecesores, y llevaban de aque- 

(a) De estos hay algunos en el Museo de esta Universidad, y 
el Sr, obispo Pérez de Puebla poseía varios esquisitos de Tecal- 
li y alabastro, adquiridos en la costa de Veracruz. Hanse hallado 
muy preciosos en las escavaciones hechas en la Isla del Sacrifi- 
cio, inmediata 6 dicho puerto, y otras casillas raras hechas de 
jaspes muy particulares, que entiendo, se hallan también en el mismo 
Museo. 



Has riquezas que habia en aquella tierra, y presen- 
tábanlas al señor en remuneración de sus trabajos, 
para que fuese honrado en el pueblo, y tenido por 
valiente: poníanle un barbote de ámbar, que es una 
piedra larga amarilla trasparente, que cuelga del be- 
so bajo, ahujerado, en señal de que era valiente y era 
noble, y esto se tenia en mocho. Estos mercaderes 
partíanse de sus parientes con grandes ceremonias se- 
gún sus ritos antiguos cuando iban á mercadear á 
tierras estrañas, y estaban por allá muchos años, y 
cuando volvían á sus tierras, volvían cargados de mu- 
chas riquezas, y para hacer demostración de lo que 
traían, y dar relación de las tierras por donde ha- 
bían andado, y de las cosas que habian visto; con- 
vidaban á todos los mercaderes, en especial á los 
principales de ellos, á los señores del pueblo, y les 
hacían gran convite; á este convite llamábanle lava- 
torio de pies, y los convidados reverenciaban gran- 
demente al báculo con que habian ido y vuelto, tenían 
que era imagen de aquel dios, y que le habia da- 
do favor para volver y andar los caminos que tran- 
sitó. Para hacer esta honra al báculo, se ponían en una 
de las casas de oración que tenían en los barrios que ellos 
llamaban calpulli, que quiere decir iglesia del barrio ó par- 
roquia. En este calpulli donde se contaba este mercader, 
ponían el báculo en lugar venerable, y cuando daban co- 
mida á los convidados, primeramente ponían comida y 
flores y ácayietl, (a) k delante del báculo, y fuera 
del convite todas las veces que comía este mercader 
ofrecía primeramente comida y las demás cosas al 
báculo que le tenia en su oratorio dentro de su casa. 
Estos mercaderes después que venían prósperos de las 
tierras donde habian andado, como tenían caudal, com- 
praban esclavos y esclavas para ofrecerlos á su dios 
en su fiesta, el cual principalmente era Yiacatecutli, y 
(a) Eran unes canutos de sahumerio de yerbas olorosas que que- 
maban. 





este tenia cinco hermanos y una hermana, y á todos 
los tenían por dioses, y como se inclinaba su devo- 
ción, sacrificaban esclavos á cada uno de ellos en su 
fiesta, ó á todos juntos, ó á la hermana. El uno de 
los hermanos se llamaba Chicbnquiavitl, el otro Xo- 
mocuil, el otro JYacxitl, el otro Cochimetl, el otro Ya- 
capitzaoac; la hermana se llamaba Chalmecacíoatl: á es- 
tos ó á alguno de ellos ofrecían un esclavo ó mas, 
sacrificándolos en so presencia, vestidos con los or- 
namentos de aquel dios, como si fuese su imagen. 
Había una feria ordinaria donde se compraban y ven- 
dían esclavos hombres y mugeres en un pueblo que 
se llama A z capot zaleo, que es á dos leguas de México: 
(a) allí los iban á escojer entre n uchos, y los que 
compraban miraban muy bien que el esclavo ó es- 
clava no tuviese alguna enfermedad, ó fealdad en el 
cuerpo. A estos esclavos hombres y mugeres después 
que los compraban criábanlos en mucho regalo y ves- 
tíanlos muy bien, dábanles de comer y beber abun- 
dantemente, y bañábanlos con agua caliente, de ma- 
nera que los engordaban porque los habían de comer 
y ofrecer á su dios. También los regocijaban hacién- 
dolos cantar y bailar á las veces sobre la azotea de 
sus casas, ó en la plaza: cantaban todos los canta- 
res que sabían, hasta que se cansaban de cantar, y 
no estimaban en nada la muerte que les estaba apa- 
rejada. Mataban estos esclavos en la fiesta que se lla- 
ma panquctzalistli, y todo el tiempo antes de llegar á 
aquella fiesta los regalaban como está dicho; y si en- 
tre estos esclavos había algún hombre que parecía de 
buen juicio y que era diligente para servir y sabia 
bien cantar, ó alguna muger que era dispuesta y sabía 
bien hacer de comer y beber, y labrar y tejer, á es- 
tos principales los compraban para servirse de ellos 

(a) Este lugar estaba de tal manera destinado á la venta de 
esclavos, que en él se vendieron los prisioneros que hizo Netza- 
hualcóyotl cuando derrotó el ejército del tirano Maxtla. 



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en sus casas, y los escariaban del sacrificio. La íma- 
o-en de este dios se pintaba como un indio que iba 
de camino con su báculo, y la cara la tema man- 
chada de blanco y negro: en los cabellos llevaba ata- 
das dos borlas de pulmas ricas que se llamaban quet- 
zalli; iban atadas en los cabellos de medio de a ca- 
beza recojidos como una gavilla de lo alto de la ca- 
beza: tenía unas orejas de oro: estaba cubierto con 
una manta azul, y sobre el azul una red negra, de 
manera que el azul se parece por las mayas de la 
red: tenía una flocadura ésta manta por todas las ori- 
llas en la cual estaban tegidas unas flores: tenía en 
la garganta de los pies unas como correas de cue- 
ro amarillo, de las cuales colgaban unos caracohtos 
mariscos: tenía en los pies unas cotaras muy curio- 
sas y labradas: tenía una rodela teñida de amarillo 
con una mancha en el medio de azul claro que no 
tiene ninguna labor; finalmente, tenía en la mano de- 
recha un báculo como el que llevan de camino. 

CAPITULO XX. 




Que habla del dios llamado napatecutli. 

Este dios Napatecutli era el dios de los que 
hacen esteras de juncias, y es uno de los que llaman 
Tlaloques. Dicen que este es el que inventó el arte 
de hacer esteras, y por eso lo adoran por dios los 
de este oficio, que hacen esteras que llaman petates, y 
también hacen sentaderos (a) que f l!arnanécpa/cs, y hacen 
cañizos de juncias que llaman tolqüextli; decían que 
por la virtud de este dios nacían y se criaban las 
juncias, juncos y cañas, con que ellos hacen su ofi- 
cio; y por que tenían también que este dios produ- 
cía las lluvias, hacíanle fiesta donde le reverencia- 

(a) Sillas poltronas ó sin respaldar como tambores forradas de 
cuero. 



34 

ban y adoraban, y le demandaban que diese las co- 
sas que suelen dar, como es agua, juncias &c. En 
su ñesta compraban un esclavo para sacrificarle de- 
lante de él, ataviándole con los ornamentos de es- 
te dios, como que fuese su imagen. El dia que este 
habia de morir, después de compuesto como está di- 
cho, poníanle en la mano un vaso verde lleno de 
agua, y con un ramo de sauce rociaba á todos, co- 
mo quien echa agua bendita; y cuando entre año 
alguno de estos de este oficio queria por su devo- 
ción hacer fiesta á este dios, daba relación de ello á 
sus sacerdotes, y todos ellos llevaban á un Sátrapa 
vestido con los ornamentos de este dios como su ima- 
gen, el que por donde pasaba, iba echando el agua 
con dicho ramo* Llegado, ponianle en su lugar, y ha- 
cían algunas ceremonias en su presencia, rogándole 
que hiciese mercedes á aquella casa. El que hacía 
esta fiesta, daba de comer y beber al dios, á los que 
con él iban, y á todos los que habia convidado. Es- 
to hacía en agradecimiento de la prosperidad y ri- 
queza que ya tenia; teniendo entendido que este dios 
se la habia dado, y á este propósito hacía este con- 
vite, y en él se hacían danzas y cantares á su mo- 
do á honra de este dios, porque lo tuviese por agra- 
decido, y gastaba todo cuanto tenía y decía, „no se 
me dá nada de quedar sin cosa alguna, con tal que 
sea mi dios servido de esta fiesta, y si me quiere dar 
mas ó dejarme sin nada, hágase como el quisiere.» (a) 
Dicho esto cubría con una manta blanca al que iba 
por imagen de este dios, y así se iba para su tem- 
plo con los que hablan venido con él. Ido él comian 
el que hacía la fiesta ó el convite, y los parientes. 
Estos oficiales de hacer petates y otras cosas de jun- 
cia, tenían cuidado de ataviar y componer, barrer y 

(a) Ea iguales profusiones de festividades acostumbran todavía 
gastar los indios cuanto adquieren en un año, esto es si no 
quedan empeñados, y casi esclavos del amo á quien sirven. 



limpiar, y sembrar juncia en el templo del mismo dios. 
Tenían asimismo cuidado de poner petates y asen- 
taderos de juncia que llaman Úpales, (a) y que hubiese 
allí toda limpieza, y todo atavío, de manera que ni 
una paja, ni otra cosa estuviese caída en el templo. 
La imagen de dicho dios era como un hombre que 
está teñido de negro todo, salvo que en la cara tema 
unas pecas blancas entre lo negro: tenía una coro- 
na de papel pintada de blanco y negro, y unas bor- 
las que colgaban desde la corona sobre las espaldas, 
y de las mismas borlas salía un penacho acia ei co- 
lodrillo, que tenía tres plumas verdes. Estaba ceñido 
con unas faldetas que le llegaban hasta la rodilla, con 
unos caracolitos mariscos, y pintado de blanco y negro: 
tenia las colaras blancas, y en la mano izquierda una 
rodela á manera de ninfa, que es una yerba de agua 
ancha como un plato grande. En la mano derecha te- 
nía un báculo florido, y las flores eran de papel: tenía 
una banda á manera de estola desde el hombro dere- 
cho cruzada por ei sobaco izquierdo, pintado de unas 
flores negras sobre blanco. 

CAPÍTULO XXI. 

Que habla de muchos dioses imaginarios^ á los cuales to- 
dos llamaban tlaloqjjes. 

Todos los montes eminentes, especialmente don- 
de se arman nublados para llover, imaginaban que eran 
dioses, y á cada uno de ellos hacían su imagen se- 
gún la idea que tenían de los tales. Tenían también ima- 
ginación de que ciertas enfermedades, las cuales parece 
que son enfermedades de frió, procedían de los mon- 
tes, ó que aquellos montes tenían poder para sanar- 
las, por lo que aquellos á quienes estas enfermeda- 
des acometían, hacían voto de hacer fiesta y ofren- 
(a) En Jalisco llaman Equípales. 




da á tal ó á tal monte de quien estaba mas cerca, 
ó con quien tenía mas devoción. También hacian se- 
mejante voto aquellos que se veian en algún peligro 
de ahogarse en el agua de los rios, ó de la mar. Las 
enfermedades porque hacian dichos votos era la go- 
ta de las manos, ó de los pies ó de cualquiera par- 
te del cuerpo, y también el tullimiento de algún miem- 
bro, ó de todo el cuerpo; también el embaramiento 
del pescuezo, ó de otra parte ó encogimiento de al- 
gún miembro, ó el pararse yerto. Estos tales á quienes 
estas enfermedades acontecían, hacian voto de ha- 
cerlas imágenes délos dioses que se siguen: á saber del 
dios del ayre, de la diosa del agua, y del dios de la llu- 
via; también la imagen del volcan que se llama Po- 
pucatepetl y la imagen de la sierra nevada, y la de un 
monte que se llama Poiauhtecatl, (a) ó de otros cua- 
lesquier montes á quienes se inclinaban por su devoción. 
El que habia hecho voto de alguno ó á algunos mon- 
de estos dioses, hacia su fisura de una masa 



que se llama tzoalli y poaialos en figura de personas; 
no lo hacia él por sus manos, porque no le era lí- 
cito, sino que rogaban á los Sátrapas que eran en 
esto esperimentados y para esto señalados, que lo 
hiciesen estas imágenes á quienes habian hecho voto. 
Los que las hacian poníanle dientes de pepitas de ca- 
labaza, y les ponían en lugar de ojos unos frijoles ne- 
gros que son tan grandes como habas, aunque no de 
la misma hechura, y llamanlos ayecotli: en los demás 

(a) Hoy volcán de Orizaba: llamábase también antiguamente cerro 
de la estrella, 6 Cytlaltepeque porque la erupción de fuego que des- 
pedía parecía á lo lejos de noche una estrella. Estas erupciones han ce- 
sado por falta de combustible interior; pero la cima del volcán se ha un- 
dido en gran parte: antiguamente figuraba un pilón de azúcar, hoy 
figura un cono truncado. Es muy temible que algún dia revienten los 
cerros inmediatos llamados los humeros impregnados del fuego, y 
tanto, que haciendo en ciertas partes de ellos escabaciones, á me- 
dia vara se cuece una gallina; si tal sucede perece el valle de san 
Andrés Chalchicomula 



mi iá. 



37 

atavios ponianselos según la imagen con que los figu- 
ran v pintan al dios deS viento como á Quetzaksatl, al agua 
como ala diosa del agua, á la lluvia como al dios de la 
lluvia, v á los otros montes según las imágenes con que as 
pintan. Después de hechas estas imágenes ofrecíanles 
papel del que ellos hacían, y era un pliego al cual le echa- 
ban muchas gotas de la goma que se llama ülh derreti- 
do; hecho esto colgaban al cuello de la imagen el 
papel, de manera que le cubría desde los pechos aba- 
fo, y con el remate inferior arrapaban (a) el papel. 
También ponían estos mismos papeles goteados con 
[//// y coleados de unos cordeles delante de las mis- 
mas imágenes, de manera que los papeles estaban asi- 
dos los unos con los otros, y meneábalos el aire por- 
que estaban los cordeles en que estaban los papeles 
colgados atados á las puntas de unos varales o bá- 
culos ene estaban hincados en el suelo, y de la pun- 
ta del \mo á la del otro, estaba atado el cordel o me- 
catl Ofrecían asimismo á estas imágenes vino, o uctb, 
ó pulcra que es el vino de la tierra; y los vasos en 
que lo ofrecían eran de esta manera.=Hay unas 
calabazas lisas, redondas, pecosas, entre verde y blan- 
co, ó manchadas que las llaman tzilacayuth, que son 
tan grandes como un gran melón, á cada una de 
éstas partíanla por la mitad, y sacábanle las pepitas que 
tenían dentro; y quedaba hecha como una taza, y en- 
chíanla del vino dicho, y poníanlas delante de aque- 
lla imagen, ó imágenes, y decían, que aquellos eran 
vasos de piedras preciosas que llaman chalcmvitl. lo- 
das estas cosas dichas hacian los Sátrapas como es- 
perimeutados, y que estaban señalados para estos sa- 
crificios. La otra gente no usaba hacer esto aun- 
que fuese para en su casa. Después de hechas las 
imágenes, aquellos por cuyo voto se hacían, convi- 
daban á los Sátrapas para el quinto día en que des- 
pués de hechas las imágenes se había de hacer la 

(a) Lo mismo que arrebatar. 

Tom 1. & 






38 
fiesta, y llegado el quinto dia pasaban aquella noche ve- 
lando, cantando y bailando á honra de las imágenes, 
y de los dioses que representaban, y ofrecían en la 
misma noche cuatro veces tamales, que son como unos 
pastelejos redondos hechos de maíz, á los que can- 
taban y bailaban, que eran los Sátrapas, á quienes habian 
hecho estas imágenes, y otros convidados para esta 
fiesta. A todos daban comida cuatro veces en aque- 
lla noche, y otras tantas veces tocaban instrumentos 
musicales que ellos usaban, que eran silvos, que ha- 
cen metiendo el dedo meñique en la boca, y tocan- 
do caracoles y flautas de las que usaban: esto ha- 
cían unos mozos juglares que usaban de hacer és- 
ta música, y también á estos les daban comida. En ama- 
neciendo, los Sátrapas descabezaban aquellas imáge- 
nes que habian hecho de masa, torciéndoles las ca- 
bezas, y tomaban toda aquella masa, y llevábanla á 
Ja casa donde estaban todos juntos los Sátrapas, que 
se llamaba Calmecac, y aquellos por cuyo voto se ha- 
bían hecho aquellas imágenes, entrábanse luego don- 
de estaban sus convidados . Estaban con ellos todo 
aquel día, y á la tarde de parte de noche, bebían to- 
dos los viejos y viejas vino que llaman pulcre ó uctli, 
porque todos teman licencia de beberlo, y después 
que ya estaban medio borrachos ó del todo, se iban 
para sus casas; unos iban llorando, otros haciendo 
fieros como valientes y bailando, y pompeándose; otros 
iban rmendo unos con otros. Los que hacían ésta fies- 
ta, convidaban y apercibían para ella á los taberne- 
ros que hacían el pulcre, y ecsortábanlos para que hi. 
ciesen buen vino, y los taberneros procuraban de ha- 
cerlo bien; y para esto se abstenían cuatro dias de 
llegar á muger ninguna, porque tenían que si llega- 
sen á muger en aquellos dias, el vino que hiciesen se 
había de acedar y estragar. Absteníanse asimismo en 
aquellos días, de beber el pulcre ni la miel de que se 
hace, ni aun mojando el dedo en ella lo llevaba á la 



wm 



59 
boca, hasta tanto que el cuarto dia se ensetase con 
la ceremonia que arriba se dijo. Tenían por agüero, 
que si alguno bebia el vino, aunque fuese muy poco, 
antes que se hiciese la ceremonia del abrimiento de 
las tinajas como arriba se dijo, que se le habia de 
torcer la boca acia un lado en pena de su pecado. 
Decían también que si á alguno se le secaba la mano, 
ó el pie, ó le temblaba la cara, ó la boca, ó los la- 
bios, ó si entraba en él algún demonio, todo esto le 
acontecía porque estos dioses de que aquí se trata 
se habían enojado con él. Después de acabada la fies- 
ta otro dia luego de mañana, el que la habia hecho, 
juntaba á sus parientes y á sus amigos, y á ¡os de 
su barrio con todos los de su casa, y acababan de 
comer y beber todo lo que habia sobrado de la. fies- 
ta: á esto llamaban apeoalo, que quiere decir añadidu- 
ra á lo que estaba comido y bebido, y ninguna cosa, 
quedaba de comer, ni de beber para otro dia. De- 
cían que los gotosos haciendo ésta fiesta sanaban de 
la gota, ó de cualquiera de las enfermedades que ar- 
riba se dijeron, y los que habían escapado de algún 
peligro de agua, con hacer esta fiesta, cumplían su 
voto. Acabada toda la fiesta, los papeles y aderezos con 
que habían adornado estas imágenes, y todas las vasijas 
que habían sido menester para el convite, tomábanlo 
todo y llevábanlo á un sumidero que está en la la- 
guna de México que se llama pantitlan, y allí lo ar- 
rojaban todo. 

CAPITULO XXII. 

Que habla del dios llamado tezcatzoncatl, que es uno 
de los dioses del vino, (a) 

El vino ó pulcre do esta tierra, siempre en los 
tiempos pasados lo tuvieron por malo, por razón de 

(a) O sea el Baco de nuestra antigua mitología, 
# 




los malos efectos que de el se causan; porque los'bor- 
rachos unos de ellos se despeñan, otros se ahorcan, 
otros se arrojan á la agua ,donde se ahogan, otros matan 
á otros estando ébrios!~y;todos estos defectos los atribuían 
al dios del vino y al vino, y no al mal uso del borracho; 
y mas tenian, que el que hablaba mal de este vino ó mur- 
muraba de él, le había de acontecer algún desastre: lo mis- 
mo decían de cualquiera borracho, que si alguno mur- 
muraba de él, ó le afrentaba, aunque dijese ó hiciese mil 
bellaquerías, decían que habían de ser por ello castigados, 
porque decían que aquello no lo hacía él, sino el dios, 
ó por mejor decir el diablo que estaba en él, que 
era este Tezcatzoncatl, ó alguno de los otros. Este 
Tezcatzoncatl, era pariente ó hermano de los otros dio- 
ses del vino, los cuales se llamaban, uno Yietuhteatl, 
otro Yzyuitecalt, otro Jcolóa, otro Tlilhóa, otro Pan- 
tecatl, otro Tultecatl, otro Papaztac, otro Tlaltecaivoa, 
otro Vmstuchtli, otro Tepuztecalt, otro Chimapahecatl, otro 
Colhoatzincatl. (a) De lo arriba dicho se colige cla- 
ramente, que no tenian por pecado aquello que ha- 
cían estando borrachos, aunque fuesen gravísimos 
y aun se conjetura con harto fundamento, que 
se emborrachaban por hacer lo que tenian en su vo- 
luntad, y que no íes fuese imputado á culpa, y se sa- 
liesen con ello sin castigo; y. aun ahora en el cris- 
tianismo hay algunos ó muchos que se escusan de 
sus pecados, con decir que estaban borrachos cuan- 
do los hicieron, y esto con pensar que la opinión er- 
rónea que tenian de antes, corre también en el cris- 
tianismo, en lo cual están muy engañados, y es me- 
nester avisarlos de ello, así en la confesión, como fue- 
ra de ella. 



F1JY DEL LIBRO 1T 

(a) ¡Cuantas deidades tutelares tienen los borrachos! 



i i ¡lilla 



41 



Comienza él apéndiz del primer li- 
bro en que confuta la Idolatría ar- 
riba puesta por el testo de la sagra- 
da Escritura, y declara el autor su- 
ficientemente el dicho testo en lengua 
vulgar. 



Vosotros „lós habitadores de esta nueva España, 
que sois los mexicanos Tlaxcaltecas, y los que habí- 
tais en la tierra de Mechuacan, y todos los demás in- 
dios, de estas indias occidentales, sabed: que todos ha- 
béis vivido en grandes tinieblas de infidelidad, e ido- 
latría en que os dejaron vuestros antepasados, como 
está claro por varias escrituras y pinturas, y ritos ido- 
látricos en que habéis vivido hasta ahora; pues oíd 
ahora con atención, y entended con diligencia a mía, 
que nuestro Señor os ha hecho, por solo su clemen- 
cia, en que os ha enviado la lumbre de fe católica, 
para que conozcáis, que él solo es verdadero Dios, Cria- 
dor, v Redentor, el cual solo rije todo el mundo; y 
sabed, que los errores en que habéis vivido todo el 
tiempo pasado, os tienen ciegos, y engañados; y para 
que entendáis la luz que os ha venido, conviene que 
creáis y con toda voluntad recibáis lo que aquí es- 
tá escrito, que son palabras de Dios, para que os es- 
capéis de las manos del demonio en que habéis vi- 
vido hasta ahora, y vayáis á remar con Dios en el 
cielo. 






42 



EL EDITOR. 



Para cumplir con la voluntad del P. Sahagun, presento des- 
de luego á mis lectores los capítulos 13 y 14 del libro de la 
Sabiduría, en que se declama altamente contra la idolatría; y 
sé demuestra la locura de los que adoran como dioses á las 
obras de Dios, y á los ídolos hechos por manos de los hombres. 
El autor presenta dichos capítulos en el testo latino de la 
Vulgata, y yo lo hago en castellano siguiendo la traducción de 
D. Félix Torres Amat, que prefiero por muchos motivos á la 
del P. Scio ¡plegué á Dios que estas santas doctrinas y orácu- 
los de verdad, sean incesantemente inculcados por los párrocos 
de Indios, para que arranquen de sus corazones hasta la pro- 
pensión que tienen á la idolatría, dimanada en parte de la cra- 
sa y brutal ignorancia en que viven! Quisiera tener una voz muy mas 
terrible que la de cien truenos del cielo, para resonar en el fon- 
do del corazón de los legisladores que ocupan hoy los estrados 
de los congresos, y para decirles.... Consagrad todos vuestros afa- 
nes á la propagación del evanglio; pero antes de todo, cumplid 
con las leyes que habéis jurado guardar, y que os mandan des- 
truir esas sociedades secretas que han desmoralizado los pueblos, 
y puéstolos al borde de su ruina. Esas reuniones que aparentan 
llevar por objeto la conservación de nuestra Independencia, no 
tienden mas qne á destruir la obra de la redención.... aplaste- 
mos al infame (decía hablando de Jesucristo Voltayre) porque 
con su doctrina solo ha hecho esclavos á los pueblos, y aumen- 
tado el poderío de los reyes. Hé aquí 1 a causa del odio contra el 
santo de ísraél, contra el mejor legislador y mas compasivo amigo que 
han tenido los hombres. Los misterios de iniquidad que abrigan 
esas instituciones tenebrosas que no osan presentarse á la bri- 
llante luz del medio dia, como se presentó al mundo la doctri- 
na del que reprueban, están ocultos á la mayor parte de los que 
de buena fé los abrazaron, creyéndose hacer útiles á su patria, 
como si ese silencio y obscuridad en que se ejercitan, no fuese 
el carácter inseparable del error y de la mala fé; resérvanse des- 
cubrir su ponzoña, para cuando la desmoralización haya llega- 
do á su colmo, para cuando á los mexicanos sea indiferente co- 
sa, ver en una misma calle una Sinagoga, en que sus indivi- 
duos por estatuto maldigan siete veces al dia á Jesucristo, y en^ 
frente de ella un templo consagrado á este mismo señor, en que 
se le tributen incesantes y dignas alabanzas.... ¡ah, jamás llegue 
entre nosotros tan malhadado dia! Entonces se tornarían muchos 
á doblar la rodilla á Vitzilopuctlí ', y le inmolarían víctimas hu- 
manas en la lobreguez de la noche, con ultraje de la naturaleza 



misma que clama por su conservación, y cerrando los ojos á la 
luz de la verdad, los convertirían y también sus oídos, para es- 
cuchar las fábulas y los embusteros doctores que ya nos anun- 
ció el apóstol, como una de las señales mas seguras de la rui- 
na del universo. Semejantes retrogradaciones que hemos visto ocur- 
rir en aquellos mismos lugares que santificó Jesucristo con su 
presencia, y honró con su sangre derramada copiosamente, y don- 
de la media luna ha succedido á la cruz, y la sanguinaria in- 
tolerancia á la moderación y humildad que nos predicó el cruci- 
ficado; solo pueden evitarse consolidando su doctrina, diciendo ana- 
théma á la infame idolatría, inspirando á los pueblos su odio y 
desprecio, é imitando la conducta de Moysés que hizo demoler 
y pulverizar el becerro que adoraron los Israelitas, haciendo que 
lo tornasen por la boca, y lo arrojasen por la cámara, en señal 
del desprecio que merecían, las obras de las manos de los 
hombres construidas para adorarlas. 

CAPITULO 13. 



Del libro de la Sabiduría: habla Dios y dice á Israel, 

1. Vanidad y no mas, son ciertamente todos los hombres en quie« 
nes no se halla la ciencia de Dios; y que por los bienes visi- 
bles no llegaron á entender el Ser Supremo; ni considerando las 
obras reconocieron el artífice de ellas. 

2. sino que se figuraron ser el fuego, ó el viento, ó el aire li- 
gero, ó las constelaciones de los astros, ó la gran mole de las 
aguas, ó el sol y la luna los dioses y gobernadores del mundo. 

3. Que si encantados de la belleza de tales cosas las imagina- 
ron dioses, debieron conocer cuanto mas hermoso es el dueño de 
ellas; pues el que crió todas estas cosas ese! Autor de la hermosura. 

4. O si se maravillaron de la virtud é influencia de estas cria- 
turas, entender debian por ellas, que aquel que las crió las so- 
brepuja en poder. 

5. Pues de la grandeza y hermosura de las criaturas, se puede 
á las claras venir en conocimiento de su criador. 

6. Mas sin embargo los tales son menos reprehensibles; porque si 
caen en el error, puede decirse, que es buscando á Dios y es- 
forzándose por encontrarle. 

7. Por cuanto le buscan discurriendo sobre sus obras, de las cua- 
les quedan como presos por la belleza que vén en ellas. 

8. Aunque tampoco á estos se le debe perdonar — : 

9. porque si pudieron llegar por su sabiduría á formar idea, ó ñ 
penetrar las cosas del mundo, ¿como no echaron de ver mas 
fácilmente al Señor del mundo? 




44 

10 Pero malaventurados son, y funda* en cosas ^ las sus ^ 

peranzas aquellos que llamaron dioses á las obras de la mano 

§Tk» hombres, al oro y I la plata labrados con arte o á las 

figuras de los animales, ó á una piedra inútil, obra de mano an- 

ll! Íg Como cuando un artífice 6 escultor J^^¿*^¿£ 
árbol derecho, y diestramente le quita toda la corteza, y vahen- 
dose de ^ su arieVica mañosamente un mueble aproposxto para 
el servicio de la vida. 
12. y los restos los recoje para cocer la comida: 
13 y á uno de estos restos, que para nada sirve, por estar tor- 
cido y lleno de nudos, lo vá puliendo á ratos desocupados y con 
la pericia de su arte vá dándole figura, hasta hacer de el la una- 

i/™ ^ark ¿Semejanza de un animal, pintándole de vermellon 
y poniéndole la encarnadura, y cubriendo todos los agujeros y 
hendiduras que hay en el; , 

15 y haciendo después para la estatua un nicho conveniente, la 
rnlocq en la pared, y la afirma con clavos, 

16 para que no caiga al suelo, usando con ella de esta precau- 
ción, porque sabe que no puede valerse así misma, puesto .que 
es una mera imagen, la cual ha menester ayuda para sostenerse. 

17 Y sin embargo" ofreciéndole voto, le consulta sobre su hacen* 
da, sobre sus hijos, y sobre sus matrimonios. Ni se corre de ha- 
blar con aquello que carece de vida: 

18. antes bien suplica por la salud á un inválido, y ruega por la 
vida á un muerto, e invoca en su ayuda a un estafermo; 

19 y para hacer un viaje se encomienda á quien no pueoo me. 
nearse; y para sus ganancias y labores, y el buen éxito de to- 
das las cosas hace oración al que es inútil para todo. 

CAPITULO 14. 

necedad y ceguera de los idólatras: desatórese el origen de U 
idolatría, 

1 Asimismo piensa otro en navegar, y estando para sulcar las 
encfesTadas olas, invoca un leño mas endeble que aquel en 

2^ ^éste lefio le inventó la codicia de ganar, y fabricóle el ar. 

3 Üfi Mar?u^ a id e e r ncia, ó Padre lleva el timón: por cuanto aU* 
en medio del mar abriste camino á tu pueblo que huía de Egip- 
to v le diste paso segurísimo por entre las olas; 

4 lirfndo'que eres poden» para salvar da todo nesgo 



aun cuando alguno se meta en el mar sin uso del arte. 

5. Pero á fin de que no quedasen inútiles las obras de tu sa- 
biduría, por eso es que los hombres fian sus vidas á un débil 
leño, y atravesando el mar sobre un barco llegan á salvamento. 

6. De esta suerte también al principio, cuando perecieron en el 
diluvio los soberbios gigantes, una barca fué el refugio de la es- 
peranza de toda la tierra: barca que siendo gobernada por tu ma- 
no, conservó la semilla de que habia de renacer >el mundo. 

7. Porque bendito es el leño que sirve á la justicia; 

8. pero maldito es el leño de un ídolo hecho 
él, como su artífice; este porque lo fabricó, y aquel porque no 
siendo mas que una cosa frágil recibió el nombre de Dios. 

9. Puesto que á Dios le son igualmente aborrecibles el impio y 
su impiedad. 

10. Por donde así la obra hecha como el hacedor serán casti- 
gados. 

11. Y por eso no se perdonará á los mismos ídolos délas nacio- 
nes: por cuanto á las criaturas de Dios se las 
abominación, y de tentación para las almas de los hombres, y de 
lazo para los pies á los insensatos. 

12. Pues la invención de los ídolos fué el origen de la idolatría, 
y su hallazgo la corrupción de la vida: 

13. por que ni, los habia al principio, ni los habrá siempre 

14. Sobrevino en el orbe terráqueo la vanidad de los hombres; 
y con esto se tuvo por muy pronta la muerte de ellos. 

15. Hallándose un padre traspasado' de acerbo dolor por la pre- 
matura y súbita muerte de su hijo, formó de él un retrato; y al 
que como hombre acababa de morir, comenzó luego á honrarle 
como Dios, y estableció entre sus criados ceremonias y sacrifi- 
cios vara darle culto (a) 

16. Después con el discurso del tiempo, tomando cuerpo aquella 
impla costumbre, el error vino á ser observado como ley, y ado- 
rábanse los simulacros por mandato de los tiranos. 

17. Y así hacian traer desde lejos los retratos de aquellos á quie- 
nes no podían los hombres honrar personalmente por estar dis- 
tantes; y esponian á la vista de todos la imagen del Rey, á quien 
querian tributar honores, á fin de reverenciarle 
mo si estuviera presente. 

18. La estremada babiüdad del artífice atrajo también á los igno- 
rantes á este culto; 

19 porque deseando complacer al que le hacía trabajar, empleo to- 
dos los esfuerzos del arte para sacar mas al vivo la imagen. 

(a) Esto mismo sucedió á Cicerón cuando murió su querida bija Teren- 
cia, y está en la naturaleza que succeda cuando la religión verdadera no 
arregla y suaviza el sentimiento inmoderado. 

Tom. I. 9 







46 

SO. Con eso embelesado el vulgo con la belleza de la obra, co- 
menzó á calificar por un Dios al que poco antes era honrado 
como un hombre. 

21. Y hé aquí como se precipito en el error al genero humano; 
pues los hombres, ó por satisfacer á un partitular afecto suyo, 
ó por congraciarse con los reyes, dieron á las piedras y leños 
el nombre incomunicable de Dios. 

22. Ni se contentaron con errar en orden, al conocimiento de Dios; 
sino que viviendo sumamente combatidos de su ignorancia, á un 
sin número de muy grandes males les dan el nombre de paz © 
de bienes. 

23. Pues ya sacrificando sus propios hijos^ ya ofreciendo sacrificios 
entre tinieblas, o celebrando vigilias llenas de brutales delirios (a); 

24. ni respetan las vidas, ni la pureza de los matrimonios, sino 
que unos á otros se matan por zelos, ó con sus adulterios se 
contristan. 

25. Por todas partes se vé efusión de sangre, homicidios, hur- 
tos, y engaños, corrupción, infidelidad, alborotos, perjuicios, vejación 
de los buenos, (b) 

26. olvido de Dios, contaminación de las almas, incertidumbre de 
Jos partos, inconstancia de los matrimonios, desórdenes de adul- 
terio y de lascivia: 

27. siendo el abominable culto de los ídolos la causa, y el prin- 
cipio y fin de todos los malos; 

28. porque ó hacen locuras en sus fiestas, ó á lo menos fingen 
oráculos falsos, ó viven en la injusticia, ó perjuran con suma 
facilidad; 

29. como que confiados en sus ídolos, que son criaturas inani- 
madas, no temen que por jurar falso les venga ningún daño. 

30. Mas por entrambas cosas tendrían su justo castigo: porque 
entregados á sus ídolos sintieron mal de Dios, y porque jura- 
ron injustamente y con dolo, menospreciando la justicia. 

31. Que no es el poder de aquellos ídolos por quienes juran, si- 
no la divina venganza contra los pecadores la que persigue siem- 
pre la prevaricación de ios hombres injustos. 



(a) En la serie de la historia de la nación mexicana hemos obser- 
vado, cuantos se cometian de noche en los bailes y borracheras. 

(b) Todo esto es una descripción de los males que produjo la ido- 
latría. Rom. 1. V. cap. 24. y 28. 



i I IMIIÍ 



47 
Si estas doctrinas se inculcan á los pueblos 
con fervor, y si las eshortaciones de los sacerdotes 
para la detestación de los ídolos va acompañada de 
una vida ejemplar, la idolatría huirá despavorida de 
™tre nosotíos, y el mas hermoso país del universo 
será el asilo de todas las virtudes cristianas, y socia- 
les, como deseo para gloria de mi patria y para que 
se presente como señora enmedio de todas las na- 
ciones conocidas. Tales fueron los votos del respeta- 
ble padre Sahagun que he procurado obsequiar. B. 





AL SINCERO 

LECTOR. 

Es de notar, para la inteligencia del calenda- 
rio que se sigue, que los meses son desiguales de 
los nuestros en numero, y en dias, porque los meses 
de estos naturales, son diez y ocho, y cada uno de 
ellos no tiene mas de veinte dias, y así son todos los 
dias que se contienen en éstos meses 360. Los cinco 
dias postreros del año no vienen en cuenta de ningún 
mes, mas antes los dejan fuera de la cuenta por val- 
dios. Van señalados los meses de estos naturales al 
principio del calendario por su cuenta y letras de 
a. b. c: de la otra parte contraria van señalados los 
nuestros meses por letras del a, b. c. y por su cuen- 
ta; y así se puede fácilmente entender cada fiesta 
de las suyas, en qué dia caía de los nuestros meses. 
Las fiestas movibles que están al fin del calendario 
recopiladas, salen de otra manera de cuenta que usa- 
ban en el arte adivinatoria, que contiene 260 dias, en 
la cual hay fiestas, y como ésta cuenta no va con 
la cuenta del año, ni tiene tantos dias, vienen las 
fiestas á vanarse cayendo en dias diferentes un año 
de otro. 



lili II 



49 



LIBRO SEGUNDO. 

QUE TRATA 
DE LAS FIESTAS Y SACRIFICIOS 

CON QUE ESTOS NATURALES HONRABAN A SUS DIOSES 

EN TIEMPO DE SU INFIDELIDAD. 



CAPITULO I. 

Del calendario de las fiestas fijas, la primera de las cua- 
les es la que sigue. 



E, 



_J\ primer raes del año (a) se llamaba entre los 
mexicanos Atlacahualco, y en otras partes Quavitkloa. 
Este mes comenzaba en el segundo día del mes de fe- 
brero, cuando nosotros celebramos la purificación 
de nuestra Sra. En el primero día de este mes, ce- 
lebraban una fiesta á honra (según algunos) de los 
dioses Tlaloques que los tenían por dioses de la plu- 
via, (y según otros) de su hermana la diosa del agua 
Chalchiutlicue, ( y según otros) á honra del gran sa- 
cerdote ó dios de los vientos Quetzakoatl, y podemos de- 
cir que á honra de todos estos. Este mes con to- 
dos los demás que son 18, tienen cada uno 20 días. 



(a) Equivale S Febrero. 



50 

Cuenta de 
este calen- 
dario, d 



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B 


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D 



KALENDAS. 



ATLACAHUALCO, Ó QUAVITLELOA 



Cuenta del 
calendario 



0») 



En este mes mataban muchos ni- 
ños, sacrificábanlos en muchos lugares 
en las cumbres de los montes, sacándo- 
les los corazones á h©nra de los dio- 
ses del agua para que les diesen abun- 
dante lluvia. 

A los niños que mataban, compo- 
níanlos en muchos atavíos para llevarlos 
al sacrificio, y llevábanlos en unas literas 
sobre los hombros, estas literas iban ador- 
nadas con plumages y con flores: iban 
tañendo, cantando y bailando delante de 
ellos. 

Cuando llevaban los niños á matar, 
si lloraban y echaban muchas lágrimas, 
alegrábanse los que los llevaban porque 
tomaban pronostico de que habian de te- 
ner muchas aguas en aquel ano. 



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También en éste mes mataban muchos cau- 
tivos á honra de los mismos dioses del agua: acuchi- 
llábanlos primero, peleando con ellos atados sobre una 
piedra, como piedra de molino, y de que los derro- 
taban á cuchilladas, llevábanlos á sacar el corazón 
al templo que se llamaba Yopico. 

Cuando mataban á éstos cautivos, los dueños 
de ellos que los habian cautivado iban gloriosamen- 
te ataviados con plumajes, y bailando delante de ellos 
mostrando su valentía: esto pasaba por todos los dias 
de éste mes. Otras muchas ceremonias que se ha- 
cían en esta fiesta, se hallarán escritas á la lar- 
ga en su historia fol. 15. 

(b) Véase á Clavijero tom, 1. pág. 272. 



I I 1 



Al segundo mes llamaban Tlacaxipeoaliztli En el prime- 
ro dia de este mes hacían una fiesta á honra del dios lla- 
mado Totee, y por otro nombre se llamaba Xippe, don- 
de mataban y desollaban muchos esclavos y cautivos. 

CAPITULO II. 



i & 



KALENBAS 



TLACAXIPEOALIZTLI. 



A los cautivos que mataban, ar- 
rancábanlos los cabellos de la coronilla 
y guardábanlos los mismos amos co- 
mo por reliquias, esto hacian en el cal- 
pul delante del fuego. 

Cuando llevaban los señores de los 
cautivos á sus esclavos al templo don- 
de los habian de matar, llevábanlos 
por los cabellos, y cuando los subían 
por las gradas del Cú, ¡ algunos délos 
cautivos desmayaban, y sus dueños los 
subían arrastrando por los cabellos, 
hasta el tajón donde habian de mo- 
rir, 



Llegándolos al tajón que era una piedra 
de tres palmos en alto, ó poco mas, y dos de ancho, ó 
casi, echábanlos sobre ella de espaldas y tomábanlos 
cinco, dos por las piernas y dos por los brazos y uno 
por la cabeza, y venia luego el sacerdote que le ha- 
bía de matar, y dábale con ambas manos con una 
pidra de pedernal, hecha á manera de hierro del an- 
cón por los pechos, y por el ahugero que hacía, me- 



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O'J, 

tia la mano y arrancábale el corazón, y luego le ofre- 
cia al sol; echábale en una tinaja. 

Después de haberles sacado el corazón, y des- 
pués de haber echado la sangre en una jicara, la 
cual recibia el señor del mismo muerto, echaban el 
cuerpo á rodar por las gradas abajo. De allí le toma- 
ban unos viejos, que llamaban Quaquaquilti y le lle- 
vaban á su calpul (ó capilla) donde le despedazaban y le 
repartían para comer. 

Antes que hiciesen pedazos á los cautivos los 
desollaban, y otros vestian sus pellejos y escaramu- 
zaban con ellos con otros mancebos, como cosa de 
guerra, y se prendian los unos á los otros. Después 
de lo arriba dicho mataban otros cautivos, y pelean- 
do con ellos, y estando ellos atados por medio del 
cuerpo con una soga que salia por el ojo de una 
muela como de molino, y era tan larga que podia an- 
dar por toda la circunferencia de la piedra, dában- 
le sus armas con que pelease, y venian contra él 
cuatro con espadas y rodelas, y uno á uno se acu- 
chillaban con él hasta que le vencian. 

Al tercer mes llamaban Tozoztontli: en el primer dia de 
este mes hacían fiesta al dios llamado Tlaloc, que es dios 
de las pluvias. Én esta fiesta mataban muchos niños sobre 
los montes, ofrecíanlos en sacrificio á este dios y á sus 
compañeros, para que les diesen agua. 

CAPITULO III. 

KALENBAS. 



TOZOZTONTLI. (a) 



24 



c 21 

d 22 
En esta fiesta ofrecían las primi- f 23 

g 
Equivale á abril, según Clavijero Tozotzontlu 



i mi 1 1 



5 
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n 

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20 



cias de fosfores, que aquel ano pri- 
mero nacían en el Cú, llamado yopí- 
co, y antes que las ofreciesen nadie 
osaba oler flor alguna. 

Los oficiales de las flores que se 
llamaban Sochimanque, hacian fiesta 
su diosa llamada Ceallycue, y por otro 
nombre Coatlantona, 



También en este mes se desnudaban los que 
traían vestidos los pellejos de los muertos, que habían de- 
sollado el mes pasado, é íbanlos á echar en una cueva en 
el Cú, que llamaban tópico: esto la hacian en proce- 
sión y con muchas ceremonias, iban hediendo como 
perros muertos, y después que los habían dejado, se la- 
vaban con muchas ceremonias. Algunos enfermos hacian 
voto de hallarse presentes á ésta procesión, por sanar de 
sus enfermedades, y dicen que algunos sanaban. 

Los dueños de los cautivos con todos los de 
su casa, hacian penitencia veinte dias, que ni se ba- 
ñaban, ni se lavaban hasta que se ponían los pelle- 
jos de los cautivos muertos: en la cueva arriba di- 
cha decían que hacian penitencia por sus cautivos. 

Después que habían acabado la penitencia, ba- 
ñábanse, y lavábanse, y convidaban á todos sus parien- 
tes y amigos, y dábanles comidas, y hacian muchas 
ceremonias con los huesos de los cautivos muertos. 

Todos estos veinte dias hasta llegar al mes que 
viene, se ejercitaban en cantar en las casas que llamaban 
cuicatlacalli, (a) y no bailaban sino que se estaban 
sentados: cantaban áloor de sus dioses; otras muchas ce- 

(a) Es modismo mexicano decir V. es cuíco, quiere decir no solo cuen- 
ta lo que se le confia en secreto, sino que lo, cuenta cantando. 

Tom. 1. 10. 







51 

remonias se hacian en esta fiesta, las cuales están 
escritas á la larga en su historia fol. 27. 

Al cuarto mes llamaban Veytocoztlii (a) En el primer día 

de este mes hacian fiesta á honra del dios llamado Cint— 

cutí, que le tenian por dios de los JWaizes, á honra de 

este ayunaban cuatro dias antes de llegar la fiesta* 

KALENDAS. 

CAPITULO IV. 



VEYTOCOZTLI. 

En esta fiesta ponían espadañas á 
Jas puertas de las casas, y las ensangren- 
taban con sangre de las orejas ó de 
las espinillas. Los nobles y los ricos de- 
mas de las espadañas, enramaban sus 
casas con unos ramos que llaman &cxo- 
áti, también enramaban á sus dioses á 
los que cada uno tenia en su casa, y 
los ponian flores. 

Después de esto iban por los mai- 
zales, y traían cañas de maíz (que 
aun estaba pequeño) y componíanla s con 
flores, é íbanias á poner delante de sus 
dioses á la casa que llamaban CalpulU, 
y también ponian comida delante de 
ellos. 



g 22Sctos 
t^ iii , i i • , Soteris et 

Después de hecho esto en los barrios | Cai, pontif. 
iban al Cú de la diosa que llamaban Chicomecoatl, y allí 
delante de ella hacian escaramuzas á manera de pelea, 
y todas las muchachas llevaban acuestas mazorcas 
de maíz del año pasado, é iban en procesión á 
presentarlas á la diosa dicha, y tornábanlas otra 
vez á su casa como cosa bendita, y de allí tomaban 
la semilla para sembrar el año venidero, y también 
(a) Según Clavijero Huytozoztli. 



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ponianlo por corazón de las troxes por estar bendi- 
tas Hadan de masa que llaman tzoalli la imagen de 
esta diosa en el patio de su Cu, y delante de ella 
ofrecian todo género de maíz, todo género de frísoles 
y todo género de chian, porque decían que ella era 
la autora y dadora de aquellas cosas, que son man- 
tenimientos para vivir la gente. 

Según relaciones de algunos, los niños que ma- 
taban juntábanlos en el primer mes comprándolos á 
sus madres, y ibanlos matando en todas las fiestas 
siguientes, hasta que las aguas comenzaban de veras, 
y así mataban algunos en el primer mes llamado Uua- 
vitleoa, y otros en el segundo llamado Tlacaxipeoalizili, 
y otros en el tercero llamado Tocoxtontli, y otros en el 
cuarto llamado Veytocoxtli; de manera, que hasta que 
comenzaban las aguas abundosamente, en todas las 
fiestas crucificaban niños: otras muchas ceremonias 
se hacian en esta fiesta. 

Al quinto mes llamaban Toxcatl El primer dia de este mes 
hadan gran fiesta á honra del dios llamado Titlacaoa, y 
por otro nombre Tezcaílipoca: á este tenían por dios de 
los dioses, á su honra mataban en su fiesta un mancebo es- 
cocido, que ninguna tacha tuviese en su cuerpo, mantenido en 
todos los deleites por espacio de un año, instruido en ta- 
ñer, cantar y en hablar. 

KALENDAS. 

CAPITULO V. 



TOXCATL. a 

b 24 

Esta fiesta era la principal de to- c 25 

d 26 

das las fiestas, era como pascua, y caía e 27 

cerca de la. pascua de resurrección pp- g 29 




56 



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eos días después: este mancebo criado 
como está dicho, era muy bien dispues- 
to y escogido entre muchos, tenia los 
cabellos largos hasta la cinta. 



A 
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SOMaius 

1 habet 

2 dies 

3 xixj. 

4 
5 
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7 

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9 

10 

11 

12 Ne- 

rei, Ar- 
chilei, agt 
pan. 



Cuando en esta fiesta mataban al mancebo 
que estaba criado para esto, luego sacaban otro, 
el cual antes de morir dende á un año andaba por todo 
el pueblo muy ataviado con flores en la mano, y con 
personas que le acompañaban: saludaba á los que to- 
paba graciosamente: todos sabían que era aquel la 
imagen de Tezcatlipoca, y se postraban delante de él, 
y le adoraban donde quiera que lo encontraban. Veinte 
dias antes que llegase esta fiesta daban á este man- 
cebo cuatro mozas bien dispuestas y criadas para 
esto, con las cuales todos los veinte dias tenía con- 
versación carnal, y mudábanle el traje cuando le da- 
ban estas mozas: cortábanle los cabellos como capi- 
tán, y dábanle otros atavies mas galanes. 

Cinco dias antes que muriese hacianle fiestas 
y banquetes en lugares frescos y amenos: acompañá- 
banle muchos principales. Llegado el dia donde ha- 
bía de morir, llevábanle á un Cú, ó oratorio que lla- 
maban Tlacuchcako, y j antes que llegase allí en un lu- 
gar que llaman Tlojñtuoaian apartábanse las muge- 
res y dejábanle. Llegado al lugar donde le habian de 
matar, él mismo se subia por las gradas, y en ca- 
da una de ellas hacía pedazos una flauta de las con 
que andaba tañendo todo el año. Llegado arriba, echá- 
banle sobre el tajón, y sacábanle el corazón, torna- 
ban á descender el cuerpo abajo en palmas, y abajo 



ii 1 1 1 i" ii 



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íe cortaban la cabeza, y la espetaban en un palo 
que se llamaba Tzonpantli otras mochas ceremonias 
se hacían en esta fiesta, las cuales están escritas á 
la larga en su historia fol. 53.] (a) 

Al sesto mes llamaban Etzalcualiztli. En el primer dia de 
este mes hacían fiesta á los dioses de la pluvia; á honra 
de estos dioses ayunaban los sacerdotes de estos dioses cua- 
tro dias antes de llegar á su fiesta, que son los cuatro pos- 
treros dias del mes pasado. 

KALENDA8. 

CAPITULO VI. 

ETZACUALIZTLI. 

Para la celebración de esta fiesta los 
Sátrapas de los ídolos sus ministros, iban 
por juncias á Citlaltepec que se hacen 
muy grandes y muy hermosas en una agua 
que se llama temilco, de allí las traian á 
México para adornar los cues. Por el ca- 
mino donde venian nadie parecía; todos 
los caminantes se escondian de miedo de 
ellos, y si con alguno encontraban, toma 
banle cuanto traía hasta dejarlo en pelo,y 
si se defendía maltratábanle de tal manera 
que le dejaban por muerto, y aunque lle- 
vase el tributo para Mocthecuzoma se le to- 
maban, y por esto ninguna pena les daban, 
porque por ser ministros de los ídolos te- 
nían libertad para hacer estas cosas y otras 
peores sin pena ninguna. Otras muchas 
ceremonias hacían los Sátrapas del tem 
pío en estos cuatro dias que están á la larga 
puestas en la historia de esta fiesta. e 1 Junio 

] habet dies 

Llegada la fiesta de Etzalcualiztli todos ¡ X xx. 
hacian una manera de puchas, ó poleadas que se 
llaman etzalli: (comida delicada á su gusto) todos co- 
nfian en su casa y daban á los que venian, y hacian 
(a) Entiéndase del manuscrito del autor. 



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1 . 



fe' 



58 
mil locuras en este dia. 

En esta misma fiesta á los ministros de los 
ídolos que habiau hecho algún defecto en el servicio 
de ellos, castigábanlos terriblemente en la agua de 
la laguna, tanto que los dejaban por muertos, y así 
los dejaban allí á la orilla del agua: de allí los to- 
maban sus padres ó parientes, y los llevaban á sus 
casas medio muertos. 

En este mismo mes mataban muchos cautivos 
y otros esclavos compuestos con los ornamentos de 
estos dioses llamados Tlalogues, por cuya honra los 
mataban en su mismo Cu. Los corazones de éstos 
que mataban, ibanlos á echar en el remolino, ó su- 
midero de la laguna de México, que entonces sé veía 
claramente-, (a) otras muchas ceremonias se hacían. 
Al sétimo mes llamaban Tecuilhiutontli. En el primer dia 
de este mes, hacían fiesta á la diosa de la sal, que lla- 
maban Vixtocioath decían que era hermana mayor de los dio- 
ses Tlaloques, y mataban á honra de esta diosa una muger 
compuesta con los ornamentos que pintaban á la misma diosa. 

KALENBAS. 

CAPÍTULO VIL 

TECUILHIUTONTLI. 



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Petri 
atq. 



En la vigilia de esta fiesta cantaban 
y danzaban todas las mugeres, viejas y 
mozas, y muchachas, y aun asidas de unas 
cuerdas cortas que llevaban en las ma- 
nos, la una por el un cabo, y la otra 
por el otro. Estas cuerdas llamaban xo- 
chimecatl; llevaban todas guirnaldas de 
asensios de esta tierra, que se llama Iz- 
tahyatl: guiábanlas unos viejos y re- 
(a) Quiere decir que este sumidero que otras veces llama Pan 
titlan estaba tapado. 



3 Mar- 

4 celi- 

5 ni - 



8 

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gían al canto; enmedio de ellas iba la 
muger que era la imagen de esta dio- 
sa, que habia de morir aderezada con 
ricos ornamentos. 



La noche antes de lafiesta, velaban las mu- 
geres con la misma que habia de morir, y canta- 
ban y danzaban toda la noche. Venida la mañana, 
aderezábanse todos los Sátrapas, y hacían un arey- 
to muy solemne, y todos los que estaban presentes 
al areyto tenían en la mano aquellas flores que se 
llaman cempoalxochitl: así bailando llevaban muchos 
cautivos al Cú de Tlaloc, y con ellos á la muger 
que habia de morir, que era imagen de la diosa 
Vixtociatl, allí mataban primero los cautivos, y des- 
pués á ella. 

Otras muchas ceremonias se hacían en esta 
fiesta, y también habia gran borrachera: todo lo cual es- 
tá á la larga puesto en la historia de esta fiesta 
fol. 76. 

Al octavo mes llamaban Veytecuilhiutl. En el primer dia de 
este mes hacían fiesta á la diosa llamada Xilonem [diosa 
de los xihtes]. En esta fiesta daban de comer á los pobres, 
hombres, y mugeres, viejos y viejas, niños y niñas á honra 
de esta diosa. Mataban una muger á diez días de este mes, 
compuesta con los ornamentos, con que pintaban á la mis- 
ma diosa. 



KALENDAS. 

CAPÍTULO VIII. 

VEYTECÜILHIUTL. 

Daban de comer á hombres y mu- 




22 Sctí 
f 23Pau- 

g 24" 



60 



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c 



geres, chicos y grandes ocho dias conti- 
nuos antes de la fiesta. Luego muy de 
mañana dábanles á beber una manera 
de mazamorra que llaman chiempinolli, 
cada uno bebia cuanto queria, y al me- 
dio dia poníanlos todos por orden en sus 
ringleras sentados y dábanlos tamales. 



A 

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d 
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A 
b 
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25 epi. 

26 et 

27 con, 
28 feso- 

29 
30 

1 Julius 

2 habet 

3 dios 

4 xxxi. 

5 

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7 

8 

9 

10 

UPij. 



El que los daba, repartía á cada uno cuantos I PgJJJfj; 
podía abarcar en una mano, y si alguno se des- 
mandaba á tomar dos veces, maltratábanle y tomábanle 
los que tenia, é íbase sin nada. Esto hacian los señores 
por consolar á los pobres, porque en este tiempo ordina- 
riamente hay falta de mantenimientos. Todos estos ocho 
dias bailaban y danzaban, haciendo areyto los hombres 
y mugeres todos juntos, todos muy ataviados con ricas 
vestiduras y joyas: las mugeres traian los cabellos suel- 
tos, andaban en cabello bailando y cantando con los 
hombres. Comenzaban este areyto en poniéndose el 
sol, y perseveraban en él hasta la hora de las nueve: 
traian muchas lumbreras con grandes hachas de tea, 
y habia muchos braceros, ó hogueras, que ardian 
en el mismo patio donde bailaban. En este baile, ó 
areyto andaban trabados de las manos ó abrazados: 
el brazo del uno asido del cuerpo como abrazado, y 
el otro asimismo del otro hombres y mugeres. Un 
dia antes que matasen á la muger que habia de mo- 
rir á honra de la diosa Xilonem, las mugeres que ser- 
vían en el Cu que se llamaban Cioatlamacazqué, hacian 
areyto en el patio del mismo Cú, y cantaban los loo- 
res y cantares de esta diosa; iban todas rodeadas de 



la que habla de morir, que iba compuesta con los 
ornamentos de esta diosa; de esta manera cantando 
y bailando velaban toda la noche precedente al día en 
que habia de ser sacrificada, y en amaneciendo, todos los 
nobles y hombres de guerra hacían areyto en el mis- 
mo patio, y con ellos bailaba también la nmger que 
debia de morir con otras muchas mugeres adereza- 
das cómo ella: los hombres iban por sí bailando de- 
lante, y las mugeres iban detras de ellos. Después todos 
así bailando llegaban al cú. Subíanla por las gradas 
arriba, y llegada allí tomábale uno acuestas, espaldas 
con espaldas, y estando así la cortaban de la cabeza, 
y luego la sacaban el corazón, y le ofrecían al sol: otras 
muchas ceremonias se hacian en esta fiesta. 

Jil noveno mes llamaban Tlaxochimaco. El primero dia de 
este mes hacía fiesta á honra del dios de la guerra, lla- 
mado VitzüopuchtU, ofrecíanle en ella las primeras flores 
de aquel año. 

KALENDAS. 

CAPÍTULO IX. 

j ¿ TLAXOCHIMACO. 

La noche antes de esta fiesta, ocu- 
pábanse todos en matar gallinas y per- 
ros para comer, en hacer tamales y 
otras cosas concernientes á la comida. 
Luego de mañanita el dia de esta fies- 
ta, los Sátrapas de los ídolos compo- 
nían con muchas flores á Vitzüopuch- 
tU, y después de compuesta la esta- 
tua de este dios, componían las esta- 
tuas de los otros dioses con guirnal- 
das, y sartales y collares de flores, y 
luego componían todas las otras es- 
tatuas de los Calpules y Telpuchcales, 
y en las casas de los Calpixques y 
11 



3 


f 


A 


8 


5 


A 


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b 


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c 


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d 


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f 


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A 


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Tom. 



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27 



62 

17 f principales, y macehuaíes, todos eom- f 23 

18 g ponían las estatuas que tenían en sus g 29 

19 A casas con flores. A 30 

20 b b 31 

Adornadas las estatuas de todos los dioses, 
luego comenzaban á comer aquellas viandas que te- 
nían aparejadas de la noche pasada . y dende á un 
poco después de comer comenzaban una manera de 
baile ó danza , en la cual los hombres nobles con 
mugeres juntamente bailaban asidos de las manos, y 
abrazados los unos con los otros, echados los bra- 
zos sobre el cuello. No danzaban á manera de arey- 
to, ni hacían los meneos como en el areyto, sino que iban 
paso á paso al son de los que tañían y cantaban , 
los cuales estaban todos en pie apartados un poco 
de los que bailaban, cerca de un altar redondo que 
llaman mumuzili. 

Duraba este cantar hasta la noche, no solo 
en los patios de los cues, pero en todas las casas de 
los principales y macehuaíes tañían y cantaban con 
gran vocería hasta la noche, y los viejos y viejas 
bebían el uctli; pero no ningún mancebo ni moza, 
y si alguno lo bebía, castigábanlo reciamente. 
Otras muchas ceremonias se hacían, que están á la 
larga, &c. 

Al décimo mes llamaban Xocohuetzi. En el primero dio, 
de este mes hacían fiesta al dios del fuego llamado Xiu- 
tecutli 6 Ihcocauhui: en esta fiesta echaban en el fuego mu- 
chos esclavos vivos atados de pies y manos , y antes que 
acabasen de morir, los sacaban arrastrando del fuego pa- 
ra sacarles el corazón delante de la imagen de este dios. 



KALENDAS. 

CAPITULO X. 

XOCOHUETZI. 

Durante la fiesta de Tlaxóchimaco, 



c 1 Au- 
d 2 gus- 
e 3 tus - 



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A 


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4 ht. 


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5 xxx. 

6 Petri 

7 ad 

y cula. 
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A 


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g 
A 


*9Ber- 
SOnardi 




Abbatis. 



iban al monte, cortaban un árbol de 
veinte y cinco brazas, y traíanle arrastran- 
do hasta el patio de este dios: allí le esca- 
mondaban todo, y le levantaban enhiesto, 
y estaba así enhiesto hasta la vigilia de 
la fiesta: entonces le tornaban á echar en 
tierra con mucho tiento, y con muchos 
pelírechos para que no diese golpe. En la 
vigilia de esta fiesta, bien de mañana, ve- 
nían muchos carpinteros con sus herra- 
mientas, y mondavanle, y hacianle muy 
liso. Después de mondado y de haberlo 
compuesto con muchas maneras de pa- 
peles, atábanle sogas y otros mecates, y 
levantábanle con muchas voces, y mu- 
chos estruendos, y fijábanle muy bien. 



De que la viga ó árbol estaba levantada, y 
adornada con todos "sus aparejos, luego los que te- 
nían esclavos para echar en el fuego vivos, aderezá- 
banse con sus plumages y atavios ricos, y teñianse 
el cuerpo de amarillo" que era la librea del fuego; y 
llevando sus cautivos consigo, hacian su areyto to- 
do aquel día hasta la noche. 

Después de haber velado toda aquella noche 
los cautivos en el Cú, y de haber hecho muchas 
ceremonias con ellos, empolvorizábanles las caras 
con unos polvos que llaman yiauchtli para que 
perdiesen el sentido, y no sintiesen tanto la muerte. 
Atábanlos los pies y las manos, y así atados, ponian- 
los sobre los hombros, y andaban con ellos como 
haciendo areyto en rededor de un gran fuego, y gran 
montón de brasa; andando de este modo íbanlos arrojan- 
do sobre el montón de brasas, hora uno, y luego otro, 
y al que habían arrojado, dejábanlo quemar un buen 
intervalo, y aun estando vivo y basqueando, sacában- 
le fuera arrastrando con cualquiera garabato, y echá- 
banle sobre el tajón, y abierto el pecho sacábanle 
el corazón; de esta manera padecian todos aquellos 



■ 



64 

tristes cautivos. Estaba el árbol atado con muchas so- 
gas por lo alto, como la jarcia de la nao está pen- 
diente de la gavia: en lo alto de él, estaba en pie 
la imagen de aquel dios hecha de masa, que llaman 
tzoalli. Acabado el sacrificio ya dicho, arremetían con 
gran ímpetu todos los mancebos. Otras ceremonias se 
hacían según á la larga está escrito adelante en esta fiesta. 

Al undécimo mes llamaban Ochpaniztli. El primer dio, de 
este mes, hadan fiesta á la madre de los dioses llamada 
Teteuinna ó toci, que quiere decir nuestra abuela; bailaban 
á honra c/e esta diosa en silencio, y mataban una muger 
en el mismo silencio, vestida, con los ornamentos que pintaban 
á esta diosa» 

KALENDAS. 

CAPITULO XI. 



20 g 

lidad, 



OCHPANIZTLI. 

Cinco dias antes que comenzase 
este mes, cesaban todas las fiestas y re- 
gocijos del mes pasado. Entrando este 
mes, bailaban ocho dias sin cantar y 
sin teponaztli, los cuales pasados, salia 
la muger que era imagen de la diosa 
que llaman Teteuinna, compuesta con los 
ornamentos con que pintaban á la mis- 
ma diosa, y salian gran número de mu- 
geres con ella, especialmente las médi- 
cas y parteras, y partíanse en dos van- 
dos, y peleaban apedreándose con pe- 
llas de pachtli, y con ojas de tunas, y 
con pellas hechas de ojas de espada- 
ñas, y con flores que llaman cempoatl- 
xuchitl, este regocijo duraba cuatro dias. 



Acabadas estas ceremonias y otras 
procuraban que aquella muger no 



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c 


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d 


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§ 


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A 


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1 Sep- 


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4 habet 


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c dies 
5 




1 xxx. 


d 


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f 


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g 


9 


de esta ca- 


entendiese 



i ¡ rii 



65 
«ue habia de morir, porque no llorase ni se entriste- 
ciese, porque lo tenian por mal agüero. Venida la 
noche en que habia de morir, ataviábanla muy ri- 
camente, y hacíanla entender que la llevaban para 
que durmiese con ella algún gran señor, y llevában- 
la con gran silencio al Cu donde había de morir. Es- 
tando arriba, tomábala uno acuestas espaldas con es- 
paldas, y de presto la cortaban la cabeza, y luego la 
desollaban, y un mancebo robusto vestíase el pellejo. 
A este que vestía el pellejo de está que mata- 
ban, llevábanle luego con mucha solemnidad, y acom- 
pañándole de muchos cautivos al Cu te Vitzilopnch- 
tli, allí este mismo delante de Vitzilopuchth, sacaba 
el corazón á cuatro cautivos, y los demás, dejába- 
los para que los matase el Sátrapa. En este mes 
hacia alarde el señor, (a) de toda la guerra, y de to- 
dos los mancebos que nunca habían ido á la campa- 
ña: á estos daba armas y divisas, y asentaban por 
soldados, para que de allí adelante fuesen á la guer- 
ra. Otras muchas ceremonias se hacían en esta nes- 
ta, que están á la larga puestas en su historia. 

Al duodécimo mes llamaban Teotleco, que quiere decir la 
llegada de los dioses. Celebraban esta fiesta á honra de to- 
dos los dioses, porque decían que habían ido á algunas 
partes: hadan gran fiesta el postrero dia de este mes, por- 
que sus dioses habían llegado. 

KALENBAS. 



CAPÍTULO. XII. 



TEOTLECO. 

Alos quince dias de este mes, los 

mozos y muchachos enramaban todos los 

>ra el Señor, entiéndase el 



A 21 

b 22 

c 23 

d 24 

e 25 



(a) Siempre que usa de esta 
Eey> ó Cacique, ó Régulo. 



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1 

1 

20 




altares y oratorios de los dioses, así los 
que estaban dentro de las casas, como 
por los caminos y encrucijadas, y por 
esta diligencia que hacían, dábanles 
maíz. Algunos daban un chiquivitl lle- 
no de maíz, y á otros dos 6 tres ma~ 



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1 

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7 



9 Dedi- 
pat o Sti. 
Michae- 
lis. 



A los diez y ocho dias llegaba el dios 
(que siempre era mancebo) que llaman 77a- 
matzincatl, (este es Titlacaban) decian que por ser 
mancebo y recio, caminaba mejor y llegaba prime- 
ro: luego ofrecian comida en su Cú, y aquella no- 
che comían y bebían, y regocijábanse todos, especial- 
mente los viejos y viejas que bebían vino, por la lle- 
gada del dios, y decian que le lavaban los pies con 
este regocijo. 

El postrero dia de este mes era la gran fies- 
ta, porque decian que todos los dioses llegaban en- 
tonces. En la vigilia de este dia, á la noche hacían en- 
cima de un petate de maíz hacinado, un montécillo 
muy tupido, de la forma de un hueso. En este mon- 
técillo imprimían los dioses la pisada de un pie, en 
señal que habían llegado: toda la noche el principal 
Sátrapa velaba, é iba y venía muchas veces á mirar 
cuando veía la pisada. 

En viendo el Sátrapa la señal de la pisada, 
luego daba voces diciendo: "há llegado ya nuestro señor:,, 
luego comenzaban los ministros del Cú, á tañer cor- 
netas, y caracoles y trompetas, y otros instrumentos 
de los que entonces ellos usaban. Luego que se oían 
los instrumentos, acudía toda la gente á ofrecer co- 
mida en todos los Cues y oratorios; otra vez se re- 



i i .« 



67 
gocijaban lavando los pies de sus dioses, como ar- 
riba está dicho. 

El dia siguiente decian que llegaban los dio- 
ses viejos á la postre de todos, porque andaban me- 
nos por ser viejos. Ese dia tenían muchos cautivos 
para quemar vivos, y hecho gran montón de braza, 
andaban bailando alrededor del fuego ciertos man- 
cebos disfrazados como monstruos, y así bailando 
iban arrojando en el fuego estos tristes cautivos de 
la manera que arriba está dicho. Otras muchas ce- 
remonias se hacian, según se dirá adelante en esta 
fiesta. 

Al decimotercio mes llamaban Tepeilhuitl. En este mes hacían 
fiesta á honra de los montes eminentes que están por todas las 
comarcas de esta nueva España, donde se armaban nu- 
blados-, hacian las imágenes en figura humana á cada uno 
de ellos de la masa que llaman tzoalli, y ofrecían delan- 
te de estas imágenes en respeto de estos mismos montes. 

KALENDAS. 

CAPITULO XIII. 



I 


g 


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A 


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A 



TEPEILHUITL. 

Hacian á honra de los montes unas 
eulebras de palo, 6 de raíces de ár- 
boles, y labrábanles la cabeza como 
culebra. Hacian también unos trozos de 
palo gruesos, como la muñeca largor, 
llamábanlos ecatolonti: así á estos co- 
mo á las culebras, los investían con 
aquella masa que llaman tzoal. A estos 
trozos los investían á manera de mon- 
tes, arriba les ponían su cabeza como 
cabeza de persona: hacian también es- 
tas imágenes en memoria de aque- 
llos que se habian ahogado en la agua 
ó habian muerto, ó de tal muerte, que 



I 


30 


A 


1 Octe* 


b 
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3 habet 

4 dies 

_ xxir. 
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17 b 

18 c 

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20 e 



no los quemaban sino que los enter- 
raban. 




b 


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c 


1-7 


d 


18 


e 


19 



Después que con muchas ceremonias habian 
puesto en sus altares á las imágenes dichas, ofre- 
cíanles también tamales y otras comidas, y también 
los decian cantares de sus loores, y bebían vino por 
su honra. 

Llegada la fiesta á honra de los montes, ma- 
taban cuatro mugeres y un hombre, la una de ellas 
llamaban Tepoxoch, la segunda llamaban Matlalhue, la 
tercera la llamaban Xochtecatl, la cuarta llamaban Ma- 
yabel, y al hombre llamaban Milnaoatl Aderezaban á 
ertas mugeres y al hombre, con muchos papeles lle- 
nos de ulli, y llevábanlas en unas literas en hombros 
de mugeres muy ataviadas, hasta donde las habian 
de matar. 

Luego que las habian muerto y sacádolas los 
corazones, llevábanlas pasito rodando por las gradas 
abajo: llegadas allí, cortábanles las cabezas y espe- 
tábanlas en un palo, y los cuerpos llevábanlos á las 
casas que llamaban Calpul, donde las repartían pa- 
ra comer. Los papeles con que aderezaban las imá- 
genes de los montes, después de haberlas desbara- 
tado para comer, colgábanlos en el Calpul Otras mu- 
chas ceremonias se hacían en esta fiesta, que están 
á larga puestas en su historia. 



i i 



Al décimo cuarto mes llamaban Quecholli: hacían fiesta al 
Dios llamado Miscoatl, y en este mes hadan saetas y dar- 
dos para la guerra; mataban á honra de este dios mu- 
chos esclavos. 

KALENBAS. 



CAPITULO XIV. 

QUECHOLLI. 
Cuando hacian las saetas por es- 
pacio de cinco dias, todos se sangraban 
de las orejas, y la sangre que esprimian 
de ellas untábanla por sus mismas sie- 
nes; decían que hacian penitencia pa- 
ra ir á cazar venados: á los que no se 
sangraban, tomábanles las mantas en pe- 
na: ningún hombre dormía con su mu- 
gar en estos dias, ni los viejos ni viejas 
bebían pulcre, porque hacian penitencia. 



2 

3 

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A 

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d 
e 
f 

g 
A 
b 
c 
d 



Acabados los cuatro dias en que hacian las sae- 
tas y dardos, hacían también unas saetas chiquitas, y atá- 
banlas de cuatro en cuatro, con cada cuatro teas, y así 
hecho un manojito de las cuatro teas, y de las cua- 
tro saetas, ofrecíanlas sobre los sepulcros de los muer- 
tos: ponian también juntamente con las saetas y teas 
dos tamales; estaba todo esto un dia entero sobre 
la sepultura, y á la noche lo quemaban y hacian ©tras 
muchas ceremonias por los difuntos en esta misma 
fiesta. 
Tom.J. 12 




70 

A los diez días de este mes, iban todos los 
Mexicanos y Tlatehlcanos á aquellos montes que lla- 
man Cacatepec, y dicen que es su madre aquel mon- 
te. El día que llegaban, hacían xacales, ó cabanas de 
heno, y hacían fuegos, y ninguna otra cosa hacían 
aquel día. 

Al siguiente en amaneciendo, almorzaban todos 
y salian al campo, y hacían una ala grande donde 
cercaban muchos animales, ciervos, conejos y otros 
animales, y poco á poco se iban juntando hasta acor- 
ralarlos todos, entonces arremetían y mataba cada 
cual lo que podía. 

Acabada la caza mataban cautivos y escla- 
vos en un Cu, que llaman Tlamatzinco: atábanlos de 
pies y manos, y llevábanlos por las gradas del Cü 
arriba, (como quien lleva un ciervo por los pies y 
por las manos á matar) matábanlos con gran cere- 
monia. Al hombre y á la muger que eran imágenes 
del dios Miscoaíl y de su muger, matábanlos en otro 
Cu que se llamaba miscoateupaíl. Otras muchas ce- 
remonias hacían &c. 

Al mes decimoquinto llamaban Panquetzaliztli. En este 
mes hacían fiesta al dios de la guerra Vitzilopuchtli: an- 
tes de esta fiesta los Sátrapas de los ídolos ayunaban cua- 
renta días, y hadan otras penitencias ásperas, como era ir 
á la media noche desnudos á ¿raer ramos de los montes. 

i KALENDAS. 

CAPITULO XV. 



PANQUETZALIZTLI. 

En el segundo dia de este mes, 
comenzaban todos á hacer areyto, y á 
cantar los cantares de Vitzilopvchtli en 
el patio de su cú, bailaban hombres y 



9 Dedi- 

JQCUtJO 



lies 
Sal- 



1 a vato- 
14-rig. 



71 



9 


f 


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c 



mucres todos juntos, comenzaban es- 
tos "cantares á la tarde, y acababan cer- 
ca de las diez: duraban estos bailes y 
cantos veinte dias. 

A los nueve dias de este mes, 
aparejaban con grandes ceremonias á 
los que hablan de matar, pintábanlos 
de diversos colores, componíanlos de 
muchos papeles, y al fin hacían un arey- 
to con ellos, en el cual iban una mu- 
ger y un hombre pareados, cantando y 
y bailando.. 



d 
e 
f 

g 
A 
b 
c 
d 
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f 

g 
A 
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15, 

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23 
24 
25 
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27 
28 



A los diez y seis días de este mes, comen- 
zaban á ayunar los* dueños de los esclavos, y á los 
diez y nueve dias comenzaban á hacer unas dan- 
zas en que iban todos asidos de las manos, hombres 
v mujeres, y danzaban culebreando: en el patio de 
dicho" cu cantaban y tañían unos viejos, entre tanto 
nue los otros danzaban. 

Después de haber hecho muchas ceremonias 
los que habían de morir, descendía del Cu de Vtt- 
züopuchtli, uno vestido con los ornamentos del dios 
PelmaL y mataba cuatro de aquellos esclavos en el 
iuesro de pelota, que estaba en el patio que llama- 
ban teutlachtli; de allí iba y cercaba toda la ciudad 
corriendo, y en ciertas partes mataba en cada una 
un esclavo, y de allí comenzaban á escaramuzar dos 
parcialidades, morían algunos en la escaramuza. 

Desoues de muchas ceremonias, finalmente, ma- 
taban cautivos en el Cú de Vitzilopuchtii, y también 
muchos esclavos, y en matando á uno, tocaban los 
instrumentos musicales, y en cesando tomaban otro 
para matarle y en matándole, tocaban otra vez, y 
así hacían á cada uno hasta concluir con ellos; acabando 
de matar estos tristes, comenzaban á bailar y cantar, a 
comer y beber, y así se acababa la fiesta. 



;'■ • .' 






[ TI 

Al decimosesfo mes ¡lamahcm Atemuztli, En este mes ha- 
cían fiesta á los dioses de la pluvia, porque por la mayor 
parte en este mes comenzaba á tronar, y haber señales 
de agua, y los Sátrapas de los Tlaloques comenzaban á 
hacer penitencias y sacrificios porque viniese el ao-ua» 



KALENBA8. 

CAPITULO XVI. 



ATEMOZTLI, 

Cuando comenzaba á tronar, los 
Sátrapas de los Tlaloques con gran 
diligencia ofrecian copal y otros perfu- 
mes á sus dioses, y atadas las estatuas 
de ellos decían, que entonces venían 
para dar agua á Jos populares, hacían 
votos de hacer las imágenes de los 
montes que se llaman tepictli porque 
son dedicadas á aquellos dioses del 
agua, y á los diez y seis dias de este 
mes -todos los populares aparejaban 
ofrendas para ofrecer á Tlaloc, y estos 
cuatro dias hacían penitencia, y abste- 
níanse los hombres de las mugeres, y 
las mugeres de los hombres. 



e 
f 

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A 
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d 
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f 

g 

A 

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b 



29 Sa- 
<, n tumi. 
filan. 

1 De- 

2 cern- 
ía ber á 

4 habet 

5 dies 

g XXXI. 

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17 



ÍQo 

Llegados á la fiesta, que la celebraban I tatio bte.Man». 
el ultimo dia de este mes, cortaban tiras de papel 
y atábanlas k unos varales desde abajo hasta arriba 
é meábanlos en los patios de sus casas, y hacían las 
imágenes de los montes de tzóal: hacianles los dien- 
tes de pepitas de calabaza, y los ojos de unos frisó- 
les que se llaman ayecotli, y luego los ofrecian sus 
ofrendas de comida, y los adoraban. 

Después de haberlos velado y tañido, y can- 
tado, abríanlos por los pechos con un tzotzopaztli, 



73 

que es instrumento con que tejen las mugeres casi 
á manera de machete, y sacábanles el corazón, y cor- 
tábanles las cabezas, y después repartían todo el cuer- 
po entre sí, y comianlo; otros ornamentos con que 
los tenian aparejados, los quemaban en los patios de 
sus casas. 

Hecho esto, llevaban todas estas cenizas y los 
aparejos con que los habían servido, á los oratorios 
que llaman ayauhcalco, y luego comenzaban á comer 
y á beber, y á regocijarse, y asi concluían la fiesta. 
Otras muchas ceremonias se quedan por decir, que 
están á la larga en su historia. 

Al mes decimoséptimo llamaban Tititl En este ha- 
cían fiesta á una diosa que llamaban Tlamatecutli, y por 
otro nombre Tona, y por otro Coscamiauh : á honra de 
esta diosa mataban una muger , y de que le habian sa- 
cado el corazón, cortábanle la cabeza y hacían areyto con 
ella. El que iba delante llevaba la cabeza por los cabellos 
en la mano derecha, haciendo sus ademanes de baile. 

CAPITULO XVÍÍ. 

KALENDAS. 



1 


c 


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A 


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g 
A 


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b 



TITITL. 

A esta muger que mataban en es- 
ta fiesta, componíanla con los atavíos 
de aquella diosa, cuya imagen tenía, que 
se llamaba Ylamatecutli-, y por otro nom- 
bre Tona, que quiere decir nuestra ma- 
dre. Esta muger así compuesta con los 
atavíos, que están puestos en la historia, 
bailaba sola, hacíanla el son unos viejos, y 
bailando suspiraba y lloraba acordándose 
que había de morir. Pasando el medio di a, 
componíanse los Sátrapas con los orna- 
mentos de todos los dioses, é iban delan- 
te de ella, y subíanla al cú donde habia de 
morir. Echada sobre el tajón de piedra sa- 



c 


1§ 


d 


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A 


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b 


1 



Ja- 



cábanle el corazón, y cortábanle la cabe- c 

za: tomaba luego uno de aquellos que iba d 

adornado como dios, delantero de todos, e 

y llevándola de los cabellos hacían areyto f 

con ella: guiaba el que la llevaba en la g 

mano derecha, y hacía sus ademanes de A 
baile con ella. 



2 nuai\ 

3 habet 

4 dies 

¡. XXXt 

? , EpU 

' phan, 
PSi. 



El mismo día que mataban esta muger, los 
ministros de los ídolos hacían ciertas escaramuzas y 
regocijos, corriendo unos tras otros al cu arriba y 
abajo, haciendo ciertas ceremonias. 

El dia siguiente, todos los populares hacían 
unas talegas como bolsas con unos cordeles atadas, 
tan largos como un brazo: henchían aquellas talegas 
de cosas blandas, como lana, y llevábanlas escondi- 
das debajo de las mantas, y á todas las mugeres que 
encontraban por la calle dábanlas de talegazos; lle- 
gaba á tanto este juego, que también los muchachos 
hacían las talegas, y aporreaban con ellas á las mu- 
chachas, de modo que las hacían llorar. 

Otras muchas ceremonias se hacían en esta fies- 
ta, que están á la larga puestas en su historia. 

Al mes decimooctavo llamaban Yzcatti. En este ?nes ha- 
cían fiesta al dios del fuego que llamaban Xiuhtecutli Ope* 
cauhqui; hacían una imagen á su honra de gran artificio, 
que parecía que echaba llamas de fuego de sí, y de cuatro 
en cuatro años en esta misma fiesta, mataban esclavos y 
cautivos á honra de este dios, y ahugeraban las orejas á 
todos los niños que habían nacido en aquellos años, daban* 
los padrinos, y madrinas, 

KALENDAS. 

CAPITULO XVIII. 



YZCALLI. 



A los diez días de este mes sacaban 



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£0 



d fuego nuevo á la media noche delan- 

e te de la imagen de Xiuhtecutli, muy 

f curiosamente ataviada, y encendidos fue- 

(t gos luego á la mañana venian los man- 

A cebos y muchachos, y traían diversos 

b animales que habian cazado en los dias 

c pasados, unos de agua, otros de tier- 

d ra, y ofrecianlos á los viejos, que tenian 

e cargo de guardar á éste dios; y ellos 

f echaban en el fuego á todos aquellos 

g animales para que se azasen, y daban á 

A cada uno de estos mozos y muchachos un 

b tamal hecho de bledos que ellos Uama- 

c fean vauhquütamaüi los cuales todo el 

d pueblo ofrecía aquel dia, y todos comían 

e de aquellos por honra de la fiesta: co- 

f mianlos muy calientes, y bebian y re- 

g gocijabanse» 



a 

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En esta fiesta los años comunes no mataban 
á nadie; pero el año visiesto, que era de cuatro en 
cuatro años, mataban en esta fiesta cautivos, y escla- 
vos; y la imagen, de Xiuhtecutli compuesta de la ma- 
nera que arribase dijo, con muchos y preciosos, y 
curiosos atavíos: hacían grandes y muchas ceremo- 
nias en la muerte de estos, muchas mas que en las 
otras fiestas ya dichas. Esto está puesto á la larga 
en la historia de esta fiesta. 

Después que habian muerto á estos esclavos 
y cautivos, y á la imagen de Yzcocauhqui que es el 
dios del fuego, estaban aparejados y aderezados muy 
ricamente con ricos adornos todos los principales y 
señores, y personas ilustres, y el mismo emperador, 
y comenzaban un areyto de gran solemnidad y gra- 
vedad al cual llamaban netecuitotiliztli, que quiere de- 
cir areyto de los señores. Este solamente se hacia 
de cuatro en cuatro años en esta fiesta. Este mismo 
dia muy de mañana, antes de amanecer, comenzaban 
k ahugerar los orejas á los niños y niñas, y echá- 
ban!es°un casquete en la cabeza de plumas de papa- 
gallos pegado con ocutzotl que es resina de pino. 



76 

A los cinco dias restantes del año, que son los cuatro úl- 
timos de enero y el primero de febrero, llamaban nemon- 
temi [a] que quiere decir dias valdíos, y teníanlos por 
aciagos y de mala fortuna. Hay conjetura, que cuando 
ahujeruban las orejas á los niños y niñas, que era de 
cuatro en cuatro años, echaban seis dias de nemontemi, 
y es lo mismo del bisiesto, que nosotros hacemos de cua- 
tro en cuatro años. 

CAPITULO XIX. 

1 A En estos cinco dias que tenían por'mal afor- 

2 b tunados y aciagos, decían que los que ^en 

3 c ellos nacían, tenían muchos malos sucesos en 

4 d todas sus cosas, y eran pobres y míseros: lla- 
mábanlos nemo: si eran hombres llamábanlos JVe- 
noquich, y si eran mugeres llamábanlas JVcncioatl: no 
usaban hacer nada en estos días por ser mal afortuna- 
dos; y especialmente se abstenían de reñir, porque de- 
cían que los que peleaban en estos dias, se quedaban 
siempre con aquella costumbre: tenían por mal agüero 
tropezar en ellos. 

Estas fiestas dichas eran fijas, que siempre se 
hacían dentro del mes, o un dia ó dos adelante. Otras 
fiestas tenían movibles, que se hacían por el curso 
de los veinte signos, los cuales hacían un círculo en 
doscientos sesenta dias, y por tanto, estas fiestas mo- 
vibles caían en un mes un año, y otro año en otro, 
y si era par, vanaban. 



(a) En estos dias valdios no hacían mas que visitarse los me- 
xicanos, y no mas. 



DE LAS FIESTAS MOVIBLES. 

1? La primera fiesta movible se celebraba á hon- 
ra del sol en el signo que se llama C.eocelutl, en la 
cuarta casa que se llamaba naolin: en esta fiesta ofre- 
cían á la imagen del sol codornices, é incensaban, y 
en el medio mataban cautivos delante de ella á hon- 
ra del mismo. En este mismo dia se sangraban todos 
de las orejas, chicos y grandes, á honra del sol, y le 
ofrecían aquella sangre. 

2 a En este mismo signo en la sétima casa ha- 
cían fiesta todos los pintores, y las lavanderas ayu- 
naban cuarenta días; otros veinte por alcanzar buena 
ventura para pintar bien, y para teger bien las la- 
bores. Ofrecían á este proposito codornices, é incien- 
so, y hacían otras ceremonias los hombres al dios 
Chicomexochitl, y las mugares á la diosa Xochiguetzatl. 

3 a . En el tercer signo que se llama cemacotl, en 
la primera casa, hacían fiesta á las diosas que se lla- 
maban Cisapitliti, porque decían que entonces descen- 
dían á la tierra, ataviaban sus imágenes con pape- 
les, y ofrecíanlas ofrendas. 

4? En el signo que se llama cemecatl, en la se- 
gunda casa que se llama Ometochtü, hacían gran fies- 
ta al dios llamado Yzquiíecatl, que es el segundo dios 
del vino: no solamente á él, sino á todos los dioses 
del vino, que eran muchos, aderezaban este dia su 
imagen muy bien en su Cú, y ofrecíanle cosas de co- 
mida, y cantaban y tañían delante de él, y en el pa- 
tio de su Cú, ponían tinajón de pulcre, y henchíanle 
los que eran taberneros hasta reverter, é iban á be- 
ber todos los que querían. Tenían unas copas con que 
bebían los taberneros, é iban cebando el tinajón de 
manera que siempre estaba lleno; principalmente ha- 
cían esto los que de nuevo habían cortado el maguey. 
La primera agua miel que sacaban la llevaban á la 
casa de este dios como primicias. 

Tom 1. 13 



73 

5? En el signo llamado Cexóchitl, en la primera ca- 
sa, hacían gran fiesta los principales y señores» bai- 
laban y cantaban á honra de este signo, y hacian 
otros regocijos, y sacaban entonces los mas ricos píu- 
mages con que se aderezaban para el areyto. En 
esta fiesta el señor hacia mercedes a los hombres de 
guerra, á los cantores, y á los del palacio. 

6? En el signo llamado Ccacatl, en la primera ca- 
sa hacian gran fiesta á Quetzalcoatl^ dios de los vien- 
tos, los señores y principales. Esta fiesta hacian en 
la casa llamada Calmecac, que era en donde 
moraban los Sátrapas de los ídolos, y donde se cria- 
ban los muchachos. En esta casa, que era como un 
monasterio, estábala imagen de Quetzalcoatl. Estedia 
la aderezaban con ricos ornamentos, y ofrecian de- 
lante de ella perfumes y comida: decian que este 
era el signo de Quetzalcoatl. 

7? En el signo que se llamaba Cemiquezili, en la 
primera casa, hacian gran fiesta los señores, y prin- 
cipales á Tezcatlipoca, que era el gran dios: decian 
que este era su signo. Como todos ellos tenían sus 
oratorios en sus casas donde tenían las imágenes de 
este dios y de muchos oíros, en este dia componían 
esta imagen, y ofrecíanla pefúmes y flores, y comí* 
da, y sacrificaban codornices delante de ella, arran- 
cándoles la3 cabezas. Esto no solamente lo hacian 
los señores, y principales, sino toda la gente á cuya 
noticia venía esta fiesta, y lo mismo se hacia en los 
calpules, y en todos los cues. Todos oraban y de- 
mandaban á este dios que les hiciese mercedes, pues 
que él era todopoderoso. 

8? En el signo que se llamaba Cequiavitl, en la 
primera casa, hacian fiesta á Jas diosas que llama- 
ban Cioapipilti: estas decian que eran las mugeres 
que morían del primer parto. Decian que se hacian 
diosas y moraban en la casa del sol, y que cuando 
reinaba este signo descendían á la tierra^ y herían con 






diversas enfermedades álos que encontraban fuei a de 
sus casas. Tenían edificados oratorios a honra de es- 
tas diosas en todos los barrios donde había do, ca- 
lle* que les llamaban Cioateucalh, o por otro nom- 
bre Cioateupan. En estos oratorios tenían las imágenes 
de estas diosas, y en estos dias ^s a do™ban con 
papeles, que llamaban amatetemtl En la fiesta de 
Estas diosas mataban á su honra los condenados a 
muerte por algún delito, que estaban en las cárceles 
9 a En el signo llamado Cequiavitl, en la cuarta 
ca*a que se llamaba JYauhccatl, por ser esta casa muy 
mal afortunada, mataban en ella los malhechores que 
estaban presos, y también el señor hacia matar a- 
cunos esclavos por via de superstición, y los mer- 
caderes y tratantes hacían alarde ó demostraciones 
de las joyas en que trataban, sacándolas para que las 
viesen todos, y después á la noche comían y bebían. 
Tomaban flores y aquellas cañas de perfumes, y 
asentábanse en sus asientos, y comenzaban cada uno 
á jactarse de lo que habia ganado, y de las partes 
remotas donde habia llegado, y baldonaban a los otros 
de que eran para poco, ni tenían tanto como ellos, ni 
habian ido á partes remotas como ellos, En esto teman 
gran chacota los unos con los otros por gran rato 

de la noche. 7r , 

10 a En el signo que llamaban Cemallinalli, en la 
segunda casa llamada umecoat/, hacían gran fiesta, 
poique decian que este signo era de Teseaíhpoca. En 
esta fiesta hacian la imagen de Omacatl, y alguno que 
tenia devoción llevábala á su casa para que le' ben- 
dijese, y le hiciese multiplicar su hacienda; y cuan- 
do esto acontecía, teniaia y no la quena dejar. El 
que queria dejar esta imagen esperaba hasta que otra 
vez reinase el mismo signo, entonces la llevaba adon- 
de la habia tomado. 

11? En el signo llamado cetecpat!, en la primera 
casa, sacaban todos los ornamentos de Vitzilopuchtlu 



80 

y los limpiaban y sacudían, y ponian al sol: decían 
que este era su signo, y eí de Camaxtle: esto ha- 
cían los Hacatecos. Aquí ponian en este dia muchas ma- 
neras de comidas muy bien guisadas, como las co- 
men los señores, y todas las presentaban delante de 
su imagen. Después de haber estado un rato allí, to- 
mábanlas los oficiales de Vitzilopuchtli, y repartíanlas 
entre sí, y comíanlas é incensaban también á la imagen, 
y ofrecíanla codornices descabezándolas delante de ella 
para que se derramase la sangre delante de la ima- 
gen, y ofrecía el señor todas las preciosas flores, que 
usanfos señores principales, delante de la imagen. 

12? En el signo llamado Ceocvmatli, decian que des- 
cendían las diosas llamadas Civapipiiti á la tierra, y 
dañaban á los niños y niñas hiriéndolos con perle- 
sía, y si alguno en este tiempo enfermaba, decian 
que ellas lo habían hecho, que se habia encontra- 
do con ellas, y los padres y las madres estos dias 
no dejaban sahr á sus hijos fuera de casa, porque 
no se encontrasen con estas diosas, de las cuales te- 
nían gran temor. 

13? En el signo que llamaban Ccytzeuintli, decian 
que era el signo del fuego: hacían en él gran fiesta á hon- 
ra de XiuchtecutU dios del fuego, y en ella le ofrecían 
mucho copal, y muchas codornices: componían su 
imagen con muchas maneras de papeles, y con mu- 
chos ornamentos ricos. Entre las personas ricas y 
poderosas, hacían gran fiesta á honra del fuego en 
sus mismas casas, y también convites y banquetes á hon- 
ra del fuego. En este mismo signo hacian la elec- 
ción de ios señores y cónsules, y en la cuarta ca- 
sa de este signo hacian la solemnidad de sus elec- 
ciones con convites, areytos, y dones. Después de 
estas fiestas pregonaban luego la guerra contra sus 
enemigos. 

14? En el signo llamado CW/, en la primera casa 
de este signo, hacian fiesta á la diosa del agua, Ua- 



i i i n i a 



81 

mada Chalchiuhtliycue, la celebraban todos los que tra- 
taban ó comerciaban en el agua, yá vendiéndola, 
ó yá pescando, como haciendo otras granjerias que hay 
en producciones del agua. Estos componían su imagen, y 
la ofrecían y reverenciaban en la casa llamada Calpullu 
15? Los señores y principales, nobles, y mercade- 
res ricos, cuando les nacia algún hijo o hija, te- 
nían gran cuenta con el signo en que nacía, y el 
día y hora, y de esto iban luego 6 informara los 
astrólogos judiciarios, y t preguntar por la fortuna 
buena ó mala de la criatura que nacía; y si el sig- 
no en que nacía era próspero, luego le hacían bau- 
tizar, (a) y si era adverso, buscaban la mas pros- 
pera casa de aquel signo para bautizarle. Cuando le 
bautizaban convidaban los parientes y amigos pa- 
ra que se hallasen presentes al bautismo, y enton- 
ces daban comida y bebida á todos los presentes, y 
también á los niños de todo el barrio. Bautizábanle a la 
salida del sol en casa de su padre: hacia esta operación 
la partera diciendo muchas oraciones, y haciendo mu- 
chas ceremonias sobre la criatura. Esta fiesta tam- 
bién la usan ahora en los bautismos de sus hijos, en 
cuanto á convidar, comer y beber. 

16? De que los padres veían que su hijo era de 
edad para casarse, decianle que le querían bus- 
car muficer, y él respondía dándoles gracias por 
aquel cuidado que tomaban de casarle. Luego habla- 
ban al principal que tenia cargo de los mancebos, 
que ellos llamaban Telpuchüato, y decíanle como que- 
rían casar su hijo, que lo tuviese por bueno, y pa- 
ra esto hacíanle un convite á él, y á todos los man- 
cebos que tenia á su cargo, y también le hacían una 
plática después de haberle dado de comer y de 
beber á él, y á todos los que tenia á su dirección: 

(a) Después se verá que clase de bautismo era el de los me- 
xicanos. 



82 
en principio de la plática poníanle delante una ha- 
cha de cortar madera ó leña. Esta hacha era señal 
de que aquel mancebo se despedía ya de la compa- 
ñía de los otros, porque lo querían casar, y 
así el Telpuchtlato iba contento. Después de es- 
to eligían entre sí los parientes la muger que le ha- 
bían de dar, y llamaban á las casamenteras que eran 
unas viejas honradas (a) para que fuesen á hablar á 
los padres de la moza: iban dos ó tres veces y ha- 
blaban, y volvían con la respuesta. En este tiempo 
los parientes de la moza se hablaban, y concertán- 
dose de dársela, daban el sí á las casamenteras. Des- 
pués de esto buscaban un día bien afortunado de 
algún signo bien acondicionado, cuales eran acatl, ocu- 
macli, cipacth, y quauchtli; habiendo escogido alguno 
de estos signos los padres del mancebo, hacían sa- 
ber á los padres de la moza el día en que había 
de hacerse el matrimonio, y luego comenzaban á apa- 
rejar las cosas necesarias para las bodas, así de co- 
mer, como de beber, como de mantas y cañas de 
humo, y otras cosas: hecho esto, convidaban á todos 
los principales, y toda la otra gente que ellos que- 
rían para las bodas. Después del convite, y de mu- 
chas pláticas y ceremonias, venían los de la casa del 
mozo á llevar á la moza de parte de noche: llevá- 
banla con gran solemnidad acuestas de una matrona, 
y con muchas hachas de teas encendidas en dos ren- 
des delante de ella, iba rodeada de ella mucha gen- 
te detras y delante, hasta que la llegaban á la ca- 
sa de los padres del mozo: allí ponían á ambos con- 
sortes junto al hogar, que siempre le tenían enme- 
dio de una sala llena de fuego, y la muger estaba 
a la mano izquierda de! varón: luego la madre del 
mancebo vestía un vipil muy galano á su nuera, y 
poníale junto á sus pies unas enaguas muy labradas, 
y la madre de la moza cubría con una manta muy 

(a) Tercería honrada. 
) 



i i » r i ■ ! a 



83 

gallarda á su yerno, y alábasela sobre el hombro, y 
poniale un maxtli muy labrado á los pies. Hecho es- 
to, unas viejas que se llaman titicí, ataban la esqui- 
na de la manta del mozo, con la falda del vipil de 
la moza; así se concluía el matrimonio con otras mu- 
chas ceremonias de comer y beber, y bailes que des- 
pués se hacian, como se contiene en la historia del 
matrimonio. 

Otras dos fiestas tenian, que en parte eran fi- 
jas, y en parte eran movibles: eran movibles, poi- 
que se hacian por años interpolados. La una se 
hacia de cuatro en cuatro años, y la otra de ocho 
en ocho años. Eran fijas, porque tenian año, mes, 
y dia señalados. En la que se hacia dé cuatro en 
cuatro años, horadaban las orejas á los niños y ni- 
ñas, haciéndolos las ceremonias de crespa (a) para 
bien ilustrábanlos por el fuego. En la que hacian de 
ocho en ocho años, ayunaban antes de ella ocho 
dias á pan y agua, y hacian un areyío en que to- 
maban figuras de personages ó de diversas aves y ani- 
males, y decian que buscaban ventura como está es- 
crito en el apéndiz del segundo libro. 

Estas fiestas movibles en algunos años echan de su lugar 
á las fiestas del calendario, como también acontece en el 
nuestro. 

CAPITULO XX. 

De la fiesta y sacrificios que hacian en las ¡calendas del 
primer mes que se llamaba 

ATLCAOALO, Ó QUAVITLELOA. (b) 

No hay necesidad en este segundo libro de 
poner confutaciones de las ceremonias idolátricas que 

(a) Componer el cabello. 

(b) Aquí comienza el autor á amplificar las relaciones de los 
diez y ocho meses del calendario mexicano, como ofreció cuando 
«lió idea de ellos. 



84 

en él se cuentan^ porque ellas de suyo son tan crue- 
les, é inhumanas, que á cualquiera que las oyere 
le pondrán horror y espanto, y así no haré mas de 
poner la relación simplemente á la letra. 

En las primeras kalendas del primer mes del 
año, que se llamaba Quavitleloa, y los mexicanos le 
llamaban Mcaoalo, el cual comenzaba segundo dia de 
febrero, hacían gran fiesta á honra de los dioses del 
agua, ó de la lluvia llamados Tlaloques. Para esta fies- 
ta buscaban muchos niños de pecho comprándolos á 
sus madres; escojian aquellos que tenian dos remo- 
linos en la cabeza, y que hubiesen nacido en buen 
signo: decian que estos eran mas agradable sacri- 
ficio á estos dioses, para que diesen agua en su tiem- 
po. A estos niños llevaban á matar á los montes al- 
tos donde ellos tenían hecho voto de ofrecer: á unos 
de. ellos sacaban los corazones en aquellos montes, 
y á otros en ciertos lugares de la laguna de Mé- 
xico. El un lugar llamaban Tepetzingo, monte conoci- 
do que esta en la laguna, y á otros en otro monte 
que se llama Tepepidco en la misma laguna; y á otros 
en el remolino de la laguna que llamaban Pantitlan- 
(a) Gran cantidad de niños mataban cada año en es- 
tos lugares, y después de muertos los cocian y comian. 
En esta misma fiesta en todas las casas y palacios 
levantaban unos palos como barales, en las puntas de 
los cuales ponian unos papeles llenos de gotas de 
ülli, y á estos papeles llamaban Amatcteuitl: esto ha- 
cian á honra de los dioses de la agua. Los lugares 
donde mataban los niños son los siguientes: el prime- 
mero se llama Quauchtepetl, es una sierra eminente 
que está cerca de Tlatclulco: á los niños ó niñas que 
allí mataban, poníanlos el nombre del mismo monte 
que és Quauchtepetl. A los que allí mataban compo- 

(a) E?te sumidero se ha buscado inútilmente aun ofreciéndose gran- 
des premios por el ayuntamiento de México cuando trataba de desaguar 
la laguna. 



rn ii 



85 

nianlos con los papeles teñidos de color encarnado. 
Al segundo monte sobre que mataban niños, llama- 
ban Yoaltecatl, es una sierra eminente que está jun- 
to ó cerca de Guadalupe, poníanles el mismo nom- 
bre del monte á los niños que allí morían que en Yoal- 
tecatl. Componíanlos con unos papeles teñidos de ne- 
gro, con unas rayas de tinta colorada. El tercer mon- 
te sobre que mataban niños se llamaba Tepetzinco, es 
aquel montecillo que está dentro de la laguna fron- 
tero del Tlatelulco; allí mataban una niña y llamában- 
la Quetzalxoch, porque así se llamaba también el 
monte por otro nombre: componíanla con unos pa- 
peles teñidos de azul. El cuarto monte sobre que 
mataban niños se llama Poiauktla, es un monte que 
está en los términos de Tlaxcala, y allí junto á Tepet- 
zinco: á la parte de oriente tenían edificada una ca- 
sa que llamaban Jlyauchalli: en esta casa mataban ni- 
ños á honra de aquel monte, y llamábanlos Poiauktla 
como al mismo monte que está acullá en los térmi- 
nos de Tlaxcalla: componíanlos con unos papeles ra- 
yados con aceyte de Ulli. El quinto lugar en que ma- 
taban niños, era el remolino 6 sumidero de la lagu- 
na de México al cual llamaban Puntillan, á los que 
allí morían llamaban Epecoatl. El atavio con que los 
aderezaban llamaban Epnepaniuhqui, El sesto lugar ó 
monte donde mataban estos niños, se llamaba Cocotl, es 
un monte que está junto á Chalco Ateneo: á los niños 
que allí mataban llamábanlos Cocoíl (a) como al mis- 
mo monte; aderezábanlos con unos papeles la mitad 
colorados, y la mitad leonados. El sétimo lugar don- 
de mataban los niños era un monte que se llama Yauh- 
queme, que está junto á Jltlacuioaia, (b) poníanlos el 
nombre del mismo monte, ataviábanlos con unos pa- 

(a) De aquí viene llamar hoy Cocoles, á los niños de coro de 
Catedral. 

(b) Hoy Tacubaya. La infame idolatría se ejecutaba en todfc 
lunar. 



Tom. L 



14 



86 
peles de color leonado. A estos tristes niños antes que 
los llevasen á matar, aderezábanlos con piedras 
preciosas, con plumas ricas, y con mantas y max- 
tles muy curiosas y labradas, y con cotaras muy la- 
bradas y muy pulidas, y poníanlas unas alas de pa- 
pel como ángeles, y teñíanles las caras con aceyte 
de Ulli; enmedio de las mejillas les. ponian unas ro- 
dajitas de blanco, y los colocaban en unas andas muy 
aderezadas con plumas ricas, y con otras joyas valiosas, 
y llevándolos en las andas, íbanlos tañendo con flau- 
tas y 'trompetas que ellos usaban, y por donde las 
llevaban toda la gente lloraba. Cuando llegaban con 
ellos á un oratorio que estaba junto á Tepetzmco de 
la parte del occidente, al cual llamaban Tococan,\os 
tenían allí toda una noche velando, y cantábanlos can- 
tares los sacerdotes de los ídolos porque no durmie- 
sen, y cuando ya llevaban los niños á los lugares don- 
de los habían de matar, si iban llorando y echando 
muchas lágrimas, alegrábanse (a) los que los veían 
llorar, porque decían que era senál de que llovería muy 
presto; y si topaban en el camino algún hidrópico, te- 
níanlo por mal agüero y decían que ellos impedían la 
lluvia. Si alguno de ios ministros del templo, y otros 
que llamaban Quaquavilti, y los viejos, se volvían á sus 
casas, y no llegaban donde habían de matar los ni- 
ños, teníanlos por infames é indignos de ningún oficio pu- 
blico, de ahí en adelante ¡lámanlos mocauhque, que quie- 
re decir dejados. Tomaban pronóstico de la lluvia y 
de la helada del año, de la venida de algunas aves 
y de sus cantos: hacían otra crueldad en esta mis- 
ma fiesta, que todos los cautivos los llevaban á un 
'templo que llaman Yopico del dios Totee. En este lu- 
gar después de muchas ceremonias, ataban á cada uno 

[a] Tal era de monstruoso aquel culto bárbaro: no quería si- 
no sangre y lágrimas. 



I Ti TI 1 I"i 



87 

de ellos sobre una piedra como muela de molino, (a) 
y atábanlos de manera que pudiesen andar por toda 
la circunferencia de la piedra, y dábanlos una espa- 
da de palo sin nabajas, y una rodela, y poníanles los 
pedazos de madero de pino para que tirasen, y los 
mismos que los habían cautivado, iban á pelear con 
ellos con espadas y rodelas; y en derrotándolos lle- 
vábanlos luego al lugar del sacrificio, donde echados 
de espaldas sobre una piedra de altura de tres ó cua- 
tro palmos, y de anchura de palmo y medio en cua- 
dro, que ellos llamaban techtexaíl, tomábanlos dos por 
los pies y otros dos por la cabeza, y otro con un ua- 
bajon de pedernal, con un golpe se lo sumía por los 
pechos, y por aquella abertura metía la mano y le 
arrancaba el corazón, el cual luego le ofrecía al sol 
y á los otros dioses, señalando con él acia las cua- 
tro partes del mundo. Hecho esto echaban el cuer- 
po por las gradas abajo, é iba rodando y dando gol- 
pes hasta llegar abajo; en llegando tomábale el que 
le habia cautivado, y hecho pedazos lo repartía para 
comerle cocido. 

ESCLAMACION BEL. AUTOR. 

No creo que haya corazón tan duro, que oyen- 
do una crueldad tan inhumana, y mas que bestial y 
endiablada como la que arriba queda puesta, no se 
enternezca y mueva á lágrimas, horror y espanto; y 
ciertamente es cosa lamentable y horrible, ver que 
nuestra humana naturaleza haya venido á tanta baje- 
za de degradación y oprobrio, que los padres por su- 
gestión del demonio, maten y coman á sus hijos (sin 
pensar que en ello hacían ofensa ninguna,) mas antes 

(a) De estas piedras he visto una en el pavimento del cemen- 
terio de S. Francisco de Tezcoco, y otra en una casa que está 
en el camino para el molino de Flores á orillas del mismo Tezcoeo. 



88 
creyendo que en ello hacían gran servicio á sus dio- 
ses. La culpa de esta tan cruel ceguedad que en es- 
tos desdichados niños se ejecutaba, no se debe tan- 
to imputar á la crueldad de los padres, los cuales 
derramando muchas lágrimas y con gran dolor de sus 
corazones, la ejercitaban, cuanto al crudelísimo odio 
de puestro enemigo antiquísimo satanás, el cual con 
muy maligna astucia los persuadió á tan infernal ha- 
zaña. ¡O señor Dios, haced justicia de este cruel ene- 
migo que tanto mal nos hace y nos desea hacer! 
Quitadle, Señor, todo el poder de dañar, (a) 

CAPÍTULO XXL 

De las ceremonias y sacrificios que hacían en el segundo 
mes que se llamaba tlacaxipeoalistli. 

En el postrero dia del dicho mes, hacian una 
muy solemne fiesta á honra del dios llamado Xippcto- 
totee, y también á honra de Vitzilopvchtli. En esta fies- 
ta mataban todos los cautivos, hombres, mugeres, y 
niños. Antes que los matasen hacian muchas cere- 
monias que son las siguientes. La vigilia de la fies- 
ta después de medio dia, comenzaban muy solemne 
areyto, y velaban por toda la noche los que habían 
de morir en la casa que llamaban Calpulco: aquí los arran- 
caban los cabellos de medio de la corona de la cabeza. 
Junto al fuego hacian esta ceremonia y la practicaban 
á la media noche, cuando solían sacar sangre de las 
orejas para ofrecería á los dioses, lo cual siempre ha- 

(a) No se devanen los sesos los jurisconsultos españoles en bus- 
car títulos con que lexitimar la conquista. Impedir esta injuria á 
la humanidad, y conservar nuestra especie, es lo que puede hacer 
disímulables los escesos de los españoles, que antes debieron alla- 
narlo todo por medio del comercio y misioneros apostólicos: Jos 
miembros sanos tienen derecho á conservar los que no están cor- 
rompidos. El análisis de estas ideas es delicado, y demanda mu- 
cho estudio, es preciso considerar al género humano, como una 
gran familia de que las naciones son miembros de ella. 



cían á la dicha hora. A la alva de la mañana, lleva 
banlos donde habian de morir,, que era al templo de 
Vitzilopuchtli: allí los mataban los ministros del templo 
de la manera que arriba queda dicho, y á todos los 
desollaban, y por esto llamaban la fiesta Tlacaxipcoa- 
liztli, que quiere decir desollamiento de hombres, y á ellos 
los llamaban Xipeme, y por otro nombre tototecti: lo 
primero quiere decir desollados, lo segundo quiere de- 
cir los muertos á honra del dios Totee. Los dueños 
de los cautivos los entregaban á los sacerdotes aba- 
jo al pie del Cú, y ellos los llevaban por los cabellos 
cada uno al suyo por las gradas arriba, y si alguno 
no queria ir de su grado, llevábanle arrastrando has- 
ta donde estaba el tajón de piedra donde le habian 
de matar, y en sacando á cada uno de ellos el cora- 
zón, y ofreciéndole como arriba se dijo, luego le echa- 
ban por las gradas abajo, donde estaban otros sacer- 
dotes que los desollaban: esto se hacia en el Cú de 
Vitzilopuchtli. Todos los corazones después de haber- 
los sacado y ofrecido, los echaban en una jicara de 
madera, y llamaban á los corazones quauJinodli, y á 
los que morian después de sacados los corazones los 
llamaban quauhteca. Después de desollados, los viejos 
que se llamaban quaquacuilli, llevaban los cuerpos al 
calpulco donde el dueño del cautivo habia hecho 
su voto ó prometimiento, allí le dividían y le envia- 
ban á Mochtecuzoma un muslo para que comiese, y lo 
demás lo repartían por los otros principales ó parien- 
tes; íbanlo á comer á la casa del que cautivó al muer- 
to: cocían aquella carne con maíz, y daban á cada 
uno un pedazo de ella en una escudilla ó cajete 
con su caldo, y su maíz cocida, y llamaban aquella 
comida tlacatlaolli: después de haber comido seguía la 
embriaguez, (a) Otro día en amaneciendo, después de 

(a) Hoy se subroga esta comida en Michoacan y Guanajuato 
con cabeza de puerco y maíz que llaman pozoli. Cuando ven algún 
hombre tonto dicen ¡ó que buena cabeza para un pozolil 






haber velado toda la noche, acuchillaban sobre la 
muela otros cautivos como se dijo en el capítulo 
pasado, los cuales llamaban Oavanti. También á 
estos los arrancaban los cabellos de la corona de 
la cabeza, y los guardaban como por reliquias. 
Otras ceremonias muchas hacian en esta fiesta, 
que se quedan por no dar fastidio al lector, aun- 
que todas están esplicadas en la lengua. Hacían en 
esta fiesta unos juegos que son los siguientes. Con to- 
dos los pellejos de íos desollados se vestían muchos 
mancebos, á los cuales llamaban tototecti: poníanse to- 
dos sentados sobre unos lechos de heno ó de ticcrtl, 
ó greda. Estando allí sentados, otros mancebos pro- 
vocábanlos á pelear, ó con palabras, ó con pelliscos, 
y ellos echaban tras los que los incitaban á pelear, 
y los otros huían, y alcanzándolos comenzaban á luchar 
ó pelear los unos con los otros, y se prendían mutua- 
mente, y encerraban á los presos, y no salían de 
la cárcel sin pagar, alguna cosa. En acabando esta 
pelea luego comenzaban á acuchillar á los que habían 
de morir acuchillados sobre la muela. Peleaban con- 
tra ellos cuatro, los dos vestidos como tigres, y los 
otros dos como águilas, y antes que comenzasen á pe- 
lear levantaban la rodela, y la espada acia el sol, 
y luego principiaban á pelear uno contra uno; y si era 
valiente el que estaba atado, y se defendía bien, aco- 
metíanle dos, y después tres, y si todavía se defendía, 
acometíanle todos cuatro: en esta pelea iban bailan- 
do y haciendo muchos meneos los cuatro. Cuando iban 
á acuchillar á los ya dichos, hacian una procesión 
muy solemne de esta manera. Salían de lo alto del 
Cú que se llamaba tópico, muchos sacerdotes adere- 
zados con ornamentos, que cada uno representaba á 
uno de los dioses; eran en gran número, iban ordena- 
dos como en procesión, detras de todos iban los cua- 
tro, dos tigres, y dos águilas, que eran hombres fuer- 
tes, é iban haciendo ademanes de pelea con la espada 



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91 

y con la rodela, como quien esgrime, y en llegando 
abajo iban acia donde estaba la piedra como mue- 
la donde acuchillan los cautivos, y rodeábanla todos, 
y sentábanse en torno de ella algo redrados en sus 
ycpales que llamaban giiecholicpalü, estaban todos or- 
denados. El principal sacerdote de aquella fiesta, que 
se llamaba Yoalhoa, se asentaba en el mas honrado 
lugar, porque el tenía cargo de sacar los corazones 
á aquellos que allí morían, y en estando sentados co- 
menzaban luego á tocar flautas, trompetas, caracoles, 
y á dar silvos, y á cantar. Estos que cantaban y ta- 
ñían llevaban todos banderas de pluma blanca sobre 
los hombros, en sus hastas largas, y sentábanse todos 
ordenadamente en torno de la piedra, algo mas lejos 
que los sacerdotes. Estando todos sentados venia uno 
de los que tenían cautivos para matar, y traía á su 
cautivo de los cabellos, hasta la piedra donde le ha- 
bían de acuchillar: allí le daban á beber vino de la 
tierra, ó pulcre, y como el cautivo recibía la jicara del 
pulcre alzábala contra el oriente, y contra el septen- 
trión, y contra el occidente, y contra el medio día, 
como ofreciéndola acia las cuatro partes del mundo, 
y luego bebía, no con la jicara, sino con una caña 
hueca chupando, y luego venia un sacerdote con una 
codorniz, y cortábale la cabeza arrancándosela delan- 
te del cautivo que había de morir; y luego el mismo 
sacerdote tomaba la rodela al cautivo, y levantábala 
acia arriba, y luego la codorniz que había cortado 
la cabeza, hechábala á tras de sí. pecho esto, lue- 
go hacían subir al cautivo sobre la piedra redonda á 
manera de muela, y estando sobre ella el cau- 
tivo, venía uno de los sacerdotes ó ministros del tem- 
plo vestido con un cuero de oso, el cual era como 
padrino de los que allí morían, y tomaba una soga, 
la cual salía por el ojo de la muela, y atábale por 
la cintura con ella. Luego le daba su espada de pa- 
lo, la cual en lugar de navajas, tenía plumas de aves 



¡ ; 






92 

pegadas por el corte, y dábale cuatro garrotes de pi- 
no conque se defendiese, y con que tirase á sus con- 
trarios. El dueño del cautivo dejándolo de esta ma- 
nera ya dicha sobre la piedra, íbase á su lugar, y 
desde allí miraba lo que pasaba con su cautivo es- 
tando bailando. Luego los que estaban aparejados pa- 
ra la lid, comenzaban á pelear con el cautivo de uno 
en uno. Algunos cautivos que eran valientes, cansa- 
ban á los cuatro peleando, y no le podian rendir: lue- 
go venia otro quinto, que era izquierdo, el cual usa- 
ba de la mano izquierda por derecha: este le ren- 
día y quitaba las armas, y daba con él en tierra; lue- 
go venia el que se llamaba Yooallaoá, y le abria los 
pechos, y le sacaba el corazón. Algunos de los cau- 
tivos viéndose sobre la piedra atados luego desma- 
yaban y perdian el animo, y como desmayados y des-r- 
animados tomaban las armas; mas luego se dejaban 
vencer, y los sacaban los corazones sobre la piedra. 
Algunos cautivos había que luego se amortecian co- 
mo se veían sobre la piedra atados, echábanse en 
el suelo sin tomar arma ninguna, deseando que luego 
les matasen, y asi lo tomaban y echándolo de espal- 
das sobre la orilla de la piedra, aquel llamado Yooa- 
llaoan, abríale los pechos, y saeabale el corazón, y ofre- 
cíale al sol, y echábale en la jicara de madera ; y 
luego otro sacerdote tomaba un cañuto de caña hue- 
ca, y metíalo en el ahugero por donde lo habían sa- 
cado el corazón, y uñiéndola en la sangre, tornába- 
la á sacar, y ofrecía aquella sangre al sol. Luego ve- 
nia el dueño del cautivo y recibía la sangre de éste 
en una jicara bordada de plumas toda la orilla. 
En la misma jicara iba un cañuto también aforrado 
con plumas, é iba luego á andar las estaciones, visitan- 
do todas las estatuas de los dioses por los templos, 
y por los calpules. A cada una de ellas ponía el ca- 
ñuto teñido con la sangre, como dándole á gus- 
tar la de su cautivo; haciendo esto iba compuesto 



con sus plumajes, y con todas sus joyas. Habiendo 
visitado todas las estatuas del pueblo, y dadolas 
á gustar la sangre de su cautivo, pasaba luego al 
palacio real á descomponerse, y el cuerpo de su cau- 
tivo llevábanle á la casa que llamaban Calpulco, don- 
de habia tenido la vigilia la noche antes, y allí lo 
desollaban. De allí llevaba el cuerpo desollado á su 
casa, donde le dividia y hacia presentes de la car- 
ne á sus superiores, amigos, y parientes. El señor del 
cautivo no comía de la carne, porque bacía cuen- 
ta que aquella era su misma carne, porque desde la 
hora que le cautivó, le tenia por hijo, y el cautivo 
á su señor por padre; (a) y por esta razón no que- 
ría comer de aquella carne, pero comia de la 
de los otros cautivos que se habían muerto. El 
pellejo del cautivo era del que lo habia cautivado, 
y él le presentaba á otros para que le vistiesen y an- 
duviesen por las calles con él, como con cabeza de 
lobo, y todos le daban alguna cosa al que lo lleva- 
ba vestido, y él lo daba todo al dueño del pellejo, 
el cual lo dividia entre aquellos que Se traían vesti- 
do como le parecía. Acabado de acuchillar y matar 
á los cautivos, luego todos los que estaban presen- 
tes, sacerdotes y principales, y los señores de los es- 
clavos, comenzaban á danzar en su areyto, en rede- 
dor de la piedra donde habían muerto los cautivos, 
y los señores de estos, en el areyto danzando y 
cantando, llevaban las cabezas de estos asidas de 
los cabellos, colgadas de las manos derechas. Lla- 
maban á este areyto moizontecomaitotia, y el padrino 
de los cautivos llamado Cuitlachucue cojía las sogas 
con que fueron atados los cautivos en la piedra y le- 
vantábalas acia las cuatro partes del mundo, como 

(a) ¡Que ficción tan absurda y contraria á la naturaleza, tener 
por padre á un monstruo de ferocidad, que así maquinaba la muer- 
te del cautivo! Todo es abominable y detestable en el culto me» 
xicanu. 

Tora, h 15 




94 

haciendo reverencia ó acatamiento; y haciendo esto 
andaban llorando y gimiendo, como quien llora á sus 
muertos. A este espectáculo secretamente venian á 
mirar y á estar presentes, aquellos con quienes Mochlecu- 
zoma tenía guerra, que eran los de esa parte de los puer- 
tos de Vexotzinco, de Tlaxcala, de Nonoalco, de Cempoa- 
la y otras muchas partes, y los mexicanos disimula- 
ban con ellos, porque dijesen en sus tierras lo que 
pasaba acerca de los cautivos. Hechas todas estas 
cosas, se acababa la fiesta de los acuchillados sobre 
la piedra. Cuando se hacia, comían todos unas tor- 
tillas como empanadillas, que hadan de maíz sin co- 
cer, á las cuales llamaban ViíocpaUi. Todos los que 
iban á ver este espectáculo, hacian mochila de estas 
tortillas, y comíanlas en el lugar donde se hacia la 
fiesta. El dia siguiente todos se aparejaban para un 
solemne areyto, el cual comenzaban en las casas rea- 
les. Aderezábanse con todos los arreos, divisas, ó plu- 
majes ricos que habia en ellas, y llevaban en las 
manos en lugar de flores todo género de tamales 
y tortillas: iban aderezados con maíz tostado que 
llaman murnuchíli en lugar de sartales y guirnaldas. 
Llevaban también bledos colorados, hechos de plu- 
ma colorada y cañas de maíz con sus mazorcas; 
y pasando el medio dia, cesaban los ministros del 
templo del areyto, y venian todos los principales 
señores y nobles, y poniange en orden delante de las 
casas reales, todos de tres en tres. Salia también Moch- 
tecuzoma en la delantera, y llevaba á la mano dere- 
cha al señor de Tezcoeo, y á la izquierda al señor de 
Tlacuha: haciase un areyto solemnísimo, el cual du- 
raba hasta la tarde á la puesta del sol. Acabado el 
areyto comenzaban otra manera de danzas en que 
todos iban trabados de las manos, danzando co- 
mo culebreando. En estas danzas entraban los sóida- 



95 

dos viejos, y los visónos y los tirones (a) de la guer- 
ra. También en estas danzas entraban las mugeres 
matronas que querían, y las mugeres públicas. Dura- 
ba esta manera de danzas en este lugar donde ha- 
bían muerto los cautivos, hasta cerca de la media no- 
che, y dilataban estas fiestas por espacio de veinte dias 
hasta llegar las calendas del otro mes que se llama- 
ba Tocoztontli. (b) 

CAPÍTULO XXII. 

De las fiestas y sacrificios que hadan en el postrero día 
del segundo mes que se decía, tlacaxifeoaliztlí. (c) 

En el postrero día del segundo mes, que se 
llamaba Tlaeaxipeoaliztli, hacían una fiesta que llama- 
ban Ayacachpixoío en el templo llamado Yopico. En es- 
ta fiesta los vecinos de aquel barrio estaban cantan- 
do sentados, y tañían sonajas todo un día en el di- 
cho templo, y ofrecían flores en el mismo. Estas flo- 
res que se ofrecían, eran como primicias, porque 
eran las primeras que nacían aquel año, y nadie osa- 
ba oler flor ninguna, hasta que se ofreciesen en el 
templo ya dicho las primicias de las flores. En es- 
ta fiesta hacían unos tamales que se llamaban tzatza- 
paliamali, hechos de bledos ó cenizos, principalmen- 
te hacían estos tamales los del barrio llamado Coa- 
tlan, y los ofrecían en el mismo Cú delante de la 
diosa que ellos llamaban Coatlyate, por otro nombre 
Coatlantonan á la cual estos maestros de hacer flo- 
res tenían grao devoción. En esta misma fiesta es- 
condían en alguna cueva los cueros de los cautivos 
que habían desollado en la fiesta pasada, porque ya 

(a) Lo mismo qus visónos en la guerra como cadetes, ó sea 
aprendices. 

(b) Véase mi Chimalpain tom. 1.° pág. 217. 
(e) Clavijero lo llama Tlacaxipehualixtli. Pág, 267 tom. 1.* 




íM\ 



estaban hartos de traerlos vestidos; y porque yá se 
veían algunos enfermos de sarna ó de los ojos, ha- 
cían promesa de ir á ayudar á esconder estos pelle- 
jos, porque los escondían con procesión, y con mu- 
cha solemnidad, iban estos enfermos á esta proce- 
sión para sanar de sus enfermedades, y dicen que 
algunos de ellos sanaban, y atribuíanlo á esta proce- 
sión y devoción que tenian. Con grandes ceremonias 
se concluía esta fiesta, y también con grandes cere- 
monias se lavaban los que habían traído los pelle- 
jos vestidos. Los dueños de los cautivos, y todos los 
de su casa, no se lavaban ni bañaban las cabezas 
hasta la conclusión de la fiesta, casi por espacio de 
veinte días: hecho lo dicho, lavaban y bañábanse ellos 
y ios de su casa, esto es los que habían traído los pellejos 
vestidos. Este lavatorio se hacia allí en el Cu con 
agua mezclada con harina ó con masa de maíz, y de 
allí iban á bañarse en la agua común, y no se la- 
vaban ellos por sí mismos, sino lavábanlos otros, no 
refregándoles el cuerpo con las manos, sino dándo- 
les palmadas con las manos mojadas en el cuerpo: 
decían que así salía la grosura del pellejo que ha- 
bía traído vestido. También los dueños de los cauti- 
vos, los de su casa (hecho todo esto) se lavaban y ja- 
bonaban las cabezas, de lo cual se habían absteni- 
do veinte dias, haciendo penitencia por su cautivo di- 
funto. Después de todo lo dicho, el dueño del escla- 
vo que había muerto, ponía en el patio de su ca" 
sa un globo redondo hecho de petate con tres pies, 
y encima del globo ponía todos los papeles con que 
se había aderezado el cautivo cuando murió. Después 
buscaba un mancebo valiente, y componíale con to- 
dos aquellos papeles, y estando compuesto con ellos, 
dábanle una rodela en la una mano, en la otra 
le ponían un bastón, y salía corriendo por las ca- 
lles como que queria maltratar á los que topase, y 
todos huían de él, y todos se alborotaban, y en vién- 



97 
dolo decían: ya viene el íetzonpac, y si alcanzaba á al- 
guno, tomábale las mantas, y todas cuantas tomaba 
las llevaba y las arrojaba en el patio de aquel que 
le habia compuesto con los papeles. Después de es- 
to, el dueño del cautivo que habia muerto, ponia en 
el medio del patio de su casa un madero como co- 
lumna, por el cual todos conocian que habia cauti- 
vado en la guerra; aquello era el blasón de su va- 
lentía. Después de esto, tomaba el hueso del muslo 
del cautivo, cuya carne habian ya comido, y compo- 
níale con papeles, y con una soga le colgaba de aquel 
madero que habia hincado en el patio, y para el dia 
que le colgaba, convidaba á sus parientes y amigos, 
y á los de su barrio, y en presencia de ellos le col- 
gaba, y les daba de comer y beber aquel dia. Hacían 
ciertas ceremonias con el pulcre que daba á beber, y 
todos este dia cantaban los cantares de su casa. To- 
das estas cosas pasaban dentro de veinte dias, hasta 
llegar Veytocoztli. 

CAPÍTULO XXIII. 

De la fiesta y ceremonias que hadan en las ¡calendas del 
cuarto mes que se llamaba veytocoztli. (a) 

Al cuarto mes llamaban Veytocoztli-. y en este 
hacían fiesta al dios de las míeses llamado Tcinteutl v 
y á la diosa de los mantenimientos llamada Chicóme- 
coatí Antes que celebrasen esta fiesta ayunaban cua- 
tro días, y en estos ponían espadañas junto á 
las imágenes de los dioses, muy blancas, y muy cor- 
tadas, ensangrentada la parte de abajo donde tiene 
la blancura con sangre <3e las orejas, ó de las pier- 
nas. Este servicio hacían los mancebos y muchachos 
en las casas de los principales mercaderes y ricos: 
ponían también unos ramos que se llaman acxoiatl; ha- 
cían también delante de las diosas, ó de sus altares 
(a) Clavijero le llama Huátozoztli. pág. 207, tom. 1 f 






. 



98 
unos lechos de heno, y Jas orillas de ellos, entrete- 
jíanlas como orilla de peíate; lo demás del heno es- 
taba todo revuelto echado á mano, y después de lo 
arriba dicho, hacían muchas maneras de mazamorra, 
y estando muy caliente y casi hirviendo echábanlo 
en sus caxetes en la casa que llamaban Telpuchcalli, 
A la mañana los mancebos y muchachos andaban por 
las casas donde habian enramado los dioses, y pe- 
dían limosna cada uno por sí, ninguno andaba jun- 
to con otro: dábanlos aquella mazamorra para que 
comiesen, y los mancebos de los cues que llamaban 
Tlamaztoíon, llevábanlos al calmecac, allí la comían, y 
los mancebos del pueblo que llamaban Telpupuchti lle- 
vábanla al telpuchcaíli, y también allí la comian. Des- 
pués de esto iban todos por los maizales y por los 
campos, y traían cañas de maíz y otras yerbas que 
llamaban mecoatl, con las cuales enmonaban al dios 
de las mieses, cuya imagen cada uno tenía en su ca- 
sa, y componíanla con papeles, y poníanla comida 
delante de esta imagen, que eran cinco chiquiviles con 
sus tortillas, y encima de cada chiquivitl una rana asa- 
da de cierta manera guisada, y también ponían de- 
lante de esta imagen un chiquivitl de harina de chian 
que ellos llaman pinolli, otro chiquivitl con maíz tos- 
tado, revuelto con frisóles. Cortaban un cañuto de maíz 
verde, y henchinale de todas aquellas viandas, tomando 
de cada cosa un poquito, y ponían aquel cañuto so- 
bre las espaldas de la rana como que le llevaba 
acuestas. Esto hacían cada uno en su casa, y por 
esto llamaban esta fiesta calionaoac, y después á la 
tarde llevaban todas estas comidas al Cu de la dio- 
sa de los mantenimientos llamada Chicomecoatl á la 
rebatinga con ello, y lo comian todo. En esta fiesta 
llevaban las mazorcas de maíz que tenían guardadas 
para semilla al Cu de dicho mecoatl, y de cinteutl pa- 
ra que allí se hiciesen benditas; llevábanlas mozas 
que eran unas muchachas vírgenes acuestas envuel- 



09 
tas en mantas, no mas de siete mazorcas cada una; 
echaban sobre las mazorcas gotas de aceite de ulli 
y envolvíanlas en papeles. Las doncellas llevaban to- 
dos los brazos emplumados con pluma colorada, y 
también las piernas: ponianlas en la cara pez derre- 
tida que ellos llaman chapopoctli, salpicada con niarga- 
gita. Cuando iban por el camino iba con ellas mucha 
gente rodeándolas, y todas las iban mirando sin apar- 
tar los ojos de ellas; pero nadie osaba, hablarlas, y 
si por ventura algún mancebo travieso las decía al- 
guna palabra de requiebro, respondía alguna de las 
viejas, que iban con ellas, ¿y tú cobarde hablas, viso- 
ño? ¿Tú habías de hablar? ¿Piensa en como hagas al- 
guna hazaña para que te quiten la guedeja de los cabe- 
llos que traes en el cogote en señal de cobarde y de hom- 
bre para poco, cobarde visoño, no habías de hablar aquí; 
tan mu ser eres tu como yo, tú nunca has salido de de- 
tras del fuego. De esta manera estimulaban á los man- 
cebos para que procurasen ser esforzados para las 
cosas de la guerra, y alguno de los mancebos que 
tomaba por sí esta reprehensión, respondía diciendo: 
"Muy bien está dicho señora, yo lo recibo en merced, yo 
haré lo que V. me manda, é iré donde haga alguna co- 
sa por donde me tengan por hombre, yo tendré cuidado: 
querria mas dos cacaos que á vos y á vuestro linaje: po- 
neos de lodos en la barriga, rascáosla, y poneos la una pier- 
na sobre la otra, y echaos á rodar por esc polvo: allí es- 
tá una piedra áspera, daos con ella en la cara, y en las 
narices para que os salga sangre, y si mas quisiereis ahu- 
geraos la garganta con un tizón para que escupas por 
allí, ruegoos que calléis y os pongáis en vuestra paz. (a) 
Aunque de esta manera respondían á la muger que 
lo reprehendía, era por mostrar animo, que bien que- 

(a) Esta fraseología que podemos llamar de retobos de berdu- 
leras, nos es hoy desconocida, sin duda son como dicharachos 6 
refranes antiguos mexicanos sin uso. 



100 
daban lastimados los mancebos de las palabras de la 
que los había reprehendido, y después decian entre sí: 
"ofrezcola al diablo la bellacona, y como nos ha re- 
aprehendido tan de agudo, que nos ha lastimado el co- 
„razon con sus palabras; amigos es menester que vá- 
„yamos á hacer alguna cosa, por la que nos tengan 
„en algo...." Después que habian llevado al Cú las ma- 
zorcas de maíz volvíanlas á sus casas: echábanlas 
en el hondón de la trox, y decian que era el cora- 
zón de ella, y en el tiempo del sembrar, sacábanlas 
para ello, y este maíz servia de semilla. Esta fiesta 
hacían á honra dé la diosa llamada Chicomecoatl, la 
cual imaginaban como muger, y decian que de ella 
eran los mantenimientos del cuerpo necesarios para 
conservar la vida humana, porque á cualquiera que 
le falta los mantenimientos se desmaya y muere. De- 
cían también que ella hacia todos los géneros de maíz 
y de frisóles, y cualesquiera otras legumbres para co- 
mer, y también todas las maneras de chian, y por es- 
to la hacían fiesta con ofrendas de comida, y con 
cantares y con bailes, y con sangre de codornices. To- 
dos los ornamentos con que la aderezaban eran ber- 
mejos y curiosamente labrados: en las manos la po- 
nían cañas de maíz.=De esta manera acababan la fies- 
ta de esta diosa, y comenzaban con danzas la fiesta 
que se sigue. 

CAPÍTULO XXÍV. 

De la fiesta que se hacia en las ¡calendas del quinto mes 
que se llamaba toxcatl. (a) 

Al quinto mes llamaban toxcatl. En este mes 
hacían fiesta y pascua á honra del principal dios lla- 
mado Tezcatlipoea, por otro nombre Tlitacaoan, por 
otro Yautl, por otro TelpuchtU y por otro Tlamatzin- 
(a) Este mes comenzaba según Clavijero en 17 de mayo. 



101 

catl. En esta fiesta mataban un mancebo muy aca- 
bado en disposición, al cual habían mantenido por 
espacio de un año en deleites: decian que era la ima- 
gen de Tezcatlipoca. Muerto el mancebo que estaba 
de un año regalado, luego ponían otro en su lugar 
para chiquearlo por espacio de otro año, y de estos 
teuiau muchos guardados, para que luego succediese 
otro al que. habia muerto. Escogíanlos entre todos 
los cautivos los mas gentiles hombres, y teníanlos guar- 
dados los Calpixques: ponían gran diligencia en que 
fuesen los mas hábiles y mas bien dispuestos que se 
pudiesen haber, y sin tacha ninguna corporal. Al man- 
cebo que se criaba para matarle en esta fiesta, en- 
señábanle con gran diligencia que supiese bien tañer 
una flauta, y tomar y traer las cañas de humo y las 
flores según que se acostumbra entre los principa- 
les y palaciegos; enseñábanle asimismo a ir chupan- 
do el humo, y oliendo las flores, andando como se 
acostumbra entre los principales, y entre gente de cor- 
te. Estos mancebos estando aun en el poder de los 
capilxques, antes que se publicasen por destinados pa- 
ra morir, tenían gran cuidado los mismos calpixques de 
enseñarlos toda buena crianza en hablar y en salu- 
dar á los que encontraban por la calle, y en todas 
las otras cosas de buenas costumbres; porque cuan- 
do ya eran señalados para morir en la fiesta de es- 
te dios por aquel año en que ya se sabía de su 
muerte, todos los que le veían le tenían en gran re- 
verencia, y le hacían grande acatamiento, y le ado- 
raban besando la tierra: y si por el buen tratamien- 
to que le hacían engordaba, dábanle á beber agua 
mezclada con sal, para que se parase censeño. (a) 
Luego que este mancebo era destinado para morir 
en la fiesta de este dios, comenzaba á andar tañen- 
do su flauta por las calles, llevando flores y caña do 

U) Es decir se purgase, y no se viciase en grosura. 
fom. I. 16 




humo. Tenia libertad de noche y de dia, de andar 
por todo ei pueblo, y andaban con él acompañán- 
dole siempre ocho pages ataviados á manera de los 
de palacio. En siendo dado á conocer este mance- 
bo para ser sacrificado en la pascua, luego el señor 
le ataviaba con atavies curiosos y preciosos, por- 
que ya le tenia como en lugar de dios, y enviában- 
le todo el cuerpo y la cara, enplumábnale la cabeza 
con plumas blancas de gallina pegadas con resina, 
criaba los cabellos hasta la cinta: después de 
haberle ataviado de ricos adornos, ponianle una 
guirnalda de llores que llaman izquixuchitl, y un sar- 
tal largo de las mismas, cargado desde el hombro 
al sobaco de ambas partes: ponianle también en las 
orejas un ornamento como sarcillos de oro, y al cue- 
llo un sartal de piedras preciosas: colgábanle un joyel 
de una piedra preciosa blanca, que colgaba hasta" el 
pecho: ponianle un barbote largo, hecho de caracol 
marisco: llevaba en las espaldas un ornamento co- 
mo bolsa de un palmo en cuadro, de lienzo blanco 
con sus borlas y flocadura: ponianle también en los 
brazos encima de los codos, y en las morcillas délos 
brazos, unas axórcas de oro en ambos brazos: colo- 
cábanle también en las muñecas unos sartales de pie- 
dras preciosas que ellos llaman macuextli, que le cu- 
brian casi todas las muñecas basta el codo: cubrían- 
le con una manta rica hecha á manera de red, con 
lina flocadura [a] muy curiosa por las orillas: ponianle 
también ceñido una pieza de lienzo muy curiosa, que 
ellos usaban para cubrir las partes bajas que llama- 
ban maxllath las estremidades de este maxtlaíl eran muy 
labradas, de tanta anchura, como un pa*mo de todo 
el ancho del lienzo: colgaban estas estremidades por 
la parte delantera, casi hasta la rodilla: ponianle tam- 
bién unos cascabeles de oro en las piernas, que iba 

(a) O guarnición hecha de flecos. 



103 

sonando por doquier que iba: poníanle unas colaras 
[a] muy pintadas y curiosas, que las llamaban oceluna- 
cace; de esta manera ataviaban á este mancebo que 
habian de matar en esta fiesta. Estos eran los ador- 
nos del principio del año: veinte días antes de lle- 
gar á esta fiesta, mudábanle las vestiduras con que 
hasta allí habia hecho pompa, y lavábanle la tintura 
que hasta allí solia traer, y casábanle con cuatro don- 
cellas, con las cuales tenia conversación aquellos vein- 
te días que le restaban de vida, y cortábanle los ca- 
bellos á la manera que los usaban los capitanes: ata- 
banados como una borla sobre la corona de la ca- 
beza, con una franja curiosa: poníanle en aquella ata- 
dura de ios cabellos dos borlas con sus botones, 
hechas de pluma, y oro y tochomitl muy curiosas, que 
ellos llamaban aztaxelli. Las cuatro doncellas que le 
daban por sus mugeres, también eran criadas en mu- 
cho regalo para aquel efecto, y las ponían los nom- 
bres de cuatro diosas: á la una llamaban Xochiquet- 
zail, á la otra Xilonen, á la tercera Jtlatonan, y á la 
cuarta Vixtocioatl. Cinco días antes de llegar á la fies- 
ta donde habian de sacrificar á este mancebo, hon- 
rábanle como á dios. El señor se quedaba solo en 
su casa, y todos ios de la corte le seguían, [b] y se ha- 
cían solemnes banquetes y areytos ó bailes, con muy 
ricos atavíos. El primer día le hacían fiesta en el bar- 
rio que llaman Tecanman: el segundo donde se guar- 
daba la imagen de Tezcaílipoca: el tercero en el moa- 
tecillo: el cuarto que se llama Tepetzinco que está en 
la laguna ilquioa, antlalpia, antlalcuya, iniconllalpia, itoci. 
El cuarto en otro montecillo que está también en la lagu- 
na que se llama Tepepidco, Acabada esta cuarta fies- 
ta, poníanlo en una canoa en que el rey solia an- 
dar cubierta con su toldo, y con él á sus mugeres 
que le iban consolando, y partiendo de Tepepulco, na- 

(a) Especie de calzado ó sandalias. 

[b] Parece que ha de decir le imitaban. 






. . 



104 

vegaban acia una parte que se llama tlapizaoaian, 
que es cerca del campo de Iztapalapan, que vá acia 
Chalco, donde está un monteeillo que se llama Acaquilpan, 
Okoaiíepec: en este lugar le dejaban sus mugeres y to- 
da la otra gente, y se volvian para la ciudad: sola- 
mente le acompañaban aquellos ocho pages que ha- 
bian andado con él todo el año. Llevábanlo luego á 
un Cil pequeño y mal aliñado que estaba á orilla del 
camino, y fuera de poblado, distante de la ciudad 
una legua ó casi. Llegado á las gradas del Cú, él mis- 
mo se subía por ellas arriba, y en la primera gra- 
da hacia pedazos una de las flautas conque habia 
tañido en el tiempo de prosperidad, en la segunda 
rompía otra, y en la tercera otra, y así las acaba- 
ba todas subiendo por las gradas. Llegando arriba á 
lo mas aHo del Cú, estaban aparejados los Sátrapas, 
que le habian de matar, y tomábanle y echábanle so- 
bre el tajón de piedra, y teniéndole por los pies y 
por las manos, y por la cabeza, echado de espaldas 
sobre el tajón, el que tenia el cuchillo de piedra me- 
tíasele por los pechos con un gran golpe, y tornán- 
dole á sacar, metía la mano por la cortadura que ha- 
bia hecho el cuchillo, y arrancábanle el corazón que 
ofrecia kego al sol. De esta manera mataban á to- 
dos los que ^aerificaban: á este no le echaban por las 
gradas abajo como á los otros, sino que le toma- 
ban cuatro hombres, y bajábanle luego al patio, y 
allí le cortaban la cabeza y la espetaban en un pa- 
lo que llamaban tzompantli. Así acababa su vida es- 
te infeliz que habia sido regalado y honrado por 
espacio de un año. Decian que esto significaba 
que los que tienen riquezas y deleites en su vida, 
al cabo de ella han de venir á terminar en pobreza 
y dolor. En esta misma fiesta hacian de masa que 
se llama tzoalli, la imagen de Vitzilopodli tan alta co- 
mo un hombre hasta la cinta, y en el Cú que llama- 
ban Fitznaoac, hacian para ponerla un tablado: los ma- 



deros de él eran labrados como culebras, y tenían las 
cabezas atadas cuatro partes del tablado, contrapues- 
tas las unas á las otras, de manera que acia to- 
das cuatro partes habia colas y cabezas. A la ima- 
gen que hacian poníanla por brazos unos palos de miz- 
guitl, y luego lo henchian todo do aquella masa, has- 
ta hacer un bulto de uo hombre; hacian esto en la 
casa donde siempre se guardaba la imagen de ViU 
zilopuchtli. Acabada de hacer, componíanla luego con 
todos los atavíos de este dios, vestíanle una xaque- 
ta de tela labrada de besos de hombres, cubríanle con 
una manta de nequen de tela muy rala, poníanle en 
la cabeza una corona á manera de escriño (a) que ve- 
nia justa á la cabeza, y en lo alto ibase ensanchando 
labrada la pluma. Sobre papel del medio de ella sa- 
lía un mástil, también labrado de pluma, y en lo al- 
to del mástil estaba engerido un cuchillo de peder- 
nal á manera de hierro del ancón ensangrentado hasta 
el medio: cubríanle otra manta ricamente labrada de plu- 
ma rica. Tenía esta manta en el medio una plancha de 
oro redonda hecha de martillo: abajo ponían unos besos 
hechos de tzóatti cerca de los pies de la imagen, y 
cubríalos la misma manta que tenía cubseria en la 
cual estaban labrados los besos, y miembros de una 
persona despedazada. A esta manta labrada de esta 
manera llamaban Tlaquaquallo. Otro ornamento hacían 
para honra de este dios, que consistía en un pape- 
lón que tenía veinte brazas en largo, y una de an- 
cho, y un dedo de grueso. Este papelón lo llevaban 
muchos mancebos recios delante de la imagen asi- 
dos de una parte y de otra del papelón, y todos de- 
lante de la imagen; y porque el papelón no se que- 
brase, llevábanle entablado con unas saetas que ellos 
llamaban teumitl, las cuales tenían plumas en tres par- 
tes junto el casquillo, y en el medio, y al cabo, iban 

(a) A manera de canasta tejida de céspedes. 




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106 

estas saetas una debajo, y otra encima de! papel; to- 
mábanlas dos, uno de una parte, y otro de otra lle- 
vándolas asidas ambas juntas con las manos, y con 
ellas apretaban el papelón una por encima, y otra por 
debajo. Acabada de componer esta imagen de la ma- 
nera ya dicha, alzaban el tablado sobre que es- 
taba puesta muchos capitanes, y hombres de guer- 
ra, y unos de una parte y otros de otra ibanla lle- 
vando como en andas, y delante de ella iba el pa- 
pelón, y todos los que le llevaban iban en procesión 
cantando sus cantares del mismo dios, y bailando de- 
lante de él con grande areyto. Llegando al Cú don- 
de le habían de subir, llevaban con unas cuerdas ata- 
do el tablado por las cuatro esquinas, y asian de las 
cuerdas para subirle de manera que fuese muy lla- 
no., y que a ninguna parte se acostase la imagen, y los 
que llevaban el papelón subian delante, y los que lle- 
gaban primero á lo alto comenzaban á cojer el pa- 
pel enrollándole, así como iban subiendo iban en- 
rollando con gran tiento para que no se quebrase, 
ni rompiese; y las saetas ibanlas sacando y dában- 
las á quien todas juntas las tuviese hechas un haz. 
En llegando arriba la imagen, poníanle en su lugar, 
ó silla donde habia de estar, y el papelón que ya es- 
taba enrollado atábanle muy bien porque no se tor- 
nase á desenrollar, y poniansele delante del tabladi- 
11o en que estaba la imagen. Después de haber asen- 
tado el tabladilío sobre que estaba la imagen en lo 
alto del Cü, (y puesto el papelón enrollado junto al 
tablado,) bajábanse todos los que le habían subido, y 
solamente quedaban allá los que la habian de guardar, 
que eran los Sátrapas de los ídolos. Cuando lo aca- 
baban de subir que era á puestas del sol, hacian ofren- 
das á la imagen de tamales, y otras comidas. Otro 
dia en amaneciendo, cada uno hacia ofrenda en su 
casa de comida á la imagen del mismo Vitzilopuch- 
tli, que tenía en su casa, y todos ofreciau sangre de 



107 

codornices delante de la imagen que hablan puesto 
en el Cú. Primero comenzaba el señor, que arrancaba la 
cabeza á cuatro codornices que ofrecía al ídolo re- 
cien puesto, luego ofrecian los Sátrapas, y después 
todo el pueblo, y en arrancando la cabeza á la co> 
dorniz arrojábanla delante del ídolo; allí andaba re- 
boleando hasta que se moría, y los escuderos y hom- 
bres de guerra del rey cogían las codornices después 
de muertas, y hacíanlas pelar, asar y salar, y divi- 
díanlas entre sí: parte de ellas tocaba al señor, 
primeramente á los principales, y luego á los Sá- 
trapas , y después á los escuderos : todos lleva- 
ban braseros, y en el Cú encendían lumbre y ha- 
cían brasa: llevaban también eopalli, y sus incensarios 
de barro como casos ahugerados y muy labrados que 
ellos llamaban tlemaitl; llevaban también copal de to- 
das maneras, é iban procediendo en las ceremonias 
del servicio de aquel dios. Los Sátrapas llegando á 
cierto punto, tomaban brasas en sus incensarios, y 
echaban allí el copal ó incienso, é incensaban acia 
la imagen de Vitzilopuchtli, que poco antes habían pues- 
to en el Cú. No solamente en este lugar se hacia 
esta ceremonia, sino también en todas las casas por 
sus dueños de ellas, é incensaban á todas las esta- 
tuas de los dioses que en dichas casas tenían; después 
acabando de incensar, echaban las brasas en un ho- 
gar redondo dos palmos, ó casi alto de tierra, que 
estaba en medio del patio al cual llamaban tkxictli. 
En esta fiesta todas las doncellas se afeitaban las 
caras, y componían con pluma colorada los brazos, 
y las piernas, y llevaban todas unos papeles puestos 
en unas cañas tendidos que llamaban tetelvitl, el pa- 
pel era pintado con tinta. Otras que eran hijas de 
señores, ó de personas ricas no llevaban papel, sino 
unas mantas delgadas que llamaban ccmaoc; también 
las mantas iban pintadas de negro, á manera de vir- 



: . 









108 
gulas (a) de alto á bajo, llevando en las manos es- 
tas cañas, con sus papeles, ó mantas altas, andaban 
la procesión con la otra gente á honra de este dios. 
y también bailaban estas doncellas con sus cañas y 
papeles asidas ambas (b) manos en derredor del fo- 
gón, sobre el cual estaban dos escuderos teñidas las 
caris con tinta, y traían acuestas unas como jaulas 
hedías de tea, en las orillas de las cuales iban la- 
cadas unas banderitas de papel, y llevábanlas acues- 
tas no asidas de la frente corno las largas de los hom- 
bres, sino atadas á los pechos, coreo suelen llevar 
las cargas las mugeres. Estas al rededor del fogón 
en lo alto guiaban la danza de las mugeres, bailan- 
do al modo que ellas lo hacen. También los Sátra- 
pas del templo bailaban con sus compañeros unos y otras 
bailando saltaban, y llamaban á este baile toxcachocho- 
loa, que quiere decir saltar, ó baliar, en la fiesta de 
Toxcatl. Llevaban los Sátrapas unas rodajas de pa- 
pel en las frentes fruncidas á manera de rosas. To- 
dos los Sátrapas llevaban emplumadas las cabezas con 
pluma blanca de gallina, y los labios, y primeramente 
de los rostros enmelados, de manera que relucia la 
miel sobre la tinta de la cara, la cual siempre traían 
teñida de negro, Los Sátrapas llevaban unos paños 
menores que ellos usaban de papel, que llamaban amas- 
maxtli, y en las manos llevaban unos cetros de pal- 
ma, en la punta de los cuales iba una flor de plu- 
ma negra por remate del cetro, y en lo bajo una bo- 
la también de pluma negra por remate del mismo 
cetro. A este llamaban cuiilacuchtti, por razón de la 
bola que llevaba abajo en el remate, La parte por 
donde llevaban asidos estos cetros iba envuelto con 
un papel pintado de listas, ó rayas negras, y cuan- 
do estos iban danzando llegaban al suelo con el ce- 

(a) O baritas pequeñas. 

(b) Aun usan de mas llevando listones con los que tejen cu- 
riosamente enderredor un madero. 



tro como sustentándose con él, según los pasos que iban 
dando; y los que hacían el son para bailar estaban 
dentro de una casa que llamaban cctlpulco, de manera 
que no se veían los unos á los otros, ni los que bailaban 
á los que tañían, ni los que tañían á los que bailaban. Es- 
tos que tañian estaban todos sentados: enmedio de 
ellos estaba colocado el atabal, y todos tañian so» 
najas y otros instrumentos que ellos usan en los arey- 
tos. Toda la gente del palacio, y aun la de guer- 
ra, viejos y mozos, danzaban en otras partes del pa- 
tio trabados de las manos y culebreando, á manera 
de las danzas que los populares hombres y mugeres 
hacen en Castilla la vieja: entre estos también dan- 
zaban las mugeres doncellas, afeitadas y emplumadas 
de pluma colorada todos los brazos y todas las pier- 
nas, y llevaban en las cabezas puestos unos capille- 
jos, compuestos en lugar de flores, con maíz tosta- 
do que ellos llaman momochitl, que cada grano es co- 
mo una flor blanquísima. Estos* capillejos eran á la 
manera que los capillejos de ñores que usan las mo- 
zas en campos de Castilla por mayo. Llevaban tam- 
bién unos sartales de !o mismo, colgados desde el 
hombro, hasta el sobaco de ambas partes. A este mo- 
do de danzar, llaman tlanaoa, que quiere decir abra- 
zado; quinaoainVitzihpochtU, abrazar á Vitzilopuchtlii 
todo esto se hacia con gran recato y honestidad; y 
si alguno hablaba ó miraba deshonestamente, luego 
le castigaban, porque había personas puestas que ve- 
laban sobre esto- (a) Estos bailes y danzas duraban 
hasta la noche. Cuando por espacio de un ano re- 
galaban al mancebo que arriba se dijo era imagen 
de Tlitacaoan, y le mataban en el principio de esta 
fiesta, juntamente criaban otro, que llamaban Yxteu- 

(a) Estos son los Huehües ó viejos que todavía Ufan en sus 
danzas, regaladores de los movimientos y de la decencia; traen 
un látigo en la mano, y lo vibran como para intimidar ó impo- 
ner á los danzantes. 

Tom 1. 17 



110 



cali, y por otro nombre Tlacabepan, y por otro Tci- 



¡htz 



m, y 



andaban ambos juntos, aunque á este no 
le adoraban como al otro, ni le tenían en tanto. Aca- 
badas todas las fiestas ya dichas, y regocijos y ce- 
remonias, al cabo mataban á este Tlacabepan, el cual 
era imagen de Vitzilopochtli: para haberle de matar, 
componíanle con unos papeles todos pintados con 
unas ruedas negras, y le ponian una mitra en la ca- 
beza hecha de plumas de águila, con muchos pena- 
chos en la punta, y en medio de los penachos lleva- 
ban un cuchillo de pedernal enhiesto, y teñido la mi- 
tad con sangre: iba adornado este pedernal con plu- 
mas coloradas: llevaba en las espaldas un ornamen- 
to de un palmo en cuadro, hecho de tela rala, al 
cual llamaban icuechin, atadas con unas cuerdas de al- 
godón á los pechos, y encima del evechin llevaba una 
taleguilla que llamaban patoxin. Llevaba también en uno 
de los brazos otro ornamento de pellejo de bestia fie- 
ra á manera del manípulo, que se usa en la misa, 
y á este llamaban imaiacax. Llevaba asimismo unos 
cascabeles de oro, atados á las piernas, como los 
Ueban los que bailan: adornado de este modo, dan- 
zaba con los otros en esta fiesta, y en las danzas ple- 
beyas iba delante guiando. Este, él mismo y de su 
voluntad, y á la hora que queria, se ponia en las ma- 
nos de los que le habían de matar. Aquellos Sátra- 
pas que les tenian para cuando los mataban, los lla- 
maban Tlatlacaanahi; en las manos de estos le cor- 
taban los pechos y le sacaban el corazón, y después 
le cortaban la cabeza, y la espetaban en el izom- 
panili, junto á la del otro mancebo de que dijimos al 
principio. Este mismo dia los Sátrapas del templo 
daban unas cuchilladas con nabaja de piedra á los 
niños y ñipas en el pecho, estómago, y en los mor- 
cillos de los brazos, y en las muñecas. Parece que 
estas señales eran como hierro ó marca del demo- 
nio, con que herraba á sus obejas, y los que ahora 



todavía hacen estas señales no carecen de mácula 
de idolatría, si después del bautismo las recibieron. 
Cada año en esta fiesta señalaban á los niños y ni- 
ñas con estas señales. 

CAPÍTULO % XXV. 

De la fiesta y sacriñcios que hacían en las kalendas del 
sesto mes, que se llamaba etzalqúaliztli. 

Al sesto mes llamaban EtzalqüaliztlL En este 
hacían fiesta á honra de los dioses de la lluvia, que 
llaman Tlaloqucs. Antes de llegar á esta fiesta los Sá- 
trapas de los ídolos ayunaban cuatro dias, y antes 
de comenzar el ayuno, iban por juncias á una fuen- 
te, que está junto el pueblo que llaman Citlaltcpec, por- 
que allí se hacen muy grandes y muy gruesas, las 
cuales llaman astapillin, 6 tohnomilli: son muy largas, 
y todo lo que está dentro del agua es muy blanco. 
Arrancábanlas en una fuente que se llama Temilco, 
ó Tepexit, 6 Ostoc. Después que las habían arranca- 
do, hacíanlas haces, y envolvíanlas en sus mantas 
para llevar acuestas, y atábanlas con sus mecapa- 
les con que las habían de llevar; luego se partían, 
llevándolas enhiestas, y no atravesadas. Los ministros 
de los ídolos cuando iban por estas juncias, y cuan- 
do volvían con ellas, tenían por costumbre de ro- 
bar á cuantos encontraban por el camino; y como to- 
dos sabían esta practica, cuando iban y cuando vol- 
vían, nadie parecía por los caminos, ni nadie osaba 
caminar; y si con alguno encontraban luego le to- 
maban cuanto llevaba, aunque fuese el tributo del 
rey; y si alguno se defendía, tratábanle muy mal á. 
golpes y coces, hasta arrastrarle por el suelo, y por 
ninguna cosa de estas penaban á estos ministros de 
los ídolos, por tenerlos en mucha estimación y reve- 
rencia. En llegando con las juncias al Cú donde eran 



112 

menester, luego las cocian y componían contrapues- 
tas, lo blanco á lo verde, á manera de mantas pin- 
tadas. Hacían también de estas juncias (ó tules) sen- 
taderos sin espaldares, y otros con ellos. Para iiacer 
estas mantas de juncias componíanlas en el suelo pri- 
mero, y luego cosianlas como estaban, compuestas 
con cuerdas hechas de raices de maguey. Llegado el 
ayuno que llamaban netlalocacaoaliztli, todos los Sátra- 
pas y ministros de los ídolos, se recogían dentro del 
calmecac en sus retraimientos: encerrábanse en este lu- 
gar los que llamaban Tlamacaztcquioaque, que quiere 
decir, Sátrapas que ya habían hecho hazañas en ¡a guerra, 
que habían cautivado tres ó cuatro. Estos aunque no 
residían continuamente en el Cu, en algunos tiem- 
pos señalados acudían á él á sus oficios: recogíanse 
también otros que llamaban tlamacazcayaque, que quie- 
re decir Sátrapas, que ya han cautivado uno en la guer- 
ra. Tampoco estos residían siempre en los oficios 
de los Cues, mas acudían en los tiempos señalados á 
sus oficios: recogíanse también otros que llamaban 
tlamacazquecuicanime, que quiere decir los Sátrapas 
cantores. Estos siempre residían en los Cues, porque 
aun ninguna hazaña habían hecho en la guerra. Des- 
pués de estos se recogían todos los otros ministros 
de los ídolos que eran menores, que llamaban Tía- 
macazteicahoan, que quiere decir ministros menores. Tam- 
bién se recogían otros muchachos, como sacrista- 
nejos, á los cuales llamaban Tlomacatoton, que quie- 
re decir ministros pequeñuelos. Después de estos 
tenían al rededor de los hogares aquellas mantas 
de juncias que habían hecho, á las cuales llama- 
ban aztapilpetlatl, que quiere decir petates jaspeadas de 
juncias blancas y verdes. Después de haberlos ten- 
dido, luego se aderezaban los Sátrapas de los ído- 
los para hacer sus oficios: vestíanse una xaqueta 
que ellos llamaban Xicotti, de tela pintada, y ponían- 
/ se en la mano en el brazo izquierdo un manípulo 



á la manera de los que usan los sacerdotes de la 
idesia, que ellos llaman matacaxtli: luego tomaba en 
la mano izquierda una talega con copal, y en la de- 
recha el incensario, tcmaitl, que es hecho de barro co- 
sido á manera de caso, ó sarteneja. De este modo adere- 
zados salíanse al patio del Cú, y puestos en medio del 
patio tomaban brazas en sus incensarios, y echaban 
sobre ellas copal, é incensaban acia las cuatro par- 
tes del mundo, oriente, septentrión, occidente, y me- 
díodia; habiendo incensado vaciábanlas brazas en los 
braceros altos, que siempre ardían de noche en el pa- 
tio, y tan altos como un estado, ó poco menos, y tan 
gruesos que dos hombres apenas los podian abrazar. 
El Sátrapa que habia ofrecido el incienso acabado su 
oficio entrábase en el Calmecac, que era como sacris- 
tía, y allí ponia sos ornamentos. Luego comenzaban 
los Sátrapas á ofrecer delante del hogar unas boli- 
llas de masa: cada uno ofrecia cuatro poniéndolas 
todas sobre los petates de juncias, y poníanlas con 
gran tiento, para que no se rodasen, ni meneasen, 
y si rodaba alguna de aquellas bolas los otros acu- 
sábanle de aquella culpa, porque habia de ser cas- 
tigado por ella, y así estaban con grande atención mi- 
rando á cada uno, como ponían su ofrenda para acu- 
sarle. A estas bolillas llamaban Vcntelolotli, y otros ofre- 
cían cuatro tomates, ó cuatro chiles verdes. Miraban 
también mucho á los que ofrecían, si traían alguna 
cosa de suciedad en sus mantas, como algún hilo, ó 
pajas, ó . cabello, ó pluma, ó pelos, y al tal luego le 
acusaban, y habia de ser castigado por ello; mirába- 
se también mucho si alguno tropezaba, 6 caía, por- 
que luego acusaban ai tal, y había de ser castiga- 
do por ello. En estos cuatro dias de su ayuno, jun- 
tamente con sus noches, todos andaban con mucho 
tiento, por no caer en la pena del castigo. Acabado 
de ofrecer cada día, venían unos viejos que llamaban 
Quaquaviltin, los cuales traían las caras teñidas de 



114 

negro tresquilados, salvo en la corona de la cabeza 
que tenía ios cabellos largos al revés de los clérigos. 
Estos cojian las ofrendas y dividíanlas entre sí todos 
estos cuatro dias. Esta era la costumbre de todos 
los Sátrapas, y de todos los cues, que cuando ayu- 
naban cuatro dias, á la media noche una hora des- 
pertaban y tañian cornetas, y caracoles, y otros ins- 
trumentos como llamando á maitines. En habiendo 
tocado de este modo, luego todos se levantaban, y 
desnudos sin ninguna cobertura iban á donde estaban 
las puntas de maguey, que el dia antes habian cor- 
tado, y traído para aquel efecto, con pedazos del mis- 
mo maguey; (a) y en cortando las puntas del maguey, 
luego con unas nabajitas de piedra se cortaban las 
orejas, y con la sangre que de ellas salía ensangren- 
taban las puntas del maguey que tenían cortadas, y 
también se ensangrentaban los rostros. Cada uno 
ensangrentaba tantas puntas de maguey, cuantas al- 
canzaba su devoción, unos cinco, otros mas, y otros 
menos. Hecho esto, luego todos los Sátrapas y mi- 
nistros de los ídolos iban á bañarse por mucho frió 
que hiciese, é iban tañendo caracoles marinos, y unos 
chiflos hechos de barro cocido. Todos llevaban acues- 
tas unas taleguillas atadas con unos cordeles de iztli 
con unas borlas a! cabo, y de otras colgaban unas 
tiras de papel pintadas, cosidas con las mismas tale- 
guillas que llamaban yiequachtli* y en aquellas talegas 
llevaban una especie de harina hecha á la manera de 
estiércol de ratones que ellos llaman yyaqualli, la que 
era confeccionada con tinta, y con polvos de una yer- 
ba que ellos llaman yietl, que es como beleños de cas- 
tilla. Iba delante de todos estos un Sátrapa con su 
incensario lleno de brazas, y con su talega de copal; 
todos llevaban una penca de maguey corta, en que 
iban hincadas las espinas que cada uno hakia de gas- 

(a) En estas pencas de maguey laa clavaban para que las puntas 
conservara su agudeza. 



tar. Delante de todos estos, iba uno de aquellos que 
llaman Quaquaviltin, y llevaba en el hombro una ta- 
bla tan larga como dos varas, y de ancho como un 
palmo, ó poco mas, dentro de esta tabla llevaban unas 
sonajas, y el que la llevaba iba sonando con ellas. Lla- 
maban á esta tabla aiochicaoaliztlí, ó nacatlquoavith to- 
dos los Sátrapas iban en esta procesión, y solo cuatro 
dejaban en Calmecac, ó su monasterio, los cuales lo 
guardaban entre tanto que ellos iban á cumplir sus 
devociones. Ocupábanse estos cuatro en eántar y ta- 
ñer en un atabal, y en menear unas sonajas estando 
sentados, y esto era un servicio que hacían á sus dio- 
ses, y aun ahora lo usan algunos. Llegados los Sá- 
trapas á la agua donde se habian de bañar, esta- 
ban cuatro casas cerca de aquella agua, á las cua- 
les llamaban aiauhcalli, que quiere decir casa de nie- 
bla. Hallábanse estas casas ordenadas acia las cua- 
tro partes del mundo. El primer día se metian todos 
en una de ellas, el segundo en la otra, el tercero en 
la tercera, el cuarto en la cuarta: como iban desnu- 
dos iban temblando, y otros batiendo los dientes de 
frió. Estando así comenzaba á hablar uno de ios 
Sátrapas que se llamaba Chalchiuhquacuilli y decia, coatí 
icomocaian, amoiotl, icaoacayan; atapalcatlynechiccana 
oaianaztapilquecuetlacaian, quiere decir, "este es lugar 
de culebras, lugar de mosquitos, lugar de patos y 
lugar de juncias,, "En acabando de decir esto el Sá- 
trapa, todos los otros se arrojaban en la agua, co- 
menzaban luego á chapalear con los pies en ella 
y con las manos, haciendo grande estruendo, y á bo- 
cear y á gritar, y á contrahacer las aves de la agua 
unos á las añades, otros á unas aves conocidas del 
agua que llaman pipitzti, otros á los cuerbos marinos, 
otros á las garzotas blancas, y otros á las garzas. Aque- 
llas palabras que decia el Sátrapa, parece que eran 
invocaciones del demonio para hablar aquellos lengua- 
jes de aves en la agua. Donde estos se bañaban es- 



>:•■■; 



116 

taban unos barales incados; cuatro dias arreo (a) ha- 
cían de esta manera. En acabándose de bañar salían- 
se del agua y tomaban sus alhajas que habían traí- 
do, y volvían á su monasterio desnudos, y tañendo -con 
sus pitos y caracoles, y en llegando al cálmecac echá- 
banse todos sobre aquellos petates de juncias ver- 
des, y cubríanse con sus mantas para dormir. Unos 
estaban muertos de frío, otros dormían, otros vela- 
ban, algunos dormían profundamente, otros con sueño 
liviano; algunos soñaban, otros hablaban entre sueños, 
otros se levantaban durmiendo, otros roncaban, otros 
resoplaban, otros daban gemidos durmiendo; todos es- 
taban revueltos mal echados, y hasta medio día no se 
levantaban: puestos ya en pie los ministros, y Sátrapas 
luego se aderezaban, el Sátrapa de los ídolos con sus 
ornamentos acostumbrados tomaba su incensario, 
é incensaba por todas las capillas y altares á todas 
las estatuas de los ídolos: iban delante de él acom- 
pañándole Sátrapas viejos llamados Quaquacuilti, En 
acabando de incensar en todas las partes acostumbra- 
das, luego íbanse todos á comer y se sentaban en cor- 
rillos para comer en el suelo, puestos en cuclillas co- 
mo siempre suelen hacerlo, y luego daban a cada uno 
su comida, como se la enviaban de su misma casa; y 
si alguno tomaba la comida agena, ó la trocaba, cas- 
tigábanle por ello. Eran muy recatados y curiosos que 
no derramasen gota, ni pizca de la comida que to- 
maban allí donde comían; y si alguno derramaba al- 
guna gota de la mazamorra que sobraba, ó del chiU 
molli, (b) en que mojaban, luego le notaban la culpa 
para castigarle, sino redimía su culpa con alguna pa- 
ga. Concluida la comida, luego iban á cortar ramas, 
que llamaban acxoiatl, y donde no babia estos ramos 
cortaban en su lugar cañas verdes, y traíanlos todos 
al templo hechos hacecillos, y sentábanse todos juntos 

(a) O sea continuos ó seguidos. 

(a) Salza de chile, voz que aun se usa en Qaxaca, 



117 

y esperaban" á la hora que les había de hacer señal 
para que fuesen á enramar las capillas que tenían por 
tareas señaladas. Hecha la sena que esperaban, ar- 
rancaban todos juntos con sus ramos y canas con 
priesa muy diligente, y cada uno iba derecho al lu- 
gar donde había de poner sus ramos; si alguno er- 
raba el puesto donde había de ponerlas cañas, ó que- 
daba atrás de sus compañeros, y no llegaba junta- 
mente con logr otros al poner de las cañas penában- 
le, y había de pagar una gallina 6 un mxxxtle, ó una 
manta, y los pobres pagaban una bola de masa en 
una jicara puesta. Estas penas eran para el acusan 
dor, y se pagaban en los cuatro días, porque en el 
quinto ninguno se podia redimir, sino que había de 
ser castigado. Llegada la fiesta, todos hacían la co- 
mida que se llama etzalli, no quedaba nadie que no 
la hiciese en su casa. Este etzalli era hecho de maíz 
cocido á manera de arroz, y era muy amarillo. Des- 
pués de hecho, todos comían de él, y daban á otros: 
después de comido, los que querían bailaban y re- 
gocijábanse, muchos se hacían zaharrones, (a) disfra- 
zados de diversas maneras, y traían en las manos 
unas ollas de asa que llamaban XacuicoUi; andaban 
de casa en casa demandando etzal, cantaban y bai- 
laban á las puertas, y decían sus cantarejos, y á la 
postre decían, si no me das el maíz, ahilerarte hé la ca- 
sa: el dueño de ella, luego les daba una escudilla de 
aquel alimento. Andaban (b) estos de dos en dos, 
ó de tres en tres &c: comenzaban este regocijo á la 
media noche, y cesaba en amaneciendo. Al salir el 
sol, aparejábanse los Sátrapas con sus ornamentos 

(a) O Moharrachos, es decir el que se disfraza ridiculamente 
para divertir: los Indios propenden á hacer escarseos y monadas pan- 
tomímicas en sus fiestas. 

(b) Así andan los muchachos en Méxic© en las noches inme- 
diatas á la noche buena. 



Tom. L 



18 



118 

acostumbrados, una raqueta debajo, y encima de ella 
una manta delgada trasparente, que.se llama aimih- 
quemitl, pintada de plumas de Papagayo aspadas ó cru- 
zadas. Después de ésto, poníanle acuestas una flor 
de papel grande redonda, á manera de rodela, y des- 
pués le ataban al colodrillo unas flores también de 
papel fruncidas, que sobraban á ambas partes de la 
cabeza á manera de orejas, como medios círculos: 
teñíanle la delantera de la cabeza con color azul, y 
sobre la color, echaban margagita. Llevaba este Sá- 
trapa colgando de la mano derecha una talega ó 
zurrón hecho de cuero de tigre, bordada con unos 
caracolitos blancos á manera de campanitas, que iban 
sonando los unos con los otros: á la una esquina del 
zurrón, iba colgando la cola del tigre, y á la otra 
los dos pies, y á la otra las dos manos. En este zur- 
rón llevaba incienso para ofrecer; mas éste compues- 
to de una yerba que llaman ytauhtli seca y molida, 
delante de este Sátrapa iba un ministro que llaman 
quaqualli, y llevaba sobre el hombro una tabla de an- 
chura de un palmo, y de largura de dos brazas: á 
trechos iban unas sonajas en esta tabla, unos peda- 
zuelos de madero rollizos y atados á la misma ta- 
bla, y dentro de ella iban sonando los unos con los 
oíros: llamábase esta tabla ayauhchicaoaztli. Otros .mi- 
nistros iban delante de este Sátrapa, y llevaban en 
brazos unas imágenes de dioses, hechas de aquella 
goma que salta y es negra, y la llaman tdli: cono- 
cíanse estas imágenes con el nombre de Ulíctev, que 
quiere decir dioses del tdli: otros ministros llevaban en 
brazos otros pedazos de copal hechos á manera de 
panes de azúcar en forma piramidal. Cada uno de es- 
tos pedazos de copal llevaba en la parte aguda una 
pluma rica que es de quetzal Estando ordenados de 
esta manera, tomaban las cornetas y caracoles, y lue- 
go comenzaban á ir por su camino adelante en es- 
ta procesión, la cual se hacia para llevar á los que 



119 

hablan hecho algún defecto de los que se dijeron 
atrás, al lugar donde los debían de castigar, y asi 
los llevaban presos en esta procesión. Caminaban asi- 
dos por los cabellos del cogote, para que no se hu- 
yesen: á algunos de ellos llevaban tomados por las 
maxtles que llevaban ceñidos, y á los muchachos sa- 
cristanejos que también habian hecho algún defecto, 
llevábanlos puestos sobre los hombros, sentados en 
un sentaderuelo (a) hecho de espadañas verdes, y los 
otros muchachos que eran mayorcillos iban asidos 
de la mano, y llevándolos á la agua donde ios ha- 
bían de castigar, los arrojaban en ella donde quiera 
que hallaban alguna laguna en el camino, y maltra- 
tábanlos de puñadas, y coces y empellones, y los ar- 
rojaban y revolcaban en el lodo de cualquiera lagu- 
na que estaba en el mismo camino. De esta mane- 
ra eran conducidos hasta la orilla del agua, donde 
los habian de zabullir, la cual llamaban Meco. Alle- 
gados á la orilla del agua el Sátrapa y los otros mi- 
nistros, quemaban papel en sacrificio, y las formas 
de copal que llevaban, y las imágenes de ulli, y echa- 
ban incienso en el fuego, y otro derramaba en rede- 
dor sobre las esteras de juncia con que estaba ador- 
nado aquel lugar. Juntamente con esto los que lle- 
vaban los culpados, arrojábanlos en la agua, cuyos 
golpes hacían gran estruendo, alzaban la agua echán- 
dola en alto, por razón de ios que caían en ella, j 
los que salían arriba, tornábanlos á zabullir; algu- 
nos que sabían nadar, iban por debajo del agua 
á sumorguio (a) y salían lejos, y así se escapaban: pero 
á los que no sabían nadar, de tal manera los fatiga- 
ban, que los dejaban por muertos á la orilla de! estanque 
allí los tomaban sus parientes, y los colgaban de los 
pies, para que echasen fuera el agua que habian be* 

(a) O sea siíleja á modo de Tapextli. 

[b] Entiendo que es aquel ronquido que dan dentro del agua los 

que nadan cuando abanzan manoteando con fugosidad. 

- «■ 







120 
bido, por las narices y por ]a boca. Esto acabado 
volvíanse todos por e! mismo camino que habían ve- 
nido en procesión: iban tañendo sus caracoles acia 
el Cú ó monasterio de donde habían venido, y á los 
castigados llevábanlos sus parientes á sus casas: iban 
todos lastimados y temblando de frió, y batiendo los 
dientes, y asilos llevaban á-sus familias para que con- 
valeciesen. En volviendo los Sátrapas de su monas- 
terio, echaban otra vez esteras de juncias como jas- 
peadas, y .también espadañas, y luego comenzaban el 
ayuno de cuatro días, al cual llamaban netlacacaoalizllL 
En este ayuno no se acusaban los unos á los otros* 
ni tampoco comían á medio día. En dichos cuatro 
dias, los saerisíanejos aparejaban todos los ornamen- 
tos de papel que eran menester para todos los mi- 
nistros, y también para sí: uno de estos ornamentos 
se llamaba tlaguechpamot?, que quiere decir ornamen- 
to que vá sobre el pescuezo: el otro se llamaba ama- 
cuexpalli, era ornamento que se ponían tras el colo- 
drillo, como una flor hecha de papel: el otro se lla- 
maba yiaiazlli, que era un zurrón para llevar incien- 
so, este que era de papel comprábase en el tianquiztli; 
así mismo compraban unos sartales de palo, los cua- 
les se vendían también en el mercado. Acabados los 
cuatro dias del ayuno, luego se adornaban los Sátra- 
pas con aquellos atavíos, y también todos los minis- 
tros. El día de la fiesta luego á la mañana se po- 
nían en la cabeza de color azul; poníanse en la ca- 
ra y en los rostros miel mezclada con tinta, y todos 
llevaban colgados sus zurrones con incienso, y bor- 
dados con caracolillos blancos. Los zurrones de los 
Sátrapas mayores, eran de cuero de tigre, y los de 
los otros menores eran de papel pintado á manera de 
tigre: algunos de estos zurroncillos los figuraban á 
semejanza del ave que se llama Atzitzicuilotl, y otros 
á manera de patos; todos llevaban sus inciensos en 
los dichos zurrones. Después de estar todos atavia- 



121 

dos, comenzaban luego sa fiesta, é iban en procesión 
al Cu, y delante de todos el Sátrapa del Tlaloc. Es- 
te llevaba en la cabeza una corona hecha á mane- 
ra de escriño, jtfsta á las sienes y ancha arriba, y 
del medio de ella salían muchos plumages. Llevaba 
la cara untada con ulli derretido que es negro como 
tinta, y una xaqueta de tela que se llamaba aiatl: 
llevaba asimismo una carantoña [a] fea con grande na- 
riz y una cabellera grande hasta la cinta: esta ca- 
bellera estaba ingerida con la carátula. Seguíanle to- 
dos los otros ministros y Sátrapas, é iban hablando 
como quien reza, hasta llegar al Cu de Tlaloc. En 
llegando el Sátrapa de aquel dios, parábanse, y lue- 
go tendian esteras de juncos, y también hojas de jun- 
cias empolvorizadas con incienso: luego sobre las es- 
teras ponían cuatro chalchiviies redondos á manera de bo- 
lillas, y luego daban al Sátrapa un garabatillo teñido con 
azul; con este tocaba á cada una de las bolillas, y en to- 
cando hacia un ademan como retrayendo la mano, 
y daba una vuelta, y luego iba á tocar la otra y ha- 
cia lo mismo, y así" tocaba á todas cuatro con sus 
boitezuelas. Concluido esto sembraba incienso sobre las 
esteras de aquello, que llaman yiauhtU: esparcido el 
incienso, dábanle luego la tabla de las sonajas, y co- 
menzaba á hacer sonido con ella meneándola, para 
que sonasen los palillos que en medio estaban in- 
terpolados, ó atados. Hecho esto, luego se comenza- 
ban todos á ir para sus casas y monasterios, y á los 
castigados llevaban á sus familias. Luego se descom- 
ponían de los ornamentos que iban adornados, y se 
sentaban, y á la noche comenzaban la fiesta, tocaban 
sus teponaztles, y sus caracoles, y los otros instru- 
mentos musicales sobre el Cú de Tlaloc, y cantaban 
en los monasterios, y tocaban las sonajas que sue- 
len traer en los areytos. De todos estos instrumen- 
tos se hacia una música muy festiva, y hacían velar 

(a) Máscara fea. 



122 
toda aquella noche á los cautivos que habian de ma- 
tar el dia siguiente, que los llamaban imágenes de los 
Tlalogues; llegados á la media noche que ellos llama- 
ban ioaxcliui, comenzaban luego á matarlos. A las 
que primero mataban decian, que eran el fundamen- 
to de los que eran imágenes de los Tlaloques, que iban 
aderezados con los mismos ornamentos de estos, y 
decian eran sus imágenes, y así ellos morian á la 
postre; íbanse á sentar sobre los que primero habían 
muerto. Acabado de matar á estos luego, tomaban 
todas las ofrendas de papel, plumajes, piedras pre- 
ciosas, y chalchivites, y los llevaban á un lugar de 
la laguna, que llaman Paníitlan, que es frontero de las 
atarazanas (ó arsenales.) (a) También llevaban los 
corazones de todos los que habian muerto, metidos 
en una olla pintada de azul, y teñida con Ulli en cua- 
tro partes, también los papeles iban todos mancha- 
dos de Ulli. Todos los que estaban presentes á esta 
ofrenda y sacrificio, tenían en las manos aquella yer- 
ba que llaman iztauhiatl, que es casi como inciensos 
de Castilla, y con ellos estaban ojeando, como quien 
ojea moscas sobre sus caras, y de sus hijos, y de- 
cian que con esto ojeaban los gusanos, para que no 
entrasen en los ojos, ni se causase aquella enferme- 
dad en ellos que llaman ixocuiUooaliztli; otros metían 
esta yerba en las orejas. También por via de supers- 
tición traían otros esta yerba empufiada, ó apretada 
en una mano. Llegados con todas sus ofrendas, y 

(a) Parece que era por san Antonio Abad donde estava el 
desembarcadero principal de la capital, por donde tuvo Corté* 
su campo cuando él sitió á México. Estos arsenales los construyó 
aquel general después de haberlo rendido con objeto de conservar 
los bergantines que para esto fabricó. Estaban las atarazanas por 
san Antonio Abad, al sur de esta ciudad, de con siguiente 
por este rumbo debe buscarse el Pantitlan. Esta circuns tan- 
cia me confirma en el concepto, de que este sumidero es un 
respiradero del volcán de Ajuzco, que debe ponerse en franquía 
para evitar los temblores de México; véase mi disertación sobre es- 
to en el periódico Voz de la Patria n f 23. 



123 

con los corazones de los muertos, metianse en una 
canoa grande que era del rey, y luego comenza- 
ban á remar con gran priesa: los remos de ella, to- 
dos iban teñidos de azul, y manchados con Ulli. 
Llegados al lugar donde se había de hacer la 
ofrenda, el cual se llamaba Pantitlan, metían la ma- 
dera entre muchos maderos que allí estaban hinca- 
dos en cerco de un sumidero que allí había que lla- 
maban aohtoc. (a) Entrado entre los maderos, luego 
los Sátrapas comenzaban á tocar sus cornetas, y ca- 
racoles puestos de pies en la proa de la canoa, y 
daban al principal de ellos la olla con los corazo- 
nes; echábalos luego en medio de aquel espacio que 
estaba entre los maderos, que era aquel que 
tomaba aquella cueva donde el agua se sumía. Di- 
cen, que echados los corazones se alborataba el agua 
y hacia olas, y espumas: arrojados los corazones en el 
agua, echaban también las piedras preciosas y los pa- 
peles de la ofrenda, á los cuales llamaban teieviíl: atá- 
banlos en lo alto de los maderos que allí estaban 
hincados; y también colgaban algunos de los chalchi- 
vites y piedras preciosas en los mismos papeles, Aca- 
bado todo esto salíanse, de entre los maderos, y luego 
un Sátrapa tomaba un incensario á manera de caco, 
(b) y ponía en él cuatro de aquellos papeles que 
llamaban telehuitl, y encendíalos, y estando ardiendo 
hacia un ademan de ofrenda, acia donde estaba el 
sumidero, y luego arrojaba el incensario: practicado 
esto volvia la canoa acia tierra, y comenzaban á re- 
mar y aguijar acia afuera donde llaman Tetamacaleo, 
que éste era el puerto de las canoas, luego todos 
se bañaban en el mismo lugar; de allí llevaban la 
canoa á donde la solían guardar. Todo lo sobredi- 

(a) No cabe duda de la eesistencia de este lugar, debe solici- 
tarse para el desagüe de la laguna. 

(b) Caco. Esta palabra parece debe tomarse por hombre tím%« 
do que se acercaba al sumidero con pavor. 



f 







124 
cho se hacia desde media noche arriba hasta que 
amanecía. Al romper de la mañana, y todas las co- 
sas acabadas, todos los Sátrapas se iban á lavar á 
los lugares donde ellos lo solían hacer, y lo ejecuta- 
ban todos con agua para quitar la color azul, sola- 
mente dejaban la delantera de la cabeza, y si algu- 
no de los Sátrapas, ó ministros de los ídolos que es- 
taban acusados habían de ser castigados, entonces 
cuando se lavaban con el agun azul, le traían y le 
castigaban como los arriba dichos, (a) Hecho esto, 
luego se iban á su monasterio, y sacaban todas las 
esteras de juncos verdes que habian puesto, y las 
echaban fuera del monasterio detras de la casa. Es- 
tas son las ceremonias que se hacían en la fiesta 
que se llama Etzalqualizlli. 

CAPÍTULO XXVI. 

De la fiesta y ceremonias que se hacían en las kakndas 
del^ sétimo mes que se llamaba tecuilhuitontli. 

Al sétimo mes llamaban Tecuilhuitontli.. (b) En 
este hacian fiesta y sacrificios á la diosa de la sal(c) 

(a) Este pasaje está obscuro, y Clavijero lo esplica del modo 
siguiente. "En aquella misma ocasión privaban del sacerdocio á los 
ministros del templo, que en el curso del año se habian manifes- 
tado negligentes en el desempeño de sus funciones, ó habian sido 
sorprendidos en algún gran delito, que sin embargo no era capital, y 
el modo que tenían de castigarles era semejante á la burla que 
hacen los marineros con el que por primera vez pasa la linea, con 
esta diferencia, que las inmersiones eran tan repetidas, y largas, 
que el pobre tenia que ir á su casa á curarse de una grave enfer- 
medad.,, tom. 1 f pág. 279. 

(b) Este mes, según Clavijero pág. 278 tom. 1 ° empezaba á 2S 
de junio. 

(c) Sal en mexicano es iztatl. Notemos un fenómeno que 
sucede anualmente en las salinas de Tehuantepeque en el estado de 
Oaxaca, en este mes. El dia 24 de junio ó 26, es decir en los 
dias del solisticio, hay una pleamar que llena el grande espacio de 
tierra inmediata, después se retira, y la deja llena de agua que co- 



125 

que llamaban Vixtocioatl, era la diosa de los que ha- 
cen sa!, decían que era hermana de ios dioses de 
la pluvia, y por cierta desgracia que hubo entre ellos 
y ella, la persiguieron y desterraron á las aguas sa- 
ladas, y allí inventó la sal, de la manera que aho- 
ra se hace con tinajas, y con amontonar la tierra 
salada, y por esta invención la honraban y adoraban 
los que trataban en sal. Los atavios de esta diosa 
eran de color amarilla, y una mitra con muchos plu- 
mages verdes que salian de ella, como penachos al- 
tos," que del aire resplandecían de verde tornasol, y 
tenia las orejas de oro muy fino y muy resplande- 
ciente, como flores de calabaza. Tenia el vipil labra- 
do con olas de agua, y estaba bordado con neos chal- 
chivites pintados: tenia las nasas [a] labradas de la 
misma obra del vipil: traía en las gargantas de los 
pies, atados cascabeles de oro, ó caracolitos blancos, 
estaban ingeridos en una tira de cuero de tigre, cuan- 
do andaba hacían gran sonido: los cacles ó cotaras 
que llevaba, eran tejidos con algodón, y los botones 
de los cacles ó cotaras, eran también de algodón, y 
las cuerdas con que se ataban, también eran de la 
misma materia ñoja: tenia una rodela pintada con 
unas hojas anchas de la yerba que se llama atlacue- 
cona. Tenia la rodela colgando unos rapacejos de 
plumas de papagallos con flores en los cabos he- 
chos de plumas de águila: tenia una flocadura he- 
cha de pluma pegada de quetzalli: también tenia plu- 
mas del ave que llaman teuxolotl Cuando bailaba con 
estos aderezos, iba campeando la rodela: llevaba en 

mienza á evaporarse, y aquel terreno es el que forma las grandes 
y ricas salinas de Tehuantepeque. Preparada la sal, y en el verda- 
dero punto de sazón en que debe quedar, que conocen los prácti- 
cos, comienzan á estraerla con picos y azadones; ahora pregunto, 
¿será por esta circunstancia por la que los mexicanos hacian en es- 
te mes la fiesta á la diosa de la sal? Eso es lo que yo no pue- 
do decidir. 

(a) Especie de red redonda, á que semejan las enaguas. 

Tora. L 19 




la mano un bastón rollizo, y en lo alto como un pal- 
mo ó dos, ancho como pelota, adornado con pape- 
les goteados con ulli, tres flores hechas de papel, 
una en cada tercio: las flores de papel iban llenas 
de incienso, y junto á las flores iban unas plumas de 
quetzalli cruzadas 6 aspadas; cuando bailaba en el 
areyto, íbase arrimando al bastón y alzándole al com- 
pás del baile. Diez días continuados bailaba en el arey- 
to, con mugeres que también bailaban y cantaban 
por alegrarla. Eran todas las que hacían sal, viejas, 
mozas, y muchachas: iban todas estas mugeres tra- 
badas las unas de las otras, con unas pequeñas cuer- 
das, la una acia del un cabo de la cuerda, la otra 
del otro, y así iban bailando; llevaban todas guirnal- 
das en las cabezas hechas de aquella yerba que se 
llama iztauhiatl [a] que es olorosa, casi como incien- 
so de Castilla. El cantar que cantaban, decíanlo en 
tiple muy alto; iban algunos viejos delante de ellas 
guiandolas, y rigiendo el cantar. La que iba com- 
puesta con los atavíos de la diosa y que habia de mo- 
rir, iba enmedio ele todas ellas, y delante de la mis- 
ma iba un viejo que llevaba en las manos un plu- 
mage muy hermoso, heeho á manera de manga de 
cruz, llamábase este plumage vixíopetlacotl. Este can- 
tar comenzaban de sobre tarde, y duraban hasta la 
media noche cantando. Todos estos diez dias anda- 
ba en el baile, y cantaba con las otras aquella que 
habia de morir: pasados los diez dias toda una 
noche entera bailaba y cantaba; pero se man- 
tenía sin dormir ni reposar, y traíanla de los bra- 
zos unas viejas, y todas bailaban en esta noche, Tam- 
bién bailaban y velaban los esclavos que habían de 
morir delante de ella, sobre los cuales habia de ir á 
la mañana. Cuando era la fiesta aderezábanse los Sá- 
trapas que habían de matar á esta muger, que la 



«■ 



llamaban como á la diosa Vixtocioatl, y á los cauti- 
vos, á los cuales llamaban Vixioíi. También iban com- 
puestos con los ornamentos conformes á la fiesta con 
sus papeles al pescuezo, y en la cabeza llevaban unos 
plumages acuestas, hechos á manera de un pie de 
águila con toda su pierna y plumas, todo de pluma 
puesto en un cacaxtli ahujerado en diversas partes, 
y en estos ahujeros iban hincados plumajes, llevá- 
banle ceñido con unas vendas de manta coloradas, 
de la anchura de dos manos. El pie de la águila 
llevaba las uñas acia arriba, el muslo acia abajo en- 
tre las uñas. Enmedio del pie estaba ahujerado, y 
en aquel ahujero iba metido un muy hermoso plu- 
mage: toda la gente que miraba el areyto, tenia en 
las manos flores amarillas que llaman Cempoatlxu- 
chitl, otros tenian la yerba que llaman iztauhiatl en 
las manos: luego subian á la muger que habian de 
matar, que decían ser imagen de la diosa VixíocioatL 
Alo alto del Cu de Tlaloc, y tras el* a subian á los 
cautivos, que también habian de morir antes de ella. 
Estando todos arriba, comenzaban á matar á los cau- 
tivos, los cuales muertos, mataban también á la mu- 
ger á la postre, á la cual echada de espaldas sobre 
el tajón, cinco mancebos la tomaban por los pies y 
por las manos, y por la cabeza, y tenianla muy ti- 
rada; ponianla sobre la garganta un palo rollizo, al 
cual tenian dos apretándole, para que no pudiese dar 
voces, al tiempo que le abriesen los pechos: otros 
dicen que era un ocico de espadarte, que es un pez 
marino, que tiene una arma como espada en el oci- 
co, que tiene colmillos de ambas partes; con este le 
apretaban la garganta. Según otros, el que la había 
de matar, estaba á punto ^en el que debia estar, lue- 
go con dos manos la daban con el pedernal por los 
pechos, y en rompiendo el pecho, luego la sangre 
salia con gran ímpetu, porque la tenian muy esten- 
dida, y el pecho muy tieso, y luego metia la mano 




I 




el mismo que la degollaba y sacaba el corazón, y lue- 
go le ofrecía al sol, y le echaban en una xícara que es- 
taba para esto aparejada que llamaban chalchiuhxica- 
lli. Cuando estas cosas se hacian de la muerte de 
esta muger, tocaban muchas cornetas y caracoles, y 
luego descendían el cuerpo de aquella infeliz, y el 
corazón cubierto con una manta. Acabado de hacer 
esto, que era de mañana, toda la gente que estaba 
se iba á ver este sacrificio, é íbase para sus casas, 
y todos comian y holgaban, y convidaban los unos 
á los otros; esto es, toda la gente que trataba en 
sal, bebían largamente pulcre, aunque no se embor- 
rachaban. Pasado este dia y venida la noche, algu- 
nos que se emborrachaban reñian los unos con los 
otros, ó apuñábanse ó daban voces, baldonándose 
mutuamente. Después de cansados, echábanse á 
dormir por esos suelos adonde se acostaban: des- 
pués otro dia bebian el pulcre que les había sobra- 
do, llamábanle cochiutli, y aquellos que estando bor- 
rachos la noche antes, habían reñido ó apuñado á 
otros, de que lo decían estando ya en buen seso, y 
después de haber dormido, convidaban á beber á los 
que habían maltratado de obra, ó de palabra, porque 
los perdonasen lo mal que habían dicho ó hecho, y 
los agraviados con beber luego se les quitaba el eno- 
jo, y perdonaban de buena gana sus injurias. Aquí 
se acaba la relación de la fiesta que se llamaba Te- 
cuilhuitontli. 

CAPITULO XXVÍÍ. 

De la fiesta y sacrificios que se hacian en las ¡calendas 
del octavo mes, que se decia veytecuilhuitl. (a) 

Al octavo mes llamaban Veytecuilhuitl. Antes de 
llegar á esta fiesta cuatro ó cinco dias, el rey y el 

(a) Este mes comenzaba el 16 de Julio, según Clavijero, pág. 
f 80 tom. 1. ° o sea fiesta de los Señores llamada Tecuühuitl, 



.129 
pueblo hacían convite á todos los pobres, no sola- 
mente del pueblo y de la ciudad, sino también de la 
comarca, para darlos de comer. Hacían una manera de 
brebage en gran cantidad, que ellos llaman chiampino- 
lli, mezclado con harina de chian que ponian en una ca- 
noa. Todos tomaban aquel brebage con unas escudillas 
que llaman tizaapanqui, cada uno de los que estaban 
presentes bebian una ó dos de aquel chiampinolh, ni- 
ños, hombres, y mugeres, sin quedar nadie; los que 
no podian acabar lo que tomaban guardaban su so- 
bra: algunos llevaban otras basijas para guardarla, y 
al que no llevaba nada para recibir la sobra, echa- 
báiisela en el regazo; nadie iba á beber dos veces, 
sino que á cada uno daban una vez todo cuanto po- 
día beber, y si alguno tornaba otra vez dábanle de 
verdascazos con una caña verde. Después de haber 
todos bebido, sentábanse y reposaban; poníanse en cor- 
rillos, y comenzaban á parlar los unos con los otros, 
y tenían gran chacota; entonces bebian las sobras, ó 
las daban á sus hijuelos. A la hora de comer, que 
era al medio dia, sentábanse otra vez ordenadamen- 
te los niños, y niñas con sus padres y madres. Sen- 
tada la gente, los que habian de dar la comida ata- 
ban sus mantos a la cinta, según lo demandaba la 
disposición de aquel oficio ó ejercicio: ataban tam- 
bién los cabellos con una espadaña á manera de guir- 
nalda, porque no se les pusiesen delante de los ojos. 
Cuando servian, luego tomaban tamales á almantadas 

(a) y comenzaban, desde los principios de las rendes 

(b) á dar tamales, y daban á cada uno todos los 
que podia tomar con una mano: dábanlos tamales 
de muchas maneras, unos llamaban tctaexmalli, otros 
xocotomalli, otros miaoatamalli, otros iacacoUamalli, otros 

(a) Esto es, distribuyéndolos de trecho en trecho á los convidados. 

(b) Filas ó lineas. 




ñecuíámtííh, otros iacacolaoio, otros exococolotlaoio, (a) 
os que servían, tenían cuidado de los niños y niñas 
especialmente, y algunos de los oficiales ó servido- 
res á sus amigos y parientes daban mas tamales: na- 
die tomaba dos veces, y si alguno se atrevía á ha- 
cerlo dábanle de azotes con una espadaña torcida, 
y tomábanle lo que habia cogido, y lo que le habían 
dado. A alguno de los que estaban á la postre no 
les alcanzaba nada, por tanto porfiaban de ponerse en 
un buen lugar para que luego les diesen.- los que se 
quedaban sin nada lloraban é irritábanse, por no ha- 
ber podido tomar nada diciendo: 'Ve valde liemos veni- 
do acá, pues que no nos han dado nada,, íbanse acia los 
corrillos donde estaban comiendo por ver si los da- 
rían algo, y no se querían apartar de allí aunque los 
daban de verdazcazos: entreteníanse entre los otros 
escolándose. Ocho días duraba este convite que ha- 
cia el señor á los pobres, porque cada año en es- 
te tiempo hay falta de mantenimientos, y hay fatiga 
de hambre. En este tiempo solían morir muchos 
de ella: (b) acabado este convite, comenzaban lue- 
go la fiesta, y empezaban á cantar y bailar, cuan- 
do se ocultaba el sol en el patio de los cues, 
donde habia gran copia de braceros altos cerca de 
un estado, y gruesos que apenas los podían dos abar- 
car, y estaban en el rende muchos de ellos, y en ano- 
checiendo encendían fuego sobre los mismos, y á la 
lumbre de aquel fuego y llama, cantaban y bailaban. 
Para comenzar el areyto salían los cantores de las 

(a) Según las diversas composiciones de los tamales son sus nom- 
bres, siguiendo la denominación del principal ingrediente de que se 
fortnan. 

(b) Esta conducta de los reyes mexicanos acia sus subditos mues- 
tra bien la consideración que les debían á estos. En los banque- 
tes que se daban al pueblo romano se llevaba por objeto merecer 
él aprecio de la multitud, por medio de obsequios que la lisonjea- 
ban para satisfacer la ambición de los aspirantes: aquí era muy 
diverso, todo era tan noble como laudable. 



131 
ea«as que eran sus aposentos ordenados, cantando y 
bailando de dos en dos hombres, y en medio de ca- 
da dos de ellos una muger. Estos que hacían este 
areyto era toda gente escojida como capitanes y 
otros valientes hombres, ejercitados en las cosas de 
la guerra: los que llevaban las mugeres entre si, lleva- 
ban asidas las manos. La otra gente noble, que no 
eran ejercitados en la guerra, no entraban en este 
areyto, [a] iban las mugeres muy ataviadas con ri- 
cos vipilis, y enaguas labradas de diversas labores 
y muy costosas: unas llevaban enaguas que laman 
ioüo, otras que llaman totoUtipethio, otras que laman 
cacamoliuhaui, otras que llaman ilacatziuhqm, o tixtzca.- 
lotl, otras que llaman petztic, todas con sus cortapi- 
sas muy labradas, y los vipiles unos llevaban los que 
llaman auapachpipikac, otros que llaman pocuiptlk, otro» 
que llaman iapalpipilcac, otros que llaman cacallo, otros 
que llaman mimichcho, otros blancos sin ninguna la- 
bor. Las gargantas de estos vipiles, llevaban unas la- 
bores muy anchas, que cubrian todo el pecho, y las 
flocaduras de los vipiles eran muy anchas. Bailaban 
estas mugeres con los cabellos tendidos, y las tren- 
zas con que suelen atar los cabellos llevábanlas ata- 
das desde la frente hasta el colodrillo; ninguna co- 
sa llevaban en la cara puesta, todas las presentaban 
esentas y limpias. Los hombres andaban también muy 
ataviados, traían una manta de algodón rala como 
red. Los que de ellos eran señalados por valientes, y 
v que podian traer bezotes, traían estas mantas bor- 
dadas de caracolitos blancos; estos mantos bordados 
de este modo, se llamaban nochpalcucchmth, los demás 
que no eran asi señalados, traían estas mantas ne- 
gras con sus flocaduras: todos llevaban orejeras he- 
chas de una materia baja; pero los que iban delan- 
te, llevaban orejeras de cobre con unos pinjanos, (b) 

(a) O danza. 

(b) Piezas de oro colgando. 



132 

y los bezotes llevaban conformes á las orejas. Unos 
los llevaban hechos, á manera de lagartijas, otros á 
manera de perrillos, otros cuadrados ó de cuatro es- 
quinas, y los mancebos que habían hecho alguna co- 
sa señalada en la guerra, llevaban uuos bezotes re- 
dondos, como un círculo con cuatro circulillos en 
cruz dentro en la circunferencia que era algo ancha: 
todos los otros mancebos llevaban unos bezotes á 
manera de círculo sin otra labor. Todos estos bezo- 
tes eran hechos de conchas, de ostras de la mar. 
Todos los valientes llevaban unos collares de cuero, 
y de ellos colgaban sobre ios pechos unas borlas á 
manera de flores grandes, de las cuales colgaban unos 
caracolitos blancos en cantidad: otros llevaban unas 
conchas de mariscos colgadas del cuello, á estos lla- 
maban qúaguachicti, y otros otomin: estos llevaban tam- 
bién unos barbotes, ó bezotes hechos á manera de 
águila de la misma concha, y otros que se tenían 
por mas valientes, compraban unas cuentas blancas 
de unos mariscos que se llaman teuchipoti. La otra 
gente baja se adornaba con unas cuentas amarillas, 
también hechas de conchas de mariscos que son ba- 
ratas y de poco valor. Los de estos, que habían to- 
mado en la guerra cautivos llevaban sobre la cabe- 
za un piumage para ser conocidos, y esto mostraba 
que habían hecho en la guerra algún cautivo. Los 
capitanes llevaban unos plumages atados en las es- 
paldas, en que se conocían ser valientes, los cua- 
les plumages llamaban quauhtzontli, porque eran co- 
mo unos árboles de que salían unas ramas labradas 
de hilo y pluma, con unas flores en los remates, que 
salían de unos vasitos de cuero de tigre: otros 
llevaban unos plumages de otras maneras, unos que 
se llamaban xiloxoquiquetzalli, otros aztagelli, otros qua- 
tototl, otros llevaban unos plumages hechos de su ma- 
no de diversas colores en los pies. Algunos llevaban 



atado el pie izquierdo pésennos (a) de cierbos, atados 
con unas correas de lo mismo delgadas, iban todos em- 
bijados las caras de diversas maneras; unos con tin- 
ta negra hacian en los carrillos unas ruedas negras 
y en s la frente una raya también de tinta negra que 
tomaba de sien á sien, sobre la tinta echaban mar- 
gagita; otros ponían una raya de tinta negra desde 
la una oreja, hasta la otra por la frente, también 
mezclada con margagita; otros echaban una raya de 
tinta desde la punta de la oreja hasta la boca con lo 
mismo. Todos ellos llevaban cortados los cabellos de 
una manera acia las sienes, rapados á navaja, en la 
frente un poco largos los cabellos, y todo lo delan- 
tero de la cabeza escarapullado acia arriba. Por to- 
do el cogote llevaban colgando cabellos largos que 
bajaban hasta las espaldas, y en las sienes llevaban 
puesto color amarillo. Llevaban también hachas de teas 
encendidas delante de sí cuando iban danzando, mar- 
chaban con estas hachas unos soldados mancebos, ejerci- 
tados en la guerra, que se llamaban tépuchtequioaqtie^ 
eran pesados estos hachones, y hacian doblegar á los 
que los cargaban, é iban goteando la resina, y cayen- 
do brazas de ellos, y algunas veces algunas teas ar- 
diendo también caían; mas por los lados de una parte y 
de otra, iban alumbrando con candeleros de teas que 
llaman tlemaitl Estos llevaban unos mancebos, que por 
su voto hacian penitencia veinte dias en el Cú: los 
de una parte eran Tenuchcas, (b) y de la otra par- 
te eran Tlaltelulcas. Estos no bailaban, solamente iban 
alumbrando, y miraban con diligencia si alguno ha- 
cia deshonestidad, ya sea mirando, ó tocando á al- 
guna muger; y si alguno era visto hacer algo de es- 
to, el dia siguiente ó después de dos dias. le cas- 
tigaban reciamente, atizoneandole, ó dándole de por- 

(a) Pescuños especie de cuñas gruesas y largas con que se acu- 
ña el arado. 

(b) Esto es, mexicanos de Tenochtitlan que es México, 
Tom. I. 20 




134 

Tazos con tizones, tanto que lo dejaban por muerto: 
el rey algunas veces salía á este areyto, otras no, co- 
mo se le antojaba. Los que danzaban unos iban asi- 
dos por las manos, otros echaban los brazos á su 
compañero abrazándole por la cintura; mas todos lle- 
vaban un buen compás en el alzar del pie, y en el 
echar el paso adelante, en el volver atrás, y en el 
hacer de las vueltas; danzaban por entre los candeleros 
ó fogones, haciendo con trapas entre ellos: [a] dan- 
zaban hasta bien noche, y cesaban á hora de las nue- 
ve de la misma. En cesando el que tañia el atam- 
bor y tcponazíli, luego todos se paraban y comenza- 
ban á irse á sus casas. A los muy principales los 
iban alumbrando con sus hachas de tea delante, y las 
mugeres que habian danzado, se juntaban todas en 
acabando el areyto, y los que tenian cargo de ellas 
llevábanlas á las casas donde solían juntarse. No con- 
sentían que se derramasen ó que fuesen con ningún 
hombre, escepto con los principales. Si llamaban a al- 
guna de ellas para darlas de comer, llamaban también 
á las matronas que las guardaban, daban comida y 
mantas para que las llevasen á sus casas, lo que les 
sobraba de la comida siempre lo llevaban también á 
su casa. Algunos de los principales soldados si que- 
rian llevar alguna de aquellas mozas, lo decian se- 
cretamente á la matrona que las guardaba para que 
la llevase, y no osaban llamarlas públicamente: la ma- 
trona la llevaba a casa de aquel, ó donde él man- 
daba; pero de noche la llevaba, y de noche salía. Si 
alguno de estos hacia esto públicamente érasele te- 
nido á mal, y castigábanle por ello públicamente, qui- 
tándole los cabellos que traía por señal de valiente, 
que ellos llamaban tzotzocoili, y tomábanle las armas 

[a] Según Betancur este baile se llamaba Cuccuechtli, se ha- 
cia puestos los brazos eii los hombros de otros, con mil desho- 
nestidades. 



y los atavíos quo usaba. El castigo era que le apa- 
leaban, y le chamuzcaban la cabeza, y todo el cuer- 
po se le arronchaba y hacia vegigas el fuego, y después 
de los palos, luego le arrojaban por ahí delante y de- 
cíanle: "anda vete bellaco, aunque seas valiente y fuer- 
te, no te tenemos en nada, aunque vengan nuestros 
enemigos á hacernos guerra, no haremos cuenta de 
tí..." Estas y otras palabras injuriosas le decian, des- 
pués que le echaban á empellones é íbase callando, frun- 
ciéndose, y quejándose por el mal tratamiento que le 
habían hecho, y nunca mas volvía á danzar ni á can- 
tar, y la muger con quien este se había amanceba- 
do, también la despedían de la compañía de las otras, 
y nunca mas había de danzar, ni de cantar, ni de 
estar con las otras, ni la que tenia cargo de ellas 
hacia mas cuenta de ella, y el mancebo que fué cas- 
tigado, tomaba por muger á la que también fué cas- 
tigada por su causa. Andados diez dias de este mes, 
celebraban la fiesta que llamaban Vcyteeuilhuitl, en la 
cual á honra de la diosa que se llamaba Xiloncn, 
[a] mataban una muger, la cual componían y ador- 
naban con los ornamentos de la diosa, y decian que 
era su imagen, á la cual adornaban de esta manera. 
Poníanla la cara de dos colores, desde la nariz aba- 
jo de amarillo, y la frente de colorado, ornábanla 
la cabeza con una corona de papel de cuatro es- 
quinas, y del medio de la corona salían muchos plu- 
mages como penachos: colgábanla del cuello muchos 
sartales de piedras ricas anchas, las cuales le ador- 
naban igualmente los pechos. Sobre las piedras lle- 
vaba una medalla de oro redonda, vestíanla de un 
vipil labrado de imágenes del demonio, y poníanle 
unas enaguas semejantes al vipil, todo era curioso y ri- 
co: las cotaras que traía, eran pintadas de unas lis- 
tas coloradas: poníanle en el brazo izquierdo una ro- 



ía) O Centeotl: la mazorca tierna de maíz se llama Xilotl. 
# 



136 

déla, y en la otra mano un bastón teñido de color 
bermejo. Ataviada con estos adornos, cercábanla mu- 
chas mugeres,y la llevaban enmedio á ofrecer incienso 
á- cuatro partes, esta ofrenda hacia en la tarde antes 
que muriese, y la llamaban Xaloquia, porque el dia 
siguiente habia de morir. El uno de estos lugares se 
llamaba Tetamacolco, el otro JVecocixccan, el otro Aten- 
chicolean, el cuarto se llamaba Xoloco: estos cuatro lu- 
gares donde ofrecían, era en reverencia de los cua- 
tro caracteres de la cuenta de los años. El primero 
se llama acatl, que quiere decir caña: el segundo se lla- 
ma tecpatl, que quiere decir pedernal como hierro de 
lanza: el tercero se llama calli, que quiere decir casa: el 
cuarto se llama tochtli, que quiere decir conejo. Con 
estos cuatro caracteres andando al rededor hasta que 
cada uno tuviese trece años, contaban la cuenta de 
los años, hasta cincuenta y dos. Acabadas de andar 
estas estaciones, toda aquella noche antes que la ma- 
tasen, cantaban y danzaban las mugeres, velando to- 
da la noche delante del Cú de la diosa Xilonen, y á 
esta que habia de morir traíanla enmedio. El can- 
tar que decian era á honra de dicha diosa Xilonen. 
Venida la mañana, comenzaban á bailar todos los 
hombres de cuenta, llevando todos en las manos unas 
cañas de maíz como arrimándose á ellas; á estas ca- 
ñas llamaban totopanitl. También bailaban las muge- 
res juntamente con la que habia de morir, y traían 
emplumadas las piernas y los brazos con pluma co- 
lorada, la cara teñida con color amarillo, desde la 
barba hasta la nariz, y todas las quijadas, y la fren- 
te con color colorada: llevaban todas guirnaldas de 
flores amarillas, que se llaman cempoalxuchitl (a) y sar- 

(a) En Europa clavel de Indias. En la medicina usan de esta 
flor los Indios, para curar las punzadas de cabeza friéndole en acey- 
te de almendras y lo aplican algo caliente: para el empacho hirviéndolo, 
dándolo á beber, y para dolor de vaso friendolo con cebo y aplicándolo. 



137 

tales de lo mismo; las que iban delante guiando, 
se llamaban cieatlamacazqui, eran las que servían 
en los cues, que también vivian en sus monaste- 
rios: los hombres iban danzando, mas no entre las mu- 
seres, porque estas iban todas juntas rodeadas 
de la Xilonen que habia de morir, iban cantan- 
do y bailando: á las mugeres íbanlas tañendo un te- 
ponaztli, que no tenía mas que una lengua encima, 
y otra debajo, y en la de abajo llevaba colgada una 
jicara en que suelen beber agua, y así suena mucho 
mas que los que tienen dos lenguas en la parte de 
arriba, y ninguna abajo. A este teponazth llamaban 
tecomopiloa, llevábale uno debajo del sobaco tañéndo- 
le, por ser de esta manera hecho. Los gentiles hom- 
bres que iban bailando, marchaban por delante, y no 
llevaban aquel compás de los areytos, sino el de las 
danzas de Castilla la vieja, que van unos trabados de 
otros y culebreando. También los ministros de los 
ídolos iban bailando y danzando al son del mismo te- 
ponaztü, é iban tañendo sus cornetas y sus caraco- 
les, y cuando los Sátrapas hacían buelta delante de 
la diosa Xilonen sembraban incienso por donde iban 
á pasar, y el Sátrapa que habia de matar aquella mu- 
ger iba con sus ornamentos, y acuestas llevaba un 
plumage que salia de entre las uñas de un águila, 
el cual estaba ingerido en una pierna de águila 
hechiza, (a) y uno de los Sátrapas llevaba delante 
la tabla de las sonajas, de que habernos hablado atrás. 
En llegando al Cu del dios que se llamaba Cinteutl, 
donde habia de morir esta muger, poníanse delante 
de ella el Sátrapa, que llevaba delante la tabla de 
las sonajas que se llamaba chicaoaztl, y poníala en- 
hiesto delante de ella, y comenzaban á hacer ruido 
con las sonajas meneándole á una parte y á otra, y 
sembraban delante de ella incienso, y haciendo es- 
to la subian hasta lo alto del Cu, allí la tomaba lue- 

(a) Fingida. 





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11 



138 

go uoo de los Sátrapas acuestas, espaldas con es- 
paldas, y luego llegaba otro y la cortaba la cabeza; 
en acabando de cortarla abrian los pechos, y la 
sacaban el corazón, y le echaban en una jicara. Con- 
cluido este sacrificio á honra de la diosa Xilonen, te- 
nían todos licencia de comer xiiotes, y pan hecho de 
ellos, y cañas de maíz. Antes de este sacrificio na- 
die osaba comer de estas cosas; también de ahí en ade- 
lante comian bledos verdes cocidos, y podian también 
oler las flores que se llaman camxalsuchüe, y las otras 
que se llaman ircsuchitL También en esta fiesta ha- 
dan areyto las mugeres mozas, viejas, y muchachas; 
mas no bailaban con ellas hombres ningunos: todos iban 
ataviados de fiesta, emplumadas las piernas y brazos 
con pluma colorada de papa gallos, afeitadas las ca- 
ras con color amarillo, y con margagiía. En esta fies- 
ta todos comian unos tamales que se llamaban xoco- 
tamalli, y hacian ofrendas á sus dioses en sus casas, 
y los viejos y viejas bebian vino; pero los mozos y 
mozas no, y si alguno de los que no tenían licencia 
lo bebian, echábanlos presos y los castigaban los de 
la audiencia que los sentenciaban y mandaba á la pri- 
sión, á algunos sentenciaban con pena de muerte por 
beber el pulcre, y los así sentenciados ningún reme- 
dio tenían: matábanlos delante de todo el pueblo por- 
que en ellos escarmentasen los otros, y para poner 
espanto á todos llevábanlos los jueces con las manos 
atadas al tianquiztli, hablaban á todo el pueblo que 
nadie bebiese el pulcre, sino los viejos y viejas, y des- 
pués que se acababa la plática luego daban á los 
que habían de morir con un bastón tras el cogote, 
y le achocaban. Los berdugos de este oficio se lla- 
maban quauhnocMli ezoaoacatí, iicocaoacatl, tezcacooacatí, 
macaíecatl, aiempanecatl. Estos no eran de los senado- 
res, sino de la gente baja que llamaban achcacauhti, no 
venían por elección á aquel oficio, sino mandados, 
solamente pretendian para este oficio que fuesen va- 



139 

lientes, esforzados, y de buena plática; los que veían 
hacer esta justicia tomaban temor y escarmiento si 
eran avisados; pero los que eran tontos y alocados 
reíanse de este negocio, y burlaban de lo que se de- 
cía, no tenían en nada el castigo, ni la plática, to- 
do lo echaban por alto, y no temían la muerte. En aca- 
bando de hacer esta justicia todos los que estaban 
juntos mirándola, comenzaban á derramarse é irse á 
sus casas levantando mucho polvo con los pies, y 
sacudiendo sus mantas, no quedaba nadie en aquel 
lugar. Aquí se acaba la relación de la fiesta llama- 
da Veytecuilhuitl. 

CAPITUEO XXVIII. 

De la fiesta y sacrificios que hadan en las ¡calendas del 
noveno mes, que se llamaba tlaxóchimaco. (a) 

Al noveno mes llamaban Tlaxóchimaco. Dos dias 
antes que llegase esta fiesta toda la gente se der- 
ramaba por los campos y maisales á buscar ñores, 
de todas maneras, así silvestres como campecinas, 
de las cuales unas se llamaban acocoxuchitl, vitzitzi- 
locoxuchitl, tepe, cempoalxuchitl, ncxlamalxuchitl, tlacoxu- 
chitl, otras se llaman occluxuchitl, cacalo xuchitl, ocoxuchitl, 
ó aiocoxuchitl, quauheloxuchitl, xiloxuchitl, tlaccacaloxuchitl, 
csmpoalxuchitl, atlacucconan: otras se llaman ilapalatkcuecc- 
nan, atzatza mulsuchitl; y teniendo juntas muchas de 
estas flores, juntábanlas en la casa del Cu, donde se 
hacia esta fiesta, allí se guardaban aquella noche, y 
luego en amaneciendo, las ensartaban en sus hilos, 
ó mecatejos: teniéndolas ensartadas hacian sogas grue- 
sas de ellas, torcidas y largas, y las tendian en el 
patio de aquel Cú, presentándolas á quel dios, cuya 
fiesta hacian. Aquella misma tarde, la vigilia de la 
fiesta, todos los populares hacian tamales, y mataban 

(a) Celebrábase esta fiesta en 5 de agosto. 






110 

gallinas y perrillos, y pelaban las gallinas y chamus- 
caban los perrillos, y todo lo demás que era menes- 
ter para el dia siguiente. Toda esta noche sin dor- 
mir se ocupaban en aparejar estas cosas. Otro dia 
muy de mañana que era la fiesta de Vitzilopuchtli^ 
los Sátrapas ofrecían á este mismo ídolo flores, incien- 
so, y comida, y adornábanlo con sartales y guirnaldas 
de rosas: habiendo compuesto esta estatua de Vit- 
zilopuchtli con flores, y presentádole muchas, muy ar- 
tificiosamente hechas y muy olorosas, hacían lo mis- 
mo con todas las estatuas de todos los otros dioses 
por todos los cues, y luego en todas las casas de los 
señores y principales aderezaban con flores á los ído- 
los que cada uno tenía, y los presentaban otras flo- 
res poniéndoselas delante, y toda la otra gente po- 
pular hacia lo mismo en sus casas. Acabado de ha- 
cer lo dicho, luego comenzaban á comer y beber en 
todas las casas de chicos, grandes, y medianos. Lle- 
gando á la hora del medio dia, luego comenzaban 
un areyto muy pomposo en el patio del mismo Vit- 
zilopuchtli, en el cual los mas valientes hombres de 
la guerra, que se llaman unos otomin, otros quaquachicti 9 
guiaban la danza, y luego tras ellos iban otros que 
se llaman Tequioaque, y tras ellos otros que se lla- 
man Tdpuchiaque, y tras ellos otros que se llaman 
Tiachcaoan, y luego los mancebos que se llaman Tel- 
pupuchti. También en esta danza entraban mugeres, 
mozas publicas, é iban asidas de las manos una mu- 
ger entre hombres, y un hombre entre dos mugeres 
á manera de las danzas que se hacen en Castilla 
la vieja entre la gente popular, y danzaban culebrean- 
do y cantando, y los que hacían el son para la dan- 
za, y los que regían el canto, estaban juntos arrima- 
dos á un altar redondo que llamaban momvztli. En 
esta danza no hacían ademanes ningunos con los pies, 
ni con las manos, ni con las cabezas, ni hacian vueltas 
ningunas, mas de ir con pasos llanos, al compás del son 



141 

y del canto muy despacio, nadie osaba hacer ningún 
bullicio, ni atravesar por el espacio donde danza- 
ban. Todos los danzantes iban con gran tiento de modo 
que no hiciesen alguna disonancia los que iban en la de- 
lantera, que era la gente mas ejercitada en la guer- 
ra: llevaban echado el brazo por la cinta de la mu- 
ger como abrazándola, los otros que no eran tales, 
no tenían licencia de hacer esto. A la puesta del sol 
cesaba el areyto, y se iban todos para sus casas, So 
mismo hacian en cada casa cada uno delante de 
sus dioses: había gran ruido en todo el pueblo, por 
razón de los cantares, y del tañer de cada familia. Los 
viejos y viejas bebían vino, y emborrachábanse, y re- 
ñían unos con otros á voces, y otros se jactaban de 
sus valentías que habían hecho cuando mozos. Aquí 
se acaba la relación de la fiesta que se llamaba Tla- 
xochimaco. [a] 

CAPITULO XXIX. 

De la fiesta y sacrificios que hacian en las ¡calendas del 
décimo mes, que se llamaba xocotlvetzi. [b] 

Al décimo mes llamaban Xocotlvetzi. Pasada 
la fiesta de Tlaxdchimaco cortaban un gran árbol en 
el monte, de veinte y cinco brazas de largo: quita- 
ban todas las ramas y gajos del cuerpo del made- 
ro, y dejaban el renuevo de arriba del aguijón, y lue- 
go cortaban otros maderos, y hacíanlos cóncavos: 
echaban aquel madero encima de ellos, y atábanle con 
maromas, y llevábanlo arrastrando, y él no llegaba al 
suelo porque iba sobre los otros maderos, para que no 
se rosase la corteza. Cuando ya llegaban cerca del 
pueblo, salían las señoras y mugeres principales á re- 

(a) Este bayle dice Clavijero, también terminaba con sacrifcio 
de algunos prisioneros. 

(b) Clavijero dice Xocohuetzi: comenzaba en 25 de Agosto. 
Tom. I. 21 






142 

cibirle: llevaban jicaras de cacao para que bebiesen 
los que le traían, y flores con que enrosaban á los 
conductores. De que le habían llegado al patio del 
Cú, luego comenzaban los tlayacanques ó cuadrille- 
ros á dar voces muy fuertemente para que se jun- 
tase todo el pueblo para levantar aquel árbol que llama- 
ban Xocotl Reunidos todos atábanle con maromas, y he- 
cho un hoyo donde había de levantarse, tiraban 
todos por ellas, y levantaban el árbol con gran 
grita: cerraban el hoyo con piedras y tierra, para que 
quedase enhiesto, y así se estaba veinte dias. La vi- 
gilia de la fiesta que se llamaba Xocotlvetzi, tornában- 
lo á echar en tierra muy poco á poco porque no 
se quebrase, ó hendiese, y así le iban recibiendo con 
unos maderos atados de dos en dos, que llaman quauh- 
tomacatl, y poníanle en tierra sin que recibiese daño, 
y dejábanle así, é íbanse: las maromas las dejaban co- 
gidas sobre el mismo madero. Estábase así toda aque- 
lla noche, y el dia de la misma fiesta en amane- 
ciendo juntábanse tcdos los carpinteros con sus her- 
ramientas, y labrábanle muy derecho, quitábanle si al- 
guna corba tenia, y poníanle muy lizo, y labraban otro 
madero de cinco brazas en largo, delgado, y hacían cón- 
cabo, y poníanle en la punta desde donde comenzaba 
el guión, y recogían las ramas del guión, dentro del 
cóncavo del otro madero, y atábanle con una soga; 
ciñéndole desde donde comenzaban las ramas, hasta 
la punta del guión. Acabado esto, los Sátrapas ade- 
rezados con sus ornamentos, componían el árbol con 
papeles, y ayudábanles los que llaman qüaqüacutlíin, y 
los que llamaban teilepantlaz, que eran tres muy al- 
tos de cuerpo: al uno de ellos llamaban Coicoa, al 
otro Cacancatl, y al tercero Veicamecatl: ponían estos 
papeles con gran solicitud y bullicio. También com- 
ponían de papeles á una estatua como de hombre, 
hecha de masa de semillas de bledos. Este papel con 
que le componían, era todo blanco sin ninguna pin- 



tura ni tintura, poníanle en la cabeza unos papeles 
cortados como cabellos, y unas estolas de papel de 
arabas partes, desde el hombro derecho al sobaco 
izquierdo, y desde el hombro izquierdo al sobaco de- 
recho, y en los brazos ponian los papeles como olas, 
donde estaban pintadas imágenes de gavilanes, y tam- 
bién un maxtle de papel. Ponian arriba otros pape- 
les á manera de vipil, uno á la una parte, y otro á 
la otra: á los lados de la imagen, y en el árbol des- 
de los pies de esta, colgaban unos papeles lar- 
gos que llegaban hasta el medio del árbol, que an- 
daban revolando: eran estos papeles anchos, como me- 
dia braza, y largos como diez. Ponian también 
tres tamales grandes hechos de semilla de ble- 
dos sobre la cabeza de la imagen, hincados en tres 
palos. Compuesto el árbol con todas estas cosas, atá- 
banle diez maromas por la mitad de él, y luego 
tiraban de ellas con gran grita, ecsortándose á ti- 
rar acordes, y como le iban levantando, ponian- 
le unos maderos atados de dos en dos, y unos 
puntales sobre que descanzase. Cuando ya le enhies- 
taban, daban gran grita, y hacian grande estruendo 
con los pies; luego le echaban al pie grandes pie- 
dras para que estubiese derecho y no se acostase, 
luego encima le echaban tierra. Hecho esto, íbanse 
todos á sus casas, y nadie quedaba allí; luego venían 
aquellos que tenían cautivos presos que los habían 
de quemar vivos, y traíanlos allí donde se había de 
hacer este sacrificio, venían aderezados para hacer 
areyto. Traían todo el cuerpo teñido con color ama- 
rillo, y la cara con color vermeja: traían un pluma- 
je como mariposa, hecho de plumas coloradas de pa- 
pagallo: llevaban en la mano izquierda una rodela la- 
brada de pluma blanca, con sus rapacejos que col- 
gaban á la parte de abajo: en el campo de esta ro- 
dela iban piernas de tigre ó águila, dibujados al pro- 
pósito. Llamaban á esta rodela chimaltetcpontli¡ cadauno 




141 

de los que iban en el areyto así aderezados, iba pa- 
reado con su cautivo, y ambos danzando á la par. 
Los cautivos llevaban ei cuerpo teñido de blanco, y 
el maxtle con que iban ceñidos era de papel: lleva- 
ban también unas tiras de papel blanco, á manera 
de estolas, echados desde el hombro hasta el soba- 
co, y también unos cabellos de tiras de papel cor- 
tadas delgadas. Llevaban emplumada la cabeza con 
plumas blancas á manera de vilma: llevaban un be- 
zote hecho de pluma, y los rostros de color verme- 
jo, y las mejillas teñidas de negro: en este areyto 
perseveraban hasta la noche. Puesto el sol, cesaban 
y ponían los cautivos en las casas que se llamaban 
calpiiüis. Allí los estaban guardando los mismos due- 
ños, y velaban todos, y hacían velar á los cautivos, 
y cerca de la media noche íbanse todos los vie- 
jos vecinos de aquel barrio á sus casas. Llegada 
la media noche, los señores de los esclavos ca» 
da uno al suyo, cortaban los cabellos de la coro- 
na de la cabeza á raíz del casco, delante del fuego. 
Estos cabellos guardaban como por reliquias, y en 
memoria de su valentía, atábanlos con unos hilos co- 
lorados á unos penachos de garzotas dos ó tres. A la 
navajuda con que cortaban los cabellos, llamábanla 
uña de gavilán: estos cabellos los guardaban en unas 
petaquillas ó cofres hechos de caña, que llamaban el 
cofre de los cabellos, ó llámese este petaca pequeñue- 
la: llevábala el señor del cautivo á su casa, y col- 
gábala de las vigas de ella en lugar público, por- 
que fuese conocido que había cautivado en la 
guerra, y todo el tiempo de su vida le tenia colgado. 
Después de haber cortado los cabellos de la coroni- 
lla: á los cautivos, sus dueños dormían un poco, y los 
cautivos estaban á mucho recaudo porque no se huye- 
sen. En amaneciendo, luego ordenaban todos los cau- 
tivos delante del lugar que se llamaba tzompantli, que 
era donde espetaban las cabezas de los que sacrifi- 



caban, y estando así ordenados, luego comenzaba uno 
de Jos Sátrapas á quitarles unas banderillas de papel 
que llevaban en las manos, las cuales eran señal de 
que iban sentenciados á muerte. Quitábanles también 
los otros papeles con que iban aderezados y alguna 
manta si llevaba cubierta, y todo esto poníanlo en el 
fuego para que se quemase en un pilón hecho de pie- 
dra que llamaban quauhxicalli; todos iban por esta or- 
den desnudándoles, y echando en el fuego sus ata- 
víos, porque no tenían mas necesidad de vestidura, ni 
otra cosa, como quien luego habia de morir. 
Estando así todos desnudos esperando la muerte, ve- 
nía un Sátrapa aderezado con sus ornamentos, y traía 
en los brazos á la estatua del dios que llamaban 
Pmjnal, también adornada con sus atavíos. Llegado 
aquel Sátrapa con su estatua que traía en los bra- 
zos, subía luego al Cu donde habían de morir los 
cautivos, y llegaba al lugar donde los habían de ma- 
tar que se llamaba tiacacouhcan: luego tornaba á des- 
cender, y pasaba delante de todos los cautivos, y tor- 
naba otra vez á subir como primero. Los señores de 
los cautivos estaban también ordenados en rende ca- 
da uno junto su cautivo, y cuando la segunda vez 
el Paynal subía al Cú, cada uno de ellos tomaba por 
los cabellos á su cautivo, y llevábalo á un lugar que 
se llama apetlac, y allí los dejaban todos; luego des- 
cendían los que los habían de echar en el fuego, y 
empolvorizábanlos con incienso las caras, arrojándo- 
selo á puñados, el cual traían molido en unas talegas; 
luego los tomaban y atábanlos las manos atrás, y 
también los pies: después lo echaban sobre los hom- 
bros acuestas, y subíanlos arriba á lo alto del Cú, don- 
de estaba un gran fuego y gran montón de braza, 
y llegados arriba luego daban con ellos en el fuego. 
Al tiempo que los arrojaban, alzábase un gran polvo 
de ceniza, y cada uno adonde caía allí se hacia un 
gran hoyo en el fuego, porque toda era braza y res- 




146 
coldo, y allí en el fuego comenzaba á dar vuelcos, 
y á hacer bascas el triste del cautivo , comenzaba á 
rechinar el cuerpo, como cuando asan algún animal 
y levantábanse vegigas por todas partes del cuerpo, 
y estando en esta agonía sacábanle con unos gara- 
batos arrastrando los Sátrapas que llamaban quaqua- 
cuiltin, y ponianle encima del tajón que se llamaba 
teckcatl, y luego le habrían los pechos de tetilla á 
tetilla, ó un poco mas abajo, y luego le sacaban el 
corazón y le arrojaban á los pies de la estatua de 
Xiuchtecutli, dios del fuego. De esta manera mataban 
todos los cautivos que tenían para sacrificar en aque- 
lla fiesta, (a) y acabádolos de matar todos, íbase to- 
da la gente para su casa, y á la estatua del dios 
Peynal llevábala el mismo Sátrapa que la habia traí- 
do al lugar donde solía estar: íbanle acompañando 
todos los viejos que estaban al servicio de aquel dios; 
y en acabándole de poner en su lugar, descendíanse 
del Cu, é íbanse á sus casas á comer. Después de 
esto juntábanse todos los mancebos, y mozuelos y 
muchachos, todos aquellos que tenían guedejas de cao 
bellos en los cogotes, que llamaban cuexpakque, y to- 
da la otra gente se reunían en el patio de Xiuhtecu- 
tli, á cuya honra se hacia esta fiesta, y al medio día 
comenzaban á bailar, y á cantar, iban mugeres or- 
denadas entre los hombres. Henchíase todo el patio 
de gente, que no habia por donde salir estando to- 
dos muy apretados. En cansándose de cantar y bai- 
lar, luego daban una gran grita y salíanse del patio, 
é íbanse donde estaba el árbol levantado, y Jos cami- 
nos estaban muy llenos de gente, tanto que los unos 
se atrepellaban con los otros; y los capitanes de los 

(a) La crueldad humana apenas pudiera inventar una manera 
mas esquisiía de aflixir á la miserable humanidad Refleccionen so- 
bre esta relación los que se quejan del actual sistema, y quisieran 
volver á los indios á los dias de su gentilidad ... Sobre todo el autor 
del Papel intitulado. ,, Los indios quieren ser libres." Es menester con- 
denar á estos hombres al desprecio, no saben lo que dicen. 



mancebos estaban enderredor del árbol para que na- 
die subiese hasta que fuese tiempo, y defendían la 
subida á garrotazos, y los mancebos que iban deter- 
minados para subir al árbol, apartaban á empellones 
á los que defendian la subida, y luego se asian de 
las maromas, y comenzaban á subir arriba, por ca- 
da maroma subían muchos á porfía. Colgaba de ca- 
da una, una pina de mancebos, que todos subían á 
porfía por ella, y aunque muchos acometían á subir, 
pocos llegaban arriba y el que primero llegaba to- 
maba la estatua del ídolo, que estaba arriba hecha 
de masa de bledos tomábale la rodela y las saetas, 
y los dardos con que estaba armado, y el instrumen- 
to con que se arrojan los dardos que se llama atatl: 
tomaba también los tamales que tenían á los lados, 
y desmenuzábalos sobre la gente que estaba abajo, 
(a) Toda la gente estaba mirando acia arriba, y caían 
los pedazos para tomarlos, y algunos reñían y se apu- 
ñaban por el tomar de algunos pedazos: había gran 
vocería sobre el tomar todo lo que caía de ar- 
riba: y otros tomaban los penachos que tenía sobre 
ja cabeza la estatua, que echaba de arriba el que 
habia subido. Hecho esto el que habia subido, des- 
cendía con las armas que habia tomado, y en 
llegando abajo tomábanle con mucho aplauso, y 
llevábanle y subíanle á lo alto del Cu que se llama 
tlacacouhcan, muchos viejos allá le daban joyas, 6 em- 
presas por la valentía que habia hecho, y luego to- 
dos tiraban de las maromas con gran fuerza, y echa- 
ban en tierra el árbol, y daban gran golpe en el 
suelo, y hacíase pedazos; hecho esto todos se iban 
á sus casas y nadie quedaba allí. Luego llevaban á su 
casa á aquel que habia ganado en subir pjimero á. 
los otros, poníanle una manta leonada atada al hom- 
bro, y por debajo del brazo contrario, como se po- 

(a) Aun se usa esta divercion entre la gente vulgar, que lla- 
man del palo encebado. 




jt^tmmmm 



148 

ne la estola el diácono: llevaba esta manta una fran- 
; a en la orilla de tochomitl, y pluma. Esta manera de 
manta era lícito traer á los que hacían esta valen- 
tía, y á los otros no. Podíanlas traer en su casa y vender- 
las todos los que querían, pero no traerla los comprado- 
res. Aquel que había llevado la victoria, llevábanle trava- 
do por los brazos dos Sátrapas viejos que llamaban 
quaquacudtin, y muchos de los ministros de los ídolos 
iban tras ellos tocando cornetas y caracoles: llevaba 
acuestas la rodela que Había tornado en el árbol. 
En dejándole en su casa, volvíanse al Cu donde ha- 
bían salido. Esta es la relación de la fiesta llamada 
Xocotlvetzi. 

CAPITULO XXX. 



■ 



De la fiesta y ceremonias que se hacían en las ¡calendas 
del mes undécimo que se llamaba ochpamztli. 

Al undécimo mes llamaban Ochpaniztli. Los cin- 
co dias primeros de este (a) no hacían nada tocante 
á la fiesta; mas acabados los cinco dias, quince an- 
tes de la fiesta comenzaban á bailar un baile que ellos 
llamaban nemaílaxo, el cual duraba ocho dias é iban or- 
denados en cuatro rendes y bailaban, no cantaban 
en este baile, é iban andando, y callando y llevaban 
en las dos manos unas flores que se llaman cempoatl- 
xuchiíl, no compuestas, sino cortadas con la misma 
rama. Algunos mancebos traviesos, aunque los otros 
iban en silencio, hacían con la boca el son que ha- 
cia el atabal, á cuyo son bailaban: ningún meneo ha- 
cían con los pies, ni con el cuerpo sino solamente 
con las manos bajándolas, y levantándolas á compás 
del atabal, guardaban ía ordenanza con gran cuida- 
do de manera que nadie discrepase del otro: comen- 
zábase este baile acia la tarde, y acabábase en po- 
(a) Comenzaba á 14 de setiembre. 






149 

niéndose el sol, duraba por ocho días, los cuales con- 
cluidos, comenzaban luego las mugeres médicas, vie- 
jas y mozas, á hacer una escarumuza ó pelea, tan- 
tas á tantas, partidas en dos escuadrones; esto ha- 
cían las mugeres .delante de aquella que habia de mo- 
rir en esta fiesta, por regocijarla, y para que no estu- 
biese triste ni llorase, porque tenian por mal agüe- 
ro si esta muger que había de morir, estaba triste 
ó lloraba; pues decían que esto significaba, que 
habían de morir muchos soldados en la guerra, ó que 
habían de morir muchas mugeres de parto, ó de re- 
sultas de él. Cuando hacían esta escaramuza ó 
pelea, esta muger que estaba diputada para ■' morir, 
á la cual llamaban la imagen de la madre de los 
dioses, (á quien la fiesta se hacia) hacia el primer 
acometimiento contra el escuadrón contrario, iban 
acompañando á estas tres viejas que eran como sus 
madres, que nunca se le quitaban del lado, á la una 
llamaban Aba, á la otra Tlavitecqui, á la otra Xo- 
guauchtli: la pelea consistía en que se apedreaban con 
pellas hechas de aquellas hilachas ó heno que na- 
cen en los árboles, ó con pellas hechas con hojas 
de espadañas y con hojas de tunas, y con flores ama- 
rillas que se llaman cempoalxóchiil. Todas iban ceñi- 
das, y en la cintura llevaban unas calabazuelas col- 
gadas con polvos de yerba que llaman yieth iban ape- 
dreándose un escuadrón tras el otro, y después el 
otro volvia tras el primero de esta manera escaramu- 
zaban ciertas vueltas, las cuales acabadas, cesaba la 
escaramuza, y luego llevaban á la muger que había 
de morir, á la casa donde la guardaban. A esta in- 
feliz llamaban Toa, que quiere decir nuestra abuela, 
así llamaban á la madre de los dioses, (a) á cuya hon- 
ra había de morir. Esta escaramuza hacían por es- 
pacio de cuatro días continuos, los cuales pasados, 
sacaban dicha muger á pasearse por el tianquiztli 

[a] Teteoinan según Clavijero era la madre de los dioses, tmo. 1 f , 
pss. 238. 
^Tom I. 22 



_ 



150 

ó mercado, é iban con ella todas las médicas acom- 
pañándola por aquella plaza: á este paseo llamaban 
despedida del tianquiztli, porque nunca mas ha- 
bia de volver á él. Saliendo del mercado, recibíanla 
luego los Sátrapas de la diosa llamada Chicomecoatl, 
y rodeábanse de ella, y el!a sembraba harina de maíz 
por donde iba, como despidiéndose del mercado, 
y luego aquellos Sátrapas llevábanla á la casa don- 
de la aguardaban, que estaba cerca del Cu donde la 
habían de matar. Allí la consolaban las médicas y 
parteras, y la decían. ''Hija no os entristezcáis, que 
esta noche ha de dormir con vos el rey, alegraos" no 
la daban á entender que la habían de matar, porque 
su muerte había de ser súbita sin que ella lo supie- 
se, y luego le ataviaban con los ornamentos de la 
diosa Toci: llegada la media noche, llevábanla al 
Cu donde había de morir, y nadie hablaba ni tocia 
cuando la llevaban, pues todos iban en gran silen- 
cio, aunque iba con ella todo el pueblo. De que ha- 
bía llegado al lugar donde la habían de matar, tomá- 
bala uno sobre las espaldas, y cortábanle de presto 
la cabeza, y luego en caliente la desollaban, y uno de 
los Sátrapas se vestía su pellejo, al cual llamaban tec- 
cizqüacuilU: escogían para esto el de mayor cuerpo y 
mayores fuerzas. Lo primero que la desollaban era 
el muslo, y el pellejo de este llevábanle al Cu de su 
hijo, que se llamaba TzinUull que estaba en otro Cú, 
y vestíansele. Después que se adornaba aquel Sátrapa 
con el pellejo de aquella muger, iba á tomar á su hijo 
Cinteutl; luego se levantaba al canto del Cú, y baja- 
ba con prisa; acompañábanle cuatro personas que ha- 
bían hecho voto de hacerle aquel servicio, y tomá- 
banle enmedio, dos de la una parte, y dos de la otra, 
y algunos de los Sátrapas iban detras de éste que 
llevaba el pellejo v estido, y otros principales y 
soldados que le estaban esperando se ponían delan- 
te, para que él fuese tras ellos persiguiéndolos, y 






151 

así comenzaban á huir delante de él reciamente: 
iban volviendo la cabeza y golpeando las rode- 
las, como provocándole á pelear, y tornaban luego a 
correr con gran furia. Todos los que veían esto, 
temían y temblaban de ver aquel juego, el cual 
se llamaba cacacalli, porque todos aquellos que iban 
huyendo llevaban en las manos unas escobas de za- 
cates ensangrentados; y el que llevaba el pellejo ves- 
tido cou los que iban acompañándole, perseguían á 
los que iban delante huyendo, y los que huían pro- 
curaban escaparse de los que los perseguían, por- 
que los temían mucho, y llegando al pie del Cu de 
Vitcilopochth, aquel que llevaba el pellejo vestido, al- 
zaba los brazos y poníase en cruz delante de la ima- 
gen de Vitzilopochili, y esto hacía cuatro veces: he- 
cho esto, volvíase adonde estaba la estatua de Cera- 
teutl hijo de la diosa llamada Toci, a quien este re- 
presentaba. Este Cinteutl era un mancebo, el cual 
llevaba puesto por carátula el pellejo del muslo de 
la muger que hablan muerto, y juntábase con su ma- 
dre. Los atavíos que llevaba eran, la carátula del pe- 
llejo metida por la cabeza, un capillo de fpluma me- 
tido también en la cabeza, que estaba pegado á un|hábito 
de pluma que tenia sus mangas y su cuerpo: la pun- 
ta del capillo que era larga, estaba hecha una ros- 
ca acia atrás: tenia un lomo como cresta de gallo en 
la rosca, y llamaban á este capillo liztlacohuhqui, que 
quiere decir dios de la helada, iba junto con su ma- 
dre ambos á la par muy espacio é iban al Cu de la 
madre Tocú donde habia muerto aquella muger. Po- 
níase en el Cú aquel que representaba á la diosa 
Toci, el cual llevaba el pellejo de la otra. Todo lo 
dicho pasaba de noche, y en amaneciendo poníase 
aquel que representaba á la diosa Toci en el can- 
to del Cú en lo alto, y todos los principales estaban 
abajo, que esperaban aquella demostración, comenzaban 
á subir con gran prisa por las gradas del Cú arri- 







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152 

ba, y llevaban sus ofrendas y ofrecíanselas; unos de 
ellos emplumábale con pluma de águila (aquellas blan- 
cas que están á raíz del cuerpo) la cabeza, y tam- 
bién los pies: otros le afeitaban el rostro con color 
colorado; oíros le vestían un vipil no muy largo, que 
tenía delante de los pechos una águila labrada ó te- 
jida en el mismo vipil: otros le ponían unas enaguas 
pintadas; otros descabezaban codornices delante de 
ella; otros la ofrecían copal; esto se hacia muy de 
presto, y luego se iban todos, y no quedaba nadie 
allí. Luego la sacaban sus vestiduras ricas, y una co- 
rona muy pomposa que se llamaba amacalli, que te- 
nía cinco banderillas, y la de enmedio mas alta que 
Jas otras. Era esta corona muy ancha en lo alto, y 
no redonda sino cuadrada, y del medio de ella sa- 
lían banderillas; cuatro de estas iban en cuatro 
esquinas, y la mayor iba enmedio, llamaban esta 
corona miotli. Luego ponían en rencle todos los cau- 
tivos que habían de morir, y ella tomaba uno, y he- 
chábale sobre el tajón de piedra que llamaban teeh- 
catl, y abríale los pechos y sacábale el corazón, y 
luego á otro, y luego á otro hasta cuatro, y aca- 
bando de matar á estos, los demás encomendaba á 
los Sátrapas, para que ellos los matasen, y luego se 
iba con su hijo, para el Cu donde solía estar, el cual 
llamaban CmtéUtUtztlacoliuhgui. iban delante de ellos 
aquellos sus devotos que se llaman icuexoan. Cami- 
naban algo adelante, aderezados con sus papeles, ce- 
ñido un maxtle de papel torcido, y sobre las espal- 
das, un papel fruncido, y redondo como rodela. Lle- 
vaba acuestas unos plumages compuestos con algo- 
don: en este plumage llevaba colgadas unas hilachas 
de lo mismo no torcido, y Jas médicas y las que ven- 
den cal en el tianquiztli iban acompañando de una 
parte y de otra á la diosa y á su hijo, y cantando. 
Los Sátrapas que se llamaban quaquacuütin iban can- 
tando, y rigiendo el canto de Jas mugeres, y tañen- 



153 

do teponaztli de una lengua que tiene abajo un teco- 
matl. Llegando al logar donde esperaban las cabezas, 
en el Cú de su hijo Cinteutl estaba allí un atabal, y 
aquel que llevaba el pellejo vestido, era imagen de 
la diosa Toci, ponía un pie sobre el atabal como co- 
ceándole. Estaban allí esperando al hijo de esta diosa 
Cinteutl, que era un mancebo recio fuerte, muchos sol- 
dados viejos, y tomábanle enmedio, y iban todos cor- 
riendo, porque habian de llevar el pellejo del mus- 
lo de la que murió, el cual aquel que llamaban su 
hijo traía metido en la cabeza, y sobre la cara co- 
mo carátula, á un cerro que se llamaba popotltemi, 
que era la raya de sus enemigos, iban en conipañia 
de estos muchos soldados y hombres de guerra con 
gran priesa corriendo. Llegando al lugar donde habia 
de dejar el pellejo, que se llamaba mexaiacaíl, muchas 
veces acontecía que salían sus enemigos contra ellos, 
y allí peleaban los unos con los otros y se ma- 
taban: poníanle colgado en una garita, que es- 
taba hecha en la misma raya de la pelea, y de allí 
se volvían, y los enemigos también se volvían para 
su tierra. Acabados todos estos juegos y ceremonias, 
á aquel que era imagen de la diosa Toci llevábanle 
á la casa que se llamaba atempan. El Rey ponía" 
se en su & trono en las casas reales, y tenía por estra- 
do un cuero de águila con sus plumas, y por espal- 
dar de la silla un cuero de tigre: estaba allí ordenada 
toda la gente de guerra, delante los capitanes y va- 
lientes hombres, enmedio los soldados viejos, y al 
cabo, los visónos é iban todos delante del señor así 
ordenados, y pasaban como haciendo alarde por de- 
lante de él, y gran reverencia y acatamiento, y tenía 
cerca de sí muchas rodelas y espadas, y plumages 
que son aderezos de la guerra, y mantas y maxtles; 
y como iban pasando, á cada uno le mandaba dar 
de aquellas armas y plumages. A los mas principa- 
les y señalados lo mejor y mas rico, y asimismo 




de las mantas y maxtles, y cada uno en tomando lo 
que le habian dado, íbase aparte y aderezábase con 
ello. A los de enmedio daban lo menos rico, y á los 
de atrás daban lo que quedaba; y como todos se hu- 
biesen aderezado con las armas que habian tomado, 
ordenábanse otra vez, y pasaban por delante del se- 
ñor armados, y aderezados, y hacíanle gran acata- 
miento cada uno como iba pasando. Acabado esto, 
ya estaban haciendo areyto en el patio de la diosa 
Toci, y luego todos los que habian tomado las armas 
ibanse al areyto; estos á quien se daban estas armas, 
tenían entendido que habian de morir con ellas en la 
guerra. En este baile no cantaban, ni hacian meneos 
de danza, sino que iban andando, y levantando y ba- 
jando los brazos, al compás del atambor, y llevaban 
en cada mano flores. Todos ios que bailaban pare- 
cian unas flores, y todos los que miraban se mara- 
villaban de sus atavios, andaban al rededor de las 
de aquella- diosa Toci. Las mugeres que estaban á la 
mira de este areyto lloraban y decian. "Estos nues- 
tros hijos, que van ahora tan ataviados, si de aquí 
á poco pregonan guerra, ya quedan obligados á ir 
á ella, ¿pensáis que volverán mas? Quizá nunca mas 
los veremos" de esta manera se acuitaban las unas 
y las otras, y se angustiaban por los hijos. El hom- 
bre que e v a imagen de la diosa Toci, y sus devo- 
tos, y las médicas iban bailando aparte, detras de 
los que hacian el areyto, y cantaban en tiple muy 
alto en este areyto, comenzando al mediodía, á otro 
hacian el mismo areyto, y salían todos á él, por- 
que el dia antes muchos no habian salido. Por el 
alarde que se hacia este dia, salían todos los prin- 
cipales y los piles, y aderezábanse muy ricamente, y 
el Rey iba delante con ricos adornos ataviado; era 
tanto el oro que resplandecía con el sol en gran ma- 
nera en todo el patio, y á la tarde acabando el arey- 
to salían los Sátrapas de la diosa Chicomecoatl ves- 






155 

tidos con los pellejos de los cautivos que habían 
muerto el dia antes: á estos llamaban tototectí. Estos 
se subian encima de un CtS pequeño, que se llama- 
ba la mesa de Vitzilopuchtli, desde allí arrojaban, ó 
sembraban maíz de todas maneras, blanco y amari- 
llo, colorado y prieto, sobre la gente que estaba aba- 
jo, y también pepitas de calabaza, y todos cogían 
aquel maíz y pepitas, y sobre ello se apuñeaban las 
doncellas que servian á la diosa Chicomecoaíi, á las 
cuales llamaban Cioaikmacazque: todas llevaban acues- 
tas, cada una siete mazorcas de maíz, rayadas con 
ulli derretido, y envueltas con papel blanco en una 
manta rica, iban aderezadas con sus plumas en las 
piernas, y en los brazos, pegadas á manera devilma 
y afeitadas con margagita: iban cantando juntamen- 
te con los Sátrapas de la diosa Chicomecoatl, los cua- 
les regian el canto, Hecho esto, luego los Sátrapas 
iban á recogerse á sus sacristías, y después descen- 
día uno de lo alto del Cu de Vitzilopuchtli, y traía 
en las manos un gran altabaque (a) de madero lleno de 
greda blanca, y molida como harina, y de pluma blan- 
ca como algodón; poníalo abajo en un lugar que se 
llama Coaxalpan, que era un espacio que había en- 
tre las gradas del Cu, y el patio bajo, al^ cual es- 
pacio subian por cuatro ó cinco gradas, ó seis. En 
poniendo su altabaque allí, estaban muchos soldados 
aparejados esperando, y echaban á huir, cual por 
cual llegaban primero á tomar lo que venia en el 
altabaque, y aquí parecían los que eran mejores cor- 
redores y mas ligeros, arremetían con el altabaque y 
tomaban á puñados lo que en él estaba de greda, y 
pluma. En tomando volvían corriendo acia donde 
habían partido, y aquel que tenía vestido el pellejo 
de la muger muerta, que era imagen de la diosa To- 
ci, estaba presente cuando tomaban aquella pluma y 
greda: en acabando de tomar, arrancaban á correr 
tras ellos, como persiguiéndolos, y todos daban gran 
(a) Altabaque, cestülo 6 canasto. 



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156 
grita, y cuando hacia esta corrida el sobredicho, 
como iba entre la gente huyendo, todos le escupían 
y le arrojaban lo que tenían en las manos, y el Rey 
también daba una arremetida corriendo poco tre- 
cho. Así se entraba en su casa corriendo, y todos los 
demás hacían lo mismo, y de este modo dejaban todos 
aquel que era imágen'de la diosa Toci, ecepto algunos 
que le seguían con algunos Sátrapas hasta llevarle al 
jugar donde había de desnudarse el pellejo, el cual 
lugar se llamaba tocititían, donde le colgaban en una ga- 
rita que allí había: tendíanle muy bien para que estu- 
viesen tendidos los brazos, y la cabeza, (acia la ca- 
lle ó camino:) hecho esto se acababa la fiesta y ce- 
remonias de Ochpaniztli. Este es el fin de la relación 
de esta fiesta, (a) 

CAPITULO XXXÍ. 

De la fiesta y sacrificios que se hacían en ¡as ¡calendas del 
duodécimo mes que se llamaba teutleco. (b) 

Al duodécimo mes llamaban Teutleco, que quie- 
re decir la. llegada, ó venida de los dioses. A los quince 
días andados del mismo mes enramaban unos aliares 
que ellos llamaban momoztli con cañas atadas de 
tres en tres: tenían cargo de hacer esto los mozos, 
y muchachos que se criaban en las casas, que llama- 
ban telpuchcalU: estos altares enramaban solamente en 
las casas de las diosas, También enramaban los al- 
tares donde estaban las estatuas de los ídolos parti- 
culares en las casas del pueblo, y dábanles por esto 
en cada casa un cesto de maíz, ó cuatro mazo - 

(a) En este mes (dice Clavijero) se limpiaban y componían las 
calles, se reparaban los acueductos, se hacia revista de tropas, y 
se enganchaban los reclutas. Véase á Anacarsis en el gobierno de 
los Athenienses con quienes hay alguna semejanza. 

(b) Este mes comenzaba en 4 de octubre según Clavijero. 



157 
cas, y á los mas pobres dábanlos dos ó tres mazor- 
ca* llamaban á esto cacalotl, como quien dice agui- 
naldo, para que comiesen tostado, y no lo comían 
to !:>s sino aquellos que eran ya conocidos por dili- 
gentes y trabajadores. A los tres dias que andaban 
enramando, llegaba el dios que llamaban Telpuchtti, 
y Tlamatzincatl, este llegaba primero, porque como 
mancebo andaba mas, y era mas recio y ligero, y 
así ofrecíanle al tercero dia, y las ofrendas que le 
daban, eran semillas de biedos tostada y molida, y lo 
revolvían con agua, y otros la revolvían con miel, y 
hacían cuatro pellas de esta masa, y poníanlas en un 
plato; esta era la ofrenda de cada uno de los que 
habían de ofrecer, y luego las llevaban á ofrecer á 
aquel dios en su Cu, y se las ponían delante. A la 
noche luego comenzaban á beber pulcre: los viejos 
y viejas decían, que lavaban los pies al dios Telpuck- 
tli, que había llegado de camino. El cuarto dia qui- 
taban los ramos de los altares que habían puesto, 
y el quinto dia era la fiesta de Teutleco, és el de la lle- 
gada de los dioses que era el ultimo de este mes. 
A la media noche de este mismo dia, molían un 
poco de harina de maíz, y hacían un montoncillo de 
ella bien tupida: y lo fabricaban de harina, redon- 
do como un queso, sobre un petate. En el mis- 
mo veían cuando habían llegado todos los dioses, 
porque aparecía una pisada de un pie pequeño so- 
bre la harina, entonces entendían que eran llegados 
los dioses. Un Sátrapa llamado Tema, estaba espe- 
rando toda la noche cuando parecía esta señal de 
la llegada de los dioses, é iba y venia á cada ho- 
ra muchas veces, á mirar el montoncillo, y en 
viendo la pisada sobre ella, luego aquel Sátrapa 
decia: «venido há su magostad" En oyendo los demás 
Sátrapas y ministros de los ídolos esta voz, luego se 
levantaban, y tocaban sus caracoles y cornetas en 
todos los cues, en todos los barrios, y en todos los 
Tom. I. 23- 






pueblos. Con esto entendía toda la gente, que los 
dioses eran llegados, y luego todos comenzaban á ir á 
los cues con sus ofrendas para ofrecer á los recien 
venidos: lo que ofrecían era aquellos tamales de se- 
milla de bledos que habían hecho el dia antes; en 
acabando de ofrecer, luego se iban á sus casas, no 
quedaba allí nadie, y á la media noche bebían pul- 
cre: los viejos, y viejas decian, que lavaban los pies 
á los dioses. El dia siguiente llegaba el dios de los 
mercaderes, llamado Yacapitzaoatl ó Yiacatecutli, y 
otro dios llamado Yxcocauhqui, ó Xiuhtecutli, que 
es el dios del fuego, á quien los mercaderes tienen 
grande devoción: estos dos llegaban á la postre, un 
dia después de los otros. Acabado esto, luego que- 
maban vivos á muchos esclavos echándolos en el fue- 
go en un altar grande que se llamaba tccako, que 
tenia gradas por cuatro partes; encima del altar an- 
daba bailando un mancebo aderezado con una cabe- 
llera de cabellos largos, con un plumage de plumas 
ricas, y con una corona. Tenia la cara teñida de ne- 
gro con unas rayas de blanco, una que salía desde 
la punta de la oreja acia lo alto de la frente, y otra 
que descendía desde el lagrimal del ojo, acia la me- 
jilla, haciendo medio círculo. Traía acuestas un plu- 
mage que se llamaba vocalli, y un conejo seco en él. 
Cuando echaban algún cautivo en el fuego, silvaba, 
metiendo el dedo en la boca como lo acostumbra- 
ban: también otro mancebo se aderezaba como mur- 
ciélago, con sus alas y con todo lo demás, para fi- 
gurar esta ave: traía unas sonajas, y en cada mano 
la suya que son hechas como cabezas de adormi- 
deras grandes, y con estas hacían' son. Habiendo echa- 
do en el fuego á los cautivos, luego los Sátrapas se 
ponían en procesión, compuestos con unas estolas de 
papel desde el hombro izquierdo al sobaco derecho, 
y desde el hombro derecho, al sobaco izquierdo, y 
subían trabados de las manos á la hoguera, y da- 






159 

ban una buelta al rededor de ella muy espacio, y des- 
cendían corriendo abajo: desacianse de las manos los 
unos de los otros, casi por fuerza; algunos de ellos 
caían, unos de bruzas, y otros de lado: este juego 
se llamaba mamatlavicoa. Otro día juntábanse por los 
barrios y por las calles, y hacian danzas tra vados de 
las manos: pintábanse los brazos y el cuerpo con plu- 
mas de diversas colores, pegándolas á la carne con 
resina: esto hacian chicos y grandes, y aun á los que 
estaban en la cana pintaban con estas plumas; pe- 
ro solamente á los machos. Esta manera de danza, 
comenzaban desde el medio dia, y cantaban al- 
gunos cantares (como querian) y danzaban de esta 
manera hasta la noche, y los que querian también 
de noche. Estos dos dias postreros eran del mes que 
se sigue. Esta es la relación de la fiesta llamada 
Teutleco, 

CAPITULO XXXII. 

De la fiesta y sacrificios que se hacian en las ¡calendas 
del decimotercio mes, que se decia tepeilhuitl. (a) 

Al decimotercio mes llamaban Tepeilhuitl En 
la fiesta que se hacia en él cubrían de masa de 
bledos unos palos que tenian hechos como culebras 
y hacian unas imágenes de montes fundadas sobre 
unos palos hechos á manera de niñas, que llamaban 
Ehecatontin, era de masa de bledos la imagen del mon- 
te, ponianle delante unas masas rollizas y larguiüas, 
de masa de bledos á manera de besos, y estos lla- 
maban yonio. Hacian estas imágenes á honra de los 
montes altos donde se juntan las nubes, y en memo- 
ria de los que habian muerto en agua, ó heridos de 
rayo, y délos que no se quemaban sus cuerpos, sino que 
los enterraban. Estos montes hacianlos sobre unos 
(a) Este mes comenzaba en 24 de Octubre (según Clavijero.) 



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160 
rodeos ó roscas, hechos de heno atados con zacate, 
y guardábanlos de un año para otro. En la vigilia de 
esta fiesta, llevaban á lavar estas roscas al rio ó á la 
fuente, y cuando los llevaban, íbanlos tañendo con 
unos pitos de barro cocido, ó con unos caracoles 
mariscos. Lavábanlos en unas casas ú oratorios, que 
estaban hechos á la orilla del agua, que se llama 
üiauhcaiti, y el lavatorio lo hacían con unas hojas de 
cañas verdes. Algunos los lavaban con el agua que pasa- 
ba junto á su casa: en acabándolos de lavar, vol- 
víanlos á su casa con ía misma música, y luego ha- 
cían sobre ellos las imágenes de los montes, como 
está dicho. Algunos hacían estas imágenes de noche, 
antes de amanecer, ya cerca del día. La cabeza de ca- 
da un monte tenia dos caras, una de persona, y otra 
de culebra: untaban la cara de persona con ulli der- 
retido, y hacían unas tortillas pequeñuelas de masa 
de bledos amarillos, y poníanlos en las mejillas de la 
cara de persona; de una parte y de otra, cubríanlos 
con unos papeles que llamaban teteuitl: poníanlos unas 
coronas en las cabezas con sus penachos. También 
á las imágenes de los muertos los ponían sobre aque- 
llas roscas de zacate, y luego en amanenciendo co- 
locaban estas imágenes en sus oratorios, sobre unos 
lechos de espadañas ó de juncias, ó de juncos. Pees- 
tos allí, luego los ofrecían comida, 'tamales, y maza- 
morra ó cachuela (a) hecha de gallina ó de carne de 
perro, y luego los incensaban echando incienso en una 
mano de barro cocido, como cuchara grande, llena 
de brasas: á esta ceremonia llamaban calonoac, y los 
ricos cantaban y bebían pulcre á honra de estos dio- 
ses y de sus difuntos: ios pobres no hacían mas de 
ofrecerlos comida como se dijo. En esta fiesta ma- 
taban algunas mugeres á honra de estos dioses de 
los montes. A la una de ellas llamaban Tepoxoch, á 

(a) Cachuela guisado ó frito hecho úel higado y corazón. 



161 

la segunda Mathlhuac, y á la tercera Xochctccatl, y á 
la cuarta Mayabel, que era imagen de los magueyes. 
El primero era hombre, llamábanle Mikaoatl, este 
hombre era imagen de las culebras, iban aderezados 
con coronas de papel, y todos los papeles con que 
iban adornados iban manchados con ulh derretido; el 
mismo atavio llevaba el hombre que llamaban Mtlnaoatl, 
que como se ha dicho, era imagen de las culebras. 
A estas mugeres, y á este hombre llevábanlos en li- 
teras por lo que se llamaba este paseo de literas: traíanlos 
como en procesión en los hombros, hombres y mugeres, 
iban cantando con los que llevaban las literas o andas: 
iban muy bien aderezadas las mugeres con sus 
enaguas y vipiles labiados y afeitadas las caras. 
Venida la hora del sacrificio ponían en las literas a 
las mugeres, y al hombre que habian de morir, y su- 
bíanlos á lo alto del Cu, y de que estaban arriba sa- 
cábanlos de las literas, y uno á uno echábanlos so- 
bre el tajón de piedra: abrianlos los pechos con el 
pedernal y les sacaban los corazones que ofrecían 
al dios Tlaloc. Luego descendian los cuerpos Cayén- 
dolos rodando por las gradas abajo mas poco á poco, 
teniéndolos con las manos, y llegando abajo levában- 
los al lugar donde colocaban las cabezas, allí se las 
cortaban, y las espetaban por las sienes en unos va- 
rales que estaban echados como en la cerca. Los 
cuerpos llevábanlos á los barrios de donde habían sa- 
lido, y otro dia que se llamaba texinilo los hacían pe- 
dazos y comian. También entonces despedazábanlas imá- 
genes de los montes en todas las casas, que los habían 
hecho, y los pedazos subíanlos á los tlapancos para 
que se secasen al sol, é íbanlos comiendo cada día 
poco á poco, y con los papeles con que estaban ade- 
rezadas aquellas imágenes de los montes, cubrían aque- 
llos rodeos de zacate, sobre que los habian puesto, y 
colgábanlos de las vigas cada uno en el oratorio que 
tenía en su casa. Un ^año entero estaba colgado allíj 



162 
hasta que llegase otra vez la fiesta: entonces toma- 
ban los pedazos juntamente con el rodeo, y llevá- 
banlos á los oratorios que se llamaban aiauhcalh, y 
el papel dejábanlo allí, y el rodeo volvíanlo á su ca- 
sa para hacer ofrenda á las imágenes. Aquí se aca- 
ba la relación del mes y fiesta que se llama Tepeil- 
kuitl. 

CAPITULO XXXIÍI. 

De la fiesta y sacrificios que se hadan en las ¡calendas 
del decimocuarto mes que se llamaba qjjecholli. (a) 

Al mes decimocuarto llamaban Quechtilli. Sa- 
lido el mes pasado, en cinco días no se hacia cere- 
monia ninguna ni fiesta en los cues. Estaba en cal- 
ma lo que tocaba, al servicio de los dioses. Al ses- 
to dia juntábanse los que tenían cargo de los barrios», 
y mandaban que se buscasen cañas para hacer sae- 
tas, y cada uno de los soldados traía una carga de 
cañas, y todos juntos, los del TlaUelulco con los de 
México, ofrecían todas aquellas cañas á Vitzilopuchtli, 
poniéndoselas en el patio delante del Cu de este dios, 
luego allí las repartían á la otra gente, y cada uno 
llevaba á su casa las que le cabian. Otro dia venian 
al patio de Vitzilopuchtli todos los que habian lleva- 
do cañas, para enderezarlas al fuego: este dia no se 
hacia mas de enderezar las cañas, y volvíanse á sus 
casas. Al dia siguiente volvían con ellas al patio de 
Vitzilopuchtli , y venia toda la gente, chicos y gran- 
des no quedaba nadie, y á todos los muchachos su- 
bíanlos al Cú de Vitzilopuchtli: allí los hacían tañer 
con ios caracoles y cornetas, y los hacian cortar las 
orejas y sacar sangre, y untábanlos por las sienes y 
por los rostros. Llamábase este sacrificio momacaico, 
porque lo hacian en memoria de ios ciervos que ha- 
(a) Comenzaba á 13 de noviembre. 



163 
bian de ir á cazar. De que se juntaban todos en el 
patio de Vitzilopuchtü, los tenuchcas, y los tlaltehlcas, 
en una parte se ponían los tenuchcas, y en otra los 
tlaltelukas, y comenzaban á hacer saetas. A este dia 
llamaban tlacatintlacochtlí, y en el mismo todos hacian 
penitencia, pues todos se sacaban sangre de las 
orejas cortándose, y si alguno no se sangraba to- 
mábanle la manta los que tenian cuidado de re- 
coger la gente que llamaban tepanmani, y nunca 
mas se la daban, y los dias que entendían en hacer 
estas saetas, nadie dormía con muger ni bebía pul- 
cre. Todas las saetas eran hechas a una medida, y 
los casquillos que eran unas puntas tan largas como 
un geme hechas de roble, eran también todas igua- 
les, todos cortaban las cañas á una medida: ya cor- 
tadas, dábanlas á los que le ponían las puntas, y aque- 
llos atábanlas ,muy bien con ixtli, con hilos de ne- 
quen muy bien torcidos: porque no se hendiesen al me- 
ter de las puntas, metian engrudo en el ahugero de 
la caña, y luego la punta sobre el engrudo. En ponien- 
do la punta como había de estar, untaban con resina la 
atadura de la caña, y también al cabo donde ha- 
bía de herir la cuerda del arco, y en acabando de apa- 
rejar las saetas, hacíanlas luego hacecillos de veinte 
en veinte, y luego se ordenaban como en procesión, 
llevábanlos todos á ponerles, y presentábanlos delante 
de Vitzilopuchtli: allí colocadas todas juntas, íbanse a 
sus casas. Al cuarto dia llamaban calpannemitilo, que 
quiere decir el dia que se hacen saetas particulares para 
jugar con ellas, para ejercitarse en el tirar. A efecto 
de esto ponían por blanco una hoja de maguey, y ti- 
rábanle: aquí parecian los que eran mas certeros en ti- 
rar. Al quinto dia hacian unas saetas pequeñas a hon- 
ra de los difuntos, eran largas como un geme, ó pal- 
mo, y poníanlas resina en las puntas y en el cabo: 
el casquillo era de palo, por allí ataban cuatro sae- 
tas y cuatro teas con hilo de algodón flojo, y ponían 



164 

sobre las sepulturas de los difuntos. También las po- 
nían juntamente un par de tamales dulces: todo el 
dia estaba esto en las sepulturas, y á la puesta del 
sol encendian las teas, y allí se quemaban las teas 
y las saetas: el carbón y ceniza que ellas se hacia, 
lo enterraban sobre la sepultura del muerto á honra 
de los que habian fallecido en la guerra. Tomaban 
una caña de maíz que tenía nueve nudos, y ponían 
en la punta de ella un papel como bandera, y otro 
largo que colgaba hasta abajo al pie de la caña: 
ponían la rodela de aquel muerto arrimada con una 
saeta; también ataban en la caña la manta, y el max- 
tle. En la bandera señalaban con hilo colorado una 
aspa de ambas partes, y también labraban el papel 
largo con hilo colorado, y blanco torcido de arriba 
hasta hajo, y del hilo blanco colgaban el pajarito que 
se llama vitzitzilin (a) muerto. Hacían también unos ma- 
nojitos de plumas blancas del que llaman aztatl (Garza) 
atadas de dos en dos, y todos los hilos se juntaban y 
los ataban á la caña, estaban aforrados los hilos coa 
pluma blanca de gallina pegado coa reciña; todo es- 
to lo llevaban á quemar á un pilón de piedra, que 
se llamaba quauhxicalco. Al sesto dia llamaban caca" 
panquixoa, y llamábanle de esta manera, porque en 
el patio del Cú del dios que llaman Mixcoatl, tendían 
mucho heno traído de las montañas, y sobre él se sen- 
taban las mugeres ancianas, que servían en el Cú, 
que se llamaban Cioatlamacazque: delante de ellas ten- 
dían un petate, y luego venian todas las rnugeres que 
tenían hijos, ó hijas y traíanlos consigo. Estos traía 
cada uno cinco tamales dulces, y echábanlos sobro 
el petate delante de las viejas, y luego daba cada una 
á su hijo, un tamal, y mostrándoselo ellos, les brincaban 
en los brazos para tomarlos, éíbanse luego á sus casas. 

(a) Chupamirto 6 sea Huitzitzilin según Clavijero, que vive adromecido 
como las golondrinas por la frialdad de su sangre, desde Octubre hasta 
Abril. En 1828 los he visto en México vivos en principios de Febrero. 



165 
Esto se comenzaba á la mañana, y se acababa á la 
hora de comer, los tamales se los tomaban las vie- 
jas para sí. Al undécimo dia de este mes, iban 
á hacer una casa a aquella sierra que estaba 
encima de Atlacuioayan, (a) y esta era fiesta por si, 
de manera que en este mes había dos fiestas, la que 
está dicha, y la que comienza. Esta montaña o la- 
dera donde iban á cazar, llamaban Cacatepec, y llamá- 
banle también Yxillanionan. El dia que llegaban a es- 
ta ladera, descansaban allí aquella noche, en sus ca- 
banas de heno, hacían hogueras para dormir en la 
misma, [á los diez dias del mes arriba dicho, ha- 
cían fiesta al dios de los Oto mies llamado Mixcoatl, 
en el modo que se sigue.] Otro día de mañana, al- 
morzaban todos, y aderezábanse luego para la caza: 
ceñíanse sus mantos á los lomos, y poníanse todos 
en montería; no solamente los mexicanos iban a es- 
ta fiesta, sino también los de Cuauhtitlan, de Luauti- 
navac, de Coioacan, y otros pueblos comarcanos: to- 
dos -llevaban arcos y saetas, é íbanse juntando poco 
á poco acorralando la caza, que eran ciervos, co- 
nejos, liebres, v coyotes. Cuando ya estaba junta la 
caza arremetían todos, y tomaba cada uno lo que 
podía: pocos animales de aquellos se escapaban, o 
casi ninguno. Habiendo tomado los animales, íbase 
cada uno para su pueblo, y los que tomaban algu- 
na caza, matábanla y llevaban la cabeza consigo, y 
á los que cazaban algunos animales, dábanlos man- 
tas por ligeros y osados, y también les daban comi- 
da. Concluida la batida, luego regresaban á sus casas; 
las cabezas de los animales que habían tomado, y 
que llevaban consigo, colgábanlas en sus habitaciones. En 
el sesto dia que se llamaba cacapinquixoa, dábanlos 
aderezos de papel á los esclavos que habían de ma- 
tar, á honra del dios Tlamatzincatl, y á honra del 
otro dios que se llamaba Ixquitecatl: los que hacen 

(a) Hoy Tacubaya 
Tom.I. 24 



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166 
pulcre y los que lo hacían para Mochtccuzorna, com- 
praban estos esclavos, los cuales morían á honra de 
los dioses ya dichos. Otros dos esclavos que mata- 
ban á honra del dios Mixcoatl y de su muger que se 
llamaba Coatlicue, comprábanlos los Calpixques; allen- 
de de otros hombres que mataban á honra de 77a- 
mtztzincatl, mataban muchas mugeres, á las cuales lla- 
maban Eoatlnmw, y eran sus mugeres de Tlamatzin- 
catl y de hguitecatl: también á estas infelices las com- 
jponian con sus papeles. Llegada la fiesta que era el 
ultimo día de este mes, daban una buelta á todos 
los que habían de morir, trayéndolos en procesión por 
el rededor del Cu. Pasado el medio dia, llevábanlos 
adonde los hablan de matar, traíanlos en procesión 
en torno del tajón, del lugar del sacrificio, y torná- 
banlos á descender abajo; después los llevaban 
á la casa del Calpulco, y allí los hacían velar toda 
la noche. A esta hora y delante del fuego, cortában- 
les los cabellos de la coronilla, luego los esclavos 
quemaban sus hatos, que eran una banderilla dé pa- 
pel, su manta, y su maxtle, y algunos quemaban las 
sobras de las canas de humo, y sus vasos que te- 
man para beber, todo lo hacían cenisa allí en el Calpul- 
co, y las mugeres también quemaban todos sus hatos 
y alhajas, su petaquilla y sus husos, y demás instru- 
mentos de que se valen para tejer: todas estas ba- 
ratijas las quemaban las mismas personas cuyas eran; 
decían que todas estas alhajas se las habían de dar 
en el otro mundo después de su muerte. Esto se ha- 
cia en la vigilia de la fiesta. El dia de ella, en amanecien- 
do, componíanlos luego con sus papeles con que ha- 
bían de morir, y luego los llevaban al lugar de la 
muerte, subíanlos por las gradas del Cú á cada uno dos 
mancebos, uno de un brazo, y otro de otro, porque no 
desmayasen ni cayesen, y otros dos los bajaban des- 
pués de muertos por las gradas abajo: á cada uno 
ae ellos le llevaban una bandera de papel delante, 



167 
cada uno de estos esclavos iba con esta com- 
pañía. Cuando subian por las gradas del Cu, lle- 
vaban delante de todos cuatro cautivos atados 
de pies v manos, los cuales había atado en el re- 
cibimiento del Cu, que se llamaba dpetlac, que es de 
donde comienzan las gradas. A cada uno llevaban 
cuatro, dos por los pies, y dos de los brazos; condu- 
cíanlos boca arriba y llegados arriba echábanlos so- 
bre el tajón y abríanlos los pechos y sacábanlos los 
corazones. Subíanlos de esta manera en significación 
que eran como ciervos que iban atados á la muer- 
te, los demás esclavos iban por su pie. Muertos to- 
dos estos, á la postre mataban á la imagen del dios 
Mixcoatl, porque todos los mataban en su Cu, y a 
los que eran del dios Tiamatzincatl, también los ma- 
taban en el suvo. Subíanse de su Cú, é iban al ta- 
jón donde los mataban en el Cú de Tiamatzincatl: las 
muge-res matábanlas en otro Cú, que llamaban Coa- 
tlan antes que á los hombres, y las mugeres cuando 
subian las gradas, unas cantaban, otras gritaban, y 
otras lloraban; iban llevándolas por los brazos algu- 
nos hombres, porque no desmayasen, y después que 
las habían muerto, no las arrojaban por las gradas 
abajo, sino que las descendían rodando poco á po- 
co. Estaban abajo cerca del lugar donde espetaban 
cabezas, dos mugeres viejas que llamaban Teixami- 
que: tenían junto á sí unas jicaras eon tamales, y una 
salza de molli en una escudilla, y en descendiendo 
á los que habían muerto, llevábanlos donde esta- 
ban aquellas viejas, y ellas metían en la boca á ca- 
da uno de los muertos cuatro bocadillos de pan mo- 
jados en la salza, y rociábanlos las caras con unas 
hojas de caña mojadas en agua clara: luego les cor- 
taban las cabezas los que tenían cargo de esto, y las 
espetaban en los varales que estaban pasados por 
unos maderos como en lancera. Así se acababa la 
fiesta, y se iban todos á sus casas. 



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168 



■r''0''r. : 




CAPÍTULO XXXIV. 



De la fiesta y sacrificios que se hacían en las kalendas 
del decimoquinto mes, que se decía 

PANQÜETZALIZTLl. [a] 

Al decimoquinto mes llamaban Panqüetzaüztli. 
Antes de llegar á este mes por reverencia de la fies- 
ta que en él se hacia, los Sátrapas y ministros de 
los ídolos hacían penitenciajochenta días: iban á po- 
ner ramas en todos los oratorios y humilladeros de 
los montes: y comenzaban esta fiesta un dia después 
del mes que se llama Ochpantztli. A la media noche 
iban á enramar los altares, oratorios, y humilladeros 
de los montes, aunque estuviesen lejos, lo que prac- 
ticaban de noche y desnudos, todos los dias y to- 
das las noches, hasta llegar á este mes de Panqüet- 
zahztli. Por ramos llevaban cañas verdes y espinas 
de maguey, é iban tañendo con su caracol ó corneta, 
y con su pito. Un rato tañian con la corneta, y otro 
rato con el pito, y así iban remudando la música, 
[b] Acabado el mes de Quechollt que es este pa- 
sado, luego comenzaban á bailar y á cantar, y can- 
taban un cantar que se llama tlaxotecuiotl, que es can- 
ción á loor de Vitzilopuchtli: comenzaban este cantar 
al principio de la noche, y acababan á la mitad de 
ella cuando tañian á maitines. En esta función, can- 
taban y bailaban también las mugeres, mezcladas con 
los hombres. Nueve dias antes que matasen los que ha- 
bían de morir, bañaban á estos con el agua de una fuen- 
te, que llamaban Vitzilatl, que ésta junto el pueblo de 

(a) Se hacia esta fiesta el 3 de Diciembre. 

(b) Hoy no nos sería estraña esta maldita música, muy pareci- 
da á la que hemos adoptado en nuestro ejército remedando la 

irancesa» 



169 
Vitzilopuchco. Por esta agua iban los viejos de los barrios, 
V la traían en cántaros nuevos, y tapados con ojas de 
cedro que llaman abebetl. En llegando a donde esta- 
ban los esclavos que estaban delante del Cu de ViU 
zilopuchtli, á cada uno echaban un cántaro de agua 
sobre la cabeza, y sobre todos los los vestidos que te- 
nían, así hombres, como mugeres: después quitábanlos 
las vestiduras mojadas, y aderezábanlos con los pa- 
peles con que habian de dormir, y teñíanlos todos 
los brazos, y piernas con azul claro. Después se las 
rayaban con tejas, y pintábanlos las caras con unas 
vandas de amarillo y azul, atravesadas por toda la 
cara, una de amarillo, y luego otra de azul y po- 
níanlos en las narices una saetilla atravesada, y un 
medio círculo que colgaba hasta á bajo. Poníanlos 
unas corosas, ó coronas hechas de camtas atadas, y 
de lo alto salia un manojo de plumas blancas, y á las 
mugeres poníanlas plumas amarillas sobre las coro- 
nas. Aderezados de esta manera delante del Cú de 
Vitzilopuchtli, llevábanlos por delante del Culpulh, y ca- 
da uno llevaba su dueño á su casa. En llegando á 
ella descomponíanlos de los papeles con que estaban 
adornados, y poníanlos en las petacas; desde allí comen- 
zaban á bailar y cantar, un hombre, y una muger 
pareados. Llegaban al quinto dia antes del en que 
los matasen, y comenzaban á ayunar los dueños de 
los esclavos todos aquellos cinco dias, y también ayu- 
naban los viejos de los barrios: comían al medio día 
por el ayuno, y bañábanse á la media noche por la 
penitencia en los oratorios que se llaman Aiauhcalco, 
los cuales estaban á la orilla del rio. Las mugeres y 
señoras de aquellos esclavos bañábanse en el agua 
que pasaba junto á sus casas, los que se bañaban, lle- 
vaban cuatro puntas de maguey cada uno, y antes 
que se bañasen cortábanse las orejas, y con la sangre 

(a) Hoy se llamaba Chwiihtzco y la fuente Acuecaeztcatl. 





170 

que salia ensangrentaban las puntas dichas, una la 
echaban en la agua, la otra hincaban á la oriíla del 
agua, otras dos ofrecian al ídolo que estaba en aquel 
oratorio de Aiauhcalco. Las mugeres que se bañaban 
cerca de sus ceisas, ensarmentaban una punta de ma- 
guey, é hincábanla á la orilla del agua. Acabados los 
cuatro dias de la penitencia juntábanse los esclavos 
y esclavas, los dueños de ellos hombres y mugeres, 
y también los que habian de subir al Cu, y ios que 
los habian de descender después de muertos, no me- 
nos que los habian de labar las caras, y también los 
que habian de llevar las vanderillas delante de ellos: 
todos juntos se trababan por las manos, hombres y 
mugeres, é iban danzando, cantando y culebreando 
para asirse. Hacían unas roscas como guirnaldas de 
cuerdas, ó de espadañas, y no se asian de las 
manos sino de las guirnaldas ó roscas, y los escla- 
vos que habian de morir iban danzando mezclados 
entre los otros que también danzaban, é iban con gran 
prisa saltando, corriendo, danzando, galopando, y 
acezando, y los viejos de los barrios íbanlos hacien- 
do el son y cantando, é iba mirando esta danza mu- 
cha gente. Los que habian hecho penitencia, ni dor- 
mido con sus mugeres aquellos dias de mortificación, 
ni recibido otros ningunos regalos por reverencia del 
ayuno, así hombres como mugeres, acababan estas 
danzas á la media noche, íbanse entonces todos á 
sus casas, y en amaneciendo comenzaban la fiesta por 
que era el postrero día del mes. Entonces iban los 
esclavos que habian de morir á las casas de sus amos 
á despedirse, y llevábanles delante una escudilla de 
tinta, ó de almagre, ó de color azul: iban cantando 
con muy alta voz, que parecía que rompían el pe- 
cho, y en llegando á las casas de sus amos, metían 
ambas manos en la escudilla de color, ó de tinta, 
y poníanlas en los umbrales de las puertas, y en los 
postes de las casas de sus amos, y dejábanlas allí 



171 

impresas con las colores; lo mismo hacían en casa 
de sus parientes. Algunos que tenían gran corazón 
comían, y otros no podían comer, con la memoria 
de la muerte, que luego habían de padecer. Hecho 
esto tenían aparejadas los dueños de los esclavos 
muchas mantas y maxtles que habían de distribuir 
en la fiesta, cogidos con sus cargas, y cargábanse- 
las sobre los hombros á los que las habían de lle- 
var, y los que habían de morir componíanse con sus 
papeles, y tomaban acuestas sus banderillas, y las mu- 
geres tomaban también sobre las espaldas las peta- 
quillas de sus alhajuelas; luego se ponían todos en 
procesión en la puerta, y los esclavos entraban en 
los silleros de la casa y cercaban los hogares, dan- 
do al rededor de ellos algunas bueltas. Luego comen- 
zaban á ir acia el Calpulco, los esclavos iban detras 
de todos, y en llegando al Calpulco danzaban por el 
patio, y los que llevaban las cargas metíanlas allí, y 
luego ponían cada cosa por si, las mantas todas jun- 
tas, los maxtles, los vipiles, y las enaguas todas jun- 
tas. Después entraban los convidados y los que ha- 
cían la fiesta, dábanlos maxtles y mantas, ó lo que 
querían, y las mugeres entraban ordenadas por otra 
parte, y dábanlas vipiles, y enaguas á las que que- 
rían. Estas fiestas hacían solo los mercaderes que 
compraban los esclavos. Habiendo dado las mantas 
y lo demás á los convidados, luego llevaban los es- 
clavos al Cu, y después que le habían dado vuelta en 
procesión, luego los subían. Llegando arriba andaban 
en procesión en rededor del tajón, y tornaban á des- 
cender abajo, y de que llegaban abajo iban corrien- 
do al Calpulco: otros no corrían, sino que iban des- 
pacio, y llegando al Calpulco, descomponían los pa- 
peles, y sentábanlos sobre unos petates; traíanles allí 
de comer, y también pulcre, porque comiesen y be- 
biesen los que quisiesen. Después toda la noche los 
hacían velar allí, y llegada la mitad de ella, ponían- 






172 
los en rendé delante del fuego, y cortábanlos los ca- 
bellos de la coronilla, y guardábanlos por reliquias, 
como está dicho. Hecho esto comenzaban á comer 
masa de bledos que tenían aparejada y ninguno 
dejaba de comerla. Estos tamales rollizos no los par- 
tían con las manos, sino con un hilo de ixtle. En 
acabando de comerlos, cogian los petates, y enrollá- 
banlos, y poníanlos todos juntos en un lugar. Esto 
se hacia en todas las casas del pueblo. Echábanse 
en el suelo, ó sobre unas mantillas rotas que ten- 
dían debajo, y en amaneciendo, antes que estuviese 
bien entrado el día, descendían al dios Peynal de lo 
alto del Cu de Vitzilopuchlli, y luego iba derecho al 
juego de pelota, que estaba en medio del patio que 
"llamaban teutlachco, allí mataban cuatro cautivos, dos 
á honra del dios Jlmapan, y otros dos á honra del 
dios Oappatzan, cuyas estatuas estaban junto al tía- 
chco: muertos los sacrificados arrastrábanlos por el tía- 
chco, y teñíase todo el suelo con la sangre que de 
ellos salía, trayéndoles arrastrando. Hecho esto, iba 
luego el dios corriendo acia el Tlatelulco, y le acom- 
pañaban cuatro nigrománticos, y otra mucha gente, 
y desde allí partía luego por el camino que llaman 
Nonoako, donde ahora está una iglesia de S. Miguel: 
allí le salía á recibir el Sátrapa de aquel Cu con 
la imagen del dios Quavitticac, que és compañero del 
dios Paynal: ambos tenían unos ornamentos, ó ata- 
víos. En seguida, ambos juntos iban acia Tiacuba, al 
lugar que se llama Tlaxotlan; de allí marchaban acia 
el barrio que se llama popatlan, donde está la iglesia 
de S. Estevan, y delante de un Cu, que allí estaba, 
mataban otros cautivos, y luego corriendo se par- 
tían, acia Chapultepec, y pasaban por delante del cer- 
ro de este nombre, y pasaban por un río que corre 
por allí que llaman hquitlan. Delante del Cú que allí 
estaba, mataban otros cautivos á los cuales llama- 
ban ízquiteca: desde allí iban derechos acia Coyoacan 



173 

v llegaban allí á un lugar que se llama Tepdocan, 
(unto á las casas de Coioacan: desde allí iban dere- 
chas á Mazatlan, que está cerca de la iglesia de fe. 
Matías Iztacalco, y de aquel punto volvían á un lugar que 
se llama Acachinanco, que es cerca de las casas de Al- 
varado. Entretanto que se hacia esta procesión, ha- 
dan una escaramuza los esclavos que habían de mo- 
rir- un bando eran de Vttznaoa, y de otro bando otros 
esclavos. De la parte de Vitznaoa ayudaban los sol- 
dados de éste: á estos soldados daba el señor jubo- 
nes amarillos, y rodelas pintadas de unas esférulas 
blancas y negras, entrepuestas las unas a las ©tras. 
Estos soldados llevaban por espadas unos garrotes 
de pino, y unos dardos con que peleaban y tiraban, 
y los esclavos tiraban saetas de casquilloS de pe- 
dernal: matábanse unos á otros en esta escaramuza, 
y los que cautivaban los esclavos de ios soldados, 
también los mataban, echaban á los que cautivaban 
sobre un teponaztli, y allí les sacaban el corazón, y 
de que tornaba el dios Paynal, ya que llegaba al lu- 
gar del Cu donde peleaban, el que estaba mirando 
desde encima del Cu, daba voces diciendo: „¡Ah me- 
xicanos! no peleéis mas, cesad de luchar que ya vie- 
ne el señor Paynak» oída esta voz, ios soldados que 
peleaban echaban á huir, y los esclavos seguíanlos, 
y así se desbarataba la guerra. Delante del dios Pay- 
nal traían dos plumages redondos como rodelas, y te- 
nían en el medio ahugerado. Eran aquellas como ma- 
zas que llevaban delante de aquel dios, puestos en 
unas astas, como astas de lanzas: llevábanlos unos mu- 
chachos corriendo, y en^ apareciendo aquellas de le- 
jos, el atalaya daba voces para que cesase la guer- 
ra, y llegando cerca del Cu de Vitzilopuchtli, dos sol- 
dados de aquellos que acompañaban, tomaban las ma- 
zas á los muchachos, y llevábanlas corriendo hasta 
el Cu, y salían otros dos y tomábanlos aquellos, y lle- 
vábanlas otro trecho, y así se remudaban hasta lle- 
Tom. L 2,5 






174 

gar á la puerta del Cú de ViízilopuchfU, que se lla- 
maba Quahquinaoac. Estando allí, ninguno podia to- 
mar las mazas á los que las llevaban, ellos las su- 
bían al Cú de Vitzilopuchili, y llegando arriba, ponían- 
las sobre la estatua del dios, que era hecha de ma- 
sa de bledos: allí caían cansados, y allí estaban car- 
leando de fatiga. Luego iba un Sátrapa, y cortaba las 
orejas con un pedernal á estos dos que habían lle- 
gado cansados, y tornando en sí bajaban del Cú, tra- 
yendo consigo la estatua de Vitzilopuchtli cautiva que 
era de masa, y llevábanla para sus casas, y hacían 
convite con ella á sus parientes y á todos los de 
su barrio. Hecho esto, tomaban luego á los cau- 
tivos y á los otros esclavos que habían de dormir, y 
traíanlos en procesión al rededor del Cú sola una vez. 
Iban delante todos los cautivos, y luego los ponían en 
orden: después descendía un Sátrapa de lo alto del 
Cú, y traía en las manos un volumen grande de pa- 
peles blancos que llaman tcteppoalli, ó por otro nom- 
bre teícviti, y en llegando abajo, los alzaba como ofre- 
ciéndolos acia las cuatro partes del mundo; luego los 
ponían en un pilón que se llama Quauhxicalco. Des- 
cendía después otro Sátrapa que traía un hachón de 
teas muy largo, que llaman xiuhcoatl, tenia la cabe- 
za y la cola como culebra, y le ponían en la boca 
unas plumas coloradas, que parecia que por ella sa- 
lía fuego: tenia la cola hecha de papel dos ó tres 
brazas de largo. Cuando descendía no parecia sino 
gran serpiente, y descendía culebreando y moviendo 
la lengua, y en llegando abajo íbase derecho al pi- 
lón donde estaba el papel, y ofrecíalo acia las cua- 
tro partes del mundo, y luego tornaba á ponerlo jun- 
to, y arrojaba sobre ello la culebra ardiendo, allí se 
quemaba todo junto, y el Sátrapa tornábase á subir 
al Cú, y en llegando arriba, comenzaban luego á to- 
car las cornetas y caracoles. Después descendía un Sá- 
trapa con gran prisa, trayendo en los brazos la es- 






175 

taina de Payntil vicario de VitzilopucMi, y llegando con 
ella abajo, pasaba por delante del pilón, y de los 
cautivos y esclavos que habian de morir, como guián- 
dolos: luego tornaba á subir al Cú, y en llegando 
arriba, mataban primero los cautivos para que fue- 
sen delante de los esclavos, y luego sacrificaban 
á estos. Cuando mataban á uno, luego tocaban 
las cornetas y caracoles, descendian el cuerpo por las 
gradas rodando, derramando por ellas la sangre; así 
hacian á todos los esclavos que mataban á honra de 
Vitznaoatl, solos ellos morian, ningún cautivo moria con 
ellos, y los mataban en su Cú de Viznaoatl. Acaba- 
dos de matar los esclavos y cautivos, todos se iban 
á sus casas, y el dia siguiente bebian pulcre los vie- 
jos y viejas, los casados y los principales. El pulcre 
qae aquí bebian, se llamaba mataluhtli, que quiere 
decir pulcre azul, porque lo teñian con color azul, los 
demás de estos bebian el uctli, lo que hacian secretamen- 
te, porque si se sabia los castigaban, y les daban de 
porrazos, los trasquilaban, arrastraban, acoceaban, y 
arrojábanlos por el suelo mny mal parados. En las 
casas de los dueños de los esclavos, cantaban y ta- 
ñian, y tocaban las sonajas: no bailaban, sino esta- 
ban sentados: daban mantas á los servidores de la 
fiesta, que tenian cargo de dar la comida, bebida, 
cañas de humo y flores; &c. y también daban ena- 
guas y vipiles á las mugeres, que tenian cargo de 
hacer tortillas, comida, y bebida, y también á todos 
los vecinos del barrio daban mantas. Al tercero dia, 
al cual liamaban chonchaiocacalioa, que quiere decir es- 
caramuza de cakarrones, (a) componían uno de ca- 
harron, con unos balandranes, y carátulas espantables, 
y hacianse luego dos bandos, de una parte se po- 
nían los ministros de los ídolos, y con ellos el ca- 
harron, y por otra se ponían los mozos del telpuch- 

(a) Parece que quiere decir de Matachines. 





176 
mili, y al mediodía comenzaban á pelear los unos 
con los otros. Peleaban con unos ramos de oiamctl ó 
pino, y con cañas, y también con las mismas ma- 
cizas, atadas unas con otras, de tres en tres, ó de 
cuatro en cuatro, y cuando se aporreaban con ellas 
hacían gran ruido; lastimábanse los unos á los otros, 
y á los que cautivaban, fregábanles las espaldas con 
pencas de maguey molido, ío cual les hace gran es- 
cozor, y los ministros del templo á los que cautiva- 
ban, punzábanlos con espinas de maguey las orejas, 
los molledos de los brazos, los pechos, y los muslos, 
y los hacían dar gritos; y si los mozos del Calmecac 
vencían s los contrarios, encerrábanlos en la casa real 
ó palacio, y los que iban tras ellos rebaban cuanto 
había, como petates, úpales, teponaztli, pevetes, &c. Y 
si los mozos del Calpulco vencían á los del Calmecac, 
encerrábanlos en él, y robaban cuanto hallaban: apar- 
tábanse, y cesaba la escaramuza á la puesta del sol. 
Al cuarto día llamaban Mexpixolo: decían los viejos, 
que los esclavos que habían sido muertos estaban 
aún todavia por esos mundos, que no habían ido aun 
al infierno, y hasta el cuarto dia no entraban en el. 
Aquel mismo dia ponían en sus petates los pape- 
les, con que los esclavos y cautivos habían muerto; 
y también en el mismo dia los dueños de los es- 
clavos y cautivos, y toda la otra gente, se bañaban, 
jabonaban, y lavaban las cabezas, y luego se iban 
todos para sus casas porque ya era acabada la fiesta. 

CAPÍTULO XXXV. 

De la fiesta y sacrificios que se hadan en las kalendas 
del décimosesto mes, que se llamaba atemuztli. (a) 

Al mes déeimo sesto llamaban Atemuztli, que 
quiere decir descendimiento del agua, y llamábanle así, por- 

(a) Según Clavijero es Homomoztli ó decenso de las aguas. Caía 
tsta fiesta ü 23 de Diciembre. 



177 

eme en este mes suelen comenzar los truenos, y las pri- 
oras aguas allá en los montes: decía la gente popu ar 
ya vienen los dioses Tlalogues. En este tiempo los Satra- 
Lsdelos Tlalogues, andaban muy devotos y V™^ 
es rosando a sus dioses por el agua, y esperando las llu- 
via Wo que comenzaba atronar, y á haber señales 
de ella, luego estos Sátrapas tomaban sus incensarios, 
Jue eran uLs cucharas grandes ahugeradas lenas 
de brazas, y los hastiles largos delgados, rollizos y 
huecos, y tenian unas sonajas dentro, y el remato 
era una cabeza de culebra. En ellos sobre las bia- 
zas echaban incienso que llaman ywuhtli, y comenza- 
ban luego á hacer ruido, con las sonajas que esta- 
ban en el hastil, moviéndole acá, y allá; asi principia- 
ban lueao á incensar todas las estatuas de los cues 
v de lo? tlaxilacales. Con estos servicios demanda- 
ban, y esperaban la lluvia: la otra gente por amor 
del agua, hacia votos de hacer las imágenes de loa 
montes. Cinco dias antes de llegar a esta fiesta, 
compraban papel, ulli, nequen y navajas, y con mu- 
cha devoción aparejábanse con ayunos y penitencias, 
para hacer las imágenes de los montes, y cubrir- 
las con papel. En estos tiempos aunque se baña- 
ban no se lavaban la cabeza, sino solo el pescuezo; 
absteníanse los hombres de las mugeres, y estas de los 
hombres: la noche de la vigilia de la fiesta, para ama- 
necer á la fiesta de Jítemuztli, que era a los veinte 
dias de este mes, toda la noche gastaban en cor- 
tar papeles de diversas maneras, y cortados de este 
modo les llamaban teievitl Pegábanlos en unos vara- 
les grandes desde abajo, á manera de vandera. lo- 
dos estos papeles, estaban manchados de ulli, y des- 
pués hincaban este varal en el patio de sus casas 
cada uno, y allí estaba todo el día de la fiesta; y 
los que hacian este voto, de hacer las imágenes, con- 
vidaban á los ministros de los ídolos para que^ vinie- 
sen á sus casas á hacer los papeles con que habían 




178 

de componer las - iámgenes de los montes, y hacían- 
las en el Calmecac: después de hechas, llevábanlas á 
las casas de los que habían votado, y llevaban tam- 
bién su teponaztli, y sus sonajas, y la concha de la 
tortuga para tañer. En llegando, luego componían las 
imágenes que estaban hechas de masa de bledos, al- 
gunos tenían formadas cinco, algunos diez, y otros 
quince, eran las imágenes de los montes, sobre que 
las nubes se arman, como es el volcán, la Sierra ne- 
vada, y la Sierra de Tlaxcah, &c. y otras de esta 
manera. Ponían después estas figuras en orden en 
el oratorio de la casa, y luego ofrecían comida á 
cada una por si, y se sentaban delante- de ellas: los 
tamales que las ponían eran muy chiquititos, con- 
forme a las imágenes, que también eran muy peque- 
ñitas: (a) poníanlos en unos platillos pequefmelos, y 
unos cajetillos con un poquito de mazamorra, y tam- 
bién unos tecomates pequeñitos en que cabía poquito 
de cacaoatí. En una noche los presentaban comida 
de esta manera cuatro veces. También los ponían 
dos tecomates de calabaza verde que se llama tzila* 
caitii: (b) henchíanlos de pulcre, y toda la noche estaban 
cantando delante de ellos, tañían sus flautas, y no 
tañían los flauteros, sino unos mancebillos que bus- 
caban para esto, y dábanlos de comer. Luego en 
amaneciendo, los ministros de los ídolos deman- 
daban á los dueños de la casa el instrumento pro- 
pio para teger, que llaman tzotzopaztli, y metíansele 
por los pechos á las imágenes de los montes, como 
matándolas, y cortábanles el cuello, y sacábanles el 
corazón, y luego lo daban al dueño de la casa pues- 
to en una jicara verde. Habiendo ya muerto como 
está dicho á todas aquellas imágenes ó estatuas, qui- 

(a) Esto quitará la duda que ofrece el ver una multiud de ido- 
lejos de que nos están llenando el Museo, y que sus directores no 
se atreven á deslindar. 

(b) Hoy llamamos cliilacayotes. 



179 

tábanles los papeles con que estaban aderezadas, y 
todos juntos los quemaban en el patio de la misma ca- 
sa, y con ellos quemaban también los cajetillos de 
la comida, y todos los petates de juncias verdes con 
que estaban adornadas dichas imágenes, y todas las 
alhajas en que habian puesto comida, ó bebida á las 
estatuas. Todo lo llevaban á los' oratorios que lla- 
man Jiauhcako, que están edificados á la orilla del 
agua. Concluido esto, luego se juntaban los convi- 
dados, comian y bebían á honra de las estatuas 
muertas que se llamaban tepieme. Luego ponian de- 
lante comida á cada uno por si, y habiendo comi- 
do, dábanles á beber pulcre, y las mugeres, que en- 
traban en este convite todas llevaban maíz, ó ma- 
zorcas en los amiantos, y ninguna iba sin llevar algo, 
ó mazorcas de maíz hasta quince, ó veinte. En en- 
trando, estábanse á parte, y dábanles allí comida á 
cada una por sí, y también á beber pulcre. Tenían 
este licor en unos cangilones prietos, y lo bebian 
sacando el pulcre de los cangilones con unas tasas 
negras. Acabado el convite se cogian los papeles do 
los varales, que estaban puestos en los patios que 
llamaban tetevitl, y los llevaban á ciertos lugares del 
agua que estaban señalados con unos maderos hin- 
cados, ó á las alturas de los montes. Este es el tér- 
mino de la relación de esta fiesta. 

CAPITULO XXXVI. 

t>e la fiesta y sacrificios que se hacían en las IcalendaS 
del decimosétimo mes que se llamaba tititl. (a) 

Al mes decimosétimo llamaban Tititl: en él mata- 
ban una muger esclava comprada por los Calpixques-. 
matábalala á honra de la diosa lllamatecutli. Decian 
que era su imagen, y la ataviaban con unas enaguas 

[a] Correspondía esta fiesta al 12 de Enero. 




180 
blancas, y un vipil blanco, y encima de las enaguas 
poníanla otras enaguas de cuero cortadas y hechas 
correas por la parte de abajo, y de cada una de las 
correas llevaba un caracolito colgado. A estas ena- 
guas llamábanlas citlallxicuc, y á los caracolitos que 
llevaba colgados llamábanlos cuechtli: cuando iba an- 
dando esta muger, los caracolitos se tocaban unos 
con otros, y hacían gran ruido que se oía lejos. Las 
cotaras que llevaban eran blancas, y los cálcanos eran 
tegidos de algodón. Llevaban también una rodela blan- 
ca, emblanquecida con greda: en el medio de la ro- 
dela habia un cerco hecho de plumas de águila, y 
cosido á la misma rodela. Los rapacejos de abajo 
eran blancos, de plumas de garzotas, y en los rema- 
tes de los mismos, iban unas plumas de águila in- 
geridas. En la una mano llevaba la rodela, en la otra 
el tzotzopaztli con que tegen, y llevaba la cara te- 
ñida de dos colores, desde la nariz abajo de negro, 
y desde la nariz arriba, de amarillo: llevaba asimis- 
mo una cabellera, que le colgaba por las espaldas, 
por corona unas plumas de águila, pegadas á la mis- 
ma: llamaban á esta cabellera tzompilinalli. Antes 
que matasen esta muger hacíanla danzar y bailar, y 
formábanla el son los viejos, y cantábanle los can- 
tores, y andando bailando, lloraba, suspiraba, y an- 
gustiábase viendo que tenia tan cerca la muerte. Es- 
to pasaba hasta el medio dia, ó poco mas. Ya que 
el sol declinaba acia la tarde, subíanla al Cú de Vit- 
zilopuchtli, é íbania siguiendo todos los Sátrapas ves- 
tidos con los ornamentos de todos los dioses, y en- 
mascarados, y también uno de ellos llevaba los or- 
namentos y máscara de la diosa Illamatecutli. Hirvién- 
dola llevado arriba, matábanla luego, y sacábanle el 
corazón: cortábanla la cabeza, y dábanla al que lle- 
vaba los ornamentos de aquella diosa, con que iba 
vestido, el cual iba delante de todos, y tomábala 
por los cabellos con la mano derecha, y llevábala 



181 

coleando, é iba bailando con los demás, y levanta- 
ba :■* bajaba la cabeza de la muerta á propósito del 
baile, y guiaba á todos Sos demás dioses ó perso- 
nages de los númenes: así iba bailando al rededor por lo 
alto del Cu. Habiendo dado algunas vueltas, torná- 
banse á descender por su orden como en procesión, 
y llegando abajo, luego todos se esparcían é iban á 
sus casas, que eran los Calpules donde se guarda- 
ban aquellos ornamentos. Cuando bailaba aquel que 
iba aderezado con los atavios de la diosa Illamate- 
cutli, hacia continencias volviendo áe}a atrás, como 
haciendo represa, y también oleaba los pies acia atrás: 
llevaba en la mano por bordonVuna caña maciza so- 
bre que estribaba: esta tenia tres raíces y su sepa, 
y aquello iba acia arriba, y la punta acia abajo. A es- 
ta manera de baile deciao vscula. La diosa Illamaca- 
tecutli, llevaba también una máscara de dos caras, una 
atrás y otra delante, las bocas muy grandes, y los 
ojos salidos, y en la cabeza una corona de papel al- 
menada. En yéndose los dioses para los Calpules, des- 
cendía luego un Sátrapa de lo alto del Cu, y venia 
ataviado como mancebo, el cual traía una manta cu- 
bierta hecha como red, que llamaban quechintli: ador- 
naban su cabeza unos penachos blancos, traía ata- 
dos los pies como cascabeles unos pésennos de cier- 
vos, y llevaba una penca de maguey en la mano, y 
en lo alto de ella una banderilla de papel. En lle- 
gando abajo íbase derecho para el pilón que lla- 
man quauhxicaíco donde estaba una casilla como jau- 
la, hecha de teas, en lo alto tenia empapelado como 
tlapanco, á este llamaban la trox de la diosa Illama- 
tecutli. Aquel Sátrapa ponia la penca de maguey jun- 
to á la trox, y luego la pegaba fuego, y otros Sá- 
trapas que allí estaban, al punto arrancaban á huir 
por el Cu arriba á porfía: á esta ceremonia lla- 
maban xochipayna, y estaba arriba una flor que lla- 
maban tcuxdchitl, y el que primero llegaba tomaba 
Tom 1. 26 



182 
aquella flor, y arrojábala en el quaiixicalco, donde es- 
taba ardiendo la trox. Hecho esto luego se iban to- 
dos. El dia siguiente comenzaban el juego que lla- 
man nechichiquavilo: para este juego todos los hom- 
bres y muchachos que querían jugar hacían unas 
taleguillas ó redecillas llenas de flor de las espadañas 
ó de algunos papeles rotos: ataban estas con un cor- 
delejo ó cinta de media braza de largo, de tal ma- 
nera, que pudiese hacer golpe; otros hacían á mane- 
ra de guantes las taleguillas, y henchíanlas de lo ar- 
riba dicho, ó de hojas de maíz verde. Ponían pena 
á todos estos, que nadie echase piedras, ó cosa que 
pudiese lastimar dentro de las taleguillas: comenza- 
ban luego los muchachos á jugar este juego á ma- 
nera de escaramuza, y dábanse de talegazos en las 
cabezas y por donde acertaban, de poco en poco 
se iban multiplicando, y los mas traviesos daban tam- 
bién de talegazos á las muchachas que iban por la 
calle: á las voces se juntaban tres ó cuatro para dar 
á una, y de tal manera la fatigaban que la hacían 
llorar. Algunas muchachas que eran mas discretas, 
para continuar su camino llevaban un palo, ú otra 
cosa que hiciese temer para defenderse. Algunos mu- 
chachos traviesos escondían la talega que llamaban 
ckichiquatli, y cuando pasaba alguna muger descuida- 
damente, dábanla con ella, y luego que le daban un 
golpe decían: chichiquatzintonantzc, que quiere decir: Ma- 
dre nuestra, es la talega de este juego, y luego echaba 
á huir. Todos estos días que duraba este juego, las 
mugeres andaban muy recatadas cuando salían á al- 
guna parte. Esta es la relación de la fiesta de Ti- 
tul. 



183 



CAPÍTULO XXXVII. 



De la fiesta y ceremonias que se hadan en las kalendas 
del décimo octavo mes, que se llamaba izcalli. (a) 

Al décimo octavo mes llamaban Izcalli. A los 
diez dias de este, hacian tamales de hojas de bledos 
muy molidas: llamaban á esta fiesta Motlaxquiantota, 
que quiere decir nuestro padre el fuego tuesta para co- 
mer. Hacian la estatua del dios del fuego de arqui- 
tos y palos atados unos con otros, que ellos llaman 
caloliotli, que quiere decir cimbria ó modelo de estatua. 
Ponianle una carátula de raosayco, era toda labra- 
da de turquesas con unas bandas de piedras que se 
llaman chakhivites atravesadas por la cara, era muy 
hermosa esta máscara y resplandeciente: ponianle una 
corona que la llamaban quetzalcomitl, y era hecha de 
plumas ricas, y angosta, conforme al redondo de la 
cabeza en lo alto de abajo; pero íbase ensanchando 
acia arriba: estaban las plumas superiores muy bien, 
paradas así como clavel, que está enredado de ca- 
ñas, y arriba están paradas todas las flores por en- 
cima de las cañas. Llevaba también esta corona dos 
plumages, una de la parte izquierda, y otra á dere- 
cha, que salen de junto á las sienes á manera de 
cuernos inclinados acia adelante: en el remate de ellos 
iban muchas plumas ricas de quetzalli, que salían de 
unos vasos hechos á manera de jicara chiquita. Es- 
tos plumages ó cuernos, se llamaban quammamtli: lle- 
vaba esta corona cosida por la parte trasera y ba- 
jo, y una cabellera de cabellos rubios, que colgaba 
sobre las espaldas: estos cabellos estaban cercenados 
por la parte de abajo muy iguales: parecía que sa- 
lían de debajo la corona, y que eran naturales. Po- 
nian a esta estatua un ornamento de plumas muy ri- 

(a) O sea la caza, comenzaba el 2.° de Febrero. 



184 

cas pegado al cuello, tan ancho como todos los pe- 
chos, que descendía hasta los pies, del mismo anchor: 
y aunque sobraba sobre los pies mas de dos palmos 
que se tendian delante de los mismos pies, era de tal 
manera formado este ornamento, que cualquiera aire 
que corriese por poco que fuese, le meneaba y le- 
vantaba, y todas las plumas resplandecían y parecían 
de diversas colores. Estaba sentada esta estatua en 
un trono de cuero de tigre, que tenia pies, manos, 
y cabeza natural, aunque estaba seco. Estaba tam- 
bién esta estatua así adornada no lejos de este lu- 
gar que estaba delante de ella. A la media noche 
sacaban fuego nuevo para que ardiese en aquel lu- 
gar, y sacábanlo con unos palos, uno puesto abajo 
y sobre él, y barrenaban con otro palo, como torcién- 
dole entre las manos con gran prisa, con cuyo mo- 
vimiento y calor se encendía el fuego: de allí lo to- 
maban con yesca, y colocábanlo en el hogar. En ama- 
neciendo el día siguiente, venían todos los mucha- 
chos y mancebillos, trayendo todos la caza que ha- 
bían tomado el día antes, y ordenábanse todos en 
rencle,. é iban delante los viejos que estaban allí jun- 
to al calpulli donde estaba la estatua, y ofrecían las 
aves que traían cazadas ese todo género, y también 
peces, culebras, y otras sabandijas del agua; y recif 
hiendo estas ofrendas los viejos, echábanlas en el fue- 
go que era grande, y ardía delante de la estatua. Las 
mugeres y toda la gente se ocupaba en hacer unos 
tamales que llaman chükhiuhtcmwlli, y también en ama- 
neciendo los iban á ofrecer delante de esta estatua, 
y así había gran cantidad de ellos delante la estatua; 
y como los muchachos ofrecían la caza que traían, 
entraban así como iban ordenados, y daban una vuel- 
ta en rededor del fuego cuando pasaban junto él; 
estaban otros viejos que daban á cada uno de los 
muchachos un tamal, y así se tornaban á salir por 
su orden. A estos tamales los llamaban también chai- 



185 

chiutamalli. En todas las casas se hacia esta comida, 
v convidábanse unos á los otros, con ellos a porfía 
trabajando cual por cual baria primero dicbos tama- 
les, v la que primero los hacia, iba luego a convi- 
dad con ellos á sus vecinos, para mostrar su mayor 
diligencia, y mayor urbanidad. La vianda que se co- 
mia con estos tamales eran unos camarones, que ellos 
llaman acociltc, hechos con un caldo, que llamaban 
chalmulmuIM, y todos comian en sus casas esta co- 
mida muy caliente y tras el fuego, y las camisillas 
de maíz, conque estaban revueltos los tamales, cuan- 
do se las quitaban para comerlos no las echaban 
en el fuego, sino que las juntaban para echarlas en el 
amia. En acabando de tomar esta comida, luego bebían 
pulcre los viejos del barrio en la casa del Calpul- 
So, donde estaba la estatua, y llamaban esta bebida 
texcakcvia: bebian y cantaban delante de la imagen 
de XiühUcutli, hasta la noche. Esta es la relación 
de la fiesta que llamaban Vauhquiitamalqualiztk. Lo 
que está dicho arriba, se hacia á los diez días de 
este mes, y á los veinte del mismo hacían otra vez 
la estatua del dios del fuego de palillos y círculos, 
atados unos con otros, como arriba se dijo. Conclui- 
da la estatua, poníanla una carátula ó mascara he- 
cha de mosaico, de pedacitos de conchas, que lla- 
man tapachtli, la barba y hasta la boca tenía esta 
máscara de piedras negras, que llamaban teutetl; tam- 
bién tenía una banda de piedras negras, que atrave- 
saba las narices, y ambos rostros eran hechos de 
unas piedras que llaman tezcapudli. Poníanle en la ca- 
beza una corona de plumages ricos, que están en 
derredor de la cabeza, y del medio salían muchos 
quetzales ricos y altos: colgaban de esta corona, so- 
bre las espaldas unas plumas verdes muy preciosas. 
Tenía aquella corona adornado el chapitel de unas 
plumas muy negras, que resplandecían mucho, las 
que crian las gallinas, y los gallos en el pescuezo, 



186 

y entrepuestas unas pestañas de plumas peladas 
que parecían corno pestañas de tafetán: poníanle 
una pieza hecha de plumas de papagayos plegadas 
al cuello, era tan ancha, que tomaba de un hombro 
á otro, y colgaba hasta los pies, y aun arrastraba: 
era igualmente ancha desde arriba abajo. Estando 
adornada esta estatua que llamaban Milintoc, y senta- 
da en su trono, ofrecíanle harina de maíz, la que re- 
volvían con agua caliente, y de esta masa hacian unos 
panecillos pequeños: echábanles en el medio frisóles 
como empanados, no molidos, y luego iban á ofrecer 
delante de la estatua. Cada uno llevaba cinco de 
aquellos panecillos, que ponían á los pies de la 
misma estatua. También los muchachos y man- 
cebillos, puestos por orden traían su caza, y dábanla 
a los viejos, y echábanla estos en el fuego que ar- 
día delante la estatua: esta caza era de aves, y cu- 
lebras, y otras sabandijas, y las pequeñas culebras, y 
las pequeñas aves, se quemaban del todo en el fuego: 
las grandes culebras y grandes aves, de que estaban 
asadas, sacábanlas y echábanlas allí á la orilla del 
fuego; y después que se templaban comíanlas los vie- 
jos que llamaban á este manjar Calpukqiie, y los mu- 
chachos como iban ofreciendo, daban vuelta al rede- 
dor del fuego, y á la pasada daban á cada uno de 
los panecillos que habían ofrecido, los cuales llama- 
ban macuextlaxcalli. En acabando de comer estos pane- 
cillos, y la demás comida, luego los viejos bebían 
pulcre: esta bebida (Jamaban texcalcevilo, bebian allí 
en el mismo oratorio donde estaba la estatua del Mi- 
lintoc, que llaman Calpulco, y los que hacian vino de 
maguey que llamaban tlachicquc, ó tecutlachique, tenían 
cargo de traer el pulcre para beber de su voluntad; 
traíanlo en sus jarros ó jicaras, y echábanlo en un le- 
brillo, que estaba allí delante de la estatua. Los que 
bebian este pulcre, no se emborrachaban. Estas dos 
ceremonias dichas, no se hacian en todas partes sino 



187 

por aquí por Tlaltelulco. Acabado este mes, los cinco 
dias que se siguen, son sobrados de los 360 ya di- 
chos, los cuales todos de veinte en veinte, están de- 
dicados á algún dios, mas estos cinco días á nin- 
gún dios están dedicados, y por eso los llaman we- 
montcmi, que quiere decir que están por demás, y 
teníanlos por de mas aciagos. Ninguna cosa hacían en 
ellos: los que nacian en los mismos dias, teníanlos 
por mal afortunados, y ningún signo les aplicaban: 
(a) tres años arreo, [ó continuos,] hacían lo que ar- 
riba está dicho, en este mes, y en esta fiesta; pero 
al cuarto año hacian otras muchas cosas, según lo 
que se sigue. Este cuarto año mataban muchos es- 
clavos, como imágenes del dios del fuego, y cada uno 
de ellos con su muger que también habia de morir. 
En este cuarto año el último dia de este mes, en 
amaneciendo llevaban á los que habian de morir al 
üú donde habian de ser sacrificados: las mugeres que 
habian de morir, llevaban todas sus hatillos, y sus al- 
hajas acuestas, y los hombres lo mismo: los papeles 
con que habian de morir no los llevaban vestidos, 
mas llevábaselos uno delante puestos en- una trípoda, 
que era un globo, que tenía sus pies sobre que esta- 
ba, sería medio estado de alta esta trípoda. Sobre el 
globo, iban compuestos estos papeles y colgados, y 
uno llevaba esta trípoda delante del mismo esclavo 
á quien se los habian de poner, y llegando al Cú don- 
de habian de morir, componíanlos con sus papeles, 
en la forma del dios Ixcocauhqui, así á los hombres 
como á las mugeres, y por su orden subíanlos al Cú. 
Llegados arriba daban vuelta por delante del tajón 
donde los habian de sacrificar, y tomábanlos á des- 
cender por su orden: llevábanlos al Calpulco, y des- 
componíanlos de los papeles, y metíanlos en una ca- 
sa donde los guardaban con gran diligencia. A los 

(a) El varón que rtacia en estos dias ¡se llamaba Nemoquichtli, 
6 sea hombre inútil, y la muger, Nemihuatl, muger inútil. Clavijero. 







183 
hombres ataban unas sogas por medio del cuerpo, 
y cuando salían á orinar los que los guardaban, te- 
níanlos por la soga porque no se huyesen. Llegada 
la media noche cortábanlos los cabellos de la coro- 
nilla de la cabeza delante del fuego, y echábanlos 
después una vilma en toda la cabeza con reciña y 
plumas blancas de gallina, así á los hombres como 
á las mugeres. En aquella noche nadie dormia, lue- 
go quemaban sus hatillos y alhajas allí en el Cal- 
pulco, y luego tornábanlos otra vez á encerrar; algu- 
nos de ellos no quemaban sus hatos, sino dábanlos 
de gracia á sus parientes. En amaneciendo compo- 
nían á los que habían de morir con sus papeles, y 
llevábanlos luego en procesión al lugar donde ha- 
bían de morir, adonde iban bailando y cantando 
hasta el Cú, y daban muy grandes voces; este canto y 
baile duraba hasta después de medio dia. Después 
bajaba un Sátrapa del Cú, vestido con los ornamen- 
tos del dios Paynal, y pasaba por delante de los que 
se iban á inmolar, y luego tornaba á subir al Cú: los 
cautivos iban tras él subiendo por el Cú arriba, por 
que ePos habían de morir primero. Muertos los cau- 
tivos, seguíanse luego los esclavos, que eran imá- 
genes del dios facocauhqui, y después que todos ha- 
bían muerto estaban aparejados los señores principa- 
les para comenzar su areyto muy solemne; el que 
guiaba era el rey: todos llevaban en las cabezas unas 
coronas de papel como medias mitras, solamente lle- 
vaban la punía delante sin la de atrás: llevaban en 
las narices un ornamento de papel azul, hecho como 
media mitra pequeñita que envestía la nariz, y colga- 
ba hasta la boca, era como corona: de la boca lle- 
vaba orejas hechas de turquesas de obra de mosai- 
co, otras que no alcanzaban estas orejas, llevában- 
las de palo labradas con flores: adornábanse con una 
xaqueta pintada de color azul de unas flores curio- 
sas, y llevaban por joyel colgado al cuello una figura 



139 
de perro hecha de papel, y pintada de flores; lleva- 
ban unos maxtles con unas bandas negras en los cabos 
que colgaban, y traían en las manos unos palos á manera 
de machetes, la mitad de ellos teñidos con colorado, y la 
mitad blanco, desde el medio arriba de colorado, y des- 
de el medio abajo de blanco: de la mano izquierda traían 
colgada una taleguilla de papel con copal. El prin- 
cipio de este baile era en lo alto del Cu donde es- 
taba el tajón, y después de haber bailado un poco, 
descendian al patio del Cu, y daban cuatro vueltas 
bailando al patio, las cuales acabadas, luego se des- 
hacía el areyto, y entrábanse en el palacio real acom- 
pañando al Rey. Este baile se llamaba netecuiíotoli, 
porque en él nadie habia de bailar, sino el Rey y 
los principales: hacíase de cuatro en cuatro años tan 
solamente. Este mismo dia ahugeraban las orejas á 
todos los niños y niñas, que habían nacido en los 
tres años pasados, operación que hacían con un pun- 
zón de hueso, y después se las ensalmaban con plu- 
mas de papagallo, es decir, con las muy blandas que 
parecen algodón, y que se llama tlachaiotl, y con un 
poco de ocetzotl. Cuando esto se hacia, los padres y 
las madres de los muchachos y muchachas, busca- 
ban padrinos y madrinas, que ellos en su lengua lla- 
man tíos y tías, tdlateavtz, para que los tuviesen cuan- 
do ahugeraban las orejas, y ofrecían entonces hari- 
na de una semilla que llaman chian, y á los padri- 
nos y madrinas dábanle al hombre, una manta leo- 
nada ó bermeja, y á la madrina dábanle su vipil. Aca- 
bándolos de oradar las orejas, llevábanlos los padri- 
nos y madrinas á rodearlos por las llamas del fue- 
go que tenían aparejado para esto, que en el latín 
se dice lustrare, lo cual es ceremonia que la sagra- 
da Escritura reprehende. Habia gran vocería de mu- 
chachos y muchachas por el ahugeramiento de las 
orejas. Concluido esto, íbanse á sus casas, y allá co- 
miau los padrinos y madrinas todos juntos, y canta- 
Tom. I. 27 






m 



190 

ban y bailaban, y al medio dia los padrinos y ma- 
drinas iban otra vez al Cu, y llevaban á sus ahija- 
dos y ahijadas; también llevaban pulcre en sus jar- 
ros y luego comenzaban un areyto, y bailando traían 
acuestas sus ahijados y ahijadas, y dábanlos á beber 
del pulcre que llevaban con unas tasitas pequenitas, 
y por esto llamaban a esta fiesta la borrachera de ni- 
ños y niñas. Duraba este baile hasta la tarde, en- 
tonces se retiraban á sus casas, y en el patio de ellas 
hacian el mismo areyto, y todos los de casa y los 
vecinos bebian pulcre. También hacian otra ceremo- 
nia pues, tomaban con las manos á los niños y ni- 
nas, y apretándoles por las sienes, los levantaban en 
alto; decian que así los hacian crecer, y por esto lla- 
maban á esta fiesta izcalli, que quiere decir crescimien- 
to. Esta es la relación de la fiesta, aunque hay otra 
mas copiosa, que se pondrá adelante. 



CAPÍTULO XXXVIII. 

De la fiesta llamada oauhcjuiltamalqüaliztli, que ha- 
dan á los diez dias del mes arriba dicho, que se hacia á 
honra del dios llamado ixcocauhqui. 



Sigúese otra relación mas copiosa de este mis- 
mo mes, y és, que él comenzaba siempre á ocho de 
enero, y en él se acababa el año. En él mismo co- 
mo está dicho arriba, eomian tamales por todos los 
pueblos, en todas las casas, y toda la gente convi- 
dábanse unos á otros con ellos; también arriba se di- 
jo que ofrecían al fuego cada uno en su casa cinco 
oauhquiltctmales puestos en un plato, y ofrecían asímis^ 
mo sobre las sepulturas de los muertos, donde es- 
taban enterrados á cada uno un tamale. Esto hacian 
antes que ellos comiesen, después se los eomian to- 



191 
dos, y no dejaban ninguno para otro día; esto era 
por via de ceremonia. Cuando ya estaba cerca la fies- 
ta en la que habían de matar los esclavos á hon- 
ra de Yococauhqui dios del fuego, aquellos que por 
su devoción tenían comprados algunos para matar, 
y engordados como puercos para comer, haciendo 
demostración de ellos uno ó dos días antes de la 
fiesta, aderezaba cada uno 'su esclavo con ios papeles 
y ornamentos del dicho dios. Esta demostración practi- 
caban con deseo de ser honrados, y tenidos de los otros 
por poderosos y devotos, y de que se aumentasen las 
riquezas con aquella devoción. Los dueños que ma- 
taban á estos esclavos llamábanse tealtiani, que quie- 
re decir bañadores, á causa de que cada día bañaban 
con agua caliente á los que destinaban á la muer- 
te. Estos regalos y otros muchos, los hacían para 
que engordasen hasta el día que habían de morir: 
para ello dábanlos de comer delicada y regalada- 
mente, y acompañaba cada dueño del esclavo á es- 
te con una moza pública para que le alegrase y re- 
tozase, le regalase, y no le consintiese estar triste, 
y que de este modo engordase, (a) Cuando aquel 
esclavo iba á morir, daba todos sus vestidos á aque- 
lla moza que lo había acompañado los dias ante- 
riores á su muerte. Esta fiesta se decia ifcaili, por- 
que en ella hacían aquella ceremonia á los niños y 
niñas para que creciesen como está dicho. No sola- 
mente hacían esto, sino que también en esta fies- 
ta, ó en los términos de ella, chapodaban (b) los ma- 
rá) Los que tienen tocineria en México, cuidan principalmen- 
te de que sus puercos vivan alegres, á cuyo efecto el porqueri- 
zo que los cuida, tiene obligación de cantarles á la hora de dor- 
mir la siesta como quien arrulla niños, y que se levanten alegres: 
á tal estremo de degradación llevó el fanatismo mexicano a la hu- 
manidad. ¿Qué dirá°de esto el que quisiera volver á los mexicanos 
á los dias de su gentilidad? 

(b) Es decir cortaban algunas hojas. 



192 

gueyes y los tunales para que creciesen. Lo demás 
que en esta fiesta se hacia, como es lo de ahugerar 
las orejas de los niños y niñas, ya queda dicho atrás. 
Llamábanla Pillaoano, que quiere decir, fiesta de la 
borrachera de los niños. En ella todos bebian pul ere, 
hombres, rnugeres, muchachos, viejos, y mozos, todos 
se emborrachaban públicamente, y todos llevaban su 
puícre consigo, y los unos daban de beber á los otros, 
y los otros á muchos. Andaba el pulcre como agua 
en abundancia, y todos llevaban unos vasos que te- 
nían tres pies y cuatro esquinas, que los llamaban tzi- 
cuiltecomatl, con estos bebian y daban á beber: todos 
andaban muy contentos, alegres, y colorados con el 
pulcre que tomaban en abundancia. Después de bor- 
rachos reñían los unos con los otros, apuñábanse, y 
caíanse por ese suelo de ebrios unos sobre otros, 
ó se iban abrazados acia sus casas, y esto te- 
níanlo por bueno, porque la fiesta lo demandaba 
así. Después de ella, seguíanse luego los cinco días 
que llamaban nemontemi, á los cuales tenian por acia- 
gos, y ninguna cosa osaban hacer en ellos, ni bar- 
rer la casa, ni aun actos judiciarios. A los que en 
ellos nacían, si era varón, poníanle por nombre nemon, ó 
mentlacatl, ó nenquizquiquiz, que quiere decir, ni vale na- 
da, ni será para nada, ni habrá provecho de él, y si era 
muger, llamábanla nencioatl, que quiere decir muger 
para nada (a) Guardábanse en estos días fatales, de 
dormir entre dia, ni de reñir los unos con los otros, 
ni de tropezar, ni de caer, porque decían que si al- 
guna cosa de estas les acontecía, que siempre les 
habia de acontecer adelante, y si alguno enfermaba 
en estos dias, decían que no había de sanar. Nadie 
tenia esperanza que habia de vivir, ó escapar, ni ha- 
cían cuenta de aliviar á los enfermos, ni les aplicaban 

\a) De estas hay muchísimas en México, aunque no nazcan en 
los dias de Nemontemi ó aciagos. 



medicina, y si alguno sanaba, decían que dios ha- 
bla tenido misericordia de él, y que él solo había en- 
tendido en sanarle ó curarle, (a) 



FIN DEL LIBRO SEGUNDO. 



(i\ Acordémonos de que todavía en España, principalmente en 
las Andalucías, tienen los populares ciertos dias del año por acia- 
gos, en los que los maridos se abstienen de concurrir con sus mu- 
geres, porque no paran monstruos. Decia muy bien Filangieri, que 
los españoles mas bien necesitaban de la Inquisición para corre- 
gir sus abusos, que su incredulidad. 



K-HKS 



194 



APENDIZ 



DEL SEGUNDO LIBRO. 

Relación de los mexicanos acerca de las fiestas del dios 

VITZILOPUCHTLI. 

Tres fiestas se hacían cada año á Viizilopuch- 
tli entre los mexicanos, la una en el mes que se lla- 
ma Panquetzaliztli. En esta fiesta á él, y á otras que 
se llamaban Tlacavepancuexcotzin, los subían á lo alto 
del Cú, y es que hacian sus imágenes de tzoalli, gran- 
des como una persona: ya acabadas, subíanlas todos 
los mancebos del Telpuchcali en las palmas á lo al- 
to de sus cues. Hacían la estatua de Vitzilopuchtli en 
el barrio que se llama Itepeioc. La estatua de Tlaca- 
vepancuexcotzin, la hacian en el que se llama vitznaoaoi 
(a) cosían primero la masa, y después formaban de 
ella las estatuas en toda una noche. Habiendo hecho 
las imágenes de aquella masa, luego en amanecien- 
do las adornaban y ofrecían delante de ellas gran 
parte del día, y acia la tarde comenzaban á hacer 
areyto y danzas con que las llevaban al Cú, y á la 
puesta del sol las subían á lo alto de este. Coloca- 
das ya en sus lugares, luego se bajaban todos, salvo 
las guardas que las habían de custodiar toda una 
noche. Llamaban á estas guardas yiopuch; luego en 
amaneciendo el dios llamado Paynal, que era vicario 
de Vitzilopuchtli, descendía de lo alto del Cú, y traía 
á este dios en las manos, como en procesión, uno 
de los sacerdotes vestido de los ornamentos de Que- 
tzalcoatl, los cuales eran ricos, y también la imagen 
de Paynal, que era labrada de madera, é iba rica- 
mente adornada como ya se dijo. En esta última fies- 

(a) Hoy ya ni hay memoria de estos barrios, México ha mu- 
dado de su configuración antigua absolutamente. 



ta iba delante de este un mazero que llevaba en 
el hombro un cetro en forma de culebra, todo cu- 
bierto de turquesas de obra de mosayco, y muy mons- 
truosa, y cuando llegaba este Sátrapa con la imagen, 
á un lugar que se llama Teutlachco, que es el juego 
de pelota que estaba dentro del patio, allí delante 
de el mataban dos esclavos que eran imágenes de 
dos dioses que llamaban Amapantzitzin, y muchos cau- 
tivos: de allí comenzaba la procesión, é iban dere- 
chos al Tlatelulco. Salíanle á recibir mucha gente y 
Sátrapas, é incensábanles y descabezaban muchas co- 
dornices delante de él: de allí iban derechos á un lu- 
gar que se llama Popotlan, (a) que está cerca de 
Tlacuba, donde esta ahora la iglesia de S. Esteban, y 
hacianle otro recibimiento como el de arriba dicho. 
Llevaban en todo este camino delante de sí en esta 
procesión una bandera hecha de papel como mosquea- 
dor, y toda ahugerada, y en los ahugeros unas pe- 
llas de pluma; bien así como cuando se hace la pro- 
cesión que va la cruz delante. De allí venian dere- 
chos al Cu de Vitzilopuchtli, y con el pendón hacían 
una ceremonia como está arriba dicho en esta fies- 
ta. Lo demás de ella está escrito en el mes de 
Panquetzaliztli. 

RELACIÓN DE LA. FIESTA Q.UE SE HACIA 
DE OCHO EN OCHO AÑOS. 

Hacian estos naturales una fiesta de ocho en 
ocho años á la cual llamaban Atamalqualiztli, que 
quiere decir ayuno de pan y agua. Ninguna cosa co- 
mían en ocho dias antes de esta fiesta, sino unos 
tamales hechos sin sal, ni bebían, sino agua clara. 
Esta fiesta algunos años caía en el mes que se lla- 
ma Quccholli^y otras veces en el mes que se llama 
Tepcilhuitt. A los tamales que comian estos dias 11a- 

(a) Hoy Popotla: es un pueblo misérrimo, camino de México á 
Tacuba 




196 
maban atamalli, porque ninguna cosa les mezclaban 
cuando los hacian, ni aun sal, sino solo agua; ni 
comian el maíz con cal, sino con solo agua, y to- 
dos comían al medio dia, y si alguno no ayunaba 
castigábanle por ello. Tenían en gran reverencia es- 
te ayuno y en gran temor, porque decian que los 
que no le guardaban, aunque secretamente comiesen 
y no le supiese nadie, Dios los castigaba hiriéndolos 
con lepra. A esta fiesta llamaban hneztioa, que quiere 
decir, buscar ventura: creían que en esta fiesta, bai- 
laban los dioses todos, y así es, que todos los que 
bailaban se ataviaban con diversos trajes, unos to- 
maban personages de aves, y otros de anímales, y 
así unos se transfiguraban como tzinizcan (a) otros co- 
mo mariposas, otros como abejones, otros como mos- 
cas, otros como escarabajos; otros traían acuestas un 
hombre durmiendo, y decian que era el sueño; otros 
unos sartales de tamales que llaman xocotamaüi, otros 
de otras especies, que llaman catamalli; otros traían 
comida de tamales y otras cosas, y dábanlas á los 
pobres. También tomaban personajes de estos, co- 
mo son los que traen acuestas leña para vender, otros 
que traen verdura; también tomaban personajes de 
enfermos, como son los leprosos y bubosos; otros 
tomaban personajes de aves. Estaba la imagen de 
Tlaloc enmedio del areyto, á cuya honra bailaban, 
y delante de ella estaba una balsa de agua, donde 
habia culebras y ranas, y unos hombres que llama- 
ban maxatecaz estaban á la orilla de la balsa, y 
tragábanse las culebras y las ranas vivas; tomában- 
las con las bocas y no con las manos, y cuando las 
habian tomado en la boca, íbanse á bailar, íbanlas 
tragando y bailando, y el que primero acavaba de 
tragar la culebra ó rana, luego daba voces diciendo: 
papa papa, (b) Bailaban al derredor del Cú de es- 

(a) Véase la descripción de esta ave en Clavijero Pag. 48. toro. 1.* 

(b) Estos semejaban á los embaidores de Faraón; tanta fraíer- 



te dios, y cuando iban bailando, y pasaban por los 
cestos que llamaban tonacacuexcomatl, dábanles de los 
tamales que estaban en ellos, y las viejas que 
estaban mirando este areyto lloraban, acordándose 
que antes que otra vez se hiciese aquella fiesta ya 
serian muertas. Decían que este ayuno se hacia por 
dar descanso al mantenimiento, porque ninguna cosa 
en aquel ayuno se comía con el pan, y también de- 
cían que todo el otro tiempo fatigaban al manteni- 
miento ó pan, porque lo mezclaban con sal, cal, y 
salitre, y así lo vestían y desnudaban de diversas ma- 
neras y libreas, de que se afrentaba y se envejecía, 
y con este ayuno se remozaba. El día siguiente des- 
pués del ayuno, se llamaba molpololo que quiere de- 
cir que comían otras cosas con el pan, porque ya se ha- 
bía hecho penitencia por el mantenimiento. 

RELACIÓN DE LOS EDIFICIOS DEL GRAN 



TEMPLO DE MÉXICO, (a) 

Era el patio de este templo muy grande, ten- 
dría hasta veinte brazas en cuadro, era todo enlosa- 
do, tenía dentro de sí muchos edificios y muchas 
torres. De estas, unas eran mas altas que otras, y 
cada una de ellas era dedicada á un dios. La prin- 
cipal torre de todas estaba en el medio, y era mas 
alta que las demás, y era dedicada al dios Vitzdo- 
puchtíi, Tiacavepancuexcotzin. Esta torre estaba dividi- 
da en lo alto, de manera que parecía ser dos, y asi 
tenia dos capillas ó altares en lo alto, cubierta ca- 
da una con su chapitel, y en la cumbre tenia ca- 
da una de ellas sus insignias ó divisas distintas, hn 

nidad lleva la idolatría de pueblos á pueblos, aunque estos no se 
conozcan ni traten. . , . , 

(a) Al templo llamaban Theucalli, que quiere decir, casa de 
Dios, está compuesto de Teutl que es Dios, y de Calli que es ca- 
sa. Los españoles llaman cues á los templos. Chimalpain Cap. 
104 tom. 1 ° 

Tom. 28 




la una de ellas y mas "principal estaba la estatua de 
Vüzilopuchtli, que también la llamaban Ilhuicailxoxouh- 
qui, en la otra la imagen del dios Tlaloc. Delante de 
cada una de estas estaba una piedra redonda á ma- 
nera de tajón que llaman tcxcatl, donde mataban los 
que sacrificaban á honra de aquel dios, y desde la 
piedra hasta abajo un regaxal (a) de sangre de los que 
mataban en él, y así estaba en todas las otras tor- 
res: estas tenían la cara acia el occidente, y se su- 
bía por gradas bien estrechas y derechas á todas 
estas torres. 

El 2 o Cu principal era de los dioses del agua 
que se llamaban Ttaloques: llamábase este Cu Epcoatl: 
en este á honra de este dios ó de estos dioses, 
ayunaban y hacian penitencia cuarenta dias antes de 
su fiesta, y acabando el ayuno iban á castigar los 
ministros de estos ídolos que habían hecho algún 
defecto en el servicio de ellos por todo el año. Cas- 
tigábanlos en unas ciénagas de lodo y agua, zabu- 
lléndolos debajo del lodo y agua. Terminado este cas- 
tigo, los castigados se lavaban, y luego hacian arey- 
to y traían en la mano cañas de maíz como bor- 
dones: también todos los populares bailaban por esas 
calles. Llamábase esta fiesta la fiesta de Mazamorra 
que se llama etzaili, y acabada mataban cautivos á 
honra de estos dioses. 

El 3 o Cú se llamaba Mocuilcalli, ó Macuilquia- 
vith en este mataban á las espías de sus enemigos 
que prendían cuando estaban en la guerra, ó con- 
tra los de Vexotzinco, ó contra los de Tlsxcala, &c. 
(b) Y á los que venían á espiar la ciudad de Mé- 
xico, en conociéndolos luego los prendían y los lle- 
vaban á este Cú, y allí los desmembraban cortándo- 
les miembro por miembro. 

(a) Lo mismo que charco que semeja á un arroyuelo. 

(b) Por derecho de guerra en todas Naciones son castigados 
ios espías con Ja muerte. 



El 4° edificio se llamaba Tecuxcalli: en esta ca- 
ga estaban muchas estatuas de los dioses, y en ella 
se recogía el señor del pueblo ó ciudad cuando las 
fiestas grandes, y allí ayunaba y hacia penitencia cua- 
tro dias, é incensaba á todas las estatuas que en 
aquel lugar estaban, y también allí mataban cautivos 
á honra de aquellas. 

El 5 o edificio se llamaba Poiauhtla. Allí ayuna- 
ban los mayores Sátrapas que eran dos, el uno se 
llamaba Totcdlamaeazqui, el otro se llamaba Tlalocan* 
tlenamacac: en él hacían penitencia cuatro dias, é in- 
censaban á las estatuas que allí estaban. Esto hacían 
cada año cuatro dias en la fiesta de Etzalqüaliztli, y tam- 
bién allí mataban cautivos á honra de aquellas estatuas. 

El 6 o edificio se llamaba Mixcoapantezonpantlk 
este era un edificio en que espetaban las cabezas 
de los que mataban á honra del dios Mixcoail; eran 
unos maderos que estaban hincados, de altura de dos 
estados, y estaban ahugerados á trechos, y por aque- 
llos ahugeros estaban pasadas unas bastas ó bara- 
les, del grosor de bastas de lanza ó poco mas, y 
eran siete u ocho: en estas espetaban las cabezas 
de los que mataban á honra de aquel dios: esta- 
ban las caras puestas acia el medio-dia. [a] 

El 7 o edificio ó Cu* se llamaba Tlalxico. En es- 
te Cu, mataban cada año un cautivo á honra del dios 

(&) Andrés Tapia, y Gonzalo de Umbría, capitanes de Hernán 
Cortés, por curiosidad contaron un día ciento treinta y seis mil ca- 
laveras en las vigas y gradas de este edificio, y las de las dos tor- 
res formadas de cráneos no las pudieron contar. Véase mi Chi- 
malpain tom. 1 ° Cap. 106 donde se halla una ecsacta descrip- 
ción de este edificio de la muerte. ¡ Que piodigalidad en derra- 
mar la sangre humana.! La religión mexicana tenía por autor al 
demonio enemigo de nuestra especie, así como la cristiana tiene 
al hijo de Dios que por conservarla y amarla se hizo hombre, y 
echó sobre sí nuestras miserias; se identificó con ellas para mere- 
cer mas y mas en el suplicio de la cruz, y hacerse objeto de la 
justicia eterna: ¡alabado sea por tanta misericordia! 




200 

del infierno, sacrificábanlo en el mes que se llama ti- 
titl: después que le habia muerto el Sátrapa que lla- 
maban TlillantlcnamacQC, ponia fuego é incensaba de» 
lante la estatua, y esto se hacia de noche. 

El 8 o edificio se llamaba Quaxicalco. Era un ora- 
torio donde el Rey ó señor se recogia á hacer pe- 
nitencia, y ayunar cuando se hacia un ayuno que se 
llamaba netonaíiuhcaoat!¿ ayunaban cuatro dias por 
honra del sol; este ayuno se hacia de doscientos en 
doscientos tres dias, y aqui mataban cuatro cautivos 
que se llamaban chachanme, y otros dos cautivos que 
llamaban la imagen del sol y de la luna, con otros 
muchos á la postre de todos. 

El 9 o edificio se llamaba Tochinco: era un Cú 
bajo el cual era cuadrado, que tenia gradas por to- 
das cuatro partes. En este mataban cada año la ima- 
gen de Umctochtli, cuando reinaba este signo. Era es- 
ta imagen un cautivo compuesto con los ornamen- 
tos del dios del virio, llamado de este nombre como 
en otras partes se ha dicho. 

El 10 edificio se llamaba Teutlalpan, que quie- 
re decir tierra fragosa: era un bosquecillo cercado con 
cuatro paredes como un corral en el cual estaban 
riscos hechos á mano, y en ellos plantados arbus- 
tos que nacen en tierra fragosa, como son mague- 
yes pequeñuelos, y otros que se llaman tzioactli. En 
este bosquecito hacian procesión cada año en el mes 
llamado Quecholli, y concluida, luego se partían pa- 
ra la ladera de la sierra que se llama Cacatepcc, y 
allí cazaban y hacian las otras cosas, como esta di- 
cho en la historia de este mes. [a] 

(a) Parece que estaba este lugar de montería en las laderas 
de Tacubaya, cosa que apenas puede hoy creerse; pero se enten- 
derá refleccionando que las llanuras del valle de México estaban 
plantadas de cedros de estraordinaria proceridad. Hoy no se halla 
uno, y lo mismo en Texcoco, lo que prueba que los indios 
conocían en parte mejor su bienestar, y el del público, que núes- 



201 

El 11 edificio se llamaba Tlilapon, que quie- 
re decir agua negra: era una fuente como alberca, 
y por estar el agua profunda parecía negra. En es- 
ta fuente se bañaban los Sátrapas de noche los días 
que ayunaban en preparación de las fiesta<que eran cua- 
tro dias en cada mes, estos eran como vigilia de la 
fiesta. En habiéndose bañado, incensaban el Cu 
de Mixcoaíl, y en acabando de incensar allí, iban á 

su monasterio. 

El 12 edificio se llamaba Tlilancalmccac, que era 
un oratorio hecho á honra de la diosa Civacoall: en 
este edificio habitaban tres Sátrapas que servían á 
esta diosa, la cual visiblemente se les aparecía, y re- 
sidía en aquel lugar, y de allí visiblemente salía pa- 
ra ir adonde quería; cierto es que era el demonio 
en forma de aquella muger. 

El 13 edificio se llamaba Mexicocalmecac: es- 
te era monasterio donde moraban los Sátrapas y mi- 
nistros que servian al Cu de Tialoc cada dia. 

El 14 edificio se llamaba Couhcalco, ó Quavhcalli; 
este era una sala enrejada como cárcel, en ella tenían en- 
cerrados á todos los dioses de los pueblos que habían to- 
mado por guerra, y los tenían allí como cautivos. 

El 15 edificio se llamaba Quauhxicako: este era 
un Cu pequeño redondo de anchura de tres brazas 
ó cerca, de altura de braza y media, no tenia cober- 
tura ninguna, en este incensaba el Sátrapa de Titla- 
caoan cada dia acia las cuatro partes del mundo: tam- 
bién á este edificio subía aquel mancebo, que se cria- 
ba por espacio de un año para matarle en la fiesta 
del dios Titlacaoan: allí tañía con su flauta de no- 
che ó de dia cuando quería venir, y acabando de 
tañer incensaba acia las cuatro partes del mundo, y 
luego se iba para su casa ó aposento. 

tros decantados filantrópicos legisladores, que no han dado ni un 
reglamento de bosques. Dentro de breve valdrá en México mas 
earo el carbón que la carne. 




El 16 edificio se llamaba Quauchxicalco segun- 
do. Este edificio era como el ya dicho: delante de él 
levantaban un árbol que se llamaba xocotl, compues- 
to con muchos papeles, y encima de este Cu ó m«- 
muztli bailaba un chocarrero, vestido como el ani- 
malejo que se llama tehzalotl, que es ardilla. 

El 17 edificio se llamaba Teccalco: este era un 
Cu donde cada año echaban vivos en un gran mon- 
tón de fuego muchos cautivos en la fiesta que se 
llamaba Teutleco, y hacian los Sátrapas aquella cere- 
monia que se llamaba amailavitzoa, como se dijo en 
la misma fiesta de Teutkco. 

El ]8 edificio se llamaba Tzompantli: eran unos 
maderos hincados tres ó cuatro, por los cuales es- 
taban pasadas unas hastas como de lanza, en las cua- 
les estaban espetadas las cabezas de las que mataban. 

El 19 edificio se llamaba Vitznaoacteucalli: en 
este Cú mataban las imágenes de los dioses que lla- 
maban Centzonvilznaoa á honra de Vitzilopuchtli, y tam- 
bién mataban muchos cautivos: esto se hacía cada 
año en la fiesta de Panqüetzaliztk. 

El 20 edificio se llamaba Tezcacalco: era un 
oratorio donde estaban las estatuas que se llamaban 
omacamo. En este lugar mataban algunos cautivos, aun- 
que no cada año. 

El 21 edificio se llamaba Tlacochcalco, AcaÜyia- 
capan, en esta casa guardaban gran cantidad de dar- 
dos para la guerra, era como casa de armas: en es- 
te lugar mataban algunos cautivos, y lo hacian de 
noche, no tenían dia señalado para matarlos, sino 
cuando querían. 

El 22 edificio se llamaba Teccizcako: este era 
un oratorio donde estaban unas estatuas del dios lla- 
mado Tmacatl, y de otros dioses. En este oratorio 
por devoción, mataban algunos cautivos, no tenían 
dias señalados. 

El 23 edificio se llamaba Vitztcpeoako: era un 



203 
corral, ó cercado de cuatro paredes, donde los minis- 
tros de los ídolos arrojaban las puntas de maguey 
después que con ellas se habian punzado, y también 
allí arrojaban unas cañas verdes, después que las ha- 
bian ensangrentado, y ofrecíanlas á los dioses. 

El 24 edificio se llamaba Vitznaoac, Cálmeme: 
este era un monasterio donde habitaban los minis- 
tros de los ídolos que servían en el Cu del dios 
Vitznaoac, incensando, y haciendo los otros servicios 
que acostumbraban cada dia. 

El 25 edificio se llamaba otro Quauhxicako: 
era de la manera del otro que queda dicho atrás: 
delante de este Cu estaba un Tzompantli, que es don- 
de espetaban las cabezas de los muertos, y encima 
del Cú estaba una estatua del dios que llamaban Urna- 
ct¿ hecha de madera, y allí mataban algunos cauti- 
vos, cuya sangre daban á gustar á aquella estatua un- 
tándole la boca con ella. 

El 26 edificio se llamaba Macuikipactli, y Tcu- 
pan: este era un gran Cú, hecho á honra de aquel 
Macuikipactli, aqui mataban cautivos de noche en su 
mismo signo Cipactli. 

El 27 edificio se llamaba Tetlanmancalmecac: 
era un monasterio que se llamaba Tetlanman, y en él 
moraban Sátrapas y ministros del Cú dedicado á la 
diosa Chantico, allí servían de noche y de dia. 

El 28 edificio se llamaba Iztaccinteutliteupan: es- 
te era un Cú dedicado á la diosa llamada Cinteutl 
En este Cú mataban á los leprosos cautivos, y no 
comían su carne, matábanlos en el ayuno del sol que 
arriba se dijo. 

El 29 edificio se llamaba Tetlanma: este era 
un Cú dedicado á una diosa que se llamaba Quo- 
xototlcantico: aqui mataban esclavos por devoción, rei- 
nante el signo que se llamaba Cexuchiil. 

El 30 edificio se llamaba Chicomecatl, y Tcupan: 
este era un Cú dedicado al dios Chicomecatl-, en es- 



*» 



204 
te mataban algunos cautivos de noche cuándo ce-* 
menzaba á reinar el signo llamado CexuchitL 

El 31 edificio se llamaba Tezcaapan: era una 
fuente como alberca, que se bañaban los que hacían 
penitencia por voto: acostumbraban muchos de hacer 
penitencia ciertos meses, ó un año sirviendo á los 
cues ó dioses á quien tenían devoción, estos se la- 
vaban de noche en esta fuente. 

El 32 edificio se llamaba Tezcatalchco: este era 
un juego de pelota, que estaba entre los cues; en 
él mataban por devoción algunos cautivos cuando rei- 
naba el signo que llamaban Omacall. 

El 33 edificio se llamaba Tezompantli: era don- 
de espetaban las cabezas de los muertos que allí 
mataban cautivos á honra de los dioses llamados 
Omacame: este sacrificio se hacia cada docientos 
dos dias. 

El 3t edificio se llamaba Thmatzinco: este era 
Go* dedicado al dios Tlamatzincatl, á cuya honra, en 
él mataban esclavos cada año, al fin de la fiesta que 
se llamaba Quecholli. 

El 35 edificio se llamaba Thmatzinco Calmecac: 
este era un monasterio donde moraban los sacerdo- 
tes, ó Sátrapas que servían en el Cu arriba dicho. 

El 36 edificio se llamaba Quauaxicalco: este era 
un Cú pequeño y ancho, y algo cóncabo y hondo, 
donde se quemaban los papeles que ofrecian por al- 
gún voto que habían hecho, y también allí se que- 
maba la culebra de que arriba se dio relación en 
la fiesta de Panquetzaliztli. 

El 37 edificio se llamaba Mizcoateupan: este era 
un Cú, dedicado á Mizcoatl, donde se hacían aque- 
llas ceremonias de que se dio relación en la fiesta 
llamada Quechollitlami. 

El 38 edificio se llamaba Nctlatiloia: era un Cú, 
al pie del cual estaba una cueva donde escondían 
los pellejos de los desollados, como está en la rela- 
ción de Tlacaxipeoaliztli. 



205 

El 39 edificio se llamaba Teullachco: este era 
un juego de pelota, que estaba en el mismo templo: 
aquí mataban unos cautivos que llamaban Jmapanme, 
en la fiesta de Panquetzaliztli se dio relación de 
estos Amapanme. 

El 40 edificio se llamaba Hilhuicaíitlan: este 
era una columna gruesa y alta, donde estaba pintada 
la estrella ó lucero de la mañana, y sobre el chapi- 
tel de esta columna estaba un chapitel hecho de pa- 
ja: delante de esta columna, y de esta estrella,.mataban 
cautivos cada año al tiempo que parecia nuevamente 
esta estrella. 

El 41 edificio se llamaba Vcüzompantli: era el 
edificio que estaba delante del Cu" de _ Vitzihpuchtli 
donde espetaban las cabezas de los cautivos que allí 
mataban á reverencia de este edificio, cada año en 
la fiesta de Panquetzaliztli. 

El 42 edificio se llamaba Mecatlan: esta era una 
casa en la cual se enseñaban á tañer las trompas los 
ministros de los ídoios. 

El 43 edificio se llamaba Cinteupan: este era 
un Cu dedicado á la diosa Chicomecoatl, en este ma- 
taban una muger que decian que era imagen de es- 
ta dicha diosa, y la desollaban: de esto se dio rela- 
ción en la fiesta de Ochpaniztli. 

El 44 edificio se llamaba Centzontotochiininteu- 
pan: este era un Cu dedicado á los dioses del vino: 
aquí mataban tres cautivos á honra de estos dioses de 
la embriaguez, á uno llamaban Tepuztecatl, y al otro TV 
faltecatl, y al otro Papaztac: los que aquí mataban, de 
di^ morían, no de noche, esto hacian cada año en 
la fiesta de Tepeilhuitl. 

El 45. edificio se llamaba Cinteytpan'. era un Cu 
donde estaba la estatua del dios de los maizales y 
allí mataban cada año á su imagen, y con otros cau- 
tivos como se dijo en su fiesta. 

El 48 edificio se llamaba JYetotiloian: era un lu- 
Tom. I 29 




gar ó parte del patio donde bailaban los cautivos 
y esclavos un poco antes que los matasen, y con ellos 
también bailaba la imagen del signo Chicitnavceatl, y 
matábanlos á la media noche en la fiesta de Xilo- 
maniztli, ó en la fiesta de atlcaoalo^ esto se hacia ca- 
da año. 

El 47 edificio se llamaba Chililico: era un Cu 
donde mataban los esclavos en el signo de Chuna- 
vecatl: matábanlos á la media noche, solo los señores 
daban los esclavos que aqui morian: esto se hacia 
en la fiesta de Aíkaoato. 

El 48 edificio se llamaba Cooaapan: esta era 
una fuente donde se bañaba el Sátrapa que ministra- 
ba en el Cu que llamaban Coatlan, y ninguno otro se 
bañaba allí sino él. 

El 49 edificio se llamaba Puchtlan: era un mo- 
nasterio donde estaban los ministros y Sátrapas que 
ministraban en el Cu donde estaba la estatua de 
Yiacateculli dios de los mercaderes, ministraban allí 
de dia y de noche. 

El 50 edificio se llamaba Yopioco: este era un 
Cú donde cada año mataban muchos esclavos y 
cautivos, matábanlos de dia en la fiesta de Tlacaxi- 
peoaliztli. 

El 51 edificio se llamaba Jltlauhco: este era un 
monasterio donde moraban los Sátrapas, y ministros 
que servian en el Cú de Vitziiinquatec á una diosa 
de dia y de noche. 

El 52 edificio se llamaba Xiacatecutli, y Teu- 
pan: era el Cú del dios de los mercaderes: allí mata- 
ban la imagen de este dios cada año en la fiesta 
de Tititl 

El 53 edificio se llamaba Vitziiinquatec, y Tcu- 
pan: era un Cú donde mataban la imagen de esta dio- 
sa cada año en la fiesta de Tititl, era muger la que 
mataban. 



El 54 edificio se 11 a m aba Yopico Calmecac: en 
este monasterio ú oratorio, mataban muchos cautivos 
cada año en la fiesta de Tlacaxipeoaliztli. 

El 55 edificio se llamaba Yopico Tezompaníli: 
en este edificio espetaban las cabezas de los que ma- 
taban en la fiesta de Tlacaxipeoaliztli. 

El 56 edificio se llamaba Tzompantli: era don- 
de espetaban las cabezas de los que mataban en la 
fiesta de Yiacatccutli, dios de los mercaderes, en el 
primer dia de la fiesta de Xocollvetzi. 

El 57 edificio se llamaba Macuilmalinaliteupan: 
era un Cu donde estaban dos estatuas, una de Ma~ 
cuilmalinatl, y otro de Topantlacaqui, y en este signo 
hacían fiesta en este Cu cada doscientos tres dias, 
y también hacian fiesta á honra del signo que se 
llamaba xuchiilhuitl. 

El 58 edificio se llamaba Atiepac, era un ora- 
torio donde hacian fiesta y ofrecian á las diosas que 
se llamaban Civapipilti, hacian fiesta en el signo que 
llamaban ChicumecoatonallL 

El 59 edificio llamaban JYotlatiloian: esta era 
una cueva donde escondían los pellejos de los muer- 
tos que desollaban cada año en la fiesta de Ochpaniztli. 
El 60 edificio llamaban Atlántica: este era un 
oratorio donde honraban á la diosa que se llamaba 
Civateutl, y cada año mataban á su honra una mu- 
ger que decían era su imagen: matábanla en el Cu 
que se llamaba Coallan, que estaba cerca de este ora- 
torio: esto hacian cada año en la fiesta de Ochpaniztli. 
El 61 edificio se llamaba Tzonmolcocalmecac: es- 
te era un monasterio donde moraban Sátrapas del 
dios Xiucktecutti, y aquí sacaban fuego nuevo cada 
año en la fiesta Oauhquiltamas. 

El 62 edificio se llamaba Temalacatl: era una 
piedra como muela de molino grande, y estaba ahu- 
gerada en el medio: sobre esta piedra poniao los es- 
clavos y acuchillábanse con ellos: estaban atados por 



uen 



el medio del cuerpo de tal manera, que podían llegar 
á la circunferencia de la piedra, y dábanlos armas con 
que peleasen. Era este un espectáculo muy frecuen- 
donde concurria gente de todas las comarcas 
á verle. Un Sátrapa vestido de un pellejo de oso ó 
cuetlachtli, era el padrino de los cautivos que allí 
mataban, que los llevaba á la piedra y los ataba en 
la misma, les daba las armas y los lloraba entretanto 
que peleaban, y cuando caía lo entregaba al que le 
habia de sacar el corazón, que era otro Sátrapa ves- 
tido con otro pellejo que se llamaba tooaüaoan: esta 
relación queda escrita á la larga en la fiesta de Tla- 
caxipeoaliztli. ( a ) 

Al 63 edificio llamaban JYappatecutliytcvpan: es- 
te era un Cu dedicado l1 dios Nappatecutli, en el 
cual mataban la imagen de este dios, que era un cau- 
tivo vestido con sus ornamentos: matábanle á la me- 
dia noche cada año en la fiesta de Tepeilhuitl. 

Al 61 edificio llamaban Tczonmolco: este era 
un Cú dedicado al dios del fuego llamado Xintecutív. 
este es un Cú en que mataban cuatro esclavos co- 
mo imágenes de este dios, adornados con los orna- 
mentos del mismo aunque de diversas colores. Al pri- 
mero llamaban Xoxouhquixiuhtecutli, al segundo llama- 
ban Cocauhvjuixiuhtccirfli, al tercero llamaban ¡ztacxhih- 
tecutli: también mataban otros muchos cautivos en es- 
te lugar y en este dia, á los cuales llamaban Ihuipa- 
necatcmimilolca . Abajo de las gradas de este Cu es- 
taba una plazeta á la cual subian también por gra- 
das: en la misma mataban dos mugeres, y llama- 
ban á la una JVancotlaceuhqvA, de la otra no se pone 
nombre: en acabando de matar los que habian de 
morir, hacian luego un areyto muy solemne, según 
que se dijo á la larga en la fiesta de Xiuchtccuíli. 

El 65 edificio se llamaba Coatlan: este era un 

(a) Esta piedra, á mi juicio, es la que hoy está en el corredor 
bajo de la Universidad muy bien conservada. 



209 
Cfi donde mataban cautivos á honra de aquellos dio- 
ses que llamaban Centzonvilsnaoa, y también todas las 
veces que sacaban fuego nuevo, y lo mismo cuando 
la fiesta de QuechoUi. 

El 66 se llamaba \uchicako: este era un Cu edi- 
ficado á honra de los dioses Tlatlauhqmanteutl, y tam- 
bién de la diosa Matoneen, y cuando mataban una 
mucrer que era imagen de esta diosa, desollábanla, 
y u°no de los Sátrapas vestía su cuero, esto se ha- 
cia de noche: luego de mañana andaba bailando con 
el cuero vestido de aquella que había muerto: esto 
se hacia cada año en la fiesta de Oehpantztli. 

El 67 edificio se llamaba Xopicalco, también 
Eoacalco: esta era una casa (ú hospedería) donde se 
aposentaban los señores y principales que venían de 
lejos á visitar este templo, especialmente los de la 
provincia de Tenaoac. 

El 68 edificio se llamaba Tozpalath (a) esta era 
una fuente muy preciada que manaba en el mismo 
lu^ar, de aquí tomaban agua los Sátrapas de los ído- 
los, y cuando se hacia la fiesta de VüzilopucMi y 
otras fiestas, la gente popular bebia en esta fuente 
con gran devoción. 

El 69 se llamaba Tlacochcalco, Quauhqmaxaoac: 
esta era una casa, y en ella estaba una estatua 
del dios Macuütotec: aquí á honra de este dios ma- 
taban cautivos en la fiesta de Panquetzaliztli. 

El 70 edificio se llamaba Tulnaoac: esta era 

(a) Esta fuente de que dice Clavijero que tenia muy buena 
aojase cegó cuando los españoles arruinaron el templo, volvióse 
£ abrir en el año de 1528 en la plazuela del Marques que hoy 
llaman Empedradillo próesimo á la Catedral: hasta aquí Clavijero. 
Debo advertir á mis lectores, que esta fuente aunque cegada, es- 
tá marcada en la calle con una losa chica, que se vé saliendo de 
la banqueta como quien vá á la calle, -de Tacuba, á 20 pasos de 
distancia: pasa por donde está el colegio de los infantes. Ténga- 
se esto presente por si algún dia faltare el agua en México por 
asedio de enemigos. 




una casa donde mataban cautivos, cuando comenza- 
ba á reinar el signo que se llamaba Cemtguizili, á hon- 
ra de Tezcatlipuca. 

El 71 edificio era Xilocan: era una casa don- 
de cocían la masa para hacer la imagen de Vitzilo* 
puchtli, cuando se hacia la fiesta. 

El 72 se llama Itepeioc: era una casa donde 
hacían de masa la imagen de Vitzilopuchtli los Sá- 
trapas. 

El 73 edificio se llamaba Vitznaoacealpulli: era 
la casa donde hacían la imagen de otro dios com- 
pañero de Vitzilopuchtli, que se llamaba Tlacavepan- 
cmxcotzin. 

El 74 edificio se llamaba Atempan: era una ca- 
sa donde juntaban los niños que habían de morir, 
y también los leprosos, que llamaban zizioti que tam- 
bién los mataban; después de haberlos juntado en 
este lugar, los traían en procesión en unas andas: he- 
cho esto llevábanlos á los lugares donde los habían 
de matar. 

El 75 edificio se llamaba Tezcacoactlacochcalcoi 
era una casa donde estaban muchos dardos, y muchas 
saetas depositadas para el tiempo de la guerra: aquí 
mataban esclavos por su devoción algunos años. 

El 76 edificio se llamaba Acatlayiacapan Veical- 
pulli, esta era una casa donde juntaban los esclavos 
que hablan de matar á honra de los Tlahques, y 
después de muertos luego los hacían pedazos y los 
cocían en esta misma casa: echaban en las ollas 
flores de calabaza, después de cocidas comíanlas los 
señores, y principales; la gente popular no comía 
de ellas. 

El 77 edificio se llamaba Teckielli: era un Cu 
pequeño, en este ofrecían cañas que llamaban Ac- 
xolatc. 

El 78 edificio se llamaba Calpulli; estas eran 
unas casas pequeñas de que estaba cercado todo el 



■ 



patio de dentro: á estas casillas llamaban Calpulli, y 
á ellas se recogian á ayunar y hacer penitencia cua- 
tro días todos los principales y oñciales de la repú- 
blica las vigilias de las fiestas que caían de veinte 
en veinte dias, de manera que hacían vigilia cuatro 
dias. En este ayuno unos comían á la media noche, 
y otros al medio día. 

RELACIÓN DE LAS COSAS QUE SE OFRECÍAN 
EN EL TEMPLO DE LOS MEXICANOS. 

Ofrecían muchas cosas en las casas que lla- 
man Calpulli, que eran como iglesias de los bar- 
rios donde se juntaban todos los del mismo, así á ofre- 
cer, como á otras ceremonias muchas que se hacían. 
Ofrecían comida y mantas, aves, mazorcas de maíz, 
chian, frísoles y flores: esto ofrecían las mugeres ó 
doncellas por casar; pero en los oratorios de sus ca- 
sas: no ofrecían mas que comida delante de las imá- 
genes de los dioses que allí tenían; esto hacían ca- 
da día luego á la mañanita, y la señora de la ca- 
sa tenía cuidado cada mañana de despertar á todos 
los de la familia, para que fuesen á ofrecer delante 
de los dioses de su oratorio: ofrecían incienso en los 
cues los Sátrapas de noche y de dia, á ciertas ho- 
ras; incensaban con unos incensarios hechos de bar- 
ro cosido, que tenían á manera de caso, de un caso 
mediano con su hastil del grosor de una vara de me- 
dir ó poco menos, largo como un codo ó poco 
mas, hueco, y de dentro tenía unas pedrezuelas por 
sonajas. El vaso era labrado como incensario, con 
unas labores que ahugeraban el mismo vaso desde 
el medio á bajo: cogían con él brasas del fogón, y 
luego echaban copal sobre las brasas, é iban delan- 
te de la estatua del demonio, y levantaban el incen- 
sario acia las cuatro partes del mundo, y también in- 
censaban á la estatua. Hecho esto tornaban las bra* 



r t ti. 



> 



212 

sas al fuego: esto mismo hacían todos los del pue- ' 
bSo en sus casas, una vez á la mañana, y otra á la 
noche con las estatuas que tenian en sus oratorios, 
ó en los patios de sus casas, y los padres y las ma- 
dres compelían á sus hijos á que hicesen lo mismo 
cada mañana y cada noche. 

Del incienso ó copal que ofrecian, usaban es- 
tos mexicanos, y todos los de nueva España, el cual 
es una goma blanca que llaman copalli, (que tam- 
bién ahora se usa mucho) para incensar á sus dio- 
ses, (no usaban del incienso aunque lo hay en esta 
tierra,) de este incienso ó copal usaban los Sátrapas 
en el templo, y toda la otra gente en sus casas, co- 
mo se dijo arriba, y también lo usaban los jueces 
cuando habian de egercitar algún acto de su oficio. 
Antes que le comenzasen, echaban copal en el fuego 
en reverencia de sus dioses, y demandándoles ayuda: 
también hacian esto mismo los cantores de los arey- 
tos, que cuando habian de comenzar á cantar pri- 
mero echaban copal en el fuego á honra de sus dio- 
ses, y demandándoles ayuda. Usaban una ceremonia 
generalmente en toda la tierra, hombres y mugeres, 
niños y niñas, y era que cuando entraban en algún 
lugar, donde habia imágenes de los ídolos una ó mu- 
chas, luego tocaban en la tierra con el dedo, y lue- 
go le llegaban á la boca, ó á la lengua, á esto lla- 
maban comer tierra en reverencia de sus dioses, y todos 
los que salían de sus casas, aunque no saliese del 
pueblo, volviendo á su casa hacian lo mismo, y por 
los caminos donde pasaban delante algún Cu ó ora- 
torio hacian lo mismo, y en lugar de juramento usa- 
ban esto mismo, que para afirmar que decían verdad 
hacian esta ceremonia, y los que se quedan satisfa- 
cer del que hablaba si decia verdad demandábanle 
que hiciese esta ceremonia, y luego le creían co- 
mo juramento. Hacian otra ceremonia comunmente, 
que llamaban Tlatlacalizíe, que quiere decir arroja- 



213 
miento y era, que nadie comiese sin que primero ar- 
rojase al fuego un bocadillo de lo que habia de cO- 
mer. Tenían otra ceremonia también común, que na- 
die habia de beber pulcre sin que primero se der- 
ramase un poco á la orilla del hogar, y cuando quie- 
ra que encetaban alguna tinaja de pulcre, prime- 
ro echaban en un lebrillo cantidad de él, y ponían 
un lebrillo cerca del fuego: de allí tomaban con 
un vaso, y derramaban al canto del hogar á cuatro 
partes un vaso de aquel pulcre, y hecho esto bebian 
los convidados, y antes de esto nadie usaba beber: 
esto llamaban Tlatoiaóaliztli, que quiere decir libatio, 
ó gustamiento. 



RELACIÓN DE LA SANGRE QUE SE DERRAMABA 
A HONRA DEL DEMONIO, EN EL TEMPLO Y FUERA. 

Derramaban sangre en los cues de dia y do 
noche, matando hombres y mugeres delante de las 
estatuas de los demonios, como arriba queda dicho 
en muchos lugares. Derramábanla también delante 
de los demonios por su devoción en dias señalados, 
y hacian de esta manera. Si querían derramar san- 
gre de la lengua, pasábanla con una punta de nava- 
ja, y por el ahugero que hacian pasaban muchas pa- 
jas gruesas de heno, según la devoción de cada uno: 
algunos ataban las unas con las otras, y tirábanlas 
como quien tira un cordel, pasándolas por el ahu- 
gero de la lengua; otros cada uno por sí, sacaban 
cantidad de ellas, y dejábanlas allí ensangrentadas de- 
lante del demonio, ó en los caminos ó en los calpul- 
eos, lo mismo hacían de los brazos y de las pier- 
nas. Derramaban también sangre los Sátrapas fuera 
de los cues por las montañas ó cuevas, por su de- 
voción de noche, y lo nacían de esta manera: tomaban 
cañas verdes y puntas de maguey, y después de ha- 
berlas ensengrentado con la sangre que sacaba de 
Tom I. 30 



214 

sus piernas de junto á las espinillas, iban de noche 
desnudos á los montes donde tenían devoción, y así 
ensangretadas las dejaban allí sobre un lechucio de 
hojas de cañas que les hacían, y esto hacían en cua- 
tro ó cinco partes según la devoción de cada uno. 
Derramaban también sangre los hombres cin- 
co dias antes que llegase la fiesta principal, que se 
hacia de veinte en veinte dias por su devoción. Ha- 
cían unas cortaduras en las orejas, de donde saca- 
ban sangre, y con ella untaban los rostros ha- 
ciendo unas rayas de sangre por ellos; las mugeres 
hacían un corro ó cerco, y los hombres hacían una raya 
derecha desde la ceja hasta la quijada: las mugeres te- 
nían devoción también de ofrecer esta sangre por 
espacio de ochenta dias, cortábanse de tres en tres 
días, ó de cuatro en cuatro dias todo ese tiempo. Ofre- 
cían también sangre de aves delante de los demo- 
nios por su devoción, especialmente delante de Vit- 
gitopuchtli, y en sus fiestas compraban codornices vi- 
vas, y arrancaban las cabezas delante del ídolo, y la 
sangre derramábase allí, y el cuerpo arrojábanlo en 
tierra y allí andaba revoleando hasta que moría: unos 
descabezaban una, otros dos, otros tres según su de- 
voción. Coando mataban algún esclavo ó cautivo, el 
dueño de él cogia la sangre en una jicara, y echa- 
ba un papel blanco dentro, y después iba por todas 
las estatuas de los demonios, y untábales la boca con 
el papel ensangrentado: otros mojaban un palo en la 
sangre, y tocaban la boca de la estatua con la misma. 



RELACIÓN DE OTROS SERVICIOS Q.UE SE HACÍAN 
A LOS DEMONIOS EN EL TEMPLO Y FUERA. 

Los que se escapaban de alguna enfermedad 
por consejo de algún astrólogo, escogían un día bien 
afortunado, y en él quemaban en el hogar de su ca- 
ga muchos papeles en que el astrólogo habia pin- 



215 

tado con ulli las imágenes de aquellos dioses, que 
se congeturaba que le habían ayudado para salir de 
aquella enfermedad El astrólogo los daba al que ofre- 
cía, diciendole el dios que allí iba pintando, y el otro 
echaba el papel en el fuego; y- después de quema- 
dos todos los papeles, tomaban la ceniza y enterrában- 
la en el patio de su casa, á este llamaban Mztiaoaliztiz. 
Algunos por su devoción ofrecían sangre en 
los cues en las vigilias de las fiestas, y para que su 
ofrenda fuera mas acepta, iban á buscar laurel sil- 
vestre que ellos llaman axóiatl, que se cria mucho 
por esos montes, y traído ensangrentaban con san- 
gre de las piernas dos puntas de maguey en el cal- 
pulco, y de allí las llevaban al Cú, y hacían un le- 
chudo de los ramillos tiernos del laurel, y ponían 
sobre él las puntas de maguey ensangrentadas, ofre- 
cíanlas á aquel dios á quien tenían devoción, y á 
esto llamaban Jlexoiaiemalizlli. Cuando habían de ir á 
alguna guerra, primero todos los soldados iban por 
leña á las montañas, la que gastaban en los cues y 
hacían rimeros de ellas en los monasterios de los 
Sátrapas, y de allí tomaban para gastarla, porque se 
quemaba mucha entre noche y día en los patios de 
los cues en unos fogones altos que para esto esta- 
ban hechos en los mismos patios, y en los otros tiem- 
pos los ministros de los cues, y los que moraban 
en el Calmecac, tenían cargo de traer esta leña: á 
esto llamaban teuquauhqudzaliztli. También á honra dé- 
los dioses que tenían en sus casas, tenían gran cui- 
dado de barrerlas, y el patio y la portada cada día 
luego de mañana, y el señor ó la señora de la ca- 
sa, tenían .cargo de compeler á todos los de ella pa- 
ra que hiciesen esto cada dia, y después de hecho 
esto, incensaban y ofrecían á las imágenes que te- 
nían en sus casas cada dia, á esto llamaban tlachpnnaliztli. 
Tenían gran vigilancia de noche los Sátrapas 

y ministros de los cues de velar para que no fal- 

9 ■ * 



216 
tase de arder fuego en los fogones del patio, y pa- 
ra despertar á los que habiaiTde tañer á las horas 
que habían de incensar y ofrecer delante de los ido- 
los, y á esto llamaban Tocoaliztlu 

Tenían los populares por costumbre de hacer 
penitencia muchos dias entre año, y esta penitencia 
era, que se abstenian de jabonarse la cabeza, de los 
baños, y ^de dormir con muger, y la muger con hom- 
bre los días que hacían esta penitencia, y no se abs- 
tenían de comer ni ayunaban, á esto llamaban JVe- 
caoaliztk, 

RELACIÓN DE CIERTAS CEREMONIAS QUE SE HACÍAN 
A HONRA DEL DEMONIO. 

Cuando hacían una fiesta que llamaban Jia- 
malcuahzth, que era de ocho en ocho años, unos in- 
dios que se llamaban mazatecac, tragaban unas cule- 
bras vivas por valentía, y andaban bailando y tragán- 
dolas poco á poco, y después que las habian traga- 
do, dábanles mantas por su valentía. También estos 
mismos tragaban unas ranas vivas en la misma fies- 
ta. Otra ceremonia hacian en la misma fiesta de Et- 
zalciiahzth: los mancebos tomaban avecillas, y atá- 
banlas en unos ramos con hilos, y andaban con ellas 
en la procesión de esta fiesta, y las aves andaban re- 
voleando al rededor del ramo. 

Usaban también hacer procesión en muchas 
de sus fiestas, y traían en andas las imágenes de los 
ídolos, algunas veces al rededor de los cues, y otras 
veces por lugares mas lejos, y acudia todo el pueblo 
a estas procesiones. También usaban bajlar las mu- 
geres juntamente con los hombres en ías grandes 
nestas. 

Hacian un juego los mancebos á honra de la 
diosa llamada Toci: cuando mataban su imagen po- 
nían un lebrillo con pluma y con greda, y arremetían 



217 
todos los mancebos y tomaba cada uno un puñado 
de ello, y echaban á huir unos tras otros, y como ha- 
bian tomado los mancebos la greda y pluma, aquel 
mancebo que traía vestido el pellejo de la diosa To- 
ci, con otros mancebos que estaban con él, echaban 
á correr tras los que habían tomado greda, é íban- 
los apedreando, y la gente que miraba apedreaba á 
los unos ó á los otros, y algunos de ellos caían ape- 
dreados. Hacían una ceremonia á los niños y niñas, 
tomándolas con las manos por junto á las orejas y 
levatándoles en alto: esto hacían para que creciesen 
en la fiesta que se llamaba Izcalli, que se hacia á 
honra del fuego. 

RELACIÓN DE OTRAS CEREMONIAS QUE TAMBIÉN 
SE HACÍAN A HONRA DEL DEMONIO. 

Hacían una superstición para sanar los ni- 
ños enfermos, ó enfermizos. Atábanles al cuello unas 
cuerdas de algodón flojo, y colgábanle una pellita 
de copal en la cuerda que tenía al cuello: también 
les ponían unas cuerdas de lo mismo atadas á las 
muñecas y otras á las gargantas de los pies, atíba- 
selas algún astrólogo en signo particular, y traía- 
las el numero de los días que le ^mandaba aquel, 
y después el mismo astrólogo se las quitaba, y las 
quemaba en el Calpulco, esto hacían cuatro veces 
por la salud de los niños. 

Usaban otra superstición, que se emplumaban 
el pecho, y en las espaldas en la parte contraria 
del pecho con plumas de diversas colores, y en las 
muñecas ponían unas plumas como ajorcas, una blan- 
ca, otra amarilla y otra colorada, y en las gargan- 
tas de los pies hacían lo mismo. Esta pluma pega- 
ban con reciña de pino, que llaman ocozotl, y lo ha- 
cían en la fiesta de Teiiktkco, porque no los hicie- 
se mal el dios Acolmiztli. Esta ceremonia, ó supers- 




f n j 



wm 




ticion que aquí se dice, se hacia de cuatro en cua- 
tro años en la fiesta de Izcalli. 

Esta ceremonia hacian á reverencia del sol, y 
del fuego, cuando alguno acababa su casa nueva, ó 
cuando reinaba el signo del sol que sacaban sangre 
de las orejas, y la recibian en la uña del dedo, que 
está junto el pulgar, ó en el de enmedio, y lo ar- 
rojaban en el fuego como quien- dá papirote, y tam- 
bién acia el sol de la misma manera: esto llamaban 
TlazcaltiliztlL Esto ya queda dicho atrás, que es lo 
mismo de Acxoiatemalizlli. 

Esta ceremonia hacian cuando pasaban delan- 
te de algún ídolo, arrancaban una porción de heno, 
y esparcíanlo delante de la imagen del ídolo hacien- 
do reverencia ó acatamiento, esta misma ceremonia 
hacian otras veces por vía de voto, ó ceremonia. 

Todas las noches, un poco antes de la media 
noche, los ministros de los ídolos que tenían cargo 
de esto tocaban los caracoles y cornetas, y trom- 
petas, y luego se levantaban todos á ofrecer sangre 
é incienso a los ídolos en los cues, y en todas las 
casas particulares. 

En llegando á la media noche que llamaban 
Quaqiiaaciliin tañian con atabales para que desperta- 
sen, y los que no despertaban á aquella hora casti- 
gábanlos echando sobre ellos agua, ó rescoldo del fue- 
go. Ahugerábanse las orejas para poner orejeras y 
también los besos para poner Jos bezotes: esto ha- 
cian á honra del demonio, y llamábanlo JVenacazxapo- 
tlulitíiz, y JVeienxapotlaliztli. 

RELACIÓN DE LAS DIFERENCIAS DE MINISTROS 
QUE SERVÍAN A LOS DIOSES. (£) 

Había líñ ministro que se decia Mexicatlteu- 
oatzhi, y este era como Patriarca, elegido por los 

(a) O sea relación del orden gerárquico, y obligaciones de lo» 
ministros del culto idolátrico de los mexicanos 



219 

dos sumos pontífices, el cual tenía cargo de otros sa- 
cerdotes menores, que eran como obispos, y tenían 
cargo de que todas las cosas concernientes al cul- 
to divino en todos los pueblos y provincias, se hi- 
ciesen con toda diligencia y perfección, según las le- 
yes y costumbres de los antiguos pontífices y sa- 
cerdotes, mayormente en la crianza de los mance- 
bos, que se educaban en los monasterios que se lla- 
maban Cálmeme. Este disponía de todas las casas 
que habían de hacer en todas las provincias sujetas 
á México, tocantes al culto de los dioses; tenía tam- 
bién cargo de castigar á todos ios sacerdotes que 
dependían de él, si en algo pecaban. Los ornamen- 
tos de este Sátrapa eran una xaqueta de tela, y un 
incensario de los que ellos usaban, y una talega en 
que llevaban copal para incensar. Había otro coad- 
jutor de este que se llamaba Vitznaocteuhoatzin, que 
entendia en el mismo negocio. 

Había otro mas coadjutor de los atrás dichos 
que se llamaba Tcpanteuhoatzin, el cual en particu- 
lar tenía cargo de la buena crianza, y del buen re- 
gimiento de los que se criaban en los monasterios, 
por todas las provincias sejetas á México. 

El Umetochtzin, era como maestro de todos los 
cantores, que tenían cargo de cantar en los cues: te- 
nía cuenta de que todos viniesen á hacer sus ofi- 
cios á ellos. Hacían cierta ceremonia con el vi- 
no que llamaban Teuvetli al tiempo que habían de 
hacer sus oficios, de esta ceremonia era el princi- 
pal Pachsecatl. Este tenía cuidado de los vasos en 
que bebían los cantores, de traerlos y darlos y re- 
cogerlos, y ¿je henchirlos de aquel vino que tam- 
bién limaban Macuilitctli, y ponía doscientas tres ca- 
ñas, de las cuales sonaba una ahugerada, y cuando las 
tomaban, el que acertaba con aquella, bebía el solo, y no 
mas: esto se hacia después del oficio de haber cantado. 

El Epcoaquacuiltzin, tenía cargo de las fiestas 



i n. 



220 
del calendario, y de todas las ceremonias que se ha- 
bían de hacer en ellas, para que en nada hubiese 
falta: era como maestro de ceremonias. 

El Moioncoteuhoa, tenía cargo de aprestar to- 
das las cosas necesarias, como son papel y copal &c, 
para cuando habían de sacrificar, ú ofrecer delante 
de los dioses en la fiesta de Chicunavecatl. 

El Cinteutzin, tenía el mismo cargo de apres- 
tar todas las cosas necesarias para cuando se hacia 
la fiesta de Xilonen. 

El Atempantcuhoatzin, tenía cargo de proveer de 
plumas blancas como algodón, que crian las aves jun- 
to á la carne, y otras cosas que eran necesarias pa- 
ra cuando se hacia la fiesta de la madre de los dio- 
ses, y tenía también cargo de juntar los mancebos 
que se llamaban Cuecuexteca para que ayunasen en 
barrio de Atempan. 

El Tlapizcatzin, era como Chantre, que tenía 
cuidado de enseñar, regir, y enmendar el canto que 
había de cantar á honra de sus dioses en todas las 
fiestas. 

El Tzaputlateuhoatzin tenía cargo de aprestar 
todas las cosas necesarias para la fiesta de la diosa 
Tczapotlatona, como son papel, copalli, ulli y una yerba 
olorosa con que incensaban á los ídolos. 

El Tecammateuhoa, tenía cargo de aprestar las 
teas para hacer hachones, y también almagre, tinta, 
cotaras, unas xaquetas y caracolitos mariscos, lo 
cual todo era necesario para esta fiesta de la diosa 
del fuego. 

El Tezcatzoncatl tenia cargo de aprestar todo 
lo de arriba dicho para cuando se hacia la fiesta del 
dios del vino en el mes que se llama icpeüf^ül 

El Umeíochth, tenía cargo de aprestar todo lo 
arriba dicho para cuando se hacia la fiesta del dios 
del vino que se llamaba del mismo nombre [Umeío- 
ehtli) en el mes de Tepeilhuitl. 



El UmetochtUtomixaiíh, tenía también cargo prin- 
cipalmente de aprestar todo lo arriba dicho para 
cuando se hacia la fiesta del dios del vino Tomixauh 
en el mes arriba dicho. 

El Jcaloaómezochtli, tenía cargo de aprestar to- 
do lo arriba dicho que era menester para la fiesta 
del dios Acaloavmetochtli. 

El QuatlapanquivmctochtU, tenia cargo de apres- 
tar todo lo arriba dicho para la fiesta del dios del 
vino llamado Cuathpanqui. 

El Tlühoavmtiochtli, tenía cargo de aprestar to- 
do lo arriba dicho, para cuando se hacia la fiesta del 
dios del vino, que se llamaba Tlilhoavmetochtlh en el 
mes de Tepálhuitl. (a) 

El Umetochtlipantecatl, tenia cargo de procurar 
el vino que se llamaba cuilxtei o tevctli, el cual se 
gastaba en la fiesta de Panqustzaliztli. 

El Umetochtlinapatecutli tenia cargo de aprestar 
lo necesario para la fiesta de Tepsilhuitl. 

El Umetochtlipapaztac, tenia cargo de aprestar 
el vino que se llamaba ticauctli, que se había de gas- 
tar en la casa del Rey y en la fiesta de Tozoztli, y 
donde bebian vino hombres y mugeres, niños y niñas. 
El Umetochtli tenia cargo de hacer lo mismo 
que arriba se dijo, en la fiesta de Atlcuoalo. ^ 

La muger que se llamaba Cioaqual/i, tenia 
cargo de proveer de todo lo que se había de ofre- 
cer en la fiesta de la diosa 7W, como son flores y 
canas de humo, y todo lo demás que presentaban las 
mugeres en esta fiesta. 

La muger llamada Cioaquacuilliztaccihazfl, te- 
nia cargo §n el Cú llamado Aíenchicalcan. de los que 
barrjpn y de los que ponian fuego, y también los que 

(a) Eran varios los dioses del vino, y así no se estrañen sus 
varias denominaciones. En otra parte hemos dicho que los borrachos 
tenían porción de Genios Tutelares. No hay vicio mas socorrido. 

Tom. 1. 31 



r u-i 




222 
hacían voto de hacer algún servicio en este Cu á 
ella acudian. 

El Ixcocahuquítzonmokoteuhoa, tenía cargo de ha- 
cer traer la leña que se babia de gastar en el mo- 
nasterio que se llamaba Tzonmokocalmccac, traían es- 
ta leña los mancebos, y poníanla en el monasterio 
ya dicho. 

El Tlalcolquaquilli, guardaba el Cu que se lla- 
maba Mécatlan, andaba vestido con las vestiduras de 
los sacerdotes, como arriba se dijo, que era Unxicó- 
lli ó xaqueta, y un calabazo lleno de tabaco picietL 
Tenia gran cuidado de que ninguno entrase ni se lle- 
gase á este Cu, sino con gran reverencia, y que en 
él no hubiese ninguna suciedad; y si alguno cerca de 
este Cú se emporcaba, luego le prendían y le castigaban. 

El Tecpanlzincotenhoa, tenia Cargo de guardar 
en el Cú que se llamaba Tecpantzinco, para que nin- 
guna irreverencia se hiciese allí, y procuraba las ofren- 
das que se habían de. hacer en este Cú. 

El Epceacuacuillitecpictoton, tenia cargo de hacer 
y componer los cantares que de nuevo eran menester, 
así para los cues, como para las casas particulares. 

El Ixtlilcoteuhoa, tenia cargo del Cú de Ixtlil- 
ton, y de procurar las ofrendas que ofrecían, cuan- 
do los niños y niñas comenzaban á hablar, que los 
llevaban á este Cú, y hacían ciertas ceremonias con 
este motivo. 

El AticpactcuhoaizinxGchipUH, tenia cargo del 
Cú que se llamaba Aticpac, y procuraba lo que era 
necesario para cuando mataban allí una muger, y la 
desollaban á honra de una diosa que se llamaba Jtic- 
paccalquihioatl; también se vestía el pelleja de aque- 
lla muger, y cuando se iba por las calles con ti lle- 
vaba una codorniz viva asida de los dientes. 

El Atlixdwhquitcuhoao'puchtii, tenia cargo de pre- 
venir todas las cosas necesarias, para cuando sacri- 



223 

ficaban, matando la imagen de Opuchtü, en la fies- 
ta de Tepeilhuitl 

El Xipccopicoteuhoa, tenia cargo de aprestar las 
cosas necesarias, para cuando mataban la imagen de 
Tequitzin en este Cú Yopico. 

Este Pochtlanteuhoayiacaleeutlh tema cargo de 
prevenir todas las cosas necesarias para cuando sa- 
crificaban la imagen de Yacatecutli, en el Cú llama- 
do Pochtlan. 

El Chiconquiavitlpoctlan, era coadjutor del arri- 
ba dichos, para el mismo efecto que también se espresó. 
El hqmtlanteuhoatzin, tenia cargo de proveer de 
xaquetas que llamaban xicolli, que es un ornamento 
de los Sátrapas, caracolillos mariscos, cotaras, y de- 
mas cosas para ornamentos, y también recogía la miel 
de los magueyes, que era la primera que se cogía 
esta planta para hacer vino para ios Sátrapas. 

El Tzapotlateuhoatzin, tenia cargo de proveer del 
papel, de copal, incensarios, y de todo lo demás que 
era menester para los que morian, ó mataban en la 
fiesta de Tepeilhuitl. 

El Chakhiuhtliycueacatonalquacuilli, tema cargo 
de proveer de las ofrendas que eran necesarias pa- 
ra los que mataban en la fiesta de Chalchiuhtliycué, 
como era copal, vlli, &c. 

El dcovhoacatlacolmizíli, tenia cargo de pro- 
veer de todo lo que era necesario, para cuando el 
señor 6 Rey habia de ayunar en la fiesta de Tlaloc, 
en el ayuno del sol, y de Queckolli, que son ayunos 
muy solemnes; proveía de los vestuarios y cotaras &c, 
que el señor habia de usar en estos ayunos. 

El ¡¡ullanteuhoa, tenia cargo de proveer de pa- 
pel,«opal y vlli, para cuando habian de matar á la 
imagen de Tulíccatl, al cual sacrificaban en el fin del 
mes que se llamaba Quecholli, ó en el principio del 
mes que se llamaba Tepeilhuitl 



rn. 



■»r 



224 

RELACIÓN DEL TAÑER, Y CUANTAS VECES WñIAN 
EN EL TEMPLO ENTRE NOCHE Y DÍA, QUE ERA 
COMO TAÑER A LAS HORAS, (ti) \ 

Todos los dias del mundo ofrecían sangre é 
incienso al sol: luego en saliendo por la mañana, ofre- 
cíanle .sangre délas orejas, y sangre de codornices, 
á las cuales arrancándoles las cabezas corriendo san- 
gre las alzaban acia el sol, como ofreciéndosela y ha- 
ciendo esto decían: „ya ha salido el sol, que se llama to- 
nameti xiuhpitontliquauktkoamitl, no sabemos como cumplirá 
su camino este día, ni sabemos si acontecerá al- 
gún infortunio á la gente:»' y luego enderezaban 
sus palabras al mismo astro diciendo: »$eñor nues- 
tro, haced prósperamente vuestro oficio» Esto se ha- 
cia cada dia á la salida del sol: ofrecíanle incien- 
so cuatro veces de dia, y cinco de noche, una vez 
á la salida," otra á la hora de tercia, otra á la ho- 
ra de medio dia, la cuarta vez á la puesta del sol- 
dé noche le ofrecían incienso, ¡a primera vez cuan- 
do ya era de noche, la segunda cuando ya todos se 
querían echar á dormir, la tercera cuando comenza- 
ban á tañer para levantarse á maitines, la cuarta un 
poco después de media noche, la quinta un poco an- 
tes que rompiese el alba; y cuando á prima noche 
ofrecían incienso, saludaban á la noche diciendo. „E1 
Señor de la noche ya ha salido, que se llama loatl- 
tecutli, no sabemos como hará su oficio ó su curso:" 
la fiesta de este IoatUecutli caía y se celebraba en el 
signo que se llamaba navioUin, á doscientos tres dias 
de la cuenta del tolanamail. Cuatro dias ayunaban an- 
tes de esta fiesta, y al medio dia tocaban los cara- 
coles, pitos y trompetas &c, y pasaban iftmbre^por 
las lenguas ofreciéndole aquella sangre, y bastar? los 
niños que estaban en las cunas, les" sacaban sangre 
de las orejas para ofrecer, y todos chicos y gran-* 

(a) O sea de los toques que se daban en el templo, y h». 
rae en que se ejecutaban* 



225 
des ofrecían sangre de las orejas aquella hora. Esto 
hacían sin decir nada, y hacíanlo delante de la ima- 
gen del Sol que estaba en un Cu que se llamaba 
quauhxiealco pintada y esculpida como ahora se pinta 
el Sol, como una cara humana, y con rayos que sa- 
len de ella como una rueda, y en la fiesta del Sol 
siempre cada año mataban muchos esclavos á su hon- 
ra en sus cues, y decían que todos los que morían 
en la guerra iban á la casa del Sol á reposar. 

RELACIÓN DE LOS EJERCICIOS, Ó TRABAJOS 
QUE HABÍA EN EL TEMPLO. 

Un Sátrapa de los del templo tenía cuidado 
de doctrinar y enseñar á los que trabajaban y ser- 
vían en él, los cuales doctrinados los entregaba á los 
sacerdotes para que hiciesen sus oficios que habían 
aprendido: también este los disciplinaba para que vi- 
viesen bien y no fuesen traviesos. Este mismo tenía 
cargo de hacer barrer los lugares del templo á estos 
muchos que criaba. Este mismo tenía también cuidado de 
velar en que no faltase fuego en los fogones del tem- 
plo. Ciertos mancebos, que por su voto y devoción 
hacían penitencia en el templo, tenían cargo de velar 
de noche para que ninguna cosa mala se hiciese en 
él. Los muchachos medianos que se criaban en el 
Calmecac, tenían cuidado de ir al monte por la leña 
que se gastaba en el templo. Los muchachos no- 
vicios en el monasterio cuidaban de traer pun- 
tas de maguey, las que eran menester en el templo, 
y de traer ramos de laurel, los que eran necesa- 
rios a^í: los ^mancebos que se llamaban Tlamacazgue, 
que wian en el templo, tenían cargo de tañer los 
coracoles, pitos y trompetas, á semejanza de unos 
campaneros. Los mancebos pequeños que servían 
en el Calmecac, que eran sacristanejos, tenían car- 
go de hacer la tinta con que se teñían los sacerdotes 




226 
cada dia, en amaneciendo, todo el cuerpo de negro: ha- 
cíanla en una canoa, que para esto había apropósito 
y de noche, á la mañana se teñían con ella todos los 
sacerdotes Sátrapas. 

RELACIÓN DE LOS VOTOS Y JURAMENTOS. 

Usaban hacer voto á los ídolos de servirlos con 
algunos sacrificios y ofrendas, cuando alguno de 
sus hijos ó de su casa enfermaba, ó caía de su es- 
tado y se liciaba: esto hacían no á uno solo, 
sino á dos ó tres de sus ídolos para que le ayuda- 
sen en aquella necesidad. Tenían también costum- 
bre de hacer juramento de cumplir alguna cosa que 
se obligaban, y aquel á quien se obligaba le de- 
mandaban que hiciese juramento para estar seguro 
de su palabra, y el juramento que hacia era en esta 
forma. „Por vida del sol, por vida de nuestra señora |ia 
tierra que no haré falta en lo que tengo dicho, y para 
mayor seguridad, como esta tierra" y luego tocaba coa 
los dedos en la tierra, y llegábalos á la boca, y la- 
míalos y así comía tierra haciendo juramento. Cuan- 
do por alguna necesidad alguno demandaba á su dios 
ayuda, hacia voto y juramento de hacer tal cosa por 
su servicio, y cumplíalo. 



RELACIÓN DE LOS CANTARES QUE SE DECÍAN A HONRA 
DE LOS DIOSES DE LOS TEMPLOS, y FUERA DE ELLOS. 

Costumbre muy antigua es de nuestro adver- 
sario el demonio de buscar escondrijos para hacer sus 
negocios conforme á lo del santo evangelio que di- 
ce, que quien hace mal ahórreos la luz. Conforme á es- 
to, este nuestro enemigo en esta tierra plantó ¿m bos- 
que 6 arcabuco lleno de muy espesas breñas para 
hacer sus maldades desde él, y para esconderse eh 
el mismo y no ser hallado, como hacen las bestias 



227 
fieras, y muy ponzoñosas serpientes. Este bosque 
ó arcabuco breñoso, son los cantares que en esta tier- 
ra urdió que se le hiciesen y usasen en su servi- 
cio, como su culto divino y salmos de su loor, así 
en los templos como fuera de ellos, (los cuales lle- 
van tanto artificio, que dicen lo que quieren, y pre- 
gonan lo que él manda, y envéndenlos solamente aque- 
llos á quien ellos enderezaba,) Es cosa muy averigua- 
da que en la cueva, bosque y arcabuco donde el día de 
hoy este maldito adversario se esconde, son los can- 
tares y salmos que tiene compuestos, y se le cantan 
sin poderse entender lo que en ellos se trata, mas de por 
aquellos que son naturales, y acostumbrados á este 
lenguage; de manera, que seguramente se canta to- 
do lo que el quiere, sea guerra ó paz, sea loor suyo ó 
contumelia de Cristo, sin que de los demás se pueda 
entender cosa alguna, (a) 



RELACIÓN QUE HABLA DE LAS MUGERES QUE SERVÍAN 
EN EL TEMPLO. 

Había también en los templos mugeres que 
desde pequeñas se criaban allí, y era la causa que 
por su devoción sus madres siendo muy chiquillas 
las prometian al servicio del templo, y siendo de vein- 
te ó cuarenta dias las presentaban al que tenía cargo 
de esto que le llamaban Tequacuilli, que era como cu- 
ra, y llevaban escobas para barrer, y un incensario 
de barro, é incienso que se llamaba copalli blanco; 
todo esto presentaban al Tequacuilli, ó cura. Hecho es- 

(a) Estos secretos de los cantares no revelados, manifiesta que 
los indios que ministraron al padre Sahagun los apuntes para es- 
ta histifia, se recataron de hacerlo, y su conversión no fue sin- 
cera al evangelio. Si los cantares eran públicos ¿como no presen- 
taron su testo, que traducido ya se dejaría entender? ¡ah! las con- 
versiones para la espada no pueden ser sinceras, si secretos, ¿por- 
qué no los revelaron obrando ya de buena fé y desengañados de sus 
errores? 



228 
to, el ministro reencargaba mucho á la madre que 
tuviese gran cuidado de criar á su hija, y también 
de que de veinte en veinte dias tuviese cuidado de 
llevar al Calpulco, ó parroquia de su barrio aque- 
lla misma ofrenda de escobas, copal y leña pa- 
ra quemar en los fogones del templo. Aquella niña de 
que llegaba á edad de discreción, informada de su 
madre cerca del voto que habia hecho, ella misma 
se iba al templo donde estaban las otras doncellas 
y llevaba su ofrenda consigo, que era un incensario 
de barro y copa!. Desde este tiempo hasta que era 
casadera, siempre vivia en el templo bajo del regi- 
miento de las matronas que criaban á las doncellas; 
y cuando ya siendo de edad la pedia alguno pa- 
ra casarse coa eüa, en estando concertados los 
parientes y los principales del barrio para que se hi- 
ciese el casamiento, aprestaban la ofrenda, que ha- 
bían de llevar que era codornices, incienso, flores* 
cañas de humo y un incensario de barro, y también 
aparejaban comida; luego tomaban á la moza, y la 
llevaban delante de los Sátrapas al mismo templo, y 
tendían una manta grande de algodón blanco, y so- 
bre ella se ponía toda la ofrenda que llevaban, y tam- 
bién una manta que se llamaba Tzazaquachtli, en la 
cual estaban tegidas muchas cabezas de personas, y 
hechos sus razonamientos de la una parte á la otra 
los padres de la moza llevaban á su hija (a) 

FIN DEL LIBIiO SEGUNDO, 
Y DE SU APÉNDICE. 



(a> En razón de esto es tan prolija como curiosa la relación que 
he presentado de este monasterio, y modo de recibir en él á las 
niñas cuando las presentaban sus padres al sacerdote y rectora, en 
la obra que intitulé Tezcoco en los últimos tiempos de sus anti- 
guos reyes, y publiqué en 1826 dedicada al honorable Jorje Ca~ 



229 

ning ministro de Inglaterra. Recomiendo especialmente á mis lec- 
tores la lectura del capítulo segundo parte tercera pág. 206 en 
la que admirará los hermosos y elocuentísimos razonamientos que nos 
dejó traducidos D. Carlos Siguenza y Góngora, en su Paraíso, Oc- 
cidental sobre el modo de recibir el Tecuacuilli, y la Redora del 
Calmecac, á las niñas educandas que se le presentaban. Si el plan 
de la obra del padre Sahagun no hubiera sido tan vasto, él se 
habría detenido en el por menor de esta relación, harto interesante 
en la historia de las costumbres religiosas de los mexicanos. 

La precedente demuestra á toda luz la crueldad de la 
religión mexicana, los grandes sacrificios y privaciones que en 
su obsequio sufrian los que la seguian, al mismo tiempo ^ que 
lo ceremoniosos que eran los indios en todas sus operaciones ¿quién al 
verlos ya libres de tan insoportable yugo no rendirá humildes y fer- 
vorosas gracias á Jesucristo que los ha librado de tan ignominiosa 
esclavitud? ¡O redentor admirable! ¡Cuantos derechos tienes para que 
sea incesante nuestra acción de gracias, por los beneficios que haz 
hecho al género humano, comprados al inestimable precio de tu 
sangre, derramada tan copiosamente como la iniquidad se derramó 
sobre nuestros corazones! Abundamos en malicia sí; pero tú ¡ó 
buen Jesús! Haz sobreabundado para con nosotros en gracia y 
misericordia: haz visto esta América como si fuera el único lugar 
del mundo y la única Nación á quien debieras redimir. En prue- 
ba de esta verdad no tenemos mas que leer la historia circunstan- 
ciada, que es el proceso instructivo formado sobre la renovación 
del Cristo que hoy se venera en la iglesia de santa Teresa la antigua 
de México, ocurrida en el lugar de minas de Izmiquilpan del plo- 
mo pobre en 13 de Mayo de 1621, de que trata el maestro Gil 
González Dávila, en la historia de Felipe ÍÍI tom. 3 f pág. 254; 
suceso repetido en el reinado de Felipe IV el grande, según el mis- 
mo autor que se remite al proceso original que mandó á Madrid 
el Arzobispo D. Juan de la Serna, el cual (añade,) leí original. 

En los momentos de esta renovación sufrió la imagen los 
mismos estremecimientos congojas, y sudor que el redentor en el triduo 
de la cruz en el Gólgotha: admirable bondad de Jesucristo que parece 
quiso purgar con su sangre preciosa este suelo, conquinado con la 
de inumerables víctimas ofrecida á los ídolos mexicanos. 



Tom. I. 



32 






n 



230 



PROLOGO 

DE ESTE LIBRO TERCERO. 



No tuvo por cosa superflua ni vana el divino 
Augustino, tratar de la teología fabulosa de los gen- 
tiles en el 6 o libro de la ciudad de Dios, porque como 
él dice, conocidas las fábulas y ficciones vanas que 
los gentiles tenian acerca de sus dioses fingidos, pu- 
diesen fácilmente darles á entender que aquellos no 
eran dioses, ni podían dar cosa alguna, que fuese pro» 
vechosa á la criatura racional. A este propósito en 
este tercer libro se ponen las fábulas y ficciones que 
estos naturales tenian cerca de sus divinidades, por- 
que entendidas las vanidades que ellos tenian por fé 
acerca de sus mentirosos dioses, vengan mas fácil- 
mente por la doctrina Evangélica á conocer el ver- 
dadero Dios, y que aquellos que ellos tenían por ta- 
les, no lo eran, sino diablos mentirosos y engañado- 
res; y si alguno piensa que estas cosas están tan ol- 
vidadas y perdidas, y la fé de un Dios tan planta- 
da y arraigada en estos naturales, que no habia ne- 
cesidad en ningún tiempo de hablar de estas cosas, 
al tal yo lo creo piadosamente, pero sé de cierto, 
que el demonio ni duerme, ni está olvidado , de la 
honra que le hacían estos naturales, y que está cs- 
perando coyuntura para si pudiese volver (a) al seño— 
(a) Conviene no olvidar estas preciosas palabras: desgraciada na- 



rio que ha tenido, y fácil cosa sería para entonces 
despertar todas las cosas que se dice estar olvida- 
das cerca de la idolatría; y para entonces bien es 
que tengamos armas guardadas para salirle al en- 
cuentro. Para esto no solamente aprovechará lo que 
está escrito en este tercer libro; pero también lo que 
está escrito en el primero, segundo, cuarto y quin- 
to. Ni tampoco habrá oportunidad para que sus sa- 
télites entonces engañen á los fieles y á los predi- 
cadores, con dorar con mentiras y disimulaciones las 
vanidades y bajezas que tenían cerca de la fé de 
sus dioses y su cultura; porque parecerán las ver- 
dades puras y limpias, que declaran quienes eran sus 
dioses, y qué servicios demandaban, según se con- 
tiene en los libros arriba dichos. 



FIN DEL PROLOGO, 

cion donde nos descuidemos: la idolatría vuelve, y con mucho ma- 
yor daño que en los tiempos pasados por la horrorosa mezcla que 
habria del cristianismo con las abominaciones idolátricas. Suplico al 
romano Pontífice á quien dedico esta Obra, sostenga cuanto pue- 
da la Iglesia mexicana, y nada reserve para sí del tesoro de mi- 
sericordr a que J. C. puso en sus manos, sino que todo lo franquee 
á nuestros Pastores. 




232 



LIBRO TERCERO [a] 

CAPITULO I.° 

DEL PRINCIPIO QUE TUVIERON LOS DIOSES. 



B 



el principio que tuvieron los dioses, no hay cla- 
ra ni verdadera relación, ni aun se sabe nada; mas 
lo que dicen és, que hay un lugar que se dice IN- 
ADVERTENCIA DEL EDITOR. 

(a) La Mitología ó sea la Historia de los fabulosos dioses y hé- 
roes de la gentilidad, siempre se han mirado como un surcido de 
mentiras y delirios los mas absurdos, comenzando por la de Egip- 
cios y Griegos, y acabando por la de la Nación mexicana. , 

Salido el hombre de las manos del Supremo Hacedor, aun- 
que^ muy en breve degradado por el pecado original que se trans- 
mitió en todas las generaciones futuras de Adán, conservó sin 
embargo las primeras nociones de la divinidad, y su culto fué sen- 
cillo á esta. Pero como con el transcurso de los tiempos, y en- 
tregado en las manos de su consejo se borrasen las primeras ideas 
confundiéndose con otras absurdas; resultó de aquí una mezcla mons- 
truosa y abominable que se aumentó de generación en generación, 
llenando al mundo de ultrages, y aumentando á un grado indeci- 
ble las calamidades de la especie humana. 

Esta teoría tuvo su mas puntual cumplimiento en la Nación 
mexicana. Llegada su tribu al país de Anahuac, y hundida en la 
miseria porque solo se alimentaba de los pececillos y reptiles de 
la laguna, sus oblaciones á las Deidades gentílicas, solo eran de fío- 
res y codornices; pero después que sirvieron de ausiliares á los 
Aculhuas de quienes recibian la hospitalidad y protección contra 
los de Xoclámilco, mostraron toda su ferocidad, y presentaron en 
este suelo el escandaloso sacrificio humano. 

El caso es (dice el sabio Veytia) que vueltos los mexicanos al lu- 
gar de su residencia después de la batalla en que no quisieron ma- 
tar mngun prisionero, contentándose con cortarles las orejas que 
presentaron guardadas en unas talegas cuando se trató de averiguar 



233 

tidacan, [a] y allí de tiempo immemorial, todos los 
dioses se juntaron y hablaron diciendo: ¿quien ha de 
gobernar y regir el mundo? quien ha de ser el solr» 
fv esto ya es platicado en otra parte) y al tiempo 
que nació y salió el sol, todos los dioses murieron 
y ninguno quedó de ellos, como adelante se verá en 
el libro 7.° capítulo 2.° 

cual había sido su comportamiento durante la acción; erigieron un 
altar á su Dios protector, pero queriendo ofrecerle en a dedica- 
ción alguna cosa preciosa, la pidieron á su señor Aculhua; este 
les envió por desprecio dentro de un trapo sucio de tela gruesa, 
un vil pájaro muerto con ciertas inmundicias el cual llevaron los 
sacerdotes Quilmas, y poniéndolo sobre el altar se fueron sin hablar 



Mucha fué la indignación de los mexicanos á vista de se- 
mejante burla; pero reservando para otro tiempo la venganza, pu- 
sieron sobre el altar en lugar de aquellas inmundicias i un cuchillo 
de Itztlí, y una yerba olorosa; y llegado el dia de la dedicación qui- 
so concurrir á ella el Régulo Culhua con la nobleza; mas no pa- 
ra honrar la fiesta, sino para burlarse de sus esclavos. Empezaron 
los mexicanos esta función con un solemne bayle, en que se pre- 
sentaron con los mejores trages que tenían, y cuando mas atentos 
estaban los circusntantes, sacaron cuatro prisioneros Xochimilcas 
que hasta entonces habian tenido ocultos, y después de haberles 
hecho bailar un poco, los sacrificaron sobre una piedra, rompién- 
doles el pecho con el cuchillo de Iteííf, y sacándoles el corazón 
aun caliente y palpitante, lo ofrecieron á su Dios Vitzüopuchth. Este he- 
cho atrocísimo escandalizó á los Acu\huas, que volviéndose inmediata- 
mente á Acolhuácan determinaron arrojar de allí unos esclavos tan crue- 
les, que podrían ser en lo succesivo perniciosos al Estado, y luoz- 
cox ?que este era el nombre del Régulo] les envió orden para que 
sin dilación saliesen de aquel distrito, y se fuesen donde mas les 
agradase. Así lo hicieron, se situaron en el punto que hoy cono- 
cemos con el nombre de Mexicatlzinco; pero no hallando en aquel 
sitio las comodidades que buscaban, ó queriendo alejarse de los 
Acuilmas, pasaron á Iztacalco y después á donde hoy esta México. 
Estos fueron^repito, los primeros sacrificios de sangre huma- 
na- viciáronse después sugeridos por el demonio que gustaba de la 
crueldad, y desde entonces la sistemaron hasta el horrible estremo 
que hemos visto. , . . 

La obscuridad y distancia de los tiempo?, y las supersticio- 
nes con que mezclaron después todos los actos religiosos y civi- 
(a) Hoy S. Juan Teotihuacan á 6 leguas de México al Norte. 






234 



Del nacimiento de vitzilopuchtli. (a) 



Según lo que dijeron y supieron los natura- 
les viejos del nacimiento y principio del diablo que 
se decía Vitzilopuchtli, al cual daban mucha honra y 
acatamiento los mexicanos es: que hay una sierra 
que se llama Coatepec, junto al pueblo de Tulla, don- 
de vivia una muger que se llamaba Coatlycue que fue 
madre de unos indios, que se decían Centzonvitznaoa, 
los cuales tenían una hermana que se llamaba Coyol- 
xauhqui, y esta Coatlycue hacia penitencia barriendo 
cada dia en la sierra de Coatepec. Acontecióle un 

les, no menos que la falta de medios para transmitir á la poste- 
ridad la relación ecsacta de sus interiores acontecimientos, ha he- 
cho que su historia, principalmente la mitológica se refiera con 
tanta obscuridad é inverosimilitud, y que apenas se haga perceptible 
á los versados en su idioma (que hoy son pocos.) Cuando Veytia 
refiere la historia de Mcdiiialxóchitl heroyna de varonil aliento, her- 
mana de Fitzilopuchtli, y que en todos los reencuentros que tu- 
vieron los mexicanos en su emigración se señaló por su bizarría, 
talento y discreción dice... Esta relación fabulosa envuelve un su- 
ceso verdadero, porque de esta especie de fábulas alegóricas usa- 
ron mucho estas gentes, principalmente en los cantares en que se 
encierra parte de su historia. 

Esta regla de buena crítica se recomienda para entender muchas 
relaciones que se presentan con el carácter de fabulosas, pero que 
tienen un fondo de verdad; mas para descubrirla se hace preciso 
estar instruidos de los usos, costumbres, arte de la adivinación de 
los indios antiguos &c. conocimientos que aplicados con oportunidad, 
dan luz para la verdadera inteligencia de pasages que de otro mo- 
do se harían ininteligibles. Creo por tanto que muchos de los lec- 
tores de esta obra después de haberla meditado, se verán en acti- 
tud de comprender muchos lugares y relaciones grabadas en pie- 
dras y estatuas que hoy solo sirven de mera curiosidad en el mu- 
seo nacional, y que se dará mayor luz cuando sugetando á prin- 
cipios y clasificaciones los caracteres mexicanos puedan formarse 
unas cartillas seguras, como entiendo que lo han conseguido los 
sabios franceses de la espedicion de Egipto que condujo el inmor- 
tal Napoleón, mas allá del Nilo, y por cuyo medio han entendida 

(a) Véase á Clavijero tom. 1.° pág. 234. 



235 
dia que andando barriendo descendió sobre ella una 
pelotilla de pluma, como ovillo de hilado, y tomóla 
y púsola en el seno junto i la barriga debajo de 
las enaguas, y después de haber barrido la quizo to- 
mar, y no la halló, de que dicen se empreñó; y 
como vieron los dichos indios Centzonvitznaoa á la 
madre, que ya era preñada, se enojaron bravamente 
preguntando ¿quién la empreño? ¿Quién nos infamó 
y avergonzó,? y la dicha hermana que se llamaba Co- 
yolxauhqui deciales: „hermanos, matemos a nuestra ma- 
dre porque nos infamó, habiéndose á hurto empreña- 
do,, y después de haber sabido la dicha Coatlycue 
el negocio, pesóle mucho, y atemorizóse y su criatura 
hablábala y consolábala diciendo: ,,no tengas miedo, que 
yo sé o que tengo de hacer" y después de haber oído 
estas palabras la dicha Coatlycue, quietósele su cora- 
zón, y quitósele la pesadumbre que tenía, y como 
los dichos indios Centzonvitznaoa habian hecho y 
acabado el consejo de matar á la madre por aque- 
lla infamia y deshonra que les habia hecho, esta- 
ban enojados mucho, juntamente con la hermana que 
se decia Coyolxauhqui la cual íes inportunaba para 
que matasen á su madre Coatlycue, y los dichos in- 
dios Centzonvitznaoa habian tomado las armas, y se 
armaban para pelear, torciendo y atando sus cabe- 
llos así como hombres valientes, y uno de ellos que 

la historia de aquel pueblo y de sus reyes, grabada en las famo- 
sas pirámides que hoy admiramos . Proteja el gobierno con ma- 
no generosa la empresa, y no dudemos de su buen écsito. No con- 
tribuirá poco á este objeto la lectura de la Crónica mexicana que 
comenzé á publicar el año de 1822 en las oficinas de Ontiveros 
y Valdés, y se lee en doce cartas, que son la redacción de los 
manuscritos de Veytia que no llego á leer Clavijero, y de que se 
lamentó en los últimos dias de su vida. Carlos III, apreció mucho 
á este sabio poblano, y en remuneración de sus obras, agració á 
cuatro hijos suyos con una cruz de las órdenes antiguas militares 
de España, aunque su obra no llegó á imprimirse, pues so 
oponía á la publicación de esta clase de documentos el consejo de indias, 






236 
se llamaba Quavitlycac, el cual era como traidor por- 
que lo que decían los indios Centzonvitznooa, luego 
se lo iba á decir á Vitzilopuchtli, que aun estaba en 
el vientre de su madre dándole noticia de ello, y res- 
pondíale éste diciendo. ,.¡0 mi tio! mira lo que ha- 
cen, y escucha muy bien lo que dicen, porque yo sé 
lo que tengo de hacer" y después de haber acaba- 
bado de tomar la resolución de matar á Coatlycue 
los dichos indios Ccntzonxitznaoa, fueron donde es- 
taba su madre Coatlycue, por delante iba su herma- 
na Coyolxauqui, y ellos iban armados con todas armas 
y papeles, cascabeles y dardos en su orden, y el 
dicho Quavitlycac subió á la sierra á decir á Vitzilo- 
puchtli, como ya venian los dichos indios Centzonvitz- 
naoa contra él á matarle, díjole Vitzilopuchtli: mirad 
bien donde llegan, y respondióle Quavitlycac, que 
ya llegaban á un lugar que se dice Tezompantitlam 
entonces preguntó Vitzilopuchtli á Quavitlycac dicién- 
dole ¿k dónde llegan los indios Tzontvitznaoa? Qua- 
vitlycac, le dijo, ya llegaban á otro logar que se di- 
ce Coaxako: tornó otra vez á preguntar Vitzilopuchtli, 
á Quavitlicac ¿hasta donde llegan? y respondiéndole, 
que ya llegaban á otro lugar que se decía Apetlac, 
tornó á preguntar otra vez Vitzilopuchtli al dicho Qua- 
vitlicac ¿y ahora hasta donde llegan? respondióle que 
ya llegaban al medio de la sierra, entonces tornó á 
preguntar Vüzilopucutli á Quavitlicac ¿dónde llegan ya? 
respondióle, que ya estaban muy cerca, y que delan- 
te de ellos venia la dicha Coyolxauhqui: en llegando 
los dichos indios Ccntzonvitznaoa, nació al punto Vit- 
zilopuchtli, trayendo consigo una rodela que se decia 
téucueli con un dardo, eran de color azul, y su ros- 
tro como pintado, y en la cabeza traía un plumage 
de pluma pegado, y la pierna siniestra delgada, y tam- 
bién emplumada, y los dos muslos pintados igual- 
mente de color azul, y también los brazos, y Vitzi- 
lopuchtli mandó á uno que se llamaba Tochaucalqui, 



237 
que encendiese una culebra hecha de teas que se lla- 
maba Xiuchcoatl, encendióla y con ella fue herida la 
dicha Cioalxauhqui de que murió hecha pedazos, y la 
cabeza quedó en aquella sierra de Coaiepec. Vitzilopu- 
chtli levantóse, se armó, y salió contra los dichos Ccn- 
tzonviiznaoa persiguiéndoles, y echándoles fuera de 
aquella sierra hasta abajo, peleando contra ellos, y 
cercando cuatro veces la dicha sierra, y los dichos 
indios Centzonvitznaoa, no se pudieron defender m va- 
ler contra Vitzilopuchtíi, ni hacerle cosa alguna, y asi 
fueron vencidos, y muchos de ellos murieron, y los 
dichos indios Centzonvitznaoa rogaban y suplicaban á 
Vitzilopuchtíi, que no los persiguiese, y que se retra- 
gese de la pelea; mas Vitzilopuchtíi no quiso, ni les 
consintió allí hasta que casi á todos los mató, y muy 
pocos escaparon, y salieron huyendo de sus manos 
y fueron a un lugar que se dice Vitztlampa^y les 
quitó y tomó muchos despojos, y las armas que traían 
que se llamaban anecuhiotl Vitzilopuchtíi también se 
llamaba Tetzavitl por razón que decian que la dicha 
Coatlycue se empreñó de una pelotilla de pluma, y no 
se sabia quien fué su padre, y los mexicanos lo han 
tenido en mucho acatamiento, y han servido en mu- 
chas cosas, teniéndolo por dios de la guerra, por 
que decian que les daba gran favor en la pelea. El 
orden y costumbre que tenían los mexicanos para 
servir y honrar al dicho Vitzilopuchtíi, tomáronlo del 
que se solia usar y hacer en aquella dicha sierra que 
se nombra Coatepec. 

§2'. 
De como honraban á Vitzilopuchtíi como á dios. 

Asimismo dicen que el dia que lo celebraban 

para hacer la fiesta que se llamaba Panquetzaliztli, 

tomaban semillas de bledos, y las limpiaban muy bien 

quitando las pajas, y apartando otras semillas que se 

Tom. I. 33 



238 
llaman petzicatl, y tezcaoauhtli: molíanlas delicadamen- 
te, después estando la harina muy sutil, amazábania, 
y con la misma hacian el cuerpo de Vitzilopuchtli. Al 
día siguiente un hombre que se llamaba Quetzalcoatl, 
tiraba al cuerpo de dicho Vitzilopuchtli con un dar- 
do que tenia un casquilío de piedra, y se le metia 
por el corazón estando presente el Rey ó señor, y 
un privado del dicho Vitzilopuchtli, que se llamaba 
Tcuoa. También se hallaban presentes cuatro grandes sa- 
cerdotes, y mas otros cuatro principales de los man- 
cebos que tenian cargo de criar la juventud, cuyo co- 
legio se llamaba Telpuchtlotogue; todos estos se ha- 
llaban presentes cuando mataban el cuerpo de Vit- 
zilopuchtli, y después de haberlo muerto, luego lo des- 
barataban, como que era de una masa hecha de semilla 
de bledos, y el corazón de Vitzilopuchtli tomábanlo pa- 
ra el señor ó el Rey, y todo el cuerpo y pedazos 
que eran como besos de dicho Vitzilopuchtli, lo re- 
partían en iguales partes entre los naturales de Méxi- 
co y Tlalteluico. Los de México que eran ministros 
del dicho Vitzilopuchtli que se llamaban Calpules, to- 
maban cuatro pedazos del cuerpo, y otro tanto to- 
maban los de Tlalteluico, para los que tenian el mismo 
nombre; de esta manera repartían entre ellos los cua- 
tro pedazos del cuerpo de Vitzilopuchtli, á los indios 
de dos barrios, y á los ministros de los ídolos que 
se llamaban Calpules, los cuales comían el cuerpo de 
Vitzilopuchtli cada año, según su orden y costumbre 
que ellos habían tenido. Cada uno comia un pedazo 
del cuerpo de este dios, y los que comían eran man- 
cebos, y decían que era el cuerpo de dios que se 
llamaba Teuqüalo, y los que recibían y comían el cuer- 
po de Vitzilopuchtli, se llamaban ministros de dios. 



239 



§ 3.* 



De la penitencia á que se obligaban los que recibian 
el cuerpo de vitzilopuchtlí. 

Los mancebos qae recibian ell cuerpo de Vit- 
zihpucktli, obligábanse á servir un año, y cada noche 
encendían y gastaban mucha cantidad de leña, que 
eran mas de dos mil palos y teas, las cuales les cos- 
taban diez mantas grandes que se llamaban quachth 
de que recibian gran quebranto y molestia. Cada uno 
era obligado á pagar una manta grande, y cinco man- 
tillas pequeñas que se llaman tequachtli, y un cesto de. 
maíz, y cien mazorcas de la misma semilla, y los que 
no podian pagar y que se sentian muy agraviados 
del dicho tributo se ahuyentaban: algunos determiná- 
banse á morir en la guerra en poder de sus enemi- 
gos; y como los dichos mancebos sabían que ya 
acababan y cumplían el servicio y penitencia á que 
estaban obligados entre ellos, otra vez recogían otro 
tributo: cada uno pagaba seis mantillas pequeñas con- 
que compraban teas y leña, y todo lo que era ne- 
cesario para lavar al dicho Vitzilopuchtlí al cabo 
del año, y el tiempo cuando lavaban á este ídolo 
era a media noche. Antes que le lavasen, primero ha- 
cían una procesión que se llamaba necololo, y uno se ves- 
tía con el vestido del ídolo, el cual se llamaba lio- 
puch, é iba bailando y figurando la persona de Vit- 
zilopuchtli: delante de él iba otro que se llamaba Vttzf 
naoactiacheauh, y en pos de él iban todos los princi- 
pales de los mancebos que se llamaban hacheauhtla- 
toque, y hombres valientes, y otra gente detrás llevan- 
do candelas de teas hasta el lugar donde se lavaba 
el dicho Vitzilopuchtli que se llamaba Ayauhcalco, y 
le tañian flautas, y luego le asentaban al dicho, y 
el privado del ídolo que se llamaba Tcvoa, tomaba 
el agua con una jicara de calabaza pintada de color 






240 

azul cuatro veces, y le ponía delante con cuatro ca- 
ñas verdes, y le lavaba la cara al ídolo y to- 
do el cuerpo, y después de lavado, el que se vestía 
del vestido del dicho ídolo, tomaba otra vez la es- 
tatua de éste tañendo las flautas, y la llevaba hasta 
poner y asentarlo en el Cu. Puesta la estatua, lue- 
go se salían todos y se iban á sus casas, y de es- 
ta manera se acabava el servicio y penitencia de los 
que comían el cuerpo de Vitzilopuchtli, que llaman 
teuguaque de aquel año. 

§• 4." 

De otro tributo ecsasperado, que pagaban los que comían 

el cuerpo de vitzilopuchtli. 

Concluido el dicho año, luego comenzaban 
otros mancebos á obligarse á servir y hacer peniten- 
cia, según la orden y costumbre que tenían de co- 
mer y recibir el cuerpo del ídolo Vitzilopuchtli, y jun- 
tamente los ministros de los demás dioses que se 
llamaban Calpules hacían gran servicio y penitencia 
de que recibían grandísimo agravio y fatiga que no 
se podía sufrir; porque cada noche de todo el año 
gastaban y consumían mucha y demasiada cantidad 
de leña, teas, axi, ó chile y tomates, sal y pepitas, al- 
mendras de cacao y comida; y cuando les faltaba con- 
que comprar las Cosas necesarias, con sus mantas 
con que se vestían compraban ó pedían alguna co- 
sa prestada, ó vendían las tierras de regadío ó del 
monte, las que eran adjudicadas á los ídolos á quienes 
servían, y quien no podia pagar el tributo, luego de- 
jaba las tierras; y al tiempo que sabían que ya cum- 
plían y acababan la penitencia y servicio á que es- 
taban obligados á servir al dicho Vitzilopuchtli, se la- 
vaban y limpiaban, y hacían comida de fiesta, tama- 
les, y unas ollas bien guisadas, ó mataban un per- 
rito que comían, y se emborrachaban por razón de 



241 

que habían cumplido el servicio y penitencia á que 
estaban obligados, porque les parecía el tributo asaz 
muy pesado/como una carga que apenas se podía lle- 
var; y así después se holgaban mucho, porque ya es- 
taban libres del gran trabajo y gravamen, y dormían 
quieta y pacíficamente, y con libertad buscaban la vi- 
da, y trabajaban en pescar, 6 beneficiaban magueya- 
les, ó entendían en algunos trabajos de mercadería. 

CAPÍTULO IL 
De la estimación en que era tenido el dios llamado 

TITLACAOAN Ó TEZCATLIPUCA. 

El dios que se llamaba Titlacaóán, decían que 
era criador del cielo y de la tierra y era todo po- 
deroso, el cual daba á los vivos todo cuanto era me- 
nester de comer, beber y riquezas; y el dicho Titla- 
caoán era invisible, y como obscuridad y aire, y cuan- 
do aparecia y hablaba á algún hombre, era como 
sombra, y sabía los secretos que tenían en los 
corazones, por lo que le clamaban y rogaban di- 
ciendo: „¡Oh dios todo poderoso que dais vida 
á los hombres, y que os llamáis Titlacaoán}. ha- 
cedme merced de darme todo lo necesario para co- 
mer, beber y gozar de vuestra suavidad y delecta- 
ción, porque vivo con gran trabajo y necesidad en 
este mundo; habed misericordia de mí, porque estoy 
tan pobre y desnudo, y trabajo por serviros, y por 
vuestro servicio barro, limpio, y pongo Inmbre en es- 
ta pobre casa, donde estoy aguardando lo que me 
quisiereis mandar, ó haced que luego me muera y 
acabe esta vida tan trabajosa y miserable, para que 
descanse y huelgue mi cuerpo." Y mas decían, que 
este dios daba á los vivos pobreza, miseria, y enfer- 
medades incurables y contagiosas de lepra, bubas, gota, 
sarna, é hidropesía, las cuales,enfermedadcs manda- 
ba cuando estaba enojado con los que no cumplían 




i 



r ti. 



242 
y quebrantaban el voto y penitencia, á que se obli- 
gaban de ayunar, ó si dormían con sus mugeres, ó 
las mugeres con sus maridos ó amigos, en el tiem- 
po del ayuno. Y los dichos enfermos estando muy 
penados y agraviados, clamaban rogando y diciéndole: 
„¡Oh dios que os llamáis Titlacaoanl hacedme merced de 
quitarme esta enfermedad que me mata, que yo no 
haré otra cosa sino enmendarme: si yo fuere sano de 
esta enfermedad, hagoos voto de serviros y buscar 
la vida, y si yo ganare algo por mi trabajo, no lo 
comeré ni gastaré en otra cosa, sino que por hon- 
raros haré una fiesta y banquete para bailar en es- 
ta pobre casa:" y el enfermo desesperado que no po- 
día sanar, reñia enojado y decia: ¡O Titlacaoanl pues 
hacéis burla de mí, ¿porqué no me matáis? y algu- 
nos enfermos sanaban y otros morían. Titlacaoán tam- 
bién se llamaba Tezcatlipuca, y Moiocoiatzin, y Iaotzi?i, 
y JVecociautl, y Necaoalpilli. Llamábanle Moiocoiatzin, por 
razón que hacia todo cuanto quería y pensaba, y que 
ninguno le podía contradecir á lo que hacia, ni en ei 
cielo ni en este mundo, y en dar riqueza á quien que- 
ría; y mas decían, que el dia que fuese servido de des- 
truir y derribar el cielo, que lo haría, y los vivos 
se acabarían; y al dicho Titlacaoán todos le adora- 
ban y rogaban, y en todos los caminos y divisiones 
de calles le ponían un asiento hecho de piedras, pa- 
ra el, que se llamaba Momuztli, y le ponían ciertos 
ramos en el dicho asiento por su honra y servicio 
cada cinco dias, allende de los veinte dias de fiesta 
que le hacían, y así tenían la costumbre y orden de 
- hacerlo siempre. 



243 



CAPITULO III. 



Dase noticia de quien era quetzalcóatl, otro Hércules, 

gran nigromántico, donde reynó y de lo que hizo cuando 

se fué. [a] 

Quetzalcóatl fué estimado y tenido por dios, y 
lo adoraban de tiempo antiguo en Talla, y tenía un 
Cú muy alto con muchas gradas y muy angos- 
tas que no cabia un pie, y estaba siempre echa- 
da su estatua, y cubierta de mantas, y la ca- 
ra que tenía era muy fea, y la cabeza era larga 
y barbudo, y los vasallos que tenía eran todos ofi- 
ciales de artes mecánicas, y diestros para labrarlas 
piedras verdes, que se llaman chalchivites, y también 
para fundir plata, y hacer ot~as cosas; y estas artes 
todas tuvieron principio y origen del dicho Quetzal- 
coatí, y tenía unas casas hechas de piedras verdes 
preciosas que se llaman chalchivites, y otras hechas 
de plata, otras hechas de concha colorada y blanca, otras 
hechas todas de tablas, otras hechas de turquezas, y 
otras hechas de plumas ricas; y los vasallos que te- 
nía eran muy ligeros para andar y llegar adonde 
ellos querían ir, y se llamaban Tlanquacemilhitime, y 
hay una sierra que se llama Tzatzifepetl (hasta aho- 
ra así se nombra) en donde pregonaba un pregone- 
ro para llamar á los pueblos apartados, los cuales distan 
mas de cien leguas que se nombra Anadac, y desde allá 
oían y entendían el pregón, y luego con brevedad ve- 
nían á saber, y oír lo que mandaba el dicho Quetzal- 

(a) Si mis lectores quisieren tener una idea completa del con- 
tenido de este capítulo, y demás que dicen relación con él, lean 
la sapientísima disertación que escribió el P. Dr. D. Servando Mier 
bajo el título de Apéndice de documentos á la Historia de la re- 
volución de N. España, que publicó en Londres el año de 1813, 
Imprenta de Guillermo Glindon calle de Rupert. 



r t ti 



244 

eoatl y mas dicen, que era muy rico, y que tenía to- 
do cuanto era menester y necesario de comer y be- 
ber, y que el maíz era abundantísimo, las calabazas 
muy gordas de una braza en redondo, y las mazor- 
cas de maíz eran tan largas que se llevaban abraza* 
das, y las cañas de bledos eran muy largas, y gor- 
das, y que subiari por ellas como por árboles: y que 
sembraban y cogian algodón de todas colores, como 
decir colorado, encarnado, amarillo, morado, blanque- 
sino, verde, azul, prieto, pardo, naranjado y leonado; 
estos colores de algodón eran naturales, que así se 
nacían. Y mas dicen, que en el dicho pueblo de Tu- 
lla se criaban muchos y diversos géneros de aves 
de pluma rica y colores diversas que se llaman xiuh- 
tototl, quetzaltototl, caguán, y tlauhquechol, y otras aves 
que cantaban dulce y suavemente; y mas tenía el 
dicho Quetzalcoatl todas las riquezas del mundo de 
oro y plata, y piedras verdes que son llamadas chai- 
chivites, y otras cosas preciosas, y mucha abundancia 
de árboles de cacao de diversas colores que se lla- 
man xochicacatlao, y los dichos vasallos de Quetzalcoatl es- 
taban muy ricos y no les faltaba cosa alguna, ni ha- 
bía hambre, ni falta de maíz, ni comían las mazor- 
cas desde pequeñas, sino que con ellas calentaban los 
baños como con leña. También dicen que el dicho 
Quetzalcoatl hacia penitencia punzando sus piernas y 
sacando la sangre con que manchaba y ensangren- 
taba las puntas de maguey, y se lavaba á la me- 
dia noche en una fuente que se llama xicapoya, y 
esta costumbre y orden tomaron los sacerdotes y mi- 
nistros de los ídolos mexicanos como el dicho Que- 
tzalcoatl lo usaba, y hacia en el pueblo de Tulla. 



245 



CAPÍTULO IV. 



De como se acabó la fortuna de quetzalcoatl, y vinie- 
ron contra él otros tres nigrománticos, y de las cosas que 
hicieron. 

Vino el tiempo en que acabase la fortuna de 
Quetzalcoatl y de los Tultecas, pues se presentaron contra 
ellos tres nigrománticos, llamados Vitzilopuchth, Ti- 
ilacaoan. y flacabepan, los cuales hicieron muchos em- 
bustes en Tulla, y el Titlacaoan comenzó primero á 
fabricar una superchería porque se volvió como un viejo 
muy cano, y bajo esta figura fué á casa de Quetzalcoatl 
diciendo á los pajes de éste: quiero ver y hablar 
al rey: ellos le dijeron quita allá, vete viejo, que no 
le puedes ver porque está enfermo, y le dejarás eno- 
jado y con pesadumbre: entonces dijo el viejo, yo le 
tenvo de ven respondieron los pajes, aguardaos, y así 
fueron á decir á dicho Quetzalcoatl de como venia 
un viejo á hablarle, y dijcronle: señor, nosotros echába- 
mosle fuera para que se fuese, y no quiere diciendo que 
os ha de ver por fuerza, Quetzalcoatl dijo: éntrese acá, 
y veiwa que le estov aguardando muchos días há. Lue- 
go llamaron al viejo, y entró éste adonde estaba 
Quetzalcoatly díjole: ¿hijo como estáis? aquí tengo una 
medicina para que la bebáis; díjole Quetzalcoatl res- 
pondiendo, en norabuena vengáis vos viejo, que ya 
ha muchos dias que os estoy aguardando: pregunto el 
viejo á Quetzalcoatl, ¿cómo estáis de vuestro cuer- 
po y salud? respondióle Quetzalcoatl, estoy muy in- 
dispuesto, y me duele todo el cuerpo, las manos y 
los pies no los puedo menear; díjole el viejo al 
rev, señor veis aquí, la medicina que os traigo es 
muy buena y saludable, y se emborracha quien la 
bebe, si quisiereis beber emborracharos há, y sana- 
ros há, y ablandaros ha el corazón, y acordárseos ha 

Tom I. 34 



246 
los trabajos y fatigas de ía muerte, ó de vuestra vida: 
Quetzakoatl respondió: ¡ó viejo! ¿adonde me tengo 
de ir? el viejo le dijo: por fuerza habéis de ir á Tu- 
Uanllapakn, donde está otro viejo aguardándoos, él y 
vos babiareis entre vosotros, y después de vues- 
tra vuelta estaréis como mancebo, y aun os volve- 
reis otra vez como muchacho. Quetzakoatl ovendo es- 
tas palabras moviósele el corazón, y tornó á decir el 
viejo á Quetzakoatl, señor bebed esa medicina: respon- 
dióle Quetzakoatl, no quiero beber: instóle el viejo di- 
ciendo: bebedla señor, porque si ñola bebéis después 
se os ha de antojar, ó á lo menos ponéosla en la fren- 
te, y bebed tantita; Quetzakoatl gustó y probóla, y des- 
pués bebióla diciendo ¿qué es esto? parece ser cosa 
muy buena y sabrosa, ya me sanó y quitó la enfer- 
medad, ya estoy bueno: otra vez le dijo el viejo, se- 
ñor bebedla otra vez porque es muy buena y esta- 
réis mas sano: Quetzakoatl bebióla otra vez de que se- 
emborrachó, y comenzó á llorar tristemente, y se le 
movió y ablandó el corazón para irse, y no se le 
quitó del pensamiento lo que tenía por el engaño y 
burla que Je hizo el dicho nigromántico viejo: la me- 
dicina que bebió el dicho Quetzakoatl era vino blan- 
co de la tierra hecho de magueyes que se llaman 
1 eumetl. (a) 

* (a) Bajo esta alegoría se recomienda el mérito de la bebida 
Pulque que trastorna la cabeza, y mueve los afectos del ánimo 
según la pasión dominante. La historia del pulque la refiere D* 
Mariano Veytia diciendo, que Tecpanicaltzin octavo rey de los Tul' 
tecas recibió un dia un regalo que le hizo Papantzm que era utio 
de los principales caballeros de su corte, el cual consistía en un 
jarro de pulque, cuya confección con agua miel acavaba de inven- 
tar una hija suya- llamada Xóchitl, que era la portadora del obse- 
quio, y joven de estraordinaria belleza. El rey gustó mucho de la 
bebida; pero mucho mas de la niña que la llevaba á quien encar- 
go que le repitiese el obsequio cuando pudiese; hizólo así, y en 
una de las ocasiones en que se le presentó con él, prevalido de 
su autoridad la sedujo, la hizo encerrar en su palacio tratándola 



247 



CAPÍTULO V, 



De otro embuste que hizo aquel nigromántico llamado ti- 

TLACAOAN. (a) 

Otro embuste hizo Titlacaoan, pues se volvió 
y convirtió en un indio forastero y se llamó Tobeyo. Pre- 
sentóse desnudo todo el cuerpo como solían andar los de 

en secreto con el mayor regalo, y tuvo un hijo en ella á quien 
llaman Topiltzin. Aunque después de muerta la reyna legítima se 
casó el rey con Xóchitl y lejítimó la prole, el pueblo no quiso 
reconocerlo por verdadero succesor al trono, oponiéndose á ello 
Huehuetzin pariente inmediato del rey coludido con los régulos de 
Xalisco, quienes le declararon uua guerra tan cruel que duró tres 
años y dos meses, y perecieron en ella de una y otra parte cin- 
co millones doscientas mil personas, con lo que acabó la monar- 
quía Tulteca habiendo ecsistido 397 años, á la que se le subro- 
gó la Acuilma de que fue fundador el gran padre Xoloih Xóchitl 
murió con gloria en la campaña batiéndose con sus enemigos á la 
cabeza de un cuerpo de señoras que la acompañaron, y su ma- 
rido se ocultó en la cueva de Xico por Amecamecan para salvar 
su vida. De tales desgracias fue causa ocasional el pulque, y lo se- 
rá siempre la embriaguez, y todos los vicios destructores délos es- 
tados. Véanse las cartas 3 . f y 4 f de mi crónica mexicana. 

Sin embargo es indispensable que entre nosotros se fomen- 
te el pulque, y se grave lo menos posible en los estados, y no se 
•cometan los absurdos que esta parte ha cometido el estado de Mé- 
xico casi arrumándolo con contribuciones escesivas. Si queremos 
conservar la raza indígena, es menester que conservemos este licor 
que la naturaleza le ha proporcionado al efecto. Millares de ob- 
servaciones nos acreditan que en los pueblos donde no se bebe pul- 
que las fiebres destruyen las poblaciones, y al revéz se conservan 
donde abundan los magueyes y se estrae este licor necesarísimo 
para alimentar al indio, vigorizarlo, y preservarlo de la fiebre pú- 
trida á que vive espuesto "por las continuas insoladas que sufre, y 
por los ruines alimentos con que se nutre. Experto crede magistro; 
creed á la esperiencia. 

(a) Este capítulo casi ha sido necesario redactarlo por el edi- 
tor, porque como el padre Sahagun escribía llanamente lo que los 
indios con quienes consultó su historia le decían, y el no cuidaba 



248 
su generación: andava hendiendo axi (6 chile) verde y se 
asentó en el mercado enfrente del palacio de Vemac que 
era señor de los Tultecas en lo temporal, porque Quet- 
zalcoatl era como sacerdote y no tenía hijos. Vemac 
tenía una hija muy hermosa, y por tal codiciábanla 
los Tultecas para casarse con ella, pero él no quiso 
dársela. Esta miró acia el mercado y vio al Tobeyo 
totalmente desnudo, agradóse de él y antojósele, por- 
que el amor que por él tomó hizo que se le hincha- 
se todo el cuerpo. Supo su padre Vemac como esta- 
ba, y preguntó á las doncellas que le cuidaban ¿qué 
mal tiene mi hija?. Ellas respondieron, señor de es- 
ta enfermedad fué la causa Tobeyo que andaba des- 
nudo, vuestra hija vio y y está mala de amo- 
res. Oídas estas palabras por Vemac, dijo... ¡Ea Tul- 
tecasl buscadme al Tobeyo que por aquí anda ven- 
diendo axi verde; buscáronlo por todas partes, y no 
pareció: subió un pregonero á la sierra que se lla- 
ma Tzatzitepac, y pregonó diciendo... Tultecas, si ha- 
llareis un Tobeyo, que por aquí anda vendiendo axi 
verde, traedlo ante el señor Vemac, y le buscaron 
en todas partes y no le hallaron, y así vinieron á de- 
cirlo al Rey: después pareció Tobeyo asentado en el 
mercado donde antes habia estado vendiendo axi ver- 
de, y como le hallaron avisáronselo luego á Vemac 
quien dijo, traédmelo acá presto: puesto á su pre- 
sencia preguntóle ¿de dónde sois? respondióle Tobe- 
yo, yo soy forastero, vengo por aquí á vender axi ver- 
de. Díjole Vemac, ¿por qué no os ponéis un maxtli 
y cubrís con la manta? á lo que respondió Tobeyo, 
tenemos esta costumbre en nuestra tierra. Vemac le 
dijo... Vos habéis agradado á mi hija, y la habéis de 
sanar: Tobeyo respondió, de ninguna manera señor, 

de la elegancia de las palabras, su fraseología es la mas sucia é 
ínpúdica y no puede presentarse al público sin ofensa del pudor. 
El padre Sahagun era parecido al Jesuíta Sánchez, que habiendo 
glosado en su tratado de matrimonio los casos mas impúdicos el era 
naturalmente casto y sincero. 



249 
puede ser esto, antes matadme, yo quiero morir por- 
que no soy digno de oír estas palabras viniendo por 
aquí ár buscar la vida vendiendo axi verde. Vémac 
díjole, por fuerza habéis de sanar á mi hija, no ten- 
gáis miedo. Tomáronle luego para lavarle y tresqui- 
larle, y le tiñeron todo el cuerpo con tinta, y pusié- 
ronlo un maxtli cubriéndole con una manta, y díjo- 
le Vemac, anda y entra á ver á mi hija allá dentro 
donde la guardan, hízolo así, Tobeyo durmió con ella 
de que luego fué sana y buena, y de esta manera 
Tobeyo fué yerno del señor Vcmac. 

CAPÍTULO VI. 

De como los de Tulla se enojaron por el casamiento, y 

de otro embuste que hizo titlacaoan. 

Después de cumplido y hecho el matrimonio 
del Tobeyo con la hija del señor Vemac, los Tul- 
tecas comenzaron á enojarse y decir palabras in- 
juriosas y afrentosas contra éste diciendo entre sí: 
¿por qué el señor Vemac casó su hija con un To- 
beyo? Como Vemac hubiese entendido y oído las pa- 
labras afrentosas que contra él decian los Tultecas, 
llamóles diciendo: venid acá, yo hé entendido todas 
las palabras injuriosas que habéis dicho contra mí por 
amor de mi yerno que es un Tobeyo, yo os mando, 
que le llevéis disimuladamente á pelear á la guer- 
ra de Cacatepec y Coatepec, para que le maten nues- 
tros enemigos. Oyendo estas palabras de Vemac, los 
Tultecas se armaron y juntaron, y fueron á Ja guer- 
ra con muchos peones, y con el yerno de Vemac, y 
en llegando al lugar de la pelea, ocultáronle al di- 
cho Tobeyo para aguardar á los enemigos, con los pa- 
ges, enanos y cojos: después de haber hecho esto, [que 
es ardid que ellos solían tener, y hacen en la guer- 
ra] los dichos Tultecas fueron á pelear contra los 



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259 
enemigos de Coatepec, y Toheyo decía á los pa- 
ges, enanos, y cojos. „No tengáis miedo, esforzaos, 
porque á todos nuestros enemigos hemos de matar, 
y los mas enemigos de Coaiepec prevalecían per- 
siguiendo y venciendo á los Tultecas, los cuales 
huían delante de aquellos, y escapándose de las ma- 
nos de estos, astuta y engañosamente los Tultecas, 
dejaron al dicho Toheyo solo enterrado con los di- 
chos pages, huyéndose de los enemigos, y habían pen- 
sado que estos matarían á Toheyo con los pages, 
porque estaba solo con ellos, viniéronse luego y 
dijeron á Vemac: señor ya hemos dejado á vuestro 
yerno Toheyo solo en la guerra con los pages, en 
poder de los enemigos: Vemac luego que oyó lo que 
habían hecho los Tultecas con su yerno, holgóse mu- 
cho pensando que ya era muerto, porque tenia gran 
vergüenza de tener tal yerno, forastero y Toheyo. (a) 
Cuando este estaba soterrado, miraba á los enemi- 
gos y decia á los pages, no tengáis miedo, ya se 
llegan contra nosotros los enemigos, y yo sé que los 
tengo de matar todos. Lavaotóse y salió contra los 
de ^Coatepec y Cacatepec, f persiguiéndoles, mató un 
sin numero. Llegó á noticia del señor Vemac, de lo 
que se espantó y pesóle mucho, y llamó á los di- 
chos Tultecas diciéodoles: „vamos á recibir á mi yer- 
no:" así fueron todos á su encuentro con el señor Ve- 
mac, llevando consigo unas armas ó divisas que se 
llaman queizalapanecayiitl, V rodelas que se llaman xiuh- 
chimalli: vistiéronlo con "ellas en señal de triunfo y 
premio, y recibiéronlo bailando y tañéndole las flau- 
tas, y cantando con los dichos pages con mucha vic- 
toria y alegría. Los Tultecas en llegando al palacio 
de Vemac, emplumáronle la cabeza y tiñéronle todo 
el cuerpo con color amarillo, y la cara con color co- 

(a) Esta palabra Tobeyo no se halla en el diccionario, pare- 
'ce quiere decir plebelío ó bajo de nacimiento. 



251 
lórado, y lo mismo á los pages: este es el regalo 
que solían hacer á los que venían triunfantes de 
la guerra. Después le dijo el señor Vemac á su 
yerno, ahora ya estoy contento de lo que habéis he- 
cho, y también lo están los Tultecas: muy bien te 
has portado con los enemigos, descansa y reposa. 

CAPITULO VIL 

De otro embuste del mismo nigromántico con que mató 

muchos de los Túllanos danzando y bailando. 

Otro embuste hizo el dicho nigramántico que 
8e llamaba Titlacaoan después de haber peleado y 
vencido á los dichos enemigos, porque estando em- 
plumado todo el cuerpo con la pluma rica que se 
llama tocivitl, mandó que danzasen y bailasen todos 
los Tultecas, é hizo vocear á un pregonero en la sier- 
ra de tzatzitepec diciendo, que todos los indios foras- 
teros viniesen á una fiesta á danzar y bailar, y lue- 
go vinieron muy muchos indios sin número á Tulla: 
en juntándose todos fué el dicho Titlacaoan á un lu- 
gar que se llama texcalapa, con toda la gente que no 
ge podia contar, así mancebos como de mozas, y co- 
menzó á bailar, danzar, y cantar el dicho nigro- 
mántico Titlacaoan tañendo el atambor, y toda la gen- 
te asimismo, comenzaba á bailar y holgarse mucho, 
cantando el verso que cantaba el dicho nigrománti- 
co. Cantaba cada verso á los que danzaban, y luego 
comenzaban todos á repetir el mismo verso, aunque 
no sabían de memoria el cantar. Mantuviéronse en 
este regocijo hasta cerca de la media noche que se 
llamaba ilatlapitzalizpa, y porque era muy mucha la 
gente que danzaba, empujábanse unos á otros, y mu- 
chos de ellos caían despeñándose en el barranco del 
rio que se llama tcxcaltlauhco, y se convertían en pe- 
ñas: en el dicho río habia una puente de piedra, y 



... . 



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252 
el nigromántico quebróla y todos los que iban 
á pasar por ella caíanse y despeñábanse en el rio» 
y se convertían en piedras. Nada de esto que hacia 
el nigromántico , sentian ni miraban los dichos 
Tultecas, porque estaban como borrachos sin seso, y 
todas las veces que bailaban y danzaban, como se 
empujaban unos á otros, despeñábanse en el agua. 

CAPITULO VIII. 

De otro embuste del mismo nigromántico, con que mató 
otros muchos de los de Tulla» 

Otro embuste hizo el dicho nigromántico, el 
cual se presentó como un hombre valiente que se 
llamaba Tequioa, y mandó á un pregonero que lla- 
mase á todos los comarcanos de Tulla para que vi- 
niesen á hacer cierta obra en una huerta de flores 
que se llama xuchitia, para beneficiar y cultivar di- 
cha huerta (dizque era huerta del dicho Quetzalcoatl.) 
Hicieronlo así todos, y vinieron á la obra reunidos ya to- 
dos los Tultecas, luego comenzó el dicho nigromán- 
tico á matar á estos, y achocándolos con una 
coa, dio muerte á muchos de ellos sin cuento: otros 
íbanse huyendo por escaparse de sus manos, y en 
tropesando y cayendo luego morian: otros empujá- 
banse unos á otros y todos así se mataban. 

CAPITULO IX. 

De otro embuste que hizo el mismo nigromántico, con 
que mató muchos mas de los Tultecas. 

Otro embuste hizo el nigromántico ya dicho: 
asentóse en medio del mercado del Tianquiztli y di- 
jo llamarse Tlacavcpan, ó por otro nombre dccxcoch, 
y hacia bailar un muchachuelo en la palma de sus 



253 
manos (dicen que era Vitzilopuchtlt) poníanle danzan- 
do en sus manos al dicho mozuelo, y corno lo vieron 
los Tultecas todos se levantaron y fueron á mirar- 
le, y empujábanse unos á otros, y así murieron mu- 
chos ahogados y acoceados: esto acaeció muy mu- 
chas veces, en que los Tultecas se mataron empu- 
jándose unos á otros. El dicho nigromántico pregun- 
tó entonces á los Tultecas ¿qué es esto? ¿Qué em- 
buste es este? como no lo sentís? Este es un em- 
bustero que hace danzar al muchachuelo; matadlo, y 
apedreadlo, y así mataron á pedradas al dicho nigro- 
mántico y al muchachuelo. Después de haberle muer- 
to, comenzó á heder el cuerpo del nigromántico, 
y el hedor corrompía el aire que llevaba muy 
mal hedor á los Tultecas de que muy muchos 
se morían, y el nigromántico entonces dijo á los 
Tultecas: echad por ahí á este muerto porque 
ya perecen muy muchos de los Tultecas del 
hedor del dicho nigromántico: así lo hicieron los 
Tultecas y ataron al muerto con unas sogas pa- 
ra llevar y echar el cuerpo que hedía; pero pe- 
saba tanto, que los Tultecas no podían llevarle an- 
tes bien pensaban que presto lo echarían fuera; de 
Talla, y un pregonero dio voces diciendo: ¡ah Tulte- 
cas! venios todos y traed vuestras sogas para atar 
este muerto, y echarle fuera!!!. Reunidos todos lue- 
go ataron el cadáver con las sogas, y comenzaron 
á llevarle arrastrando diciéndose asi: ea! arrastremos á 
este muerto; mas él tanto pesaba que no le podían 
mover, y ronpíanse las sogas, y en rompiéndose una 
soga los que estaban asidos á ella caían y morían 
repentinamente, precipitándose unos sobre otros; 
no pudiendo arrastrar al muerto dijo el dicho nigro- 
mántico á los Tultecas. ¡Tultecas! este muerto 
quiere un verso de canto, y él mismo dijo el can- 
to dijoles, arrastrad ahora á Tlacavepan nigromán- 
tico , y en cantando el verso luego comenzaron 
Tom. I. 35 



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254 

á llevar estirando al muerto dando gritos y vo- 
ces, pero en rompiéndose una soga todos los que 
estaban asidos á ella morian, y también perecían 
los que se empujaban cayendo unos sobre otros. 
De este modo llevaron el cadáver hasta el mon- 
te, y los que volvieron no sentian aquello que 
les habia acaecido , porque estaban como bor- 
rachos. 

CAPITULO X. 

De otros embustes del mismo nigromántico. 

Otro embuste hizo el nigromántico en el 
pueblo de Tulla, pues dicen que andaba volando 
una ave blanca que se llama Iztaccvixtli pasada con 
una saeta algo lejos de la tierra, y claramente la 
veían los Tulíecas cuando dirijian los ojos acia ar- 
riba. Otro embuste hizo también, y fue que los Tul- 
tecas veían de noche una sierra que se llama Caca- 
tepec ardiéndose, y las llamas parecian de lejos, y al 
tiempo que la veían alvorotábanse dando gritos y 
voces, y estaban desasosegados, y decían unos á otros 
¡ó Tultecas, ya nos acaba la fortuna, ya perecemos, 
ya se acaba Tultecaiuíll ¡ya nos vino la mala ventu- 
ra, guay de nosotros! ¿A donde nos iremos? ¡O des- 
venturados de nosotros, esforcémonos! Otro embuste 
mas hizo el nigromántico, pues llovió sobre ellos pie- 
dras, y pasado esto cayóles del cielo una piedra gran- 
de que se llamaba tcchcatl, y desde entonces anda- 
va una vieja india en un lugar que se llama Cha- 
pultepecuitlapico, ó por otro nombre Feizinco, vendiendo 
unas banderillas de papel y gritando: ¡á las ban- 
deras! quien se determinaba á morir luego decia, 
compradme una banderilla, y siéndole mercada 
luego se iba adonde estaba la dicha piedra teekcatl 
y allí le mataban, y no habia quien digese ¿qué es 
esto que nos acontece,? y estaban como locos. 



255 



CAPITULO XI. 



De otro embuste del mismo nigromántico, con que mató 
otros muchos Túllanos. 

Dicen que todos los mantenimientos se vol- 
vieron acedos y nadie los podía comer, y una india 
vieja pareció (dicen que era el mismo nigromántico 
el cual se presentó en figura de india vieja) y asentóse en 
un lugar que se llama Xoehitla, y tostaba- el maíz, 
y el olor de este maíz tostado llegaba á los pue- 
blos de toda la comarca, y cuando olian los dichos 
Tultecas el maíz luego venian corriendo, y en un 
momento llegaban al dicho lugar de Xoehitla, donde es- 
taba la dicha vieja [porque dicen que los Tultecas 
eran ligeros, y aunque estaban muy lejos venían pres- 
to, y llegaban á donde quedan,] y todos cuantos ve- 
nían de los Tultecas, y se juntaban, los mataba la 
vieja, y ninguno de ellos se volvia, con este gran 
engaño mató muy muchos. 

CAPITULO XII. 

De la huida de qjjetzalgoatl para Tlapallan, y délas 
cosas que por el camino hizo. 

Otros muchos embustes acaecieron á los 
Tultecas por habérseles acabado la fortuna, y Quet- 
zalcoatl teniendo pesadumbre por ellos acordó de irse 
de Tulla, á Tlapallan, é hizo quemar todas las casas 
que tenia hechas de plata y de concha, y mandó en- 
terrar otras cosas muy preciosas dentro de las sier- 
ras ó barrancos: convirtió los árboles de cacao en 
otros árboles que se llaman mizquitl, y demás de es- 
to mando á todos los géneros de aves de pluma ri- 
ca, que se llaman quetzaltototl, y tlauchquechol que se fue- 



TT1.1 



-7 — 



256 
sen delante, y fuéronse basta Arwoac, que dista mas 
de cien leguas. Quetzalcoatl comenzó á tomar el ca- 
mino y. partirse de Tulla, y así se fué: llegó á un lu- 
gar que se llama Quauchtitlan, donde estaba un árbol 
grande, y grueso y largo; arrimóse á él, pidió á les 
pajes un espejo y se lo dieron, miróse la ca- 
ra en él y- dijo: ya estoy viejo... y entonces nom- 
bró al dicho lugar VevcqiiGuhtitlan: luego tomó piedras 
con que apedreó el árbol , y todas las piedras 
que tiraba Quetzalcoatl, las metía dentro del árbol, y 
por muchos tiempos así estaban y parecían, y todos 
las veían desde el suelo hasta arriba: así iba cami- 
nando Quetzalcoatl y é iban delante tañéndole flau 
tas. Llegó á otro lugar en el camino donde 
descansó, y se asentó en una piedra , y puso las 
manos en ella, y dejó las señales de las manos en 
3a misma. Estando mirando acia Tulla comenzó á llo- 
rar tristemente, y las lágrimas que derramó, cabaron 
y horadaron la dicha piedra donde estaba llorando 
y descansaba. 

CAPÍTULO XIII. 

De las señales que dejó en las piedras hechas con las pal- 
mas de las manos y con las nalgas donde se asentaba. 

Quetzalcoatl puso los manos tocando á la pie- 
dra grande donde se asentó, y dejó señales de las 
palmas de sus manos en la misma piedra, así como 
si pusiera las manos en lodo , que ligeramen- 
te se quedarán señaladas; también dejó señales de 
las nalgas en la dicha piedra donde se habia senta- 
do, y estas señales parecen y se ven claramen- 
te, y entonces nombró el dicho lugar: Temacpalco y se 
levantó. Y yéndose de camino llegó á otro lugar que 
se llama Tepanoalla, por donde pasa un rio grande 
y ancho, Quetzalcoatl mandó hacer y poner una puen- 



X 



257 
te de piedra en aquel rio, y por ella pasó, y 
se llamó el lugar Tepanoaya. Continuando el camino 
llegó á otro lugar que se llama Coahpa, en donde los 
nigrománticos vinieron á encontrarse con él, por 
impedirle, que no se fuese mas adelante diciendo 
al Quctzakoatl: ¿adonde os vais? ¿Por qué dejasteis 
vuestro pueblo? A quien lo encomendasteis? Quien 
hará penitencia? v Quetzalcoatl respondiendo á los 
dichos nigrománticos dijoles : en ninguna manera 
podéis impedir mi ida, por fuerza tengo de ir- 
me; y los dichos nigrománticos tornaron á pregun- 
tar á Quetzalcoatl, ¿é. donde os vais? y él les respon- 
dió diciendo, yo me voy hasta. Tlapallan: ¿á qué os 
vais allá dijeron los nigrománticos? y respondió, vi- 
nieron á llamarme, y llámame el sol: á lo que res- 
pondieron entonces," idos en hora buena; pero de- 
jad todas las artes mecánicas de fundir plata y la- 
brar piedras y madera, pintar, y hacer plumages y 
otros oficios; todo se lo quitaron los nigrománticos á 
Quetzalcoatl, y él comenzó á echar en una fuente to- 
das las joyas ricas que llevaba consigo, por lo que 
fué llamada .la dicha fuente Cozcoapa, y ahora se lla- 
ma Coahapa. Prosiguiendo su camino Quetzalcoatl, lle- 
gó á otro lugar que se llama Cochtoca, adonde vi- 
no otro nigromántico y encontróse con él diciendole: 
¿á donde os vais? y Quetzalcoatl le dijo: yo me voy á 
Tlapallan, á lo que el nigromántico respondió, en hora 
buena os vayáis, pero bebed ese vino que os traigo: 
no lo puedo beber ni aun gustar un tantico dijo Quet- 
zalcoatl, y dijo el nigromántico, por fuerza lo habéis 
de beber ó gustar un poquito, porque á ninguno de 
los vivos debo de darlo, y á todos emborracho, éa 
pues, bébelo; Quetzalcoatl tomó el vino y lo bebió con 
nna caña, y en tomándolo se emborrachó y durmióse, y 
comenzó á roncar, y cuando despertó mirando auna 
parte y á otra, sacudía los cabellos con la mano, y 
entonces fué llamado el dicho lugar Cochtoca. 



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258 




CAPITULO XÍV, 



De como de frió se le murieron todos sus pages á quet- 

zalcoatl en la pasada de entre las dos sierras, el volcán^ 

y la Sierra nevada, y de otras hazañas suyas. 

Yéndose de camino Quetzalcoatl, mas adelante al pa- 
sar entre las dos sierras del Volcán y la Sierra ne- 
vada, todos sus pajes que eran enanos y corcobados 
que le iban acompañando, se le murieron de frió, y 
él sintió mucho la muerte de los pajes, y llorando 
muy tristemente, cantando su lloro y suspirando, mi- 
ró la otra Sierra nevada que se nombra Poyauhiecatl, 
que está junto á Tecamachako, (a) y así pasó porto- 
dos los lugares y pueblos, y puso muy muchas seña- 
les en las sierras y caminos de su tránsito. Mas cuen- 
tan, que Quetzatcoatl se andaba holgando y jugando 
en una sierra, y encima de ella se asentó, y veníase 
bajando asentado hasta el suelo, y bajó de la sierra, 
y así lo hacia muchas veces. Cuentan también que 
en otro lugar hizo poner un juego de pelota hecho de 
piedras en cuadro, donde solían jugar, que se llama 
tlathtli, y en el medio del juego puso una señal ó ra- 
ya que se dice tkcotl, y donde hizo la raya está abier- 
ta la sierra muy profundamente. En otro lugar tiró 
con una saeta á un árbol grande que se llama pochutl, 
y la saeta era también un árbol que se llama pochutl, 
y atravesóle con ella, y así está hecha una cruz; mas 
dicen que Quetzalcoatl hizo y edificó unas casas deba- 
jo de la tierra, que se llaman mientlancalco, é hizo po- 
ner una piedra grande que se mueve con el dedo me- 
nor: dicen que cuando hay muchos hombres que quie- 
ren menear la piedra, que no se mueve aunque sean 
muy muchos. Hay otras cosas notables que hizo Quet- 



(a) Léase adelante de Tecamachalco, es el volcán de Onzava. 



259 
zalcoatl en muchos pueblos, y dio todos los nombres 
á las sierras, montes y lugares. En llegando á la ri- 
bera de la mar, mandó hacer una balsa formada de 
culebras, que se llama coatlapechtli, y en ella entró y 
asentóse como en una canoa, y así se fué por la 
mar navegando, y no se sabe como, y de que ma- 
nera llegó á Tlapallan. 



FIN DEL LIBRO TERCERO. 



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260 



COMIENZA EL APÉNDICE 

DEL LIBRO TERCERO. 



CAPITULO 1. 

De los que iban al Infierno y de sus obsequias. 

Lo que dijeron y supieron los naturales anti- 
guos y señores de esta tierra, de los que se morían 
es: que las animas de los difuntos iban á una de las 
tres partes, la una es el infierno donde estaba, y vi- 
via un diablo que se decia Mktlantccutli, y por otro 
nombre Tzontcmoc, y una diosa que se llamaba Mictc- 
cacioatl que era muger de Mictlantecutli, y las animas 
de los difuntos que iban al Infierno son los que mo- 
rían de enfermedad ahora fuesen señores, ó prin- 
cipales, ó gente baja, y el día que alguno se moria, 
varón, muger, ó muchacho, decían al difunto echa- 
do en la cama antes que lo enterrasen,, ¡O hijo, ya 
haveis pasado y padecido los trabajos de esta vida! 
ya ha sido servido nuestro señor de llevaros porque 
no tenemos vida permanente en este mundo, y bre- 
vemente como quien se calienta al sol es nuestra 
vida, é hizonos merced de que nos conociésemos y 
conversácemos los unos á los otros en esta vida, y 
ahora al presente ya os lievó el dios que se llama 
Mictlantecuíli y por otro nombre Aculnaoacatl, 6 Tzon- 
temoc, y la diosa que se dice Mictecacioatl, ya os pu- 
so por su asiento, porque todos nosotros iremos allá 
y aquel lugar es para todos, y es muy ancho, y no 
habrá mas memoria de vos: éa os fuisteis al lugar 
obscurísimo, que no tiene luz ni ventanas, ni habéis 
mas de volver ni salir de allí, ni tampoco haveis de 
tener mas cuidado y solicitud de vuestra vuelta des- 
pués de haveros ausentado para siempre jamás; ha- 



261 
beis ya dejado vuestros hijos pobres, huérfanos y nie- 
tos, ni sabéis como han de acabar, ni pasar los tra- 
bajos de esta vida presente, y nosotros allá iremos 
adonde vos estuvieredes antes de mucho tiempo. Des- 
pués de esto hablaban, y decían al pariente del di- 
funto ¡ó hijo! esforzaos y tomad animo, y no dejéis 
de comer y beber, y aquiétese vuestro corazón ¿qué 
podemos oponer nosotros á lo que dios hace? por 
ventura esta muerte aconteció porque alguno nos 
quiere mal ó hace burla de nosotros? ciertamente 
es por cierto, porque así lo quiso nuestro señor que 
este fuese su fio. ¿Quién puede hacer que una hora 
ó un dia sea alargado á -nuestra^ida presente en es- 
te mundo? Pues que esto es así, tened paciencia pa- 
ra sufrir los trabajos de esta vida presente, y que la casa 
donde este vivia, esté yerma y obscura de aquí ade- 
lante, y no tengáis mas esperanza de ver á vuestro 
difunto. No conviene que os fatiguéis mucho por la 
horfanidad y pobreza que os queda: esforzaos hijo, 
no os mate la tristeza: nosotros hemos venido aquí 
á visitaros y consolaros con estas pocas palabras co- 
mo nos conviene hacer á nosotros, pues que somos 
padres y viejos, porque ya nuestro señor llevó á los 
otros que eran mas viejos y antiguos, los cuales sa- 
bían mejor decir palabras consolatorias á los tristes, 
y con esto ponemos fin á nuestra plática, quedaos á 
dios. Luego los viejos ancianos , y oficiales de cor- 
tar papeles cortaban, aderezaban y ataban los pape- 
les de su oficio para el difunto, y encogíanle las pier- 
nas, y vestíanle con los papeles, y lo ataban , y to- 
maban un poco de agua que derramaban sobre su 
cabeza diciendo al difunto: „esta es la agua de que 
gozasteis viviendo en el mundo" y tomaban un jar- 
rillo lleno de la. misma y dábanselo diciendo. „Veis 
aquí con que habéis de caminar" y poníanle entre las 
mortajas, y así amortajaban el difunto, con sus man- 
tas y papeles, y atábanle reciamente; y mas daban 
Tom. I. 36 






262 
al difunto todos los papeles que estaban aparejados, 
poniéndolos ordenadamente ante él diciendo. „Veis aquí 
con que habéis de pasar en medio de dos sierras, que 
están encontrándose^ una con otra" también le daban 
al difunto otros papeles dicíendoíe. „Veis aquí con que 
habéis de pasar el camino donde está una culebra guar- 
dándolo." Dábanle también otros papeles dicíendoíe. 
„Veis aquí con que habéis de pasar adonde está la la- 
gartija verde que se dice xochitonaV Después decían 
al difunto. „Veis aquí con que habéis de pasar ocho 
páramos" y mas dábanle otros papeles diciendo. „Veis 
aquí con que habéis de pasar ocho collados" y Jue- 
go decían al difunta. „Veis aquí con que habéis de pa- 
sar al viento de navajas que se llama itzchecaya" por- 
que el viento era tan recio, que llevaba las piedras 
y pedazos de navajas. Por razón de estos vientos y 
frialdad, quemaban todas las petacas y armas, y to- 
dos los despojos de los cautivos que habían tomado 
en la guerra, y todos sus vestidos que usaban: de- 
cían que estas cosas iban con aquel difunto, y en 
aquel paso le abrigaban para que no recibiese gran pe- 
na. Lo mismo hacían con las mugeres que morían, 
porque quemaban todas las alhajas con que tejían é 
hilaban, y toda la ropa que usaban, para que en aquel 
paso las abrigasen del frío y viento grande que 
allí había, al cual llamaban itzehecaya, y el que ningún 
hato tenia sentía gran trabajo con el viento de este 
paso. Hacían asimismo al difunto llevar consigo un 
perrito de pelo vermejo, y al pezcuezo le ponían hilo 
flojo de algodón: decían que los difuntos nadaban en- 
cima de un perrillo cuando pasaban un rio del infier- 
no que se nombra chicunaoapa, y en llegando los di- 
funtos ante el diablo que se dice Mictlantecuili, ofre- 
cíanle y presentábanle los papeles que llevaban y ma- 
nojos de teas y cañas de perfumes, é hilo flojo de 
algodón, y otro hilo colorado, una manta, un max- 
iliy y las enaguas y camisas, y todo el hato de la mu- 



263 
ger difunta que dejaba el mundo, todo lo tenian en- 
vuelto desde que se moria. A los ochenta dias lo que- 
maban y lo mismo hacían al cabo del año, y á los 
tres y cuatro años, entonces se acababan y cumplían 
las eccequias según tenian costumbre, porque decian 
que todas las ofrendas que hacían por los difuntos 
en este mundo, iban delante del diablo que se decia 
Mictlantecutli, y después de pasados cuatro años, el 
difunto se salía y se iba á los nueve infiernos donde pa 
saba un rio muy ancho, y que allí en aquel lugar viven y 
andan perros en la ribera del rio, por donde pasan los 
que han muerto nadando encima de los perritos. Tam- 
bién dicen que el difunto que llegaba á la ribera del rio 
arriba dicho, luego miraba el perro, si conocía á su 
amo, luego se echaba nadando al rio acia la otra par- 
te donde estaba este, y le pasaba acuestas; por 
esta causa los naturales solían tener y criar los per- 
ritos para este efecto; mas decian, que los perros 
de pelo blanco y negro, no podían nadar y pasar el 
rio, porque dizque decia el perro de pelo negro: „yo 
me labe" y el perro de pelo blanco decia: „yo me he 
manchado de color prieto, y por eso no puedo pasa- 
ros" solamente el perro de pelo vermejo podía pa- 
sar bien acuestas á los difuntos, y así en este lugar 
del infierno que se llamaba Chicunamictla, se acaba- 
ban y fenecían los difuntos. También dicen que des- 
pués de haber amortajado al difunto con los dichos 
adornos de papeles y otras cosas, luego mataban á 
su perro, y entrambos los llevaban á un lugar don- 
de habia de ser quemado con el perro juntamente, y 
dos de los viejos tenian especial cuidado y cargo de 
quemar al difunto. Otros viejos cantaban, y estándose 
quemando el cadáver, los dichos viejos con los pa- 
los estaban lanceándolo, y después de haberlo quema- 
do cogían la ceniza, carbón y huesos, y tomaban agua 
diciendo: „Lábese el difunto" y derramaban el agua en- 
cima del carbón y huesos, y hacían un hoyo redon- 



264 

do y lo enterraban, y estohacian, así en el enterra- 
miento de los nobles, como de la gente baja, y po- 
nían ios huesos dentro de un jarro ú olla, con una 
piedra verde que se llama chalchivitl, y lo enterra- 
ban en una cámara de su casa, y cada dia daban 
y ponian ofrendas en el lugar donde estaban enter- 
rados los huesos. También dicen que al tiempo que 
se morían los señores y nobles, los metían en la bo- 
ca una piedra verde (chalchivitl) y en la boca de la 
gente baja metían una piedra que no era tan pre- 
ciosa y de poco valor, que se dice texoxoctli, ó pie- 
dra de navaja, la que dicen que ponian por corazón 
del difunto, y para los señores que se morían, hacían 
muchas y diversas cosas de adornos de papeles, que 
era un pendón de cuatro brazas de largura, compues- 
to con diversos plumages, y así tambien'mataban vein- 
te esclavos, porque decían que como en este mun- 
do habían servido á su amo, asi mismo habían de ser- 
virle en el infierno. El dia que quemaban al señor, lue- 
go mataban, á los esclavos y esclavas con saetas, 
metiéndoselas por la olla de la garganta, y no los 
quemaban juntamente con el señor, sino que en otra 
parte los enterraban. 

CAPITULO lí. 

De los que iban al Paraíso Terrenal. 

La otra parte donde decían que iban las áni- 
mas de los difuntos, es el Paraíso terrenal, que se 
nombra Tklocan, en el cual dizque hay muchos regocijos 
y refrigerios sin pena ninguna. Jamás faltan allí las ma- 
zorcas de maíz verdes, calabazas, ramitos de bledos, 
axi verde, tomates, frísoles verdes en vaina y flores, 
y allí viven unos dioses que se llaman Tlaloaues, los 
cuales parecen á los ministros de los ídolos, que traen 
cabellos largos, y los que van allá son los que ma- 
tan los rayos, ó se ahogan cu el agua, y los lepro- 



265 
¡sos, bubosos, sarnosos^gotosos é hidrópicos, y el día 
que se morian de las enfermedades contagiosas é in- 
curables no los quemaban, sino enterraban los cuer- 
pos de los dichos enfermos, y les ponian semillas de 
bledos en las quijadas sobre el rostro. Poníanles 
también color de azul en la frente con papeles cor- 
tados, y en el colodrillo les ponian otros papeles, y 
los vestían con ellos, en la mano una vara, y así de- 
cían que en el Paraíso terrenal que se llamaba Tlalo- 
locan, habia siempre verdura y verano. 

CAPITULO HL 

De los que iban al Cielo. 

La otra parte adonde se iban las almas de 
los difuntos, és el cielo donde vive el sol. Los que 
¿ban al cielo son los que mataban en las guerras, y 
los cautivos que habían muerto en poder de sus ene- 
migos, unos morian acuchillados, otros quemados vi- 
vos, otros acañavereados, otros aporreados con palos 
de pino, otros peleando con ellos, otros atábanlos teas 
por todo el cuerpo y poníanlos fuego, y así se que- 
maban: todos estos dizque estaban en un llano, yque 
á la hora que sale el sol, alzaban voces y daban gri- 
ta golpeando las rodelas, y el que tenia rodela ho- 
radada de saetas no podia mirar al sol. Dicen tam- 
bién que en el cielo hay arboleda y bosque de diver- 
sos árboles, y las ofrendas que les daban en este 
mundo los vivos, iban á su presencia y allí las reci- 
bían, y después de cuatro años, pasadas las ánimas 
de estos difuntos, se tornaban en diversos géneros de 
aves de pluma rica y de color, y andaban chupan- 
do todas las flores, así en el cielo como en este mun- 
do, como los tzinzones lo hacen. 



266 

CAPITULO IV. 

De como la gente baja ofrecía sus hijos á la casa que 
se llama telpuchcali, y de las costumbres que allí ks mos- 
traban. 

Cuando nacía una criatura, luego los padres y 
madres hacían voto por ella y la ofrecían á la ca- 
sa de los ídolos que se llama Calmscac, para que fue- 
se ministro de ellos viniendo á edad perfecta; ofre- 
ciéndolo, su intención era que allí se criase con los 
otros mancebos para servicio del pueblo y para las 
cosas de la guerra; mas antes de que le llevasen á 
la casa del Telpuchcaíli, los padres hacían y guisaban 
muy buena comida, y convidaban á los maestros de 
los niños que tenían cargo de criarlos y enseñarles 
las costumbres que en aquella casa usaban. Hecho ej 
convite en casa de los padres del muchacho, hacían 
una plática á los maestros que los criaban, y les 
decían. „Aquí os ha traído nuestro señor criador del 
cielo y de la tierra, para haceros saber que fue ser- 
vido de hacernos merced de darnos una criatura co- 
mo joya, ó pluma rica que nos fue nacida: aca- 
so se criará y vivirá, es varón y no conviene que le 
mostremos oficio de muger, teniéndole en nuestra ca- 
sa; por tanto os le damos por vuestro hijo y os en- 
cargamos, porque tenéis el f empleo de criar á los 
mancebos mostrándoles las costumbres, para que sean 
hombres valientes, y para que sirvan á los dioses Tlal- 
teculi y Tonantiuh (que son la tierra y el sol,) en la 
pelea, y por esto ofrecérnosle al señor dios todo po- 
deroso laotl, por otro nombre Titlacaoan, ó Tezcatli- 
puca. Quizás se criará, y vivirá agradando á Dios, en- 
trará á la casa de la penitencia y del lloro, que se 
llama Telpuchcali, y desde ahora os le entregamos 
para que more en dicha casa donde se crian, y 
salen ya hombres valientes, porque en este lugar se 
merecen los tesoros de Dios, orando y haciendo pe- 



267 
nitencia, y pidiendo que les haga misericordia y la 
merced de darles victorias para que sean principales 
teniendo habilidad para gobernar y regir la gente ba- 
ja; ¿y nosotros padres indignos por ventura merece- 
rán nuestro lloro y penitencia que este muchacho se 
crie y viva? no por cierto, porque somos indignos, vie- 
jos caducos. Por tanto, humildemente os rogamos le 
recibáis y toméis por hijo, para que entre, y viva con 
los niños de otros de los principales, y demás gentes 
que se crian en este TelpuchcalV\ Los maestros de los 
muchachos y mancebos, respondían de esta manera: 
„Tenemos en mucha merced haber oído vuestro razo- 
namiento: no somos nosotros á quienes hacéis esta 
plática ó petición, haceisla sí, al señor dios load en 
cuya, persona la hemos oido. El es á quien habláis y 
á el dais y ofrecéis vuestro hijo, vuestra piedra pre- 
ciosa y pluma rica, la que nosotros en su nom- 
bre recibimos: él sabe lo que tendrá por bien hacer 
de él. Nosotros indignos siervos caducos, con dudo- 
sa esperanza esperamos lo que será, y lo que tendrá 
por bien hacer á este vuestro hijo según lo que él 
tenia ya ordenado de hacer de mercedes conforme 
á su disposición y determinación, que antes del prin- 
cipio del mundo dispuso uno de hacer. Ciertamente 
ignoramos los dones que desde entonces le fueron 
dados, su propiedad, y condición: ignoramos también 
cuales fueron las mercedes que otorgó á este niño 
cuando se bautizó. También ignoramos el signo bue- 
no, ó malo en que nació y se bautizó: no podemos 
nosotros siervos bajos adivinar estas cosas, nadie de 
los que nacen recibe su fortuna acá en el mundo; 
porque á la verdad nuestra fortuna con nosotros la 
traemos cuando nacemos, y nos fue dada antes del 
principio del mundo. En conclusión, recibimos vues- 
tro niño para que sirva en barrer, y en los otros queha- 
ceres bajos en la casa de nuestro señor. Deseamos 
y rogamos, que le sean dadas las riquezas del mis- 



268 
mo señor dios: deseamos también que en esta casa 
se manifiesten y salgan á luz los dones y mercedes 
con que el señor nuestro le adornó, y hermoseo an- 
tes del principio de! mundo. Ignoramos sí por ven- 
tura Dios le llevará para sí y le quitará la vida en su 
niñez, y si acaso no mereceremos que viva largo tiem- 
po en este mundo: nada sabemos de cierto sino de- 
ciros para que os podamos consolar, que no os po- 
demos decir con certidumbre: esto será, ó esto hará 
ó esto acontecerá 6 será estimado, será ensalzado, vivi-~ 
rá sobre la tierra. Tal vez por nuestros deméri- 
tos será vil, pobre y despreciado sobre la tierra, ó 
quizás será ladrón, ó adúltero, ó vivirá vida trabajo- 
sa ó fatigosa. Nosotros pues, haremos lo que es de nues- 
tro deber, que es criarle y doctrinarle como padres y 
madres; mas no podremos por cierto entrar en lo in- 
terior de él y ponerle nuestro corazón; ni tampoco 
vosotros podréis hacer esto aunque sois sus padres. 
Lo que resta és, que no os descuidéis en encomen- 
darle á dios con oraciones, y lágrimas para que nos 
declare su voluntad," 

CAPÍTULO V. 

De la manera de vivir y egercieios que tenían los que 
se criaban en el Tclpuchcali. 

Habiendo entrado en la casa del Telpuchcali 
el niño, dábanle cargo de barrer, limpiar la casa, po- 
ner lumbre, y hacer los servicios de penitencia á que 
se obligaba. Era costumbre que á la puesta del 
sol, todos ios mancebos iban á bailar, y danzar á 
la casa que se llamaba Cuicacalco (a) cada noche, y 
el muchacho también bailaba con los otros mance- 
bos; llegando á los quince años, y siendo ya man- 
cebillo, llevábanle consigo los mancebos mayores al 

(a) La danza y baile entraba en los principios de la educación 
de la juventud mexicana. 



269 
monte á traer la leña, que era necesaria para la ca- 
sa del Telpuchcali, y Cuicacalco, y cargábanle un leño 
grueso, ó dos para probar y ver si ya tenia habilidad 
para llevarle á la pelea; y siendo ya hábil para ésta 
llevábanle, y cargábanle las rodelas para que las lle- 
vase acuestas. Si estaba ya bien criado, y sabia las 
buenas costumbres y ejercicios á que estaba obliga- 
do, elegíanle para maestro de los mancebos que se 
llama Tiacucauh, y si era ya hombre valiente y dies- 
tro, elegíanle para regir á todos los mancebos, y pa- 
ra castigarlos, y entonces se llamaba Telpuchtlato; si 
era hombre valiente, y en la guerra habia cautivado 
cuatro enemigos, elegíanle y nombrábanle Tkcatecatl, 
ó Tlacochcalcail, ó Quauhtlato, los cuales regian y go- 
bernaban el pueblo, ó elegíanle por Achcauhtli, que 
era como ahora alguacil, y tenía vara gorda, y pren- 
dia á los delincuentes, y los ponía en la cárcel. De 
esta manera iban subiendo de grado en grado los man- 
cebos que allí se criaban, y eran muy muchos los que 
se educaban en las casas del Telpuchcali, porque ca- 
da parroquia tenía quince ó diez casas de Telpuch~ 
cali. La vida que tenían era muy áspera, no dor- 
mían todos juntos, sino cada uno apartado del otro. 
En cada casa de Telpuchcali, castigaban al que no iba 
á dormir á ella aunque comían en sus casas pro- 
pias. Iban todos juntos á trabajar donde quiera que 
tenían obra, á hacer barro, 6 edificios, labranza de 
tierra ó zanjas ó acequias. Para hacer estos traba- 
jos iban todos juntos ó se repartían, ó iban todos 
unidos á tomar leña acuestas de los montes que era 
necesaria para la casa de Cvicacalco, y Telpuchcali, 
y cuando hacian alguna obra de trabajo cesaban de 
él un poco antes de la puesta del sol. Entonces iban 
á sus casas y bañábanse, y untábanse con tinta to- 
do el cuerpo, pero no la cara; luego poníanse sus 
mantas y sartales, y los hombres valientes ponían- 
se unos sartales de caracoles mariscos, que se IIel— 
Tom. I. 37 



270 

man chipollí, y sartales de oro, y en lugar de pei- 
narse escarrapazábanse los cabellos acia arriba por 
parecer espantables, y en la cara se ponían ciertas 
rayas con tinta y margagita, y en los agugeros de 
las orejas poníanse unas turquesas que se llaman xiuh- 
nacochíii. En la cabeza poníanse unas plumas blancas 
como penachos, y vestíanse con las mantas de ma- 
guey que se llaman Chalcaayatl, las cuales eran tegi : 
das de hilo de maguey torcido, no eran tupidas si- 
no flojas y ralas, á manera de red, y ponían unos 
caracoles mariscos sembrados, y atados por las man- 
tas, y los principales vestíanse con las mismas man- 
tas; pero los caracoles eran de oro, y los hombres 
valientes que se llamaban Quaguachicti, traían atados 
á las manos unos ovillos grandes de algodón, y te- 
nían costumbre cada día á la puesta del sol de po- 
ner lumbre en la casa de Cuicacalco los mancebos, 
y comenzaban á bailar y danzar todos, hasta pasa- 
da la media noche, y no tenían otras mantas, sino 
las dichas chakaayail, que andaban casi desnu- 
dos; y después de haber bailado todos iban á 
las casas de Tclpuchcali á dormir en cada barrio, 
y así lo hacian cada noche; y los que eran aman- 
cebados íbanse á dormir con sus amigas. 

CAPITULO VI. 

De los castigos que hacían á los que se emborrachaban. 

Los mancebos que se criaban en la casa del 
Tclpuchcali^ tenían cargo (como se ha dicho) de bar- 
rer y limpiar la casa, y nadie bebía vino, sino so- 
lamente los que eran viejos, y esto muy secretamen- 
te, y bebían poco, que no se emborrachaban; y si 
parecia un mancebo borracho públicamente ó si le 
hallaban con el vino, ó le veían caído en la calle, 
ó iba cantando, ó estaba acompañado con los otros 



271 

borrachos, este tal si era mazevalli [ópkbeüo] castigábanle 
dándole de palos hasta matarle, ó le daban garrote de- 
lante de todos reunidos para que tomasen ejemplo 
y miedo de no emborracharse, y si era noble el que 
se emborrachaba dábanle garrote en secreto, y es- 
tos mancebos tenían sus amigas cada uno dos ó tres, 
la una tenían en su casa, y las otras estaban en las de sus 
familias, y quien quería salir de la casa del Telpuck- 
cali y dejar la conversación de los mancebos, pa- 
gaba á los maestros de éstos diez ó doce mantas gran- 
des que llaman quachtli, si tenia hacienda; y así en 
consintiendo ios maestros de los mancebos luego lo 
dejaban salir de aquella casa, y casábase, y entonces 
llamaban Tlapaliuhcati, que quiere decir que ya no 
es mancebo sino que es casado; y el que era bien 
criado y aficionado á las costumbres de los mance- 
bos no salía de allí de su voluntad, aunque fuese ya 
de edad perfecta, sino que por mandado el rey 6 se- 
ñor salia de dicha casa. De estos mancebos no se 
elegían los senadores que regían los pueblos, sino 
otros oficiales mas bajos de la república, que se lla- 
maban Tlatlacateca, Tlaihcuihcalca, y Achcacauhti, por- 
que no tenían buena vida por ser amancebados, y 
osaban decir palabras livianas y chocarrerías, y 
hablaban con soberbia, y osadamente. 

"CAPITULO VIL 

De como los señores y principales, y gente de tono ofrc- 

etan sus hijos á la casa que se llamaba Calmecac, y de 

las costumbres que allí los mostraban. 

Los señores, ó principales, ó ancianos, ofrecían 
á sus hijos á la casa que se llamaba Calmecac: era 
su intención que allí se criasen para que fuesen mi- 
nistros de los ídolos; porque decían que en la casa 
de Calmecac habia buenas costumbres, doctrina y ejer- 



, 



272 
ciclos, y áspera y casta vida, y no habia cosa de 
desvergüenza ni reprehensión, ni afrenta ninguna de 
las costumbres que allí usaban los ministros.de los 
ídolos que se criaban en dicha casa. Cualquier se- 
ñor ó principal ó rico que tenia hacienda, cuando 
ofrecia á su hijo hacia y guisaba muy buena comi- 
da, y convidaba á los sacerdotes y ministros de 
los ídolos que se llamaban Tlamacazque, y quaqua- 
cuilti, y viejos prácticos que tenian cargo en el 
barrio: hecho el convite en casa del padre del 
muchacho, los viejos ancianos hacían . una plática 
á los sacerdotes y ministros de los ídolos que 
criaban los muchachos de esta manera: „Señores sa- 
cerdotes y ministros de nuestros dioses, habéis toma- 
do el trabajo de venir aquí á nuestra casa y os trajo 
nuestro señor todopoderoso. Hacemoos saber que el se- 
ñor fué servido de hacernos merced de darnos una 
criatura, como una joya, ó pluma rica: si mereciéremos 
que este muchacho se crie y viva, como que es varón, 
no conviene que le demos oficio de muger, te- 
niéndole en casa; por tanto os le damos por vues- 
tro hijo, y os le encargamos ahora al presente. 
Ofrecérnosle al señor Quetzalcoaíl, por otro nombre Til- 
potonqni, para entrar en la casa del Calmecac, que 
es la casa de penitencia y lágrimas, donde se crian 
los señores nobles; porque en este lugar se mere- 
cen los tesoros de dios orando y haciendo peniten- 
cia con lágrimas y gemidos, y pidiendo á Dios que 
les haga misericordia y merced de darles sus rique- 
zas. Desde ahora pues le ofrecemos, para que llegan- 
do á edad convenible, entre y viva en casa de nues- 
tro señor, donde se crian y doctrinan los señores no- 
bles, y para que este nuestro hijo tenga cargo 
de barrer y limpiar la casa de nuestro señor; por 
tanto humildemente rogamos que le recibáis y to- 
méis por hijo, para entrar y vivir con los otros mi- 
nistros de nuestros dioses en aquella casa donde ha- 



273 

cen todos los egercicios de penitencia de día y de noche, 
andando de rodillas y de codos, orando, rogando, y llo- 
rando, y suspirando ante nuestro señor. Los sacerdotes 
y ministros de los ídolos respondían á los padres del 
muchacho de esta manera: „Hemos oído vuestra plá- 
tica, aunque somos indignos de oiría, sobre que de- 
seáis que vuestro amado hijo y vuestra piedra 
preciosa, ó pluma rica entre, y viva en la casa de 
Calmecac. No somos nosotros á quien se hace es- 
ta orocion, haceisla al señor Quetzakoatl, ó por otro 
nombre Tilpotonqui, en cuya persona la oímos: á él 
es á quien habíais, él sabe lo que tiene por bien de 
hacer de vuestra piedra preciosa y pluma rica, y d® 
vosotros sus padres. Nosotros indignos siervos, con 
dudosa esperanza esperamos lo que será: no sabemos 
pcW cierto cosa cierta, que es decir esto será, ó es- 
to no será de vuestro hijo: esperamos en nuestro señor 
todo poderoso lo que tendrá por bien de hacer á 
este mozo." Y luego tomaban al muchacho, y lle- 
vábanle á la casa de Calmecac, y los padres del mu- 
chacho llevaban consigo papeles, é incienso y maz- 
tles, y unos sartales de oro y pluma rica, y piedras 
preciosas ante la estatua de Quetzakoatl, que estaba 
en la casa de Calmecac, y en llegando luego todos 
tañian y untaban al muchacho con tinta todo el cuer- 
po y la cara, y le ponian unas cuentas de palo, que 
se lla>na tlacopatli; y si era hijo de pobres le ponian 
hilo de algodón flojo, y le cortaban las orejas, y sa- 
caban la sangre, y la ofrecían ante la estatua de Quet- 
zakoatl; y si aun era pequeño tornaban á llevarle 
consigo los padres á su casa; y si el muchacho era 
hijo del señor ó principal, luego le quitaban las cuen- 
tas hechas de tlacopatli, y dejábanlas en la casa de 
Calmecac, porque decían que lo hacían así, por ra- 
zón de que el espíritu del muchacho estaba asido á 
las cuentas de tlacopatli, y el mismo espíritu hacia 
los servicios bajos de penitencia por el muchachué- 








274 
lo; y si era ya de edad convenible para vivir y es- 
tar en la casa de Calmecac, luego le dejaban allí en 
poder de los sacerdotes, y ministros de los ídolos 
para criarle, y enseñarle todas las costumbres que se 
usaban en la casa. 



CAPÍTULO VIII. 

De las costumbres que se guardaban en la casa que se 

llamaba Calmecac, donde se criaban los sacerdotes, y mi- 
nistros del templo desde niños. 

Era la primera costumbre, que todos los mi- 
nistros de los ídolos que se llamaban Tlamacazque, dor- 
mían en la casa de Calmecac. La segunda era, que 
barrían y limpiaban la casa todos á las cuatro de 
la mañana. La tercera, que los muchachos ya gran- 
decillos iban á buscar puntas de maguey. La cuar- 
ta era, que los ya grandecillos iban á traer acuestas 
la leña del monte que era necesaria para quemar en 
la casa cada noche, y cuando hacían alguna obra 
de barro, ó paredes, ó de labranza, ó zanjas, ó ace- 
quias, íbanse todos juntos á trabajar en amaneciendo; 
solamente quedaban los que guardaban la casa, y los 
que les llevaban la comida, y ninguno de ellos falta- 
ba: con mucho orden y concierto trabajaban. La quin- 
ta era, que cesaban del trabajo un poco tempranillo, 
y luego iban derechos á su monasterio á entender en 
el servicio de sus dioses, y egercicios de peniten- 
cia, y á bañarse primero; y á la puesta del sol comen- 
zaban á aparejar las cosas necesarias, y á las once 
horas de la noche tomaban el camino llevando con- 
sigo las puntas de maguey cada uno á las solas, y 
llevaba un caracol para tañer en el camino, y un in- 
censario de barro, y un zurrón ó talega en que iba 
el incienso, teas y puntas de maguey, y así cada uno 



275 
iba desnudo á poner al lugar de su devoción las pun- 
tas de maguey; y los que querían hacer gran peni- 
tencia, llegaban acia los montes, y sierras y ríos, y 
los grandecillos llegaban hasta media legua; y en lle- 
gando al lugar determinado, luego ponían las puntas 
de maguey, metiéndolas en una pelota hecha de he- 
no, y así se volvia cada uno á solas tañendo el cara- 
col. La sesta era, que los ministros de los ídolos no 
dormían dos juntos, cubiertos con una manta, sino 
cada uno apartado del otro. La sétima era, que 
la comida que hacían la guisaban eií la casa de 
Calmecac, porque tenían renta de comunidad que gas- 
taban para la comida, y si traían á algunos comida 
de sus casas todos la comían. La octava era, que 
cada media noche todos se levantaban á hacer ora- 
ción, y al que no se levantaba y dispertaba casti- 
gábanle punzándole las orejas, el pecho, muslos y pier- 
nas, metiéndole las puntas de maguey por todo el 
cuerpo en presencia de todos los ministros de los 
ídolos, porque escarmentase. La nona, que nin- 
guno era soberbio, ni hacia ofensa áotro, ni era ino- 
bediente á la orden y costumbres que ellos usaban; 
y si alguna vez parecía alguno borracho, ó amance- 
bado, 6 hacia otro delito criminal, luego le mataban 
ó le daban garrote, ó le asaban vivo, ó le asaetea- 
ban; y á quien hacia culpa venial, luego le punzaban 
las orejas y lados con puntas de maguey ó punzón. 
La decima" era, que á los muchachos castigaban pun- 
zándoles las orejas, ó los azotaban con ortigas. La 
undécima, que á la media noche todos los ministros 
de los ídolos se bañaban en una fuente. La duodé- 
cima era, que cuando era día de ayuno, todos ayu- 
naban chicos y grandes, no comían hasta medio día, 
y cuando llegaban á un ayuno que se llamaba ata- 
•malqualo, ayunaban á pan y agua, y otros que ayu- 
naban no comían todo el día, sino á la media no- 
che, y otro dia hasta la media noche, y otros no co- 




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276 
mían sino hasta el medio día una vez no mas; y en 
la noche no gustaban cosa alguna, aunque fuese agua, 
porque decían que quebrantaban el ayuno si gusta- 
ban cosa alguna ó si bebían agua. La decima tercia 
era, que les enseñaban á los muchachos á hablar 
bien, y saludar, y hacer reverencia; y el que no ha- 
blaba bien, ó no saludaba á los que encontraba, ó es- 
taban asentados, luego le punzaban con las puntas 
de maguey. La decimacuarta era, que les enseñaban 
todos los versos de canto para cantar, que se llama- 
ban cantos divinos, los cuales versos estaban escri- 
tos en sus libros por caracteres; y mas, les ense- 
ñaban la ástrologia indiana, y las interpretaciones 
de los sueños y la cuenta de los años. La decima- 
quinta era, que los ministros de ios ídolos tenían voto 
de vivir castamente sin conocer á muger carnalmen- 
te, y comer con templanza, ni decir mentiras, y vi- 
vir devotamente, y temer á dios; y con esto acabamos 
de decir las costumbres y órdenes qne usaban los 
ministros de los ídolos, y dejamos otras que en otra 
parte se dirán. 

CAPITULO IX. 

De la elección de los sumos sacerdotes que simpre eran 

dos, el uno se llamaba teoteztlamacazqui, el otro tla- 

locatlamacazquí, que siempre elcgian los mas perfectos 

de todos los que moraban en el templo» 

Al que era perfecto en todas las costumbres, 
y egercicios y doctrina que usaban los ministros de 
los ídolos, elegíanle por sumo pontífice, al cual ele- 
gía el rey ó señor, y todos los principales, y llamá- 
banle Quetzakoatl, y eran dos los que eran sumos sa- 
cerdotes, el uno se llamaba Téoteztlamacazqui, y el 
©tro T/^loctlamacazqui, y el que se llamaba Quet- 



277 
zalcoatl, Totectlamacazqui, servia al dios Viizilopuchtli 
y el otro que se llamaba Tlaloctlamacazqui servia al 
dios Tlalocantecutli, que lo era de las lluvias, y es- 
tos dos sumos pontífices eran iguales en estado y hon- 
ra, aunque fuesen de muy baja suerte, y de padres 
muy bajos y pobres; mas la razón porque elegían á 
estos tales por sumos pontífices, era porque fielmen- 
te cumplían y hacian todas las costumbres y egerci- 
cios, y doctrinas, que usaban los ministros de los ído- 
los en el monasterio de Calmecac. Y por esta causa 
por la elección que hacia á uno le llamaba Quet- 
zalcoatl ó otro nombre Teotetlamacazqui, y el otro se 
llamaba Tlaloctlamacazqui, y en la elección no se ha- 
aci caso dei linage, sino de las costumbres y eger- 
cicios, doctrinas y buena vida; si las tenian los su- 
mos sacerdotes, si vivian constantemente, y si guarda- 
ban todas las costumbres que usaban los ministros 
de los ídolos. El que era virtuoso, humilde, y paci- 
fico , y considerado, y cuerdo, y no liviano sino grave 
y riguroso, y zeloso en las costumbres, y amoroso, 
y misericordioso, y compasivo y amigo de todos, y 
devoto, y temeroso de dios. Los grados por donde 
subia este tal son los que siguen. El primero le llamaban 
tlamacazto, es como acolito. El segundo le llamaban 
tlamacazqui, que es como diácono. El tercero le llamaba 
tlanamacac, que es sacerdote. De estos sacerdotes los 
mejores elegían por sumos pontífices que se llamaba 
Quequetzalcoa, que quiere decir sucesores de Quetzal- 
coatí, y la vida que tenian y usaban los ministros de 
los ídolos era áspera, pero la crianza de los mucha- 
chos estaba partida y distinta en dos partes, la una 
era en la casa de calmecac, y la otra en la casa de 
telpuchcali. 

FUS DEL LIBRO TERCERO 
Y DE SU APÉNDICE. 

Tom I. 38 






U: 



SUPLEMENTO 

AL LIBRO TERCERO DEL P. SAHAGUN. 



M 



de 



e ha parecido conveniente poner á mis lectores en estado 
pensar con crítica acerca de la venida de Santo Tomás 



Apóstol á esta América, porque esta noticia abre campo á la ver- 
dadera inteligencia de diversos pasages obscuros del P. Sahagun. 
Presénteseme sobre este asunto una sabia disertación escrita por 
mi honorable y muy caro amigo y compañero, el Sr. Dr. D. Ser- 
vando Teresa de Mier, inserta en el 2 ° tomo de la historia 
de la Revolución de 1810 ocurida en N. España, é impresa en 
Londres en dos temos en cuarto, y que se supone formada por 
D. José Guerra Doctor de la Universidad de México. Lo intere- 
sante á nuestro propósito dice así. 

„Apenas los Españoles se acercaron al continente de Amé- 
rica en 1519, desembarcando en Cozumel junto á Yucatán, halla- 
ron muchas cruces dentro y fuera de los templos, y en su patio 
almenado puesta una Cruz grande, en cuyo contorno hacían pro- 
cesión pidiendo á dios lluvias, y á todas las veneraban con gran- 
de devoción. De ellas se hallaron en todo Yucatán, aun sobre el 
pecho de los muertos de antiguo sepultados. De aquí vino, que 
los Españoles le comenzaron á llamar N. España. En tal relación 
convienen iodos unánimes." 

Herrera dice: (decad. Ií. lib. 3. capítulo I.) "que Goma- 
ra cuenta, que algunos Españoles pensaron, que quizá huyendo de 
los moros algunos de sus antepasados irían por allí, pero que él 
no lo cree: y aunque en otra parte dice que no se pudo saber 
de donde les habían venido á los Indios las cruces y tanta devo- 
ción con ellas, bien pudo salir de esta duda porque imprimió su 
historia en 1553, y desde 1527 el adelantado Fracisco de Monte- 
jo comenzó la conquista de Yucatán, y en algunas provincias que 
le recibieron pacificamente, especialmente en Tutulxiú, cuya cabe- 
za es Mini (14 leguas de donde ahora es Mérida), se entendió que 
pocos años antes que llegasen los Castellanos, un Iridio principal 
sacerdote llamado Chilam-Cámbal, tenido entre ellos por gran pro- 
feta, dijo, que dentro de breve tiempo iría de acia donde nace 
el sol gente barbada y blanca, que llevarían levantada la señal de 
la cruz que les mostró, á la cual no podrían llegar sus dioses, y 
huirían de ellos, y que esta gente habia de señorear la tierra: 
y que dejarían sus ídolos y adorarían un solo Dios, á quien aque- 
llos hombres adoraban. Hizo tejer una manía de algodón, y dijo 



II 

que de aquella manera habia de ser el tributo que se habia de 
pao-ar á aquellas gentes, y mandó al Sr. de Mini, que se llamaba 
Mochanxiu, que ofreciese aquella manta á los ídolos para que es- 
tuviese guardada, y la señal de la Cruz hizo hacer de piedra, y 
la puso en los patios de los templos adonde fuese vista, diciendo 
que aquel era el árbol verdadero del mundo, y por cosa muy nue- 
va la iban á ver muchas gentes, y la veneraban desde entonces. 
Y esta fué la causa que preguntaron á Francisco Hernández de 
Córdova, si iban de donde nacia el sol, y cuando fué el Adelanta- 
do Montejo, y los Indios echaron de ver que se hacia tanta re- 
verencia á la Cruz, tuvieron por cierto lo que les habia dicho su 
profeta Chilancámbah" 

Herrera queda muy satisfecho con esta relación, como sino 
fuera tan disparate haber ido allá los Españoles en tiempo de los 
moros, corno poner un profeta que mande ofrecer dones á los ído- 
los. Profetas verdaderos entre idólatras solo pudieron ocurrir á los 
Españoles, que á cada paso los encontraban en Indias, por el cuen- 
to de las Sibilas, y la historia de Balan. Pero está demostrado, que 
las profecías de las Sibilas fueron una ficción piadosa de los pri- 
mitivos Cristianos, y así donde el Misal Romano lee en la Se- 
cuencia de difuntos: teste David cum Sibilla, sustituyó el Parisien- 
se: erucis expandcns vexilla. Balan así como Job, aunque no eran 
Israelitas, eran siervos del verdadero Dios que adoraban, aunque 
el primero prevaricase para dar un mal consejo, 

Aun dado el caso de un mal profeta en un caso de es- 
traordinaria providencia, no era para el de Yucatán, porque 
tendríamos que admitir muchos, cuyas profecías á estilo oriental pro- 
dujo Montemayor en su historia de Yucatán con sus nombres, y los 
tiempos en que ecsistieron. Pero esos serían sacerdotes ó sabios, 
que en diferentes tiempos recordaron la primitiva de Chilam— Caní- 
bal, la cual es la mas larga célebre y conocida: y se engaña mu- 
cho Herrera, ó los que se lo contaron, en decir que ecsistiera po- 
cos años antes de la conquista; porque los Indios, según dicho Mon- 
temayor, le daban cuatro edades de antigüedad, y ajustada la cuen- 
ta, viene á ser en los primeros siglos de la Iglesia. Es verdad que 
Montemayor insiste en que no era su nombre Chilam-Cámbal, por- 
que él vio escrito Chilan Balan, y no advierte- que ésta novedad 
contra el testimonio de todos los autores españoles, es una cor- 
rupción manifiesta por la semejanza de letras para aludir al pro- 
feta Balan; y acabaría de convencerle, si supiera que Chilam-Cam- 
bal en lengua Chinesa significa Santo Tomás. Y no hay que admi- 
rarse, de que venga á traer de China la interpretación, porque 
haré ver, que de allá vino la voz del evangelio á las Américas; 
así como el calendario Mexicano, que dicen les trajo el predica- 
dor, es casi idéntico al de los tártaros Chineses, y la lengua Me- 



i 



ñ ;'í. 




III 

xicana está liena de palabras Chinas. Desde luego, con solo leer 
en el viage del Lord Macartnei las terminaciones de los magnates 
de aquel imperio, se verá que son las mismas de los Mexicanos 
con la partícula reverencial tzin fyc. <§*c. 

Tenemos mejores testimonios en Remesal histor. de Chia- 
pa lib. V. cap, 7. cuando el Santo Obispo de Chiapa llegó á 
Campeche el año 1544 de paso para su Obispado con religiosos 
Dominicos. ,,No solo averiguaron ellos lo mismo que Montejo, si- 
no que los Indios se bautizaban todos sin falta dando al bautismo 
el nombre de renascencia, como Jesucristo le llama en el Evan- 
gelio: nisi quis renatus fuerit ex aqua Spév. y que lo recibían con 
las mismas ceremonias de ios Cristianos hasta imponiendo el lien- 
zo blanco, y con eesorcismos, ayunando antes tres dias los padres, 
y guardando continencia ocho dias después, y confesándose los que 
eran grandecillos como en la primitiva Iglesia los catecúmenos. Y 
todos usaban la confesión y otras muchas ceremonias de la Iglesia. rt 

El Santo Obispo envió á visitar en su nombre al interior 
üun clérigo Francisco Remandes perito en la lengua, y este le es- 
cribió: que habiéndoles preguntado por su creencia antigua respon- 
dieron, que creían en la Trinidad, á cuyas personas daban los ver- 
daderos nombres en su lengua, con perfecto conocimiento del resto de 
la religión de Jesucristo, en cuya memoria ayunaban el viernes dia de 
su muerte, y veneraban á su madre virgen: que aquella doctrina 
venia de padres á hijos de tiempos antiguos, en que vinieron 20 
hombres y el principal de ellos se llamaba Cozas, los cuales man- 
daban que se confesasen las gentes y ayunasen. El Santo Obispo 
refiere todo esto y mas en su historia apologética de los Indios, co 
mo puede leerse en Remesal ubi supra y en Torquemada t. 3. 
lib. 15 cap. 49, y concluye el Obispo: „En la tierra del Brasil 
que poseen los Portugueses se imagina hallarse rastro de Santo To- 
más apóstol, y parece haber sido en Yucatán nuestra santa fé sa- 
bida Ciertamente esta tierra y reyno da á entender cosas mas es- 
peciales y de mayor antigüedad que en otras partes de las Indias, 
por las grandes admirables y escesivas maneras de edificios y le- 
treros de ciertos caracteres, que en ninguna otra parte se hallan. 
Finalmente secretos son estos que solo Dios los sabe." 

Hanse averiguado muchos de estos después del tiempo del 
Santo Obispo, pues quien leyere las Crónicas del Brasil, especial- 
mente del P. Manuel de Nobrega, verá que allí conservaron has- 
ta el nombre de Jesús y Maria, y el de Santo Tomé que les ha- 
bía predicado. Apenas los Españoles pusieron el pie en las riberas 
del Rio de la Plata, que el Comisario de S. Francisco, que fué 
destinado con otros cuatro religiosos para ella, no pudiendo entrar 
en el rio fué al puerto de D. Rodrigo, que hoy llaman, dice él, 
de S, Francisco, y escribe á un Consejero de Indias desde allí en 



IV 

1 de mayo año 1538: que los cristianos fueron recibidos como án- 
deles de los Indios, de quienes averiguó que cuatro anos antes ha- 
bía habido allí un profeta llamado Eguiara, que les anunció, que 
presto llegarían Cristianos hermanos de Santo Tomé á bautizarlos, 
y no les hiciesen mal, y así les hacian infinito bien: y dice, que 
halló que en los cantares que les ensenó á los Indios mandaba, que 
se guardasen los mandamientos y otras muchas cosas de los Cris- 
tianos. Ved la Carta en Torquem. t. 3. lib. 5. cap. 48. Ellos pues 
referían su cristianismo á Santo Tomé, y el mismo seria el Lguia- 
ra que dice haber precedido cuatro años, y serían cuatro edades co- 
mo en Yucatán, si no fué algún sacerdote que recordase la profecía. 

En una palabra, que un hombre venerable, barbado, blan- 
co, pelo y barba larga, con un báculo, predicó en toda América una 
íey santa, y el ayuno de 40 dias, y levantó cruces que los Indios 
adoraban, y les anunció que vendrían del oriente hombres de su 
misma religión á enseñarlos y dominarlos; es un hecho tan cons- 
tante en todas las historias que han escrito los Españoles, no me- 
nos que en los geroglíficos Mexicanos y Quipos Peruanos, que es 
necesario creerlo, ó abandonarse á un ciego pirronismo. El Vira- 
cocha barbado del Perú no era otra cosa, y del tuvieron los In- 
cas la Cruz que guardaban con veneración en su Palacio, y la pre- 
dicción de que irían gentes barbadas y blancas: y por eso llamaron 
á los Españoles viracochas, y aun conservaron el nombre ce Santo 
Tomé; pues por eso á nuestros Sacerdotes llamaron Paytumes ó pa- 
dres Tomes, aunque á les suyos llamaban Moanes. Santa Cruz de 
la Sierra llamóse así, porque los Indios les presentaron una que con- 
servaban con veneración gravada en una piedra. No necito decir 
mas porque hasta de Garcilazo consta (*) que por semejantes tra- 
diciones se sujetaron los Peruanos sin efusión de sangre a los Es- 
pañoles, según les estaba mandado de antiguo por sus Incas. 

En México la turbación de Moteuhsoma, sus consultas con 
el rey de Tezcoco luego que Juan de Grijalva anivó por la 
primera vez á la costa de N. España, los regalos que envió á Cor- 
tés &c. no provinieron sino de la misma profecía ó tradiccion, con 
que esperaban á su antiguo predicador Quetzalcóhuatl, ó gentes de 
su religión. Es necesario leer sobre esto á Torquem. Mon. Ind. 
tom. 1. lib. 4. cap. 14. Y dice Boturini, que vio en los geroglí- 
ficos de los Mexicanos, que puntualmente llegó Cortés en el mis- 
mo año y carácter ce acatl en que ellos aguardaban á Quetzalcó- 
huatl; de suerte que cuando Cortés llegó, no era la dificultad de 
reconocerle como Señor, sino de_ saber si era él mismo ó venían 
de su parte, pues en muchas señales convenían, aunque la cruel- 



(*) Ved pág. 145 del 1. tom. de esta Histor. 



I I TU- 



mrv^ 



dad y rapacidad de los Españoles agena de Quetzalcóhuatl los de- 
tenia, A probar que Cortés lo era para someterse á él se . dirigie- 
ron todos los discursos de Maxiscátzin en el Senado de Tlaxcala. 
Sobre esplorar esto rodaron todas las conferencias de Moteuhsoma 
con Cortés, como consta de todos los historiadores, pues Moteuh- 
soma "no se intitulaba sino teniente de Quetzalcóhuatl, y todo el 
arte de Cortés estaba en persuadirle que el rey de España era es- 
te. Así le escribe en su primera carta á Carlos V.: yo le respon- 
dí á todo lo que me dijo satisfaciendo aquello que me pareció que 
convenía, especialmente en hacelle creer que V. M. era á quien ellos 
esperaban. Engañado así Moteuhsoma juntó los reyes y señores de 
su imperio, y arengándoles con la misma tradición que sabian y es- 
taba escrita en sus monumentos, se reconoció por feudatario del su- 
puesto Quetzalcóhuatl; y no solo en cada reyno del interior se ha- 
lló la misma tradición de gentes del oriente que debian venir, aun 
en las Antillas se encontró la misma, y por eso en todas partes se 
les recibió como una raza santa, sino que contradiciéndolo des- 
pués con sus costumbres, los Indios se recelaban de haber sido en- 
gañados, y testifican ios Misioneros que no cesaban de esplorar si 
sabian sus antiguallas, y de preguntarles en México, dónde era Hue- 
huetlapallan, adonde se habia ido Quetzalcóhuatl. 

Ningún misionero de los que han escrito hasta hoy ha de- 
jado de apuntar los vestigios claros del cristianismo que encontra- 
ban hasta entre las tribus salvages, de cuyos testimonios pudiera 
formar un grueso volumen. Ya que no es este lugar, indicaré si- 
quiera algunos de los principales que han tratado la materia para 
que otros puedan instruirse, si Dios no me diere vida para demos- 
trar todo esto de propósito. Desde el siglo 16 escribió el Domi- 
nicano Fr. Diego Duran en México para probar esto, eeshivien- 
do las pruebas que hallaba en los escritos y prácticas de los In- 
dios. Su historia que no pudo imprimir, se vendió al P. Tovar Je- 
suíta, (véase la hist. de Sto. Domingo de México por Dávila Pa- 
dilla última hoja) quien la dio al P. Acostar y este la imprimió en 
su historia de Indias, sin mentar al autor que no hizo sino copiar, 
como le echa en cara Torquemada, ni podia hacer otra cosa, pues 
no estuvo sino de paso en N. España, ni entendía una palabra de 
lengua Mexicana. Si la entendiese ¿hubiera asentado el desatino de 
que los Mexicanos ne tienen palabra con que significar á Dios co- 
mo los Griegos, cuando es tan semejante el teotl de aquellos al 
iheos de estos? No ha habido nación que tuviese ideas mas cla- 
ras de Dios y de todos sus atributos, como adelante diré. (*) En 

(*) El error de Acosta provino de haber oico á los Mexicanos usar 
siempre de la palabra Dios aun hablando en su lengua: y no sabia que 
esto vino del empeño que tomaron los misioneros franciscanos de que no 



VI 

dicha historia de Acosta se leen á cada paso vestigios claros del 
Cristianismo en las ceremonias religiosas de los Indios, y en su 
creencia así sobre la Trinidad, como sobre la Eucaristía, la Pe- 
nitencia &c, sino que el P, Acosta lo atribuye todo á en- 
enseñanza del diablo, que dice quiso hacer la mona de Dios. ¡Al 
diablo verdaderamente se le ofrece meterse á fabricante de cruces 
y maestro de doctrina Cristiana!. Muy tonto lo quiere hacer, cuan- 
do siendo enemigo del Evangelio, lo suponen preparando los áni- 
mos para recibirlo, con hacerles antes creer sus mas elevados mis- 
terios. El diablo y los profetas idólatras son sin embargo el recur- 
so continuo de todos los escritores Españoles para eludir los tes- 
timonios, que á cada paso han encontrado de la predicación Evan- 
gélica, y ya se sabe, que efugios tan ridículos y desesperados en 
en hombres tan hábiles como Acosta, solo sirven para acabar de 
demostrar que los hechos son innegables. Tal vez Acosta, dedi- 
cando su historia á los reyes, no se atrevió á declarar lo que sen- 
tía, porque por lo que dice sobre esto en su Obra de -procuran- 
da Indorum salute, se conoce, que él creía sobre eso otra cosa 
mas eme el diablo. . _^^ *„ _1 ,.„ 

En el mismo siglo el Arzobispo de Sto. Domingo Davila Padilla, 
cronista real, escribió uu libro para probar la predicación Apostólica 
en las Indias, y aunque no se imprimió, el mismo la cita en su 
historia de Stó Domingo de México y otros AA., como Maluenda 
de Ante-Cristo, el cual, sin embargo de no haber leído ni á Duran, 
trae bastante y dice, que si alguno porfía en sostener la dicha pre- 
dicación, él cederá sin mucha dificultad. 

Siguióse el célebre P. Torquemada, y siguiendo á los pri- 
meros mfsioneros trae bastante y bueno para probar la predicación 
Apostólica en las Indias en su Monarq. Ind. t. 3. hb. 19 cap. 
48 y 49: sino que temeroso del gobierno, después de haberlo con- 
tado todo como verdadero, citando misioneros respetables, conclu- 
ye como dudando, que no devió de tenerse por cierto, pues no 
se hizo caso de cosa que tanto lo merecía, y que puede ser lo 
enseñase todo el diablo como mona de Dios. 

Luego en principios del siglo 17 escribió otro religioso no 
menos instruido y caracterizado que el P. Betancurt, y prueba lar- 



IH 






I 

\ 

i 



















llamasen á Dios con los términos de su lengua propia, paia que no 
formasen (decían,) igual idea del verdadero, que la que teman de los 
dioses falsos. Los dominicanos replicaban, que no lo habían sido menos 
los de los Gries-os y Latinos, y los apóstoles no les mudaron el nom- 
bre de Dios por el hebreo, y que los Indios se desatinaban no pudien- 
do triar idea alguna con la palabra Dios. Al cabo uniéndose algunos do- 
minicanos á la "multitud franciscana prevaleció la opinión de estos, que 
gor cierto era desatinada. 



■H 



vn 

gamente que los Indios creían y usaban los siete sacramentos, co- 
mo en él puede verse. De ahí el P. Remesal, hombre muy verí- 
dico, trae todo lo que de él citamos antes y mas, aunque el tam- 
bién se parapeta un poco con el diablo. ¡Pobres Indios! ¡ya que no 
se puede negar que tuvieron noticia del Evangelio, su apóstol ha- 
bía de ser el mismo diablo! Pero el diablo está en Cantillana? de- 
cía asustado el alcalde de esta villa por no atreverse á revelar que 
allí estaba D. Pedro el cruel, y el temor del gobierno ha impe. 
dido esplicarse á los AA. especialmente á Remesal, cuya obra en 
América y España sufrió por su impresión una oposición terrible. 

Ha habido otros que la han hecho de propósito á la dicha 
predicación para adular al gobierno. Tal es el célebre Solórzano, 
que trabajando de jure Indiarum para establecer los títulos del do- 
minio de los reyes de España sobre ellas, y habiendo fijado por 
principal la bula de Alejandro 6 ° y la predicación del Evangelio, 
arremete contra las pruebas de estar hecha por Stó. Tomás; pe- 
ro habiendo salido luego á luz y en favor de ella las obras de 
Fr. Gregorio García, Dominicano, y de F. Antonio Calancha, Agus 
tiniano, se retracta en su Política Indiana lib. 1. cap. 7. dicien- 
do „que no se opone á la tal predicación Apostólica respecto de 
la mucha diligencia que en averiguarla testifican haber puesto es- 
tos A A.;" bien que todavía no se despide enteramente de sus fa- 
voritas monerías del diablo, y advierte que estando ya olvidada la 
fé, eso nada perjudica á los derechos de S. M. Acabara de reben- 
tar, y dijera claro cual era el móvil de su oposición. 

Dichos dos AA. que citó y á los cuales dice se debe leer 
precisamente, arrojaron de una vez la máscara sin precaución nin- 
guna. El primero era Europeo, autor de la historia de los Incas, 
de la Eclectastica de Indias, del origen de los Indios reimpresa 
en Madrid, aunque la menos valuable de sus obras; y en esta apun- 
tó algo de lo que escribió después en su — Predicación del Evan- 
gelio en el nuevo mundo, viviendo los Apóstoles. Es un tomito en 
8 ° impreso en Baeza. Trae muchas y muy buenas pruebas co- 
mo por ejemplo: haberse encontrado entre los Indios toda la Bi- 
blia en figuras, lo que pareciéndole no se le habia de creer en 
España, pidió á los misionros en Veracruz le diesen su testimo- 
nio por escrito, como lo ejecutaron. Ya Torquemada contaba, (ubi 
supra,) que los Misioneros habían encontrado en poder de los In- 
dios figurados varios artículos de fé como la resurrección y la cru- 
cificcion de Jesucristo, aunque no lo tenían pintado en la Cruz con 
clavos sino atado: y la imagen de la Virgen con otras dos San- 
tas, sino que aquella tenia una cruz en el pelo, y eso decían sig- 
nificar que eia mas santa. No se fija García en apóstol, aunque 
cuenta, que unos creían hubiese sido S. Bartolomé que predicó en 
la india citerior, y que creyendo suya por la semejanza una ima- 
gen que tenían los Indios, le hacían gran fiesta los mestizos del 



viii. 

Cusco: y otros que el apóstol Stó. Tomás que predico en la In- 
dia ulterior, y de haber predicado en la China trae la relación que 
sobre eso dieron sus sabios, habiendo registrado sus archivos de or- 
den de una Emperatriz. 

El P. Calancha, criollo de la ciudad de la Plata ó Chu- 
quisaca, prometiendo todavía mas en otros tomos de su Crónica 
de S. Agustín del Perú, ocupa todo su libro 2 ° del único tomo 
que yo he visto, en probar la predicación evangélica en todas las 
Indias por el Apóstol Stó. Tomás, único de quien los Padres di- 
cen se remontó á naciones bárbaras y desconocidas. En efecto to- 
dos lo hacen Apóstol de los Partos, y en esta palabra los an- 
tiguos entendían hasta los Chinos y los verdaderos Indio?, así lla- 
mados del rio Indo, ó sea de su rey Indo. 

En dicho libro verá el lector la multitud de AA. Españo- 
les y estrangeros que han sostenido la dicha predicación, como Fr. 
Alonso Ramos en su historia de Copacavana; Rivadeneira en su 
Flos Sanctorum vida de Stó Tomás, y otros muchos. Alii verá que 
los misioneros, así como en México se empeñaron en quemar co- 
mo figuras mágicas los escritos de los Indios, en el Perú hacian 
picar los letreros grabados en piedras, que los Indios veneraban co- 
mo reliquias ó memorias del varón venerable que les predicó una 
ley santa: lo que sabido por Stó. Toribio Arzobispo de Lima, man- 
dó cubrir los lugares donde estaban con capillas, juzgando digna de 
respeto tal tradición. Allí se verá como por los cantares de los 
Peruanos y sus quipos (de quienes da mejor idea que cuantos AA. 
he visto, ecepto un Italiano, que ha puesto este género de es- 
critura en tal claridad, que ha escrito en hilos hasta canciones qui- 
chuas) constaba, que un varón santo, blanco, barbado, ojos azules, 
pelo largo, vestido de blanco, capa judia de varios lienzos ó pier- 
nas, con sandalias, un libro bajo el brazo, y dos discípulos, les pre- 
dicó el Evangelio, dio las cruces, derribó los ídolos, é hizo mu- 
chos prodigios: relación y señales que cuadran admirablemente con 
el Quetzalcóhuatl de México, llamado en Yucatán, Campeche &c. 
(país que los Mexicanos llamaban Onohualco) Gozas-, Cocolcan, y 
Chilancámbal. 

Que Quetzalcóhuatl. fuese Stó Tomás, lo sostuvo el céle- 
bre matemático é historiador, cosmógrafo mayor de las Indias, D. 
Carlos de Siguenza y Góngora en su Obra intitulada — Feniz del 
Occidente el apóstol Stó Tomás, que citan D. Nicolás Antonio, Pí- 
llelo, la Biblioteca Mexicana de Eguiara &c. El canónigo Uribe 
en su dictamen sobre el sermón del Dr. Mier dice, que creia se 
quedó esta obra solo intentada, y yo creo que necesitaba estudiar 
mas, y hubiera leido en la libra astronómica de dicho autor, que 
le imprimió en México el factor del rey, que este enumerando en 
el prólogo las obras de Siguenza con distinción de las completas 
Tóm. I. 39 






IX. 

y comenzadas, pone entre aquellas la del Fénix, y da un análisis 
de ella, por el cual sabemos que Qtictzalcóhuatl era su Stó. To- 
más. El mismo Sigüenza en el prólogo de su Paraíso Occidental 
la cita como acabada, sino que no salia á luz por falta de me- 
dios. Al mismo tiempo, esto es, mediarlo el siglo pasado, un Je- 
suíta Mexicano escribió en Manila la Historia del verdadero Quet- 
zal cóhuatl el apóstol Stó. Tomé. 

Del mismo parecer fué el famoso Becerra Tanco en su historia 
de Guadalupe, cuyo voto por ser de un tan gran maestro de lengua Me- 
xicana, es de un gran peso. Boturini en su idea de una nueva his- 
toria general de las Indias, prometió probar lo mismo con los mu- 
chos documentos que sobre esto habia recogido en su museo. Por 
su muerte y encargo trató de escribir la nueva historia el caballe- 
ro Veytia, natural ele !a Puebla de los Ángeles, y lo desempeñó 
bastante bien en esta parte. Sus varias obras corren MSS. y he vis- 
to una colección de ellas en la secretaría de gracia y justicia de 
Indias. Es verdad que Clavijero en su Storia antica d y il Méssico, 
aunque no se atreve á negarlo por saber que lo sostuvo Sigüenza, 
en cuyas obras siempre se admira la solidez y la erudiccion, bien 
que él nunca vio la obra de que se trata, no le sigue en esta 
opinión; pero no se debe hacer caso de lo que dice en italiano, 
porque habiendo el Jesuíta Español Diosdado á quien comunica- 
ba con su mesa su obra, delaíádola al Consejo de Indias, éste no 
quiso conceder su impresión en castellano, á pesar de las instan- 
cias del cronista Muñoz; y para hacerla pasar en italiano dedica- 
da á la Universidad de México, Clavijero recortó y añadió notas 
contra su testo y contra Casas, flaqueza que Dios le castigó, me 
decían en Roma los ex-Jesuitas americanos, y no llegó á recibir el 
grado de Dr. ni el regalo que le envió la Universidad. No obstan- 
te, el referirse á la Crónica de Tehuantépec por el Dominicano Bur- 
goa, en que apoyia la predicación de Stó. Tomás, indica lo que 
él no se atrevía á decir. Finalmente ha sostenido el mismo dictamen 
el célebre anticuario y gran lengua Mexicana Lie. Borunda, aboga- 
do respetable cargado de familia, á quien el mal Arzobispo Haro 
despojó de su obra MSS. (*) y arruinó incluyéndole en su escandalo- 
so edicto contra el Dr. Mier. 

Entre las maniobras inicuas con que se trató de perder á es- 
te, habiendo pedido el fiscal del consejo pasase su sermón á cen- 
sura de la Academia de la historia, el venal secretario del conse- 
jo Cerda, le pasó todo lo que era contra el Dr. Mier, para obli- 
garla á condenarle, suprimiendo la defensa que este habia presen- 
tado; y á fin que de palabra no pudiese instruir á los Académi- 
cos, se le suscitó una intriga frailezca para que estuviese arrésta- 



la*) Entre sus papeles estaba la Clave Historial, la mayor pérdida 
que podría sufrir nuestra literatura. 



mmam 



X. 

do. Entonces el predicador escribió una disertación, en que pro- 
baba la predicación del Evangelio por Stó. Tomás ó Quelzalcóhuatl, 
y reducia toda la mitología Mexicana, especialmente la del tiempo 
de los Tultocas ó de los dioses llamados Tlaloques, (esto es, del 
paraíso) á Dios, Jesucristo, su Madre, Stó. Tomás y sus discípu- 
los ó mártires que murieron en la persecución de Huémac, Esta 
disertación la envió con algunos libros al célebre Dr. Traggia,^ cro- 
nista real de Aragón, conocidísimo por sus obras en la república 
literaria, que era el anticuario y bibliotecario de la academia, y uno 
de los censores, el cual habló así resueltamente en plena acade- 
mia: „Confesémos de buena fé que no sabemos una palabra de an- 
tigüedades americanas: el Dr. Mier me ha enviado algunos libros 
con una disertación digna -de ser presentada aquí, y de darle lu- 
gar á su autor; y aseguro á_ V. S. que si para sostener la predi- 
cación de Santiago en España, tuviésemos la décima parte de las 
pruebas que tienen los americanos para defender la de Stó. Tomás 
en América, cantaríamos el triunfo. (*) Este sabio académico de- 
fendió no solo todo el sermón del Dr. Mier, sino la obra de Bo- 
runda, y su dictamen fué el que aprobó la Academia, que en cuer- 
po ecsaminó en mas de siete meses el asunto, casi sin ocuparse de 
otra cosa en cada sesión. En fin, habiendo dicho en París al Dr. 
Mier que el autor de las notas á Carli era Langles bibliotecario 
nacional, como este, aunque deista según las notas, decidía en ellas 
que era indisputable absolutamente la predicación del Evangelio an- 
tiguamente en América, le escribió una larga carta latina, en que 
lo° apoyaba probando haber sido Stó. Tomás 6 Quelzalcóhuatl-, la 
cual leyó con gusto el celebre Obispo de Blois Gregoire, y le con- 
fesó ser probabilísima la predicación allí de aquel apóstol: los Je- 
suítas americanos en Roma copiaron ávidamente también la misma carta. 



(*} El que obtuvieron los Españoles en Roma contra el Cardenal 
Baronio para restituir la lección de haber predicado Santiago en Es- 
paña, se debió á los falsos Cronicones de Luitprando &c. que enton- 
ces pasaban por verdaderos, y hoy se sabe que fueron fingidos por el 
P. Román. La autoridad que se alegaba de S, Isidoro en las vidas 
de los patriarcas tampoco vale, después que el Obispo de Guadix de 
Critices arte, probó que no era tal obra del Santo. El argumento ter- 
rible de Natal Alejandro, que si hubiera habido tal tradición, la hu- 
biera alegado el Obispo de Santiago disputando la primacía al de To- 
ledo en un Concilio Romano, argumento á que los Españoles respon- 
dían que no había ido tal Obispo de Toledo, resucitó con mas fuer- 
za desde que á fines del siglo pasado la Academia de la historia es- 
trajo documentos del archivo de Toledo, de que su Obispo en aquel 
año se disponía á pasar á Roma. Ningún sabio en España cree tal pre- 
dicación de Santiago. La de S. Pablo sí que tiene gravísimos funda- 
xnentos hasta en el mismo: cum in Hispaniam prqficiscere caepero, escri- 
be á los Romanos. 



XI. 

¡Qué lástima que el miedo haya impedido en México dar 
sobre este punto las instrucciones competentes al sabio varón de 
Humboldt, y que éste dando á luz en una edición tan magnífica 
las antigüedades Mexicanas, y ¡a historia de Quetzalcóhuatl. la co- 
pie literalmente con las equivocaciones de los antiguos misioneros, 
y gaste su esquisita erudición en buscar un pueblo adorador de cu- 
lebras para comparar el Mexicano! Ya se habia intentado confun- 
dir á los Indios con los Judios, porque teniendo aquellos la histo- 
ria de estos en sus escritos simbólicos, con la antigüedad se con- 
fundió la de los unos con la de los otros, como se nota á cada 
paso en Torquemada, y que sacaron muchas leyes y prácticas de 
ella, ó quizá del cristianismo. Ahora se querrá volver á la canti- 
nela, porque los Judios llegaron á adorar la serpiente de metal, 
que Moyses levantó en el desierto: y si la cosa llega á manos de 
Dupuy, que sé yo dónde iremos á parar. Conque es necesario de- 
cir algo sobre esta culebrería. 

¿De dónde consta que los Mexicanos adoraban las culebras? 
Es claro, rae responderán: porque Qvetzalcóhuatl, dios general del 
Anáhuac, quiere decir culebra emplumajada; la entrada de su tem- 
plo figuraban una boca de culebra: las habia grabadas en el mu- 
ro que rodeaba al gran templo de México: otra habia al rededor 
del calendario, que dicen haberles traido aquel dios: los lugares don- 
de él estuvo y levantó Santuarios se llamaron Cohuatépec ó Coa- 
tepec, esto es, en el monte de la culebra. Adoraban á la Cihuacó- 
huatl ó muger culebra, llamada también Coatlantona, esto es, nues- 
tra madre es la madre de las culebras, la cual veneraban como ma- 
dre de todas las gentes del Anáhuac y de su dios Huitzilopóchtli. 
Adoraban también á Chüomecóhuail ó siete culebras. Los sacerdo- 
tes de la diosa Tzenteutl se llamaban coatí an, cocomes ó cocóhua, 
esto es, culebras; y á solos ellos era permitido lavarse en la fuen- 
te Coapan, 6 agua de las culebras. Y si el varón de Humboldt en 
lugar de escribir Huasacualco ó Guatzacualco, hubiese sabido que 
el nombre verdadero era Coatzacoalco, hubiera dicho que significa 
donde se esconde la culebra, porque allí se embarcó y desapare- 
ció Quetzalcóhuatl, según Torq. 1. 8. cap. 24. Si hubiese sabido 
que no Guatuzco ni Huatuzco, sino Cuatulco se llama el otro puer- 
to donde estuvo aquel, hubiera podido traducir: donde es adorada 
la culebra. En una palabra: así como Moleuhzoma se intitulaba te- 
niente de Quetzalcóhuatl, asi su virrey ó primer magistrado de México 
sin apelación se llamaba Cohuacihuatl, y todo el imperio se llamaba Col- 
huacan, queBoturini traduce: país de las culebras. Con lo que en efec- 
to parece México el país mas culebrero, y enculebrinado del mundo. 

Pero yo, que he estudiado bien la mitología Mexicana, to- 
mo á Torquemada, que aunque disparatadamente como todos los 
AA. Españoles, trae la mas completa que se haya dado á luz, y 



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K. ¥ l.»lel 



XII. 



me entro desde luego, sin el miedo que tuvieron los soldados de Cor- 
tés, por la boca de serpiente que figuraba la boca del templo de 
Quetzalcóuatl, y que era en Cholula" (Cholollan) el mayor templo 
de todo el Anáhuac, ó por mejor decir una soberbia pirámide que 
hasta hoy ecsiste como una montaña de un cuarto de legua de ba- 
se. ¿Y qué encuentro? un anciano, blanco, rubio, con pelo y bar- 
ba largos, su túnica blanca larga hasta los pies y ceñida, su capa 
blanca sembrada de cruces coloradas, todo precioso, calzado de san- 
dalias, corona abierta en la cabeza, y encima de ella una especie de 
mitra ó tiara, que Torquemada llama almete ó bonete alto y re- 
dondo, mas ancho de arriba que de abajo, al cual anciano teman 
recostado en señal de que lo estaban aguardando. 

El que haya visto como yo los Obispos Griegos, ó sepa cua- 
les son las vestiduras é insignias de los Obispos orientales, conocerá 
al momento que este es un Obispo del oriente. De allá vino se- 
gún su historia, compareciendo por la California (aunque Torque- 
mada dice que llegó á Tula (Tottan) habiendo desembarcado en 
Panuco) unos dicen con 14 y otros con 7 discípulos vesti- 
dos hasta los pies con túnicas y capas judias, modelo de las de los 
Indios, que en sus fiestas solian arremedar todo aquel ropage. No 
trajeron mugeres, ni jamás tuvo ninguna Queízalcóhuatl, que fué con- 
tinentísimo. Este fué gran Sacerdote en Tula, y desde allí envió sus 
discípulos á predicar en Huaxyacac [a] y otras provincias una nueva 
y santa ley. El derribaba los ídolos, prohibía los sacrificios que no 
fuesen de pan, flores é inciensos, aborrecía las guerras, ensenaba 
la penitencia, el ayuno de 40 ó 70 dias, y les dio noticia de Tzew 
téotl, Huüzlopóchtli y Tonacayóhua, que después diré quienes fue- 
ron. El trajo las cruces como las que en Cuatulco, «en Tlaxcala, 
en Tehuantépec, y otras muchas partes hallaron los Españoles, y 
pueden verse en sus AA., como en Lipsio de Cruce, en otro libro 
Español Escelencias de la Cruz— En el Pharus Scnpturae del F. 
Abrahan &c. &c. Se cree de su tiempo la formada de yerbas siem • 
pre verde en Tepic, que han cantado tanto los poetas america- 
nos, en latin y castellano. 

Perseguido por el Rey de Tula que había apostatado de su 
religión, y muertos en la persecución siete de sus discípulos, y no 
estando aun fundado México, pasó á la orilla de su lago hasta Cho- 
lula ó grande Tula, donde estuvo algunos anos; pero no cesando 
la persecución del rey Huémac, que vino con un ejército sobre Cho- 
lnla se fué á Coatzacoalco, donde se embarcó para Onohualco (es- 
to es Yucatán,) enviando para aquella cuatro discípulos que se la di- 



(a) O sea Oaxaca. A la entrada de la Ciudad en la Villa del Mar- 
quesado se ven unos Sabinos viejos enormes y es allí tradición que 
los plantó Stó. Tomás cuando anunció el Evangelio. 



IT-Hífi 




m i M i jn i ! 



XIII. 

vidieron para gobernarla. Después volvió á visitar sus discípulos, 
que no queriendo ya volver con él al oriente por hallarse bien, y 
casados en el país, se volvió solo á Huehuetlapallan, dejándoles 
dicho en todas partes, que otros hermanos suyos ó de su religión 
vendrían á enseñarlos, y al cabo los dominarían; sobre cuyo su- 
ceso les dio muchas señales, que todas se cumplieron con la lle- 
gada de los Españoles. Tal es en compendio la historia del célebre 
Quetzalcóhuail que trae Torquemada en muchas partes de su Monarq. 
Ind. como puede verse por los índices, y especialmente tóm. 1. lib. 
3 cap. 7. y lib. 4. cap. 14. y en tóm. 2° lib. 6. cap. 24. así 
como también Gomara, Acosta y otros. 

Si de su templo voy al de la Cihua-cóhuatl 6 muger cule- 
bra, me encuentro con una virgen blanca y rubia, que sin lesión 
de su virginidad parió por obra del cielo al Señor de la corona 
de espinas teohuitznahuac, la cual estaba vestida á la manera de 
Quetzalcóhuatl, y por eso la llamaban también Cohuatlicue', sino que 
la túnica cueitl estaba esmaltada de piedras preciosas, símbolo de 
su virginidad, y por eso le decian Chalchihuitlícue, y el manto era 
azul Matlalcueye. y sembrado de estrellas Citlacue (adviértase que 
citlálin, estrella, es palabra Chinesa) y por otro nombre se llama- 
ba Tonacayóhua, esto es, madre ó señora del que ha encarnado 
entre nosotros, así como llamaban á las cruces tonacayuitl, árbol 
del que encarnó entre nosotros, pues nacay& significa encarnar. 
Esta diosa, dice Torquemada, prohibía y detestaba los sacrificios 
humanos. 

Es inútil cansarnos en andar buscando culebras por los tem- 
plos adoradas como dioses. No encontraremos otra que una de pa- 
lo, la cual llevaban por delante como pendón ó bandera, que por 
eso llamaban Ezpaniztli, en ciertas procesiones precedidas por el 
sacerdote que representaba á Quetzalcohuatl, a«í como nosotros lle- 
vamos la cruz. Y como ésta no vá en nuestras procesiones sino 
para indicar que aquella ceremonia pertenece á la religión de Je- 
sucristo, la culebra no era sino geroglífico indicativo de que la que 
hacían pertenecía á la religión de Quctzalcóhuatl, y por lo mismo 
gravaban culebras al rededor de los templos; pero aquella culebra 
no era adorada en ningún altar ni capilla, aunque había, dice Tor- 
quemada, un lugar donde se guardaba. 

Todo el error proviene del raro empeño de traducir có- 
huall ó coatí por culebra, significando igual y mas usadamente me- 
llizo. Esta última palabra no la oiría el varón de Humboldt en N. 
España, sino á algún europeo ó americano muy instruido, porque 
todos los demás no usan sino la palabra coate para significar ge- 
melo; y ya yo estudiaba Teología, cuando supe que lo mismo sig- 
nificaba mellizo; pero nunca damos el nombre de coates á las cu- 
lebras; y aunque es cierto, que en lengua Mexicana también se 



XIV. 
llaman estas así, no se sabe si de los mellizos humanos, que son 
bastante comunes en N. España y debieron nombrar primero, se 
hizo tal nombre sinónimo de las culebras, porque precisamente pa- 
ren mellizos ó al revez. Lo cierto es, que en la lengua mexica- 
na, no hay otra palabra para significar mellizos sirio coatí. Asi lo 
vierte también el diccionario de Molina que es el usual y común, 
y el mismo Torquemada que vierte cihua-cohuatl muger culebra, 
clic« cap 31 del libro 6 o : una de las diosas de que estos natu- 
rales de'N. España hacían mucho caudal era Cihuacohuatl que quie- 
re decir muger culebra, y decían que paria siempre gemelos o crias 
de dos en dos. Esta muger ó diosa según la etimología de este 
nombre dice el P. Sahagun, que fué Em, la cual parió gemelos 
siempre; porque Cihuacohuatl quiere decir la muger que pano dos 
criaturas juntamente, pues á los gemelos ó que son de un parto los 
llaman Cocóhua, como si dijesen: culebras de la muger culebra, y 
la daban por madre de todas estas gentes, habiendo pando sin ac- 
ceso de varón, dejando de hacer relación del primer padre del mun- 
do. A vuelta de mil dislates Torquemada apunta siempre Ja ver- 



dad, y es que la llamaban virgen 



melaza, Coailantona madre de 



los mellizos y Mixcohuatl, pare mellizos: por otro nombre según 
el mismo en otra parte, Omecfhualt, que él traduce dos mugeres, 
así como á Quetzalcóhuatl llamaban Ometóchtli que el traduce dos 
hombres. Es decir que sus nombres en la inteligencia de los In- 
dios, eran de mellizo y melliza. (*.) _ . 

Ahora bien ¿qué significa Tomásl Puede significar abismo de 
profundísimas aguas; pero su significado propio y común por la 
túítam, es el de mellizo, en griego Dydimus; y este nombre grie- 
go era el que se daba con mas frecuencia á Sto Tomas entre 
los cristianos, según el Evangelio: Thomas qui dicitur Dydimus. Con- 
que si el nombre de Tomás se conservó en el Brasil y en otras 
partes de América, y las señas que de él conservaron y de sus ope- 
raciones, convienen esactamente con las que cuentan los Mexica- 
nos de su Quetzalcóhuatl, Cocolcan 6 Cozas ócc. que significa lo 
Tomás, esto es, mellizo, ¿por qué no hemos de tradu- 



nnsmo que 



(*) Aun pienso que por las desgracias que les sucedieron por la 
persecución de los mellizos ó Tomases de Tula, les quedo la supers- 
tición que cuenta Torq. 1. 6. cap. 48. „Teiiian que cuando la muger 
pare dos criaturas de un vientre (lo cual en esta tierra acontece mu- 
chas veces) habia de morir el padre ó la madre. Y el remedio^ que 
el demonio les daba era que matasen al uno de les mellizos, a los 
cuales en su lengua llaman Cocóhua, qué quiere decir culebras, por- 
que dicen, que la primera muger que parió dos llamaban CóhuatL que 
significa culebra; y de aquí es' que nombraban culebras á los mellizos, 
y decian habian de comer á su padre ó madre, si no matasen aluno 
de los dos. 



XV. 

eirlo por esta palabra, y nos hemos de ir á enculebrinar contra el 
tenor de la historia y del sentido común? Mas diré: no se puede 
traducir Quetzalcóhuatl culebra emplumajada como practica Tor« 
quemada, porque entonces no diría Quetzalcóhuatl sino Cohoquet- 
zal. Los Mexicanos, á manera que todas las naciones del oriente, 
traducían los nombres siendo significativos en su lengua, y aun nece- 
sitaban hacerlo asi, porque el significado les daba el carácter gero- 
glifico conque lo escribian, ó por sí ó por su sinónimo y correlati- 
vo, ó por el significado de las partes, que mediante una edición, 
entraban á componer vocablo. Asi significando Xolotl ojo, con pin- 
tar este al lado de un hombre, se lee que es el Emperador de los 
Teochichimecas Xolotl-, y significando Coyotl coyote, ó adive, en pin- 
tando la cabeza de este con la boca abierta al lado de otra figu- 
ra humana, se lee que^este es del Emperador de los Acólhuas 
Netzahuatlcoyotl, que siguifica coyote hambriento, porque anduvo 
así y en los montes, cuando los Tecpanecas tiranizaron su reyno. 
Si el nombre no es significativo, buscan entonces palabras que le 
sean mas asonantes. Así para escribir Cortés ó como ellos pronun- 
ciaban Cultez [por no tener su lengua r ] pintaban á su lado una 
xicarita de palo que en su idioma es Cuatli y dentro unos pece- 
cillos que llaman ahuatli: con lo que se leería Cuhuatli, y este es 
el nombre que con el transcurso del tiempo hubiera quedado á Cor- 
tés. Torquemada dice, que como los misioneros les enseñaban en 
latín el Pater noster, los Indios para retenerlo en la memoria lo 
escribian á su modo, y ponian una banderita que es Pantli¡ y un 
hiero de tuna, que es Nochtli, ¿fe. 

Lo primero pues que harían á la llegada de Stó. Tomás, 
sería indagar el significado de su nombre, y sabiendo que era el 
de mellizo, pintarían al lado de su figura una culebra que es el 
sinónimo: y como quetzatl es un plumero precioso [como des- 
pués esplicaré,] poniéndolo sobre ella, se leería Quetzalcóhuatl. Aun 
pienso que retuvieron en Cholula, donde moró mas tiempo, el otro 
significado mas remoto de Tomás esto es, abismo de profundísimas 
aguas: y de aquí no solo el venerarle como dador de las lluvias, 
sino la tradición, que descascarando su templo en Cholula, mana;- 
rían raudales de agua que inundarían todo; amenaza que hicieron 
los Cholultecas cuando fué Cortés, y de que intimidados los Tlax- 
caltecas, no quisieron entrar con este en aquella ciudad, que era 
la Roma de los Nahuallacas, y tenia tantos Templos como días 
el año; pero el significado que todos retuvieron comunmente, fué 
el de mellizo ó coatí, y á él hacían alusión en toda su mitología, re- 
ligión y gobierno, que por referirse á Quetzalcóhuatl era teocrático, 
ni mas ni menos que los cristianos de Stó. Tomé descubiertos en 
la Asia, no solo se glorían de tener este nombre, sino de aludir 
á él en todo. ¿Cuanto mas los Mexicanos que lo reverenciaban 



wm^^mmmi^^m 



XVI. 

por su padre común señor, fundador y maestro, y en Cholula le 
llamaban por antonomasia nuestro Señor, teotl? 

Todo en efecto aludia en el Anáhuac á este varón célebre. 
Luego que perseguida su religión por Huémac [mano grande] que 
quiso, dice Torquemada, hacerse adorar por Dios, se fué á un 
monte, que de su nombre se llamó Cóhuatépec, ó sea montaña de To- 
más. A Huehuetoca, donde hoy es el desagüe de México, se le dio es- 
te nombre, porque allí les dijo: llámenme viejo, esto es, presbíte- 
ro, nombre que usaban los antiguos Obispos, y con que se firma- 
ban los apóstoles: Joannes sénior firma S. Juan. En otro lugar ti- 
ró unas piedras á un árbol en que se clavaron, y de ahi se llamó 
Cuantían. Luego grabó su mano en una piedra, que Torquemada 
dice vio todavia, y hasta hoy se llama el lugar Temacpalco, pal- 
ma de la mino en la piedra. Luego llegó á Cholollan, adonde por 
fin persiguiéndole entró Huémac con un ejército, y él se embarcó 
para Campeche y las Islas en Coatzacoalco, que desde entonces 
se llamó donde se esconde el mellizo. En otro puerto donde estu- 
vo allí cerca, puso una Cruz grande, de cuya madera, dicen 
escritores, no hallarse árbol en 30 lenguas en contorno, la cual, 
habiendo intentado quemarla el Inglés Drac, fué llevada á la ca- 
tedral de Oaxaca, donde se venera. De tal cruz vino el nombre al 
lugar de Cuatulco, ó donde es adorado el palo: allí cerca según 
Calancha se veía grabado en una peña, el retrato de Stó. Tomás 
con su nombre escrito en letras. 

En la persecución del cristianismo fueron martirizados siete 
discípulos de Quetzalcókuatl, y esos son los que Torquemada llama 
Chicomecohuatl 6 siete mellizos, que luego llama diosa, todo sin 
pies ni cabeza. La cabeza de uno de ellos, que debió de ser el 
principal, mandó echar Huémac en la laguna de México, y en una 
isleía de ella se salvaron los cristianos, que del nombre de Cristo 
ó Mecsi, esto es, ungido llamaron Mécsico á su ciudad, y el que 
la gobernaba era á nombre de Quetzalcókuatl como su teniente. El 
templo que luego levantaron fué al rededor de la cabeza del már- 
tir, á quien llaman los escritores Cópil, que Beytia traduce hijo 
del mellizo, y puede traducirse mellizo principal. El lugar de su 
sepulcro, dicen Torquemada y A-costa, que se conservó hasta la con- 
quista con grande veneración. Ya probé en una nota [*] que al 
nombre México significa donde es adorado Cristo, porque Mecsi lo 
significa, y dixe también que este por otro nombre se llamaba teo- 
huitznahuac señor de la corona de espinas; ahora añado, que el 
Obispo de México, ó gran sacerdote [Hueiteopíxguin] se le llama- 
ba Huitznahuateohuatzin, el venerable ministro del Señor de la co- 
rona de espinas, y su coadjutor ó vicario general Mexica-teuhuat- 

(*) Pág. 572. Ved también la nota á la pág. 539. 
Tóm. 1. 40 



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I TI. 



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XVIT. 

%in venerable ministro del señor Cristo; así como el templo se lla- 
maba Huiznahua-teo-calli, casa de Bíop, ó del Señor [leo--calli 
es vocablo enteramente griego] de la corona de espinas: y á eso 
aludía también, según ellos, la corona que llevaban en la cabeza á 
ejemplo de Quetzalcóhuatl, porque á los sacerdotes se les decían 
tzentzon-huítznahuac los que tienen la corona de espinas formada 
con el pelo de cada uno: -así como los Cristianos de Stó Tomé en 
el oriente llevan el pelo cortado en forma de Cruz. 

Es cosa admirable como toda la mitología Mexicana se ex- 
plica á consecuencia del Cristianismo, en traduciendo á Quetzal- 
cóhuatl por Stó. Tomas, y mucho mejor la historia de este, que 
Torquemada ya confunde con la de los Tultecas (lib. I. cap. 14) 
ya la separa, (lib. 3. cap. 7.) ya la da por verdadera y legítima 
en su primer tomo; ya después le parece en el 2° llena de fá- 
bulas, inverosimilitudes, y absurdos; porque ya se ve, en errando 
el objeto de una pintura historiada, se cuentan mil despropósitos. 
Pero como él conserva los nombres que no se pueden errar, por- 
que los dan los geroglíficos, y Gomara, Acosta y otros muchos, 
que lograron mejores intérpretes, escriben también la historia de 
Quetzalcóhuatl, yo me atrevería á dar su historia seguida en que 
nada se encuentre que no sea digno de un apóstol, y me servi- 
iia de comprobante el mismo Torquemada en su mala traducción, 
porque por ella se conoce el geroglífico que preecsistia, y que se 
esplicaria fácilmente, en suponiendo que se hablaba de un predi- 
cador del evangelio en los primeros siglos. 

Así como Torquemada quería, que la Chiuacohuatl, 6 vir- 
gen (á quien llamaron mediza por haberla dado á conocer Stó. 
Tomas, y cuyo nombre llevaba el virey de México por dignidad) 
quería que fuese Eva, mi sabio amigo Herbas Panduro dio en que 
Quetzalcóhuatl era Adán. Preguntándole yo en Roma la causa de 
tan estraña opinión: „V. ha visto, me respondió, el MS. simbóli- 
co de los Mexicanos que hay en el Vaticano, y que es antiquí- 
simo pues que está adjunta la esplicacion de un dominicano á 
mediado el siglo 16. Boturini debia de tener copia, pues dice 
que los Mexicanos ponian la época del diluvio conforme al cóm- 
puto de los setenta, y este del Vaticano la pone así. Yo vi en 
la cabeza de Quetzalcóhuatl el mismo adorno que ponen en la de 
Adán, y como le atribuyen las ciencias y artes, y el calendario, 
que como todos los demás calendarios opino yo se hizo en las 
primeras edades del mundo, colegí que podia ser Adán: pero to- 
do eso lo escribí sin libros sobre mis apuntes en mi triste patria 
Horcajo, y así no defiendo nada, ni sé Mexicano: levanté solo Ja 
caza para que vds. la sigan como mejor instruidos. " Lo cunl 
cuento, porque algunos me han objetado la autoridad de aquel 
sabio. 



XVIII. 

Solo me resta esplicar, qué significa el quetzal, puesto que 
coliuall signifique mellizo ó Tomás: cómo del Cristianismo pasaron 
los Mexicanos á una idolatría tan absurda; y por donde vino á 
América su apóstol ó predicador. Comienzo por lo último y di- 
go: que si fué el apóstol Sto. Tomás, no puedo menos que mara- 
villarme de que Cristianos me hagan con sobrecejo esta pregunta. 
Si Jesucristo dio á los apóstoles el don de milagros y de lenguas 
para estender el evangelio, ¿les negaría los conocimientos geográ- 
ficos indispensables, y mas cuando según la tradición eclesiástica lo 
primero que hicieron fué dividirse el mundo por suertes, para par- 
tirse cada uno á cumplir con el precepto de su maestro de anun- 
ciar el Evangelio en todo el universo? ¿De donde sacaría S. Cle- 
mente, succesor de S. Pedro, el conocimiento del otro mundo, de 
que habla en su epístola á los Corintios? Si según las_ Actas délos 
apostóles, á cada paso que daban, el espíritu del Señor les decia 
por donde y adonde habían de ir dentro de la Judea que conocían: 
si dice á S. Felipe (cap. 8) que fuese por el camino de Gaza, 
y luego que se junte al carro del Eunuco de la reyna de Canda- 
ce para catequizarle, y desde Gaza es arrebatado por los aires has- 
ta Azoto, 270 estadios, para evangelizar á los Filisteos: ¿habría ma- 
yor dificultad para enviar un apóstol á la mayor parte del mundo? 
Habiéndose partido, concluye su evangelio S. Marcos, predicaron 
en todas partes, cooperando el señor y confirmando su predicación 
con milagros. 

Pero conozco el siglo en que estoy, y no los necesitamos. 
Se sabe que entre América y Asia solo media un corto estrecho, 
helado la mayor parte del año, y que era muy fácil pasar en bar- 
cas, como lo han pasado los Rusos para establecer su América Ru- 
sa. Los discípulos, que trajo Quetzalcóhuatl, según los Mexicanos, 
eran hombres habilísimos que les ensenaron las artes, y sin du- 
da eran peritos en la Náutica, pues Quetzalcóhuatl se embarcó á 
un lado de Veracruz para Campeche y las islas, y en Tehuanté- 
pec para el sur. En mi juventud leí un libro escrito en Cantón de 
China, donde un Ingles, cuyo nombre no puedo acordarme, de- 
mostraba que en los seis primeros siglos de la Iglesia hubo un co- 
mercio corriente entre la América y China. El anotador de Carb 
trae también pruebas de que en el siglo 5^ había comercio en- 
tre México y la China, y puntualmente en ese siglo pone Torque- 
mada la venida de Quetzalcóhuatl á N. España. 

Entonces no sería el apóstol Stó. Tomás, se me dirá.-Que 
el apóstol de las Américas se llamaba Tomás, para mí es absolu- 
tamente fuera de duda. Que fuese el apóstol Stó. Tomás de- 
pende de averiguar la época en que vino Quetzalcóhuatl, averigua- 
ción que no puedo hacer ahora por falta de libros, pues no ten- 



XIX. 
go á la mana^ sobre ludias sino á Torquemada y Remesal, y todo 
lo demás vá á cuenta de mi memoria; pero pues un hombre tan 
profundamente sabio en antigüedades Mexicanas como Sigüenza, lo 
confundió con Stó. Tomás, no debió de hallar dificultad en la épo- 
ca. El sabio astrónomo Gama que tenia un discernimiento tan fi- 
no, y ha dejado MSS. la antigua historia de los Mexicanos, ha- 
brá zanjado este punto. De Torquemada para épocas antiguas no 
puede uno fiarse, porque confunde el calendario Astronómico con 
el Divinatorio, prueba de que no entendía aquel, y á veces trae 
épocas contradictorias. En esta misma época de Qvetzalcóhuatl, di- 
ce que vino poco después de la llegada de los fultecas, y antes 
habia confundido á estos con los discípulos de aquel, porque Tul- 
tecas quiere decir artífices sabios, y diciendo de estos que traían 
túnicas blancas, de los otros dice que las traían negras. Beytia di- 
ce que hubo dos predicadores, uno en el 5 ó 6 siglo, y otro an- 
terior, que fué doce años después de la muerte de Cristo, según 
un eclipse que él calcula ser el mismo que aconteció en su muer- 
te, eclipse que en esa muerte, dice Benedicto XIV, ponen tam- 
bién los Chineses. Yo no me fio de tales cálculos. 

La verdad es, que yo encuentro gravísimas dificultades en 
que fuese el apóstol, salvo que se confundiesen las cosas del pri- 
mero con las del segundo predicador, si lo hubo. Lo primero, por- 
que no está del todo demostrado, que Stó. Tomás predicase en 
China. Las pruebas que da Fr. Gregorio Garcia, y es la relación 
que sacada de los archivos del imperio dieron los Chinos á su Em- 
peratriz, y ya citamos, no puede convenir al apóstol, pues el To- 
más de que hablan dio imágenes de la Trinidad, de Cristo, de la 
Virgen &c. y los apóstoles no daban imágenes: porque eso de las 
imágenes de la virgen pintadas por S. Lucas, médico que han con- 
vertido como en pintor de familia, está muy en cuestión, y pare- 
cen ser del siglo 11 ó 12 del pintor Lucas de Florencia, llamado 
el santo, que por devoción se destinó á pintarlas, y las daba de 
valde. Las historias del Pilar y de Loreto están desacreditadas en- 
tre los mejores críticos. (*) También Quetzalcóhuaíl dio imágenes 



_ (*) La primera supone la predicación de Santiago, y el mismo Trag-- 
gia cronista real de Aragón, me dijo: que apesar de lo que escribiera 
en los primeros tomos de su historia eclesiástica, la del Pilar no podia 
sostenerse. Tengo en mi poder el documento mas anticuo (añadió) y 
dice bien Benedicto XJV, es del catorceno siglo. El sabio y piadoso 
Dr. D. José Yéregui, inquisidor de la suprema, y maestro de los in- 
íantes de España, cuando le tocaba rezar del Pilar ó Loreto, rezaba 
del día 8 de set. ó común de la virgen, porque decia que eran fábu- 
las intolerables. Lambertini defiende la segunda, le replicaba yo, y el 
respondía: como todo lo que adoptaban las congregaciones- de Roma 
aunque no fuese sino á costa de citar AA. sin dársele mucho cuida- 



XX. 

en América, y de él decian los de Campeche tener una piedra trian- 
gular por donde esplicaban la Trinidad que conocían muy bien, y 
en cuyo nombre se bautizaban todos, y nadie se podía casar sin 
estar bautizado. 

Mas, Quetzalcóhuatl instituyó Monges en N. España, que 
según Acosta hacian los tres votos de pobreza, obediencia y cas- 
tidad, ocupándose dia y noche en la salmodia, y salian á pedir li- 
mosna, de que vivían, con sus túnicas blancas, brazos cruzados, y 
cabeza inclinada con mucha humildad- Y los monges no comenza- 
ron hasta el siglo 4 f á i lo menos con esas formalidades. Coronas 
en la cabeza tampoco comenzaron en tiempo de los apóstoles, y 
aun después no las hubo en los primeros siglos, sino las que lla- 
maron de S. Pablo, y era el pelo cortado en derredor de la fren- 
te y orejas en memoria de la corona de espinas &c. Las vestidu- 
ras de Quetzalcóhuatl eran de un Obispo oriental, y no las usa- 
ban los apóstoles. Las vestiduras de los Obispos de N. España, es- 
pecialmente de los del reino de Oaxaca, y provincias Mistecas, eran 
idénticos á los de nuestros Obispos con todos sus pontificales has- 
ta mitra formadas con plumas verdes de Quetzalli esquisitamente 
labradas, y los sacerdotes usaban todos en las funciones de Iglesia 
roquetes ó sobrepellices. (Torq. torn. 2 lib. 9 cap. 28.) Las cru- 
ces no comenzaron á ser objeto público de veneración sino des- 
pués que en tiempo de Constantino dejaron de ser un instrumen- 
to de suplicio. Los Obispos de Anahuac, aunque elegidos en Oa- 
xaca por elección popular como á los principios de la Iglesia, eran 
consagrados con oleo, como lo era también el emperador de Mé- 
xico, y en tiempo de los apóstoles solo se usó la imposición de las 
manos. En fin la continua salmodia por las diversas horas del dia 
y de la noche que resonaba en los templos de México, y el apa- 
rato de arcedianos, chantres, tesoreros, maestrescuelas, que todo 
habia en sus catedrales (Torq. tom. 2. lib. 9. cap. 6), no son co- 
sa, del tiempo de los apóstoles. Los Obispos de N. España en Me» 
choacan, México, y la Mixteca, á pesar de usar de tres lenguas 
esencialmente diferentes, se llaman Papas como todos los Obispos 
del mundo antiguamente, hasta que ere© Inocencio 3 f mandó dár- 
selo á solo al de Roma, y hoy lo usan los Obispos del Oriente; 
pero no lo usaban los apóstoles. Y cierto no sé de donde pudo 
venir tal nombre á los Obispos Mexicanos sino de Quetzalcóhuatl , 
pues aunque esa palabra griega se halla en las lenguas del Perú 
para decir padre, en la lengua Mexicana, á este se le dice tata, y 
á la madre nana, y Papa no significa nada. 

El rito de la Pascua en México ó de'la Santa cena y Misa 



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do de ecsaminar lo que deeian. Tal crítica de la de Lambertini oí siem- 
pre á los sabios de Italia y España, 



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(no hay que escandalizarse, porque la había) era enteramente orien^ 
tal. Al mismo tiempo puntualmente, dice el P. Sahagun, que no- 
sotros celebramos la pascua, celebraban los mexicanos la suya des- 
pués de un ayuno de 40 dias, en que ayunaban absteniéndose de 
carne, vino, especies, y uso del matrimonio. Precedía á la celebra- 
ción de la pascua una penitencia pública. El lector recuerde, que 
entonces se reconciliaban antiguamente en la Iglesia los penitentes 
públicos. Luego se bendecía solemnemente agua que se guardaba, 
como todavía practicamos hoy los católicos el sábado santo, en que 
antiguamente se daba el bautismo solemne. De ahí hacian de sus 
semillas la estatua de su dios Huitzilopóchtli [no de otro], la cual 
precisamente habia de ser, dice Torquemada, amasada en la ca- 
pilla del Señor de la corona de espinas, y de allí la llevaban con 
grande músiea al altar principal, velando toda la noche como los Cris- 
tianos antiguos. Entonces llegaba todo el pueblo á hacer su ofren- 
da, y luego venían los Sacerdotes y consagraban la estatua: y ad- 
vierte Torquemada usaban de esta palabra consagración, [Torq. lib. 
6, cap. 38,] y que desde aquel momento ya la miraban como la 
misma carne y huesos de su dios Huitzilopóchtli. Sacábanle por el 
día en una solemnísima procesión, y á la tarde el Sacerdote que 
presidía la procesión, y era necesariamente el que representaba á 
Quetzalcóhuatl, tiraba uu dardo con punta de lanza al corazón de 
la estatua, lo que decían era matar á su dios para comerlo: y es- 
ta era la señal de repartirlo, llevando de ella 4 diáconos con ro- 
quetes á las parroquias de los 4 barrios de la ciudad para dar la 
comunión al pueblo, la cual llamaban teocualo: dios es comido, y 
los Totonacas Toyoliayatlacuátl, manjar de nuestra vida, y lo re- 
cibían con mucha devoción, compunción y lágrimas, teniendo cui- 
dada no cayese en tierra la menor mihaja; y habia de ser en ayu- 
no natural, para lo que aquel dia se escondía en todo el país la 
agua de los niños, que también comulgaban. En fin el Obispo ha- 
cia un sermón, con que terminaba la función, dice Acosta, en quien 
está aun mejor contada toda esta ceremonia que en Torquemada. 
Para no dejarnos dudar á que se aludía en esto, en una de es- 
tas funciones ponían á un hombre en una cruz, y á otro puesto 
sobre una cruz pequeña daban con una caña en la cabeza. 

Quien sabe los ritos litúrgicos del oriente, y sabe que el 
pan de mil figuras simbólicas se amasa en el oriente en una capi- 
lla, se le lleva en procesión para el altar mayor con tal aparato 
y devoción que escandaliza á los latinos, que hasta para repartir la 
comunión, la señal es clavar con un dardo en figura de lanza el 
pan, como que esto significa la lanzada que dio á Cristo el centu- 
rión, que antiguamente comulgaban los niños, &c. &c: conoce al 
momento que esta era una Misa oriental; |y si nuestros misioneros 
no dieron en ello, fue por su ignorancia de aquellos ritos. Tam- 



U _i í' HHHWWIT.' 



XXII. 
poco, sin estar advertido un latino, creeria que era Misa la que 
celebraban los griegos, y mucho menos los Coptos y Etiopes. En 
una palabra: el ayunar en México y Cholollan la septuagésima, pun- 
to de que han hecho uno capital de su cisma los griegos, porque 
los latinos solo ayunan 40 dias: el seguir en los cómputos del di- 
luvio, no la Vulgata sino los 70 de que usa la Iglesia Griega, aca- 
ba de confirmar que su predicador era oriental. 

Haciéndome todas estas dificultades sospechar, que nuestro 
Tomás no era el apóstol, me dediqué á estudiar los autores Por- 
tugueses, corno Barros y otros que cita Garcia, sobre las cosas de 
la"'lndia pertenecientes á Sto. Tomás, de que han escrito largamen- 
te por su cuerpo, cruz y memorias halladas en Meliapur, ciudad 
de Coromandel; y en sus historias hallé en el 5 f ó 6 f siglo otro 
Sto. Tomás, Obispo, sucesor suyo, Judío helenista también como 
el apóstol, (esto es, Hebreos que hablaban griego, con idiotismos 
hebreos) tan célebre como él por su predicación y milagros, del 
cual el Breviario ó Santoral de la Iglesia Siriaca tiene largas lec- 
ciones, en que se refiere como pasó á predicar á la China, y á 
otras regiones bárbaras y remotas, haciendo muchos prodigios. Es- 
te sin duda debe ser Quetzalcóhuatl, Chilamcambal en lengua Chi- 
nesa, que trajo sin duda discípulos Chinos. Los grandes edificios de 
Mictlan, Campeche &c. que se atribuyen á los discípulos de Quet- 
■zalcóhuatl, son muy parecidos á los Chineses. (*) 

Ahora entra la esplicacion de la palabra Quetzal, que com- 
pone el nombre de €¿uelzalcchuatl. Es palabra sincopada ó elididi- 
da de Quetzal-li, especie nueva del género Psíttacus, descrita por 
el naturalista Lallave, y dedicada con el nombre de Psíttacus Mo- 
ziño á este otro naturalista Mexicano, su companero en la compo- 



(*) Poeo ha se descubrieron cerca del pueblo de Palenque, en la 
provincia de Ciudad real de Chiapa, las ruinas de una antigua ciudad 
que ocupaba 8 leguas de estension. Dentro de poco recibiré para co- 
municar á los sabios de Inglaterra las estampas que se han sacado de 
las figuras de bajos y medios relieves conservadas en los estucos, &c. 
de aquellos ruinas, y rodeados de geroglificos, que á muchos parecen 
ser idénticos á los Egipcios, y confirmar la opinión de Siguenza, y 
Carli, de haber estos sido los pobladores de la América del norte. Cer- 
ca de Veracruz se encuentran también sepultadas en la arena grandes 
columnas de mármol, que prueban haber ecsistido por allí naciones 
muy civilizadas. Yo he visto que de los Monumentos Mexicanos 
resulta casi lo mismo que Hervas ha deducido por las lenguas, esto es, 
que .la América del norte se pobló por dos partes, á saber: de parte 
de la Asia por pueblos que vinieron por la Tartaria Chinesa, y se en- 
cuentran en sus MSS. simbólicos descritos los rios, montañas &e. por 
donde pasaron: y de acia las Anulas, por gentes que parece subieron 
de la Atlántica, cuya sumercion no es un pasaje oscuro en las histo- 



■■i 



W 



XXIII. 

sicion de la Flora Mexicana, el cual trajo aquel pájaro de selvas 
de Guatemala, donde se cria. Su color es verde esmeralda precio- 
sísimo, y sus plumas, de que tiene tres muy grandes por cola, eran 
tan apreciadas, que tenia pena de muerte quien los mataba. Las 
damas hoy las estiman muchísimo. Cuando se le coge, pierde las 
plumas de la cola con la pesadumbre. Su nombre era un distinti- 
vo de aprecio, lo daban á un pajarito de dulce canto que llaman 
Quetzultótotl, para alabar una doncella honesta y hermosa la so- 
lian llamar pluma de Quetzalli. 

Por eso Boturini traduce á Quetzal en el predicador, pa- 
jaro de pluma rica, y en general traducen los AA. á Quetzalcó- 
huatl: precioso mellizo. Bastaba, para darle el nombre de Quetzal 
que simboliza la virginidad, su continencia tan celebrada, que los 
sacerdotes de Cholula en su Septuagésima se ecshortában á ella 
diciendo: que era vergüenza no poderse abstener de sus mugeres 
en tan poco tiempo, cuando su Señor Quetzalcóhuatl nunca tu- 
vo ninguna. La virginidad era tan preciada de los Mexicanos, qué 
rnoria sin falta por haber violado la suya alguna de sus innumera- 
bles Monjas, y el encontrar sin ella á la desposada disolvía el 
matrimonio. 

El autor de la historia del verdadero Quetzalcóhuatl dice: 
que como entre los católicos la aureola que se pinta á los santos 
es Ja señal de serlo, el Quetzal 6 plumero era indicio ó geroglí- 
fico de lo mismo entre los Mexicanos: y que por eso Huitzilopoch- 
tli tenia en la mano derecha una cruz formada con cinco globos 
de pluma: así como el pintar rayos al rededor de la cara y zar- 
cillos en las orejas, era geroglífico de divinidad, que solo ponian 
á la imagen de dios, y que si el sumo sacerdote llevaba zarcillos 
era por ser ministro suyo. La espíicacion es ingeniosa, y aunque 
me acuerdo que cuando la leí, deseaba mayores comprobantes que 
los que apuntaba ei autor, pudo tomarse este símbolo de que la 
mitra de los Obispos era formada de plumas de Quetzalli. Dice 
Torquemada, que conservaban en Cholula ciertas esmeraldas como 
reliquias de Quetzalcóhuatl, y una de ellas tenia primorosamente en- 
tallada una cabeza de mano. Esta es geroglífico de que debia vol- 
ver de países estraños. 

Beytia no vio á dicho autor, y dando la traducción de Quet- 



rias Mexicanas; ella parece ser una de sus 4 grandes épocas; hasta 
señalan el número de los que se salvaron, y los montes en donde to- 
davía llaman á la agua MI y al mar Atiahuei. Volviendo á las ruinas 
de Palenque, en Goatemala se escribió una obra muy erudita di- 
ciendo el nombre de la nación de quien era aquella gran ciudad', y se 
pretende por los fragmentos, que era población de Cartagineses. En 
1803 estaba en Madrid esta obra para su impresión en poder del Se- 
ñor Gil Lemos, 



XXIV. 

salcóhuatl por precioso mellizo, añade que el haberle apropiado el 
sobrenombre de Quetzal alude á alguna cosa especial, y que al- 
go significa estar colgada del pico de una ave, la célebre cruz d® 
Stó. Tomás hallada en Meliapor. 

Acerca de esta ave, varios AA. Portugueses escriben que 
es una paloma; pero los demás, que es un pavo. Este, según ellos, 
es el geroglífico de Meliapor, que eso significa, y dicen que te- 
nia su Obispo guardadas con gran veneración y aprecio unas 
láminas de metal, en que estaba escrita la donación que hizo el 
rey Singamo á Stó. Tomás de unas tierras para Iglesia; y por el 
reverso, en señal de aceptación por parte del Stó. figurado un pa- 
vo por ser el geroglífico de Meliapor. Esto apuntó también Fr. Gre- 
gorio García. Ahora digo yo, que nuestro Stó. Tomás se titularía 
de Meliapor, como todos los Obispos del Oriente del lugar de sus 
sillas, y así firmaban en los Concilios, Cirilo de Alejandría, Juan 
de Constantinopla &c. y los Indios traducirían Meliapor, por su 
significado de pavo, escribiendo y sustituyendo, no el común, sino su 
precioso Quetzalli de cuyas plumas usaría la mitra. como en efecto 
se la pintaban también á su imagen, y el cual pájaro, aunque los 
naturalistas lo pongan ahora en el género Psittacus ó de papagallo, 
allá no pasa sino por ser el pavo Real de la América del norte. 

El lector escoja de estas interpretaciones, mientras que yo 
paso por fin á responder como pudieron pasar los Mexicanos del 
cristianismo á los sacrificios, y una idolatría tan absurda. ¥ respon- 
do lo 1 f que todo eso está ponderado en estremo. Lo 2 f que 
así como la grosera idolatría de los Egipcios, y de allí de los Grie : 
<sos y los Romanos, provino de la ruda ó equivocada interpretación 
de su antigua escritura geroglífica, así pudo provenir en los Indios 
de la mala interpretación de la suya, en la cual tenían escritas las 
divinas escrituras, y de la siniestra interpretación de la doctrina 
Evangélica. ¡Qué absurdos y fábulas increíbles no han deducido los 
Judíos de las escrituras y tradiciones! ;Que despropósitos, horrores 
y escesos no derivaron de ellas y de la doctrina apostólica, los 
Gnósticos, Nicolaitas, Cerintianos, Ebionitas, Maniqueos y otros he- 
reges antiguos! ¿De donde sino de la mala interpretación del anti- 
guo testamento, ó mala aplicación de sus mácsimas al nuevo, han 
venido con los diezmos y primicias, las guerras de religión . 
tanzas hechas en América, y los quemaderos de la 
¡Que cuadro de abusos no se podría presentar tan horroroso como 
el de los Mexicanos! ¿El Mahometismo, no es una rama estraviada 
del cristianismo? ¿Y el pueblo menudo católico no es un idólatra 
material generalmente por su ignorancia, pues lo es tener mas de- 
voción con unas imágenes que con otras, poniendo en aquellas su 
confianza como si residiese en alguna de ellas virtud especial, ó Dios 
pudiese prendarse mas de las oraciones que se le dirigen ante una 
pintura, que ante otra? T6m- L 41. 



las ma- 



B 



XXV. 

¿Cuanto mas debia suceder entre los Indios, que carecían de 
letras alfabéticas, que desde el nacimiento de la religión sufrieron 
una persecución tan cruel para esterminarla, que gimieron muchos 
anos fugitivos y encerrados entre las juncias y espadañas de la la- 
guna de México, ya tributarios de los Tepanecas de Atzcatpozalco, 
ya de los Teochichimecas de Tezcoco, que por fin los dominaron, 
y hablan de introducir su religión dominante? ¿No vimos en la Fran- 
cia católica, 13 siglos, hacerse con la revolución un tránsito á la 
idolatría, y hasta el ateísmo? Me era muy fácil hacer ver como 
por todos aquellos medios fue alterándose la religión entre los Me- 
xicanos: algo dije ya del origen de los sacrificios humanos de una 
mala interpretación de la mácsima cristiana de que Dios no quie- 
re sino corazones ardientes. [*] Acaso se agregó, [cuando por 
la persecución del Cristianismo creyeron haberlos castigado Dios con 
peste y sequedad] el empeño de aplacarle, imitando á los márti- 
res, que se ofrecían gustosos á la muerte como aceptísima á los 
ojos de Dios, pues procuraban que las víctimas fuesen voluntarias, 
alzando los ojos al cielo, y otras alusiones semejantes á martirio, 
y martirio de mellizos. Tal vez mucho de ello nació de que Queí- 
zalcólivatl bebía sangre y se comía un niño, opinión que nació de 
la creencia de los católicos sobre la Eucaristía; imputación con- 
tra los Cristianos primitivos tan creída en el antiguo mundo, que 
por ella resonó mil veces el anfiteatro Romano con el grito: Chris- 
tiani ad hesitas, y quedó tan esparcida entre los gentiles del nue- 
vo mundo, que una de las razones que mas hacían valer muchos 
cuando la llegada de los Españoles, para dudar que fuesen Quet- 
zal? óhuatl 6 sus discípulos, era que no bebían sangre ni comían 
niños. 

Todos los ritos é historia de los Mexicanos están aludien- 
do tan claramente á ritos y pasages del antiguo y nuevo testamen- 
to, que los AA. españoles lo han notado á cada paso, y el via- 
je de los Mexicanos al Anáhuac es tan idéntico al de Israel por 
el desierto, que en la 1 "j edición de Torquemada, se suprimió, y 
para restituirlo en la 2 ^ véanse las salvas que tuvo que hacer el editor 
en, su prólogo. Por eso Mocteuhzoma habiendo oído toda la doc- 
tíina que produjo Cortés sobre la creación del mundo y religión 
Cristiana, le respondió, que estaban acordes en todo con la doc- 
trina de sus mayores, y el mismo Cortés escribe en su primera car- 
ta al Emperador Carlos V., que cuando emprendió derribar los 
ídolos le dijo el de México: nosotros con el transcurso del tiem- 
po habernos olvidado ó trastornado la doctrina de nuestro Señor 
Queizalcóhuatl, tú que vienes ahora de su Corte y la tendrás mas pre- 



(*) Nota á la páj 



723. 



XXVI. 

senté, ve diciendo lo que debemos tener y creer, y nosotros lo ha- 
remos todo. Por lo cual y otras muchas cosas, no cesa Acorta de 
decir, que estaba abierta la puerta para haber introducido el Evan- 
gelio en América sin ninguna efusión de sangre. 
b Pero vuelvo á decir, que los Españoles y misioneros em- 

peñados en no ver sino al diablo aun en las cruces, todo o en- 
diablaron sin escrúpulo; y recogiendo los ritos y creencias de as 
diferentes provincias, y por haber quemado as bibliotecas, inter- 
inándose del vulgo necio, que entre los católicos aana también de 
nuestra creencia una relación endiablada, hicieron una pepitoria in- 
soportable. Desde que los Españoles legaron a N. España, y so 
vieron incensar, y llamar teotU ó teuth, dieron en que .os teman 
por dioses, y oyendo esta palabra los misioneros aphcaa a ha; sta a 
los montes, todo se les volvió dioses y diosas. Podían reflecconar 
que ellos incensaban la imagen de su rey, & sus sacerdotes y a 
todos los que asisten á sus misas y oficios solemnes. Ent.e los 
Mexicanos se incensaba á los embajadores como personas sagra- 
das é inviolables, v por tales se dieron ellos. Llamáronles teoía por 
que así llamaban & sus magistrados y á los caballeros de sus 4 
órdenes militares, como puede verse en Torquemada, aunque ca- 
te escribe tecuchtli como Motecutzumtu á causa que la u es le- 
tra de saltillo como se esplican los filósofos Mexicanos, esto es, 
aspirada de tal suerte, qne parece sonar cu, y por eso para levan- 
tarla añaden una h: teuhtli: Moteuhzoma. (*) Pero teotl o teutl no 
«i^nifica Dios sino por antonomasia como Señor entre nosotros, y 
su significado es el de Señor. Aun es fracismo suyo para esphcar 
lo escelente en cada género: así al pimiento, que ellos llaman Uuli, 
ú es muy rico Human teo-ehili, y los mestisos, fraceando a su 
ejemplo en castellano para espresar, por ejemplo, un mulato que 
se levanta sobre su esfera dicen, que es un Señar mulato, un aguar- 
diente muy fuerte, Señor aguardiente &c. como en la Europa no- 
ble y gentil. Los Indios siempre que mentaban a Dios, era aña- 
diendo al teotlipanemohuani, el que da vida Ipalnemohualm^^ 
to es, el Señor por quien vivimos; que es la frase de fc. rao.o. 
in quo vivimus. movemur, et sumus. _ 

El que entrase en las Iglesias católicas sin entender su re- 
liaion y lengua, pensaría que tenemos tantos dioses como image- 



(*) Los misioneros escriben con Z este nombre, y todas ko pala- 
bras Mexicanas, concluyéndola S de su alrabeto. Pase el 7 y «por 
ser á veces la pronunciación del Tzade hebreo; pero es injusta c ce 
torunda la esc usion de la S. No es la Z Española la que pronun- 
cian los' Indios, sino uaa O silvada, que heredada de el ¡0S es k que 
pronuncian los criollos Mexicanos; á los cuales por eso en Castilla, 
juzgan Andaluces, y en Andalucía^ Castellanos 6 Portugueses. 



s§ 



XXVIÍ. 

ríes, y según las diferencias de nombres, figuras y advocaciones que 
damos á Cristo y su Madre, los multiplicaría á millares, y no du- 
daría atribuir divinidad á los Santos, viéndolos sobre los altares, de- 
dicados templos á su nombre, dados á ellos patronazgos de ciuda- 
des y villas, protección á cada uno contra ciertas enfermedades, 
para ciertas cosas, y á favor de ciertos gremios, con la circuns- 
tancia de que en tal parte su imagen es mas milagrosa que en 
otra. Con todo lo cual nos daría por idólatras estravagantes y des- 
atinados, y así lo_ hacen los protestantes; pues ni mas ni menos 
hicieron los Españoles con los indios: aunque al fin los misione- 
ros se fueron apercibiendo del error, y ya convenían, según Tor- 
quemada, en que á lo menos las diosas que ellos llaman de las 
aguas, no eran sino una, que es la mismn virgen mellizo, de que 
hemos hablado. 

Pero no la adoraban por Diosa, ni hubo tales diosas entre 
ellos; y así Torquemada á la misma ya llama dios, sin saber lo 
que se decía, pues los Indios distinguían muy bien á dios de los 
santos de los nombres, en las oraciones, y en el culto. El mismo 
dice, que solo se arrodillaban y postraban ante la representación de 
lezcatlipuca que era su mayor Dios, puro espíritu, y que á solo 
este, y á ningún otro, ni á Huitzilopochtli, le llamaban Titlacáhua; 
y que le dirigían esta oración: O dios todo poderoso, que dais vi- 
da á los hombres, que os llamáis Titlacáhua (esto es, cuyos es- 
clavos somos), hacadme esta tan señalada merced de darme todo 
lo necesario, y gozar de vuestra clemencia, suavidad y delectación- 
habed misericordia de mí, abrid las manos de vuestra piedad y usad- 
la con migo. Y dice en otra parte que todas sus oraciones termi- 
naban con Mayiuh, hágase así, como nosotros con amen. „Dicen 
de él, (prosigue,) que lo sabe y vé todo, y que da las enfermeda- 
des contagiosas en castigo de los pecados. Llamábanle Moyocayát- 
zin, el que hace cuanto quiere, porque á su voluntad no podia 
resistirse, y decían ser poderoso para destruir cielo y tierra. Llamá- 
banle telpúchtli que quiere decir joven, porque es eterno. Otros nom- 
bres tema este Tetzcatlipuca:" y se vé que todos significaban di- 
versos atributos de la divinidad: este mismo nombre significa, es- 
pejo resplandeciente, 6 donde todo se vé, speculum sine macula, co- 
rno llama á Dios la Escritura. 

Teo-Huitz-lopochtli, y no Huitzilopochtli, según interpreta 
torunda, es decir: el señor de la espina 6 herida en el costado 
izquierdo de quien le mira: y este dice Torquemada [tóm. 2. lib. 
i Cap ' 1 2í J, es el mismo Mecsi que trajo á los Aztecas, dándoles 
el nombre de Mecsicanos cuando les mandó ungirse la caras con 
cierto ungüento, como hemos dicho antes en una nota [*] y así 



{*) Pág\ 572, 



xxvnr. 

eelebraban su fiesta todos embijados y ungidos, prueba todo de 
que Mecsi significa ungido ó Cristo: por otro nombre Teo-tlalóc^ 
ó Señor del paraíso, y por otro Señor de la corona de espinas, co- 
mo está dicho. Los Tlaxcaltecas le llamaban Camaxtle ó Señor 
desnudo, como está en la Cruz. Tenia una en la mano formada 
con cinco globos de pluma, asi como se encuentrn. otra Cruz, pin- 
tada de finísimo azul con los cinco globos blancos, en la sierra ca- 
si inacceble de Meztitlan desde tiempo tan inmemorial, que por 
•tener al lado pintada la luna en Mexicano Meztli, dio nombre al 
lugar de Meztitlan, esto es, junto á la luna. Ya está dicho como 
aseguraban que tenia naturaleza humana y divina, y habia nacido 
de °una virgen santa y devota sin lesión de su virginidad, llama- 
da Coatlícue, que lo parió en el monte Coatépec de Tula, alusión 
todo á que fué dado á conocer en el tiempo de los Tultecas por 
Quctzálcóhuatl. Torquernada dice: „Tuvieron noticia de la Encar- 
nación, y lo esplicaban por una metáfora dicidiendo, que uno co- 
mo ovillo de plumas bajo del cielo, y poniéndolo ella bajo su cin- 
tura parió á Huizilopochtli ya hecho varón perfecto &ic^ Su ima- 
gen indicaba los mismos atributos que nosotros damos á Jesucris- 
to, y aun esplicada según Torquernada [toro. 2. lib. 6. cap. 21.] 
nada presenta que no sea digno de un Dios. 

Dios puro espíritu y Omnipotente, Dios hombre, y su ma- 
dre virgen, son los Tlaloquez, 6 dioses del tiempo de los Tulte- 
cas dados á conocer por Quetzalcóhuail, y añadiendo á este co- 
mo Santo y sus discípulos mártires, á esto viene á reducirse, si 
bien se esplica todo, toda la Mitología Mexicana, según hizo ver 
el Dr. Mier en su disertación paia la Academia de la historia, 
aunque los Españoles se han empeñado en hacer diablos, y aun 
en hallar los dioses de los Romanos. Esta comparación no me 
parece razonable, porque por ejemplo dice Torquernada: ,,que la 
diosa Tlazoltéotl corresponde á Venus, porque quiere decir diosa 
de la basura, y que de ella eran muy devotas las personas des- 
honestas; pero no era, dice (lib. 6 cap. 23.) porque patrocinase 
como la Venus antigua, sus impurezas, sino para tenerla propicia 
á fin de obtener perdón de este pecado". ¿Y qué tiene que ver 
esto con Venus?. La idolatría de los Mexicanos era mas limpia, 
jamas adoraron los vicios, ni á ninguno que los huviese tenido, di- 
ce Dávila Padilla, y dice bien. 

En fin, ¿por qué hemos de llamar idólatras y no cristianos 
á los Indios de Yucatán, que todos estaban bautizados en nombre 
de la Trinidad, y veneraban las cruces? ¿Por qué hemos de lla- 
mar idólatra al Emperador Netzahualcóyotl, que prohibió los sacri- 
ficios humanos, y levantó templos al Dios creador? Por qué hemos 
de llamar idólatras á los Totonacas y Mixtecas, que sobre estar 
bautizados, [como todos los Nahuatlatas y Mexicanos, ofrecidos por 



i 



eso á Quetzalcókuatl (*) desde esta ceremonia á los 8 dias de naci- 
dos] no ofrecian sacrificio ninguno humano, y adoraban á Tzen- 
téotl, que Torquemada ya llama Dios, ya Diosa, ya Dioses, y no 
quiere decir sino el verdadero Diosl 

El mismo dice, que este dios, que confunde con la To- 
jiacayóhua, prohibia y detestaba los sacrificios; y sus monges eran 
según él, los mas ejemplares, castos y penitentes, ocupados en es- 
cribir la historia: [tóm. 2. lib. 9. cap. 0.] ,,A esta diosa mira- 
han con suma reverencia, y sus respuestas tenían por oráculo di- 
vino, y mas que otros eran señalados los sacerdotes de su culto y 
servicio ; y que esta diosa no quisiese sacrificios de hombres, no 
sé que sea, ni tampoco lo entiendo, •porque esto de querer unos 
uno, y otros otro, son para mí adivinanzas." 

¿Qué ha de ser sino que había diferentes cultos y religio- 
nes, así como él mismo pone los religiosos observantes del orden 
de Quetzalcóhuatl, y estos rnonges del verdadero Dios, que llama 
en otra parte Coatlan 6 mellizos, los cuales no se juntaban con 
los demás ni para lavarse? Habla también fuera de los monges con- 
gregaciones seculares de Tezcatlipuca, Dios omnipotente, puro es- 
píritu, todo ejemplar y virtuoso; y cierto no se ecsortaria mejor en 
nuestro Cristianismo á las vírgenes destinadas á los monasterios, 
que se ecshortaba á las suyas en su ingreso al Orden de Quetzal- 
cóhuatl. Ved Torq. tom. 2. lib. 9. cap. 32. 

En México el verdadero Dios tenia templo aparte, y adon- 
de ahora está N. Señora de Guadalupe que es Tepeyácac [esto 
es lugar junto al cerro, el cual se llamaba Tunan ó de nuestra 
madre] habia templo sobre el cerrillo dedicado á la tzenteotenán- 
tzin, que se traduce así: la apreciable madre nantzin, que está en 
el cerro tépetl, es la madre del verdadero Dios tzentéotl. Su fies- 
ta principal se celebraba en el solsticio hiberno, dia de Stó. To- 
.rnás, y era tal ¡a devoción con ella, que nadie pasaba junto al 
cerrillo, según Torquemada, sin subir á ofrecer en su ara las flo- 
res que por allí podia hallar. 

Otro templo tenia la misma, como paüona de las aguas, 
(pues lo eran todos los Tlaloques venerados en los montes) en 
Otancapulco, y habiéndose en aquel templo salvado los Españoles 
de Cortés en la triste noche que salieron huyendo de México, 



(*) Habiéndose pasado al impresor 3 pequeñas notas en sus luga- 
res respectivos, las reúno aquí diciendo: que Quetzalcóhuatl estuvo en 
América 20 años cumplidos: que Huehuetlapallan adonde se fue quiere 
decir: muy grande á tierra de color; y que el P. Calancha copió en 
su lib. 2, uno de los letreros gravados en piedras, que habia antes de 
la conquista en el Perú, y yo presentaré á la Sociedad Real de Lon- 
dres por si lo puede interpretar. 



V-imiMxmansrw:i i~i? 



XXX. 

arribuyéndolo á milagro de la virgen, pusieron allí después, según 
Torquem. tom. 1. lib. 4. cap. 72. una imagen que llamaron Ntra. 
Sra. de las Victorias: (Acosta dice que del Socorro, por el que re- 
cibieron) y después llamaron de los Remedios. Como el Ayun- 
tamiento de México fué el que edificó la capilla, puso allí des- 
pués capellán, á pesar de los franciscanos que antes la custo- 
diaban. 

Quiero concluir con una noticia que puede interesar a Mé- 
xico, cuya plaza afea una capilla llamada de los Talavarteros, la 
cual escapó al decreto del 4? Concilio Mexicano para destruir 
todas las capillas pequeñas, porque se dijo haber tradiccion, de 
que allí se dijera la primera misa. Tal tradición es fabulosa: los 
primeros misioneros pusieron en varias esquinas ó encrucijadas de 
México Cruces, para que allí se reunieran los indios á rezar, y 
una de ellas estaba donde ahora la capiilita en cuestión, porque 
los franciscanos tuvieron su primer convento donde estalla cate- 
dral, para cuya erección vendieron el terreno pasándose a la casa 
de las aves de Moteuhzoma donde están. Los que vendian losa, 
ó talavera como allá dicen, tomaron devoción con la Cruz de Ta- 
cuba, á cuyo pie se reunian, y le hicieron un cercado de piedra: 
luego alcanzaron un jubileo, y para erigir la capilla que ahora ec- 
siste pidieron permiso á la Catedral, y sobre todo á la casa del 
estado de Hernán Cortés, de quien era el terreno. Esta casa, que 
debió de ayudar al costo, puso allí unas pinturas alusivas á los 
primeros sucesos religiosos dal tiempo de Cortés, y de allí nació 
la tal tradición; pues si hubiera preesisíido, se huviera hecho men- 
ción de ella en tales autos para motivar la fábrica de la capilla 
y colectar las limosnas necesarias. Ecsisten los autos en la secre- 
taria de la casa del Estado. Abajo pues con tal parche, que pega 
tan mal en tan magnifica plaza, (*) 



(*) La primera misa que se dijo en México, fué donde hoy se ve- 
nera una imagen de Ntra. Sra. de Guadalupe, á la espalda de Sta. 
Tereza la antigua, enfrente de la puerta del cuartel de los españo- 
les que estaba en la casa délos mascarones, que hoy es carrocería^ y 
antes palacio de Axayati padre de Moteuhzoma, que los hospedó en él. 
La misa primera que se dijo en Veracruz fué junto adonde ahora es- 
ta el baluarte de Santiago, inmediato al rio de Terroya: ó sea en la 
llanura de la escuela práctica de la artillería; antiguamente se venera- 
ba aquel lugar con una Cruz en cuya peana habia azulejos. En Goat- 
zacoalco ecsisten unas inscripciones que se atribuyen á Sto. Tomás. 
Me aseguran que se preparaba para irlas á observar y copiar el Dr. 
D. Miguel Valentín Cresa de Huamantla y que le impidió su marcha 
el habérsele nombrado diputado por Oaxaca al Congreso de la Union 
ea México. 





XXXI. 

Tal es la famosa Disertación del sabio P. Mier, que con 
razón se ha celebrado en Europa. Ruego ásus lectores que llaman- 
do á ecsamen todo cuanto ha dicho el P. Sahagun en los libros 
precedentes, hagan un cotejo con todas sus relaciones, y sin du- 
da hallarán en dicha Disertación, si no la verdad demostrada, á 
lo menos una cosa que se acerca á ella, y satisface y aquieta. Pa- 
rece quo se cae la venda de los ojos y se entra en el País de un 
mundo desconocido, penetrando por enmedio de los arcanos del an- 
tiguo Pueblo Mexicano. ¡Cuanto mas no abanzarían los eruditos en 
esta materia si tuviésemos á la mano la Clave historial del Lie. Bo- 
runda! Mucho se ha declamado contra la ignorancia y barbarie del 
St. Zumárraga, que privó á la historia de sus mas preciosos docu- 
mentos haciendo quemar los archivos de Tezcoco en la plaza del 
Tlaltelolco: ¿mas acaso es inferior la necedad de su succesor el Sr. 
Nuñez de Ilaro quitándonos de la mano la Clave de oro conque po- 
dríamos abrir el pequeño resto de la historia antigua que nos ha- 
bía quedado? Compárese siglo con siglo, y resultará mas vitupera- 
ble la conducta del Sr. Haro; siquiera Zumárraga era animado del 
loable deseo de estinguir la Idolatría que creyó estuviese consigna- 
da en los antiguos MS. de Tezcoco Pero Nuñez de Haro ¿qué creía 
en esta Clave que se tomó invadiendo la propiedad privada de Bo- 
runda? ¡Ah! vergüenza da decirlo,... creyó que podría por medio de 
ella persuadirse la venida de Stó. Tomás Apóstol, y los Españoles 
tenían por el mayor agravio qué ^e dijera que otros antes que ellos 
habian planteado y anunciado la religión de Jesucristo en este sue- 
lo: solo reconocían por sus Apóstoles á los Corteses, Pizarros y Al- 
varados, cuando la conducta criminal de estos demostraba á toda luz 
ó que la ignoraban de todo punto, ó que obraban directa y es- 
candalosamente contra ella. Tales desordenes produce siempre el 
odio á las naciones, y todo se sacrifica en las aras de este monstruo. 




279 



LIBRO CUARTO 

DE LA ASTROLOGIA JÜDÍCÍARÍA 
O ARTE ADIVINATORIA MEXICANA. 



INTRODUCCIÓN. 

Cosa muy sabida és, que los astrólogos lla- 
mados Genethliaci, tienen solicitud de saber la hora y 
punto del nacimiento de cada persona, lo cual sa- 
bido, adivinan y pronostican las inclinaciones natu- 
rales de los hombres por la consideración del sig- 
no en que nacen, y del estado y aspecto que enton- 
ces tenian los planetas entre sí, y con respecto del 
signo. Estos astrólogos ó adivinos, fundan su cien- 
cia en la influencia de las constelaciones y pla- 
netas, y por esta causa tolérase su adivinanza, y per- 
mítese en los repertorios que el vulgo usa, con tal con- 
dición que nadie piense que la influencia de la cons- 
telación, hace mas que inclinar á la sensualidad, y 
que ningún po3er tiene sobre el libre alvedrio. Los 
naturales de esta nueva España, tuvieron y tienen 
gran solicitud en saber el dia y hora del nacimien- 
to de cada persona, para adivinar las condiciones, 
vida y muerte de los nacidos. Los que tenian es- 
te oficio, se llamaban Tonalpouhqui, á los cuales acu- 
dia como á profetas, cualquiera á quien les nacía hijo 
ó hija, para informarse de sus condiciones, vida, y 
muerte. Estos adivinos no se regían por los signos 
ni planetas del cielo, sino por una instrucción que se- 
gún ellos dicen, se las dejó Quctzakoatl, la cual con- 
. tiene veinte caracteres multiplicados trece veces, por 
el modo que en el presente libro se contiene. Esta ma- 
Tóm. I. 42 



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:^__„ 



280 

nera de adivinanza, en ninguna manera puede ser lí- 
cita, porque ni se funda en ia influencia de las es- 
trellas, ni en cosa ninguna natural, ni su círculo es 
conforme al círculo del año, porque no contiene mas 
de 260 días, los cuales acabados, tornan al princi- 
pio. Este artificio de contar, ó es arte de nigromán- 
tico, ó pacto, ó fabrica del Demonio; (a) lo cual con 
toda diligencia se debe dasarraigar. 



(a) No daba mas de si á los españoles el siglo diez y seis, — 
D. Carlos Sigüenza y Góngora escribió posteriormente el arte adi- 
vinatorio de los indios. Sin pretender formarla apología de estos en 
esta materia, acordémonos de que todas las naciones han tenido es- 
te mismo flanco: el hombre inquieto por saber lo futuro, se ha echado por 
el mundo ideal, y de ahí es averiguarlo, y ha cometido infinitos absurdos. 
¡Cuanto no escribió sebre la materia Cicerón! solo la religión de Jesu- 
cristo ha ensenado al hombre á moderar sus deseos en esta presen- 
te vida, y^ á vivir con confianza. Apesar de esto y de los castigos que 
en España impuso la Inquisición contra los Agoreros Gitanos, bien 
sabemos el abuso que hácian de la adivinación, y aun corre en ma- 
nos del vulgo el Lunario Perpetuo, libro harto despreciable. La 
adivinación induce al fatalismo, y por eso debe despreciarse: todas 
las acciones del hombre parten de su voluntad que es libre para 
hacerlas; es verdad que influye el clima y la organización, y el 
influjo físico y recíproco del alma con el cuerpo; pero el hombre es 
superior, y mas si invoca los ausilios de la gracia para distraerse del 
mal obrar, Los legisladores no han perdido de vista principalmente en 
estos últimos tiempos estas observaciones, para agravar las penas 
por unos mismos delitos en ciertos países y climas- Por iguales prin- 
cipios es peligroso el sistema de Cráneos del Dr. Gall, aunque es 
admüable. Todo nos hace reconocer con humildad profunda nuestra 
miseria, é invocar el áusilio de Dios para contenernos, y que no 
nos deje de su mano; por igual motivo David le pedia que en- 
clavase sus carnes con su santo temor.... Cvnffixe timore tuo car- 
nes meas, y S. Pablo decia que estábamos tan viciados, que no- 
sotros por nosotros mismos no éramos capaces ni aun de tener un 
solo pensamiento bueno. Esta doctrina era desconocida á Jos indios, 
pues su descubrimiento apenas estaba reservado al evangelio. Los 
signos del Zodiaco que admitimos, solo es en el concepto de que 
son unas divisiones metafísicas para fijar ios locales de la esfera ce- 
leste que es inmensa en su estencion, y no confundirnos para des. 
cribir el_ curso y revoluciones de los astros, sobre todo de los co- 
metas. No de otro modo describimos los reinos, provincias y luga- 



AL SINCERO LECTOR. 



281 



Tienes en el presente volumen, amigo Lector, 
todas las fiestas movibles del año por sa orden, y 
las ceremonias, sacrificios, regocijos y supersticiones 
que en ellas se hacian, donde se podrá tomar indi- 
cio y aviso para conocer si ahora se hacen del to- 
do ó en parte, aunque por no saber ei tiempo en 
que se hacen por ser movibles, será dificultoso de 
caer en ellas. Tienes también mucha copia de len- 
guaje tocante á esta materia, entre ellos bien trilla- 
da, "y á nosotros bien oculta: hay ocasión en esta 
materia de congeturar la habilidad de esta gente 
porque se contienen en eila cosas bien delicadas, co- 
mo en la tabla que está, y al fin del libro se aparece. 



II 



res en la geografía. La adivinación de los antiguos Profetas era 
muy diversa de esta; Dios habló á los hombres de muchas mane- 
ras, ó en visiones, y en éxtasis, ó en sueños.... Si quis fuerit inter 
vos Profeta Domini in visione apparebo eí, vel per somniun loquar 
ad illum... Esta fué una regla general de que solo fué esceptuado 
Moyses que tuvo la dicha de hablar íi Dios boca á boca, 6 sea con 
un cuerpo aparente como disputan los teólogos según aquella otra 
sentencia que dice... JVo me verá el hombre y vivirá; ya por la gran- 
deza de tan sublime objeto; ya por la debilidad de nuestros órganos» 

# 



282 



LIBRO CUARTO. 



De la astrologia judicíaria, 6 arte de adivinar que estos 
mexicanos usaban para saber cuales dias eran bien afor- 
tunados, y cuales mal afortunados-, y que condiciones ten- 
drían los que nacían en los dias atribuidos á los carac- 
teres, ó signos que aquí se ponen, y parece cosa de m- 
grománcia, y no de astrologia. 



CAPITULO I. 

Del primer signo llamado Cecipactli, y de la buena for- 
tuna que tenían los que en él nación, así hombres como 
mugeres, si no la perdían por su negligencia, ófloxedad. 



quí comienzan los caracteres de cada dia que 

contaban por trecenas: eran trecenas en cada se- 
mana y hacian un círculo de doscientos sesenta dias 
y después tornaban al principio. El primer carácter 
se llama Cipactli, que quiere decir un espadarte, que 
es pez que vive en la mar, y es principio de todos 
los caracteres, que hacen y cuentan cada dia has- 
ta que hacen un círculo de doscientos sesenta, y co- 
mienza la cuenta de los dias dando á cada ca- 
rácter trece dias, que se llama año de los caracte- 
res. El primer dia de los trece es del primer carác- 
ter que se llama Cipactli: el segundo de otro carác- 
ter que se llama Acatl, que quiere decir caña. El ter- 
cero día es de otro carácter, que se llama Calli. que 
quiere decir casa. El cuarto dia es de otro carácter 
que se llama Cuetzpalin, que quiere decir lagartija. El 
quinto día es de otro carácter que se llama Coatí 
que quiere decir Culebra. El sesto dia es de otro ca- 
rácter que se llama Miqmztli, que quiere decir muer- 



283 
te. El sétimo dia es de otro carácter, que se llama 
Mazatl que quiere decir ciervo. El octavo dia es de 
otro carácter que se llama Tochtli, que quiere decir 
conejo. El noveno dia es de otro carácter que se lla- 
ma M, que quiere decir agua. El décimo dia es de 
otro carácter, que se llama Uzomatli, que quiere de- 
cir mona. El undécimo dia es de otro carácter que 
se llama Itzcuintli que quiere decir perro. El duodé- 
cimo dia es de otro carácter, que se llama JWa/iwo/í, 
que quiere decir heno [ó retorcedura.] El decimotercio 
dia es de otro carácter que se Ikma Acatl, que quiere 
decir caña. Estos trece dias decian que eran bien afortu- 
nados, que el que nacia en cualquiera de ellos, que si era 
hijo de principal, seria señor, ó senador y rico, y si 
era hijo de baja suerte, y de padres pobres, sena 
valiente y honrado, y acatado de ; todos, y tendría que 
comer; y si era hija la que naciera en cualquiera de 
los trece dias seria rica, y tendría todo cuanto era 
menester para su casa, para gastar en comida y be- 
bida, para hacer convites, para bailar y danzar en su 
casa, y dar comida y bebida, á los pobres y viejos 
y huérfanos, que no tenían con que vivir, y sería 
todo próspero lo que hiciese por su trabajo para 
ganar la vida, y no se le perdería cosa ninguna del 
trabajo, y sería hábil para vender todas las mercade- 
rías, y ganar todo cuanto pudiese: y mas decian, que 
aunque en naciendo una criatura tuviese carácter bien 
afortunado, si no hacia penitencia, y si no se casti- 
gaba, y no sufría los castigos que se le hacían, y 
las palabras celosas que se le daban; y si era de ma- 
la crianza, ni andaba en camino derecho, perdería to- 
do cuanto había merecido por el buen signo en que 
nació. El mismo se menospreciaría, y cegaría, y aun 
si fuese amancebado perdería la buena fortuna que 
tenía, y así se empobrecería, y no tendría que comer 
y beber, sino gran trabajo en toda su vida, por- 
que él mismo buscó la mala ventura, por su bella- 



wm 



284 

quería; siendo desobediente y soberbio, y descuidado, 
y en ninguna parte hallaría contento, y siempre ten- 
drá pobreza y mala ventura, y todos le menospre- 
ciarían, y todos le tendrán en nada, y nadie le ten- 
dría por amigo, y andaría solo y nadie le querría bien, 
sino en todo lugar le querrían mal, y todos le malde- 
cirían, y sería odioso á todos; y mirarle han con ma- 
los ojos, por ser público pecador, y todos le malde- 
cirán por ser soberbio, y vagamundo, y por andar 
perdido y desobediente, á lo que se le mandará y 
aconsejaran, y porque no curaba de la buena crian- 
za. Y la criatura que nacia en buen signo decían 
los padres, y madres, nuestra criatura es bien afortu- 
nada y tiene buen signo que se llama Cipactli: luego 
le bautizaban y le daban el nombre del signo llamán- 
dole cipac, ó le daban otro nombre de los felices 
&c. Y si les parecia pasaban el bautismo á otro día, 
que fuese de mejor fortuna dentro del mismo signo. 
Y si la criatura que nacia era varón, cuando le bau- 
tizaban hacíanle una rodela pequeña con cuatro sae- 
tillas, y ataban á ellas el ombligo, y dábanlo todo 
junto á los soldados para que lo llevasen al lugar de 
la pelea, y allí lo enterraban; y si la criatura que 
nacia era muger cuando la bautizaban le ponían en 
el lebrillo todas las alhajas de muger, con que hi- 
lan, y tejen, porque la vida de la muger es criar- 
se en casa, y estar y vivir en ella. El ombligo en- 
terrábanle junto al hogar, y esta astrología, ó nigro- 
mancia fué tomada y hubo origen de una muger que 
se llamaba Oxómoco, y de un hombre que se lla- 
maba Alpactonál, y los maestros de esta astrología, ó 
nigromancia, que contaban estos signos que se lla- 
maban Tonalpouhquc, pintaban á esta muger Oxómoco 
y á este hombre Cipactonal, y los ponían en medio 
de los libros donde estaban escritos todos los carac- 
teres de cada dia, porque decían que eran señores 
de esta astrología 6 nigromancia, como principales 



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astrólogos, porque la inventaron é hicieron esta cuen- 
ta de todos los caracteres. 

CAPÍTULO II. 

Del segundo signo llamado Occlotl, y de la mala for- 
tuna que tenían los que en él nacían, así hombres como 
mugeres, si con su buena diligencia no se remediaban. Los 
que en este signo nadan por la mayor parte eran es- 
esclavos • 

El segundo carácter que se llama Ocelotl, que 
quiere decir tigre, el cual reinaba por trece dias, de- 
cían que era signo mal afortunado, que todos los 
trece dias que gobernaba este Ocelotl tenia la prime- 
ra casa, ó dia: la segunda tenia Cuauhtli, que quiere 
decir águila: la tercera tenia Cozquacauhquc, que quie- 
re deci? otro pajaróte que así se llama: la cuarta tenía 
O/mi, que quiere decir novimiento: la quinta tenia Tecpatl, 
que quiere decir pedernal: la sesta tenia Quiavitl, que 
quiere decir lluvia: la sétima tenia Xuchitl, que quie- 
re decir flor: la octava tenia Cipactli, que quiere de- 
cir espadarte: la nona tenia Checatl, que quiere decir 
viento: la décima tenia Calli que quiere decir casa: 
la undécima tenia Cuetzpalli, que quiere decir lagar- 
tija: la duodécima tenia Coatí, que quiere decir culebra: 
la decimatercia Miquiztli, que quiere decir muerte. 
Cualquiera que nacía; ora fuese noble, ora plebeyo 
en alguna de las dichas casas, decian que habia de 
ser cautivo en la guerra, y en todas sus cosas ha- 
bia de ser desdichado y vicioso, y muy dado á mu- 
geres; y aunque fuese hombre valiente, al fin se ven- 
derla él mismo por esclavo, y esto haría porque era 
nacido en tal signo; mas decian, que aunque fuese 
nacido en tal signo mal afortunado, remediábase por 
la destreza, y diligencia que hacia por no dormir mu- 
cho, y hacer penitencia de ayunar y punzarse, sacan- 



vm ¡ n.uuw.i 




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286 
do la sangre de su cuerpo, y barriendo la casa don- 
de se criaba, y poniendo lumbre; y si en despertan- 
do iba luego á buscar la vida acordándose de lo 
que adelante habia de gastar si enfermase, ó con que 
sustentase á sus hijos, y si fuese cauto en las mer- 
cadurías que tratase, y también se remediaba si era 
entendido, y obediente; y si sufria los castigos ó in- 
jurias que le hacian sin tomar venganza de ellas. Lo 
mismo decían de la muger que nacia en este signo, 
que sería mal afortunada: si era hija de principal, 
sería adúltera, y moriría estrujada la cabeza entre dos 
piedras, y viviría muy necesitada y trabajosa, en es- 
tremada pobreza, y no seria bien casada, porque de- 
cían que nació en signo mal afortunado, que se lla- 
maba Ocelotl. La cuarta casa de este signo se llama- 
ba Oiin: decía que era signo del sol, y le tenían en 
mucho los señores, porque le tenían por su signo, y 
le mataban codornices, y ponían lumbre, é incienso 
delante de la estatua del sol, y le vestían un pluma- 
ge que se llama cuetzaltonamelutl, y al medio dia ma- 
taban cautivos, y el que nacia en este dia era in- 
diferente su ventura buena ó mala; si era varón se- 
ría hombre valiente, y cautivaría enemigos, ó mori- 
ría en la guerra, porque decían que en tal signo na- 
ció; y todos hacian penitencia, chicos, hombres y mu- 
geres, y cortaban las orejas y sacaban la sangre á 
honra del sol: decían que con esto se recreaba este 
astro. La sétima casa de este signo se llamaba Xw- 
chiíl decían que era indiferente, bien y mal afor- 
tunado, y especialmente los pintores honraban es- 
te signo, y le hacian una estatua, y le daban ofren- 
das, y también las mugeres labranderas honraban es- 
te signo, y ayunaban ochenta, ó cuarenta, ó veinte 
dias antes que llegasen á la fiesta de este signo Xu- 
chitl, por razón de que le pedían que les diese, y fa- 
voreciese en sus labores de bien pintar, y las mu- 
geres, de bien labrar, y bien teger, y ponían lumbre 



wiAi i nmrvKf uf 



é incienso, y mataban codornices delante de la es- 
tatua, y en pasando el ayuno todos se bañaban pa- 
ra celebrar la fiesta del dicho signo Chicomexuchitl, y 
decian, que este signo era también mal afortunado, 
que cualquiera muger labrandera, que quebrantaba el 
ayuno le acaecía, y merecia, que fuese mala muger 
pública: y mas decian, que las mugeres labranderas (hoy 
bordadoras) eran casi todas malas de su cuerpo, por ra- 
zón que hubieron el origen de labrar de la diosa Xuchigue- 
zatl, la cual las engañaba, y esta diosa también las da- 
ba sarna, bubas y otras enfermedades contagiosas, 
y la que hacia la penitencia á que era obligada, y 
merecia ser muger de buena fama y honrada, se- 
ria bien casada; y mas decian que cualquiera que 
nacia en el dicho signo Xuchitl, sería hábil para to- 
das las artes mecánicas si fuese diligente y bien 
criada, y sino lo fuese y entendido, tampoco no 
merecia buena fortuna, sino desventuras y des- 
honras. La nona casa de este signo dcatl es 
mal afortunada, pues que cualquiera que nacia en aquel 
dia era mal desgraciado porque su vida sería como 
viento que lleva consigo todo cuanto puede, quiere 
ser algo, y siempre es menos, quiere medrar, y siem- 
pre desmedra, tienta de tomar oficio, y nunca se sa- 
le con nada; aunque sea hombre valiente, ó soldado 
no hay quien se acuerde de él, todos le menospre- 
cian, y ninguna cosa que intenta tiene muy buen su- 
ceso, y con ninguna cosa que emprende se sale. 

CAPITULO ííí. 

Del tercer signo llamado Ccmacatl, y de la buena fortu- 
na que tenían los que en él nacían, así hombres como mu- 
geres, si por su negligencia no la perdían. 

El tercer carácter se llama Cemacatl, el cual 
gobernaba por otros trece dias. Este signo (Ccmacatl) 
Tom I. ' 43 



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288 

tenia la primera casa, 6 dia: la segunda tenia tochtli: la 
tercera tenia ath la cuarta tenia Itzcuintli: la quinta 
tenia ozomatli: la sesta tenia malinali: la sétima tenia 
acaíh la octava tenia oceloth la nona tenia guauhfli: la 
décima tenia cozcaquauhtli: la undécima tenia olin: la 
duodécima tenia tecpatk la décimatercia tenia giñya- 
huitl Todos los dichos trece dias decían que unos eran 
bien afortunados, y otros por el contrario, como pa- 
recerá por la declaración de ellos. Decian que cual- 
quiera que nacía,. siendo hijo de principal en el di- 
cho signo, sería también noble y principal, tendría 
que comer y beber, y con que dar vestidos á otros, 
y á otras joyas y atavíos; y si nacia un hijo de hom- 
bre de baja suerte en aquel dia, decian que sería 
bien afortunado, y que merecía ser hombre de guer- 
ra, y sobrepujaría á todos de su manera, y sería 
hombre de mucha gravedad, y no cobarde ni pusi- 
lánime; y si nacia hembra en aquel dia, siendo hija 
de noble, ó de hombre de baja suerte, lo mismo me- 
recía, ser bien afortunada, varonil y animosa, y no 
daria pesadumbre á sus padres; y mas decian, que 
cualquiera que nacia en este signo Ccmacatl, era te- 
meroso, y de poco animo y pusilánime, pues cuando oía 
tronidos, relámpagos y rayos, no los podría sufrir sin 
gran miedo, y se espantaría, y alguna vez le acon- 
tecería, que moría del rayo aunque no lloviese, ni 
huviese nublado, ó cuando se bañaba ahogaráse, y le 
quitarían los ojos y uñas algunos animales del agua, 
porque decian que nació en tal signo Cemacatl, por- 
que es natural del ciervo ser temeroso, y el que 
nacia en este signo era temeroso demasiadamente; 
y los padres como sabian el signo donde habia na- 
cido, no tenían cuidado, por tener por averiguado 
que habia de parar en mal, y en este dicho sig- 
no decian que las diosas que se llamaban Cioate- 
teu descendían á la tierra, y les hacían fiesta, y las 
daban ofrendas y vestían con papeles á sus estatuas. 



flai e lanmvwK t i. 



CAPÍTULO IV. 

De la segunda casa de este segno que se llama Umetoch- 
tli, en la cual nacían los borrachos. 

La segunda casa ó día de este signo se lla- 
maba Umetochili: decian que cualquiera que nacia en. 
este signo sería borracho, inclinado á beber vino, y 
no buscaría otra cosa sino el vino, y en despertan- 
do á la mañana lo bebería, solo anciaría por 
embriagarse , y asi cada día andaría borracho 
y aun lo bebería en ayunas, y ea amaneciendo lue- 
go luego, iría á las casas de los taberneros pidiera 
doles por gracia de beber, y estos tales no pueden 
sosegar sin beber, y no les hace mal, ni les da 
asco aunque sean heces del vino, con moscas y pa- 
jas pues así lo beben, y si no tienen conque comprarlo, 
con la manta ó el maxtle que se visten, mercan el licor, 
y asi después vienen á ser pobres, y no pueden de- 
jar de beber, ni lo pueden olvidar, ni un solo 
dia pueden estar sin emborracharse, y andan cayén- 
dose llenos de polvo y bermejos, y todos espeluza- 
dos, descabellados y muy sucios, y no se lavan la 
cara aunque se caigan, lastimándose é hiriéndose en 
ella, ó en las narices, ó en las piernas ó rodillas, ó 
se les quiebran las manos 6 los pies &c: no los tie- 
nen en nada aunque estén llenos de golpes y heridas 
de caerse, por andarse borrachos, ni se les da nada, y 
tiémblanles las manos, y cuando hablan no saben !o que 
dicen, hablan como borrachos, y dicen palabras afren- 
tosas é injuriosas, reprendiendo y difamando á otros 
y dando ahulíidos y voces, y diciendo que son hom- 
bres valientes: y andan bailando y cantando á voces y 
á todos menosprecian, y no tienen cosa ninguna, y ar- 
rojan piedras, y todo lo r»ue se les viene á las manos 
y andan alvorotando á toi s, y en las calles impiden y 
estorban, á los que pasan, y hacen ser pobres á sus 









■I 

11 






290 

hijos, y los espanta y ahuyenta, y no se echa á dor- 
mir quietamente, sino que anda inquieto hasta que se ha 
cansado, y no se acuerda de lo que será necesario 
en su casa, para hacer lumbre, y para las otras co- 
sas que son menester; mas solamente, procura de 
emborracharse, y así está su casa muy sucia y lle- 
na de estiércol, y polvo ó salitre, y no hay quien la 
barra y haga lumbre: su casa está obscura con po- 
breza, y no duerme en ella, sino en casas agenas, 
y no se acuerda de otra cosa sino de la taberna, 
y cuando no halla el vino, y no lo bebe, siente gran 
pesadumbre y tristeza, y anda de acá para allá bus- 
cando el vino; y si en algunas casas entrando están 
algunos borrachos bebiendo vino, huélgase mucho, y 
reposa su corazón, y asiéntase reposando y holgándo- 
se con los borrachos, y no se acuerda de salir de 
allí, y si le convidan^ á beber el vino en algu- 
na casa, luego se levanta y de buena gana va 
corriendo, porque ya ha perdido la vergüenza, y es 
desvergonzado y no teme á nadie; por esta causa to- 
dos le menosprecian por ser hombre infamado pú- 
blicamente, y todos le tienen hastío y aborrecimien- 
to; nadie quiere su conversación porque confunde to- 
dos los amigos, y ahuyenta á los que estaban juntos 
y dejanlo solo, porque es enemigo de los amigos, y 
dicen que nació en tal signo que no se puede re- 
mediar, y todos desesperan de él diciendo que se 
ha de ahogar en algún arroyo ó laguna, ó se ha 
de despeñar en alguna barranca, ó le han de ro- 
bar algunos salteadores todo cuanto tiene, y está 
desnudo, y demás de esto, hace el borracho muchas 
desvergüenzas, como de echarse conmugeres casadas, ó 
hurtar cosas agenas, ó saltar por las paredes, ó ha- 
cer fuerza á algunas jóvenes ó retozar con ellas, 
y hace todo esto porque está boracho y fuera 
de su juicio, y en amaneciendo cuando se levan- 
ta, tiene la cara hinchada y disforme, y no pa- 



■ 



291 
rece persona: anda siempre voceando, y al que 
no es muy dado al vino, hácele mal cuando se 
emborracha, y hácele mal á los ojos y í. la ca- 
beza, v no se levanta; mas duerme todo el día, y no 
tiene sana de comer, sino mucho hastío de ver la co- 
mida, y con dificultad vuelve en si. (a) 

CAPITULO V. 

De diversas maneras de borrachos. 

Mas decian, que el vino se llama centzontotoch- 
tli, que quiere decir cuatrocientos conejos, porque tie- 
nen muchas y diversas maneras de borrachería: a al- 
JunoTboraclfos por razón del signo en que .nación, 
él vino no les es perjudicial ó contrario. En embor- 
rachándose luego se caen dormulos ó pénense cab.z- 
bak^ asentado! y recogidos: ninguna travesura hacen 
n. ' dicen Zol comienzan a llorar tristemente y a 
sollozar, / córvenles las lágrimas por ta .ojos como 
hilos de agua. Otros luego comienzan a ^ant *u 
y no quieren parlar n. oír cosas de buras, .•«"«*« 
lamente reciben consolación en cantar Otros, borra- 
chos no cantan, sino luego comienzan Pf¡\¡J 
hablar consigo mismo, ó á infamar a otros, , o decir 

algunas desvergüenzas c° ntl ^ uno ^ V"^™- 
decir ser de los mas principales honrados, y me 
nosprecian á todos, y dicen afrentosas palabras, y a l 
zanse v mueven la cabeza, diciendo que son ricos, y re 
nrendiendo á otros de pobreza, y estimándose mucho, 
como soberbios y rebeldes en sus palabras, y hablan- 
do recia y ásperamente, moviéndolas piernas y dan- 

. descripción de les demás caracteres en nada cede a S 



: 






Eiíí 









292 
do de coces; y cuando están en su juicio, son como 
mudos y temen á todos, son temerosos y escúsanse 
con decir, estaba borracho, no sé lo que me dije; sospe- 
chan mal, y hácense sospechosos y mal acondiciona- 
dos: entienden las cosas al revés, y levantan falsos 
testimonios á sus mugeres, diciendo que son malas 
&c, y si alguno habla, piensa que murmura de él; 
si alguno rie, piensa que se burla de él, y así riñe con 
todos sin razón, y sin tener por qué. Esto hace por- 
que está trastornado del vino; y si es muger la que 
se emborracha, luego se cae asentada en ef suelo, en- 
cogidas las piernas, y algunas veces estiéndelas en 
el suelo, y si está muy borracha, desgréñase los cabe- 
llos^ está toda desmechada, y duérmese teniendo re- 
vueltos todos los cabellos &c. Todas estas maneras 
de borrachos ya dichos, decian que aquel borra- 
cho era su conejo, ó la condición de su borrachez, 
ó el demonio que en él estaba. Si algún borracho se 
despeñó ó se mató, decian aconejóse, y porque el vi- 
no es de diversas maneras, le llaman centzontoíochtl, 
que son cuatrocientos conejos, como si dijesen, que 
el vino hace infinitas maneras de borrachos; y mas de- 
cian, que cuando entraba el signo Umetochtli hacian 
fiesta al dios principal de los dioses del vino, que se 
llamaba Izquitecatl. También hacian fiesta á todos los 
dioses del vino, y ponian una estatua en el Cu, y 
dábanle ofrendas, y bailaban, y tañianle flautas, y de- 
lante de la estatua ponian una tinaja hecha de pie- 
dra que se llama umetochtecomatl llena de vino, con 
unas canas conque bebian los que venían á la fies- 
ta, y aquellos eran viejos y viejas, hombres valientes 
soldados, y hombres de guerra los que bebian vino 
de aquella tinaja, por razón deque algún dia serían cau- 
tivos de los enemigos, ó ellos estando en lugar de 
la pelea, tomarían cautivos de sus contrarios, y así 
andaban holgándose bebiendo vino, y el vino que 
bebian nunca se acababa, porque los taberne- 



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ros á cada rato echaban vino en la tinaja. Los 
que llegaban al íianquiztli, donde estaba la es- 
tatua del dios Izquitecatl, y también los que nueva- 
mente horadaban los magueyes, y hacían vino nuevo 
que se llamaba vitztli, traían el vino con cántaros, 
y echaban en la tinaja de piedra; y no solamente 
hacían esto los taberneros en la fiesta, sino que ca- 
da dia lo hacían así, porque era tal la costumbre 
de ellos, 

CAPITULO VI. 

De las demás cosas de este signo, unas prósperas, otras 
adversas, y otras indeferentes. 

La tercera casa de este signo se llama Ciatl: 
decían que era indiferente, bien ó mal afortunada 
porque cualquiera que nacía en este día, sería rico 
v próspero, y tendría mucha hacienda, que ganaría 
por su trabajo, y que lo perderla presto, y se des- 
haría como agua, ó como cosas que lleva el no, y 
nunca saldría con nada, ni tendría reposo m conten- 
to, todo se le desharia entre las manos, y todo su tra- 
bajo saldría en vano. La cuarta casa de este signo 
se llama JYavictzcuintU: decían que cualquiera que na- 
cía en esta casa, sería rico y venturoso, y tendría 
que comer y beber, aunque no trabajase un solo día, 
ni sabría de donde le venia lo que comía, en cual- 
quiera casa se hallaría contento en todo el día, y 
aun ganaría algo para sustentación de sus hijos, y asi 
estando descuidado, se le viene lo que ha de comer, 
V no sabe de donde, y de que manera se hace es- 
to: aunque trabaje poco gana algo para sustentarse; 
v mas decían, que si el que nacía en este signóse 
daba á criar perritos, todos cuantos quisiese criar se 
le multiplicarían y los gozaría, y sería rico en ellos, 



9 







294 

porque era grangeria que se usaba, (a) y decían que 
era de un mismo signo él, y ellos, y unos vende y 
otros se le nacen, y con ellos ganaba ropas, que 
se llaman quachtli, y se hacia rico del precio de los 
perros, porque era costumbre antiguamente comer los 
perros, y venderlos en el mercado; y los que los cria- 
ban traían al mercado muchos perros, y los compra- 
dores, á su placer y contento, buscaban el que era 
mejor, ó de pelo chico, ó de pelo largo. Cuando ven- 
dían estos perros en el tianquiztH unos ladraban, y otros 
carleaban, y los ataban los hocicos porque no mordie- 
sen; y cuando los mataban, hacían un hoyo en la tier- 
ra, y metían en él las cabezas de los perros y los aho- 
gaban, y el dueño del perro que le vendía, poniale 
un hilo de algodón flojo en el pescuezo, y alhagábaíe 
trayéndole la mano por el lomo, diciéndole: aguár- 
dame allá, por que me has de pasar los nueve rios del in- 
fierno-, y algunos ladrones mataban estos perros, ar- 
mándolos con lazos. La quinta casa de este signo, se 
llama Macuilocomatli: decían que el que nacia en es- 
ta casa, era inclinado á placeres, regocijos y chocar- 
rerías, y que con sus clonayres y truhanerías, daría 
contento y alegría á los que le oyeran, y diría do- 
nayres y gracias sin pensarlos: decian que esto te- 
nían por razón del signo en que había nacido. La ses- 
ta casa de este signo se llama Chicucenmalinaüi: de- 
cian que era casa mal afortunada, porque los que 
en ella nacían, vivían siempre en pobreza y trabajos, 
y sus hijos todos morían y ninguno se lograba, y ve- 
nían á tanta bajeza estos, que se vendían por escla- 
vos. La sétima casa de este signo se llama Chicomeü' 
catl: decian que era bien afortunada, y los que en 
ella nacían serían ricos, y que cualquiera cosa que 

(a) Eran perritos castrados de carne muy sabrosa de comer, y 
suplían por carnero?: los glotones españoles acabaron de todo pun- 
to con la raza, (dice Clavijero.) 



! 



295 
emprendiesen, tendría próspero suceso: la octava ca- 
sa se llama Chicuey-oceluth la novena, Echkonaviquia- 
vil: y la décima Matlactli-olin: y la undécima Matlac- 
tli ocecozcacuauhtli: y la duodécima, Matlactli-omome- 
tecpatl: todas estas casas decian que eran mal afor- 
tunadas, y los que en ellas nacían ninguna buena ven- 
tura tendrían. A" la décimatercia casa de este signo, 
llamaban Matlactliomey-quiavitl: decian que era ventu- 
rosa por ser la casa postrera de todas las del sig- 
no, y decian que todos los que en ella nacian, así 
hombres como raugeres, serían ricos y muy abastados 
de las cosas necesarias y de larga vida, y llegarían 
á la vejez por haber nacido en la casa postrera del 
¡signo. 

CAPITULO VIL 



Del cuarto signo llamado Cexuchitl: los hombres que na- 
dan en él decian que eran alegres, ingeniosos, inclinados 
á la música, á placeres y decidores; y las mugeres, gran- 
des labranderas y liberales de su cuerpo, [a] si se descui- 
daban. Decian ser este signo indiferente, á bien, y á mal. 

El cuarto signo se llama Cexuchül, y tiene tre- 
ce casas: este Cexuchitl tenia la primera casa: la se- 
gunda tenia Umecipactli: la tercera tenia Yexecatl: la 
cuarta Navicalli: la quinta Manuilli-cuezpalli: la sesta Chi- 
cucencoatl: la sétima Chicomemiquiztli: la octava Chicui^ 
macatl: la novena Chiconauitochtli: la décima Matlacth 
atl: la undécima Matlactli oceitzcuintli: la duodécima Ma- 
tlactli omoneazomatli: la décimatercia Matlactliomeymali- 
nali: todas estas casas tenian por mal afortunadas. Tam- 
bién decian que eran indiferentes, y que cualquiera 
que nacia en ellas ó en alguna de ellas, ora fuese 

(a) Muchas nacan bajo de este signo en México, y no pocas 
se descuidan- 



Tom. I 



44 






■■:■ 



29G 

noble, ora fuese popular, sería truhán, chocarrero y 
decidor: su ventura sería su consolación, y recibiría 
gran contento en estas cosas, si fuese devoto á su 
signo; y si no lo tenia en nada, aunque fuese can- 
tor ú oficial, y tubiera de comer, hacíase soberbio, 
desdeñoso, mal acondicionado y presuntuoso, y no te- 
nía en nada á los mayores, ni á los iguales, ni á los 
viejos, ni á los mozos, pues con todos hablaría con 
soberbia y con desden. Á este tal todos le tienen por 
desatinado, y dicen que Dios le ha desamparado, y 
que por su culpa ha perdido su ventura, y así todos 
le menosprecian; y él viéndose menospreciado de to- 
dos, de pena y congoja cae en alguna enfermedad, 
y con ella se empobrece y se hace solitario, olvi- 
dado de todos, -y desea su muerte y ansia por salir 
de esta vida, porque nadie le vé, ni visita, ni hace 
cuenta de él, y todo cuanto tiene se le deshace co- 
mo la sal en el agua, y muere en pobreza que ape- 
nas tiene conque amortajarse; y esto le acontece por 
ser indevoto y nial agradecido á su signo, y por ir 
tras sus malas inclinaciones, desgarrándose y despe- 
ñándose por sus vicios; y decian que esto le acon- 
tecía por haber perdido la ventura de su signo; y si 
alguna muger nacia en el que se llamaba Cexuchitl, 
decían que sería buena labrandera, [ó bordadora ó 
perfiladora] pero era menester para gozar de esta ha- 
bilidad, que fuese devota á su signo, é hiciese pe- 
nitencia todos los dias en que reinaba; y si esto no 
hacia, su signo le era contrario, y viviría en pobre- 
za y deshechada de todos, y también sería viciosa de 
su cuerpo, y venderiáse públicamente: y decian que 
aquello haría por razón áe\ signo en que habia na- 
cido, porque era ocasionado á bien y á mal. Tam- 
bién decian que los señores bailaban en este signo 
por su devoción, los dias que les parecía; y cuando 
habian de comenzar esta solemnidad, ponían dos va- 
rales con ílores á ia puerta del palacio, y aquello 



era señal que habian de bailar á honra de este sig- 
no algunos dias, y el cantar que habian de decir man- 
daba & el Señor que fuese el que se llama cuextecoiutl, 
ó tlaoancamextecaiutl, ó vexotzincaiull, 6 el que se lla- 
ma anaoacaiutl, 6 alguno de los otros que están aquí 
señalados. También los que tenían cargo de guardar 
los piumages con que bailaban, sacaban todos ios que 
tenian, para que tomase el que quisiese el Rey, y 
conforme á aquel, daban sus divisas ó plumajes á los 
principales y hombres valientes, y soldados, y toda 
la otra gente de guerra, También daban mantas y 
maxtles á los cantores, y á los que tañian teponaztli y 
atambor, y á ios que silvaban, y á todos los otros 
bailadores y cantores. Dábanles asimismo de comer 
á todos estos diversas maneras de tamales y de mo- 
les, como aquí se declara; y cuando ya estaban hen- 
adados (enfadados) de este baile, quitaban los va- 
rales que habian puesto en señal de que el baile ya se 
habia acabado, y quemábanlos, y luego todos cesa- 
ban de bailar en el palacio; pero los principales po- 
dían bailar en sus casas. 

CAPÍTULO VIII. 

Del quinto signo llamado Ceacatl mal afortunado: decían 
que los que nadan en él, especialmente si nacían en la 
noria casa que llaman Chiconavicipactlij eran grandes mur- 
muradores, noveleros, malsines, testimonieros, &c. Decían 
ser este el signo de quetzalcoatl, donde la gente noble 
hacia muchos sacrificios y ofrendas, á honra de 
éste Dios, 

El cuarto signo se llama Ceacatl; de este 
se dice que todo es mal afortunado. La segunda 
casa se llama Umeoceloth la tercera Eyaquauhtli: la 
cuarta Navicozcacuauhtli: la quinta JVacuilliolin: la ses- 
ta Chicuacentecpatl. De todas estas casas decian que 
eran mal afortunadas porque eran de Quctzalcoatl, dios 










298 

de los vientos. Cuando comenzaba á reinar este sig- 
no, los señores y principales hacían ofrendas en la ca- 
sa de este dios ó sea Calmecac donde estaba su 
estatua á la cual estos dias componían con ricos 
ornamentos, y delante de ella ponian flores y ca- 
ñas de humo, é incienso, comida y bebida. Decian 
que este era el signo de Quetzalcoatl, y que los 
que en él nacian, ora fuesen nobles, ora popu- 
lares, siempre vivían desventurados, y todas sus co- 
sas las llevaba el aire. De esta misma manera de- 
cian de las mugeres que nacian en este signo, y pa- 
ra remediar el mal de los que nacian en estos dias, 
los adivinos que entendían en esta arte, mandaban 
que fuesen bautizados en la sétima casa de este sig- 
no que se llamaba Chiconquiavitl; pues de este mo- 
do se remediaba el mal del dia en que había naci- 
do, y cobraba la buena fortuna, porque creían que es- 
ta casa de Chiconquiavitl, era casa clemente, por lo que 
á los que nacían en ella luego los bautizaban el mismo 
día. De la misma calidad decian ser la casa que se 
sigue que es Chicuyxuchitl La octava casa de este 
signo se llama Chicuyxuchitl: decian que eran bien acon- 
dicionados los que nacian en ella; y así luego se bau- 
tizaban el mismo dia. La que era novena casa se 
llamaba Chiconavicipactli, la tenían por mal afortuna- 
da: los que en ella nacian, decian que eran mal acon- 
dicionados y revoltosos, amigos de riñas, sembrado- 
res de discordias y mentirosos, y que ningún secre- 
to guardaban, y eran pobres y malaventurados, todos 
los dias de su vida &c. La décima casa de este sig- 
no se llama Matlactliccatl, decian que era bien afor- 
tunada con las otras tres que se siguen, que son Ma- 
tladliocecalli, Matine fliomomecuetzpali, y Matlactüomeico- 
cttl; todas estas eran de una misma condición. Decian 
que los que nacian en ellas, serían honrados y ricos, y 
reverenciados de todos, ya fuesen mugeres ó fuesen 
hombres. 



299 



CAPITULO IX. 



Del scsto signo llamado Cemiquiztli, y de su próspera for- 
tuna: deeianque esta signo era de tezcatlipüca, por cu- 
ya reverencia hacían en particular muchas ofrendas y sa- 
crificios, y hadan fiesta y regalos á los esclavos, cada 
uno á los suyos en sus casas. 

El sesto signo se llama Cemiquizrti:deám que 
éste era en parte bueno y en parte malo, dec.an que este 
Xno era de Tezcaüipuca. Los señores y pnnc.pales eran 
m S uy devotos de este signo, hae.an ofrendas por bu honra, 
y derramaban sangre de codornices, y hacían oteas cero- 
Lnias cada uno en el oratorio de su casa, y en 
los oratorios de los Calpules; esto hadan poi se, r es- 
te signo de Tezcaüipuca, al cual teman por Criador 
universal. Todos en este dia oraban con devoc on y 
pedían se les hiciera alguna grac.a, no Bolamente los 
Eneres, mas los hombres de guerra, los mercaderes 
hombres ricos, y todos los que sabían que enton- 
ces reinaba e\ signo de Tezcathpuca- Je^n ^ 
era malo, porque aquellos á quien este dios ha- 
bía dado riquezas, entonces se las quitaba por algún 
desagradecimiento ó soberbia que por ellas habían to- 
nudo, y dábalas á los que le rogaban hum.ldemen- 
te, y suspiraban y lloraban por el as, y por eso en 
todo lugar le rogaban, porque decían que sus dones 
no permanecían, °sino que los mudaba ^ uno en otro. 
Decían otros que los que nacían en este signo eran 
S afortunado^, eran honrados f eran devotos a su 
s i<mo, y si hacían penitencia por el, y Je ponían nom- 
bre y convidaban á los niños, y les daban de comer 
para que supiesen el nombre del que había nac.do, 
fe divulgasen á voces por las calles: y s. era va- 
ron el qul nacia, poníanle por nombre mtqmz, o yautl, 









300 

6 ceyaull, ó necociaut!, ó chicoyautl, á yaumavitl. Dában- 
le uno de estos nombres ya dichos, que eran todos 
de Tezcatlipuca, y decian que al tal, nadie le podia 
aborrecer ni desear la muerte; y si alguno se la de- 
seaba, él mismo moriría reinante este signo. Nadie osa- 
ba reñir ni maltratar á sus esclavos. Un dia antes que 
comenzase á reinar este signo, les quitaban las pri- 
siones ó colleras conque estaban presos, y les jabo- 
naban las cabezas, y los bañaban y regalaban co- 
mo si fueran hijos muy amados de Titlacaoan, y los 
dueños de los esclavos mandaban con gran rigor á 
todos los de su casa, que no riñesen ni diesen pe- 
na á ningún esclayo; creían que si alguno reñia á 
los esclavos en estos dias, que él mismo se procura- 
ba pobreza, enfermedad, y desventura, y merecia ser 
esclavo, pues que trataba mal al muy amado hijo 
de Tezcatlipuca, porque decian que de nadie era 
amigo fiel Tezcatlipuca, sino que buscaban ocasio- 
nes para quitarle lo que le habia dado, y algu- 
nos cuando perdían su hacienda, con desesperación 
reñian á Tezcatlipuca y decíanle: „Tú Tezcatlipuca eres 
un puto, y hazme bullado y engañado» de la mis- 
ma manera hacían cuando se les ausentaba algún 
esclavo ó cautivo; y si acontecía que el esclavo se 
libertaba y venia á prosperidad, y el que era señor 
de esclavos venia á ser esclavo, todo lo echaban á 
Tezcatlipuca, porque decian que él habia hecho mi- 
sericordia al esclavo porque se lo habia rogado, y ha- 
bia castigado al señor, porque era duro con sus es- 
clavos, y el que de la servidumbre venia á prospe- 
ridad, hacia banquetes y daba mantas á sus convi- 
dados, y decian que esto le venia por haber nacido 
en este signo. 



5oi 



CAPITULO X. 



De las demás cosas de este signo, de las cuales algunas 
son mal afortunadas, y otras bien. 

La segunda casa de este signo se llamaba Ume- 
macatl: decían, que era mal afortunada y desventu- 
rada. El que en esta casa nacía, ninguna buena for- 
tuna tenia, pnes era temeroso, cobarde y espantadizo, de* 
cualquiera cosa se azoraba y temblaba. La tercera 
casa de este signo se llamaba Eytochtli: decían que 
esta casa era bien afortunada, y los que en ella na- 
cían tenían de comer con muy poco trabajo: decían 
que como los conejos se mantienen de cosas del 
campo, y no trabajan por lo que han de comer y 
beber, sino que en todo lugar lo hallan á la mano; 
del mismo modo los que nacían en este signo sin mu- 
cho trabajo eran ricos. La cuarta casa de este signo 
se llamaba Naviatl: decian que era mal afortunado, 
y los que en ella nacían, siempre vivían en po- 
breza, aflicción y tristeza, jamás tenían contento ni 
alegría, y si alguna cosa ganaban, todo se les iba en- 
tV las manos. La quinta se llamaba Macuilli: decían 
que era mal afortunada, porque era casa del dios del 
infierno que se llamaba Mictlantemtli. La sesta casa se 
llamaba Chicuaccn, ó ComatU: decian que era mal afor- 
tunada; á los que nacían en estas casas, no los bau- 
tizaban en ella, mas defínanlos para la sétima casa 
que se llamaba Chicomemalinali, y decian que la sé- 
tima casa de todos los signos era bien afortunada 
por causa del número sétimo: en esta casa los bau- 
tizaban, y los ponían los nombres. La octava casa 
se llamaba Chicuiacatl, y la nona casa Chiconaviocelutl. 
Decían que estas casas eran mal afortunadas, y los 
que en ellas nacían eran desventurados, y no los bau- 
tizaban hasta la otra casa siguiente que se llamaba 
Matlatliquauhtli. Esta casa dizque remediaba la des- 



ee ¡ 







302 

ventura de las pasadas; pero había de hacerse mu- 
cha penitencia para remediarse. Decian que la déci- 
ma casa era bien afortunada, y los que en ella nacian 
venturosos, y en cosas de guerra y valentia eran osa- 
dos y animosos. La undécima casa se llamaba Ma- 
tlactlcocecozcaquauhtli: decian que era bien afortunada, 
y los que nacian en ella tenian larga vida y morían 
viejos. La duodécima casa se llamaba Matlactliumone- 
olin, y la décimatercia se llamaba Matlactliomcytecpatl: 
todas estas decian que eran de buena fortuna en to- 
dos los signos, y los que en ellas nacian eran bastante 
afortunados. Desde la décima casa arriba decian 
que todos eran bien afortunados, y dichosos los que 
en ellas nacian. 

CAPITULO XI. 






Del sétimo signo llamado Cequiavitl, y de su desastrada 
fortuna: decian que los que en este signo nacian eran ni- 
grománticos, brujos, hechiceros, y embaidores. Es de notar 
que este vocablo Tlacateculotl, propiamente quiere decir ni- 
gromántico ó brujo: impropiamente se usa por diablo, ca- 
si todas las cosas de este signo eran de mala digestión; 
pero la décima, y décimatercia casa, umversalmente en to- 
dos los signos eran felices. 

El sétimo signo se llamaba Cequiavitl: decian 
que era de la mala ventura, porque en esta casa 
las diosas que se llamaban Cioateteu descendían 
á la tierra, y daban muchas enfermedades á los 
muchachos, y niñas, y los padres con todo ri- 
gor mandaban sus hijos, que no saliesen fuera de sus 
casas: decíanles ,,no salgáis de casa, porque si saliis, 
os encontrareis con las diosas llamadas Cioateteu que 
descienden ahora á la tierra-" tenian temor los padres, 
y las madres, que no diese perlecia á sus hijos si 
saliesen á alguna parte. Reynante este signo, ofrecían 



303 
en los oratorios á las diosas, porque habia muchas 
en muchas partes, y cubriau con papeles las estatuas 
de aquellas. También reinante este signo, mata- 
ban á los que estaban encarcelados, por algún pecado 
criminal digno de muerte. Asimismo mataban a los es- 
clavos por la vida del señor, porque viviese muchos- 
años, y á los que nacian en este signo, no los bau- 
tizaban, sino diferíanlos hasta la tercera casa que se 
llamaba Eyecpactli. Decian que aquella casa mejoraba 
la ventura de aquel que se bautizaba, y que los que 
nacian en este signo, serían nigrománticos, embaido- 
res ó hechiceros, y que se transfiguraban en animales, y 
decian palabras para hechizar á las mugeres, y pa- 
ra inclinar los corazones á lo que quisiesen, y para 
otros maleficios; y para esto alquilaban á los que que- 
rían hacer mal á sus enemigos, y les deseaban la muer- 
te. Hacian sus encantamientos de noche por el es- 
pacio de cuatro: escogíanlas en signo mal afor- 
tunado, iban á las casas de aquellos á quienes que- 
rian dañar de noche, y á las veces allá los pren- 
dían, porque aquellos á quien iban á maleficiar, si 
eran animosos, asechábanlos y arrancábanles los ca- 
bellos de la coronilla de la cabeza, y con esto en 
llegando á su casa morían, y algunos decian que se 
remediaban si tomasen prestado algo de aquella ca- 
sa, como agua, ó fuego, ó algún vaso, y aquel que habia 
arrancado los cabellos si era avisado, velaba todo aquel 
dia para que nadie sacase cosa ninguna de su ca- 
sa, ni prestada, ni de otra manera, y así moria aquel 
nigromántico. Estos tales nunca tenian placer ni con- 
tento, siempre andaban mal vestidos, y de mal ges- 
to, ningún amigo tenian, ni entraban en casa de na- 
die, ni ninguno les quería bien; y si era muger la que 
nacia en este signo, aunque fuese principal, nunca 
se casaba ni medraba, siempre andaba de casa en 
casa, y todos decian que el signo en que habia na- 
cido, le habia dado aquella mala condición. 
Tom. I. 45 



¡II 









304 



CAPÍTULO XII. 



De las demás casas de este signo, de las cuales algunas 
eran indiferentes, y otras del iodo malas. 

La cuarta casa de este signo se llamaba JYauh- 
ecath dccian que era indiferente, á bien ó á mal. 
Reinante éste signo mataban á los adúlteros de no- 
che, y en amaneciendo, echábanlos en la agua. Tam- 
bién mataban á los cautivos por la vida del Rey, y 
porque viviese muchos años, como está susodicho 
en otro signo llamado Cequiavitl También reinante es- 
te signo, los nigrománticos hacían sus maleficios y en- 
cantamientos, y tenían gran temor en este signo Navh- 
ecatl, por esto ponían y metían cardos en las ven- 
tanas; suponían que con aquello se huían los hechice- 
ros, y los mercaderes ricos que se llaman acxóteca, 
honraban este signo, y por su honra sacaban todas 
las cosas preciosas que tenían en sus casas, como 
piedras, joyas ricas, y todos los plumajes de to- 
dos colores, y los cueros de animales labrados, y 
mercancías de cacao, atapadores de galápago pa- 
ra tecomates, y todas las alhajas que tenían; to- 
do lo cual ponían ordenadamente en el patio de 
su iglesia (calpulco) sobre una manta rica, y que- 
maban incienso, y ofrecían sangre de codornices. De- 
cían que lo hacían á honra de este signo, como si 
calentasen todo lo susodicho al sol, y después de ha- 
ber hecho sus devociones, comenzaban á comer y be- 
ber todos los mercaderes y convidados, y dábanles 
á cada uno las cañas de humo y flores, y parecía 
como niebla el mucho humo que habia. A la noche 
juntábanse los mercaderes, viejos, viejas, y emborra- 
chábanse^ y allí cada uno se jactaba de lo que ha- 
bía ganado, de las tierras que habia andado, de las 
partes remotas á que habia llegado, y por donde 
había discurrido, y de los peligros en que se ha- 



305 
bia visto en las tierras de los enemigos. Con estos 
cuentos afrentaban á otros que no habian ido á le- 
ías tierras, y decianlos que siempre habian estado tras 
el fuego, y que no sabían otros mercados sino el tian- 
quiztli^que está junto á su casa. En esto gastaban 
toda la noche parlando y voceando los unos con los 
otros, despreciándose mutuamente, y cada uno se 
loaba á sí mismo. 

CAPITULO Xííí. 

Del mal agüero, que tomaban si alguno en este dia tro- 
pezaba, ó se lastimaba en los pies, ó cata; y de las ma- 
las condiciones de los que nadan en la octava casa que se 
llama Chicuymiquiztli, donde hay mucho lenguage de los 



mal acondicionados, homb 



res, ó mugeres. 



Mas decian, que la cuarta casa de este sig- 
no era de mal agüero, y todos se guardaban de reñir 
y tropezar: tenían temor si alguno tropezaba, ó se 
lastimaba, ó reñia, pues decian que siempre le ha- 
bía de acontecer, porque aquel signo asi lo deman- 
daba. Decian también, que los que nacían en este signo 
serían prósperos, venturosos y animosos, y no se bau- 
tizaban luego, sino hasta la sétima casa de otro sig- 
no llamado Chicomecoatl: decian los maestros de es- 
te arte, que mejoraba la ventura del que había na- 
cido, por ser mas próspera, porque este Chicomecoatl 
era signo de todos los mantenimientos, y bien afor- 
tunado, y era sétimo, el cual número era bien dicho- 
so. La quinta casa de este signo se llama Macuilli- 
calli, y la sesta Chiquacencueizpalim: decian que eran 
mal afortunados, porque estas dos eran casas del dios 
Macualxuchitl y Mictlantecutli: cualquiera que nacía 
en estas dos casas de estos signos, siendo varón, ó 
muger, era mal afortunado, mal acondicionado, des- 
venturado, reboltoso, pleitista y alborotador, al cual 



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306 
cuando le reprehendían decían de él: és bellaco y ¿z 
mala condición, porgue nació en tal signo, y los maes. 
tros de esta arte decían que se mejoraba la mala 
ventura del que había nacido, si no se bautizaba lúe 
go en este signo en que nació; mas diferian, hasta 
la sétima casa de este signo, que se llamaba Chico- 
mecoatl, porque se remediaría si hiciese penitencia; 
pues decían que el sétimo número de todos los sig- 
nos era bien afortunado y próspero, porque siempre 
lo atribuían á Chicomecoatl La octava casa de este sig- 
no se liamaba Chiaiymiquiztli: decían que era de mala 
fortuna, y también la nona que era Chiconavimacatl, 
porque decían que todas las nonas casas eran des- 
graciadas, y los que nacían en algunas de estas ca- 
sas eran malquistos, y aborrecidos de todos, y tenían 
todas las malas inclinaciones, y vicios que hay. 
Para remediar esta su desventura, decían los maestros 
de esta arte, que se bautizase en la casa siguiente 
que se llama Mailactlitocktli, porque de allí se le pega- 
se alguna buena ventura, porque todas las décimas 
casas tienen akun bien. 



CAPITULO XIV. 

De las prósperas cuatro casas de este signo, las cuales 

tenían por dichosas, y de las buenas condiciones del que en 

ellas nacía. 

La décima casa de este signo se llama Ma- 
lla ctlitochtli: decían que era muy bien afortunada y 
dichosa. Los que nacían en este signo, ora fuesen va- 
rones, ora hembras, serían prósperos y ricos, porque 
decían que el número décimo de todos los signos era 
bien afortunado, como ya está dicho arriba, y no se 
bautizaban luego, mas diferíanlos hasta la postrera ca- 
sa de este signo, que se llama Matlactle omei ozomatli, 
porque mejoraba la ventura del que habia nacido: 



307 
decían que todas las postreras casas de todos los sig- 
nos eran bien afortunadas. La undécima casa de es- 
te signo se llamaba Matlactlioceatl, y la duodécima 
Matlactliomomcitzcuintli y la décimatercia Matlactliomcy- 
ocomatli. Todas estas cuatro casas son bien afortuna- 
das y dichosas: los que nacian en algunas de estas 
casas, serían muy prósperos, y honrados, y acatados 
de todos, ricos, liberales, valientes, hábiles, entendi- 
dos y poderosos para persuadir, y escitar á lágri- 
mas; y si era hembra la que nacia en alguna de es- 
tas casas, también decian que sería próspera, rica, &c, y 
si alguno de los que nacian en este signo era mal 
afortunado, decian que era por su culpa, porque no 
tenia devoción á su signo, ni hacia penitencia á hon- 
ra de él. La razón porque decian que las cuatro ca- 
sas postreras de cada signo eran bien afortunadas, 
és porque aquellas cuatro casas postreras de to- 
dos los signos, se atribuían á cuatro dioses postre- 
ros, el primero de los cuales se llamaba Tlavizcalpan- 
tecutli, y el segundo, Citlallicue, el tercero, Tonatiuh, 
y el cuarto, Tonacatecutli; por esto decian los astró- 
logos que los que nacian en estas casas serían prós- 
peros y tendrían larga vida, si se bautizasen en la 
postrera. 

CAPITULO XV. 

Del octavo signo llamado Cemalinalli y de su adversa 
fortuna. La segunda casa de este signo teníanla por bue- 
na, y umversalmente todas las casas de nueve arriba, con- 
viene á saber diez, once, doce, y trece, las teman por 
buenas. 

El octavo signo se llama Cemalinalli: decian 
que x>ste era mal afortunado, y era temeroso co- 
mo bestia fiera: los que en él nacian tenían ma- 
la ventura, eran prósperos en algún tiempo, y presto 



. 



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308 
caían de su prosperidad: nacíanles muchos hijos y pres- 
to se les morían todos, y en muriendo el primero, 
luego le seguían los otros. Mayor era la angustia y 
pesar que recibían de la muerte de sus hijos, que fué 
el placer de haberlos tenido, y por esto se decia que 
era como bestia fiera este signo. Los que nacían en 
esta primera casa no se bautizaban hasta la terce- 
ra que se llamaba Yeyoceluth decían los astrólogos que 
las terceras casas de todos los signos eran bien acon- 
dicionadas. La segunda casa de este signo se llama- 
ba Umacatl: decían que esta era bien afortuna- 
da pues que era de Tezcatlipuca, porque tenía la cara 
pintada como la imagen de este dios, y algunos por 
su devoción llevaban á sus casas la imagen de Urna* 
cali, y teníanla allá doscientos días, llevábanla á su 
casa, en la misma de Umacatl. La cuarta casa se lla- 
maba JYaviquauhíIi; la quinta, Macullicozcaquatli^ y la 
sesta, Chicuacenolin: decían que todas estas casas eran 
infelices, y que los que en ellas nacían serían des- 
dichados, mal acondicionados, revoltosos y malquis- 
tos. Creían también los astrólogos, que los que na- 
cían en estas casas, convenía que los bautizasen en 
la casa siguiente que se llamaba Chicometecpate, pa- 
ra que allí tomase alguna buena ventura, porque 
todas las casas del sétimo número eran buenas 
pues eran de la diosa Chicomecoatl^ que es diosa de 
los mantenimientos. La octava casa de este signo se 
llama Chicuzquituitl, y la novena que es Chicanavixu- 
chitl: ya se dijo arriba que estas casas octava y no- 
vena siempre son infelices, los que en ellas nacen 
son ladrones, salteadores y adúlteros. La décima ca- 
sa que es Matlactlicipactli decían que era bien afor- 
tunada, que los que en ella nacian vivían prósperos 
y alegres en este mundo; ora fuesen hombres, ora 
mugeres; lo mismo decían de las casas siguientes que 
son Matlacthoceecatl, Mailactliomomccalli, y Mailactli— 
omeycuetzpalh decían que las llevaba tras sí en bon- 



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309 
dad la décima casa, porque en todos los signos, la 
décima hace buenas á las otras tres que se 
siguen. 

CAPITULO XVI. 

Del noveno signo llamado Cecoatl, y de su buena fortuna, 
si los que nadan en él no ¿a perdiesen por su flojedad. 
Los mercaderes tenían á este signo por muy propicio pa- 
ra su oficio. 

El noveno signo se llama Cecoath decian que era 
bien afortunado y próspero, y los que nacían en esta pri- 
mera casa eran felices y prósperos. Decian que sería 
dichoso, ó venturoso en riquezas, y también en las 
cosas de guerra sería señalado, y si fuese muger se- 
ría rica y honrada; pero si como ya está dicho, fue- 
se negligente en hacer penitencia, y no tomase bien 
los consejos de sus mayores, perdería su ventura, y 
sería perezoso y dormilón, y desaprovechado, pobre 
y mal aventurado. Este signo era muy favorable á 
los mercaderes y tratantes, y ellos eran muy devotos 
de él. Cuando habían de partirse á provincias remo- 
tas para entender en sus tratos y mercaderías, aguar- 
daban á que reinase este signo, y entonces se par- 
tían; y antes de marchar, ya que tenían á punto sus 
cargas, hacían un convite á los mercaderes viejos, y 
á sus parientes, haciéndoles saber a las provincias 
adonde iban, y á que iban, y esto hacían para cobrar 
fama entre los mercaderes, porque supiesen que es- 
tando ausentes de ellos andaban ganando de comer por 
diversas provincias. 



.^ 



310 



CAPITULO XVII. 






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De la plática, 6 razonamiento que uno de los mercaderes 
viejos hacia al que estaba de partida para ir á mercadear 
á provincias remotas ó estrañas cuando era la prime- 
ra vez. 

Acabada la comida, ó convite, ya que esta- 
ba de partida el que habia convidado, si era mer- 
cader novel que era la primera vez que iba á co- 
merciar, cada uno de los viejos le hacia un razona- 
miento esforzándole para sufrir los trabajos en que se 
habia de ver. El primero le decia de esta manera: 
„Hijo, nos habéis reunido, á todos los que aquí 
estamos, que somos vuestros padres, y mercaderes 
como vos: es bien que os avisemos y hagamos el 
oficio de viejos, esforzándoos ahora y avisándoos. 
Yo el primero como á hijo os quiero decir mi 
parecer, pues ya estáis de partida para lejas tier- 
ras, y dejais á vuestro pueblo, parientes y amigos, y 
á vuestro descanso y reposo, y habéis de ir por lar- 
gos caminos por cuestas, valles y despoblados. Es- 
forzaos hijo, pues no es razón que acabéis vuestra vi- 
da aquí, ni que moréis sin que hagáis alguna cosa 
loable para que ganéis honra como nosotros vuestros 
padres lo deseamos: por tanto con lágrimas pedimos 
que sea así, y que vuestras obras sean conformes á nues- 
tros deseos. Vuestros antepasados en estos trabajos se 
ejercitaron en caminos, y en esto ganaron la honra que 
tuvieron, como la ganan los hombres valientes en la guer- 
ra. Con estos padecimientos alcanzaron de nuestro señor 
las riquezas que dejaron; es menester que tengáis ánimo 
para sufrir los trabajos que os están aparejados que 
son hambre, sed, cansancio y falta de mantenimien- 
tos: habéis de comer el pan duro, y los tamales mo- 
hosos, y habéis de beber agua turbia, y de mal sa- 
bor: habéis de llegar á ríos crecidos, que van impe- 



BH¡ 



311 

tuosos con avenidas que hacen espantable ruido, y 
que no se pueden vadear; por esta causa habéis do 
estar detenidos algunos dias, habéis de padecer ham- 
bre y sed. Mirad hijo que no desmayéis con estas 
cosas, ni volváis atrás del trabajo comenzado, por- 
que no nos afrentéis á nosotros vuestros padres. Por 
este camino fueron los viejos antepasados, y pusie- 
ron sus vidas muchas veces á riesgo, y por ser ani- 
mosos, vinieron á ser valerosos, honrados y ricos: fi- 
nalmente ¡pobrecito mancebo! si alguna ventura os ha 
de dar nuestro señor, (si nuestro señor te tiene en 
algo) primero te conviene que esperimentes trabajos 
y pobrezas, y sufras fatigas intolerables, como se ofre- 
cen á los que andan de pueblo en pueblo, que son 
grandes cansancios, copiosos sudores, grandes frios, 
é insufribles calores. Andaréis lleno de polvo, oprimir- 
se ha el mecapal (a) en la frente, iréis limpiando el su- 
dor de la cara con las manos: aumentarsehá vues- 
tro trabajo en que seréis compelido á dormir ai rin- 
cón, y tras de las puertas de casas agenas, y allí esta- 
réis cabizbajo y avergonzado, y tendréis la barriga pe- 
gada a las costillas de hambre, y andaréis de pue- 
blo en puelo discurriendo; y demás de esto, os afli- 
girá la duda de la venta de vuestras mercaderías, que 
por ventura no se venderán, y de esto tendréis tris- 
teza y lloro. Antes que alcancéis algún caudal ó bue- 
na ventura, habéis ele ser afligido y trabajado hasta lo 
último de potencia, y ademas de esto muchas veces 
os será necesario dormir en alguna barranca, en al- 
guna cueva, 6 debajo alguna laja, ó junto alguna pie- 
dra grande. Si por ventura nuestro señor os matare 
en alguno de estos lugares no lo sabemos, y quizá no 

(a) Mecapal es una faja de cuero crudo que se pone en la cabeza el 
mozo de cordel [6 cargador] de cuyos estreñios está atada la rea- 
ta, y reunida en nudos gruesos para dar mayor 6 menor vuelo á 
la carga, írayéndola en la espalda Rías 6 meaos alta. 

Tóm. I. 46 






■ 



■V 



312 

volvereis mas á vuestra tierra, ¿y quien sabe esto? 
Por esos caminos conviene que devotamente vayáis 
llamando á Dios y haciendo penitencia, y sirviendo 
humildemente á los mayores en cosas humildes, co- 
mo en dar agua á manos, y barrer &c. Mirad que 
no desmayéis, mirad que no volváis atrás de lo co- 
menzado, y mirad que no os acordéis de las cosas 
que aquí dejáis; continuad, y perseverad en vuestro 
camino en sufrir los trabajos. Por ventura nuestro se- 
ñor os hará merced de que volváis con prosperidad, que 
os veamos vuestros padres y vuestros parientes: mi- 
rad que tengáis en lugar de mantenimientos estos 
avisos que aquí os damos, nosotros que somos vues- 
tros padres y madres, para que con ellos os esforcéis 
y animéis. Hijo muy amado, alentaos, y andad con 
Dios, aquí os enviamos vuestros padres para que ha- 
gáis vuestro negocio, apartándoos de vuestros parien- 
tes" &c De ésta manera los mercaderes viejos á los 
mancebos que nuevamente iban con otros mercade- 
res, les hablaban y esforzaban, y ponían delante los 
trabajos y dificultades en que se habian de ver, así 
en los poblados, como en los desiertos, en la prose- 
cución de su oficio de mercancia. 



CAPITULO XV1I1. 



De otro razonamiento que los mismos decían, á los que 
ya otras veces habían ido á mercadear lejos. 

También los mercaderes viejos hacían algunas 
exhortaciones á los mancebos que iban á mercadear, 
aunque tenían ya esperiencia de los caminos y tra- 
bajos, y con brevedad los hablaban de las cosas que 
se siguen diciéndoles: „Mancebo que aquí estáis pre- 
sente, no sois niño: ya tenéis esperiencia de los ca- 
minos y de los trabajos de ellos, y de los peli- 
gros que hay en este oficio de andar de pueblo en 



uu d - « i .un 



313 

pueblo [comerciando] y habéis andado los caminos, 
y por los pueblos donde ahora queréis otra vez ir, 
no sabemos lo que sucederá, ni sabemos si os ve- 
remos mas. Por ventura allá se os acabará la vida 
en alguno de esos pueblos y andurriales: acordaros eis 
en cualquiera parte que os acontezca, de los avisos 
y lágrimas de nosotros vuestros padres, que os araa- 
mos°como á hijo, deseamos merecer gozar de vues- 
tra vuelta, y de veros acá con salud y prosperidad. 
Ahora hijo, esforzaos é id en hora buena; bien sa- 
bemos que en vuestro camino no os han de faltar 
trabajos, porque él es de suyo rudo y fatigoso: 
tened cuidado de los que van con vos, no los de- 
jéis, ni desamparéis, ni apartéis de su compama, te- 
nedtos y tratadlos Como á hermanos menores: avisad- 
los de lo que han de hacer cuando Uegáredes á los 
descanzaderos, para que cojan heno, y hagan asien- 
tos, para que descansen los mas viejos. Ya he- 
mos advertido á esos vuestros companeros que no han 
ido otra vez á mercadear, y andar esos caminos á 
que ahora vais, y por eso no es menester alargar- 
nos en palabras. Esto hijo mió os hemos dicho con 
brevedad, idoos en paz, y haced vuestro oficio y es- 
forzaos.» En habiendo acabado de hablar los viejos, 
el mancebo respondia brevemente diciendo: „En mu- 
cha merced tengo, señores, la consolación que me ha- 
béis dado, sin ser yo digno de ella; habéis hecho co- 
mo padres y madres, y como si fuera salido de vues- 
tras entrañas habiéndoos esplicado así conmigo: ha- 
beisme dicho palabras sacadas del tesoro que tenéis 
guardado en vuestro corazón, que son tan preciosas 
como oro, piedras, y plumas ricas, y por ta- 
les las recibo y estimo; no me olvidaré de pa- 
labras tan hermosas, en mi corazón y en mis entra- 
ñas las llevaré atesoradas; lo que os ruego és, que 
en mi ausencia no haya falta en mi casa de quien 
barra y haga fuego. En ella queda mi padre, ó ma- 



n,ui. 



** 







■;\ 















314 

dre, ó hermana, ó mi tia, ruegoos que tengáis cargo 
de favorecerlos, para que ninguno les haga ningún 
agravio; y si nuestro Señor tuviese por bien de aca- 
bar con mi vida en este camino, lo dicho dicho, y 
con esto voy consolado." Acabadas estas palabras, 
todos los que estaban presentes comenzaban á llo- 
rar, así hombres coqío mugeres, despidiéndose del que 
se partía, y después comían y bebian todos. 

CAPITULO XÍX. 

De las ceremonias que hacían los que quedaban por el 
que iba st vivía, y otras cuando oían que ya era muerto. 

Habiéndose partido el mercader que se habia 
despedido de sus parientes, ó de su casa, padre, ma- 
dre, -muger ó hijos, todo aquel tiempo que estaba 
ausente no se lavaban aquellos la cabeza, ni la cara, sino 
de ochenta en ochenta dias: en esto daban á enten- 
der que hacían penitencia por su hijo, ó por su ma- 
rido, ó por su padre, que estaba ausente. Aunque se la- 
vaban el cuerpo en este tiempo, no la cabeza 
hasta la venida, de aquel que esperaban, y si por ven- 
tura moria allá, primero lo sabían los mercaderes vie- 
jos, y ellos lo iban á decir á la casa del muerto pa- 
ra que llorasen, y para que le hiciesen sus ecsequias 
y honras como acostumbraban, y entonces iban 
todos los parientes del muerto á visitar y á conso- 
lar a. la muger, ó padre, ó madre del difunto, y des- 
pués de cuatro dias de hechas las ecsequias se lavaban 
la cara, y jabonaban la cabeza, decían que quita- 
ban la tristeza; y si por ventura aquel mercader lo 
habían muerto sus enemigos, en sabiéndolo los de 
su casa, hacían su estatua de teas atadas unas con 
otras, y aderezábanla con los atavíos del muerto, con 
que le habrían aderezado á él si muriera en su casa, 
que eran diversa manera de papeles, con que acos- 
tumbraban adornar a los muertos, y ofrecíanle de- 



lante otros pápelos, y llevaban la estatua así com- 
puesta al Calpulco, ó sea la iglesia de aquel bar- 
rio, y allí estaba un clia, y delante de la estatua llo- 
raban al muerto, y á la media noche llevaban la es- 
tatua al patio del Cu, y allí la quemaban en un lu- 
gar del patio que llamaban Quauhxicalco, ó Tezom- 
pantitlan; y si el mercader moria de su enfermedad, 
hacíanle la estatua como ya está dicho; pero es- 
ta quemábanla en el patio de su casa á la pues- 
ta del sol. También decian que era este próspero 
signo, [Cecoatl] (a) para partirse para la guerra los 
soldados. Decian que los que nacían en él tendrían 
buena fortuna, y serían ricos, si hiciesen penitencia, 
por reverencia de su signo, y si fuesen descuida- 
dos en hacerla, perderian la ventura que habían de- 
haber, y al que nacia en este signo, no le bauti- 
zaban luego sino al tercer dia, que era la casa de 
Eimacatl, y entonces le ponian el nombre; porque co- 
mo está dicho todas las terceras casas de los signos 
son bien afortunadas. La segunda de este signo se 
llama Umcmiquiztl, decian que era casa mal afortu- 
nada: la tercera casa se llama Cimacatl, era bien 
afortunada por la causa arriba dicha. La cuarta casa 
de este signo se llamaba Navitóctli, era casa mal afor- 
tunada como lo eran todas las cuartas de to- 
dos los signos. La quinta casa de este signo se lla- 
maba Macuilliatli, y era mal afortunada, porque de- 
dian, que también todas las quintas casas de todos 
los signos eran, y así que los que nacian en la cuar- 
ta casa, v en la' quinta eran mal acondicionados; 
mas también decian, que los que nacian en la quin- 
ta casa, si tenian cuidado de criarlos bien, venían 
á ser bien acondicionados y prósperos, lo cual les 
venia por haberse prestado á los consejos de los viejos. 

(a) Parece que de este habla cuya narración comenzó en el ca- 
pítulo 16 y fué interrumpida por dos episodios. El autor vuelve á 
tomar el hilo de la historia de los signos.. 




316 



CAPITULO XX. 






De las demás casas de este signo. 

La sesta casa de este signo, se llamaba CTw- 
euacenitzacuinili: decian que es mal afortunada, por- 
que todas las sestas casas de todos los signos son 
de esta mala condición. Los que nacían en estas 
eran murmuradores, malsines, cautelosos, dobla- 
dos y testimonieros, y decian los astrólogos, que es- 
tos tales serían enfermizos, y moririan presto, y si 
viviesen, vivirían con diversas enfermedades. A los que 
en este signo nacian, bautizábanlos el dia siguiente 
que se llama Chicomeocomatii: creían que por esto se 
enmendarían algo; de la mala fortuna de su signo de- 
cian, que si hiciese penitencia por amor de este sig- 
no [Chicomeocomaili,] que la mala ventura se le volvería 
en buena. A la sétima casa llamaban Chicomeocomatl: 
es de buena fortuna como queda dicho, y los que 
en ella nacian, serían placenteros, decidores, chocar- 
reros, truhanes, amigos de todos, y que con todos se 
llevan: decian que si fuese muger la que nacia en es- 
ta casa sería rica, y vividora, y tratante, y nunca per- 
dería su caudal. A la octava casa llamaban Chicuey- 
malinalli: decian que era de mala condición por ser 
mal afortunada. La nona casa llamaban Chiconaviacath 
decian que era mal afortunada, porque en ella reina- 
ba la diosa Venus que le llamaban TlaculteoutL Los que 
nacian 'en esta casa, siempre eran desdichados, y 
de mala vida. La décima casa se llamaba Matlactlio- 
celuih esta casa era bien afortunada, como queda di- 
cho, porque en ella reinaba siempre Tezcatlipiwa* que 
es el mayor dios, y los que en esta casa nacian, de- 
cían que si viviesen serían prósperos, y luego los bau- 
tizaban en este dia, algunos los dejaban para bau- 
tizarlos en la décimatercia casa porque los mejoraba 
la fortuna bautizándolos en ella. A la undécima casa 



317 
llamaban Matlactliocequauhili, y á la undécima llama- 
ban Mutlactli ornóme cozcaquauhtli: de estas dos casas 
decian, que en parte eran buenas, y en parte eran 
malas, á los que en ellas nacian bautizábanlos en la 
décimatercia casa que llamaban Matlacüiomeiohn pa- 
ra mejorarles la fortuna, como queda dicho. 

CAPITULO XXI. 

Del décimo signo llamado Cetecpatl, y de su felicidad: de- 
cían que este era el signo de Vitzihpuchth, dios de la guer- 
ra, y de Camaxtle.En el día que comenzaba este sigpo, ha- 
dan gran fiesta á Vitzüopuchtli, y por todos los trece días, 
de los cuales decian ser todos prósperos. 

El décimo signo se llamaba Cetecpatl. El pri- 
mer dia de este signo atribulan á Vitzihpuchth dios 
de la guerra, y á Camaztle que era dios de lo de Ve- 
xotzineoz (y Tlaxcala) En este dia, hacían en su Ctí, 
que se llamaba Tlacatcco, gran solemnidad delante de 
su estatua: sacaban todos los ornamentos, y tendían- 
los delante de ella, é incensábanla. Los ornamentos 
eran de plumas ricas, uno se llamaba Quetzatqucmitl, 
que quiere decir, capa de quetzales verdes, y resplan- 
decientes: otro se llamaba Xiuhtotoquemitl, que quie- 
re decir, capa de plumas azules, y resplandecientes: 
otro se llamaba Tozquemitl, que quiere decir capa 
de plumas amarillas y resplandecientes: otro se lla- 
maba Vitzitzilquemitl, que quiere decir capa hecha de 
plumas resplandecientes de Cintzones, (6 chupamirtos) 
y otras muchas capas, no tan preciosas como las 
va dichas. Todas estas las tendian sobre mantas 
ricas al sol delante la imagen todo un día, y á es- 
to decian que calentaban, lo asoleaban, y ofrecíanle 
delante comidas preciosas de muchas maneras, asi 
los principales, como la gente común, y después de 
un poco las apartaban, y los ministros de aquella igle- 



I TUUT*¡ 



318 

sia las dividían entre sí, y las comían todas juntamen- 
te aquellos que eran ministros de Vitzilopuchlli, y el 
Rey ó señor ofrecía muchas, y muy diversas mane- 
ras de flores, delante de la imagen de VitzilopuchtU, 
de todo género de ellas, compuestas de diversas ma- 
neras, y con variadas labores, todas flores de muy 
suave olor, y de los olores y suavidades de ellas, 
estaba llena aquella iglesia. También ofrecian cañas 
de humo en manojos de veinte en veinte, allí se es- 
taban humeando, y quemando delante de la estatua, 
y el humo que salía estaba como niebla. Los señores 
de los magueyes, ó taberneros, que vendían el pul- 
cre, cortaban y ahugeraban (a) los magueyes, para 
que manasen miel en este signo. Tenían que por ahu 
gerarlos en este signo no manaría mucho, y ofre- 
cian el primer pulcre delante de VitzilopuchtU, como 
por primicias, y á este primer pulcre llamaba?, vitztli. 
Echábanlo en unos vasos que llamaban acatecomati, so- 
bre los cuales estaban unas cañas con que bebían 
los viejos, que ya tenían licencia para beber octli, 
y decían que los que nacían en este signo si eran 
hombres, serían valientes, honrados y ricos, y si 
muger, sería muy hábil, y para mucho, y sería abun- 
dosa de todas las cosas de comer y muy varonil, 
y ademas sería bien hablada, y discreta: &c. La se- 
gunda casa de este signo se llamaba Yinequiavitk la 
tercera Cixuchitl: la cuarta Navicipactli: la quinta Ma- 
cuilliecath la sesta Chiquacencalli: la sétima Chicemecuez- 
palin: la octava Chicueicoath la nona Chiconavimiquiztli: 
la décima Matlactlimacatl: la undécima MailacÜioceto— 
caili: la duodécima Matlactliomomeath la décimatercia 
Matlactliomeitzquiztli. Todas estas casas son prósperas 
como la primera. 



[a] Hoy llaman á esta operación Capar el Magt'éy para que cié 
Pulque, y quitan el Quiote ó vara que florece liermofcameiite arriba. 



T.imiAirw ]i!.'- <i 



319 



CAPITULO XXÍI 



Del undécimo signo llamado Ceocumatli y de su 
fortuna. 

El undécimo signo se llamaba Ceocumatli: de- 
cían que era bien afortunado, y que en él des- 
cendían las diosas que se llamaban Cioteteu que 
empecen (ó dañan) á los niños, á los cuales encer- 
raban como queda dicho, porque no los empeciesen 
ó hiriesen con alguna enfermedad, y el que reinan- 
te este signo sufría alguna dolencia, luego era 
desahuciado de los médicos y médicas, diciendo que 
no escaparía, porque las diosas le habían herido; y 
si alguno que era bien dispuesto enfermaba en es- 
tos días, decian que las diosas le habían codiciado 
la hermosura, y se la habían quitado. De los varones, 
que nacían en este signo, decian que serían bien 
acondicionados, regocijados y amigos de todos, y ade- 
mas cantores, bailadores, ó pintores, ó aprenderían 
algún buen oficio por haber nacido en tal signo. 
La segunda casa de él se llamaba Umemalinalli era 
mal afortunada: los que nacían en ella engendra- 
ban muchos hijos, y ninguno de ellos se logra- 
ba, pues todos morían antes de tiempo. La terce- 
ra casa se llamaba Eyacatl: la cuarta JVavioce- 
lutl: la quinta Macuilliquahtli: la sesta Chkuacen coz- 
caquautli: la sétima Chicomeollin: la octava Chicuey— 
ticpatl: la novena Chiconaviquiavitt: la décima Matlac- 
tlixuchitl: la undécima Matlactliocecipactli: la duodé- 
cima Maílactliomomeccatl: la décimatercia Matlactli- 
omeycalli. Todas las otras casas de este signo tienen 
las condiciones de los números en que caen, como 
ya está dicho arriba: las terceras casas son buenas: 
las cuartas, quintas y sestas malas: las sétimas bue- 
nas: las octavas y novenas, malas: las undécimas, duo- 
décimas y décimastercias, buenas. 
Tom I. 47 






320 



CAPITULO XXÍÍÍ. 



■' 



Del doudécimo signo llamado Cuelzpalin y de su 
ventura. 

El signo duodécimo es llamado Cuetzpatin 9 
que quiere decir lagartija-, decían que los que na- 
cían enél serían muy esforzados, nervosos y sanos 
del cuerpo, y que las caídas no les empecerían, co- 
mo no empecen á la lagartija, cuando cae de alto 
á bajo, pues ningún daño siente, sino que luego se 
vá corriendo. Estos tales serian muy grandes traba- 
jadores, y con facilidad allegarían riquezas. La cali- 
dad de todas las otras casas- ya queda dicho ar- 
riba según el numero de cada una. La segun- 
da casa de este signo es Umecoatl: la tercera Ei- 
miquiztli: la cuarta JYavimacatl: la quinta Macnillitochtlh 
la sesta Chiquacenate: la sétima Chicomeitzcuintli: la 
octava Chicuiocumatli: la novena Chiconavimalinalli: 
la décima Matlactliacatl: la undécima Matlactlioceoce- 
lutl: la duodécima Matlactliomomcquauhtlr. la décima- 
tercia Mailactliomicozcaquauhtlt:. 

CAPÍTULO XXÍV. 

Del decimotercio simo llamado Ccollin. 

Al signo decimotercio llaman Ccollin: decían 
que era indiferente, en parte bueno y en parte ma- 
lo, y los que nacían en él serían diligentes en 
hacer penitencia: si sus padres cuidaban de criarlos bien 
en buenas costumbres, serían bien afortunados, y si 
no fuesen bien criados serían desventurados y po- 
bres y para poco. La segunda casa de este signo es 
Umetecpatl; la tercera Cequiavitl: la cuarta Navixuchitl: 
la quinta Macuillicipactli: la sesta Chiquacenzecatl: la 
sétima Chicomicalli: la octava Chicuyauzpalin: la no- 
vena Chiconavicoail; la décima Matlactlimiquiztli: la un- 



^■Pfj 



321 

décima Matlactíiocemacatl: la duodécima Mathctliomo- 
metochíli: la décimatercia Matlactliomeyatl 

CAPÍTULO XXV. 

Del decimocuarto signo llamado Ceitzcuintli y de su 
próspera fortuna. 

Al decimocuarto signo llamaban Ceitzcuintli: es- 
te si<mo decian que era bien afortunado: en este rei- 
naban dios del fuego llamado Xiuhtccuili y por eso 
sacaban su imagen en público al Cú, y delante de 
ella ofrecían codornices y otras cosas, y componían- 
la con sus ornamentos de papeles que le cortaban 
los maestros, que eran oficiales de cortar papeles pa- 
ra este negocio, y ponian plumas ricas en los pape- 
les, y también chalchivites: ofrecíanles muchas ma- 
neras de comida, y las echaban en el fuego, y to- 
da la gente rica y mercaderes en sus casas hacían 
estas ofrendas al fuego, y daban de comer y beber 
á sus convidados y vecinos, y cerca de !a mañana que- 
maban las ofrendas de papel y copal. Decían que con 
estas cosas daban de comer al fuego, y descabeza- 
ban codornices y andaban revoleando cerca del ho- 
gar, y después á las cuatro esquinas derramaban el 
pulcre. Los pobres ofrecían un incienso que llaman 
copalxalli en su mismo hogar, y los muy pobres ofi- 
cian una yerba molida que se llama yauhíh, en sus 
mismos hogares. Decian también que los señores que 
acontecia ser electos en este signo, que serian fe- 
lices en su oficio, y lue¿ro hacían gran convite a los 
señores de la comarca, y el convite comenzaba en 
la cuarta casa de este signo Naviacatl. Todos los con- 
vidados venian este dia á dar la enhorabuena al se- 
-íior ó Rey, y le traían algún presente y le hacían un 
razonamiento muy elegante y muy honroso, y él es- 
taba sentado en su trono, y todos sus principales es- 



( HJñWWfclTH 




I 322 

taban sentados por su orden. En acabando la ora- 
ción que le hacia el orador, luego se levantaba otro, 
por parte del mismo señor, y hacia otra oración res- 
ponsiva, (a) al propósito de lo que habia dicho aquel 
orador primero; y cuando hacia la fiesta el señor 
electo, daba muchas mantas y maxtles ricos á los 
mismos señores que habian venido, de manera que 
mas cargados iban de lo que recibían, que no 
habian venido de lo que le habian traido. Las man- 
tas que daba el señor, eran todas preciosas, hechas 
en su casa, y tegidas ó labradas de diversas mane- 
ras conforme á las personas á quien se habian de 
dar. También les daba mucha abundancia de comidas, 
é iban cargados de las sobras para sus casas. 

CAPÍTULO XXVI. 

De como en este signo los señores se aparejaban para 

dar guerra á sus enemigos, y en el mismo sentenciaban á 

muerte, los que por algún gran crimen estaban 

presos, [b] 

En aoabando de hacer la fiesta de la dedicación 
de su senorio, los señores que se elegian en este sig- 
no luego mandaban pregonar guerra contra sus ene- 
migos, y esto era lo segundo en que habia de mos- 
trar ía grandeza de su señorío en la guerra, y por 
esta causa luego escogían á los hombres valientes y 
soldados fuertes, Todos los que eran tales llegában- 
se al señor á porfía, porque cada uno deseaba que 
le eligiesen para aquel negocio, por tener ocasión de 
mostrarse digno, y de ganar de comer, honra, y acre- 
ditar que deseaban morir en la guerra. También de- 

[a] Esta circunstancia da idea de la dignidad y decoro con- 
que se trataban los Personages Mexicanos. El emperador de Mé- 
xico, en la audiencia diaria que prestaban toda clase de persona?, 
estaba asistido de dos secretarios, los cuales respondían al querellante, 
y el monarca hablaba rara vez. 

[b] CeitzcuintU signo el mas fatal. 



XJMl*i!«r ir T^üiií 



323 
cían que en este signo sentenciaban á los que esta- 
ban presos por algún crimen de muerte, y sacaban 
á los que no tenian culpa de la cárcel, y también 
libraban á los esclavos que injustamente eran teni- 
dos por tales. Aquellos que libraban de la injusta ser- 
vidumbre, luego se iban á bañar en la fuente de Cha- 
pultepec, en testimonio de que eran ya libres, y los que 
nacían en este signo decian que serian bien afortu- 
nados, y ricos, tendrían muchos esclavos, y ha- 
rían banquetes, y bautizábanlos y poníanlos nombres 
en la cuarta casa que se llamaba JVaviacatl; entonces 
convidaban á los muchachos por el bautismo, y por 
el nombre del bautizado: también tenian una cere- 
monia, que en este signo los que criaban perrillos que 
vivian de esto, y les almagraban (a) las cabezas. La se-r 
gunda casa de este signo se llamaba Umeocumatl: la 
tercera Eymalinalli: la cuarta Naviacotl: la quinta Ma~ 
cuillioceluth la sesta Chicuacenquauhtli: la sétima Chi- 
comecozcaquauhtli: la octava Chicuiolin: la nona Chico- 
navitecpatl: la décima Matlactliquiavitl: la undécima Ma- 
tlactliocexuchiil: la duodécima Matlactliomomecipactli: la 
décimatercia Matlactliomeyecath estas casas todas si- 
guen la bondad ó maldad de sus números, como es- 
tá arriba dicho. 

CAPÍTULO XXVII. 

Del decimoquinto signo llamado Cecalli, y de su muy 
adversa fortuna. 

El decimoquinto signo se llama Cecalli: decian 
que este signo era mal afortunado, y que engendra^ 
ba suciedades y torpezas. Cuando reinaba, descendían 
las diosas que se llaman Cioateteu, y hacian los da- 
ños que arriba en otras partes se ha dicho. Todos 
los médicos y parteras eran muy devotos de este sig- 
no, y en sus casas le hacian sacrificios y ofrendas, 
(a) Oteñian de almagre. 



324 
Los que nacían en este signo decían que habían de 
morir de mala muerte, y todos esperaban su mal fin: 
creían que ó morirían en la guerra, ó serían en ella 
cautivos, ó morirían acuchillados en la piedra del desa- 
fio, ó les quemarían vivos, ó les estrujarían con la red, 
ó les achocarían, ó les sacarían las tripas por el om- 
bligo, ó les matarían en la guerra á lanzadas, ó en 
el baño asados; y si no morían en alguna de estas 
muertes, caerían en algún adulterio, y así les matarían 
juntamente con la adúltera, machucándoles las cabe- 
zas á ambos juntos; y si esto nó, decían que serían es- 
clavos, que ellos mismos se venderían y comerian y bebe- 
rían su precio; y ya que ninguna de estas cosíiS les 
aconteciese, siempre vivirían tristes y descontentos, y se- 
rían ladrones, salteadores, robadores, arrebatadores, ó 
grandes jugadores, y serían engañadores ó fulleros en el 
juego, ó perderían todo cuanto tenían en el mismo, y aun 
hurtarían á su padre y madre todo cuanto tenían para ju- 
gar, y no tendrían conque cubrirse, ni alhaja ninguna en 
bus casas: y aunque tomasen en la guerra algunos cau- 
tivos y por esto les hiciesen tequioa, todo les saldrían 
mal, y por mucho que hicieran penitencia desde pe- 
queños, no se podrían escapar de su mala ventura. 

CAPITULO XXVIII. 

De ¡as malas condiciones do las mugeres, que nacían cft 
esto signo . 



Y si era muger la que nacía en este signo, 
también era mal afortunada, no era para nada, ni 
para hilar, ni para teger, y boba y tocha risueña, 
soberbia, vocinglera, andará (decían) comiendo tzictü, 
(a) y será parlera, chismera, infamadora, saldránle de la 

(a) ¡Que bien descrita está aquí una coqueta! el tzictli es lo 
que hoy llamamos chicle blanco, ó sea leche de chico zapote, to- 
davía lo mazcan y truenan con los dientes las mugeres canallas. 



^^■QMW »■ 



325 
boca las malas palabras como agua, y será escarne- 
cedora, holgozana, perezosa, dormilona, y con estas 
obras vendrá siempre á acabar en mal, y á venderse 
por esclava; y como no sabrá hacer nada, ni moler 
maíz, ni hacer pan ni otra cosa ninguna, su amo 
venderála á los que traten en esclavos para comer, 
y asi vendrá á morir en el tajón de los ídolos. Re- 
mediaban la maldad de este signo, con que los que 
nacían en él los bautizaban en la tercera casa que 
se llamaba Cicoatl, ó en la sétima casa que llama- 
ban Chicomeatl por ser buenas. La segunda casa de es- 
te signo se dice Umecuezpali: la tercera Cicoatl: la 
cuarta Navimiquiztli: la quinta Macuillhnacath la sesta 
Chicuacentochtli; la sétima Chicomeath la octava Chi- 
cueiitzcuintli: la nona Chicunaviocnmatli: la décima Ma- 
tlactlimalinali: la undécima Matlactlioceacatl: la duodé- 
cima Matlactliomomeocelotk la décimatercia Matlactliomey* 
quauhtli, 

CAPITULO XXIX. 

Del signo décimoseslo llamado Cozcaquauhtli, y de su bue- 
na fortuna. 

Al décimosesto signo llamaban CocosquauhtU: 
este signo decían que era mal afortunado, y que era 
el signo de los viejos. Decían que los que nacían en 
él, vivían larga vida, y eran prósperos, y vivían 
alegres; no empero todos los que nacían en él 
eran tales, y los que nacían en este signo, los 
padres si tenían que gastar con sus amigos lue- 
go les bautizaban en dicho signo Cecozcaquauhtli; y 
los que no tenían que gastar para bautizar lo que 
era menester, diferian el bautismo hasta la sétima ca- 
sa. La segunda de este signo se llamaba Ume- 
calli: la tercera Citecpath la cuarta Naviquiavitl: la 
quinta Macuillixuchitk la sesta Chicuacencipactli: te, sé- 






326 
tima Chicomeecatl: la octava Chicuicali: la nona Chi~ 
conavicuezpali: la décima- Matlactlicoatl: la undécima 
Matlacílioecmiquiztli: la duodécima Matlactlionomemacath 
la décimatercia Maltactliomcytochtli: todas estas tenian 
la calidad según el número de cada casa. 

CAPITULO XXX. 

Del signo décimos étimo llamado Ceat% y de su desastrada 
fortuna . 

El décimosétimo signo se llama Ceatl: decían 
que este signo era indiferente, pues que en él rei- 
naba la diosa que se llama Chalchiuhtliyicue, y los que 
tenian trato en la agua hacian ofrendas y sacrificios 
á honra de esta diosa en el Calpulco delante de su 
imagen, y decian por ser este signo indiferente que 
cual, ó cual, de los que nacian en él tenia buena 
ventura, y todos los mas de los que en él nacian 
eran mal afortunados, y morian mala muerte; y si 
algunos bienes de este mundo tenian, poco tiempo los 
gozaban, pues al mejor tiempo se les acababa la ventura, 
y por esta causa se levantó el refrán que dicen: que 
en el mundo un dio, bueno^ y otro malo, y que los 
que son prósperos en un tiempo, acabarán en po- 
breza, y los que tienen pobreza en la vida, antes 
de la muerte tendrán algún descanso, y á los que 
nacian en este signo no los bautizaban luego, dife- 
ríanlos para el tercero ó sétimo dia, ó para el dé- 
cimo, ó para alguno de los que se siguen. La segun- 
da casa de este signo se Dama Umeitzcuintli: la ter- 
cera Eyocumatli: la cuarta JVavimalinalli: la quinta Jlfa- 
cuilliacath la sesta Chicuacenocelutl: la sétima Chicome- 
quauhtli: la octava Chiqueicozcaquauhtli: la nona Chtcu- 
naviolin^¡a décima Matlactlitecpath la undécima Ma- 
tlactlioccqúiavith la duodécima Matlactliomomexuchitl: la 
décimatercia Matlactliomeicipactli. 



CAPITULO XXXI. 
Del hia-no clécimoodavo, llamado Ceacatl, y de su des- 
graciada fortuna. 
El décimooctavo signo se llamaba Ceacath de- 
cían que era mal afortunado, porque en él reinaba 
Quetzakoatl, que es dios de los vientos, y de los tor- 
bellinos: que el que nacia en este signo, se- 
ría noble, embaidor, y que se transfiguraría en 
muchas formas, y sería nigromántico, hechicero y 
maléfico, y que sabria todos los géneros de hechi- 
cerías y maleficios, transformándose en diversos ani- 
males; y si fuese hombre popular, ó macevalh (a) 
sena también hechicero y encantador, y embaidor de 
aquellos que llaman Temacpalitotique, y si fuese mu- 
ger sería hechicera de aquellas que se llaman mometz- 
pomnque. Estos hechiceros aguardaban algún sig- 
no favorable para hacer estas hechicerías, uno de los 
cuales era Chicunavitzcuhitli, y otro Chicnnavimalinallt, 
v todas las casas nonas de todos los signos les eran 
favorables para estas sus obras, las cuales son con- 
trarias á toda la buena fortuna. Los que eran de es- 
te oficio siempre andaban tristes y pobres, ni teman 
que comer, ni casa en que morar, solamente se man- 
tenían de los que les daban, los cuales mandaoan ha- 
cer algún maleficio,- y cuando ya habían acabado de 
hacerlos, y era tiempo que ..acabasen su mala vi- 
da alguno les prendía, y los cortaba los cabe- 
llos de la corona de la cabeza, por donde perdía 
el poder que tenia de hacer hechicerías, y maleficios; 
con esto acababa su mala vida muriendo. Aquellos 
hechiceros que se llaman iemücpalitotiquc, o por otro 
nombre tepupuxaquavique, cuando querían robar algu- 
na casa hacían la imagen de Cccoatl, o de Quetzal* 
coatí y eran hasta quince ó veinte los que entendían 
en esto, é iban todos bailando adonde iban á robar, 
(á) Macevalli, es popular ordinario. Adulterada esta voz llaman 
Mazéhual. 
Ton. I. 48 







323 

íbalos guiando uno que llevaba la imagen de Quetzakoatl, 
y otro que llevaba un brazo desde el codo hasta la mano 
de alguna muger que hubiese muerto del primer parto, 
á las que las cortaban á hurto el brazo izquierdo, 
y estos ladrones llevaban uno de estos delante de 
sí para hacer su hecho malo, y uno de los que iban 
guiando lo llevaba en el hombro. En llegando á la 
casa donde habian de robar, antes que entrasen den- 
tro de la casa, estando en el patio de la misma, 
daban golpes en el suelo con el brazo de la muer- 
ta, y en llegando á la puerta de la casa daban otros 
golpes en el umbral de la misma casa con dicho 
brazo. Hecho esto decían que todos los de ca- 
sa se adormecían, ó se amortecían, que nadie podia 
hablar ni moverse, y estaban todos como muertos, aun- 
que entendían y veían lo que se hacia; otros estaban 
dormidos roncando; entretanto los ladrones encendían 
candelas, y buscaban por la cásalo que había que co- 
mer, y comían todos muy de reposo, que nadie de los 
de casa los impedia ni hablaba, pues todos estaban ató- 
nitos y fuera de sí. En habiendo muy bien comido y 
Uenadose, entraban en los silleros, y bodegas, y arrebaña- 
ban, [ó rejuntaban} cuanto hallaban mantas, y otras cosas, 
y lo sacaban todo fuera, oro, plata, piedras, y plumas 
ricas, y luego hacían de todo cargas, y se las echa- 
ban acuestas, y se iban con ellas^y antes de esto, 
dicen que hacían muchas suciedades, y deshonestida- 
des en las mugeres de aquella casa. Cuando ya se 
iban lo hacían corriendo para sus casas con lo que 
llevaban hurtado; y dicen que si alguno de ellos se 
asentaba en el camino para descansar, no se podia 
mas levantar, y quedábase allí hasta la mañana, y to- 
mábanle con el hurto, y él descubría á los demás. 






«Kr.M=—»rr 






Til Uto. 



CAPITULO XXXII. 



329 



De los lloros, y lástimas que hadan y decían aquellas á 

quien robaban los nigrománticos, y de las demás cosas de 

este signo. 

Idos los ladrones, los de la casa comenza- 
ban á volver en sí, y á levantarse de donde estaban 
echados, y empezaban á mirar por la casa, por los si- 
lleros, (a) y bodegas, y por las petacas, cajas y coires, 
v no bailando nada de cuanto teman, comenzaban lue- 
go todos á llorar y dar gritos, y á dar palmadas de 
In^ustia, y las mugeres luego comenzaban a decir 
Í °oces, qmcannelocnenquenelocnen, que quiere decir, 
¡ó desventuradas de nosotrasl y daban consigo tendidas 
éu el suelo, y maltratábanse con puñaaas y bofetadas en 
la 'cara diciendo: ¡todo cuanto teníamos nos han llevado.. 
y decian otras muchas cosas. A estos robadores también 
llamaban Tetzotzomme, porque en prendiéndolos luego 
los apedreaban, y les tomaban todo cuanto teman en sus 
casas. De las demás casas de este signo no hay que 
decir mas de do que está dicho atrás. La segunda ca- 
sa de este signo se llama Mavaumecalh: la tercera 
Eymetzpalli: la cuarta JYavicoatl: la quinta Macuilh- 
miguiztí la sesta Chicuacenmacatk la sétima Chicóme-, 
tochtli: la octava Chicuiafl: la nona Chiconamtzcuinth. 
la décima Maílactliocumatlii la undécima Matlactlioce- 
malinalii: la duodécima Matlactliomomeacatl: la decima- 
tercia Matlactliomeyoceluíl. 

CAPITULO XXXIII. 

Del signo decimonono que se llama Cequáuhtli, y de su 
adversa fortuna. 

El signo decimonono se llama Cequáuhtli: de- 
cian que era mal afortunado, y que en él descen- 

(a) O sea salas de recibir. 



I ÍUUUM, 



330 
dian las diosas Cioatetcu á la tierra, y no descendían 
todas sino las mas ¡nozas, y aquellas eran las mas 
temibles, porque hacían mayores daños á los mucha- 
chos y ninas, y se embestían en ellos, y les ha- 
cían visages; por esto en este signo adornaban los 
oratorios de estas diosas con espadañas y flores, y 
los que habían hecho algún voto á reverencia de ellas 
cubrían las imágenes de estas con papeles. Este día 
ofrecían los papeles manchados con ulii, y otros que 
no cubrían sus imágenes, ofrecían comida, bebida, 
copal blanco y menudo. Estas comidas tomaban pa- 
ra sí los ministros de aquellos oratorios: después de 
haber comido, cada uno bebía en su casa el pulcre 
á sus solas, y lo daban á los viejos y viejas, y visitá- 
banse unos á otros en sus casas. Decían que los que 
nacían en este signo si eran hombres, serían valien- 
te?, osados, atrevidos, desvergonzados, presuntuosos, 
soberbios, y decidores de palabras altivas y afrento- 
sas, y presumirían de bien hablados y corteses^ y serían 
jactanciosos y lisonjeros, y al cabo vendrían á morir en 
Ja guerra. Si era muger la que nacía en este sig- 
no, sería deslenguada y maldiciente: su pasatiempo sería 
decir mal y avergonzar á todos, y también sería atre- 
vida para apuñar y arañar ¡as caras á otras muge- 
res, remedar á todos, y rasgar los vipiles de las otras. 

CAPITULO XXXÍV. 

De la superstición que usaban los que iban á visitar la re- 
den parida, y de otros ritos que se guardaban en la ca- 
sa de la misma. 

Aquí se pone la ceremonia que hacian las mu- 
geres á las recien paridas. En sabiendo que alguna 
panenta había parido, luego todas las vecinas, ami- 
gas y panentas, iban á visitarla, para ver la criatu- 



WKMan 



ra que había nacido. Antes que entrasen en aquella 
casa restregábanse las rodillas con ceniza, y también 
frotaban las rodillas á sus niños que llevaban con- 
sigo, y todas las coyunturas del cuerpo: decían que 
con esto entonaban las coyunturas para que no se aflo- 
jasen. También hacían otra superstición y era, que cua- 
tro dias continuos ardía el fuego en casa de la re- 
cien parida, y guardaban este tiempo con mu- 
cha diligencia, y que nadie sacase fuera del luego, 
porque decían que así quitaban la buena, ventura a 
la criatura que había nacido. 

CAPÍTULO XXXV. 
De las ceremonias que hadan cuando bautizaban la cria- 
tura, y del convite que hadan á los niños cuando le po- 
nían nombre, y de la plática que los viejos hacían 
á la criatura y á la madre. 

Este bautismo se hacia cuando salía el sol, y 
convidaban á todos los niños para entonces, y dában- 
les de comer. La criatura que nacía en buen signo lue- 
go la bautizaban, (a) y si no había oportunidad de bau- 
tizarla luego, diferíanla para la tercera, sétima o de- 
cima casa, y esto hacían para proveerse de las ¡co- 
sas necesarias para el convite de los bautismos. Lle- 
gado el dia de ellos, comían y bebían los viejos y 
viejas, y saludaban al niño y á la madre, al niño le 
decían: ,.¡Nieto mió! haz venido al mundo donde has 
de padecer muchos trabajos y fatigas, porque estas 
cosas hay en él. Por ventura vivirás mucho tiempo, y 
te lograremos v gozaremos, porque eres imagen de 
tu padre y de "tu madre, eres brotbn y renuevo de 
tus abuelos y antepasados, á los cuales conocimos 
cuando vivieron en este mundo.'» Dicho esto y otras 
cosas semejantes, alhagaban á la criatura trayéndole 
la mano sobre la cabeza en señal de amor, y lue- 

(a) Según Betancurt, el bautismo lo hacia la partera enme- 
dio del patio de la casa. 







— 



332 

go comenzaban I saludar á la madre, diciendo de 
esta manera: ¿Hija mía (ó señora mia,) habéis sufri- 
do trabajo en parir á vuestro hijo, que es amable 
como una pluma rica ó piedra preciosa: hasta aho- 
ra erais uno, vos, y vuestra criatura; mas ahora ya 
sois dos, distintos cada uno, él ha de vivir por sí, y 
cada uno ha de morir. Por ventura gozaremos y lo- 
graremos algún tiempo á vuestro hijo, y lo tendre- 
mos como á sartal de piedras preciosas: Esforzaos 
hija, y tened cuidado de vuestra salud: mirad no cai- 
gáis en enfermedad por vuestra culpa, y tened cui- 
dado de vuestro hijito; mirad que las madres mal 
avisadas matan á sus hijos durmiendo, ó cuando ma- 
man, si nó les quitan la teta con tiento, suélense 
ahugerar el paladar, y mueren. Mirad que pues que 
nos lo ha dado nuestro Señor, no le perdamos por 
vuestra culpa: basta, no es menester mortificaros con 
mas palabras," 

CAPITULO XXXVI. 

Del convite que se hacia por razón de los bateos, [6 bau- 
tismos] y de la orden dd servicio, y de la borrachera que 
allí pasaba. 

Sigúese la manera del convite que se hacia 
en los bautismos. Llegado el dia de ellos, juntában- 
se los convidados en la casa del que lo hacia: asen- 
tábanse por su orden, porque tenían sus asientos ca- 
da uno según su manera. Luego empezaban los que 
tenian el cargo de servir las cosas del convite, y 
habían elegido para esto. Ponian luego cañas de hu- 
mo con sus platos delante á cada uno de los con- 
vidados; luego dábanles flores en las manos, y po- 
níanlos guirnaldas en las cabezas, y echábanlos sar- 
tales de rosas al cuello, y luego todos los convida- 
dos comenzaban á chupar el humo de las cañas, y 
§. oler las flores. Después de esto venían los serví- 



.rmutL 



333 
dores de la comida, y traían vianda á cada uno se- 
gún su comer, y la ponían delante del que estaba 
asentado: una orden de chiquihuites con diversas ma- 
neras de pan, y pareados con los chiquihuites, otros 
tantos cagetes con diversas maneras de cazuelas con 
carne, ó pezcado, y antes que comenzasen á comer 
los convidados la comida que les habían puesto, to- 
maban un bocado de la comida, y arrojábanlo al fue- 
go á honra del dios Tlaltccutli, y luego comenzaban 
a comer. Concluida la comida daban las sobras á sus 
criados, y también los cagetes y chiquihuites, luego 
venían los que servían el cacao, (ó chocolate) y po- 
nían á cada uno una xícara (a) de cacao, y á cada 
uno le ponían también su palillo, que. llaman aquavitl, 
y las sobras del cacao daban á sus criados. Después 
de haber ellos bebido bien, estábanse en sus asien- 
tos un ratillo reposando, y algunos á quien no les 
contentaba la comida y la bebida, levantábanse lue- 
go enojados, é íbanse murmurando del convite, y del 
que los había convidado, y entrábanse en su casa 
enojados; y si alguno de parte del que convidó veía 
aquello decíalo al señor del convite, el cual los ha- 
cia llamar para el dia siguiente, y les daba de comer, 
y consolaba. A este dia llamaban apealo, porque en 
él se acababa todo el convite. A las mugeres que 
comían en otra parte no las daban cacao á beber, 
sino ciertas maneras de mazamorra, sembrada con 
diversas clases de chilmolli por encima; y los viejos 
y viejas juntábanse á la noche, y bebían pulcre, y 
emborrachábanse. Para hacer esta borrachera, ponían 
delante de ellos un cántaro de pulcre, y el que ser- 

(a) De aquí viene el que en España, cuando ofrecen chocola- 
te dicen, ¿gusta V. de una jicara de chocolate? espresion que cho- 
ca entre los mexicanos, que ofrecen una tasa ó pozillo, porque cuan- 
do los españoles adoptaron el uso del cacao, adoptaron igualmen- 
te el uso de la jicara en que lo bebían los mexicanos. En Oaxaca 
todavía se usa dar el palillo para revolverlo, y lo hacen de mejor gusta 
y mas decente que en México. 



3 



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334 
via echaba en una jicara, y daba á cada uno á be- 
ber por su orden hasta el cabo. A las veces daban 
pulcre que llaman iztacvctli, que quiere decir pulcre 
blanco, que es lo que mana de los magueyes, y otras 
veces daban pulcre hechizo (ó sea contrahecho) de 
agua, y miel, cocido con la raíz al cual llaman ayuc- 
tli, que quiere decir pulcre ele agua, el cual tenia guar- 
dado y aparejado el señor del convite de algunos dias 
antes, y el servidor cuando veía que no se embor- 
rachaban, tornaba á dar á beber por la parte contra- 
ria á la mano izquierda, comenzando de los demás 
abajo. En estando borrachos, comenzaban á cantar: 
unos cantaban y lloraban, y otros cantaban y hacían 
placer: cada uno cantaba lo que quería, y por el to- 
no que se le antojaba, y ninguno concertaba con otro; 
unos de ellos cantaban á voces, y oíros bajito [a] 
como dentro de sí; otros no cantaban, sino que par- 
laban y reían, y decían gracias, y daban grandes ri- 
sadas cuando oían á los que decían chistes. Í3e es- 
ta manera se hacían los convites cuando alguno con- 
vidaba por alguna causa, (b) 

CAPÍTULO XXXVÍI. 

De lo que ahora se kaes en los bateos [ó bautismos] que 
es casi lo mismo que antiguamente hadan, y del modo de 
los banquetes que hacían los señores, y principales y mer- 
caderes, y del que ahora hacen, y de las demás casas ds 

este signo. 

De la misma manera convidan ahora para sus 
bautismos que convidaban antiguamente, escepto que 
los señores y principales, y mercaderes y hombres 
ricos cada uno según su manera, hacián convite, y 

(a) Hoy llaman tararear. 

(b) En esta relación, como en todas las del P. Sahagun, se no- 
ta su sinceridad y candor. El que dudare de la ecsactitud de es- 
ta descripción, vayase á una de las pulquerias de México, gran teatro 
donde los borrachos desarrollan sus paciones. 



convidaban mucha gente, y ponían oficiales y ser- 
vidores para que sirviesen á los convidados y que 
á todos se les hiciese honra conforme á la calidad 
de sus personas, así en darles flores, como en ministrar- 
les vianda, mantas y mastles. Para este proposito jun- 
taba mucha copia de comida, mantas, mastles, flo- 
res y cañas de humo, y que todos los convida- 
dos tubiesen copiosamente todo lo necesario, y no 
recibiese afrenta, ni vergüenza el señor del convite, 
sino gloria y honra de Sa orden, y abundancia de to- 
das las cosas que se habían de dar; y saviendo es- 
to los convidados estaban con esperanza, de que no 
les faltaría nada de las cosas del convite, y también 
deseaban que no huviese falta, porque el que con- 
vidaba no cayese en alguna afrenta, ni nadie con ra- 
zón se pudiese quejar de él, ni del convite, ni mur- 
murar. Llegando el dia del banquete, todos los ser- 
vidores, y oficiales de él, andaban con gran solicitud, 
aparejando las cosas necesarias, y poniendo espada- 
ñas y flores en los patios y caminos, y barriendo y 
allanando dichos patios, y entradas de la casa donde se 
hacia el banquete. Unos traían agua, otros barrían, otros 
regaban, otros echaban arena; otros colgaban espa- 
dañas donde se había de hacer el areyto; otros en- 
tendían en pelar gallinas, 6 en matar perros y 
chamuscarlos, otros en asar gallinas; otros en cocer- 
las, y otros metían perfumes en las cañas. Las 
mugeres viejas, y mozas entendían en hacer tamales 
de diversas maneras; unos se hacían con harina de 
frisóles, otros con carne; unas de ellas lavaban el maíz 
cosido, otras quitaban la coronilla del maíz que es- 
aspera, para que el pan fuese mas delicado; otras 
traían agua, otras quebrantaban cacao, ó le mo- 
lían, otras le mezclaban el maíz cosido con el cacao; 
otras hacian potajes, y en amaneciendo ponían peta- 
tes por todas partes, y asentaderos, y echaban he- 
no entretegiendo la orilla que parecían mantas de 
Tém. I. 49 



1 lUUUWXi M 




336 
suave yerba; así disponían todo en orden como era 
menester, sin que el señor entendiese en nada. Todas 
estas operaciones hacían los servidores y oficiales, aque- 
llos que dan cañas de humo, y las flores y la comi- 
da, y los que hacen el cacao y lo levantan al 
aire, y dan á los que han de beber. También habia 
personas diputadas para el servicio particular de los 
convidados, como acontece entre los señores, y prin- 
cipales, y mercaderes, y hombres ricos; pero la gen- 
te baja y pobre, hace sus convites como pobres y 
rústicos, pues tienen poco, y saben poco, y dan flores de 
poco valor, y cañas de humo que ya han servido 
otra vez. Las demás casas de este signo, tienen la 
fortuna conforme á los lugares de sus números. La 
segunda casa se llama Umecozcaquauhtli: la tercera Cio- 
Ihm la cuarta JVavitccpatli: la quinta JWacuiltquiavitl : 
la sesta Chiquacenxuchith la sétima Chicomccipactli: la 
octava Chicneyecatl: la nona Chiconavicalli: la décima 
Maílactlicuetztpallr. la undécima Matlactliocecoath la duo- 
décima Matlactliomomemiquiztli: la décimatercia Ma- 
tlactliomeimacail. 

CAPITULO XXXVIII. 

Del signo vigésimo y ultimo llamado Céxuchitl 

El signo vigésimo se llama Céxuchitl, y es el 
último de todos: decían que este era bien afor- 
tunado, y los que en el nacían eran prósperos, y ri- 
cos, y abundantes de todos los mantenimientos, y es- 
to por ser grandes trabajadores, y grandes grange- 
ros, y muy aprovechados del tiempo, que miran 
á las cosas de adelante, y son ademas grandes ate- 
soradores para^sus hijos: son circunspectos en guar- 
dar su honra y hacienda, y si era labrador el que 
en este signo nacia era muy diligente en cultivar la 
tierra, y en sembrar todas las maneras de semillas, 



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337 

y en cultivarlas y regarlas, y así abundantemente co- 
cren de todas maneras de legumbres, é hinchen su 
casa de toda clase de maíz, y cuelgan por todos los 
maderos de su casa sartales y manojos de mazor- 
cas de maíz; todas las cosas las aprovechaban como 
las oías de maíz, y las cañas y camisas de mazor- 
cas, y los redrojos, y con estos trabajos y diligen- 
cias se enriquecían, (a) 

CAPITULO XXXIX. 

Se omite este capítulo por ser inútil su lectura. 

CAPITULO XXXX. 

De las restantes casas de este signo, y de la tabla y 
números de todos los signos. 

Al oresente con este signo llamado Ccxuchitl, 
se acaba ' la obra con las demás casas del signo 
que se siguen, porque ya no hay que decir mas de 
¿«te Si algo después se ofreciere y saliere á luz, [que 
ahora se oculta] "los lectores han de congeturarlo de 
lo que está dicho; solo diremos que la segunda ca- 
sa de dicho signo se llama Umecath la tercera Lyelz- 
euintli: la cuarta Naviocumath la quinta Macuillimah- 
nali: la sesta Chicuacenacatl: la sétima Chicomeocelutk 
la octava Chicueyquauhtli: la novena Chiconavtcozca- 

quauhíli: la décima Matlactliolín: la undécima Maíhc. 

tkocetecpatl: la duodécima Matlacíhomomequiavitl: la ü> 

cimatercia Matlactliomeyxuchitl 

[a] Tal es la idea un labrador económico. 






FIN DEL LIBRO CUARTO. 

é 



338 



APÉNDICE DEL CUARTO LIBRO 
en romance: es una apología en defensa de la 

VERDAD QUE EN EL SE CONTIENE. 



Porque algunos se han engañado, y aun toda- 
vía dura ei engaño acerca de ciertas cuentas que es- 
tos naturales usaban antiguamente; tengo por cosa 
traoajosa poner aquí la declaración de tres maneras 
de cuentas que usaban, y aun en algunas partes to- 
davía usan. Es la primera la división del año por 
sus meses: es el caso, que ellos repartían el año en 
diez y ocho partes, y á cada parte le daban veinte 
días: estos se pueden llamar meses, de manera que 
su ana tenia diez y ocho meses, los cuales contienen 
trescientos sesenta dias, y los cinco que sobran pa- 
ra ser año cumplido, no entran en cuenta, sino ¡lá- 
manlos días valeos y aciagos, porque á ningún dios 
eran dedicados. El fin á que enderezaba esta división 
es, que cada mes ó cada veinte dias, los dedicaban 
á un dios, y en ellos le hacían fiesta y sacrificios, 
ecepto que en dos meses hacían fiesta á cuatro dio- 
ses dedicando diez dias al uno, v oíros diez al otro 
y así con ser los meses diez y ocho, las fiestas que 
celebraban en ellos eran veinte. Esta cuenta se lla- 
ma Calendario donde todos los dias del año se dedican 
a los dioses, ecepto los cinco valdíos y aciagos no tienen 
que hacer con las otras dos cuentas que Juego se dirán. 
.La segunda cuenta que estos naturales usaban, se llama 
cuenta de los años, porque contaban cierto número 
de anos por la forma que se sigue. Tenían cuatro 
caracteres puestos en cuatro partes, en respecto de 



339 
un círculo redondo: al uno de esto* caracteres lla- 
maban Ccacatl, que quiere decir una caña: este ca- 
rácter, era como una caña verde pintada, y en res- 
pecto del círculo estaba hacia el oriente. Al segundo 
carácter llamaban Cetccpactl, que quiere decir un pe- 
dernal hecho á manera de hierro de lanza, teñido a 
mitad de él con sangre; este estaba puesto hacíala 
parte del septentrión en respecto del círculo. El ter- 
cer carácter era una casa pintada que ellos llaman 
CecaUi, está puesta hacia la parte del occidente en 
respecto del círculo. El cuarto carácter és la seme- 
janza de un conejo que ellos llaman Cetochtti, está 
puesto acia la parte del mediodia en respecto del 
círculo. Contaban por estos caracteres cincuenta y dos 
años, dando á cada uno de los caracteres trece años, 
y contaban de esta manera: Ccacatl, Umctecpatl, Eiea- 
Ih, Navitochtli, y así dando vuelta por dichos caracte- 
res, hasta que en cada uno se cumpliesen trece años, 
los cuales todos juntos en cuatro veces trece, hacen 
cincuenta y dos años. El fin ó intención de esta cuenta, 
és renovar cada cincuenta y dos años el pacto, ó con- 
cierto, ó juramento de servir á los Ídolos, porque en 
fin de los cincuenta y dos años, hacian una muy so- 
lemne fiesta, y sacaban fuego nuevo, y apagaban to- 
do el viejo, y tomaban todas las provincias de és- 
ta N. E. fuego nuevo: entonces renovaba todas las 
estatuas de los ídolos, y todas las alhajas, y el pro- 
pósito de servir los otros cincuenta y dos años, y 
también tenían profecía ú oráculo del demomo, que 
en uno de estos periodos se habia de acabar el mundo. 
La tercera cuenta que estos naturales usaban, 
era el arte para adivinar la fortuna ó ventura, que 
tendrían los que nacían, aombres y mugeres, era de 
esta manera. Tenían veinte caracteres, al primero lla- 
man Jpacíli: el segundo Calli: el tercero Cuetzpalli: el 
cuarto Coatí: &c. hasta veinte como está pintado en 
la figura que está al fin de este apéndice. Decian que 



; wmmmsmmmBPmm 



340 

cada uno de estos caracteres reinaba trece dias, ios 
cuales juntos son doscientos sesenta dias: algunos di- 
cen que estos trece dias, son semanas del mes, y no 
es así, sino número de días en que reina el signo ó 
carácter. Las semanas de los meses son de cinco dias, 
y así hay en cada mes cuatro semanas, y los mer- 
cados ó tianguiz por éste número se señalaban, que 
de cinco en cinco dias, echaban los mercados ó 
ferias, y así no tenian semana, sino quintana, y ahora 
en muchas partes echan los mercados ó ferias por 
nuestra semana de siete en siete dias, (ó sea sete- 
na) En esta cuenta adivinatoria y no lícita, entrepó- 
nense los carctéres de la cuenta de los años, con- 
viene á saber, aquellos cuatro caracteres de que ar- 
riba se hizo mención,, que es casa, pedernal, caña, 
conejo, por donde contaban la hebdómada (ó semana) 
de sus anos, que son cincuenta y dos. Esta cuenta 
es muy perjudicial y muy supersticiosa, y llena de 
idolatría, como parece en este libro cuarto. Algunos 
la alabaron mucho, diciendo que era muy ingeniosa, y 
que ningua mácula tenia; esto digeron por no enten- 
der^ á qué fin se enderezaba, el cual es muy ma- 
lo é idolátrico. De poco entendieron la muchedum- 
bre de supersticiones, fiestas, y sacrificios idolátricos 
que en ella se contienen, y llamaron á esta cuenta 
el calendario de los indios, no entendiendo que ella 
no alcanza á todo el año, porque no tiene mas de 
doscientos sesenta dias de círculo, y luego torna á su 
principio, y así no puede ser calendario, y nunca lo 
fué, porque el calendario como está dicho y está pin- 
tado en e! principio del segundo libro, [a] contieno 

. [a] En la copia de esta obra de que se ha formado esta edic- 
cíon, no hay tal Calendario en pintura. El que hice grabar en lito- 
grafía, y coloqué en algunos ejemplares de Chimalpain poraue el 
secretario de relaciones D. Juan Espinosa de los Monteros, no qui- 
so prestarme una prensa de las del Establecimiento litográfico del 
Gobierno, (como yo lo esperaba de la protección que por su empleo 



BBSS 



311 
todos los dias del año, y sus fiestas, y esto ignoran 
los que dicen que esta arte adivinatoria és calenda- 
rio; y cierto fué gran inadvertencia, y culpable igno- 
rancia, loar por palabra y por escrito una cosa tan 
mala y tan llena de idolatría. El celo de la verdad 
y de la fé católica me compele á poner aquí las mis- 
mas palabras de un tratado, que un religioso escri- 
bió en loor de esta arte adivinatoria diciendo: „Que 
es calendario para que donde quiera que alguno le 
viere sepa que es cosa muy perjudicial á nuestra santa 
fé católica, y sea destruido y quemado.» Sigúese la in- 
troducción del tratado sobredicho. 

Introducción y declaración ahora nuevamente sacada, quo 

es el calendario de los Indios de Anáhuac, esto es de 

la JV. España» 

„Por sus ruedas aquí antepuestas (dice) cuen- 
tan los Indios sus dias, semanas, meses, y años, olim- 
piadas, lustros, inducciones, y hebdómadas, co- 
menzando su año con el nuestro, desde principio 
de enero, en . la cual se hallan las maneras de con- 
tar los tiempos, todas las naciones; y según parece, 
los Indios que la compusieron y sabían ciertamente, 
ge mostraron filósofos naturales, solamente faltaron en 
el visesto; pero también pasó el gran filósofo Aris- 
tóteles, y su maestro Platón, y otros muchos sabios 
que no lo alcanzaron; y es de sabej, que en este 
calendario, no hay cosa' de idolatría, y esto se pue- 
de alabar por muchas razones; pero bastará decir una 

debía prestar á la literatura) ni aun un cilindro tintador: está bastante 
exacto; uno comprende el orden de los meses, y otro los nombres fi-2 
gurados de los dias del año mexicano; un pobre particular como 
yo, muy poco puede hacer si el Gobierno no lo ausilía. Esta clase 
de empresas necesitan mucho caudal, y en la edición de Chimalpain 
he perdido como 800 pesos que estoy pagando con muchas ansias. 
L. B. 



I^IWaÍI 



342 

y . és, que en esta tierra no ha muchos años que 
comenzaron Jas idolatrías, y este calendario es anti- 
quísimo; y si los nombres de los dias, semanas, y años, 
y sus figuras son de animales, de bestias, y de otras 
criaturas, no se deben maravillar, pues si miramos 
los nuestros, también son de planetas, y de dioses 
que los gentiles tuvieron; y pues que aquí se escri- 
ben muchos ritos y ficciones, y antiguos sacrificios, 
una cosa tan buena y de tanto primor y verdadera, 
que estos naturales tuvieron, no es razón de repro- 
barla, pues sabemos que todo bien y verdad, quien 
quiera que lo diga, es del Espíritu Santo." 

CONFUTACIÓN DE LO ARRIBA DICHO. 



En lo primero que dice, que por esta cuenta 
los Indios contaban sus semanas, meses, y años, es 
falsísimo, porque esta cuenta no contiene mas de dos- 
cientos sesenta dias, y fáltale ciento cinco dias pa- 
ra ser cuenta de un año entero; ni tampoco conta- 
ban sus meses por esta cuenta, porque sus meses son 
diez y ocho, y cada uno tiene veiente dias, que son 
trescientos sesenta dias, al cual número no llega es- 
ta cuenta, ni tampoco cuentan por esta sus sema- 
nas; porque aquello que dicen que tenia trece dias 
por semana, es falso, porque de esta manera, sería 
una semana de trece dias, y otra semana entraría 
con tres dias en el mes siguiente, y así cada mes, 
no tendría dos semanas enteras, mayormente que sus 
semanas eran de cinco dias, las cuales mejor se lla- 
marán quintanas que no semanas, y hay en cada mes 
cuatro de estas quintanas. Lo que dice de olimpia- 
das, lustros, é indiciones, por la misma razón es fal- 
so y mera ficción. Lo que dice que el año comenza- 
ba en enero como el nuestro, es falsísimo, porque 
lo que llaman un año por esta cuenta, no son mas 



'.aLAi 



de doscientos! sesenta días, y de necesidad se había 
de acabar ciento cinco dias antes de nuestro ano, y 
así no podia comenzar con nuestro año, sino alguna 
vez y muy rara. En lo que dice que los Indios que 
compusieron esta cuenta se mostraron filósofos natu- 
rales, es falsísimo, porque esta cuenta no la llevan 
por ninguna orden natural, porque fué invención del 
demonic°, y arte de adivinación. En lo que dice que 
faltaron en el visiesto, es falso, porque en la cuenta 
que se llama calendario verdadero, cuentan trescien- 
tos sesenta y cinco dias, y cada cuatro años conta- 
ban trescientos sesenta y síes dias, en fiesta que pa- 
ra esto hacían de cuatro en cuatro años. En lo que 
dice que en este calendario no hay cosa de idola- 
tría, es grande mentira, porque no es calendario, 
sino arte adivinatoria, donde se contienen muchas co- 
sas de idolatría, muchas supersticiones, y muchas in- 
vocaciones de los demonios, tácita y espresamente, 
como parece en todo este cuarto libro precedente; 
de manera, que ninguna verdad contiene aquel tra- 
tado arriba puesto, que aquel religioso escribió; mas 
antes contiene falsedad y mentiras muy perniciosas. 



Sigúese adelante la 



impugnación 
religioso . 



del tratado de aquel 



Los indios que bien entendían los secretos de 
estas ruedas y calendario, no los enseñaban ni des- 
cubrían sino á muy pocos, porque por ello ganaban 
de comer, y eran estimados y reputados por hombres 
sabios y entendidos; empero si sabían casi todos los in- 
dios adultos, y tenían noticia del año, asi del núme- 
ro, como de la casa en que andaban; mas de los muchos 
secretos y cuentas que contenían, solo aquellos maestros 
computistas lo alcanzaban saber. Ahora para enten- 
Tóm. I. 50 



TUUUIWKnTOi 



rPBw?* 




344 

der la cuenta que estos naturales tenían, y sa- 
ber como contaban los tiempos por las ruedas y fi- 
guras aquí escritas, se ponen reglas que son las in- 
frascriptas. 

Confutación de lo arriva dicho. 

Ya está dicho que el calendario es distinto de 
esta cuenta, y no tiene nada que ver con ella, y el 
calendario trata de los meses de todo el año, y de 
los días, semanas, y fiestas fijas del mismo. Sabían- 
le todos los Sátrapas, y todos los ministros de los 
ídolos, y toda la otra gente popular, porque es co- 
sa fácil y toca á todos; empero la cuenta de la ar- 
te adivinatoria á la cual falsamente llama calenda- 
rio es cuenta por sí, porque su fin se endereza á 
adivinar las condiciones y sucesos de los que nacen 
en cada signo, ó carácter: esta cuenta alcanzábanla so- 
lamente los adivinos, y los que tenían habilidad pa- 
ra aprenderla, porque contiene muchas dificultades, y 
obscuridades. A estos que la sabían llamábanlos 
Tonalpouhque, teníanlos en mucho, y honrábanlos en 
gran manera: mirábanlos como profetas, y sabido- 
res de las cosas futuras, y así acudían á ellos en mu- 
chas dudas, como antiguamente los hijos de Israel, 
acudían á los profetas. Dice este (autor) que los meses 
son veinte en un año, y no es verdad, porque no son 
mas de diez y ocho: dice asimismo que las sema- 
nas son de trece días, y no es verdad, porque no 
son mas de cinco días, y así son cuatro semanas, ó 
por mejor decir, quintanas en un mes. Los trece dias 
a que falsamente llama semana no son sino el nú- 
mero de dias que reinaba cada uno de los veinte 
caracteres de esta arte adivinatoria, como está cla- 
ro en el cuarto libro precedente, que trata de esta 
arte adivinatoria. Sigúese la tabla y manera de con- 
tar, que tenian los adivinos en esta arte. 



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345 



AL LECTOR. 



Esta tabla que está frontera, amigo lector, es 
te tabla 6 cuenta Ve los caracteres ó signos de que 
'„ "te cuarto libro hemos tratado, la cual pro- 
rede por esta orden. Primeramente se ponen , veinte 
caracteres, y junto á ellos sus nombres, y después 
Teños s S ; "ponen los.dias ^^^ 
del guarismo, y comienza 1 2 3 &c. U carácter qu 
está iunto al uno, ó frontero de el, es el que reí 
na aúnelos trece dias, y comiénzase á contar des- 
Se amba hasta abajo, y llegando á trece, luego vuel- 
ve t no, y el carácter enfrente de qmea esta aquel 
uno e"e que reina los trece dias que se siguen, y 
% te todol los demás números y caracteres; de ma- 
nera que cada un carácter viene á reinar trece días, 
y él número de todos estos dras son doscientos se- 
senta, y de allí vuelve otra vez al principio. Tam- 
bién en el principio de esta cuenta se pone la ma- 
nTa d" contar de los años, porque estas dos cuen- 
tas andan vinculadas, ó pareadas. 



I lUUI.M'J 



í/ 



348 

La cuenta de iodos los tiempos que Untan estos naturales 
es la que se sigue. 

La mayor del tiempo que contaban era 
hasta ciento cuatro años, y á esta cuenta llamaban 
un siglo: á la mitad de ella que son cincuenta 
y dos años, llamaban una gavilla de años. Este 
tiempo de años traíanlo desde lo antiguo contados; 
no se sobe cuando comenzó; pero tenían por muy 
averiguado, y como de fé, que el mundo se habia 
de acabar en el fin de una de estas gavillas de años, 
y teman pronostico, ú oráculo, que entonces babia de 
cesar el movimiento de los cielos, y tomaban por se- 
ñal al movimiento de las cabrillas la noche de es- 
ta fiesta, que ellos llamaban toximmelpilia; de tal ma- 
nera caía, que las cabrillas estaban en medio del cie- 
lo á la media noche, en respecto de este orizonte 
mexicano. En esta noche sacaban fuego nuevo, y pri- 
mero que lo sacasen, apagaban todo el fuego do 
todas las provincias, pueblos, y casas de toda esta 
Nueva España, é iban con gran procesión y solem- 
nidad á todos los Sátrapa?, y ministros del templo. 
Partian de aquí de México á media noche, é iban 
hasta la cumbre de aquel cerro que está junto Itzta- 
palapan, que ellos llaman Vixachtecatl, llegaban á la 
cumbre á la media noche, ó casi donde estaba un 
solemne Cu edificado para aquella ceremonia: llega- 
dos allí miraban á las cabrillas si estaban en el me- 
dio, y sino estaban, esperaban hasta que llegasen, y 
cuando veían que ya pasaban del medio, entendian 
que el movimiento del cielo no cesaba, y que no 
era allí el fin del mundo sino que habían de tener 
otros cincuenta y dos años seguros de que no se aca- 
baría el mundo. En esta hora estaba en los cerros 
circunstantes que cercaban á toda esta provincia de 
México, Tezcoco, XuchimiSco y Quauhtitlan, gran 
cantidad de gente esperando ver el fuego nuevo, que 



347 
«ya señal que el mundo iba adelante, y como saca- 
ban el fuego los Sátrapas con gran ceremona en el 
Cu de aquel cerro, luego se parecía en todo lo cir- 
cunstante de las montañas, y los que estaban allí á la 
mira, levantaban luego un ahullido que le ponían en 
el cielo de alegría y que denotaba que el mundo no se 
■había de acabar, y. que tenían otros cincuenta y dos 
años por ciertos. La ultima fiesta solemne que hi- 
cieron de este fuego nuevo, fué el año de 1507: lu- 
ciéronle con toda solemnidad porque no habían ve- 
nido los españoles á esta tierra. El año de I559.se 
acabó la otra gavilla de años, que ellos llaman ío- 
ximmoipilia: en esta no hicieron solemnidad publica 
porque ya los españoles, y religiosos estaban en es- 
ta tierra, de manera que este año de 1566, anda en 
quince años de la gavilla que corre. Cuando sacaban 
fuego nuevo, y hacían esta solemnidad, renovaban el 
pacto que tenían con el demonio de servirle, y reno- 
vaban también todas las estatuas del que en su ca- 
sa tenían, y todas las alhajas de su servicio, y las 
de sus casas, y hacían grandes alegrías por saber que 
ya tenían el mundo seguro, y que no se acabaría por 
52 años. Claramente consta, que este artificio de con- 
tar fué invención del demonio para hacerlos renovar 
el pacto que con él tenían de 52 en 52 años ame- 
drentándolos con el fin del mundo, y haciéndolos en- 
tender que él alargaba el tiempo, y les hacia merced 
de él pasando el mundo adelante. 

De mas de esta cuenta tenían que de ocho en 
ocho años hacían un ayuno de pan y agua por es- 
pacio de ocho días, v al cabo de ellos una fiesta don- 
de celebraban solemne areyto de diversos personages, 
y decían que descubrían ventura, ó que la merecían, 
v llamábanla Atmnaqualiztli, 

Otra fiesta hacían de cuatro en cuatro anos 
a honra del fuego, en la que ahugeraban las orejas 
á todos los niños, y la llamaban Piüabanahzth, y en es- 



U^UWuTTlSSél 



I 






I 






348 

ta fiesta es verosímil, y hay congeturas que hacían 
su visiesto contando seis días de nemontemi. 

La otra cuenta del tiempo es de un año, el 
cual repartían en diez y ocho meses, y á cada mes le 
daban veinte dias, y cada uno de estos meses era 
dedicado á uno ó dos dioses, y hacían en él sus 
fiestas. Cada uno de estos meses le repartían de cin- 
co en cinco dias, y hacían las ferias el ultimo dia 
de estos cinco en un pueblo, y desde á cinco dias 
en otro, y desde á otros cinco días en otro; de manera 
que el cuarto quintenario era la fiesta del dios que 
se celebraba en el mes que se seguía. Los cinco 
dias que son mas de los trescientos sesenta de to- 
do el año, teníanlos por valdios, y aciagos, (como 
en otras partes se ha dicho) y así no hacían cuen- 
ta de ellos para ninguna cosa; pero cuenta tenían con 
todos los dias del año, con todos los v meses, y con 
todas las quintanas del mismo que son cuatro en 
cada mes. 

Otra cuenta tenían estos naturales que ni si- 
gue la cuenta del año, ni de los meses, ni de las 
quintanas que impropiamente se pueden decir sema- 
nas. Esta cuenta tiene veinte caracteres como es- 
tá pintado en la tabla que está detrás de es- 
ta hoja: á cada uno de estos caracteres atribuían 
trece dias, en los cuales reinaba uno de dichos 
caracteres, de manera que cada uno reinaba trece 
dias, y el círculo que estos con sus dias ha- 
cían son doscientos sesenta, el cual círculo tiene 105 
dias menos que un año. Esta cuenta se acaba para 
adivinar las condiciones y sucesos de la vida que 
tendrían los que naciesen; es cuenta delicada y muy 
mentirosa y sin ningún fundamento de astrologia 
natural, porque es arte de la judiciaria que en- 
tre nosotros se usa: tiene fundamento en la astro- 
logia natural que es en los signos y planetas del cie- 
lo, y en los cursos y aspectos de ellos; pero esta 



349 
arte adivinatoria sigúese ó fundase en unos caracte- 
res v números en que ningún fundamento natural hay, 
sino solamente artificios fabricados por el mismo de- 
monio; ni es posible que ningún hombre fabricase, 
ni inventase esta arte, porque no tiene fundamento 
en ninguna escritura, ni en ninguna razón natura^ 
mas parece cosa de embuste y embaimiento, que no 
cosa razonable, ni artificiosa. Digo que fue embuste, y 
embaimiento para encandilar y desalmar agentó 
de poca capacidad y entendimiento. No obstante 
esto P era tenida en mucho esta arte aü'V.natoria, 
ó mas propiamente hablando, embuste diabólico. Tam- 
bién los que la sabian y usaban, eran muy honrados 
v tenidos, porque decian las cosas por venir, y del 
vulgo eran tenidos por verdaderos aunque ninguna 
verdad decian, sino acaso, y por yerro. Esta arte 
ni sigue años ni meses, ni semanas, ni lustros ni 
olimpiadas como algunos soñando digeron,y afirma- 

ron falsamente. • ... . . 

Porque la tabla precedente del arte adivinato- 
ria está dificultosa de entender y de contar; puse es- 
ta que se sigue porque está muy mas clara, y 
a-cuenta mas'fácil, y conforme á como ellos ; con to- 
ban; y no piense nadie que esta tabla es calendario, 
Jorque como está dicho, no es sino arte adivinato- 
ria. El calendario de estos naturales se puso en el 
principio del segundo libro, y está muy claro de enten- 
der por letras del alfabeto que tiene: de una parte se 
cuentan los meses suyos, que son de veinte en ve in- 
te dias, v de la otra parte so cuentan los nuestros que 
son de Í treinta dias uno mas ó menos, y por es- 
tar esta cuenta de esta manera, fácil cosa es saber 
sus fiestas en qué mes de los nuestros caían, y a cuan- 
tos dias de cada mes. La otra cuenta que es de os 
años se pone en el sétimo libro de esta historia; al. 
se podrá ver si pluguiere á nuestro señor que sal- 
ga á luz. 



350 



NOTA. 



Cuando se escribió la obra del padre Sahagun, dice señor Beris- 
tain en su Biblioteca Hispano Americana (pág. 91) lo hizo en do- 
ce grandes volúmenes en papel de marca, con dibujos preciosos y 
figuras, según la escritura simbólica que usaban los mexicanos, obra 
que debió haber sido inmortal; pero que habiendo costado al autor 
muchos disgustos poique sus celosos compañeros decian que no de- 
bían perpetuarse los vestigios de la. idolatría, le fué arrebatada de 
las manos, para el cronista Herrera, á guien le aprovecharon (di- 
ce con gracia Torquemada) lo mismo que las coplas de D. Gay- 
jeros; y con razón, pues aquel español ignoraba absolutamente la len- 
gua mexicana. 

Xos mapas con que acompañó dicha obra, eran los compro- 
bantes de ella, estaban formados con la mayor ecsactitud por los 
mismos Indios testigos syncrónos de la conquista, por los mas 
sabios Tezcucanos que entonces todavía existían, y probablemente por 
el archivero de aquella ciudad, D. Alonso de Ayacatzin, que vio 
quemar el gran tesoro que él custodiaba, y que se lo arrancó el 
señor Arzobispo Zumárraga para darlo al fuego como un depósi- 
to de nigromancia. Carecemos por tanto de este archivo precio- 
sísimo con el que hoy podíamos comprobar toda esta historia y 
llenarnos de placer, solo ecsiste la rueda que presentamos. 

El padre Sahagun, en cuanto al calendario muestra estar 
afectado del mismo celo santo que contra la idolatría, y por eso que- 
ría que se quemasen cuantos ejemplares huviese de este curio- 
so monumento. Es menester disimularle su ecsaltacion, y esperar á que 
algún día se hagan escavaciones profundas en la plaza mayor de 
México donde se halla oculto en otras tres piedras como la 
gran rueda que está colocada en Catedral, según Betancurt» 
y principalmente junto al cementerio del Sagrario, donde se- 
gún me aseguró el difunto señor canónigo Gamboa al rebajar di- 
cha plaza se halló una piedra tan enorme que no fué posible ar- 
rancarla de aquel lugar, y por lo mismo quedó allí sepultada, igual 
hecho refirió dicho canónigo al barón de Humbold. 

FIN DEL TOMO PRIMERO. 



Iíota. Sabemos ü no dudarlo que al Embajador Inglés en Madrid 
se le acaba de hacer el obsequio de una copia de esta obra del P. 
Sahahun, lo que prueba el aprecio que merece tanto a los españoles 
como estrangeros, por lo que nos es muy satisfactorio el darla á luM 
sn México. 



ÍNDICE 

DE LOS CAPÍTULOS, APÉNDICES, 

* y de algunas notas comprendidas en los libros de éste 
primer tomo. 

PAGINAS. 

Dedicatoria del Editor, á N. Smó. P. Pió VIII. ... 

Advertencia del Editor al que leyere ^ 

Prólogo del Autor * 

Idea biográfica del P. Sahagun. . . . . • • • • * * 

Dedicatoria del P. Sahagun al P. Fr. Rodrigo de Sequera. 10. 

Introducción al primer libro de la historia. ....•• J • 

Advertencia al lector. . . > . • 

LIBRO PRIMERO. 

Capítulo 1. Dioses que adoraban los naturales de la N. Es- 
paña [segundo foliage,] • • • • • * 

Cap. II. Del dios Paynal, que siendo hombre era adorado 

por dios .....»•••• • 

Cap. III. Del dios llamado Texcatlipoca 4- 

Cap. IV. Del dios llamado Tlaloctlamacazqui 3. 

Cap. V. Del dios Quetzalcoatl • 

Cap. VI. De las diosas principales que adoraban en esta N. 

España • • • * 

Cap. VII. De la diosa Chicomecoatl, 6 sea otra Ceres. . 5. 

Cap. VIII. De la diosa Centcotl, 6 sea otra Civeles. . , . 6. 

Cap. IX- De la diosa Tzaputlanea. ..>...•• 7 » 

Cap. X. De las diosas llamadas Civapipüti 8. 

Cap. XI. De la diosa Chalchiuhtlicue, 6 sea otra Juno. . 9. 

Cap. XII. De la diosa Tlaculieutl, 6 sea otra Venus carnal. 10. 

Cap. XIII. De los dioses menores XiuhtecutU, ó sea Vulcano. 16. 
Cap. XIV. Del dios Macuilxuchitl, que tiene cargo de dar 

flores. . 19 - 

Cap' XV. Del dios Omecail, 6 sea de los convites. ... 22. 

Cap. XVI. Del dios Ixtlilton, 6 sea el Negrillo 24. 

Cap. XVII. Del dios Opuchtli. . 26 ' 

Cap. XVIIL Del dios Xipetotec, que quiere decir desollado. 27. 

Cap. XIX. Del dios Yacatecvtli, de los mercaderes. . .' 29. 

Cap. XX. Del dios Napaiecutli 33. 

Cap. XXI. De los dioses imaginarios llamados Tlaloques. . 35. 
Cap. XXII. Del dios Texcatzoncall, uno de los dioses del 

vino , 39. 

Tóm. I. 51. 



[U>sUWJ 



APÉNDICE DEL PRIMER LIBRO 






QUE CONFUTA LA IDOLATRÍA. 

Prólogo. • 41» 

Nota del Editor, y traducción de los capítulos 13 y 14, del 

libro de la Sabiduría, pág. 42, á 46¿ 

LIBRO SEGUNDO. 

Cap. I. De las fiestas fijas que tenían los naturales de N. 

España , 94. 

Cap. II. Fiesta del mes Tlacaxipeoaliztli . 51. 

Cap. III. Fiesta del mes Tozoztontli. , 54. 

Cap. IV. Fiesta del mes Veytocoztli 54. 

Cap. V. Fiesta del mes Toxcatl. ......... 55. 

Cap. VI. Fiesta del mes Etzacualiztli 57. 

Cap. VIL Fiesta del mes Tecuilhvitontli. , 58. 

Cap. VIII. Fiesta del mes Veytecuilhuül 59. 

Cap. IX. Fiesta del mes llamado Tlaxóchimaco 61. 

Cap. X. Fiesta del mes llamado Xocohuetzi 62. 

Cap. XI. Fiesta del mes llamado Ocpaniztli 64. 

Cap. XII. Fiesta del mes llamado Tloteco 65.- 

€ap. XIII. Fiesta del mes llamado Tepeühuitl 67. 

Cap. XIV. Fiesta del mes llamado QuechollL .... 69. 

Cap. XV. Fiesta del mes llamado Pancuetzáliztli. ... 70, 

Cap. XVI. Fiesta del mes llamado Atemoztli. . s . . . 72. 

Cap. XV H. Fiesta del mes llamado Tititl. 73. 

Cap. XVIII. Fiesta del mes llamado Izcalli 74. 

Cap. XIX. De los cinco dias valdíos del año, llamados Ne- 

rnontemi • 76. 

Cap. XX. De la fiesta del mes llamado Atlacaoloi ó Gua- 

vitleloa 83. 

Esclamacion del Autor contra la Idolatría , 87; 

Cap. XXI. Ceremonias y sacrificios que hacían en el se- 
gundo mes que se llamaba Tlacaxipeoalixtli 88.; 

Cap. XXII. Fiestas y sacrificios que hacían en el postrero 

dia del segundo mes llamado Tlacaxip.eoalixtli. . . . 95. 
Cap. XXIII. De la fiesta y ceremonias que hacian en las 

kalendas del cuarto mes que se llamaba Veytocoztli. . 97/ 
Cap. XXIV. De la fiesta que se hacia en las kalendas del 

quinto mes llamado Tozcátl , . . . 100, 

Cap. XXV. De la fiesta y sacrificios que se hacian en las 

kalendas del sesto mes llamado Etzaqualiztli 111. 

Cap. XXVI. De la fiesta que se hacia en las kalendas del 

sétimo mes que se llamaba Tecuükuitontli. . , . . . 124: 



Cap XXVII. De la fiesta que se hacía en las kalendas 

del octavo mes llamado Veytecuilhmtl. . . . • . . 
Cap XXVIII. De la fiesta que se hada en las kalendas 

del noveno mes llamado Tlaxóckimaco. . . • . . * *<*«• 
Cap. XXIX. De la fiesta que se hacia en las kalendas del ^ 

décimo mes llamado Jocothetzi. . . . • • • • • 
Cap. XXX. De la fiesta que se hacia en las kalendas del 

undécimo mes llamado Ochpanizíh. . . '''J',\ 
Cap. XXXI. De la fiesta que se hacia en las kalenda* del ^ 

duodécimo mes linmado Teutleco. . . . \^\'¿¿ 
Cap. XXXII. De la fiesta que se hacia en las kalendas del 

decimotercio mes llamado Tepeilhuitl. •-, . . . . J • 
Cap. XXXIII. De la fiesta que se hacia en las kalendas 

del decimocuarto mes llamado Quecholli. . ., . .. • «>*- 
Cap. XXXIV. De la fiesta que se hacia en las kalendas 

del decimoquinto mes \hmzdo Panquetzahzth , , . . ibb. 
Cao XXXV. De la fiesta que se hacia en las kalendas del 

décimosesto mes que se llamaba Atermzth . . . • &7b. 
Cap. XXXVI. De la fiesta que se hacia en la» kalendas 

del décimosétimo mes que se llamaba Tiüü . . . . *'»- 
Cap. XXXVII. De la fiesta que se hacia en las kalendas 

del décimooctavo mes, que se llamaba Izcalli. . . . . . 1«¿. 

Cao XXXVIII De la fiesta llamada Oauquútamalqualizth 190. 

que se hacia á honra del dios llamado hcocauhqui. . . , 

APÉNDICE DEL SEGUNDO LIBRO. 

Relación de los mexicanos acerca de las fiestas del dios ^ 

Vitzilopuchlli ,*",**' i * - i'ox" 

Relación de la fiesta que se hacia de ocho en ocho auos. 195. 

Relación de los edificios del gran templo de México . . . 197. 

Relación de las cosas que se ofrecían en el tempio délos ^ 

mexicanos « * * * * *, C ■,' * 

Relación de la sangre que se derramaba a honra del demo- 

nio, en el templo y fuera. . . . ..• . * • • • •. • ■ ¿íó ' 

Relación de otros servicios que se hacían a los demonios, 

en el templo y fuera ■* ;• ; e ■■'• 

Relación de otras ciertas ceremonias, que se nacían a hon- 
ra del demonio '917' 

Relación de lo mismo, id .'A V-" * 01Q ' 

Relación de los diferentes ministros que servían a los dioses. 218. 
Relación de los egercicios 6 trabajos que había en el templo. 2¿5. 
Relación de los votos y juramentos. . . . • • • ■ • 22b « 
Relación de los cantares que se decían á honra de los dio- 
ees, en los templos y fuera de ellos. ........ ¿¿ ®> 



\\j^Urtu\'mmi 



1 



■ 






Relación de las mugeres que servían en el templo. . . . 227. 
Nota importante del Editor id. 

LIBRO TERCERO. 

Prologo. 230. 

Cap. I. Del principio que tuvieron los dioses 232. 

Advertencia del Editor importante id. 

§. I. Nacimiento de Vitzilopuchtli 234. 

§. II. De como honraban á Vitzilopuchtli como dios. . . 237. 

§. III. De la penitencia á que se obligaban los que reci- 
bían el cuerpo de Vitzilopuchtli 239. 

§. IV. Del tributo ecsasperado, que pagaban los que comían 

el cuerpo de Vitzilopuchtli. 240. 

Cap. II. De la estimación en que era tenido el dios Tez- 

catlipuca. «...,... 241. 

Cap. III. Dícese quien era Quetzalcoatl, donde reinó, y que 

hizo cuando se fué . 243. 

Cap. IV. De como se acabo la fortuna de Quetzalcoatl, y 
vinieron contra él otros tres nigrománticos, y cosas que 
hicieron, . •. ..... 245. 

Cap. V. De otro embuste que hizo Titlacaon el nigromántico. 247. 

Nota importante del Editor id. 

Cap. VI. De otro embuste que hizo Titlacaon, y enojo que 
tuvieron los de Tula por el casamiento que hizo Tobeyo, 
con la hija de Huémac 249. 

Cap. VIL Como mató á muchos Tutanos Titlacaon bailando. 251. 

Cap. VIII. De otro embuste conque mató Titlacaon á oíros 

muchos de Tula , id. 

Cap. IX, De otro embuste del mismo. ........ id. 

Cap. X, De otros embustes del mismo 254. 

Cap. XI. De otros id. . id. 

Cap. XII. De la huida áe Quetzalcoatl para Tlapallan, y 

cosas quo hizo por el camino. ......... 255. 

Cap. XIII. De las señales que Quetzalcoatl dejó en las 
piedras, hechas con las palmas de las manos, y asentade- 
ras donde posaba.. ............. 256. 

Cap. XIV. De como se le murieron á Quetzalcoatl sus pa- 
ges al pasar por el volcán y sierra nevada, y de otras ha- 
zañas suyas. 285. 

APÉNDICE DEL LIBRO TERCERO. 

Cap. I. De los que iban al infierno, y sus ecsequias. . . 260. 
Cap. II. De los que iban al Paraíso terrenal. ..... 264. 



265. 
Cn III De los que iban al cielo. . • •. • ' '■'. ' 

Can' IV De como la gente baja ofrecía sus lujos al cole- 
^6 caía del Telpuckcali, y costumbres que alh se les ^ 

C! TT ÍTlí maner'a de v'ivir\ y^ncimaos' qu'e teman ios que ^ 

ci^^onasfgSV -Kan "lo; que se eujbo^ V¿ 

Can^Vll' be'como' lo's stores" y ' principales, 'ofrecían sus 
¿jola' la casa ó colegio del Calmecac, y costumbres que 
allí se les ensenaban ,' , ' on i, fa . 

Cap VIII. De las costumbres que se guardaban en la ca 
sí del Calmecac, donde se criaban desde mnos, los s«- 

CaTÍxVe ¡oí ttí c5£',¿ siempre ¿¿ desque 
^e- ekgín, de les mas perfectos que moraban^ en el ^ 

templo 

SUPLEMENTO AL LIBRO TERCERO 

DEL P. SAHAGUN. 

f i„ ~™ ^1 P "Dr Mier, sobre la venida de 
B ^ a tí^po S S r ^^^ca: 'se contiene en los 

pliegos 38, 39, 40, y 41 de este tomo - 

LIBRO CUARTO 

p E LA ASTROLOGIA JUDICIAKIA, ó AKTE ADIVINATORIA INDIANA. 

....... 279 * 

Introducción. . . < • '".... id. 

¿ P * ttt íIpI tercer signo llamado Cemacatl. . . . • <¿»'- 
g P p ; I", D^laíegunda casa de. signo anterior, llamado U,»e- ^ 

Cap VI. De las demás casas del srgno antenor, prosperas, ^ 
Ca^víf Del c^rfgno ¿amado á¿W q"o decian ser ^ 
^VnfDe, qmnJ signfllamado «¡ ma, " afortuna: ^ 

do. . . ; 



lUUUMU 



■ 
• : 



I 



■ 






l 



Cap. IX. Del sesto signo llamado Cemiquiztli, y de su prós- 
pera.^ fortuna 299 

c? 9 ' 5t D ^ , laS demas cosas del si gno Cemiquiztli \ '. \ SOL 
cap. AI. Del sétimo signo llamado Ceauiavitl, y de su de- 
sastrada fortuna o ní) 

r SP " ííí; *?? ! aS demas Casas deI si S nú anterior [Césrátaofífj 304! 

cap Alil. Del mal agüero que tomaban si alguno trope- 
zaba en este dia, 6 se hacia algún daño. . ■ ; . . . 305. 
Cap. XIV, De las cuatro casas prósperas, del signó \Ce- 
qmaviztli] anterior. ......... 305 

Cap. XV. Del signo llamado Cenia ttnalll '. \ '..'.. 307! 

Cap. XVI, Del signo llamado Cecoatl, y de su buena for- 
tuna 309. 

Cap. XVII. Del razonamiento que los mercaderes 'viejos', 
hacían á los mozos cuando estaban á punto de salir á co- 
merciar en la primera vez , , . ,310 

Cap. XVIÍÍ. Del razonamiento que hacian á ¡os 'mercade- 
res que habían ya especlicionado otra vez. . . . . . 312. 

Cap. XIX De las ceremonias que hacian los mercaderes' 
qne quedaban por el que se iba, y otras cuando oían 
que este era muerto 3Í4 

^ a P* 5w *!? ks demaS Casas del si guo* Ceacatl! .' .* .' 316* 
?;. ., DeI S! ° no décimo llamado Cetecpatl, signo de 
Vitziloptichlli y Cawaxüe 317 

Cap. XXII. Del undécimo signo llamado 'ceoeumatl, y dé su 
buena fortuna. , ¡ 310 

£¡ a P* ^™ L Do1 duodécimo signo llama'do ' Cuet'zpaUin. \ 390*. 

^ ap ' Í-^\ V ' Dd decimotercio signo llamado Ceollin. . . 320 

J; a P- ££*■ D & decimocuarto signo llamado Ceitzcuinili. , 321. 

Cap. XA Vi. De como se aprestaban en este signo los Re- 
yes para Ja guerra, y sentenciaban en el á los " presos. . 322. 

cap. AAVil. Del signo decimoquinto llamado Cecalli. y de 

su adversa fortuna. ........... \ 390 

Cap. XXVIII. De las malas condiciones de fas ' mujeres 
nacidas en el signo anterior. » .". ( 324 

n ap * vví?'-r? el décimosesío signo llamado c'ozq ua uhtli. '. 325^ 

Cap. AAX. Del décimosétimo signo llamado Ceatl, y de su 
desastrada fortuna ^ S26 

Cap, XXXI. Del signo décimooctavo llamado Ceacatl. '. .* 327* 

Cap. XXXII. De los lloros que hacian los robados por los 

nigrománticos, y demas cosas del signo Ceacatl. . . . 329. 

n yyvÍÍÍ' Del SÍg "° décira °nono llamado GequauMi. . 329.' 

Cap. AAA1V. De las supersticiones que usaban, cuando vi- 
sitaban las paridas. ..,..,..'., 339 

Cap, XXXV. De las ceremonias que usaban cuando bau- 



tizaban los niños, y pláticas ó razonamientos de los vic- 
ios á las criaturas, y á sus madres • ■ 

O» XXXVI. Del convite que se hacia por causa de los 
tuüsmos, modo de servirlo, y borrachera conque ^acaba- ^ 

Ca^XXXvíí.' De lo que" ahora se practica en los bautis- 

rao«, y demás casas del signo Cequauhth. . . . . > ^. 
Cap. XXXVIII. Del signo vigésimo y ultimo, llamado Ce- ^ 

Cap. C xkxiX. Se omite por 'ser una ' empalagosa repetición 
del anterior, é inconducente • ■ ' ' 

Cap! ¿XXX. De las restantes easas de este signo (O» 
% , de la tabla y números de todos los signos. . . o37. 

Aptdice del cuarto libro, ó sea defensa de la verdad que ^ 
en él se contiene • * ' " * ,* " 

Confutación de algunos supuestos asentados por verdad»™ 

en orden al calendario de los ludios mexicanos, pag. 341. ^ 

Tabh'de los caracteres ó signos de que se ha hablado en ^ 

Moto e "nÍe 1Íb de be iiacWe ía 'cuenta i«>^¿¿ ^ 
xicanos tenian de todos los tiempos según el P. Sahagun. 346. 

Nota importante sobre la falta de mapas conque acompa- 
ñó el P. Sahagun su historia, cuando la concluyo, y fue 
remitida á España, y fin del tomo primero. .... . ¿w. 




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